Calm after Caos [Past] [Cao Guojiu]
#1
Un silencio nocturno, la fresca brisa del horario golpeaba y daba la bienvenida al pelinegro, siendo acompañado por el humo de su cigarro entre sus labios, y algunos de sus hombres, dos concretamente, a sus espaldas. Los ojos azul pálido del varón se voltearon hacia los hombres, a la vez que su paso se frenaba en seco y, automáticamente, ellos imitaron el gesto. Podía escuchar sonidos en el lugar que acababa de frenar. Hombres gritando. En el momento que no hubo una sola palabra del pelinegro, los dos acompañantes solo tragaron saliva, con un temor que sabía qué simbolizaba. Uno de los locales que él llevaba, o al menos económicamente, estaba pareciendo tener una pelea.
 
Su paso volvió a iniciarse, abriendo la puerta del local, donde sabía que muchos de sus hombres deberían estar allí. Parecía haber un completo caos, peleas, un hombre que no conocía (al menos no de primera vista), quien parecía haber sido involucrado a la fuerza en algún tipo de situación. Lo peor de todo; no solo estaba uno, sino parecía que varios de ellos intentaban golpearlo. Su técnica era excelente, pero el silencio se hizo de repente. Incluso el que pudiera tener más cerca, frenó en seco, con los ojos fijos en la entrada.
 
—¡Jef-ughh! — fue interrumpido por un golpe de a saber quién, que no pudo frenar a tiempo. Todo el local se volvió de repente una estatua, el aire cargado de agresividad de repente se había convertido en absoluto temor. Un cristal incluso parecía haberse roto de fondo.
 
Los pasos de Jin, lentos y calmados, hicieron retroceder a algunos. Su expresión no había cambiado lo más mínimo, la corbata se apreciaba impecable, mientras ahora analizaba su alrededor. Mesas y sillas volcadas, los camareros/as posiblemente escondidos bajo la barra, botellas destrozadas. Sus zapatos pisaron uno de esos cristales mientras caminaba hasta acercarse a uno de sus hombres, quien ahora sudaba un frío y temblaba violentamente. La mano se dirigió al cigarrillo entre sus labios, a la vez que el hombre se inclinaba, temblando asustado, escupiendo disculpas una y otra vez.
 
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—Más vale que tengáis una explicación para esto.
 
El hombre comenzó a llorar, buscando ahora excusas mentales antes de finalmente hablar. —¡Fue el hombre! ¡Entro sin permiso y, y…! — trató de buscar una razón, mientras elevaba su mirada hacia el pelinegro, pero tragó saliva al ver que solo había saliva. Jin solo esperaba pacientemente a la excusa, conociendo las consecuencias, tanto él mismo como todo el local. —Vino creyéndose el dueño del local, Onizuka-Sama, ¡no podíamos dejarlo insultarlo! Se merecía…
 
El zapato del pelinegro se elevó, ahora pisando sin compasión alguna la cabeza del hombre, que ahora comenzaba a llorar bajo su pie. —¿Cuándo dije que necesitaba que pelearais en mi local sin mi permiso?
 
—¡Lo siento, jefe, lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡Tenga compasión, por favor! — el pie apretaba más y más la cabeza del hombre y, en algún punto, dejó de hacerlo, elevando su pie, haciendo que el hombre finalmente se sintiera aliviado, respirando con alivio. —¡Gra-…!
 
—Fuera de mi vista. — El hombre solo se elevó. La sangre caía por su rostro mientras salía a toda prisa del local. A su vez, los dos hombres que lo habían acompañaron, lo miraron. —Matadlo. — pronunció sin más, y los dos se inclinaron educadamente con un “como ordene, jefe”, para desaparecer por el mismo camino que el hombre.
 
Ahora sí, pudo prestar atención al integrante, soplando el humo de su tabaco, con los mismos pasos iniciales con los que había entrado, hasta posicionarse cerca del hombre, tomando el cigarrillo entre sus dedos y la otra mano conservada en el bolsillo.
 
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—Ahora dime tú, qué diablos ha pasado en mi local.

Los camareros, un hombre y una mujer que resultaban en la dueña y su empleado, finalmente tuvieron el valor de asomar sus cabezas, aunque solo parte de ella, ya que, al igual que el resto, todavía temían qué iba a ocurrir a continuación.

Día 73, primavera.
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#2
En Sorbet había descubierto dos cosas había casi tanta cantidad de maleantes como de nobles pomposos aquella isla realmente empezaba a necesitar con urgencia ser liberada pues los que sufrían esas penurias no eran otros que los aldeanos que tenían el yugo de sus superiores y la presión de las mafias , aquel día Cao se había dirigido a hablar a un local, pues estaban extorsionando a varias familias y pidió con suma amabilidad el cese de cualquier hostilidad , sin embargo lo que recibió no fue prácticamente ni una respuesta si no un puñal en el pecho, literalmente.

