Llegando a Pushkin[Pasado]
#11
"Naturalmente, naturalmente," respondió Stroud, caminando entre Imai y Bertram, manos tras la espalda, a paso firme. "Pero el rango es el rango, sargento." Era plenamente consciente de que no había forma de adivinar el rango de Gaufrid a simple vista, y mucho menos cuando no parecía llevar sus insignias ni sus galones a la vista, mas aquello no les impedía mostrar la debida genuflexión al averiguar el cargo del arquero. En cualquier caso, tampoco era cuestión de desgañitarse; mostrar el debido respeto por la jerarquía de la Marina también implicaba respetar los diversos grados de autoridad, y, evidentemente, un sargento no podía exigir el mismo trato que un almirante. Formalidades, o formalismos, aparte, Bertram parecía emanar la autoridad y la capacidad de decisión que Stroud hubiese esperado de alguien que fuese a capitanear su división, pese a ser, en términos absolutos, un recién llegado, casi tanto como Imai o él mismo. El doble filo del respeto por la jerarquía de Stroud era que, al mismo tiempo que mostraba un debido respeto por los cargos superiores, era enormemente exigente con ellos, y no podía tomarse en serio a alguien que no estuviese a la altura de su cargo. Un Marine tenía que estar a la altura de su puesto. "Ambos parecen gente fiable," pensó para sí, "por excéntricos que parezcan."

Minutos después, salió del despacho junto con sus nuevos compañeros. El lugar olía a tabaco, probablemente debido a los administrativos que se pasaban el día allí encerrados, ahumando el lugar poco a poco. Sin embargo, la estancia era más agradable de lo que uno hubiera podido imaginar desde fuera. Todo parecía bien acondicionado, las instalaciones parecían bastante limpias, y el carácter del lugar no era tan despiadadamente marcial como otros cuarteles a lo largo del South Blue. Parecía que la Marina prefería cuidar a los soldados de Roshwan, tal vez debido a la cantidad de horas que debían pasar en el interior, azuzados por el inclemente clima de la isla. "Imai, espero que esa pintura tuya no manche, que esto está como los chorros del oro," afirmó. Hojeó distraídamente los papeles que el capitán les había entregado: los horarios de aquel mes, un mapa con la distribución de las habitaciones del cuartel por zonas y las normas de convivencia específicas del cuartel de Pushkin. Nada especial. Los ojos de Stroud se deslizaron por la superficie de los papeles rápidamente.

Cuando oyó a Bertram mencionar la cena y los planes, asintió con la cabeza decididamente. "Sí, es la mejor idea," afirmó, buscando la localización del comedor entre los papeles que habían recibido. Señaló con el índice sobre el mapa para que Imai y Bertram lo viesen con exactitud: "Bajamos las escaleras de ahí delante, vamos por el pasillo de la izquierda y ahí está la cantina," indicó, antes de echar a caminar. Al cabo de apenas un minuto, los tres se encontraban en la cantina del cuartel junto con un par de decenas de otros Marines, esperando a que les llegase el turno y que les sirviesen cualquiera que fuese el rancho de aquel día. "Y bien, sargento, ¿tiene algún plan en mente?", preguntó con interés a Bertram mientras agarraba para sí un panecillo de centeno que seguramente había visto mejores días. "Creo que una división como la nuestra podría hacer la diferencia, ¿no crees, Imai?", preguntó a la semioni, justo al otro lado.
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#12
El papeleo fue un martirio que pasó tan rápido como una bala. La oficina olía a tabaco y tinta vieja, pero yo solo podía pensar en lo que Bertram había dicho, eso de que lo que importaban eran nuestras acciones, no mi piel pintada de azul, no mis cuernos, no mi estatura, pero eso último, eso me golpeó fuerte. —Kyarararara—no pude evitar soltar una carcajada ahí mismo, era claro que nologré contenerla. Por dentro, me sentía como si me hubiesen dicho que era una jugadora estrella en el primer inning de la temporada.
 
