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[Presente relativo] El Amanecer de la Leyenda: La Reunión en la Isla Karate. [Priv]
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25-08-2025, 03:41 AM
El gran astro rey se posaba con supremacía sobre el extenso firmamento, su mera existencia teñía de rojo su reflejo en las aguas turbulentas que se extendían alrededor de la Isla Karate. El capitán estaba de pie sobre la proa del barco, sentía como el viento rugía directamente con dirección a su rostro y el aroma salado invadía sus fosas nasales. Habían transcurrido largos meses desde que dejo su natal Kuraigana para llegar hasta ese momento. Pero esta vez no viajaba solo; estaba su tripulación, sus primeros miembros se alzaban perenne a su lado. De un lado estaba Thyrm cuyo tamaño descomunal hacia temblar la tierra al ser pisada y en otra esquina un desconocido sin precedentes de la isla de dresrossa desprendía los anclas. Él finalmente había llegado y su tripulación le esperaba en la isla que muchos consideran sangrada, lugar de combates sagrados y desafíos dignos de los peligros del mar.
El pelinegro descendió del barco sin poder contener su emoción, sus pasos se acumulaban sobre la arena de la playa, la vasta flora se distribuía uniformemente en la forma de varios aposentos de bambú. Aquel lugar no solo era un lugar de entrenamiento; era un símbolo, cada roca, cada templo, todo era una ovación a los guerreros que forjaron su destino con su propio sudor y sangre. Y allí, su tripulación daría sus primeros pasos, listo para continuar una aventura que comenzó al adoptar los mares como su hogar.
—Oye Thyrm si ganas el torneo te doy trescientos mil berries — Diría para imponer una apuesta, pues era el más fuerte físicamente en ese barco de locos errantes. La reunión continuo mientras los miembros de la tripulación formaban un semicírculo, el viento se pasmo por instantes, cual si la misma isla fuera consciente de la magnitud de aquel suceso. — Hoy no sólo nos reunimos — Mencionaría com jubiló. — Nos encontramos acá porque el destino nos ha probado, todos acá hemos sido forjados en acero y sangre, algunos perdimos amigos, otros menos afortunados a sus seres queridos. Pero hoy estamos aquí. Una isla donde los más valientes se elevan a la cima, donde las leyendas ven sus inicios —. Sonrió ladino, alzando la voz aún más ante la expectativa.
— Seré sincero, no les prometo victorias fáciles ni un sendero sin obstáculos. Pero les prometo que mientras estemos juntos ningún enemigo, ninguna tormenta, ningún miedo podrá quebrarnos. Nuestra unión será nuestra espada mas afilada, nuestra lealtad el escudo más firme —. Elevando su jarra de licor sonrió ante todos para finalizar su discurso. —¡Alzad la mirada!, ¡Escuchad el rugido del mar y el susurro del viento!... Ellos hablaran de nosotros, narraran lo que seremos; un nombre que resonara por generaciones, un grupo que nadie todos temerán, una leyenda que nadie olvidara.—.
Dio un largo sorbo a su bebida antes de voltear a ver la isla. El sol ascendía sin cesar, bañaba la isla en un resplandor que rozaba lo sobrenatural. En ese instante, en es isla, la leyenda de los Dead Man's Hand estaba a punto de comenzar, y nada ni nadie seria capaz de detenerlos.
—Entonces, ¿creen en la belleza de sus sueños? ¡Hahaha! —.
25-08-2025, 05:14 PM
(Última modificación: 27-08-2025, 12:35 AM por Maki D. Zen'in.)
Había subido al barco, el Full House, hermoso y quizás tan ansioso como el resto de la tripulación para zarpar, rasgaba con ternura las cuerdas de su guitarra, no tocaba nada, solo la afinaba mientras disfrutaba la suave brisa amansar la furia de haber tenido que viajar con un Yakuza el cual no tranzó hasta llegar a esta isla. Cada que cruzaba la vista con él, le echaba rayos por los ojos y juraba que si pudiera lo abandonaría en una isla con solo una palmera por ser vivo que atestiguara su muerte. Solo, desaparecido y sin un final épico ni digno, solo abandonado, perdido y podrido. Suerte que no se uniría a estos buenos muchachos seguro antes de salir altamar ya habría al menos uno de los dos herido de gravedad.
Miro al otro lado y vio al gigante, risueño, pelirrojo y diablos si tenia carisma y alma, quien dijera que los pelirrojos no la tenían, es que no conocía a Thrym, lo conocía poco pero ya se había encariñado bastante con él. Fuerte… tremendamente fuerte, el mas de todos. Y alto como una montaña, Maki decidió sin lugar a dudas que seria uno si no es el que más difícil seria derrotar en un hipotético encuentro. Pero dios… cuanto le gustaría probar habilidades con la montaña que camina. Cuando cruzo vistas con él, le lanzo una sonrisa cálida como su corazón… Cuando se volvió a Jensen… sintió algo extraño, era un lunático, pero tenia su carisma era hábil, decidido y determinado, sin embargo, escondía algo a Maki de seguro, tenia la sospecha que mataba animalitos indefensos para comerlos y no era que tenia la suerte de encontrar todos esos animales muertos en accidentes o de viejos… quería confiar en él, aunque le daba cosa que cada vez que le viera la tratase como si fuera el amor de su vida… vamos… con estas cicatrices de quemaduras tan arraigas en su piel, nadie la consideraba hermosa. No era tonta. Cuando le miro, ella volvió la cara hacia el cielo haciendo como que silbaba y rasgaba las cuerdas despreocupada. A su lado el doctor, rosa, despreocupado, libre… a esas características unidas en una sola persona Maki le tenia un arquetipo… un pendejo. Sin embargo, secretamente pensaba que era amable y gracioso, le caía muy bien y era un excelente doctor sin duda. Mas que un vil carnicero de cuarta, la carta del triunfo de la tripulación… ella cuando le vio levanto la mano para saludarle con una sonrisa, pero ya le resultaba cansino presentarse cada vez que se encontraban… Hola me llamo Maki y soy tu compañera… ya le hartaba. Cuando vio en la cubierta a Uker, el cocinero sintió que se le aceleraba el corazón, la respiración se le volvía cálida y prefería mirar al mar, el inmenso espacio que albergarían los sueños de todos. Un lugar donde sin duda todos serian felices… o se hundirían horriblemente, pero eso Maki no lo permitiría jamás. no quería que se le acercase, no quería parecer muy obvia que le gustaba, además tenía la convicción que tener amoríos entre compañeros solo traería desastres y no deseaba que le rompieran el corazón. No lo soportaría de nuevo. Era fuerte, quería creerlo, pero sus sentimientos eran tan frágiles como los de