Una historia que nadie buscó :: Privado :: Pasado
#1
Narrador / María Merlot

ROPA DE MM :: PINCHA AQUI
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¿Dónde está hoy?
¡Está en Sorbet Sur!
¿Cómo llegó hasta ese lugar?
¿Por qué parece pordiosera y tiene un ojo morado a juego con un labio roto?

Si se lo preguntas a ella, seguro terminará convirtiéndola en una historia entretenida y divertida hasta fantástica pero yo, como narrador, te diré la verdad del estado de la peliceleste. Hace unas horas, cayó del barco dónde era trasladada para ser vendida como mercancía por un grupo de mujeres piratas, quienes sin duda eran las más desalmadas raptoras para alguien como ella. ¿A qué me refiero? Desde sus 13 años fémina había sido una prisionera, despertó en una celda, en un barco, sin recuerdos y esa siempre había sido su realidad, la unica que conocía, su lugar “seguro” en todo el mundo pero las tripulaciones no siempre duraban, y a veces no todos eran buenos o decentes, pero si algo había aprendido es que cuando terminaba como un activo más en una nueva tripulación, las comandadas por mujeres eran las peores… ¿Por qué? Odiaban su cara, detestaban su belleza. Así luego de meses de maltratos, terminó lanzándose por voluntad propia por la borda, morir no parecía tan malo después de soportar golpes, falta de comida y un posible futuro asqueroso… claro, nunca se habían atrevido a tocar su cara, siempre era su cuerpo, porque deseaban venderla como esclava a algún viejo lascivo... pero ese día fue diferente, la abofetearon tan fuerte que rompieron su labio inferior y dejaron una gran inflamación en su ojo derecho…
— ¡Hermanaaaas! — dijo con una sonrisa luego de escupir sangre, el dolor insoportable del golpe aún la tenía viendo estrellas marinas, tambaleándose hasta agarrarse de la baranda que limitaba el barco con el extenso mar — No me quiero casar, soy muy joven aún… sé que posiblemente sea la única que tenga una opción real de matrimonio, porque todas ustedes son unas gusanas marinas horrorosas...  — les dijo con una gran sonrisa mientras subía a la baranda, todo pasaba muy rapido — ¡A la porra con ustedes, reinas del pantano! Que sus mapas las lleven a un tesoro lleno de calcetines apestosos… ¡Y que la maldición de la eterna solteria caiga sobre ustedes! — se despidió lanzándoles un beso entre sonrisas y dejándose caer al mar… intentaron agarrarla pero fue tarde...
La dama peliazul se dejó hundir, por suerte su naturaleza híbrida le permitió la huida. Lo siguiente que supo es que estaba en una playa con el sol sobre su cuerpo y llena de arena. Su largo cabello celeste liso caía por su cara tapando su cara y ojos ambar, su ropa... la de una prisionera solo podía describirse como harapos. En sus muñecas se observaban las marcas de las esposas, esas perras las apretaban muy fuerte, y debajo de su ropa aun más marcas que con el tiempo sanarian…
— ¡Estoy vivaaaaaaa! — exclamó emocionada, levantándose de golpe y girando sobre su propio eje, se quitó el cabello pegostoso de la cara dejando al descubierto su ojo morado y labio roto — ¿Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa? — grito sin cordura esperando recibir alguna respuesta que nunca llegó, ¿qué más podía hacer? empezar a caminar… además tenía mucha sed, y si al caso vamos... hambre tambien ¿cuando fue su última comida real? Hacía bastante tiempo ya, estaba flacucha…
Mientras caminaba sin rumbo alguno, empezó a dar saltitos y a tararear una canción… olvidando por completo su situación… precaria. Así fue como llegó a un sitio poblado, parecía muy animado, una especie de mercadillo costero… habían muchos olores, los olores la aturdian un poco, en especial el de la carne asándose… cualquier tipo de animal asándose. Instintivamente se tapó la nariz con las ganas de vomitar la bilis. El bullicio y el vaivén, la hacían distraerse fácilmente de su situación. Corría de un lado a otro como una cachorra mirando las cosas bonitas…

¡Hasta que lo vio!
¡Una fuente!

El agua dulce fluyendo, se acercó lo más rápido que pudo dejándose caer en el borde y tomando el agua entre sus manos para beber el dulce néctar de la creación, su garganta reseca vibró de placer, tanto que terminó metiendo su cabeza, o parte de ella… las personas a su alrededor simplemente pasaban de ella, con esa ropa harapienta y su cara cubierta por su largo y sin brillo cabello celeste, no era más que una marginada invisible, que parecía estar ahogándose en la poca profunda fuente…
¡Que no se te olvide respirar mujer!
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#2
Hay encuentros que son pretendidos, como los de un hombre con su mujer, otros son sin mas fortuitos, como el de un barco contra un iceberg, los mas raros son destinados, como los que te llevan por tu camino, pero todos maravillosos si sabes apreciarlos. 

Caminaba con paso tranquilo, sin rumbo ni objetivo, solo paseaba mirando las calles y la vida que las envolvía: niños corriendo con sus sonrisas, mercaderes vendiendo con energía y caminantes que se acercaban a los puestos con curiosidad. El poblado vibraba con fuerza, como una estrella en el firmamento que a todo marinero guía, y eso me hacía sonreír. Sonreía con sinceridad, al ver la pureza bajo la luz de día, al sentir que la esperanza siempre llegaba con el amanecer y los sueños que dejábamos en la noche podíamos realizarlos con trabajo y esfuerzo. El sol brillaba con rabia y las nubes no aparecían, el azul del cielo se confundía en el horizonte con el del mar y las aves graznaban sin problema ni ansiedad. 