Cuando salimos con los papeles en mano, Stroud me lanzó aquel comentario sobre mi pintura. Lo miré con una ceja alzada, haciendo un ademán exagerado con los brazos, como si fuera toda una tragedia. —¡Por supuesto que no mancha! —respondí con fingida seriedad, aunque el brillo en mis ojos delataba que me estaba divirtiendo. —Esta fórmula azul la preparo yo misma, resistente al sudor, a la lluvia y hasta al rancho de la Marina, aunque pensándolo bien, aún no la he probado contra cañonazos, eso lo dejo para otro día. — El comedor estaba lleno de marines, el sonido de charlas, risas y cubiertos chocando contra las bandejas me resultó reconfortante. Para mí, aquel no era un simple comedor, era el dugout de un equipo a punto de jugar su primer partido juntos y al escuchar a Stroud dirigirse al sargento con aquella seriedad, asentí con fuerza.
 
—Estoy totalmente de acuerdo, Sargento. —dije, acomodando la bandeja frente a mí con un golpe algo brusco, como si estuviera plantando un bate contra el suelo. —Puede sonar exagerado, pero creo que este equipo puede llegar muy lejos, quizás no seamos los más experimentados, ni los más reconocidos, pero si algo me enseñaron en la academia, es que cuando confías en quienes tienes al lado, cualquier jugada es posible. — Mi sonrisa se amplió y no pude contenerlo más — ¡Kyarararara! — Me sentía orgullosa de haber hecho amigos el primer día que llegue, era reconfortante y maravilloso.
 
Levanté mi panecillo como si fuese un brindis improvisado. —Así que, ya sea para el sargento que nos guía, el soldado raso que piensa más que lo que habla, o para esta solado azulada que todavía no sabe cuándo callarse, yo digo que tenemos la mejor alineación para ganar cualquier partido. — Y no creo que me obsesiona un poco esto de los partidos y el baseball pero era la forma en la que veía todo el mundo, como un gran estadio donde mi función es ser la mejor jugadora de todas.
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#13
Los tres marines recién llegados habían salido de una reunión más corta de lo esperado por el pelirrojo y el de rango más elevado del grupo, al ser un sargento estaba un pequeño escalón por delante de los otros dos. Antes de llegar a la sala el joven arquero dejó claro que no tenía problemas con que no reconocieran su rango, pues él mismo descubrió su ascenso en el viaje hacia la isla pues salió de Ilisia aún siendo un simple recluta, pero debido a su actuación y la intervención del contramaestre de la base de dicha isla el joven pelirrojo pudo ascender. Mientras caminaban Bertram pudo escuchar a Stroud preguntar a la enorme muchacha por su tinta a lo que ella tras reírse respondió que no manchaba, que la hacía ella y solamente le faltaba probar su resistencia a cañonazos, aunque eso lo dejaría para otro día, siendo mejor que no lo probara la verdad.

El joven arquero miraba con detenimiento los papeles que le dieron, mapas, horarios y normas de convivencia, todo lo esperado para que la vida en una base llena de gente que no se conocía de antemano sea lo más llevadera y los conflictos lo menos frecuentes posible. Ante la propuesta de Bertram de cenar ninguno de los reclutas se rehusó por lo que se fueron a la cantina siguiendo el camino indicado por Stroud, seguramente mirando el mapa. Ya en la cantina cada uno se hizo con su plato de comida, y se sentaron los tres a hablar siendo que ambos confiaban plenamente en que los tres podían tener mucho éxito trabajando juntos, y algo que dijo Imai sacó una pequeña sonrisa al marine quien tomó una cucharada de la sopa que había pedido pues necesitaba entrar en calor y dijo