cualquier otra mujer. El capitán sin duda era un hombre confiable, poco trato había tenido con él, pero cada vez que le tenia cerca le dotaba de una fuerza sin precedentes, de aquel impulso que sin duda necesitaban para conquistar los mares. ¿Llegar al one piece?... con navegar con este grupo le bastaba. Tener gente en la que confiar, que no le abandonasen. Jamás volver a sentirse una inútil impotente. Su piel dorada y sus ojos seguros, sus palabras alentadoras era sin lugar a dudas el pegamento que unía a esta banda de pendencieros. Otra de sus compañeras… Kouka, una chica con orejas de gato, tan hermosa, refinada y delicada que Maki sentía vergüenza de cruzar miradas con ella, pensando que su fealdad podría pegársele de alguna manera, intentaba no interactuar con ella pues era como el sol saliendo después de una larga tormenta, linda, poderosa, digna, noble y aunque Maki también tenia un legado, uno que escondía a sus compañeros, la D en su nombre, un signo de problemas con la marina. No se acercaba ni un pelo a la magnificencia de su presencia… aunque fuera una jodida furra. Había una tripulante más… la prisionera. Tan o mas hermosa que la chica humink, de cabellos como el cielo… loca como una cabra, prisionera en sus propias palabras de desvarío será simpático toda la situación, pero Maki sin duda si le daban a escoger la echaría por la borda o la pondría a tallar la cubierta… si quería ser una prisionera, la seria con todas las de la ley. Encadenada y todo. Como la trajo Ashveil al grupo, no conocía los detalles y esperaba que no fuera cierto que lo era por que si algo emputecia a Maki era el abuso matar animales y dañar indefensos y niños pequeños. Cuando se reunió en el circulo, parecían una bola de tarados jugando a las cartas… sin embargo cada segundo, cada mirada y cada emoción que salía de cada uno hacia que a Maki se le insuflara la determinación, se le erizaron los bellos de la nuca y sintió que era el lugar correcto donde quería estar. —Este es el lugar donde pertenecemos y si queremos estar en otro lugar es mentira… QUE LOS COBARDES TIEMBLEN ANTE LA MANO GANADORA DEL HOMBRE MUERTO! HUYAN COBARDES QUE MI FUEGO LES BARRERA!!— fue el juramento personal de Maki… espero a que los demás hablasen y bebió el licor que, aunque sabia realmente a meados, en ese momento con todos reunidos era como beber el néctar de los dioses.
25-08-2025, 05:46 PM
El sonido del mar no había conseguido calmar su mente durante el viaje. Tampoco el olor salado que las olas desprendían, ni la fuerza con la que el agua chocaba contra el barco. No era su primera vez en el mar, lo había hecho varias veces, la mayoría con la marina pisándole los talones, pero era la primera vez que no se encontraba solo. No podía darse el lujo de descansar con propiedad, nunca lo había hecho desde esa tragedia, pensando en que cualquiera de esos sujetos intentaría acercarse a él y simplemente atraparlo, llevarlo ante la marina, y terminar con su sueño.
No sucedió, la noche transcurrió más tranquila de lo que él mismo hubiera esperado. Sus pensamientos fueron su único acompañamiento cuando despertaba, y cuando volvía a intentar dormir. Tal vez por eso sus pasos lo llevaron a la cubierta, donde el frío de la noche se vio aplacado por su abrigo, el mismo que aún no arreglaba luego de su escape de Sorbet. - Lo siento, papá. Sé cuánto odiabas a los piratas, pero… -. Apretó con fuerza la zona del pecho del abrigo, sintiendo el cuero tensarse en sus dedos. - Si no consigo llevar a nuestro pueblo al mapa, al menos espero encontrarlos a los 3 en el otro lado -. Y así, con la promesa de continuar por ese peligroso camino, pudo vislumbrar como los primeros rayos de sol aparecían a su espalda, junto a su reflejo en el agua. También pudo ver su destino. Karate, la isla de las artes marciales. Estaban cerca, en poco tiempo ya estarían formando la tripulación como se debía. Emoción, miedo, no podía distinguir el sentimiento que hacía que sus brazos temblaran, pero obligó a su cuerpo a mantenerse quieto, pues la llegada de la mañana había traído también al resto de sus compañeros a la cubierta. No tenía planeado hablar, tampoco se sentía preparado para hacerlo, por lo que se movió hacia el interior del barco, buscando una cocina o lo más parecido a esta. No tenían muchos ingredientes ni muchos utensilios, pero tampoco quería preparar algo tan complicado. En poco tiempo, ya tenía preparados unos 9 platos, todos con rebanadas y pedazos de frutas diversas (nada de mango, como ya había aprendido), y uno especial para el gigante pelirrojo, una olla grande en donde colocó dos docenas de diversas frutas, enteras, pues suponía que eso debía ser comparable al desayuno que había preparado para los demás. No tardó en volver a salir a cubierta y ofrecer los platos a cada tripulante, una primera comida para resistir el día, una primera muestra de su voluntad por ayudarlos, incluso a aquellos a quienes consideraba unos mafiosos sin valor. Dejó por última a Maki, no porque la detestara, todo lo contrario en verdad. - Gracias, por lo que hiciste por mi -. Fue todo lo que pudo decirle antes de alejarse a comer su propio desayuno, no pudiendo expresar de otra manera lo agradecido que se sentía por tener la oportunidad de formar parte de algo así. Al menos una hora había pasado desde eso, y ya todos se encontraban en la isla, preparados para el extraño ritual de iniciación que debían tener. Las palabras del capitán no hicieron cambiar la dura expresión del cocinero, quien solo lo escuchó con atención. No le resultó raro que la primera en hablar sea Maki, ese fuego interno parecía obligarla a saltar y demostrar su valor y valía en cada cosa que tuviese enfrente, incluso si se trataba de la lealtad a su tripulación. - Bueno, no sé si podría llamarlo bello -. Fue el pelinegro quien tomó la palabra luego, con una sonrisa de confianza que pocas veces se le ha visto en estos últimos días. - Pero estoy aquí para cumplir mi objetivo, y si el de alguno de ustedes se pone en medio… -. Hizo una pausa para levantar su trago al frente, y continuó sin siquiera ver las expresiones de los demás. - Los ayudaré a cumplirlos, y luego llevaré sus historias y hazañas hasta el último día de la humanidad -. Así como lo haría con sus padres, con su pueblo. Si estas personas estaban dispuestas a aceptarlo y ayudarlo, él les devolvería aquella inmortalidad que tanto busca. Tomó su bebida de un trago junto al resto, sellando así su promesa de lealtad a esta tripulación.
