[Aventura T2][Presente Absoluto] Punto de Fuga
#11
Eres libre de nuevo. DaSilva no comprende aun que está pasando, pero confía en su instituto y actúa con la certeza de estar haciendo lo correcto. Puede estar equivocándose, pues le falta contexto. Pero ya asumirá las consecuencias de sus actos más tarde. Ahora toca partirle la cara a aquel que osa mirarlo por encima del hombro. Demostrar quien es el verdadero señor de la noche.
Las dudas te invaden por un instante. ¿Donde queda el honor? Planteas la idea de enfrentar al enemigo junto a la justicia... ¿Pero y si solo eres un estorbo? La situación te bombardea mil ideas por segundo y no tienes más que unos instantes para decidirte. Llegas incluso a desenfundar. Pero en un alarde de sentido común e instinto de supervivencia, decides obedecer la orden y huir. 

La calle se abre ante ti como la única vía de escape posible y segura. Las luces que iluminan el paseo ya no son testigos que te delatan, ahora son guías que te conducen a un lugar mejor, a un nuevo destino lejos del peligro. No hay nadie en las calles a esta hora, casi parece que hubieran declarado un toque de queda. Lo mucho que puedes ver es alguna luz destellante en algúna ventana, de alguien que no se ha acostado todavía. Tal vez ruidos de dispositivos conectados que suenan bajo, pero que se entienden perfectamente en el silencio de la noche. Corres solitario por una calle de más de 25 metros de ancho, y aún con todo ese espacio abrumador, te sientes completamente preso y oprimido. La respiración fatigada se junta con el ritmo del corazón acelerado, pero tú voluntad de correr es más fuerte que todo eso. La certeza de saber que cuando llegues al puerto y consigas desaparecer, podrás mirar orgulloso al cielo pensando en tu madre y en qué no has fallado a tus ancestros. Pero aún queda un poco más.
Avanzas durante mucho tiempo, o al menos esa es la sensación que tienes. Que han pasado... ¿Diez minutos?¿Media hora?¿Habrás pasado la hora entera? Nada parece indicarlo. Solo sabes que empiezas a sudar y que las piernas tiemblan. Pero tu peor enemigo no es físico. Es mental. No sabes si DaSilva habrá detenido a tu perseguidor o habrá muerto en el intento. ¿Habrá perdido por no haber estado ahí? ¿Estará esa sombra siguiendo tus pasos ahora mismo? La incertidumbre pesa más que cualquier cosa, y golpea como un yunque contra tus pensamientos. Sin embargo, algo viene para relajarte. Un sonido lejano que alivia tu malestar y tus paranoias. Olas. Olas de mar rompiendo en la costa. Estás muy cerca. No hay que rendirse aún.

La calle termina en una especie de plaza semicircular, que da a más calles en todas direcciones. En el centro, una fuente con una estatua de una mujer bailando samba, patrona de la isla y el baile. Te acercas a la fuente y puedes probar que el agua es salada. ¿Porque? Porque a escasos 50 metros atravesando la plaza, en la calle frente a ti, se encuentra el puerto. Se oyen las olas en la noche. El olor a sal te invade la nariz. Luces parpadeantes de los barcos atracados allí te saludan y te invitan a subir, como si te avisaran de que esta isla ha de quedar atrás. Pero...
Mientras aún tomas la decisión de ir al puerto, mientras estás en medio de la plaza junto a la estatua, de entre las calles que la ramifican empiezan a retumbar ecos de pasos. Uno, otro, una decena, dos... Estás rodeado. De entre todas partes aparecen los Reena Boy's. Jóvenes sin futuro que han encontrado un sitio entre las filas de Reena. Macarras engañados con lujos y privilegios que nunca recibirán, a cambio de defender el apellido de quien los saco de las calles y la exclusión social. Los pandilleros y matones más garrulos de la isla.
Reena Boy's

-Miralo... Si que está huyendo la rata apestosa.-
-El jefe tenía razón, esperar en el puerto era la clave SHIHAHAHA...-
-Vamos a partirle las piernas y entregarlo vivo a Reena. Nos ascienden seguro.-
-Va vestido como un pijo ricachón. Me quedaré con su cartera o lo que lleve encima.-
Los comentarios van volando entre los 30 chavales que te rodean. Mientras lo hacen, van sacando sus armas. Hay de todo. Bates, navajas, cadenas, puños americanos... Ya no hay escapatoria. Si quieres huir, has de derrotar a esta gente y alcanzar tu salvación.

