Un encuentro inesperado, para todos // Presente relativo // Jin
#1
Podía comprender que necesitaban conseguir suministros y comidas, al fin y al cabo era necesario para vivir y estarían mucho tiempo en esta isla. También podía entender que el alcohol fuese una de esas cosas que debían comprar, eran piratas al fin y al cabo, las grandes fiestas o enormes banquetes no podían acompañarse de agua. Incluso entendía que lo enviaran a él, pues no había visto que el resto mostrara muchos ánimos de ayudar, aunque Maki había estado bastante gustosa de acompañarlo, antes de que Ashveil le ordenara cuidar de Owen. Así que, necesitaba compañía, según el capitán, y no se le ocurrió mejor idea que mandarlo junto con él.

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- Maldita sea mi suerte -

De casi la docena de personas que eran, el que debía acompañarlo era ese mafioso. ¿Cómo es que debería estar tranquilo? No tenía miedo, y mucho menos de ese idiota o sus súbditos, se trataba más bien de una mezcla de agotamiento y desgaste mental. - Vayamos a ese lugar, tal vez encontremos buenos precios -. También debería buscar algún trabajo, o una forma de ganar todo el dinero que necesitaban, y que Owen seguramente robaría.

¿A donde entraban? A una taberna. El joven supuso que sería un buen lugar para comprar muchas botellas de alcohol, y esperaba no equivocarse. Si no encontraban un vendedor, tendría que pasar la tarde buscando junto al estúpido que le asignaron como compañero, aunque algo le decía que él tampoco estaría feliz.

Al llegar a su destino, abrió la puerta e ingresó sin cuidado. Ninguna de las personas que ahí se encontraban repararon en ambos hombres entrando, hasta que se acercaron a la barra principal, donde una mujer se encontraba limpiando con un trapo la suciedad sobre esta. Al verlos, la pelirroja les sonrió, apoyando el trapo sobre su hombro y uno de sus codos sobre la barra. - ¿Nuevos clientes? ¿O me pondrán triste diciendo que solo necesitan indicaciones? -. La seguridad con la que les habló le recordó al pelinegro a sus compañeros de cocina, en cada lugar en el que había trabajado hasta ahora. - Mucho alcohol, eso buscamos. Tal vez hablamos de… muchos barriles -. No podían quedarse cortos, al fin y al cabo tenían a Thrym en la tripulación. - ¿Este es un buen lugar? -.

Antes de que pueda responderles, la mayor fue llamada por un hombre sentado en la barra, pidiendo que le den otro vaso de la misma bebida que había tomado. Con su actitud confiada y calmada, la mujer asintió, y solo le tomó un par de segundos llenar otro vaso y pasárselo al hombre. - Tal vez deban hablar con mi jefe, creo que llegará en poco tiempo. ¿Desean tomar algo mientras esperan? -. Al hablar, también se encargaba de lavar el vaso usado y volver a colocarlo junto al resto. - Está bien, un vaso de lo que me recomiendes -. No veía mal sentarse y relajarse ahí, al fin y al cabo debían esperar al jefe para hacer negocios. - ¿Y tú, guapo? -. Preguntó la mujer, ahora mirando hacia Jin.

En cuanto escuchó los dos pedidos, no tardó en tenerles preparados sus vasos, repletos hasta el tope, frente a ellos. El joven no dudó en dar un sorbo a su bebida, para luego seguir preguntando. - Vi que los camareros llevan platillos a las mesas. ¿Debo hablar con tu jefe si quiero trabajar aquí? -. La mujer recibió la pregunta con una sonrisa, mientras volvía a llenar otro vaso para el mismo hombre de antes. - No, de eso me encargo yo, y te aseguro que me vendría muy bien una cara bonita como la tuya atendiendo a los clientes -. El joven de ojos azules sonrió, acercando el vaso de nuevo a la boca, pero respondiendo antes de beber. - Preferiría trabajar de cocinero, ¿hay puestos disponibles? -.

La mujer también sonrió. - Bueno, debería probar qué tal tu comida, pero deberás asegurarme que no harás que las chicas dejen de trabajar por estar viéndote -.
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#2

Su humor habría sido peor de no haber mantenido las relaciones sexuales con Cherry antes de separarse del barco. No sabía cómo era tan olvidadizo, pero a su vez, tan intensamente bueno en la cama. ¿Arrepentido? Para nada, era lo que conseguía mantenerle ahora la calma y poder soportar mejor a Uker. Era consciente de que ninguno de los dos estaba cómodo con ser acompañado por el otro. Sin embargo, la súplica de Cherry a veces lo debilitaba y allí se encontraba, con las manos en los bolsillos, por una vez no llevando su corbata y un color de su traje diferente. El cigarrillo seguía cómodo entre sus labios mientras caminaba con calma, y su expresión, como era natural, se mantenía casi inexpresiva. Al menos no le había tocado aguantar a aquella loca.

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—¿Para qué necesitas algo a buen precio?

Costumbres, posiblemente, del varón de la cicatriz. En su caso el caso económico no era un problema, y más teniendo en cuenta al gigante de Thrym. Tenía de hecho ahorros extras que conservaba su propio jefe, con quien de vez en cuando tenía que mantener contacto. De todas formas no tuvo queja alguna cuando vio a Uker adelantarse a la taberna. Él mismo entró después de él, manteniendo la puerta abierta con su mano derecha para que no se le cerrara al entrar. Sus ojos exploraron alrededor. Típico lugar todo de madera, desde la estructura hasta las mesas, alguna de mejor calidad, otra de menos y, por supuesto, la que está desgastada ya por el tiempo también, aunque menos perceptible para personas con menor conocimiento. Las personas, en algunas mesas, ya se encontraban charlando y bebiendo, otras riendo. El ambiente normal en ese tipo de lugares.