25-08-2025, 07:31 PM
El viaje hasta la isla Karate había sido tranquilo, Jensen había estado en cubierta la mayor parte del tiempo, alerta y emocionado de pertenecer a una tripulación pirata. Le hacia su mantención a Cerbero, debía estar siempre preparado para poder defender a sus compañeros cuando lo necesitaran, era su deber protegerlos.
Su amigo Rack le sirvió un buen desayuno, eso le hizo dedicarle una sonrisa de gratitud y una reverencia con la cabeza, pensó en ir a comer su comida con su amada valquiria besada por el fuego, pero mejor dejo a Maki comer tranquila junto a su guitarra, si tenía suerte podría escuchar su dulce voz tocando alguna melodía que reconfortara su alma y alegrara su corazón.
Cuando llegaron a la isla Karate fueron recibidos por el resto de la tripulación, Jensen quedo maravillado al ver al gigante pelirrojo, pues nunca había visto uno en su vida, solo había leído sobre ellos y escuchado historias. –Espero que seamos grandes amigos grandulón – dijo dandole una palmadita en la pierna, pues era a donde alcanzaba a llegar, posterior a eso se sentó junto al resto de la tripulación y escucho el conmovedor mensaje de su capitán. Al oír tan bellas palabras sus ojos se llenaron de lágrimas de emoción la cual solo aumento cuando su amada valquiria Maki y su amigo Rack hablaron.
-Estimados nakamas – dijo poniéndose de pie – es de mi agrado decirlos que cuentan conmigo para todo, yo seré su protector cuando lo necesiten y su amigo cuando lo deseen, quiero que cuenten conmigo porque yo daré mi vida mil veces por cada uno de ustedes si la situación lo amerita – dijo antes de tomar la botella de licor y levantarla alto – Salud mis queridos nakamas, por la victoria y la gloria – dijo bebiéndose toda la botella de una sola sentada
27-08-2025, 07:27 AM
El sol le caía de lleno en la frente, y sus rojizas hebras parecían encenderse con cada destello del astro rey. Thrym se encontraba de pie junto al barco, con esa sonrisa suya que parecía no apagarse ni siquiera cuando el viento le lanzaba arena a la cara. Observaba a todos, cada gesto, cada emoción, cada juramento de sus compañeros, y aunque escuchaba con atención, lo único que le rugía más fuerte que el mar era el estómago.
Cuando el cocinero Uker apareció con los platos, el gigante se inclinó con curiosidad, viendo esas pequeñas porciones como si fueran juguetes. A él le había tocado una olla entera repleta de frutas… pero al verla entre sus dedos parecía más bien una taza. —¡Ohh, gracias pequeño chef!— tronó con voz retumbante mientras agarraba la olla solo con la punta de los dedos. Y sin pensárselo dos veces, se echó las frutas enteras a la boca, haciendo un sonoro crunch que retumbó como una avalancha. Chasqueó la lengua, miró la olla vacía, luego a Uker, y con un puchero casi infantil gruñó: —¿Y… eso es todo? ¿No habrá por ahí un cerdito entero, un par de barriles de cerveza, o al menos unas diez ollas más? —. Su estómago rugió como un tambor de guerra, interrumpiendo con estruendo el solemne momento que Ashveil y los demás habían intentado crear. Algunos aldeanos en la playa incluso se giraron, pensando que era un cañón. El gigante suspiró, resignado, y terminó por recostarse en la arena caliente como si fuera una cama blanda. Su cuerpo se hundió un poco, y cada movimiento levantaba pequeñas nubes de polvo. Mientras los demás se ponían serios, compartían sus juramentos y alzaban el licor con pasión, Thrym simplemente levantó un pulgar del tamaño de una pala y murmuró con un tono somnoliento: —¡Eso, eso… yo también!—. El silencio solemne fue otra vez interrumpido por su barriga. Esta vez sonó como si alguien hubiera tocado un tambor dentro de una cueva. Thrym abrió un ojo, miró a sus compañeros con aire inocente y se encogió de hombros. —Lo siento, no soy yo… ¡es mi espíritu guerrero pidiendo refuerzos!— Exclamó antes de reírse a carcajadas, haciéndose eco con las olas.
28-08-2025, 02:53 AM
Narrador / María Merlot
Primera Canción que Canta María
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¿Dónde comienza la historia?
¿Isla? ¿Barco? ¿Piratas?
¿Siquiera importa?
Realmente no, lo que nos incumbe hoy, es otro día más de su vida (o menos... para los más pesimistas). El sol surcaba el firmamento, o posiblemente era así porque la mujer protagonista de mi narración, se encuentra encerrada en un calabozo de de un barco.
¿Su crimen? Ninguno.
¿Su valor? Ninguno.
¿Por qué esta encerrada? Ni siquiera yo el narrador lo sabe...
Pero ahi estaba ella, acostada en su litera, totalmente relajada, como si fuera la señora y ama del lugar. Una de sus piernas caia de la cama, la mecia de un lado a otro, al ritmo de las olas ¿quizás?. Su vestimenta, casual pero muy pulcrada, podrá ser una ¿prisionera? pero no andará como una mendiga o apestando. Su atuendo combina tres colores: blanco, azul pálido y negro. La parte mas peculiar del mismo son sus mangas con pliegues como si fuera cada una la cola de un hermoso pez y el short negro debajo de la vestimenta que deja ver sus piernas. Su piel de porcelana, su largo y precioso cabello celeste y su bien proporcionado cuerpo le brindaba un aire etereo... como si perteneciera a cualquier otro lado menos a la horrible categoría de prisión.