Mi caminar caprichoso me terminó llevando a la entrada de la plaza, todo estaba como siempre allí, o bueno, casi todo. Tras lanzar una vista panorámica pude apreciar a una mujer, o bueno, eso intuí por su pelo, ya que su rompa no decía mucho, si acaso que se vestía como una patata. La miré con curiosidad mientras bebía de la fuente, sin plantearse que ese agua no era potable. "Menuda cagalera le va a entrar..." Pensé mientras me percataba de que nadie la iba a avisar, miré a cada lado, esperando que alguien la viese, mas parecía invisible para cualquiera que pasase. Suspiré al ver a la gente y su indiferencia, me llevé la mano a la nuca y y caminé dispuesto a ayudar. Al llegar hasta la chica, con una voz llena de amabilidad le dije. -Disculpa... Ese agua no esta tratada... No es potable...- Le dije para evitar daños estomacales mayores. Si ella se hubiese girado a verme, vería una amplia sonrisa, una de una persona que parecía haber encontrado la paz, un rostro tranquilo y sin malicia, el rostro de un monje sin templo y un musico sin orquesta. Las rpas serían las típicas en mi, pues no tenía otras, un kimono que en sus días fue de calidad, pero el tiempo, el uso y el vivir en la calle lo había deslustrado mucho, de colore negro y detalles rojos caía hasta mis tobillos. Por debajo llevaría unos pantalones, aunque no se verían mas que por algunos agujeros que tendría la prenda de encima. Mi pelo, largo hasta mis hombros, se recogía en una coleta de cola de caballo atada por una cinta roja, el mi cinturón, bermellón, una flauta de bambú verde y radiante se encontraba atada; y mis pies, siempre descalzos tenían un aspecto algo sucio y desatendido. 
#3
Narrador / María Merlot

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¡Que no se te olvide respirar mujer!
¡Se morirá ahogada y me quedaré sin trabajo!

Ahí continuaba la de cabellos celestes, con su cabeza sumergida en la fuente de agua dulce de esa plaza. El agua refrescó su cuerpo interna y externamente, hasta su alma se sintió fresca como una suave brisa nocturna. El líquido, vital y amado, se deslizó por su garganta como el pincelazo de un talentoso pintor sobre el lienzo en blanco de su deshidratación. ¿Cuánto amaba el agua? Mucho, demasiado para ser honestos, sentía marchitarse si estaba lejos de esta, así lo exageraba la dama.

“Disculpa… Ese agua no está tratada… no es potable”

Entre el ruido de la plaza una voz se sintió tan cercana, tan real que la hizo sacar la cabeza de la fuente, con su cabello celeste mojado en todo su rostro dejando apenas ver unos ojos color ámbar entre los mechones. Las gotas caían de su cabeza/cabello, tal cual queda un cachorro descontrolado por tomar agua... que termina empapado. A primera vista era una imagen lamentable, y más cuando la dama al girarse hacia la voz terminó cayendo de pompis, viendo al masculino desde abajo.

— Wooooow — musito con su suave pero rasposa voz, después de todo su garganta debió sufrir algún daño por la deshidratación. Por primera vez en mucho tiempo la joven estaba sin palabras, su mente estaba procesando lo que se alzaba ante sus ojos. Un hombre, un hombre con una amplia sonrisa encantadora que transmitía algo poco común para ella: PAZ y TRANQUILIDAD. Los últimos meses de su vida habían sido una locura, una locura que finalizó cuando decidió saltar por la borda… y ahora se encontraba con alguien que le sonreía, y podía jurar que hasta sus ojos lo hacían… — ¿He…. muerto? — pregunto en un susurro que no evocaba miedo solo curiosidad. ¿Por qué lo preguntaba? Porque aparte de la sonrisa, el momento del día y la posición de ambos (ella en el piso y él de pie) lo hacía ver celestial, especialmente por el destello detrás del hombre, el destello del sol que creaba un HALO angelical a su alrededor que maravillo y confundió a la naufraga — ¿Es… el cielo… o el infierno? — ahora el cuestionamiento giraba hacia a dónde había ido a parar luego de su supuesto fallecimiento.

Usando sus manos gateo hasta el hombre, rompiendo el poco espacio que los separaba y dejándola prácticamente de rodillas ante él — Kami… dime que es el cielo porqué el infierno seguro es muy seco y a mi me gusta el agua, mucho, mucho… — lo bautizó con su respectivo apodo mientras divagaba sobre porque no podía ir al infierno — Aunque… no puedo estar muerta… ¿O si? Solo tomaba agua en una fuente… — ella sola se preguntaba y respondía.

Para probar su punto se golpeó, una fuerte bofetada en el lado previamente golpeado de su cara, ese que tenía el ojo morado y el labio roto — ¡AUGH! — exclamó con mucho dolor… dolía y dolía mucho, tanto que su labio volvió a sangrar dejando un rastro carmesí que se deslizo hasta su barbilla y que terminó cayendo como una gota al suelo — No debería doler ¿Por qué duele? — se agarro la mejilla indignada al tiempo que inclinaba su cabeza hacia ese lado en concreto, lo que causó que su larga melena, que estuvo ocultando su cara, se deslizara un poco dejando entre ver las heridas y su desgastada belleza — ¿Podrías hacer algo para que deje de doler, Kami? Porque si así es estar muerta prefiero estar viva… — le preguntó con dolor evidente luego dejó de sujetar su mejilla y tomó entre sus manos la ropa vieja del hombre, como si fuera una fiel creyente que suplica a su Dios, lo que dejaba al descubierto las marcas rojizas en sus muñecas causas por las esposas de su aprisionamiento — … ¿si será reencarnación puedo pedir ser una estrella de mar? Son lindas… una vez vi una que tenía un trasero muy voluminoso no sé que función cumplia pero se veía muy bien, si me puedes dar el trasero no me importaría… me serviría para hacer twerking, que es mi arma secreta tal vez si hubiera hecho twerking no me hubiera muerto... aunque ni siquiera sé cómo he muerto — hablo y hablo hasta que su estómago rugió…

Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr

Por un momento mínimo la chica se callo — ¿Por qué tengo hambre si estoy muerta? Estar muerta es tan difícil… ¿Qué comen los muertos? No lo sé, nunca he estado muerta… ¿Cómo podría saberlo? Aaaaaaaaaaaah ¡Qué dificil es estar muerta!— comentaba a su interlocutor como si él tuviera todas las respuestas del mundo, y en su cabeza era así, después de todo era un Dios ¿no?

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Horas atrás.

— Busquen a la perra loca de María, no arruinara nuestro negoció con Paltear Von Karst — una mujer con horribles cicatrices y un parche en el ojo ordenaba a su tripulación femenina — No pudo ir muy lejos, debe estar por aquí… y la vamos a encontrar — musitó para sí misma, una vez que la tuviera en sus manos la haría pagar por maldecirla con la soltería.

Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#4
"Es mas rara que un perro verde..." pensé mientras vi como se acercaba gateando hacia mi, yo tan solo podía mirarle con cara de circunstancia y esperar que el bochorno pasase rápido. No paraba de farfullar que había muerto y se preguntaba de manera insistente donde había acabado su alma, como si yo pudiera saber eso "¡Habrá bebido agua de mar?" Aquella duda era genuina, pues beber agua de mar aumentaba la deshidratación y genera alucinaciones y locura, ais... a cuantos marineros habré visto en esa situación.