Y encima tienes un hambre...

Datos de interés
#12
Las luces de la calle marcan mi rumbo, como las líneas de un circuito, del que desconozco lo que me espera en la meta. No se lo que me me encontraré al final de mi camino, pero estoy seguro de que será menos aterrador que lo que me deparaba el destino de haberme quedado atrapado en la lucha entre esos dos. Por ahora solo soy un estorbo. Si consigo escapar de aquí, tengo que entrenar para volverme más fuerte. No se si alguno de esos dos monstruos va a perseguirme allá donde escape, pero si lo hacen, en mi situación actual, solo puedo esperar que frieguen el suelo conmigo, como si no fuese más que un trapo en sus manos.

No hay ni una sombra en la que esconderme, pero es algo que ha dejado de preocuparme, puesto que la calle está desierta. Ni siquiera he de preocuparme por algún curioso que me observe desde la ventana, ya que son pocas las que aún dejan ver que hay actividad en su interior. Los únicos sonidos que rompen el silencio son mis pasos, mi respiración agitada y mi estómago recordándome una vez más que debería haber comido algo antes de mi incursión. Creo que es una de las pocas veces en la que me he sentido abrumado por el silencio, pues desde que la familia Reena me capturó, estoy acostumbrado a estar en soledad, ya sea en mi celda o en mi taller de anticuario. Cuanto voy a echar de menos trabajar en esa tienda. Aunque tal vez pueda seguir haciéndome con tesoros y reliquias de desagradecidos que no saben reconocer el arte ni la historia.

Continúo corriendo sin pararme durante un largo rato. O tal vez no sea tanto, pero se me hace eterna la espera de saber si llegaré al puerto y escapar. De saber si seré libre. Un peso cae sobre mi. No el peso del cansancio, que ya comienza asomar. Es un peso menos palpable. Algo que viene desde mi cabeza. Los pensamientos de que el combate que dejé atrás haya podido terminar me inquietan. Y la posibilidad de que DaSilva haya sido derrotado lo hace aún más. De las dos posibilidades, sin duda la que más me conviene es que el contramaestre salga vencedor. Él al menos solo quería detenerme. A saber qué es lo que me esperaba de haber sido capturado por el otro. Capturado o algo peor...

Mis pensamientos me atormentan hasta que algo tranquiliza mi mente. Uno de los últimos recuerdos que tengo junto a mis padres me viene a la memoria al escuchar el romper de las olas. Igual que en las noches que pasé navegando junto a ellos, antes de que todo se echase a perder. Un sonido que me recuerda que puedo ser libre, que me deja saber que estoy muy cerca del mar, tanto que el salitre llena mi nariz a cada respiración. Entonces, la calle termina y ante mi se abre una imponente plaza, que parece ser el centro de reunión de un sin fin de direcciones en la ciudad. En el centro, como presidiéndola, la estatua de una mujer, que baila sin temor, como si repartiese alegría con su danza. Me acerco para beber un poco de agua a sabiendas de que no es el mejor de los lugares para hacerlo, pero seguro de que no quiero repetir el mismo error dos veces y no solo ir arrastrando hambre por ahí. Es agua salada. Mal para mi sed, pero bien por mi. Esoy muy cerca de mi destino. Alzo la mirada y veo que la calle frente a mi me lleva al puerto. Puedo sentir la bruma que se crea al romper las olas y el silencio me permite escuchar el tintineo de la campana de algún barco, que da el compás para el bamboleo de las luces de los mástiles. Centro la mirada en mi objetivo. Las piernas me piden algo de reposo, pero está tan cerca... Comienzo a oír el sonido de unos pasos. Me alerta al notar que los pasos no son solo de una persona, lo cual contrasta con el desierto que me he estado cruzando hasta ahora. Miro a mi alrededor. 