Sus pasos lo guiaron tranquilamente hasta la barra, sentándose al lado de su… ¿cobarde? No sabía siquiera si plantearlo de ese modo. Por el momento escuchaba rumores de que al menos sabía llevar el barco, por lo que no dio un nombre… todavía. Dejó que hablara e hiciera sus peticiones, hasta que la camarera se dirigió directamente a él, momento en que dibujó una media sonrisa, con una mano en un lateral de su mejilla, con expresión coqueta.

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—Ponme un whisky con hielos, y una de tus mejores sonrisas.

Le resultó ridículo que solicitara trabajo cuando ni siquiera sabían cuánto tiempo iban a estar allí y, sin embargo, dejó que fluyera la conversación entre la camarera y Uker. Él mismo había procurado realizar algunas investigaciones, tomando la copa y dando un calmado sorbo, disfrutando del licor en su paladar.

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—Oye, no deberías…

Y la puerta se abrió, interrumpiendo de repente todo el local. Fue un portazo, no por golpe, sino por haber sido abierto bruscamente. Allí estaba, una deslumbrante mujer de cabello medio corto, blanco con mechones negros, ojos morados, aspecto actualmente ligeramente descuidado y con algo que parecía un cuadro en su mano izquierda. Miró a ambos lados, como si estuviera buscando algo.

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—Tsk… Mierda. ¿Dónde puñetas lo he dejado?

Jin se había volteado en el momento de escuchar la voz de la mujer, despacio, quedándose mudo. Mierda. No… No delante de ese idiota de Uker. Pero ya era tarde, la mujer lo vio, reconociéndolo instantáneamente y dibujó una sonrisa de oreja a oreja… y no solo a él. Elevó su mano y la sacudió a modo de saludo, acercándose a la barra calmadamente. Jin trató de ocultarse nerviosamente, evitando la mirada directa, solo distrayéndose con la copa de whisky.
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#3
La pregunta del hombre no hizo más que asegurarle lo estúpido que era. Obviamente necesitaban un precio aceptable para poder comprar más cosas luego, con el presupuesto tan bajo que tenían, pero claramente eso no iba a ser entendido por alguien como él, por lo que solamente se limitó a callar.

- Bueno, puedo prometerte que no hablaré con ellas -. El joven soltó una risa ante la respuesta a su pregunta. Tendría que pasarse luego por ahí, para poder pedir el trabajo, pero deberá ser luego de terminar el asunto que tienen ahí. - Debo avisarte que aún no sé cuánto tiempo pasaré aquí, ¿eso supone algún problema? -. La mujer quedó pensativa por unos segundos, mientras el pelinegro daba un último sorbo a su bebida, colocando el vaso vacío sobre la mesa. - No lo creo, puedo pagarte por día si eso lo hace más fácil para ti -. Uker asintió mientras le entregaba el vaso. Iba a responderle, pero el estruendo de la puerta abriéndose llamó su atención.

No esperaba encontrar a alguien conocido, pues nadie en ese lugar lo conocía a él, pero grande fue su sorpresa al ver a la mujer que había ingresado al local. - ¿Akura? -. Estaba seguro que ella no lo escuchó, pero de igual manera no tardaron en cruzarse sus miradas. Pudo ver como ella avanzaba con rapidez, hasta que se tiró a sus brazos en un abrazo, uno que fue correspondido por el muchacho. - Pasaron unos cuantos años desde que te vi, ¿Cómo estás? -.

- Así que se conocen, eso es nuevo -. La mujer de la barra parecía conocer a la más joven. Rebuscó un poco debajo de ella, entre los cajones debajo de la barra, sacando de ellos un set de 3 pinceles, que acercó a la recién llegada. - Ya te dije que no dejes tus cosas aquí o van a romperlas algún día -. Fue en ese momento que el pirata notó el cuadro que la mujer llevaba consigo. - ¿Sigues pintando? ¿Qué tal te va con eso? -. El chico de ojos azules parecía contento de ver a la peliblanca, tanto que llamó la atención de la camarera. - Ya que se conocen... Dime, Akura, ¿sabes que tan bien cocina? ¿Debo contratarlo? -.

- Además, ¿de que se conocen? No recuerdo haberte visto por aquí -. Dijo la mujer, tras escuchar la respuesta por parte de la más joven, pero dirigiendo su nueva pregunta hacia Uker. - Trabajé por un tiempo en el orfanato en el que ella vivía. Luego un noble de la isla de Sorbet me quiso como su chef personal, así que tuve que dejar ese trabajo para mudarme. Lastima que al llegar a Sorbet no me recibieran bien en la ciudad del norte -. No prestó atención al hombre con el que llegó desde que apareció la joven por la puerta. - Eso fue hace unos… eh… ¿4 años? -. Casi 4 años, si. Ahora que lo pensaba, había vivido bastante bien antes de irse a Sorbet, pero si no hubiera ido nunca se hubiera encontrado con Maki, o tal vez se encontrarían aquí nuevamente…

Era difícil saberlo, no era alguien capaz de predecir el futuro, y tampoco creía que existía alguien capaz de algo así.
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#4
La mujer, al escuchar su propio nombre, elevó la mirada directamente hacia Uker. En un inicio, quedándose muda, quieta. Luego, una enorme sonrisa de oreja a oreja se iluminó en su rostro, pasando de aquel aspecto molesto a absoluta felicidad, solo para correr a toda prisa y lanzarse en los brazos del varón, dejando por el camino el cuadro sobre la barra mientras daban un par de vueltas. —¡UKEER! ¡ERES TÚ DE VERDAD! ¡Ay dios mío! ¡No veas qué alegría verte! ¡Ha pasado tanto tiempo! — se separó de él, con los iluminados ojos morados. —Estoy bien, ya me ves, más dura como una roca, como siempre. ¿Qué tal estás tú? — Elevó sus manos, apretando las mejillas ajenas en una risita divertida. —Mírate, no has cambiado nada, sigues siendo igual de guapo que entonces.