Aquella no podía ser la razón de su locura, pues ya había bebido agua dulce y, además, se movía con bastante soltura como para estar grave. La verdad es que no prestaba demasiada atención a lo que me decía, parecía que me había confundido con Dios o vaya a saber quien, la verdad es que la cabeza de esa chica parecía una jaula de grillos, pero terminó captando toda mi atención cuando ella misma se abofeteó con todas sus fuerzas. La gente que pasaba empezaba a mirarnos y una mujer herida en el suelo y un hombre frente a ella de pie comenzaba a dar una imagen muy errónea de lo que verdaderamente estaba pasando. Tal fue el guantazo que se dio a si misma que la herida que tenía cerrada en su labio volvió a abrirse, en ese momento me fijé en su rostro e ignoré a las personas de mi entorno, le miré preocupado. -Parece que te has llevado un buen golpe.- Dije mientras me arrodillaba frente a ella y observaba su rostro de cerca. Era guapa, no podía negarlo, pero en ese momento no me fijaba en sus preciosas facciones, sino en ver como curar sus heridas. Ella hablaba de la reencarnación y de no se que de una estrella de mar con culazo, realmente hablaba mucho y muy rápido como para centrarme en su monólogo y en sus lesiones. 

De pronto un rugido provino de su estómago, un ruido tal que no parecía humano, llevaba bastante tiempo sin probar bocado. Sabía lo que era eso, demasiadas semanas había estado sin comer, comprendía ese dolor.-Empecemos por el principio: No estas muerta, no soy un dios y no se si te reencarnaras con un lujurioso pandero.- Dije aún arrodillado frente a ella mientras enumeraba con los dedos de una mano. -Tan solo soy un mendigo preocupado por las heridas en tu rostro.- Sin quitar la vista de sus ojos del color de la miel, saque de mi hatillo un pequeño ungüento metido en un frasco de barro cocido, se lo ofrecí. -Ponte esto en el labio, sanará tu herida.- Arqueé una ceja analizando el moretón del ojo.-Con lo del ojo... No puedo hacer nada, tendremos que esperar a que se deshinche solo.- En ese momento me levanté y puse mis brazos en jarra mientras le sonreía con el mismo brillo que el mismo sol. -Ahora solucionemos tu sed y tu hambre. Ven, te invito a algo de comer.- Comencé a caminar hacia los puestos de las calles y saqué una pequeña bolsa de tela con apenas un par de monedas dentro. -Algo de comer... Que sea barato.- Especifiqué a la par que buscaba algún puesto de fruta que pudiese darnos algo y beber agua.
#5
Narrador / María Merlot

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¿Está muerta?

Claro que no… no aún.

Su diatriba llamaba la atención de los transeúntes pero al igual que antes, nadie se acercaba, solo miraban de reojo el espectáculo, espectáculo de una mujer de rodillas ante un hombre. Al final del día, la humanidad era así, solo velaban por sus propios intereses, nunca por otros. María lo sabía, porque desde que tenía recuerdos siempre había quedado marginada, siempre había sido el centro de murmullos y miradas pero nunca de empatía. Por eso el blindaje de su piel, o indiferencia de su ser, tras la fachada de locura lo contaremos después.

“Parece que te has llevado un buen golpe”

Su voz volvió a sonar, una voz que eclipsaba el ruido del alrededor. Los ojos ámbar de la dama se fijaron en los castaños de él, y más aún cuando toda su altura se posiciono para quedar a su nivel. Él era alto, más alto que ella seguramente. Su tez blanca le recordaba a la espuma del mar, pero lo que más llamaba su atención era su escrutinio: no lascivo, no valuador, no malicioso… sino más bien ¿compasivo? ¡Qué hombre tan curioso!

“Empecemos por el principio: No estás muerta, no soy un dios y no se si te reencarnaras con un lujurioso pandero”

Los orbes de la fémina se abrieron con sorpresa, y su postura arrodillada se enderezo un poco, hasta el dolor que sentía antes se esfumó y ni hablar del hambre. ¿Por qué? Porque él realmente la había escuchado, él le estaba respondiendo a sus divagaciones de una manera tan sincera y noble que la dejó enmudecida y cautivada. Y más aún, porque el movimiento suave de sus manos, específicamente de sus dedos, enumeraba una a una cada respuesta como si fuera un secreto mágico entre ambos. María le sonrió, aún más ampliamente que antes.

“Tan solo soy un mendigo preocupado por las heridas en tu rostro”

Continuó el masculino mientras la harapienta escuchaba con atención, muy poco común en ella. ¿Mendigo? Ahora que lo piensa, y dado que ha visto a muchas personas, en muchos lados y situaciones, si detallaban bien su ropa, cualquiera se daría cuenta que no pertenecía a la clase pudiente, y eso estaba bien, mientras más tenía una persona… más podía comprar… ¿comprar qué? Mujeres como ella. ¿Él estaba preocupado por las heridas causadas hace horas? Solo era un labio roto y un ojo morado, en peores condiciones había estado. Quería decirle que no tenía que preocuparse, también quería decirle que se alegraba mucho de no estar muerta y que para ella, él sí era un Kami… ¿acaso sus acciones no lo demostraban? Pero sus orbes castaños parecían tenerla en trance porque no pudo coordinar las palabras y exteriorizarlas con su boca.

“Ponte esto en el labio, sanará tu herida. Con lo del ojo... No puedo hacer nada, tendremos que esperar a que se deshinche solo.”

Le ofreció un ungüento, un objeto a simple vista sin valor alguno… desgastado, pequeño y poco llamativo. La muchacha lo tomó entre sus manos, bajando la mirada hacia esa cosa — Ungüento… — repitió más para sí misma, un leve susurro, su cerebro se apagó por un momento, la jaula de grillos que siempre la atormentaba estaba off y su mirada se perdía en lo que descansaba sobre sus palmas. Él le estaba dando medicina para su herida, este hombre desconocido que se detuvo para advertirle sobre el agua, que escucho sus palabras atropelladas y respondió sus inquietudes con amabilidad… le estaba dando medicina. Un nudo se formó en su garganta, una sensación la invadió, una calidez desconocida hasta ese momento. Él se levantó nuevamente, colocando sus brazos en jarras y siendo rodeado por el halo del sol: Definitivamente para ella siempre era un Kami.

“Ahora solucionemos tu sed y tu hambre. Ven, te invito a algo de comer. Algo de comer... Que sea barato.”