Totalmente relajada, sin preocupaciones ni temores, la joven dama empezó a cantar, una suave canción que posiblemente ni sabia dónde ni cuando la había aprendido. Tal vez sola la escucho en una de esas veces que escuchaba sin querer queriendo y la aprendio.
♪ El mar es ancho, el mar es graaaaaaaaaaaaaaaande.
La luna saaaaaaaaaaaaaaaaaale y el sol se poooooooooooooooone.
El maaaaaaaaaaaaaaaar tiene grandes olas, olas azuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuules.
Meciéndooooooooooooooooose, ¿hasta doooooooooonde irán?
Quieroooooooooooooooo hacer floooooooooooootar un bar bar barco en el maaaaaaaaaaaaaaaaaar,
y visiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiitar tierras lejaaaaaaaanas.
Nanana na na naaaaaaaa ♪
Su voz suave, llenaba el lugar como la suave luz del amanecer. A veces alargaba algunas vocales para darle más profundidad a su canción. ¿Su unica preocupación por ahora? Lo que el cocinero haría para comer ¿Ensalada de frutas? ¿Ensalada Cesar? ¿Ensalada fría? ¿Con que ensalada sorprenderia a la ¿prisionera? hoy.
El sonido de unos pasos la hicieron detener su canto, que se repetia en bucle. ¿Quien vendría? Se encogio de hombros, restandole importancia pero su apatia por el visitante inesperado desaparecio en un parpadeo cuando la figura del hombre de cabellos rosados aparecio a traves de las rejas. Se levanto de un brinco, hasta llegar a las barras, agarrando una en cada mano y mostrando su sonrisa mas deslumbrante y genuinamente sincera.
— Hyákinthos — pronuncio la dama con suma devoción entre suspiros como si estuviera viendo a un ángel descender del cielo, y para ella lo era... su persona favorita en todo el basto océano, tierra y cielo — El sol se pone un sombrero de lana y una bufanda de tela de araña, todo porque Hyákinthos ha decidido que este día es un buen momento para visitarme, exponer a mi corazón a su preciosa presencia... ¿Será que hoy moriré? Morire de una sobredosis de algodón de azúcar rosado — empezó a divagar la dama, las palabras brotaban de su boca sin control y con mucha emoción, por suerte habían unos barrotes entre ambos, aunque esa celda en particular no tenia candado o cerradura alguna — ¿Vienes a jugar conmigo? ¿Quieres que me quite la ropa? ¿Quieres ver mi espalda desnuda como siempre? — cuestiono recostándose de la barra de hierro mientras le hacia ojitos como si fuera la propuesta más indecente del mundo pero la verdad era otra, lo que el hombre quería de ella iba más allá de cariño verdadero pero es tema de otro... tema.
— Debo llevarte a la cubierta, ordenes del Capitán — le comento el hombre con voz serena como si toda la diatriba de la mujer nunca hubiera existido, como si su mente hubiera decidido obviar la verborrea absurda de la celestita.
— ¿Me lanzaran por la borda? ¿A llegado el día en que seré comida de tiburones? Lo único que lamentaré será no ver mas tu hermosa cara — dijo con fingida preocupación, finalizando con un guiño hacia el sujeto, sujeto que ni se inmuto por sus palabras o acciones — Te recordare siempre con todo el cariño del mundo algodón de azucar — hablaba mientras se colocaba unas esposas en cada mano, esposas que pasaban por sus muñecas como si fueran pulseras, las mismas estaban unidas por una cadena — Estoy lista para enfrentar mi destino, solo recuerdame con amor como yo te recordare en el estomago del tiburón ballena que me tragara — concluyo al terminar de ponérselas y esperando que el hombre se la llevará. Él tomo la cadena y se llevo como una mascota, un cachorro que sacan a pasear.
♪ Como si estuviera en un sueño, una escena maravillosaaaaaaaaaaa
Cada segundo se siente como un momento de eternidad
Cuando camino contigo, me siento en la cima del mundo ♪
Comenzó a cantar de nuevo. Esta vez totalmente dedicado al hombre de rosados cabellos. Él parecía inmutable a todo eso mientras ella iba como un adorable cachorro tras su amo. Al salir a la cubierta, el sol la cego por completo... al ir recuperando la visión pudo ver que no eran los únicos ahi, habían más, siempre habían más... no siempre fue así. Pero sus ojos se detuvieron en ese, en ese en el que estuvo pensando hace un rato...
— Ensalada de espinacas sin pimienta — alzo su voz al hombre de cabellos negros cortos, el chef de la tripulación — ... para más tarde por favor, porque ahora seré sacrificada entonces regresare después cuando sea des-sacrificada... ¿quieres que te traiga algo de las profundidades? Algo no vivo... los peces son amigos — divago y divago sin sentido alguno, una interacción normal con ella, si al caso vamos — Lucarne... ¿por dónde debería saltar? — le pregunto yendo a un extremo y pasando cerca de Maki a la que le guiño uno de sus orbes ámbar — O por aquí... — pregunto corriendo al otro extremo mientras el sonido de la cadena contra el piso de madera resonaba por el lugar — La verdad, no parece muy profundo tampoco... — dijo viendo sobre la borda... y haciendo como si fuera a lanzarse pero arrepintiéndose en el ultimo momento — ... pero si se ve taaaaaaaaaaan frio... — murmuro yendo hasta Lucarne y tirándose a sus pies, abrazando (como pudo con las esposas y cadenas) una de sus piernas y frotándose contra esta — ... Lucarne, ¿la belleza de mis sueños? — repitió sus palabras, claro que habían llegado a tiempo para escuchar su discurso — ¿La belleza de mis sueños? ¿De una simple prisionera? No, no, no, mi querido fantasma... La belleza es la excusa que le pone el sol a la locura para seguir girando. Mis sueños no son bellos. Son un zoológico sin jaulas, una orquesta de susurros y gritos que solo yo puedo oír. Son el eco de una carcajada que se perdió en una cueva de terciopelo marrón como tu. Son un idílico lejano que nunca podré alcanzar... — relato con alegria a pesar de lo triste de las palabras. En ningun momento dejo de frotar su mejilla contra la pierna del masculino en la acción más rara y desquiciada posible... fuera continuado a no ser por el estruendo que salió del hombre gigante... o del gigante hombre, da igual — Oh... ¿de dónde saliste? No te había visto... pasas desapercibido — comento con una sonrisa tonta, el gigante siempre estuvo ahi — Thyrm-sama... — desvió su mirada hacia la dirección dónde se levantaba imponente el pelirrojo — Si tienes hambre, sacrificare mi ensalada de espinacas por ti... puedes comértela ayudará a mantener tus ojos en buen estado... — le hablo con sumo respeto como si fuera un ser celestial. ¿Desde cuando sabía medicina? —... será mejor que tragarte tus mocos... — finalizo con una sonrisa lanzándole un beso de piquito, sin despegarse de Lucarne.