Jin, quien se había intentado ocultar hasta entonces, de repente quedó en completo y absoluto shock. Sus ojos se voltearon lentamente hacia la chica, Akura, quien parecía conversar con tanta confianza con el mismo Uker. No, no solo eso, estaba pasando lo que menos había deseado; que se llevaran bien. Nada más ni nada menos que su propia hermana, a la que había intentado ocultar de todo el mundo, y más del suyo propio, allí delante, con… Ni siquiera supo que estaba apretando la mandíbula y se le iba aflojando la sujeción de la copa en su mano. Era la primera vez, probablemente en su vida, que su rostro mostraba cualquier tipo de vulnerabilidad.

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—….

Su mente estaba siendo un caos absoluto, sin palabras que decir, sin saber qué hacer. Por primera vez, su mente calculadora y siempre lista estaba total y completamente en blanco. Lo único que se le pasaba por la cabeza eran miles de preguntas. ¿Cómo? ¿Desde cuándo? ¿Por qué?

—¡Por supuesto que nos conocemos! ¿Cómo voy a olvidar a mi cocinero favorito? — escuchar esas palabras solo hizo que la fuerza que Jin había perdido en la mano y lograba que la copa se fuera deslizando lentamente de repente tomara fuerza, apretándola con una fuerza que quizás no era precisamente la más adecuada. Akura, por su parte, al ver sus pinceles, se le iluminó el rostro mientras los tomaba con una mano, finalmente separándose de Uker desde su entrada. —¡Ay! Si es que soy un desastre. Tú siempre tan cuidadosa por mí. Algún día ya verás que no me dejaré nada. Algún día… — volvió entonces su mirada hacia Uker, ahora su sonrisa cambiando a una mucho más confiada y orgullosa.

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—Por supuesto que sigo pintando. Seguí tu consejo, y el del señor donante también.

Hizo una pausa, ahora tomando el cuadro. —Ya sabes, ese señor tan amable del que te hablé que a veces hacía donaciones al orfanato tan generosas. A veces viene y me compra algunos cuadros. — Una pintura al óleo de la misma isla, solo que con una mayor vida floral, volteándola para que la viera Uker, sonriendo de oreja a oreja.

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—¿Qué te parece? He mejorado un montón, ¿Verdad? Hice algunos para el bar también. — señaló algunos de los cuadros que adornaban las paredes de ese mismo local, uno de ellos, del exterior del mismo, como una bienvenida, en un tono más acuarelable, en tonos más cargados de color y vida. Luego, contempló a la camarera, poniéndose de puntillas para rodear su brazo alrededor de la nuca de Uker a la pregunta. —¿Que si debes contratarlo? ¡Ya estás tardando! Es de los mejores cocineros que me han llenado la panza que he tenido en mi vida, ¡y soy muy exigente!

¡Crash!

El cristal de whisky se acababa de romper en la misma mano de Jin, quien hasta entonces había estado tratando de mantener el autocontrol. El líquido que quedaba, que se había quedado en mínimos en un intento de tratar de ignorar la situación, ahora se esparcía por la barra y su propia mano estaba sangrando por algunos pocos cristales que, por la presión, se le habían incrustado al romperse el cristal. Después de conocer el origen de cómo se conocían, ver aquella confianza… Su desconcierto se había convertido en otra cosa: sed de sangre.

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Quería matarlo.
Tenía que matarlo.
Debía descuartizarlo.
Hacerlo suplicar de rodillas.
Hacerlo sufrir hasta verlo hecho mierda…

—¿Señor Jin? — la voz de su hermana finalmente lo despejó, parpadeando repetidamente, volteando a verla, ahora sí, sin temores. Al hacerlo, su rostro cargado de ego, furia… todas las expresiones se desvanecieron, dejando ver por primera vez, posiblemente para muchos que no fueran la misma Akura, una sonrisa cálida, agradable y cariñosa. —¡Dios mío! ¿Está bien?

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—Tranquila, Akura. No es nada.

No era capaz de mostrar un cambio facial tan egocéntrico ni frío hacia su propia hermana. No a ella, a quien había arriesgado su propia reputación en silencio, quien permanecía callado por protegerla de aquel depravado y asqueroso mundo… Y encima ese mismo hombre al lado tenía la osadía de ponerle las manos encima. Dejó el cigarro sobre el cenicero, sacando un pañuelo del bolsillo para limpiar la sangre que comenzaba a manchar incluso su propia ropa. Ni siquiera parecía ser ya el mismo hombre, tampoco era el mismo aire coqueto. No. Era pura y absoluta amabilidad. 

—Pero… — miró a la camarera entonces. —¿Tienes algún kit de primeros auxilios? No podemos dejar que se le infame. — la mujer tomó gentilmente la mano del yakuza, revisando sus heridas. —Señor Jin…

—Te dije que me llamaras solo Jin. — murmuró, elevando su otra mano, sacudiendo con cuidado la zona superior de su cabello. Ni siquiera sus propias palabras parecían las de él mismo. Suaves, dulces, calmadas, sin un atisbo de amenaza en su propia voz pese a su timbre profundo. Ella lo miró frunciendo las cejas.