Se dio la vuelta y empezó a caminar. El cortocircuito en la cabeza de la peliceleste aún seguía, así que por inercia, o la costumbre de seguir a un amo, se levantó y lo siguió. Él le sacaba por lo menos unos 8 cm. Ella iba detrás de él como un cachorro, pero su lengua estaba enredada y sus ojos no podían despegarse del ungüento, en estos momentos era su posesión más valiosa, y no precisamente porque fuera medicina, sino porque era la nobleza de un corazón en forma de pasta pegajosa que tenía el plus de sanarla. 

La chica lo abrió con cuidado, y tomo una porción en su dedo índice, no olía extraño y su color perla era ciertamente bonito. Primero lo probó con la punta de la lengua ¿sabría bien? Bueno, para su sorpresa tenía un sabor pasable… luego se lo colocó justo donde le dolía el labio. La sensación sobre su piel adolorida fue refrescante pero el mayor impacto fue a su corazón, si fuera de las que lloraba estuviera haciéndolo ¿Por qué? Porque nadie, durante mucho tiempo, se preocupó así por ella. Volvió a tapar el frasquito, necesitaba conseguir una forma de aislarlo del agua para evitar que cuando se fuera de esa isla el mar lo dañara.

— Gracias… — susurro la chica saliendo de su embobamiento — Kami, muchas gracias. Será mi más grande tesoro, lo cuidare por los siglos de los siglos. Aunque tenga un sabor raro me gusta, me gusta mucho — le comentaba a su espalda con mucha alegría, como si hubiera bajado una estrella para ella o le hubiera dado el diamante más grande de la tierra — Jamás había recibido un regalo tan valioso y este día he recibido muchos. Primero encontrarme con esa fuente de agua, luego con Kami y este ungüento, descubrir que no estoy muerta y ahora vamos por comida ¿Cómo puede ser mi vida tan buena? — sonrió con felicidad lanzando la pregunta al aire mientras abrazaba el ungüento contra su corazón. Sus palabras podrían ser contradictorias porque ella era la viva imagen de una vida muy mala, pero para aquellos que no tienen nada lo poco que tienen lo aprecian con el alma  — … me gustan las papas, nada de peces, los peces son amigos. Tampoco nada de carne de ningún tipo, no me gusta. Ni nada que venga del mar, o que haya podido tener una madre. Una papa estaría bien, si está cocinada mejor, pero cruda tampoco me importaría — empezó a hablar nuevamente, la impresión inicial estaba pasando mientras caminaban entre el mercadillo cuando por el rabillo del ojo la fémina se percató de algo, fue momentáneo pero pudo jurar que la vio. Una de las mujeres de la tripulación, una de las secuaces de Grizelda.

Un escalofríos la recorrió, no era cobarde, nunca lo había sido pero estaba cansada, adolorida y pasando un buen momento, no quería problemas pero en el fondo sabía que el esperpento de Grizelda no la dejaría ir tan fácilmente, después de todo tenía un trato con ese tal Paltear Von Karst. La peliceleste sabía que tenía que huir, seguir intentándolo, aun si la capturaban seguiría intentando zafarse de esa tripulación de brujas. Por un momento viendo la espalda del hombre desgarbado pensó en pedirle ayuda pero lo descarto, él parecía estar en una situación similar a la suya, hasta descalzo iba… y ya le había regalado unos grato y atesorables momentos que la alejaron de su realidad, no podía arrastrarlo a un problema. Entonces, la decisión estaba tomada.

— ¿Kami? —  lo llamó para que se detuviera al tiempo que pasaba a su lado y se plantaba frente a él —  ¡Kami! —  lo llamo de nuevo dedicando una risueña sonrisa — … si quería (ir a comer) pero no puedo, no puedo… debo irme, debo ir al mar, encontrar el mar, porque es el único sitio donde estoy a salvo pero si tuviera la oportunidad si comería contigo, tal vez una deliciosa y dulce fruta, una sandía roja, Las sandías son muy ricas, una vez probé una, espero que tú también puedas probarla alguna vez… pero ten cuidado con sus semillas, son traicioneras, yo no lo sabía pero me trague varias por error. No hagas caso a los cuentos, no crecen plantas en tu estómago. Soy la prueba viviente de ello… — le comentaba entre susurros como si estuviera contándole el secreto más grande del mundo — Kami… —  lo llamo mirándolo a sus ojos mientras tomaba su diestra y colocaba el ungüento en su palma para luego, con un gesto suave, cerrar sus dedos sobre él, envolviendo su mano con las suyas (tu mano derecha está entre las manos de Maria) — … gracias… yo… no puedo llevarlo conmigo al mar, se dañara, no tengo cómo proteger algo tan valioso… yo… si creo que eres un Kami, porque un Kami definitivamente actuaría como tu… — le decía viéndolo a los ojos para expresar toda su sinceridad, luego sus orbes se desviarán más allá de él. Definitivamente eran esas brujas, y ella no iba a involucrar a nadie, y menos a un buen hombre, en su lucha personal — … debo irme al mar… pero espero que nos veamos de nuevo  lo deseo con todo el corazón — lo soltó dedicando una última sonrisa para girarse y empezar a correr entre la multitud. Justo después que ella comenzó a correr dos mujeres de aspecto dudoso pasaron al lado del masculino, en la misma dirección que se fue la ambarina. Una dirección totalmente opuesta al mar, es más, llevaba hasta el centro de la isla.

¡Qué terrible orientación!
¡Harás que te maten!

María corrió, corrió lo que sus piernas y fuerza la dejaron, todo con un solo pensamiento en mente: Si llegaba al mar podría perder a las secuaces de Grizelda, porque todas eran unas tontas y ella tenía ventaja en ese elemento. Las personas iban quedando atrás, el mercadillo y su Kami. Se internó en un callejón, salió y se perdió en otra calle, y otro callejón, cuando vio la salida cometío el error de mirar atrás y fue entonces cuando chocó contra algo que la impulsó en dirección contraria. — Ayyyyy — soltó cayendo sobre el piso, ahí iban unos raspones nuevos, cuando levanto la vista y la vio… — Esto tiene que ser una horrible pesadilla. ¿Por qué estaré soñando con monstruosas solteronas? ¿Qué castigo estoy pagando? — bromeo, no había otro manera, estaba muerta, por lo menos las atormentaría con palabras.