-Mis planes no son nada fuera de lo común, aunque tienen ciertos detalles a tener en cuenta. Para empezar debido a mi origen mi idea era una división destinada a rastrear, localizar y atrapar los criminales, al igual que los cazadores rastreamos a las presas y preparamos la cacería en consecuencia, mi idea es que podamos localizar a los criminales, estudiar las zonas donde se esconden y preparar un ataque para reducir las probabilidades de que escapen al mínimo. Para ello sería conveniente que supiéramos al menos lo básico de las capacidades de los demás.-
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#14
Si bien se abstuvo de hacer ningún comentario acerca de la resistencia de aquella pintura azul, que había removido algunas dudas en su interior, Stroud asintió ante la afirmación de la afable semioni, esbozando una sonrisa, sujetando su propio bollo de pan de centeno a medio comer, mientras se sentaba a la mesa junto con los otros dos. "No sé si cualquier partido, pero seguramente nos podamos apañar más que dignamente. Si nos mantenemos disciplinados y no perdemos de vista el sentido de la Justicia, tenemos futuro," aseveró, colocando su bandeja adecuadamente sobre la mesa y empezando a comer, como lo hacía todo, de manera formal y metódica. Era raro en él afirmar algo tan subjetivo de forma tan tajante, lo que no demostraba más que su enorme convicción en la importancia de unos principios sólidos para cualquier Marine. "En cualquier caso, nos aguardan tiempos interesantes en la Marina."

Comenzó a cortar el enorme filete que tenía por delante. Barato, y no de gran calidad, por supuesto, pero más de lo que necesitaba uno para sobrevivir en Roshwan. Si ese iba a ser el nivel, no tenía ninguna queja con la cantina del cuartel. Continuó comiendo mientras escuchaba a Bertram e Imai, asintiendo en silencio. Sin embargo, los planes de Bertram parecieron llamar su atención en especial. Aquel sargento sabía lo que se hacía. "No sabía que tuviese un pasado de cazador, sargento, aunque tiene todo el sentido," dijo, haciendo un ademán con la cabeza hacia el arco del pelirrojo. "Podríamos enfocarnos en una visión más táctica, más de caza. Buscar, rastrear, analizar... y el golpe final, reduciendo el riesgo al mínimo y las posibilidades de éxito al mando. La información será fundamental. Cuando nos enfrentemos a enemigos peligrosos de verdad, vamos a necesitar ser una auténtica agencia de inteligencia. Esa es la forma de traer Justicia. Si aplicamos ese enfoque de forma adecuada, rendiremos mejor que cualquier otra división." afirmó tajantemente. La idea parecía haberle encantado. "No es nada que os vaya a sorprender demasiado, pero... Creo que veréis que nos podríamos complementar bien, o esa impresión me da."

A medida que lo dijo, sacó un pequeño papel de su bolsillo y una pequeña pluma. Durante aproximadamente un minuto, la pluma se deslizó sobre el papel de forma casi errática, a ritmos inconstantes, mientras Stroud anotaba y garabateaba. Hecho esto, dobló el papel y lo deslizó sobre la mesa, dejándolo entre Bertram e Imai. Sobre el papel doblado había escrito: "Nunca se sabe quién puede estar escuchando"

Off
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#15
La bandeja metálica pesaba un poco más de lo esperado, pero nada que no pudiera cargar con una mano mientras en la otra sujetaba mi enorme kanabō, que no había querido soltar ni siquiera en el comedor, pero debía hacerlo para comer al menos. Caminé hasta la mesa con pasos amplios y me acomodé como pude en el banco, cuidando de no romperlo con mi peso. Dejé caer la bandeja delante de mí y observé lo que me habían servido: carne guisada, arroz blanco y un par de bollos de pan, no era nada demasiado espectacular, pero suficiente para llenar mi estómago, que ya rugía como si tuviera vida propia.
 
—¡Kyarararara! —mi risa resonó fuerte en el comedor, mientras hundía la cuchara en el arroz con entusiasmo —Si la comida siempre es así, yo ya estoy más que feliz de estar aquí. —
 
Comí sin pudor, como si llevara tres días sin probar bocado, aunque en realidad lo que me tenía tan animada no era la comida en sí, sino la compañía. Apenas era nuestro primer día y ya me encontraba sentada con un sargento y otro recluta que parecían tener muy claras sus ideas. Escuchaba con atención lo que decían tanto Bertram como Stroud, incluso aunque mi boca estuviera ocupada engullendo. Entre bocado y bocado, asentía con la cabeza, dándole vueltas a lo que planteaban. Lo de rastrear criminales sonaba emocionante, casi como un juego de cacería, pero con reglas más serias. Stroud lo llevó todavía más lejos, hablando de táctica e inteligencia, palabras que hacían que mis cejas se alzaran como si me estuviera imaginando un partido de béisbol muy complejo.
 