Ahi se quedo, pegada a la pierna del hombre moreno mientras su mirada terminaba en el hombre aparentemente más serio del grupo, uno de cabellos negros al cual la unica atención que le presto fue sacarle la lengua en algún momento.
Karma Fanático: Hyakinthos.
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29-08-2025, 09:01 AM
Piratas.
Sucios, viles y asquerosos piratas.
El viento marino pegando en su cara, el sol rojizo iluminando el tramo, el mar a su disposición.
Es una sensación que conoce bien.
Ya estuvo en una banda de piratas, pendencieros, mal hablados, groseros, rastreros, traicioneros, incapaces de valorar el trabajo de otros.
A esos, por nunca darle su lugar en el grupo, terminó entregándolos a la marina y cobrando la recompensa por sus cabezas. Es un recuerdo que aún conserva, no fresco, solo llega a veces como una nube fugaz que se desvanece luego de una ventisca, justo como ahora.
¿Qué sería diferente con este grupo?
Claro, esta vez no fue obligado a integrarse y brindar su conocimiento por temor a ser esclavizado en caso de desobedecer, esta vez es su voluntad la que lo lleva a pararse de nuevo en la cubierta de un barco con gente que se autodenomina piratas.
Las cosas no tienen que ser iguales esta vez.
Los primeros rayos del sol se deslizan por la cubierta, voces desconocidas se alzan con ánimo, desearía decir que se siente en casa, pero sería una vil mentira. Apenas puede diferenciar los rostros de sus nuevos compañeros y ni hablar de sus nombres, incluso el rostro del hombre de abrigo rojo, responsable en parte de que esté aquí, aparece en su memoria como una pintura difuminada, solo es capaz de dibujarlo con exactitud cuando lo mira de frente y, hay alguien más, alguien con cabellos verdes, como algas ¿Cuál es su nombre? ¿Cómo luce?
El ancla de la proa cayó al mar, el barco se estableció al fin en el puerto de la isla cuyo nombre también se le escapa, su trabajo terminó ahí, pudo alzar su cabeza para ver al resto y un saludo llegó de una mujer quemada y cabellos verdes…verdes como algas ¡Oh! Es ella, sí, ella también es en parte responsable de que esté ahí, le gustaría poder aprenderse su nombre, pero solo el tiempo dirá si su mente tendrá o no espacio para ello.
Se acercó, miró al resto, un grupo peculiar al que tendría que acostumbrarse, quiso analizarlos, estudiarlos, pero sus deseos quedaron truncados cuando un hombre de cabellos negros y mechón blanco le plantó un plato con frutas frente a la cara. —Gracias —. Ladeó su cabeza, lo miró con curiosidad, le recordaba a alguien, pero no podía decir a quien, tampoco es que fuera su prioridad averiguarlo, no cuando su capitán, ¿Tan rápido lo llamaba así?, le solicitó traer a alguien más a cubierta.
Con su plato de frutas en mano caminó por la cubierta dejando atrás el sonido de voces a las que aun no puede acostumbrarse. Se supone que tiene que ir al ¿calabozo? ¿Tienen uno? No lo recuerda, por eso camina por los pasillos interiores del barco hasta que una voz mágica lo atrae, de pronto se sintió como un marinero siendo seducido por el canto de una sirena… ¡Sirena! ¡Por supuesto!
Sus pasos se hicieron más rápidos y gracias a la voz dio con la persona faltante, encontró a quién debía llevar a cubierta y; sin embargo, lejos de encontrarse con una prisionera mugrosa y agonizante, se encontró con unos dorados ojos lleno de más vida que los de él mismo y, no solo eso, parecía conocerlo…sí, tiene sentido, que él no recuerde su nombre no es culpa de ella, es de su poca capacidad para retener rostros y nombres, aunque, puede estar seguro de algo, si lo sigue halagando de ese modo, es probable que termine aprendiendo su nombre mucho antes que el de cualquier otro en la tripulación, pero, por otro lado no quería jugar con ella, mucho menos verla desnuda ¿Para qué? Sacudió su cabeza en negación ¿Qué podía responder a los desvaríos de la supuesta prisionera? Nada.
Alzó una ceja, aún curioso por la actitud de la peliceleste y se rindió a comprender lo que sucedía, limitándose a dejar su plato, ahora vacío, sobre un barril de quien sabe que cosa y a sacudir sus manos para quitar cualquier resto de comida mientras que sus ojos examinaban a la chica de arriba abajo ¿Qué dijo antes sobre su espalda? Bueno, lo recordaría con el pasar de los minutos, por ahora tenía algo más que hacer.
—Debo llevarte a la cubierta, órdenes del Capitán —. Y con eso dicho los desvaríos empezaron de nuevo, era casi gracioso, lo suficiente para arrancarle una suave risa que murió cuando ella misma le cedió una cadena para que la llevara como si fuera un perrito.
—Nadie va a ser lanzado por la borda o eso creo —. Su comentario, dicho en tono monótono y sereno, se perdió en medio de las melodías que la chica empezó a cantar con tan ímpetu que no se atrevió a interrumpirla ¿Acaso le estaba dedicando esa canción? No entendía porque sentía que era así.