Uno a uno van apareciendo un grupo de chicos de mal aspecto. No porque parezcan enfermos, sino por aparentar ser el tipo de personas que te meten en problemas con solo cruzarte con ellos. Mis peores sospechas se confirman cuando me dicen que son los Reena Boy's, un grupo de pandilleros y chicos sin oficio ni beneficio. Chicos engañados con promesas por Destrutore Reena para que le hagan el trabajo sucio. Y hoy ese trabajo soy yo. Me amenazan con agresiones y robarme, aunque se que la peor de las consecuencias será que me entreguen al jefe. Reviso las salidas de la plaza por si encuentro algún resquicio por el que huir. Están por todos lados, no me dejan escapatoria. No me quedará más remedio que enfrentarme a ellos. Tomo una de mis agujas e intento calmar mi respiración acelerada. No estoy acostumbrado a este tipo de enfrentamientos. Lo mío es algo más... furtivo. Salir de entre las sombras para coger desprevenido a mi rival y volver a esa oscuridad que tanto me protege. Esto es algo totalmente diferente. Aquí el que está en clara desventaja soy yo. Son varias decenas de pandilleros, pero a mi favor hay una cosa. Ellos no se están jugando la vida.

Con decisión, aprieto la aguja en mi mano y la lanzo contra el pecho del más cercano. Acto seguido corro hacia el para recuperarla y derribo con mis garras a otros dos que me intentan cortar el paso. Mi primera acción es rápida pero solo logra quitarme a 3 del medio antes de que los demás se activen. Comienzan a gritar y se lanzan hacia mi. Yo corro entre los primeros, soy mucho más rápido que ellos, y les lanzo otras dos de mis agujas a la espalda. Dos menos. Salto para esquivar la embestida de un par más de chicos, golpeo sus cuellos con mis garras y caigo junto a los cuerpos donde se encuentran clavadas mis agujas. Los siguientes instantes van a mucha velocidad, aunque en mi mente parecen no tener fin. Salto, corro golpeo, lanzo mis agujas y las recupero. No soy capaz de llevar la cuenta de los chicos que he neutralizado, solo se que parecen reproducirse, puesto que nunca que acaban. Comienzo a plantearme la idea de poder escapar aprovechando que el número de enemigos se ha reducido. Miro hacia la calle que me lleva al puerto cuando un nuevo Reena Boy cae sobre mi. Me aparto de la sentencia que tira sobre mi en forma de pierna y uno de mis hari acaba en su garganta. No me he dado cuenta de como he acabado así, pero al sacar esta última aguja, veo que mis manos están llenas de sangre. Continúo esquivando ataques sin tiempo a tener remordimientos por lo que estoy haciendo con estos chicos, pues estoy seguro de que si no son ellos los que acaban así, seré yo. 

Intento avanzar corriendo hacia la calle de salida, pero los Reena Boy's que quedan en pie me dejan claro que no van a permitirme escapar tan fácilmente. Pensé que el gran número de bajas entre ellos mermarían también su determinación, pero deben vivir engañados por las promesas de Reena como lo estuve yo tanto tiempo. Pensando que algún día tendrían algo de futuro, que podrían decidir qué hacer con sus vidas. Pobres ilusos. No debía ser yo quién los sacase de su error, pero es el papel que me ha tocado jugar esta noche. Me giro para lanzar todos mis hari hacia mis perseguidores. Cinco menos. Salto sobre el siguiente mientras empuño mi rifle. Mis rodillas golpean su pecho y cae de espaldas. Pese a que se golpea la nuca contra el empedrado, el chico no cae inconsciente, por lo que tengo que golpearlo con la culata de mi arma para noquearlo. Ruedo hacia el cuerpo de los otros chicos para recoger mis armas que aún permanecen clavadas en ellos y tan pronto como me levanto disparo contra mis perseguidores. Uno, dos, tres. Caen fulminados. El eco de mis disparos resuena por la plaza y cuando se acalla deja paso a los quejidos que salen de los chicos que aún siguen con vida, aquellos que tuvieron la suerte de no recibir mis agujas en partes vitales. 

La estampa ante mi es estremecedora. Nunca había presenciado una escena como esta. Cuerpos caídos por todos lados. Gemidos de dolor como banda sonora. Miro mis manos, llenas de sangre, y me pregunto cómo he sido capaz de hacer yo esto. ¿Será que soy otro monstruo como aquellos dos? No, ellos están en otro nivel. Pero viendo todo esto se podría decir que sobre estos chicos ha caído una desgracia. Yo solo era un anticuario y ahora... Ahora parezco una maldición.