— ¡Ja! ¿Pesadilla, dices? ¡La pesadilla es tener que escuchar tus quejidos! Me gustaría que fuera un sueño, para poder rebanarte la lengua y dejar de oír tu voz de rata. Pero te salvas porque te tengo negociada… — escupió la fea pirata mientras miraba atrás de María, dónde llegaban sus dos marineras: Kraistal y Pen —... agarrenla y vámonos… — les ordenó, y cada uno procedió a sujetar a Maria de un brazo, la muchacha intentó luchar pero fue inutil.

— Noooooooooo quieroooooo iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiirrrrrrrrrrrrrr ayudaaaaaaaaaaaaaaaaaa — empezo a gritar la peliceleste, no quería regresar al barco, no a ese barco — AYUDAAAAAAAAAAAAAAAAAA — sus gritos fueron acallados por una bofetada, en su lado bueno, esta mujer la iba a desfigurar.

— ¡Callate! — le ordenó Grizelda, quien fue la artífice del golpe. El golpe aturdió a la rehén por un momento.

— No… no pienso callarme, no puedo quedarme tranquila, eres mala… mala, solterona y fea, y pienso gritar, y pelear y morder, y lo que sea necesario para atormentarte — comenzó a decir volviendo a intentar zafarse pero era inútil — AYUDAAAAAAAAAAAA — grito nuevamente pero justo ese lado del pueblo estaba desierto. ¿Dónde estaba la gente?

— ¡He dicho que te calles, Perra Loca! — la vena le saltaba a la parchada mujer quien volvió a abofetearla, esta vez en el lado de su ojo morado haciendo que el labio volviera a sangrar, lo que significaba que el ungüento fue desperdiciado — ¿Vas a venir por las buenas o por las malas? — le pregunto mientras tomaba un puño de su cabello para levantarle la cabeza.

— ¿Te… tengo op...opción? — pregunto entrecortadamente entre una suave risa la peliceleste — ¡Mil veces por las malas! Gusana marina horrorosa y apestosa — concluyó escupiendole la cara con saliva llena de sangre.

La acción desató la ira de Grizelda quien la utilizó como saco de boxeo al punto que sus dos secuaces tuvieron que soltar a Maria, quien se hizo un ovillo en el suelo prefiriendo morir que ser llevadas con ellas. La bruja pirata la pateaba y en cualquier momento perdería el conocimiento, seguramente ahora si moriría…
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#6
Aquella mujer era entrañable, bebía mis palabras como si no hubiera mas agua e el mundo, le interesaba lo que tuviera que decir, aunque no sospechaba cuanto hasta que me habló ella a mi. ¿Tan caro podía salir un ungüento? Si era algo que cualquiera podía hacer, no entendía a qué tanto agradecimiento por un obsequio tan pequeño "Si que han debido tratarle mal en la vida" Pensé mientras mi rostro mostraba sorpresa y algo de tristeza porque su vida fuera tan dura como para no conocer un acto de compasión. 

Decidí no venirme abajo por tan mala situación, ella necesitaba afecto, así que le sonreí mientras terminaba de dar las gracias y comencé a caminar hacia un puesto de comida que cumpliese con los requisitos de mi nueva amiga, sin embargo nada es tan sencillo, ¿verdad?. Sin cómo ni porqué ella me detuvo y, dejándome perplejo, declinó mi oferta para comer y salió corriendo de forma abrupta. Le miré con extrañeza mientras su figura desaparecía entre la gente, pero hubo otra cosa que me llamó la atención, algo que me decía que tendría que intervenir.

Dos mujeres, corrieron a la vez que la mujer de pelo azulado, sus aspectos indicaban tener malas pulgas y, por como salieron corriendo, esa chiquilla iba a ser su víctima. Decidí seguirlas, quizás no fuera asunto mío, pero tampoco iba a permitir que asaltasen a un inocente, y mucho menos si se trataba de una mujer tan simpática como ella.

Mi tarea autoimpuesta me llevó a un callejón, casi las había perdido en un par de puntos donde la afluencia de personas era mayor, pero terminaba encontrándolas siempre, su aspecto era inconfundible la verdad. Había llegado un poco mas tarde, pero seguían en aquel callejón y cuando vi lo que estaba pasando me comenzó a hervir la sangre. Me puse frente a la salida del callejón, tapando la única vía para poder salir también y sin adoptar ninguna postura de pelea las miré a todas. -Disculpen señoritas.- Cerré mis puños crujiendo mis nudillos en el proceso, una vena comenzó a recorrer mi sien hasta mi frente. -Le pido amablemente que se separen de la chiquilla que esta en el suelo y se marchen de esta isla sin mirar atrás.- Intenté sonar cordial y amable, pero no lo logré de ninguna de las maneras, pues aunque sonase tranquilo mi tono indicaba que era solo la calma previa a la tempestad. Cuando terminé la petición, que mas bien era exigencia, troné mi cuello, no procuraba ser amenazante, aunque así lo pareciera, tan solo me preparaba para lo peor. Ese tipo de gente nunca cede, siempre abusan de quien quieren y si alguien se interpone intentan acabar con él, al menos hasta encontrarse con la horma de su zapato. 
#7
Narrador / María Merlot

…………………….

Eso debe doler
Y mucho…

Los golpes de la fea mujer pirata caían sobre el cuerpo de María, una patada aquí, otra patada allá, un día más con esas brujas del averno. El sabor metálico tan característico de la sangre bañó su garganta hasta llegar a la boca y salir por sus labios resecos. En el último mes había sangrado mucho, y ni hablar del dolor, que era una constante que le recordaba día a día porque debía oponerse a esas locas o mejor morir antes de regresar con ellas, por eso se resistía, por eso prefería alentarlas a matarla que regresar a su repugnante barco.

— Capitana, la va a matar… Necesitamos llevarla a Paltear Von Karst en buenas condiciones —  intervino Kreistal, una mujer de cabello naranja, igual de fea que Griselda y sin los dientes delanteros. Su voz preocupada por el estado de la mercancía, no de María, porque esa perra era muy avariciosa y lo que más le gustaba en el mundo eran los berrys, y la mujer celeste estaba valorada por el comprador masculino con una alta suma de monedas.

— ¡Esta perra saca lo peor de mí! —  musito dándole una última patada en el estómago que le saco el aire. ¿Cómo era respirar? Porque ahora dejarse llevar por los brazos de la inconsciencia era la mejor opción pero, pero no quería, antes de regresar a la pocilga de su nave prefería morir, solo debía molestarla un poco más…

¿Era un buen plan? No…
¿Quería morir? No, pero vivir en sus garras era el peor destino.
Decidido.

