Aventura: El Burro y la Noche de Fuego [Presente]
#1
Sur de Sorbet: Día 2 de Verano Año 16 
El Burro y la Noche de Fuego


La noche brillaba majestuosa ante los ojos curiosos del pueblo de Sorbet. Alegres, cantaban, bailaban y reían al unísono, bajo aquella noche estrellada. El cielo, tan imponente como hermoso, se alzaba brillante. Zhang, por su parte, se encontraba sobrevolando el lugar, escondiéndose en la noche, como si de un fantasma se tratase. - Hmmm...- rebuznó con suavidad, como de costumbre. A su lado, y aferrado como siempre, estaba su fiel compañero, Silencio, quien se encontraba más animado que de costumbre, y se movía como una pequeña pulga por aquel cuerpo peludo.

Era una noche de celebración. Al parecer, se trataba de un evento que hacían regularmente. Tal vez no era más que una excusa para ser libres por una noche. Zhang sonreía entusiasmado, observando desde lo lejos cómo el alcohol comenzaba a afectar a todos los presentes. El ambiente a su alrededor era helado, y su presencia se imponía majestuosa, como una bella noche nevada.

Se mantuvo alejado por un tiempo, acariciando a Silencio, intentando calmar sus primitivas ganas de unirse al caos de aquella plaza de Sorbet, que alegre daba la bienvenida al verano. Fue entonces cuando ocurrió lo inexplicable, y en medio de la diversión, se escuchó un poderoso estruendo. ¡Booom! Una explosión alertó de inmediato al Mink, quien movió sus orejas, atentas ante aquel suceso nocturno que pudiese necesitar de su presencia.

El fuego se hizo partícipe casi al instante. Una fogata descuidada pronto creció y creció, y gracias a las fechorías traviesas de algún borracho, ahora empezaba a descontrolarse por el lugar. Las personas en la plaza comenzaron a alarmarse de inmediato, y como era costumbre, las autoridades no se encontraban presentes en aquellos rincones del mundo. Silencio se asustó. Hacía años, Zhang había logrado rescatar a aquel animal del cautiverio, y desde entonces eran amigos inseparables. Pero estos actos de los humanos le hacían revivir los recuerdos de su pasado.

Zhang lo notó al instante. Mientras el cuerpo de su diminuto amigo comenzaba a temblar de miedo. - Tranquilo, amigo, no debes preocuparte, siempre estoy contigo - le dijo con amor, mientras le brindaba un abrazo protector con su cuerpo, y lo cubría con su manto helado, que hacía sentir a aquel primate como en casa. Poco a poco, su cuerpo comenzó a materializarse sobre el suelo, y tras una ventisca helada y pálida, comenzó a formarse el cuerpo de aquel burro parlanchín, quien, sin soltar ni un segundo a su pequeño amigo, empezó a desprender frío de su cuerpo, directo hacia aquellas llamas que bailaban frente a su ojo cansado.

Silencio, por su parte, una vez tocó tierra, se lanzó al suelo tembloroso y, ante el calor y los brillos incesantes de aquella fogata, chilló con desesperación y se alejó. De pronto, Zhang quedó solo en el lugar. Los habitantes de Sorbet, por su lado, se habían retirado con prontitud, a excepción de un par de personas que, con el juicio nublado, no se percataban del peligro de la noche. O tal vez sabían que el destino no los dejaría solos… y, por supuesto, estaban en lo correcto.

Zhang Guolao no podría rechazar aquella situación de la vida. No era un indolente, y siempre estaba dispuesto a ayudar a quienes lo necesitaban. No había entonces tiempo que perder, y siendo seguramente la persona más longeva de la noche, era su deber proteger a todos sus hijos, así fueran humanos borrachos y tontos, como los que estaban a punto de arder en llamas. - Hmmmm...- resopló con fuerza, y luego golpeó el suelo, generando un pequeño viento helado que se desprendía de sus grebas.

Zhang comenzó a palidecer, y se dejó envolver en el poder de aquella fruta blanca que, hacía unos años, había comido en tierras inhóspitas. Pero esa era otra historia. El fuego comenzaba a ceder ante el frío helado que desprendía Zhang, quien con su paso lento y característico bailaba con aquellas llamas. -La canción de hielo y fuego- musitó para sí mismo, recordando una vieja historia que contaban en Zou. Zhang, quien no sufría de calor, se adentró en el fuego como aquella madre de dragones, y obligó a las llamas a ceder ante el frío invernal.

El fuego desapareció casi al instante en que Zhang estaba en medio de él. De pronto, aquella plaza se llenó de vapor, y las luces desaparecieron por completo. El sonido comenzó a desvanecerse; algo raro estaba sucediendo. Un fuerte chillido lo alarmó casi al instante, pues aquella voz de Silencio era parte de sí mismo. -¿Dónde estás?- preguntó al aire, mientras, saliéndose de la cotidianidad, comenzó a moverse de prisa por toda la plaza de Sorbet. Bajo sus pies, una leve capa de hielo dejaba un rastro de su andar y, de nuevo, gracias a las habilidades de la Yuki Yuki no Mi, Zhang lograba desplazarse por todo el lugar a una velocidad animal.