Ante la sorpresa de los presentes, aquello no daño en lo más mínimo a Cao que sonreía con tranquilidad, pero por el bien del resto tenía que finalizar aquella disputa por lo que tuvo que recurrir a la violencia, el puñal cayó al suelo manchado de fango, y Cao comenzó a golpear a diestra y siniestra mientras iban cayendo, paso un rato se sentó en una de las mesas del local y sacó su pipa de oro, echando unas hierbas relajantes en el interior y encendiéndola, dando una larga calada, entonces un hombre con un aura diferente entro al local y Cao solo pudo pensar ¡Bingo! Ahí está el jefazo.

Una orden de muerte alertó a Cao, tampoco quería que hubieran muertos por lo que tenía que actuar así que a priori  ignoró la orden del apuesto caballero, mientras las piernas del exnoble se deshacían en barro expandiendose como una ola por todo el local, absorbiendo como si hubieran caído a un pantano a todos en el interior menos al jefazo, una vez absorbidos el fango de contrajo hasta volver a formar las piernas de Cao. 

Bueno, bueno, creo que así no nos molestarán, no me malinterpretes es solo que prefiero evitar las muertes, así no habrán alarmas a la marina...Caohohoho... reía con aquella característica risa suya, su voz no era amenazante si no más bien un acto de seguridad absoluta había hecho desaparecer a todos en el interior menos al hombre que lo había llevado hasta ahí, el hombre con el que tenía que negociar para que las familias de Sorbet no tuvieran que sentirse más presionadas. 

La mirada de esclerótica negra y ojos dorados de Cao se clavó en la del hombre de la cicatriz, mientras daba otra calada y expulsa a él humo Quisiera serte sincero, no me gusta la gente de tu calaña esperaba llegar hablar con él jefe y llegar a una solución Pacífica pero en el momento que hablaste matar entendí que tipo de persona eres... Te lo diré una vez, deja en paz a la buena gente de esta Isla o no tendrás negocios que regentar. Se levantó plantándose frente a frente ante el muchacho de la cicatriz mirandolo ahora cara a cara, ellos habían iniciado el conflicto pero Cao iba a ponerle fin. Tus hombres están dentro de mí, están vivos todos, y los expulsare fuera cuando me apetezca , soy un hombre pantano, comí la Numa Numa no mi, y te tendrías o te hundirás al fondo.
#3
El silencio reinó cuando la arena lo absorbió todo. Debería sentirse asustado, posiblemente el de tez pálida y traje lo estaba, pero no lo aparentaba en absoluto. Por el contrario, volvió a elevar el cigarrillo entre sus labios, dando una nueva calada una vez más. La risa le provocó extrañeza, demasiado exagerada, llamativa, pero había para todo y todos. Sopló el humo de sus pulmones, con sus ojos ahora fijos en la figura frente a él.

—Ya veo… — de hecho, que sus hombres estuvieran en el interior de aquel extraño era incluso mejor. Ahora mismo su humor no estaba mejorando en lo absoluto. No había cosa que odiara más que ser inculpado por algo que ni parecía entender. ¿Gente buena de la isla? Arqueó incluso su ceja, mostrando una de las escasas expresiones que pudieran dibujarse en su rostro.

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—Ni siquiera sé de qué me estás hablando.

Hizo una pausa, cerrando sus ojos por unos escasos segundos, regresando nuevamente a su expresión neutral, sus ojos afilados fijos en el varón que podría posiblemente hacerlo pedazos en ese instante. Sin embargo, sus palabras no iban mal encaminadas, no sabía a qué se refería con ello. —Por si no te diste cuenta, intentaba castigar a uno de mis hombres por hacer algo que no debía en este local. — su voz estaba calmada. —No involucro a quienes no tienen que ver conmigo. Estoy seguro de que estarás hablando del alcalde, o uno de los idiotas que les sacan el dinero a esos que llamas “gente buena”. A menos que tenga alguno de mis hombres haciendo algo a mis espaldas.

Regresó, de nuevo, el cigarro entre sus labios. La pequeña zona blanca iba consumiéndose, pero por esta ocasión más veloz de lo normal. Estaba teniendo demasiada paciencia y, realmente, los que acababa de absorber, excepto a los dos acompañantes, no le importaba lo más mínimo. Habían sido causantes posiblemente del desastre del local. —Si lo que quieres es que te ayude a averiguar quiénes son los imbéciles que tratan de involucrarme, adelante, hagámoslo. No me hace gracia que involucren mis negocios en algo que no tiene nada que ver.

Con la última calada, dejó caer el cigarro en el suelo, usando su propio zapato para apagarlo. Ahora su mirada era más determinante, seria. Estaba molesto, molesto porque aparentemente alguien lo habría inculpado de algo que no había hecho. Sí, cierto, iba por los deudores, iba por órganos, iba por otras muchas cosas ilegales, no había otro modo de vida que conociera además de aquél en el que se había involucrado desde su niñez, pero una de las cosas que más lo perturbaban, en el mal sentido, era precisamente que trataran de hacer lo que estaba claro que hacían.

—Ahora mismo, quiero destruir a los imbéciles que parecen molestar tanto como tú. — habló como última vez, pausado, calmado, acomodando su mano en el bolsillo, ahora con ambas en los de su propio pantalón. —Y cuando esto acabe, puedes hacer lo que te plazca. Yo por mi lado, tú por el tuyo.
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#4
TEMA CERRADO


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