Avanzo hasta la fuente para lavar mis manos, llenas de sangre y a saber qué gérmenes. Las froto con decisión para borrar todo rastro de ellas y tomo rumbo hacia el puerto. Camino alerta, no sé que otros peligros pueden estar esperándome, pero lo hago a paso veloz. Debo conservar las energías que me quedan. He dado casi todo lo que me quedaba para enfrentarme a estos chicos. Tal vez en el puerto pueda rebuscar en alguna caja para llevarme algo a la boca. Aunque con el hambre que tengo creo que lo degustaría muy poco. Continúo avanzando hacia el puerto. hacia mi salvación.

Info
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 293 + 0 = 293
Energia: 361 - 300 = 61
Espiritu: 45 + 0 = 45
#13
A las puertas de completar la fuga más curiosa del año, te encuentras con un último obstáculo en la línea de meta. Los Reena Boy's te están esperando y tienen ganas de marcha. Entendían que, ante la naturaleza sigilosa y huidiza de Varo, el rodearlo y buscar un enfrentamiento directo sería trabajo fácil. Con lo que no cuentan es con tu pericia marcial y con la determinación férrea que te mueve. Para ellos esto es un juego. Para ti es libertad y recuperar un legado perdido. Jugáis en ligas diferentes.
Es por eso que cuando tomas la iniciativa y apuñalas al primero que osa dar problemas, todos se quedan paralizados. El asalto es brutal, pero carecen de la destreza suficiente para hacerte frente. Uno por uno, los pandilleros de Reena van cayendo. Muy pocos, solo los más cobardes e inteligentes han sido capaces de huir a tiempo. Los que no, forman parte de un mosaico casi artístico de cuerpos y sangre. La prensa y la Marina tendrán mañana entre manos un escenario peculiar, casi más digno de un museo que de un escenario del crimen. Y pobre aquel que tenga que limpiar todo esto, va a quedar para el psiquiátrico.
Ahora eso da igual, ya será faena del Varo del futuro tener un cartel con su cabeza y una recompensa. Lo importante es culminar la fuga y encontrar un lugar seguro. Un sitio donde poder descansar y, con suerte, gente con la que poder resguardarse. Porque Reena no te va a dejar libre, no tan fácil. Ya has comprobado de lo que es capaz y de los contactos que tiene. Y si el no pelea solo, tú tampoco lo harás.

Te lavas las manos en la fuente y avanzas en dirección a la calle que te lleva a los muelles. Es ahí donde percibes algo. En una esquina de la misma calle, nada más salir de la plaza, hay una caja entre dos contenedores de deshechos. La caja es de madera, y contiene una docena de manzanas. Todas están comidas por el moho, pisadas o con gusanos. Todas rezuman un olor pestilente a podredumbre y enfermedad. Todas, menos una. En la misma caja ves una especie de manzana distinta. Es más roja que las demás, totalmente apetecible. Casi que brillara y llamara tu atención. Cuando te acercas, ves que tiene una especie de grabado en espiral por todas partes, y es la única que huele bien. Es como si algo místico en ella hubiera enfrentado y superado esa peste y esas bacterias. 

Una vez superado el peligro y el hambre, solo queda saber dónde ocultarse y como avanzar. Llegas a los muelles con el sonido del oleaje dándote la bienvenida. El olor a sal y la brisa refrescante del mar te abrazan con alivio. Como una madre que te abraza tras llegar de un mal día de colegio. Estás a salvo. Lo sientes. 
Frente a ti, tres barcos mercantes colosales, cargados de contenedores de carnes y azúcares. Comida. El de la derecha tiene un gran letrero que indica a donde va. A Baterilla. Isla Baterilla queda muy lejos de aquí, varias islas y archipiélagos adentrándose en el Blue. Una isla tropical similar a esta, pero lejos del alcance de Renna por el momento. El navío central, más grande que el anterior, tiene una bandera muy representativa. La del Reino de Sorbet . Una isla con mucha cultura, aunque plagada de gente y de historias de aventureros que han pasado y pasan por allí. La tercera embarcación es sin duda la más pequeña. La coraza rompehielos del barco delatan un viaje a Roshwan y sus tierras nevadas. Es la isla más próxima a Samba, tanto para lo bueno como para lo malo. 
Estás valorando que decisión tomar, barajando todas las variables, pros y contras. Y es ahí cuando algo te da un aviso. Las farolas se apagan y el sol empieza a nacer por el horizonte. No tienes mucho más tiempo. Has de tomar una decisión. ¿Qué harás? ¿Te escondes en uno de estos barcos mercantes con la esperanza de viajar a otra isla?¿O cogerás el camino del muelle para ocultarte en otro lugar y permanecer en Samba? 