El sol, ahora más potente, volvió a golpear sus ojos. La cubierta lo recibió junto con la visión del resto de personajes extraños que ahora formaban un semicírculo y sostenían un trago en sus manos, caminó hacia ellos y tomó una bebida también, para que después, inconscientemente, soltara la cadena de la chica rara, algo que se sintió como dejar en libertad a una mascota en un parque, pues la vio caminar por aquí y por allá, curioseando como si nunca hubiera visto un barco.
Las voces retumbaron de nuevo, el viento se detuvo por un momento, el capitán habló o al menos a quien recordaba como capitán, parecía animado, soñador, tan lleno de vida, si miraba al resto, lucían similar ¿En verdad estaría bien que se quedara? Además, hablaba de ¿Sueños? La mención de la palabra lo arrolló con una fuerza indescriptible y su mente empezó a divagar entre ideas hasta perderse en ella y no prestar atención a lo que el resto de las tripulantes pudiera decir.
¿Sueños?
¿Qué sueños?
—Mmmm… —Miró su trago con extrañeza y alzó sus ojos, ignorando al resto, solo para seguir el actuar de la peliceleste y, fue ahí, al ver la espalda de la chica, semi descubierta y llena de escamas tornasoladas, que pudo recordar algo, lo suficiente para que su mente hiciera click. —Sería interesante estudiar especies que más nadie haya estudiado, saber cómo son por fuera y por dentro —. No fue un juramento, ni siquiera era algo que planeaba que otros escucharan, solo pensaba en voz alta. —Recuperar mi memoria también me gustaría —. Se encogió de hombros y le dio un trago a su bebida, sin haber sido consciente de haber hablado en voz alta.
—¡Ah! —Como si un corrientazo lo hubiera traído de vuelta a la tierra, sus ojos se fijaron en el resto de los tripulantes ¿Se supone que hablan de promesas grupales? ¿Tendría que decir algo también? —Jmmm…Supongo que pueden contar con que cuide de ustedes cuando están enfermos o heridos…pero…procuren no estar heridos…por favor, de verdad, procuren no estarlo —. Porque las heridas significan problemas y los problemas atraen atención y él no desea atención, no quisiera ver su cara en un cartel de “Se busca”.
Se dio la vuelta entonces, dispuesto a buscar la sombra que le brindaría el interior del barco, pero se detuvo cuando un rugido resonó ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde? La peliceleste tiene razón: el gigante pasa desapercibido -o tal vez ambos son igual de distraídos para no verlo-, se giró de nuevo, mirando al pelirrojo que parecía estar muriendo de hambre…pobre…que difícil ha de ser mantener un cuerpo tan grande y por otro lado, pensaría que no podía estar más de suerte, pues que exótica criatura resultaba para ser estudiada.
—No le vas a dar tu comida —. Se acercó a la menuda prisionera, ahora recordaba que de su espalda extraía escamas que luego vendía a curiosos, artesanos y alguno que otro fetichista, nada grave en comparación a otros negocios que tenía, pero si la chica no comía bien, seguro esas escamas empezarían a perder su belleza. —Tu debes estar saludable ¿No es así, capitán? —Miró al muchacho más bajito, buscando algo de apoyo en él. —Además, aunque le des tu ensalada no sería nada para él —. Le dio a la chica un par de palmaditas en la cabeza antes de caminar para bajar del barco y estar más cerca del gigante.
Él jamás desaprovecharía un robo, pero aquella mujer, aparte de todas las cosas, era cantante. Como buen ratero que es y al haber intentado realizar uno de sus tan característicos mareos para liarla con la caja registradora, los propios seguridad del local "SAmba" estaban totalmente entrenados para identificar a gente como él. Una llave diestra fue suficiente para tirarlo al suelo y que, en rápidos movimientos, alzado para ser llevado directamente con las autoridades locales. La muchacha, por alguna razón aún desconocida para el pelirrojo, decidió protegerlo, diciendo que pagaría todos y cada uno de los Berries robados por él al ser el primo del sobrino del hijo de su tataratía. Sí, un concepto sumamente rebuscado, pero luego de una patada en las posaderas y la prohibición de la entrada otra vez no pasó a mayores.
Owen no perdona ni olvida, por lo que la esperó hasta su salida de aquel local. Camuflado entre la gente, los techos, pasillos y callejones de la Isla Karate hasta tener una postal tan obvia como jugosa: Piratas. Piratas que suelen tener mucha pasta. ![]() -...Jeh, siempre en babia los piratas. Ladrón que le roba a ladrón tiene cien años de perdón dicen.-
Era de día, sí, pero nadie podía aprovecharse más que el pelirrojo de la falta de precaución y las cosas abandonadas a su suerte; ¿Qué ocurre cuando te metes en el mar y te dejas la mochila sin vigilancia en la arena? En efecto, un Owen salvaje apareciendo para demostrarte que tu confianza solo hará que los amigos de lo ajeno campen a sus anchas. Ellos, tan célebres, tan ruidosos, en aquella reunión circular, fue tan sencillo para el joven ojiazul alcanzarlos luego de seguir a una mujer sumamente corpulenta que le había llamado poderosamente y ayudado con antelación. Sus cicatrices, marcas, físico y belleza automáticamente le hicieron asecharla por todo su tramo hasta observar a un sujeto tan enorme que era la antítesis de lo que el muchacho era: Llamativo, poderoso y por sobre todas las cosas, venoso -¿Necesitará ayuda para ir a mear?- Owen, no seas degenerado.
Era tentador. MUY tentador; Un barco pirata con todos sus miembros (probablemente) festejando, embriagándose, a los gritos y distraídos...aunque la visión periférica del coloso era lo único que podía tornarse complicado, más a sabiendas que el cabello de Owen resultaba ser de un rojo tan llamativo. Por hoy, sólo por hoy, no iba a robar.
![]() -Oye, Maki. Maki, D. Zenin.-
¿Cómo sabes su nombre, Owen?
![]() -Ten tu billetera, se te cayó en el bar, tía.-
Se la robaste en cuanto se distrajo, eres de lo que no hay.