“Disculpen señoritas”

Sin embargo, antes de poder abrir la boca para molestar a Grizelda una voz se sobrepuso en el callejón... Una voz que podía recordar perfectamente porque hace poco había entrado en su vida, y la verdad pensó que no la volvería a escucharla… así que en el fondo deseaba que no perteneciera al sujeto en cuestión, su Kami. Tirada en el suelo, hecha un ovillo, más golpeada que antes, con sangre saliendo de su boca y el ojo morado evolucionado a un ojo hinchado y cerrado… dirigió su unico ojo sano hacia el hablante.

Su corazón se alzó y hundió en partes iguales. Se alzó porque él estaba ahí, la había seguido… significaba que sus acciones no eran vanas, realmente se trataba de una buena persona; y se hundió porque ahora, por su culpa, lo pondría en peligro, y eso era lo último que quería, que su Kami pasara por lo que ella había vivido con estas locas.

“Le pido amablemente que se separen de la chiquilla que está en el suelo y se marchen de esta isla sin mirar atrás”

Su corazón palpitó con rapidez, estaba impactada de que viniera por ella, de que alguien lo hiciera. ¿Será la última felicidad antes de la muerte? Porque morirá en paz sabiendo que alguien, aunque fuera solo su deber moral, la hubiera considerado digna de salvar, de proteger, después de todo era una prisionera cuyo valor se cantaba en monedas como un objeto inanimado.

— ¿Acaso mis oídos me engañan? ¿"Amablemente"? ¿"Marcharse"? — repitió Grizelda sacando su sable y apuntando desde la distancia — … Escúchame bien, cara de pez. Esta perra es mi esclava. Lárgate a jugar al caballerito a otro lado, antes de que cambie de opinión y decida matarte aquí y ahora — su voz tan fea como sus rasgos iban cargada de furia, Grizelda tenía mál carácter, y las palabras del hombre lo hicieron aflorar.

María esbozó una sonrisa, lo que su labio roto le permitía. ¿Por qué sonreía? Sencillo, estaba feliz de haberse encontrado con su Kami, de saber que existen aun personas buenas en el mundo que valen la pena… y aunque quería morir para no regresar al barco con esas brujas, ahora lo que quería era alejarlas de su Kami. Ellas eran 3, él solo 1. Ellas eran malas, él era bueno. En su mente eso sonaba a una receta para el desastre, no quería arruinar la vida del buen hombre, no cuando ella ya estaba acostumbrada a ser una escoria mestiza.

Decisión tomada.
¿Cual era?

Sencillo, aplacar la ira de Grizelda para que su atención volviera a ella, para que su Kami saliera ileso, no podría vivir con el remordimiento de que… fue herido, o muerto, por su culpa. — Grizelda… — la llamó intentando levantarse, pero le dolía el cuerpo por sus golpes, así que como pudo solo se arrastró para sujetarla por la ropa de la pierna —... ama… por favor — a la fea mujer le encantaba que la llamara “Ama”, le fascinaba que fuera sumisa, y lo sería, si se enfocaba solo en ella, Kami tendría la oportunidad de irse o en el mejor de los casos ser ignorado —... Volvamos al barco, ama. Mírame, estoy destrozada. Así no me querrán... Si no me arreglas, no voy a recuperar mi valor. Fue mi culpa que me pegarás, soy una estúpida ¿Qué más podrías esperar de alguien como yo? Siempre me lo dices, ama, solo sirvo para ser una cara bonita — le hablo siendo zalamera, y rebajandose, a Grizelda le gustaba que tocaran su ego, podía ver como la tensión de su cuerpo iba disminuyendo — Vámonos ama… — suplico esperando que su atención continuará sobre ella. La verdad no quería regresar con ellas pero era más importante salvar su Kami de sus pezuñas, y si eso significaba volver a ese espantoso barco: lo haría, ya idearía un plan de escape o suicidio, lo que surgiera primero.

— … tienes razón, bulto inútil, solo eres una cara bonita — se inclinó sujetando muy fuerte el mentón de la mujer de cabellos celestes — … mira lo que me hiciste hacer, solo tenemos un mes antes de que Paltear Von Karst venga a reclamarte… —  comentó soltándola con brusquedad, tanto que la hizo volver al suelo — … pero no estaría mal tener otra cosa que ofrecer — se giró para ver al hombre, todo pasaba muy rápido.

— ¡NO! —  alzó la voz María, para que la atención de Grizelda volviera a ella — No vale la pena, ama. ¿Recuerdas? A Paltear Von Karst solo le gustan las mujeres ¿Qué harías con un hombre? Nada, solo ocuparía espacio, consumiría recursos, apestaría a testosterona por doquier… los hombres no tienen cabida en tu barco, ama… solo traen mala suerte y desgracias. Lo sabes bien ama… — argumento con voz suave y persuasiva intentando convencerla — Además, no parece buena mercancía —  mintió la chica: 1. Él no era mercancía. 2. Si lo fuera, sería la más valiosa que ella hubiera visto, tan valiosa que estaba dispuesta a regresar con Grizelda antes de que le pusieran una mano encima a él — … es alto… y tiene la piel muy palidaaaaa, debe estar enfermo — le gustaba su altura, y esperaba que no estuviera enfermo y su palidez fuera el estado normal de su piel — … y su cabello es negro. Todas sabemos que el cabello negro no es muy demandando en el mercado — eso también se lo estaba inventando, en los mercados clandestinos, no importaba para nada el color de cabello. Y si le preguntaban a ella, le gustaba mucho el suyo, porque simplemente era de él — … y míralo, es un mendigo, sin valor alguno, sus pies deben estar en mal estado por ir descalzo —  esperaba que no hubiera nada malo con sus pies, es más deseaba que lograra conseguir zapatos para que no se hiciera daño — … es feo, no serviría ni para limpiar la cubierta ni mucho menos para ser vendido… ¿Qué harías con tan mala mercancía? Pense que tenias mejores estándares, ama — finalizó con un tono de obviedad aunque por dentro gritaba en su mente: No es feo, es el mejor estándar.

¿Por qué decía todo eso sino lo sentía?
Para que Grizelda perdiera el interés.

— Vete, metete en tus propios asuntos… déjanos tranquilas o sino si morirás. Vete, vete, que tu presencia nos da arcadas y ganas de vomitar… —  le escupió al hombre con antipatía, algo poco habitual en ella, pero si quería salvarlo debía alejarlo. En el fondo esperaba que él entendiera el riesgo de seguir ahí, o que como mínimo se decepcionará de ella y así diera esa causa por perdida, se fuera lejos del peligro que representaba Grizelda y sus secuaces. Nunca lo volteo a ver, no quería presenciar como defraudaba a su Kami pero era por su bien, solo por el bien del buen hombre.