La decisión es tuya, joven aventurero...

Final
#14
La brisa marina refresca mi cara, ya humedecida por el sudor. Mi respiración ya ha vuelto a la normalidad, aunque no así mi pulso. Noto los latidos de mi corazón en el pecho, como el retumbar de los pasos de unos soldados que marchan a casa después de una batalla. Mi casa... ahora no sé cuál es mi casa. Tal vez el mar sea mi nueva casa, el mundo. Mucha gente dice que el hogar es donde están los suyos, pero yo hace tiempo que no se donde están mis padres. No tengo una vivienda a la que volver y no sé donde puedo encontrar a mi familia. Si tan solo pudiera...

En este momento, recuerdo aquellos extraños papeles que metió mi madre en el colgante. Esos que aseguraba me indicarían el camino hacia ellos. Aquellos pedazos blancos de esperanza que se encuentran dentro de mi collar. Lo saco de dentro de mi camisa y me apresuro a abrir la cajita portafotos que contiene. El cierre se resiste a mis cansadas manos. O tal vez, sea el ansia que me guía y que impide a mis dedos tener su habitual destreza. Tras unos instantes frustrantes, consigo que la pestaña que mantiene el collar cerrado se hunda y deje libre la tapa. Abro con cuidado el soporte. Dentro solo puedo encontrar algo de polvo gris que cubre la foto que atesoraba mi madre dentro. Un polvo que sirve de metáfora con mis ilusiones, ya que ahora siento como se han hecho trizas, como se evaporan. Soplo y se forma ante mi cara una pequeña nube grisácea, como las que anuncian tormenta. Toso para expulsar el polvo que ha entrado por la boca y cuando recupero la respiración, puedo observar la foto a la perfección, curiosamente conservada en perfecto estado. Como un cuadro que ha permanecido aislado en un museo, sin luces ni manos que lo deterioren. Una imagen que hace que mis ojos comiencen a llenarse de lágrimas. Una feliz pareja, vestidos con ropa de explorador, con sombrero y todo, y entre ellos un niño pequeño, de pelo alborozado y sonrisa deslumbrante. Se les ve felices. Éramos felices sin saberlo. Al menos mientras mis padres no estaban en alguna de sus expediciones, a las que me tenían prohibido acompañarles. A las que nunca debí haberme colado para seguirlos. 

Cierro la cajita de mi colgante y continúo mi paso hacia el puerto y nada más alzar mi mirada, puedo ver una caja de madera pegada a la pared. De esas que abundan en los puertos. De las que se usan para transportar los alimentos que se venderán en el mercado. Me apresuro para acercarme y retirar la tapa, a prisa, pues el hambre ha tomado el control de mis actos nada más verla. Quito la cubierta de madera y me llevo la segunda decepción en tan solo un minuto. Las manzanas que contenía la caja dejaron de ser comestibles hace ya unos cuantos días. El acido olor a fruta podrida inunda mi nariz llegando a lo más profundo como lo haría una lombriz o... Gusanos. Gusanos por todas partes. Quién sabe lo que podría pasarme de comer una sola de estas manzanas, pero el hambre empuja aún más que la razón. Comienzo a apartar las primeras piezas, con la idea ilusa de que solo la primera capa se haya echado a perder. Aparto una y otra hasta que de repente se muestra ante mi. Una manzana roja, casi perfecta. Parece de una variedad totalmente distinta a las otras, pero se conserva en buen estado. Está tersa y su piel roja, hace que mi boca se llene de saliva, como si me atrajese hacia ella como las luces a las polillas. La froto sobre mi camisa, sobre una de las pocas zonas limpias, y la acerco a mi cara. Huele bien, nada que ver con el resto de la caja. Las espirales de la piel me hacen analizarla un par de segundos, hasta que el rugido de mi estómago ordena que me la coma. La llevo a mi boca y clavo mis dientes en ella. Una y otra vez. Llevo ya media pieza comida cuando soy capaz de notar su sabor. Es amargo, pero no amargo como un café en la mañana, no. Amargo como si hubiese mordido arcilla. Es repugnante, tanto que tras tragarla comienzo a toser del asco. Observo la fruta, con toda mi decepción y lanzo el cuarto que me queda. Definitivamente, esta también estaba podrida.