—Así que, un cazador, un estratega y yo —dije finalmente, apoyando el codo sobre la mesa y señalándome con el pulgar mientras esbozaba una sonrisa amplia —Supongo que me tocará ser la bateadora, ¿no? Si ustedes dos marcan el camino y preparan la jugada, yo puedo encargarme de dar el golpe final. — Golpeé con suavidad el aire con el kanabō, como si fuera un bate de béisbol, y no pude contener la carcajada. —¡Kyararararara! Suena divertido. —
 
Mientras seguía riendo, noté que Stroud sacaba un papel y una pluma. Lo observé escribir con esa seriedad meticulosa suya hasta que lo dobló y lo dejó sobre la mesa, entre el sargento y yo, pero no pude resistir la curiosidad alcancé el papel con mis dedos grandes y lo abrí sin demasiada discreción. Al leer la frase escrita, mis carcajadas se detuvieron de golpe, dando paso a una sonrisa ladeada.
 
—Heh! tienes razón. Y si es así, mejor que escuchen esto — dije, bajando un poco la voz, pero manteniendo mi tono animado —No importa quién esté escuchando ni cuántos nos vigilen. Lo único que deben saber es que esta división, con nosotros tres, será imparable. — Volví a dejar el papel en la mesa y tomé otro pedazo de carne de mi plato, como si nada hubiera pasado.
 
—Así que prepárense, compañeros, porque cuando el juego empiece, yo pienso dar home run. — Y terminé con un nuevo estallido de carcajadas que hicieron vibrar los cubiertos en la mesa. Claro que sabia que tenia que mostrar que era lo que yo misma podía hacer, pero era mejor hacerlo en otro lugar, en otro momento, o incluso en el campo de batalla, no me pondría a flotar delante de todos aquí.
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#16
Bertram estaba dando su primer gran paso en la marina, lástima que hubiera tenido que cambiar a un tercer mar para ello y no poder hacerlo con la gente que había conocido en su primera base a la que fue enviado, pero así era mejor, allí iba a seguir teniendo problemas con el sargento Ripa debido a que con su resiliencia el arquero hizo que su gran victoria no fuese celebrada, sino que la inmensa mayoría de los marines de la base fueron a visitar al pelirrojo a la enfermería en lugar de asistir a la celebración. Mientras el arquero explicaba su idea los reclutas prestaban atención ,algo que el joven agradecía pues no era agradable tener que repetir las cosas varias veces por el hecho de que alguien no prestaba atención, y demostraban no ser buenas opciones para iniciar una división, y en general para una organización jerárquica como la marina.

El arquero escuchó atentamente las respuestas de ambos mientras seguía comiendo, viendo cómo ambos tenían personalidades completamente diferentes, Stroud era alguien más direccionado a la parte táctica y estratégica, entendía bien lo que decía el sargento y lo llevaba un paso más allá, mientras que Imai era más como un ejecutor, siendo que en las misiones Bertram y Stroud parecía que serían los encargados de preparar el camino e Imai sería la fuerza de ataque, algo que le venía bien al pelirrojo, pues mientras se centraran en ella él podría disparar desde lejos.

Stroud mencionó la posibilidad de que estuvieran escuchando, y si bien estaban en la base no era totalmente imposible que hubiera un espía enemigo, por lo que el joven recluta pasó un papel donde aparentemente se veía su estilo de pelea y sus capacidades. Bertram tomó una pluma y tinta él mismo e hizo lo mismo, anotando una descripción de su forma de pelear y sus capacidades y pasando un papel a cada recluta, pues si iban a pelear juntos convenía conocerse y saber puntos fuertes y débiles. Tras eso simplemente dijo

-Creo que tenemos una combinación que nos dará mucha ventaja en una gran variedad de situaciones, pero ya veremos tácticas en su momento, ahora disfrutemos la comida y del merecido descanso.-
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#17
En medio de la charla, Stroud pareció casi alarmarse cuando Imai empleó el término "estratega", levantando ambas manos e intentando quitarle hierro al asunto con un ademán. "¡Tampoco exageremos, mujer! Estoy lejos de ser un estratega," afirmó, tomando un bocado más del bollo de pan de centeno, que parecía volverlo loco, "¡Pero lo intentaré! Aunque, desde luego, das el pego como bateadora. De hecho, es posible que sí que sea buena idea coordinarnos así. Pero, ¿crees que puedes ser sigilosa cuando lo necesitemos, Imai?" inquirió, alzando una ceja hacia la semioni azul. Por monótona que resultase su voz, era casi posible percibir un destello de divertido escepticismo en la misma. Le encanta cómo se estaba configurando de forma natural aquel grupo, parecía que aquello podía funcionar a las mil maravillas.