—¿Sabes que no soy una niña ya? — sus cejas se fruncían con clara molestia, mostrando también la misma confianza que a Uker. Fue cuando se le iluminó la bombilla, volteando a ver a Uker. —Oh, cierto. Él es el cocinero del que te hablé. Es Uker. Uker, éste señor es el donante tan amable que te comenté, el señor… ejem… Perdón. Jin.
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#5
- Ya te dije que no me digas así… -. Pese a la negativa a aceptar el comentario sobre su supuesta belleza, podía verse una sonrisa en la cara del cocinero. Era un alivio encontrar a alguien conocido, poder tomarse un momento para charlar con una amiga que no veía hace tiempo, respirar un poco. Había pasado muchos años solo, incluso cuando conoció a la mujer que ahora tenía enfrente, no se había dado el tiempo de compartir una comida con alguien más, o de conocer a más personas. - Así que sigues olvidando tus cosas. Y pensar que yo también tuve que resguardar tus utensilios cuando más de una vez los dejabas en la cocina -. En esa época era común que apareciese entre los cocineros, preguntando si podía quedarse a dibujar o si podía llevarse alguna fruta para practicar. - Al menos es bueno ver que sigues siendo tú -.

Ver el cuadro pintado por la joven fue sorprendente. En verdad había mejorado mucho, y ver ese progreso y esa emoción en su mirada hizo que el pelinegro adquiriera una sonrisa de orgullo. - Eres genial, no dejas de sorprenderme -. Su mano se alzó y se apoyó en la cabeza de la mujer, despeinándole un poco el cabello. Solía hacerlo bastante, con cada niño de ese orfanato que necesitaba de su ayuda, incluso con aquellos que no la querían. Era su forma de demostrar amor, al menos, como mejor podía. - Oh, vamos, los demás del orfanato no hacían mal su trabajo -.

Fue en ese momento que el sonido de vidrio roto llenó sus oídos. Tuvo que mover su rostro hacia Jin, que ahora se encontraba sosteniendo nada más que un par de cristales, con su propia sangre y bebida manchando la barra y su mano. Quiso preguntar qué bicho se le metió, pero fue interrumpido por la propia joven. Sabía perfectamente que no había sido su imaginación, había sentido el enojo de Jin hacia él. Esas ansias asesinas, muy parecidas a las de quienes lo persiguieron durante gran parte de su vida. Al verlo junto a Akura lo comprendió, al menos una parte, pero se guardaría sus preguntas para luego. - Bien, lo buscaré atrás, pero deberán pagar y limpiar eso -. La mujer que los atendió se perdió entre las puertas que llevaban a la cocina.

- Nosotros… nos conocemos… -. Ocultó sus pensamientos sobre el otro hombre bajo una sonrisa. Akura parecía quererlo y tenerlo en buena estima, no sería bueno que le dijera lo que en verdad pensara de esa persona. - Tenemos un negocio, pero aún no podemos llevarlo a cabo, así que estoy buscando trabajo -. Fue en ese momento que la pelirroja volvió de la cocina, trayendo con ella un botiquín, el cual dejó frente a Jin y Akura, esperando que no la necesiten para encargarse de esas cosas. - En cuanto terminen, hay alguien que estaban esperando -.

Un hombre rechoncho y bien vestido salió por la puerta de la cocina. Su cabello, lleno de canas, se encontraba despeinado, mientras que sus ojos color café parecían más grandes de los que eran por los lentes que llevaba. Se acercó a la barra, y aunque era un poco más bajo que la mujer, aún podía hablar con normalidad con ellos. - Me han dicho que tengo compradores, ¿acaso se trata de estos jóvenes? -. Viendo que Jin aún debía encargarse de su herida, Uker se adelantó y comenzó a negociar. - Necesito 100 barriles, quiero al menos 1 de cada bebida que tengas -.

El dueño del lugar pudo notar el cambio en la actitud del muchacho, por lo que se acercó a él para negociar. - Un joven atrevido. Eso es mucho alcohol, ¿quieres dejarme sin reservas? -. - Si no es a usted, le compraré a quien venga a distribuirle, y estoy seguro que no tendrán problema en aceptar un precio algo menor -. Ambos hombres parecían dispuestos a comenzar una “lucha” para ver quien se llevaba la ganancia de ese trato.
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#6
—No que quejes anda, sé que te encanta cuando te lo digo. — la risita divertida de Akura se hizo palpable al ver al mismo Uker sonreír pese a su negativa. Acomodó sus dos manos a ambos lados de su cadera, con los pinceles ahora en su mano izquierda. —Sí, bueno… ya sabes, viejas costumbres que no se olvidan. Todavía recuerdo cómo me dejabas entrar a escondidas para poder dibujar. ¡Todavía tengo el primer dibujo que hice de ti! Seguro que, si ahora lo hago, saldrás mucho mejor. Ay, qué vergüenza. Estoy, de verdad, tan contenta de verte…

Se separó un poco más, ahora enfocada por completo hacia Jin, de quien retiraba muy cuidadosamente los cristales. Por supuesto, no dejaba de prestar atención a Uker, el cocinero que le brindó una alegría ese día. —No lo hacían mal, pero tú eras el mejor cocinando. No sé cómo lo haces, no sé si es por cómo sazonas, o cómo usas el fuego… Pero en serio, tus platos son increíbles. Si trabajas aquí no dudes que vengo a comer todos los días. — Jin se limitaba a mirar su propia mano y las delicadas de la contraria, quien ahora dejó sus pinceles sobre la barra (posiblemente volviéndoselos a dejar). —Señ-… Quiero decir, Jin. Si te hago daño, dímelo, por favor.

—Estoy bien, ya te dije que no es nada. — murmuró con paciencia, sin apartar sus ojos de la delicadeza que la muchacha utilizaba, hasta que vio a la mujer acercarse con el kit.

—Siempre me sorprendes. Nunca parece que sientas dolor, ni haberte visto enfadado. Aún recuerdo aquel niño del orfanato que te lanzó una maceta sobre la cabeza y…

—Ni me lo recuerdes. — interrumpió. Prefirió aquella anécdota como algo privado, no quería revelar demasiado. —También estuviste llorando como un bebé.