En un grácil y rápido movimiento, demostrando simpatía incluso con todos aquellos desconocidos, el pelirrojo irrumpió aquel ritual del cual no había prestado atención más allá de aquello que parecían estar compartiendo en cuanto a bebida y comida. El sol, abrazador como de costumbre en aquella isla, le hizo aproximarse con aquella cartera tan común hacia la mujer repleta en cicatrices peliverde, aunque cauto al ver que eran mayoría. Como Owen era especialmente extrovertido, no demoró en llevarse ambas manos a los bolsillos de su pantalón vaquero azul, dedicándoles una pequeña mirada a todos y cada uno...aunque al titán, lógicamente, levantar la mirada conllevaría a una quemadura en las retinas al tener que levantar la cabeza noventa grados hacia el cielo, así que solo observó su rodilla como si esta tuviese rostro -¿Están organizando una fiesta?- su sonrisa, picaresca y ladina, mostraba esos intensos caninos que, por genética, eran más grandes que el resto de dientes. No se detuvo en ninguno ni tampoco prestó atención a nadie en especial, aunque...todavía tenía cierta espinita de saber el porqué Maki había decidido protegerle. ¿Tanta pinta de pordiosero tenía? -Si me invitan de una de esas jarras de licor- con su dedo índice, apuntando al que tenía aquel íris tan distintivo entre anaranjado y dorado -les puedo contar del tesoro más grande de este planeta.- se encorvó, frunciendo el ceño mientras su sonrisa se ampliaba progresivamente hasta dejarle ver todos sus dientes -Se reirán en la puta cara del One Piece al lado del valor de estos tesoros.-.
Primero te robas una billetera, revisas su identificación y ahora mientes. ¿Puedes pasar cinco segundos sin cometer un pecado capital?
52zVestimenta
05-09-2025, 02:58 AM
El sol abrasaba sin mesuras la cubierta del barco, un brillo que anunciaba un alba, no solo para aquella dichosa isla, sino para las vidas que se entrelazaban en una larga telaraña llamada camaraderia. Ashveil no dijo nada, permaneció en silencio con sosiego. Tampoco interrumpió cada vocablo emitido por su tripulación; pues era como el canto mismo del mar hecho un coro.
La primera en hablar era el fuego, Maki, su espíritu era comparable a las brasas que negaban extinguirse. Firme, una guerrera forjada del dolor. Y Ashveil... No hacia mas que respetarla por eso. —¡Un faro...! Eso eres... — le señalo antes de señalar al frente. — Tu voz sera nuestro faro, Maki. Aunque las olas del mar amenacen con apagarla, me encargare que sigan ardiendo como mil soles —. Dijo, sin mirarla, solo de espaldas.— Aunque... No prometo cuidarte de las miradas de otros hombres — Volteo a mirar a Uker, el navegante con el cual habia tenido pocas pero necesarias interacciones. Y ahora le tocaba a él. El silencio perduro por breves instantes, uno pesado, porque conocia la oscuridad que envolvía el pasado del hombre. Un hombre envuelto en las sombras y aun así, sobrevivió a ellas. Solo levanto su diestra para posarla en su hombro sin dejar de beber de su gran tarro. — Solo estoy bromeando, pero — Dio un gran sorbo a su licor. —No seas esclavo de las cadenas, no las arrastres. Aqui, en mi maldito barco, no eres un prisionero del pasado. ¿Pero sabes que si eres?... El hombre que se levantara cuando todos caigamos. — Entre palmadas tambien reiria. «Y el que mantenga a esa cosa (Thyrm) con el suficiente combustible para no tragarse a si mismo». Palabras para si mismo. —Mierda.. Sois muchos, pero a ver... Tú, el emo — Eres nuestro corazón — Sin evitar sonreir, claramente. — Porque el tuyo es más fuerte que cualquier arma existente. No permitas que nadie te arrebate tu pureza, mientras este cuerpo respire jamás estaras solo en la defensa de tus nakamas. — Y mataría por ese juramento. El estruendo del estómago de Thrym rompió la calma, fuerte sonido que estremecía hasta el mástil. «Ah mierda... Este cabrón» Frunció el ceño, pensando en su discurso. ¿Pero que coño? Si era con el tenia que usar su apetito como referencia. — Tendre que alzar la voz — Y asi lo hizo. — Puede que el hambre sea tu enemigo mas duro, pero te prometo que encontrare darte festines dignos de tu fuerza. Jamas lucharás con el estomago vacío. Juramento del capitán — Y Maria... ¿Que decir de maria? Una mezcla extraña entre la mas dulce poesia y el caos absoluto, fascinaba en partes iguales eso si. Solo divagaba al hablar y hasta se aferró a una pierna. No pudo hacer mas que reír en una carcajada ahogada en el sabor de la cerveza. — Tranquila, no te apartó. Incluso tú eres valorada en este hogar... Tu locura es sinonimo de peligro, pero en ella hay hermosura. Sigueme, incluso aqui tus desvaríos encontraran eso, «Un hogar ». No eres un sacrificio, eres la belleza que se asoma tras la promesa. — El doctor era el más racional del grupo, distinto, un caos completamente diferente a lo que estaba acostumbrado. Lógica sobre pasión, un pedazo de hielo se quedaría corto ante sus agallas. Una mente difusa en pensamientos que parecen ahogarle. Pero estábamos aca, ¿no? Somos un jodido salvavidas... Aunque Ash ni nadar puede —Tu memoria volverá, Hyákinthos. Y cuando lo haga, no estarás solo para cargar con ella. Cuentas conmigo, como yo cuento contigo... Y por favor aleja ese bisturí de mi — Entonces apareció aquel pelirrojo descarado y rufián, era el contraste perfecto ante tanta seriedad, quizás lo hubieran echado en otros lugares. Pero Ashveil no. El capitán lo observó y derramo su cerveza sobre él. Pues, sin quererlo, ya estaba demasiado cerca del círculo como para apartarse. —No sé de donde saliste, pero ya sabes demasiado. Si osas robar a mis hombres te usare como ancla en mi próxima parada, a menos que claro... Tengas las bolas para unirte — Y sin embargo, le ofreció licor. —Los he escuchado — Señalo a todos con su voz gruesa y firme. — Sus miedos, sus sueños, sus juramentos y hasta sus locura. Y he confirmado que no somos una tripulación ordinaria, somos más que eso... Somos unión, somos la diferencia. —. —Desde este instante, no son individuos errantes, ni fugitivos, ni prisioneros del pasado. Desde este instante, navegamos bajo una misma bandera. Ustedes son mi tripulación, y yo soy su capitán.—. Exclamo, y esta vez descendió a la isla.— Ahora, que les parece un festin? Vamos, quiero comer y festejar. Pueden disfrutar de la isla y relajarse. — Ya estaba un poco ebrio, lo admite. —Ah, y Uker...cuida que el pelirrojo no asalte a un soldado de la marina o algo asi —
06-09-2025, 04:45 PM
El cocinero parecía preocupado por algo, inseguro, quizás como ella misma cuando todo su pasado se volcó hacia la dirección donde los arboles no deben crecer, destinados a dominar tierra y aire algunos crecen torcidos, malignos y ruines. No se consideraba malvada pero sabia que era de difícil trato y por ello luego de darse cuenta el basurero que era se decidió a surcar los vientos hacia donde el amanecer se lo dictara. Cuando recibió de parte de él su comida se aseguro de rosar sus manos por debajo del plato… sus ojos se encontraron y ella pareció alimentarse de sus pensamientos, enigma, secretos y deliciosas aventuras futuras… se dijo a si misma… ese hombre será mío. Ante sus palabras solo asintió y le dedico una sonrisa amplia una sincera, pero se aseguraría de no ser aterradora mostrando sus dientes como una psicópata. Quería que se enterara en carne propia que lo era.