"Bueno, claro que importa quién esté escuchando," afirmó mientras Imai sujetaba el papelito que él había colocado sobre la mesa. "Los piratas y los revolucionarios son una plaga, está claro, pero hay cosas aún peores en la Marina... Y algunas podrían estar justo por aquí," afirmó con gravedad. Un deje de asco, desprecio o ambas cosas pudo adivinarse en su rostro cuando pronunció aquellas palabras. Nada peor que un Marine corrupto.

En cualquier caso, parecía que las personalidades de los tres se complementarían tan naturalmente como sus habilidades y disposiciones hacia el combate; Stroud tomó con cuidado el papel que había pasado Bertram, leyéndolo detenidamente. Entrecerró los ojos mientras leía, afirmando algunas veces con la cabeza, como aprobando lo que estaba leyendo. Aquello parecía sonarle exactamente como le tenía que sonar el capitán de su división.

"Sí, eso suena bien," afirmó, haciendo un gesto con el tenedor y llevándose un bocado de carne quirúrgicamente seccionado a la boca, masticándolo hasta la extenuación. "Y no es solo cuestión de desarrollar tácticas en la teoría; tendremos que ver cómo funcionamos en la práctica y calcular en base a lo que notemos," afirmó, limpiándose la boca con la servilleta. "En cualquier caso, la División 84 demostrará que la Justicia no se discute, se impone".
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#18
La cuchara se detuvo a medio camino cuando escuché a Stroud soltar aquello de si podía ser sigilosa. Me lo quedé mirando con una ceja arqueada y luego estallé en carcajadas tan fuertes que más de un marine en la cantina giró la cabeza para ver qué pasaba.
 
—¡Kyarararara! ¿Sigilosa yo? Compañero, si lo intento, acabo rompiendo el suelo de tanto contenerme. —golpeé con los nudillos mi propio brazo, como si fuera de hierro —Pero si alguna vez lo necesito, créeme, me las ingeniaré. Y si no, pues seré la distracción perfecta, ¿no creen?, además aun no saben lo que en verdad puedo hacer. —Tomé un buen trago de agua para despejar la garganta tras la carcajada y luego me incliné hacia delante, mirando de reojo tanto a Stroud como a Bertram.
 
—Pero no se confundan, aunque me ría mucho, me tomo las cosas en serio. Si ustedes preparan la jugada, yo la termino. ¡Home run! —dije levantando el kanabō un poco, como si de verdad fuera un bate de béisbol, aunque cuidando de no derribar la mesa en el proceso. Mientras tanto, recibí el papel que pasó Bertram y mis ojos recorrieron lo que había escrito sobre su estilo de combate, y aunque la letra me parecía algo apretada para mis dedos grandes, entendí lo suficiente, un cazador que sabía lo que hacía desde lejos. Eso me arrancó una sonrisa amplia y sincera.
 
—Esto es perfecto, ¿saben? —dije dejando el papel sobre la mesa con cuidado —Un arquero que planea, un soldado que piensa y yo que pego. Suena a jugada ganadora en cualquier partido. ¡Kyarararara! — Lo que me sorprendió un poco más fue la seriedad con la que Stroud habló de la propia Marina. Bajé la mirada a mi plato, removiendo el arroz con la cuchara. No estaba acostumbrada a escuchar ese tipo de cosas, pero la convicción en su voz era clara y aunque yo no tenía esa visión tan oscura de la organización, entendía perfectamente lo que quería decir.
 