—¡No fue…! Bueno, sí, pero… Estaba preocupada. Había mucha sangre. Me tuvieron que agarrar cuatro trabajadores para que no lo matara a golpes a ese desgraciado. — Jin todavía recordaba lo impulsiva que era y, conociéndola, estaba seguro de que esa parte todavía seguía allí. Él mismo recordó tener que frenarla en aquella época. Una mujer de las más duras que recordaba conocer… Y orgulloso estaba de que así fuera. Sintió el alivio en su mano, incluso cómo le acomodaba algunos vendajes que relajaron el escozor.

—Espera, ¿os conocéis? ¿En serio? ¿Cómo? — la sorpresa de la muchacha era ahora más palpable, sus ojos se abrieron de par en par, mirando de un lado a otro, confundida, primero a Uker, luego a Jin. Éste último abrió su paquete de cigarrillos, retirando uno de ellos y acomodándolo entre sus labios. El previo se había echado a perder después de que la copa se quedara hecha añicos entre sus dedos. Sacó el mechero, en una pequeña pausa antes de responder, con el fuego todavía encendido.

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—Podríamos decirnos que fue un encuentro… “fortuito”.

Akura, sin ningún tipo de aviso, también retiró un cigarrillo del paquetito de Jin, como si fuera lo más natrual. De hecho, pese a que al varón no le agradaba aquel gesto, con su hermana lo había normalizado tanto que ni siquiera se dio cuenta de ello, y de que le estaba teniendo el mismo mechero que acababa de utilizar. —Deberías dejar de fumar.

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—Mira quién habla. No recuerdo una sola vez que no te vea fumando. ¿Has intentado dejarlo?

No podía responder a aquello… No solo porque lo que decía era cierto, sino porque también, por fortuna, aparentemente con quien iban a negociar ya había llegado. Por el momento, ya que el mismo Uker fue quien inició la petición, lo dejó hacer… aunque se arrepintió rápidamente al ver que se limitaba a amenazar. Era un desastre ese hombre… Dio una nueva calada al cigarro, acercando el cenicero. —Akura, ¿te importaría dejarnos un momento a solas? Es por trabajo.

—Oh… bueno, entro mientras tanto en la cocina pues. — miró a la camarera, quien negó con la cabeza, pero sencillamente la ignoró, tomando el kit de primeros auxilios. —Así voy devolviendo esto.

—¡Aku-…!

—Señorita, póngame otra copa de lo mismo, y cóbreme las rupturas de la copa que se ha roto. — interrumpió velozmente, viendo que la camarera iba a impedirle el paso. Ella chasqueó la lengua, pero terminó aceptando y repitiendo el pedido. De reojo, pudo apreciar que los pinceles, una vez más, se habían quedado sobre la barra. —Señor, piense bien en la oferta que le damos. Esos 100 barriles nos interesan. — sus ojos se volvieron entonces hacia el hombre, tomando una postura relajada, cruzando sus piernas con paciencia.

—¿Tiene idea de las pérdidas que me generaría no tener solo unos pocos barriles para mi negocio?

—En efecto, pero también las ganancias que tendría con un nuevo cocinero con las habilidades del que tiene justo delante de usted. — imperturbable, miraba al hombre, con su voz calmada, en un tono nuevamente serio, sin amenaza, pero suficientemente seguro. —Soy consciente de que podría ser un pequeño problema, pero siempre podemos llegar a un buen trato. Este hombre de aquí es de los mejores cocineros que conozco, y no solo yo. — no iba a concretar detalles. Ni él mismo había tenido oportunidad de probar un plato todavía de ese hombre, pero sí se fiaba del criterio de Akura. Conocía bien su amor a la comida, y sus exigencias. —Así que hagamos esto; nos da esos barriles y nosotros, a cambio, te conseguimos en una semana el doble de las ganancias que tiene ahora mismo. Por supuesto, tendrá un pequeño adelanto con el precio de los barriles, el dinero no es un problema. — ventajas de tener en sus bolsillos el negocio que tenía. —Si no, podemos probar esta misma noche a ver cómo usted pasa de tener veinte mesas, a cincuenta en una sola noche, solo por ese cocinero, quien está interesado en trabajar aquí un tiempo. ¿Qué me dice?
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#7
No le sorprendían las palabras de la peliblanca. Siempre había sido impulsiva, dejándose llevar por sus sentimientos más fuertes, haciendo difícil que los demás pudieran ponerle un freno si parecía que iba a cometer una locura. Por suerte, nunca había tenido que hacer mucho para calmarla, nunca había ocurrido algo de esa magnitud mientras él trabajaba en el orfanato, pero sabía por terceros lo que la muchacha era capaz de hacer.

Le causó algo de gracia su reacción en cuanto ambos dijeron conocerse. No estaba en sus genes mentir, pero podía hacerlo con tal de que la mujer o los trabajadores del lugar no se enteraran de lo que eran. Si se sabía que eran piratas, la marina podría llegar, y eso traería problemas. No deseaba problemas, no deseaba encontrarse con ellos aún. - A decir verdad, me sorprende que se conozcan. Nunca hubiera imaginado que ese señor del que tanto hablabas se trataba de Onizuka -. Tal vez sería la primera vez que trataba al yakuza por su apellido.

No era bueno negociando, y eso se veía más claro teniendo en cuenta que venía acompañado de alguien que parecía un experto en eso, al menos en cuanto comenzó a hablar. Espera… ¿Escuchó bien? ¿Lo está vendiendo como parte del trato? Se sentía de lo peor, más encima ese idiota nunca había elogiado su comida, ¿Cómo se atrevía a mentir así ahora? Aún así, lo dejó hablar y negociar, incluso si lo usaba como cebo. - No se si creerte, muchacho, al fin y al cabo no tengo ni una sola prueba de que sea tan bueno, y mucho menos de que su comida pueda hacer que mis clientes suban -. El dueño desconfiaba, y con razón, por lo que Uker decidió actuar.