Solo sintió fulgor en su interior al escuchar las palabras de todos, pero mas aun al escuchar las de Rackham. Palabras serviciales y leales. Esperaba que la cumpliera, pues lo que mas aborrecía y temía era que la abandonasen, se sentía sola y a la deriva desde hace muchísimo tiempo, como un barco pesquero que perdió sus remos girando sin guía a merced de la piedad de las deidades y la luna implacable fría y dura, aun mas que el sol que solo daba calor y furia. La luna en cambio entregaba nostalgia, dolor y frio. Lo mas cercano a una muerte en vida. Cada cierto tiempo arrancaba notas escuetas de su guitarra, deseaba plasmar la fortaleza de sus nuevos amigos, el potencial del cocinero, la energía y corazón de Rojito, sabia que eran miradas inapropiadas… lujuriosas y ella intentaba no cruzarlas con él pues podría caer en su sortilegio si fuera un poco feo, le sería muy fácil dejar las cosas claras, pero sentía que era mejor no causar problemas por ahora… era mejor en cierto punto que le cuidaran, aunque fuera quizás por intensiones secretas. Y bueno también estaba de Hyak o Cherry, o mejor dicho Bubblegum, un tipo rarísimo que tenía ¿Problemas? ¡No! problemones… no recordaba ni el desayuno, solo deseaba que no tuviera que operarla o podría quitarle un riñón por un resfrío. A sus ojos era paradójicamente el mas y el menos manejable de todos. Había algo preocupante. Algo que quizás no era entendido por ella del todo y eran los inmensos recursos que necesitarían para alimentar al tifón pelirrojo, tenia a todas las luces y al aspecto de ser un gran bonachón, pero con esa increíble masa ella tenía la impresión de que si lo quería podría tragárselos a todos sin masticar. Bueno a casi todos pues ella pelearía y no dudaría en matarlo si eso ocurría. Cuando cruzo miradas con él, solo le saludo como quien saluda a un barco que deja el puerto. Nah! serian buenos amigos. Lo que la saco de sus pensamientos fue la voz dulce, armoniosa y resplandeciente de ella. La prisionera. Su voz provoco que inconscientemente lleva sus dedos nerviosos a la guitarra y comenzó a acompañarla en su tonada, magnifica, suave y apenas audible, dándole el papel protagónico que se merecía. Era la mas hermosa criatura que Maki hubiera visto y pensaba que la radiancia del sol le seguía donde fuera… prisionera? Todos alrededor era presa de su delicada y gloriosa delicadeza al caminar, hablar y representarse como una deidad en vida. Maki se sintió horrible, agacho la cabeza y procuro aguantar la amarga crudeza de sus propios pensamientos apretando los labios temblorosamente mientras le seguía el ritmo con las cuerdas. Ahí en su esquina oscura fría y desolada. Sin embargo el guiño de la princesa prisionera le dio un verdadero flechazo… apartando cada nube oscura de su mente encendiendo su ritmo… y entonces Maki. Maki D Zen´in juro que la mantendría a salvo a costa de su propia vida. Recordó en un repentino Flashback al pelirrojo un verdadero incordio, un grano en el culo, un pusilánime, un esquizofrénico montón de sobredosis de azúcar hecho carne y un ladronzuelo, tenía toda la pinta de que moriría seguro apuñalado, violado cagado y ebrio en una zanja cualquiera a las afueras de una ciudad. Y no cualquiera sino una de poca monta podrido y con los huesos al sol blanqueándose por toda la eternidad. Sin duda sería una buena adición a los placeres de robarle las cosas a la gente que tenía más. sin duda cuando escucho que al joven lo colgarían por ladrón. Maki sintió que se lo merecía… se metió las manos a los bolsillos y encontró un encendedor… un salero, un tenedor… los había robado sin darse cuenta. No podía dejarlo a su suerte… casi todo el dinero que tenía lo gasto en negociar con el Marine, era un caso perdido, pero era un corrupto así que solo basto un poco de amenazas y algo de bellys para dejar al niño libre una vez más. Había tomado su billetera y miro con nostalgia su propia fotografía cuando su rostro era hermoso como el cariño de una madre a un niño con futuro… alzo la vista al idiota y estaba seguro que él era la excepción. Ninguna madre querría a un pillo como él. Cuando Ashveil la menciono… sintió que su alma flotaba con fuerza rondando cada uno de los presentes como si deseaba abrazarlos a todos en un manto de fuego. Su respiración comenzó a agitarse y la emoción de una nueva aventura le produjo un picor en el alma… miro a cada uno de sus compañeros y supo que ahí era donde debía estar. Asintió con propiedad a la solicitud del capitán y cuando mencionaron una celebración su grito de alegría salto por el cielo azul, esperaba que esas risas llegaran al cielo donde su hermana muerta las recibiría con jubilo. |
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