—Si en la Marina hay gente así entonces mejor que existan divisiones como la nuestra — dije finalmente, más tranquila, pero sin perder la chispa en los ojos —Porque no solo se trata de cazar piratas o revolucionarios, también se trata de demostrarle al mundo qué significa ser Marine de verdad. —Volví a apoyar la espalda contra el banco, cruzando los brazos con una sonrisa confiada.
 
—Y si vamos a ser la División 84, entonces vamos a hacer ruido, lo suficiente para que los enemigos de la justicia tiemblen y los compañeros que quieran ensuciar el uniforme se escondan. ¿Qué les parece? — Un segundo de silencio, y luego otra explosión de carcajadas que resonó fuerte.
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#19
Los tres marines que se habían conocido por azares del destino y de pura casualidad se hallaban tranquilamente sentados en la cantina de la base, siendo que era la mejor opción cuando uno recién llegaba a un lugar y aún tenía que terminar de asentarse en su habitación y desempacar sus cosas. En el caso de Bertram, aunque probablemente también aplicaría a la mayoría de marines, al saber que le podían enviar de una base a otra en función de las necesidades no tenía demasiadas pertenencias que fuesen complicadas de llevar, su ropa, su arco y poco más era lo que llevaba el joven pelirrojo consigo en todo viaje. Al final los tres tenían una visión en común de lo que querían y parecía que tenían estilos y formas de combate que se compenetraban bastante bien, por lo que seguramente podrían darle muchos problemas a los criminales que decidieran perseguir.

Tal y como Bertram sospechaba Stroud pensó en la posibilidad de que hubieran enemigos dentro de las propias filas de la marina, siendo que el espionaje y la infiltración no eran una estrategia ajena a la marina, la propia marina a veces empleaba soldados infiltrados para por lo menos recabar información del enemigo, eso sin contar a los marines corruptos, quienes vendían información a cambio de beneficio personal, la peor clase de marine. En el tema de Imai siendo sigilosa ella misma dijo que no era su fuerte a lo que el pelirrojo soltó una pequeña risa antes de decir

-Trehehehe, la mayoría de las veces necesitaremos una distracción para que el resto entre de forma sigilosa, o incluso una distracción, un infiltrado y alguien cubriendo las espaldas. Alguien que naturalmente destaque sería perfecto para llamar la atención.-

Cuando Imai respondió al tema de los posibles marines corruptos y demás el arquero sonrió antes de decr -Daremos caza a todas esas calañas y les mostraremos las consecuencias de dañar a inocentes.-
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#20
Stroud tuvo que contener una carcajada ante la definición de Imai: soldado que piensa. Parecía que no iba a haber forma de bajarla de ese burro en particular, pero qué se le iba a hacer. Asintió ante sus palabras: en efecto, era importante no olvidar que su objetivo no eran únicamente piratas, ni los estúpidos de los revolucionarios, sino la peor calaña de todas: los Marines corruptos, infinitamente peores que cualquier piratilla del tres al cuarto. "Más que ruido, Imai, dejemos que nuestros actos hablen por nosotros. Que no sea necesario hacer ruido, por el simple motivos de que los demás teman que podamos estar cerca. Eso es infinitamente más efectivo," afirmó, rebañando el plato, "y ese es el auténtico espíritu de la autoridad."

Asintió, asimismo, ante las palabras de Bertram. "Desde luego, Imai será perfecta cuando queramos llamar la atención, pero estaría bien poder... modularlo," consideró, alzando una ceja mientras se terminaba los últimos pedazos de su pan de centano, sin dejar ni una migaja. "Y ya no es solo dañar a inocentes directamente, sargento, también es... ¿cómo decirlo? Socavar la autoridad de la Marina, destruir su espíritu a través de la corrupción. Por eso es tan peligroso tener enemigos en casa," aseveró con una pasión que pocas veces se percibía en él, "por eso es tan importante limpiar la Marina de corrupción. Yo soy partidario de empezar por barrer la casa propia, por decirlo de alguna forma, ¿no os parece?"

Dicho esto, comenzó a recoger su plato y su bandeja metódicamente, haciendo un montoncito con la servilleta y los restos sobre el plato para facilitar su recogida, al tiempo que se incorporaba, retirando su silla con cuidado de que no rascase el suelo. "Os veo pronto. Descansad, tenemos mucho trabajo por delante."
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