- Su plato estrella -. Las palabras del pelinegro hicieron que las miradas de la mujer que los atendió y de su jefe fueran hacia el más joven. - Dígame cual es su plato estrella y lo prepararé, sin ver la receta -. Los dos mayores se quedaron en silencio por un momento, mirándose entre ellos, como preguntándose si era buena idea. - ¿Crees poder preparar el platillo insignia de este lugar sin que te digamos la receta? -. La mujer estaba confundida, y era normal. El platillo representativo de un restaurante solía ser su mejor opción entre todas las que se encontraban en la carta, y a la que más atención le ponían. - Solo conociendo los ingredientes, puedo prepararlo -. El dueño del lugar lo observó de pies a cabeza, desconfiando de que alguien tan joven sepa tanto como dice.

Sin embargo, tras un momento de reflexión, movió su mano en un gesto, indicándole que lo siguiera. También a Jin y a ambas mujeres si lo deseaban. Los llevó a la cocina, en donde los cocineros parecían tener una charla entre ellos, asustándose y poniéndose firmes en cuanto el jefe llegó al lugar. - Por la hora, la cocina no es muy usada, y prefiero asegurarme de lo que dices antes de contratarte y que generes un desastre en las horas más concurridas -.

Acercó al cocinero a una mesa, en donde se encontraban algunos ingredientes y utensilios. - Lo que prepararas es… -. - Pay de cereza -. La sorpresa del hombre fue palpable, y ante el pequeño silencio fue Uker quien volvió a hablar. - De las 20 mesas, en 5 han servido al menos un pay de cereza. No solo me indica que muy seguramente es recomendado por la casa, si no que puede ser recomendado por clientes anteriores -. La mujer que los atendió en cuanto llegaron soltó un silbido, impresionada por la deducción del muchacho. - Bien, parece que le haces honor a tus palabras. Aún así, no has probado el pay, ¿pretendes hacerlo igual que nosotros sin dar un bocado primero? -. El muchacho sonrió ante la pregunta, mientras que avanzaba hacia un lugar donde podría lavarse las manos para comenzar. - Oh, no no, claro que no -.

- Planeo hacerlo mejor -
Y así comenzó a cocinar. Mientras trabajaba, no dejó que las palabras o acciones de los demás lo quitaran de su concentración. Sus manos se movían ágiles, parecía sentir cada ingrediente y herramienta como una extensión más de su cuerpo. Con la tripulación no debía cocinar con gente viéndolo, no muchos se interesaban en su proceso, pero, al parecer, tampoco le importaba que los que manejaban el lugar se le quedaran viendo, así como los trabajadores que veían el espectáculo con sonrisas.

No fue un proceso rápido, nunca lo era si se quería llevar un buen plato a la mesa, y menos si solo se trataba de una persona cocinando, pero por fin llegó el momento en el que el postre estaba servido frente a todos en la cocina, listo para que alguien le clave el tenedor y de un bocado.
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#8
Se le hizo extraño escuchar su propio apellido de los labios del cocinero. De hecho no recordaba ni siquiera que lo hubiera llamado por otro nombre que no fuera “mafioso” o “yakuza”. Aún así, se sentía internamente agradecido, algo que, por supuestísimo, no demostraría ni diría en su condenada vida.

—Debo admitir que tampoco esperaba que el cocinero que tanto querías que buscara era Rackham. — porque sí, también para él era la primera vez que lo nombraba de otro modo que no fuera “cocinero” de sus labios y “cobarde” en su propia mente. Se le hizo extraño escucharlo él mismo también.

La fortuito era que, como bien había esperado, aquel dueño parecía haber caído en sus propias redes solo era que, por motivos obvios, habría que regatear un poco más de lo esperado. Ni siquiera él mismo había tenido ocasión de probar realmente en condiciones un plato del cocinero Uker, solo se basaba en el criterio de Akura y, de no ser por ello, probablemente ni se habría molestado, aunque lo usara ahora como moneda de cambio. Pero así eran los negocios; algo grande a cambio de algo jugoso y, ahora mismo, Uker era lo único que tenía, porque no iba a usar a su hermana ni sus habilidades de pintura por nada en el mundo. Lo que realmente no esperó para nada fue que Uker aceptara aquel destino con tanta facilidad. Parecía ser que, aquel día al menos, estaba siendo cargado de sorpresas.

Lo dejó hacer, al menos parecía seguirle la corriente y, quisieran o no, necesitaban los barriles. No solo por petición de ambas embarcaciones, sino porque su propio orgullo no le iba a permitir regresar con las manos vacías. Lo bueno era que Uker tenía la suficiente confianza para demostrarles en ese mismo instante sus propias capacidades. —Puede fiarse de sus palabras. Si dice que puede hacerlo, es más que capaz.

Una vez les hicieron la señal de seguirlos, él también lo hizo, no sin antes tomar los pinceles que su hermana había vuelto a descuidar y, al igual que su propia hermana, entró con el cigarro entre sus labios como si fuera lo más normal del mundo. En el interior Akura los contempló a todos, arqueando la ceja. Estaba sentada en una de las sillas, con el cigarrillo entre sus labios, algo alejada de la zona de los fogones y los platos, cerca de una pequeña ventanita.

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—Eso fue rápido.

Jin se acercó a ella, sabiendo que con su cigarro no podría acercarse demasiado a la mesa y, con los brazos cruzados y la espalda apoyada en la pared, se limitó a observar tranquilamente la situación. Akura le estiró el cenicero que hasta entonces había reposado sobre su muslo, y aprovechó para dejar caer las cenizas. —Ya sabes que estas cosas se me dan bien. Espero que tengas razón en lo que tanto presumías.