Solo he comido un poco, pero ya noto como las energías vuelven a mi cuerpo. Quizá haya engañado a mi estómago y pueda aguantar un rato sin volver a sentir el hambre. Me incorporo y miro al frente de la calle. Me había centrado tanto en la caja que no fui capaz de ver que había llegado al puerto. Ante mi los barcos bailan al son que tocan las olas contra sus cascos. Ya hay gritos de marineros dando instrucciones para la carga de mercancías en las bodegas. Sería un buen momento para colarme en alguno de ellos y poner rumbo a una nueva isla. Lejos del influjo de Reena. Algún lugar donde pueda estar seguro. Algo a lo que poder llamar hogar.

Miro hacia la derecha, al primero de los tres barcos enormes que se alzan frente a mi como tres gigantes. No intimidadores, no, sino de los que cargan a sus aliados para mantenerlos a salvo. Un cartel junto a la pasarela indica que es barco se dirige a la isla de Baterilla. No se mucho acerca de esta isla, pero veo que cargan carne seca y sacos de azúcar. Sería una buena opción, ya que podría aprovechar la confusión y comer de los raídos sacos para hacerme pasar por rata. Por rata... muy a mi pesar. Con lo que odio esa comparación... 

Junto a él se eleva un buque aún más colosal. Uno cuya bandera reconozco de los libros que pude cosechar en mis incursiones para el jefe. El reino de Sorbet. Un reino con un pasado muy rico pero una población muy extensa, algo que podría servirme para pasar desapercibido, pero también algo que llenaría mi entorno de ojos curiosos y labios delatores.

El tercer barco es mucho más pequeño que los anteriores. Su tamaño y el hecho de poseer una robusta coraza rompehielos me hacen sospechar que ni va muy lejos, ni las aguas que planea navegar son muy cálidas. El reino de Roshwan, la isla más cercana a Samba. Pienso en lo corto que sería el viaje y creo que sería una buena opción, puesto que cuanto menos días he de pasar oculto en la bodega menor es el riesgo de que me encuentren. Pero la cercanía también supone algo peor. Podría ser el primer sitio por el que comience la búsqueda de la familia Reena. Y el último de mis deseos es tenerlos cerca.

Reflexiono sobre cuál de los tres barcos es mi mejor opción. No conozco mucho acerca de ninguna de las islas y no se cómo se tomarán la llegada de polizones. Tal vez en cualquiera de ellas me resulte difícil encontrar comida, pese a llevar conmigo el dinero que he ido consiguiendo con los trabajos para Reena y la tienda de anticuario. Samba ha sido mi lugar durante mucho tiempo, un sitio dónde sin duda se ganarme la vida, pero con una gran sombra tras de mi. Tal vez pueda encontrar aliados aquí que me permitan hacer frente al jefe. Él cuenta con muchos subordinados, yo no puedo pasar solo toda la vida. Esta vez ha sido un grupo de chiquillos desdichados, no sé que mandará tras de mí la próxima vez.

Tras unos instantes respiro hondo. La decisión está tomada. No puedo huir solo. Debo conseguir compañeros con los que poder luchar contra nuestros enemigos. Yo solo no seré capaz de enfrentarme a los monstruos que andan sueltos. Me giro hacia uno de los edificios que hay en el puerto, uno con aspecto de antigua lonja abandonada y busco una ventana por la que colarme. Por el momento me esconderé aquí, junto al puerto. En caso de problemas siempre poder escabullirme en algún barco y huir. Pero espero encontrar aliados antes de eso.

Info
#15
Aventura Tier 2 Completada
Cita:Sigurd obtiene: (Narrador)
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Varo obtiene: (Participante)
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