— HAHAHA —  se rio la fea pirata haciéndole un gesto a Kreistal para que agarrará a María; la misma fue cargada como un saco de patatas, uno que otro gemido de dolor se escapó de sus labios, seguramente se desmayaría en cualquier momento, sólo la sostenía despierta la voluntad de ver que su Kami no sufriera daño alguno… — Hoy me siento misericordiosa, porque mi perra me lo ha pedido. Así que quítate del medio imbécil… o atente a las consecuencias —  amenazó al hombre al tiempo que la mestiza suspiraba aliviada, y rezaba en silencio para que el caballero se hiciera a un lado y las dejará ir…

¿Lado positivo?
Su Kami viviría.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#8
La trifulca había comenzado como esperaba, centraron su atención en mi, dejando en paz a la chiquilla para amenazar mi vida, como si pudieran hacerme algo con esa espada. Había oído el nombre de la señora que me amenazaba con su arma, Grizelda. Su aspecto era algo repulsivo, pero su personalidad era muchísimo peor, abusiva y con la creencia de tener derecho a someter a los demás mediante la fuerza, un abusón en toda regla. 

Iba a decirle cuatro cosas a esa mujer, pero la damnificada habló, intentado convencer a su capitana que yo era un mal partido, que no servía para ser esclavizado y acabó su discurso insultándome y echándome. Su actitud no tenía nada que ver con la que había mostrado antes, algo iba mal, no cuadraba. Arqueé una ceja con mirada sospechosa mientras miraba la cara destrozada de la peliceleste, ¿estaba intentando salvarme? No sabría decir si ese era su plan, pero igualmente no podía permitir que se la llevasen, nadie merece perder su bien mas fundamental, la libertad. -Muy bien...- Comencé a dar pequeños saltitos en el mismo lugar, saltos rítmicos que apenas me elevaban unos milímetros del suelo, pero aun con esa escasa altura sería mas que suficiente para moverme con facilidad entre los presentes. -...Lo haremos por las malas.- Sonreí de forma fanfarrona mirando fijamente a la capitana y después respiré hondo para relajar mi cuerpo, no era un luchador entrenado, mi estilo de combate era mas instintivo que técnico, así que relajar el cuerpo y la mente era crucial. Solté una exhalación profunda y mi rostro se relajó de golpe, viéndose inexpresivo, como el de una persona en paz consigo misma. 

-Tranquila niña, todo estará bien.- Tras esa frase terminé de saltar, ya había preparado mi cuerpo para el combate, ya no necesitaba calentar mas; y comencé a caminar tranquilo hacia las tres asaltantes y la mujer a la que llamaban esclava. No era un caminar rápido o nervioso, al contrario, caminé lo más tranquilo del mundo, como una persona que no teme por su vida, pero con un objetivo claro. 

No iba con la pretensión de liarme a golpes, tan solo quería caminar, recoger a la alocada niña e irme, sin embargo estaba preparado para el combate. No era idiota, sabía lo que mis palabras iban a causar, la pelea ya era inevitable, este tipo de gente parce no entender las cosas de otra manera que no sea a golpes, y si tenía que ser yo el que las educase, pues así sería. Mantuve toda la atención posible en las tres atacantes, no sabía cual iría primero, pero fuera cual fuera quería estar preparado.
#9

Narrador / María Merlot: Habla - Piensa

…………………………………………………………….

¿Qué quería en este momento?
Que su Kami no sé arriesgara por ella.

El dolor en su cuerpo golpeado y cansado le estaba pasando factura, quería dejarse llevar por la inconsciencia, dormir y si tenía suerte soñar con lo bonito y positivo de ese día. La fuente, el agua, el unguento, el hombre de cabello negro, tantas cosas buenas hasta que llegaron el trio de brujas espantosas a arruinarlo todo. Su voluntad la mantenía despierta, o semi despierta, porque solo podría abrazar el reino de los sueños, cuando supiera que “Él” estaba a salvo.

¿Por qué le importaba tanto?

Porque “Él”, le había tendido la mano sin ninguna intención oculta, le había dado medicina para curar su labio herido y le había prestado atención a las divagaciones de su mente llena de grillos. ¿Cuántas veces se había topado con personas así? Pocas, por eso apreciaba al alto hombre (para estándares humanos), porque él la había bañado de bondad inusual. Haría lo que fuera necesario para evitar que saliera dañado, por eso le hablo antipaticamente, por eso se rebajó ante Grizelda; era su sacrificio para mantenerlo a salvo.

“Muy bien...”

La voz del hombre, a la pregunta retórica de Grizelda, la hizo suspirar aliviada. Se apartaría, las dejaría ir, todo estaría bien. Por supuesto, siendo cargada como un saco de papas por Kraistal, estaba de espaldas al vagabundo, así que no podía observar sus movimientos o expresiones. Solo podía desear que ya estuviera muy lejos, pues había hecho todo lo necesario para no causarle más problemas, incluso si sus acciones parecieron contradecir su intención… lo hizo para proteger a quien la trató con tanta decencia.

¿Entonces ya podía descansar?
¿Podía dejar de combatir la somnolencia?"

“...Lo haremos por las malas.”

Esas palabras se escuchaban tan lejanas pero a medida que chocaron contra el cerebro de la peliceleste, las procesaba y entendía. — ¡QUÉ! No, no, no… nada por las malas. ¡VETE! ¡HUYE! ¡SÁLVATE! — sus palabras no brotaron, no podía más, solo esperar desvanecerse embargada de preocupación por su Kami.

— ¿Por qué está saltando? — preguntó a la nada Pen, de cabello castaño y una cicatriz que cruzaba la mitad de su cara.

— Es un imbécil, ¿por qué más lo haría? —  la voz de Griselda tenía “ese” noto, el que denotaba que su mal carácter iba a estallar en cualquier momento —  ¿Por las malas? Oh, qué sorpresa. Como si no lo hubiera planeado ya — lo más aterrador fue el fondo de sus vocablos ¿Acaso había planeado desde el principio hacerlo por las malas? Es decir, que no importo todo lo que hizo, ella igualmente tenía pensado hacerle daño a su Kami…

“Tranquila niña, todo estará bien.”