-Silencio, Silencio… ¡Silencio!- suplicaba al cielo, que su amigo se encontrara bien. Pero no logró hallarlo en ningún lugar. Un sentimiento inexplicable comenzó a subir desde su estómago y se posó con fuerza sobre el viejo corazón de Zhang, quien tragó saliva, intentando retomar un poco la serenidad que tanto lo caracterizaba. A veces, actuar instintivamente no era la solución. Por ello, Zhang se dejó caer rendido en el suelo, esperando que el destino le ayudase de nuevo a encontrarse con Silencio.

Y fue entonces cuando agudizó sus orejas. La vida le había arrebatado uno de sus ojos, pero gracias a ello, había obtenido unas orejas diestras para todo tipo de situaciones, incluyendo aquel momento angustiante de su vida. Y así, a lo lejos, se escuchó un chillido suave, tembloroso. Zhang no pudo evitarlo: algo se apoderó de sí.

Aquello no pasaba hacía mucho tiempo. Zhang era característico por siempre mantener aquel semblante de sabio mayor, el abuelo de todos. Pero esa noche, lo que empezó como un lindo festejo de primavera terminó desatando una de las facetas que menos agradaban al burro. Su ojo bueno se ennegreció, su rostro se transformó en un instante, y el rencor y odio podían observarse en las fauces furiosas de aquel animal. En ese momento, Zhang no era más que una madre, capaz de hacer todo por sus hijos.

Su cuerpo desapareció tras una nube de nieve, y tras un pequeño Puff, aquella ventisca helada comenzó a moverse a gran velocidad hacia Silencio, quien cada vez se oía más lejano. Pero Zhang, cuando lo quería, podía ser mucho más veloz de lo que acostumbraba. Fue entonces cuando lo vio: su amigo, su compañero de viaje, casi un hijo para él, se encontraba de nuevo dentro de unos barrotes de metal. Su diminuto cuerpo no reaccionaba, no se inmutaba, y su rostro parecía perdido en los recuerdos de una vida que no quería ser vivida de nuevo.

No pudo evitarlo, y Zhang arrasó literalmente con aquella cabaña a las afueras de Sorbet, donde al parecer, uno de los borrachos de la noche había encontrado a Silencio asustado y escondido en un rincón y, como un pirata que encuentra su tesoro, se apropió de él. Un grave error, sin duda. No volvería a hacerlo. Zhang arrasó como una avalancha contra él, golpeando todo a su paso para poder rescatar a su amigo. -¡Silencio… Silencio!- gritó, mientras destrozaba aquellas rejas con sus propias manos.

Aquel primate volvió en sí, y su mirada se reencontró de pronto con la de Zhang. Sin dudar, se lanzó a su cuerpo y se aferró al Mink para nunca más separarse. Aquel viejo pirata lloró por unos segundos, aferrado a su amigo.
En ese momento logró ver un cuerpo tendido bajo una pila de nieve, y poco a poco se iba tornando de un rojo carmesí. Zhang continuaba molesto, pero aquellos impulsos emocionales, eran algo con lo que hacía tiempo, no luchaba.
No le gustaba, pero estaba claro que era una parte de él, y debía vivir con ello.

Zhang le dio primeros auxilios al habitante de Sorbet, pues logro entender que tal vez, había sido un poco excesivo. La vida le recordó entonces, que dentro de su cuerpo vivía una bestia salvaje. Una que había destrozado cuerpos, destruido vidas y cambiado familias. Zhang Guolao, al final del día, no era más que otro viejo burro adolorido de la vida. Y así, pasó el resto de la noche cuidando del hombre. - Hmmmm...- golpeó el suelo; casi había matado a una persona, y de no ser por el alboroto de la plaza, seguro lo hubiesen descubierto, esperaba que no lo hubiesen visto, pero tendría que alejarse de Sorbet pronto.

Zhang se marchó del lugar junto a Silencio y, paso tras paso, su cuerpo comenzo a desvanecerse poco a poco, y así, se fueron perdiendo en el horizonte de aquel amanecer, que le recordaba al Mink, que aún había muchos demonios con los que luchar. Al fin y al cabo, dejar de ser pirata no era algo sencillo para él. Pero esto no era más que el preámbulo de un encuentro de monjes, que cambiaría por completo el rumbo de aquellos mares. Y mucho más allá, nuevas historias estaban a punto de empezar. Zhang, por su parte, se marchó para dormir un poco, luego de una noche agitada.

Off:
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
#2
Aventura Tier 1 Autonarrada Completada
Cita:Obtienes:
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