—Ni lo dudes. Uker es el mejor cocinero que ha preparado algo para mí. — Jin no respondió esta vez, se limitó a observar a Uker demostrar sus capacidades, con los ojos afilados fijos en sus movimientos, en lo que fuera a hacer, mientras la camarera se acercaba ahora a ellos.

—¡Por dios! ¿Es que no tenéis vergüenza? ¡Nada de fum-…!

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—Señorita, le recomiendo seriamente que nos pueda dejar tranquilos. No estamos estorbando en la zona interior de la cocina.

Su voz, pese a la calma, ahora sonaba cargada de una silenciosa amenaza, aquella voz que todos temían, incluso sus hombres más duros, logrando que la mudez diera la bienvenida a la mujer con la que apenas en un inicio había iniciado la conversación para un pequeño ligoteo. Se quedó muda por unos segundos, solo para bajar la mirada y darles la espalda. —S-solo no se aparten de la ventana mientras fuman… — El olor al Pay de cereza comenzó a invadir no solo la cocina, sino también el exterior del mismo. Algunos clientes incluso curioseaban en la barra, atraídos por el mismo sistema olfativo. No era necesario tampoco ser un experto para que Jin supiera que sus manos estaban trabajando de forma excelente. No se había fijado en su forma de cocinar, (tampoco es que estuvieran en el mismo barco ni le interesara), pero estaba claro que su hermana tenía razón; ese hombre era demasiado bueno para desperdiciarlo en un lugar como ese. Tenía talento, desde luego.

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El plato se veía increíble al salir del horno, el olor era incluso más aplastante. Jin y Akura, a la vez, apagaron los dos el cigarro en el mismo cenicero, y fue el mismo Jin quien lo dejó a un lado mientras soplaba el humo, acercándose al plato, aunque Akura ya estaba corriendo. El dueño, por su parte, estaba verdaderamente sorprendido por el aspecto y el olor. —Que se vea bien no significa que sea mejor que-…

—¡Quítate! — ni siquiera tuvo el pobre hombre tiempo a reaccionar cuando Akura, con una sola mano, lo tomó del hombro y lo arrancó de la vista del plato, tomando un tenedor. Vio al pobre hombre lanzado contra el suelo, habiendo caído de culo, parpadeando y abriendo sus labios para quejarse, pero una fulminante mirada de la mujer lo dejó completamente mudo.

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—Yo pruebo primero. ¿Tienes algo que decir?

Se quedó mudo, solo siendo capaz de negar con la cabeza y tragando saliva. Jin, por otro lado, acomodó las manos en los bolsillos, sonriendo con orgullo y un ligero toque divertido. Akura, por supuesto, fue la primera en probarlo y, al hacerlo, su rostro cargado de furia de repente se iluminó de completa y absoluta felicidad. —Hmmmm~… Delicioso, como lo recordaba de ti, Uker. Dios, nunca me canso de tus platos… 

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—Tan impaciente como siempre...

Jin, que se había terminado de posicionar tras ella, le retiró con cuidado el tenedor de la mano, escuchando de ella un “¡Oye!”, aunque más suave, y dio una probada él mismo. Su sonrisa y expresión mostraban más que de sobra el orgullo interno que estaba viendo en la mujer, aunque probablemente otros pudieran ver que era el exceso de confianza por los dotes culinarios de Uker. Elevó los ojos, analizando el sabor. Sin duda, era delicioso, más de lo que hubiera probado de otros cocineros de alta calidad. Le devolvió el tenedor a Akura y miró, desde arriba, al hombre que seguía en shock.

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—Le recomiendo seriamente probarlo por usted mismo. Estoy seguro de que el cocinero que le he ofrecido sobrepasará por completo sus expectativas.
Karma
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#9
Una gota de sudor bajó por su rostro. Cocinar a tanta velocidad y lograr un sabor como el que esperaba era más laborioso de lo que cualquiera se podría imaginar, pero nada de eso evitó que una sonrisa apareciera en la cara del cocinero en cuanto dejó al pay preparado para que todos puedan servirse. - Buen provecho -. Dejó que los 4 dieran al menos un bocado, mientras que él se recostaba en una de las paredes cercanas, descansando los brazos.

Parecía que la primera persona en probar el postre sería el dueño del lugar, pero en pocos segundos lo vio volando hacia un lado y cayendo de nalgas al suelo. Se le había olvidado lo agresiva que Akura podía ponerse en estas situaciones, pero el pelinegro simplemente se dedicó a ayudar al hombre a reincorporarse. - Ustedes dos, no deben tratar de esa manera a las personas con las que hacemos un negocio -. Mientras que el hombre mayor se levantaba y se limpiaba luego de la caída, la mujer pelirroja no temío darle bocado a la comida recién preparada, incluso con la peligrosa Akura cerca. Su cara fue un poema, en tan solo segundos su rostro pasó de desconcierto a asombro, y sus ojos brillaron mientras giraba el rostro en dirección a donde estaba su jefe y Uker.

Fue la misma mujer la que tomó del brazo a su jefe y casi que lo obligó a dar un bocado. El señor parecía asustado por la actitud del resto, pero su actitud cambió en cuanto probó el pay también. Se miró con la mujer y ambos asintieron entre sonrisas, solo para volver a ver a Uker. - ¡Contratado! -. Esas palabras sellaban el trato, ahora podrían tener esos barriles de alcohol a un mucho mejor precio, y él había conseguido el trabajo. - Bien, ¿Qué te parece comenzar esta misma noche? -. La mujer fue la que se encargó de hablar con Uker, mientras que el resto de cocineros se acercaban para dar una probada al pay de cereza también. - Digo que no tengo problemas con eso, pero me gustaría hablar sobre el alcohol antes de otra cosa -.