— No, no, no quiero ser salvada acosta tuya. Por favor, vete... — pensaba la muchacha sin fuerzas. ¿Todo estaría bien? Su optimismo, en cualquier otro momento, la hubiera llevado a pensar eso también… pero estaba agotada física, mental y emocionalmente. Su opinión no contaba, nunca contaba así que se desató el inevitable enfrentamiento.

— Acabemos con esto rápido… —  ordenó Grizelda viendo al hombre caminar hacia ellas.

¡CAMINAR!

Ante las palabras de la Capitana, Pen sacó su cuchillo y Kraistal (ella utiliza puños) tiró al suelo a MM, sin ningún tipo de delicadeza “Augh”, fue el gemido que salió de la mujerecita. Las tres mujeres se posicionan estratégicamente alrededor del hombre, el cual está en desventaja numérica. Desde su nueva posición la peliceleste lo pudo observar otra vez, parecía confiado pero… pero ellas eran 3 y de la peor calaña, de las que juegan juegos sucios.

Las 3 atacaron, en intervalos, esperando el hueco para la fatalidad…

Pen se abalanzó sobre él blandiendo su cuchillo muy filoso, apuntando directo a su costillas. Al mismo tiempo, Kraistal se preparaba para asestarle un puñetazo en la cara, mientras Grizelda saboreaba sus asquerosos labios con su lengua. Tenía su espada en mano, lista para el remate, esperando el momento perfecto para terminar lo que sus dos secuaces habían comenzado.

Y con esa última imagen, la mestiza terminó de ceder… su visión se oscureció perdiendo el conocimiento… deseando que su Kami sobreviviera a ese desagradable encuentro.

Código PHP:
[color=#008E02][align=justify]Nota:

Karmas Positivos:
Alegre.
Sentidos aumentados.

Karmas Negativos: 
Charlatán.
Pacifista.
Sin orientación.
[/list][/
align][/color] 
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#10
Era de esperar que esto iba a tener que acabar con los puños, dada su superioridad numérica y que iban armadas, estaba mas que claro que no iban a ceder a mis peticiones sin luchar. No es que me gustase pelear, de hecho no era un guerrero experto en la técnica, a decir verdad, mis victorias en combate fue por mis capacidades físicas, no porque supiera pelear, pero que no me gustara pelear, no significa que no fuera a darle una paliza a estas féminas con tal de rescatar a aquella chica que aún yacía en el suelo. 

Las tres me rodearon en un triángulo, una sacó un cuchillo, quedando frente a mi, otra alzaría sus puños por mi espalda; y la tercera, capitana de la tripulación, amenazaba mi costado con una espada. Miré a todas de reojo dejando que me rodearan, iban a darme la facilidad venir ellas a recibir, que amables por su parte. La primera fue la mujer armada con navaja, apuntaba a mi costado, pero era muy lenta, tremendamente lenta y su postura era peor que la mía, si es que eso podía ser, claro. Al ver el percal decidí lo más sencillo, simplemente le di una patada en los genitales cuando estuvo lo bastante cerca, por suerte ser las alto que ellas tenía sus ventajas, mi pierna era bastante mas larga que su brazo. No es que fuese con toda mi fuerza, pero tampoco me quede corto, ella no pudo hacer otra cosa mas que caer al suelo mientras se llevaba las manos a la entrepierna y le salía espuma por la boca "Una menos" Pensé mientras giraba mi cuerpo para poder ver a las dos asaltantes que quedaban.

La segunda, sorprendida por lo fácil que fue tumbar a su compañera, vino a por mi algo mas precavida, sin embargo, eso no le auguró un mejor futuro. Cuando estuvimos al alcance de sus golpes, le lanzó uno, descuidando su postura, la verdad es que parecía un puñetazo digno de un novato. Yo paré su puño con mi mano desnuda y cerré los dedos, apresando su mano y tirando de ella hacia mi para darle un cabezazo en la nariz con bastante mas potencia que la patada anterior. Pude escuchar el crujido de su nariz y posiblemente también el crack de su cráneo, porque cayó redonda de un solo cabezazo. 

Volví a girarme y observé de frente a la tercera, se notaba el miedo en su mirada ahora que los números no le acompañaban. -Sois unas estúpidas y unas inútiles.- Dijo a gritos desesperados mientras comenzaba a dar pasos hacia atrás, de repente su espada no le inspiraba tanta confianza como antes. Yo comencé a caminar hacia ella con un paso tranquilo.-Yo te avisé...- Dije mientras veía que intentó huir hasta llegar a la pared del callejón, ya no le quedaba a donde ir. Era como un animalito  acorralado, y como todo animal acorralado hizo lo único que podía, atacar. 

De manera torpe y algo descoordinada se lanzó contra mi par intentar asestar una estocada, pero pude verlo venir por suerte y lo esquivé echándome a un lado, poniéndole la zancadilla para que cayera al cielo ridículamente. - Aghh, eres un tramposo, todos los hombres sois iguales.- Debió tener la idea de que sus palabras hirientes podían ser suficiente  para no recibir su merecido. Intentó arrastrarse para huir, pero le pisé una pierna para que no pudiera escapar de la situación y después me senté sobre su espalda. -AAhhh me haces daño imbécil.- Sus quejas me dieron absolutamente igual.

Sonreí y recuperé mi tono calmado y amable. -Voy a ser lo más claro posible. Si vuelvo a enterarme que molestáis a esta chica, volveré a por ti. No importa donde estés, no importa cuantas piratuchas juntes, no importa que intentes esconderte. Te encontraré y romperé todos y cada uno de tus huesos.- Terminé mi discurso golpeándole en la cabeza con mi puño, dejándola KO de una sola sacudida. -Bueno, pues ya esta.-

Al acabar aquel debacle miré a la mujer radiante como el sol y corrí hacia ella para recogerla y llevarla en mis brazos. Su estado era bastante grave, pero con cuidados y descanso llegaría a recuperarse, el problema es que no podría descansar conmigo. Odiaba que esto pasase, yo no tenía hogar y quedarse en la calle podría ser peor para su estado de salud, enfermaría seguramente, las heridas se infectarían y, por si fuera poco, yo no tenía conocimientos médicos. La muchacha parecía estar mas en el otro barrio que en este, debía ser rápido en mi actuar. -Tranquila, pequeña, ya te tengo, te llevaré donde puedan atender tus heridas.- No me gustaba abusar de la hospitalidad de la gente, pero, me gustase o no, conocía a una persona cerca de allí que podía tener unos aposentos cómodos para que la mujer de celeste pelo descansase. -Debo ir donde Jin vive.-


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