El dueño del bar fue quien lo interrumpió, rodeando su cuello con su brazo, sonriendo y casi que agradeciendo a los cielos por haber encontrado al cocinero. - ¡Claro que sí! Seguramente ganaré millones contigo, muchacho -. La risa del hombre no paró ni cuando se acercó a otra puerta, una que daba a otro pasillo, una parte que no podría verse desde fuera de la cocina. Parecía llevar hacia un sótano, pues solo se encontraron con unas escaleras descendentes y que no dejaban ver su final entre la oscuridad. Fue el propio hombre rechoncho quien comenzó a bajar, esperando ser seguido por los otros dos muchachos.

Al terminar el trayecto, llegaron a un almacén. Los barriles se acumulaban de forma bastante ordenada, junto a varias pilas de cajas, las cuales Uker supuso que contenían más botellas de alcohol. Su atención se desvió a uno de los barriles, que en su madera tenía grabado el nombre de lo que parecía ser el distribuidor. Iban a pasar mucho tiempo en esa isla, y muy seguramente tengan que comprar más alcohol, junto con que podrían comprarle incluso cuando su aventura siga en marcha. - Dijeron que 100 barriles, pero me temo quedarme sin alcohol si les doy todos de una vez. ¿Qué les parece si les doy 10 barriles por semana? Así podría pedir más sin perder todo mi suministro -.

Uker no respondió, simplemente se limitó a mirar a Jin, incluso a hacerle un gesto con la cabeza para que él siga negociando. Parecía dispuesto a hacerlo antes, y él ya había hecho su parte, por lo que se dedicó a observar los barriles, uno por uno, viendo cada bebida que poseían ahí dentro.
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#10
Jin, al “regaño” de Uker y, como ya se había habituado, siquiera le prestó la más mínima atención. Se limitó a mirarlos a ambos esta vez, tanto al dueño como al mismo hombre ayudándolo a levantarse y luego volver la mirada hacia la mujer, que repetía un segundo plato como si fuera su propia casa. Sus mejillas se hinchaban, sus mejillas se sonrojaban por la felicidad y a cada bocado repetía un “hhmmm, rico” una y otra vez. Afortunadamente y gracias a su confianza con Akura, parecía que el trato resultaría en un completo éxito. Ambos, tanto la camarera como el mismo dueño estaban clarísimamente satisfechos, queriendo contratar al cocinero. Por su parte, mantuvo las manos en los bolsillos, contemplando la escena en silencio… hasta que de nuevo le tocó hablar.

Sus pasos se volvieron hacia el hombre, sus ojos afilados de nuevo a él. —Diez barriles la primera semana y, a partir de la próxima, 20.

—¿QUÉ? ¿TIENES IDEA DE LO QUE ME ESTÁS PIDIENDO?

—Desde luego. — su tranquilidad era temible incluso en esa situación, mientras el dueño se le acercaba con furia. —Le estoy dejando la primera semana para hacer el primer pedido de barriles mínimo y, a partir de allí, poder hacer un pedido mayor a su proveedor. Tiene tiempo de sobra. — y de paso, ellos mismos acelerarían el proceso.

—Dios mío, no puedo. 20 es demasiado. Imposible. 10 será más que suficiente.

—Oh, entonces… supongo que no le importa que me lleve a mi cocinero a otra parte, ¿no es así? — el hombre se quedó mudo por unos segundos, apretando tanto los puños como los labios. Después de comprobar los dotes culinarios de Uker… ¿cómo dejar escapar a alguien así? Sabía bien que podía ganar una buena cantidad de dinero, más que por esos barriles que pedían ambos. Miró el pay, en silencio, por algunos segundos, luego a Uker, luego a Akura, quien ya iba por la tercera porción y jugaba con el cubierto, divertida. Luego regresó de nuevo la vista a Uker, su nerviosismo comenzaba a sentirse más palpable. Sus ojos volvieron por última vez a Jin, quien estuvo calmado y paciente en todo momento, lo vio acariciarse nerviosamente su nuca. Ver a Akura comer de ese modo solo le convencía más de que estaría dejando escapar una oportunidad demasiado grande. ¿Cuántos más como ella perdería si rechazaba la oferta?

—¿Qué tal 15? Quizás si lo organizo todo bien y… — fue interrumpido, viendo que Jin retiraba su mano de su bolsillo, estirándolo hacia el contrario como aceptación. Cómo no, cayó en la trampa. Justo la cantidad que en su mente había calculado. Su sonrisa, de oreja a oreja y cargada de clara malicia, se dibujó en sus labios como si fueran los del mismo diablo.

[Imagen: lkAgVSq.png]
—10 la primera semana y, a partir de la próxima, 15 barriles. Me parece bien.

La mirada afilada de Jin, acompañada de su voz ya amenazante aunque fuera involuntaria, hizo que el hombre se diera cuenta de que había estado calculándolo todo desde el momento antes de siquiera poner un solo pie en el local. Aún así, sabía que estaba acorralado, por lo que también estiró su mano, con algo más de resignación y aceptó el trato. —Me alegra ver que puede comprenderme bien, caballero. Ahora, hablemos de los Berries a pagar y la cantidad más adecuada para ambos…

Akura, con el platito entre sus manos, se acercó a Uker. La tercera porción estaba por terminarse, pero su sonrisa resplandeciente y viva seguía intacta. —Podré verte más a menudo, Uker. No sabes lo alegre que me pone. Tengo ganas de volver a comer tus platos. — se relamió los restos, dando el último bocado y dejando el platito a un lado de la mesa. —¿Quieres un poco de agua? ¡Déjame invitarte a tomar algo! Me encantará escuchar más de ti, y yo contarte más de mí. ¿Cuándo estás libre?
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