El Cinturón de Campeón Okama [Aventura T1 - Presente Absoluto]
#1
Día 30, Verano, Año 16



El Dojo del Okama Kenpo se alzaba en la ladera oriental de la Isla del Karate, a unos trescientos metros del acantilado principal, donde las olas rompían con furia contra las rocas negras. Desde el mar, el edificio parecía un bloque de madera y tejas rosas, pero de cerca se notaba el trabajo detallado. Había dos inmensas columnas talladas con cisnes blancos danzantes, puertas correderas pintadas con flores de loto, y un suelo de piedra blanca perfectamente alineada que llevaba hasta la entrada principal.

Esa mañana, el clima era extraño. El aire estaba húmedo y pesado, como si fuese a llover en cualquier momento, pero el cielo permanecía despejado salvo por unas nubes grises que se acumulaban lentamente hacia el oeste. Una brisa suave movía las banderas del dojo, que colgaban en hileras a lo largo de unos cien metros de pasillo exterior, ondeando en un fondo arco iris con inscripciones que decían: “Lealtad, Grandeza, Temple y Benevolencia", remarcando sus siglas con claridad.

Dentro del recinto, el tatami principal ocupaba un espacio rectangular de unos veinte metros de largo por quince de ancho. El suelo de paja trenzada desprendía un olor floral, mezclado con el aroma del incienso encendido en los altares laterales. Sobre uno de los muros colgaba un retrato de uno de los actuales Maestros Okama, mirando severamente a los aprendices como si siempre estuviera juzgando su postura, de tal forma que sus ojos parecían estar vivos y seguirte con la mirada.

Allí, dos aprendices buscaban desesperados entre los rincones. Uno, de cabello castaño y aspecto brutalmente sensual, se llamaba Jerry y era uno de los alumnos favoritos del maestro. El otro, más rubio y nervioso, con el cabello siempre despeinado y de aspecto sensualmente bruto, era Gerry, el otro de los favoritos del maestro.

Jerry y Gerry

Revisaban los tatamis, abrían los cajones del vestuario, incluso apartaban los biombos de bambú como si en cualquier momento fueran a encontrar allí escondido el tesoro perdido.

-¡Nada! -Gritó Jerry, dejando caer un cofre vacío con rabia, sin importarle nada más que su objetivo.

-¡Tiene que estar aquí! -Replicó Gerry, arrastrando un baúl lleno de cinturones viejos que hacía chirriar el suelo, rebuscando entre ellos y sacando cada uno más extravagante que el anterior.

Lo que buscaban era nada menos que el "Cinturón de Campeón No Oficial", un objeto sencillo, pero cargado de historia. Había pasado de novato en novato durante generaciones; quien lo portaba era reconocido como el mejor aprendiz del dojo, aunque fuera solo entre ellos. Para muchos, ese cinturón valía más que un trofeo de oro enjoyado.

Al cabo de un rato, ambos se encontraron jadeando en el patio trasero, un espacio abierto de unos cincuenta metros de ancho, donde los alumnos practicaban bajo el sol. Desde allí se podía ver a lo lejos el camino de tierra que descendía en zigzag hasta el puerto, a kilómetro y medio de distancia.

Fue entonces cuando divisaron tres figuras acercándose por el sendero, avanzando entre los pinos inclinados por el viento marino. Eran Thrym, cuya figura se elevaban sobre el resto, junto a Maki y Uker. Sus pasos resonaban firmes sobre las piedras del camino, levantando pequeñas nubes de polvo seco.

Jerry se enderezó de golpe y, agitando los brazos, corrió hacia ellos.

-¡Eh, vosotros! ¡Necesitamos ayuda! -Su voz sonó casi desesperada.

Gerry, algo más reservado, añadió con gesto serio.

-Se ha perdido lo más valioso del dojo… El cinturón de campe... -Antes de poder acabar la frase, conforme se habían ido acercando, se dieron cuenta del inmenso tamaño de Thrym. Jerry se asustó un poco, aunque Gerry prácticamente estaba salivando. -¡Imagina el tamaño de su inmensa po...!

-¡Ya que os hemos encontrado, ¿podríais echarnos una mano?! -Interrumpió de forma oportuna y a la vez inoportuna Jerry.

Gerry, siguiendo en su idea, volvió a intervenir. 

-¡Eso puede esperar! ¡Piensa en lo grandioso que debe ser su inmenso miem...!

-¡Bromas aparte! -Volvió a intervenir oportunamente Jerry. -Necesitamos vuestra ayuda, por favor. -Tras decir aquello, se arrodilló sin dejar de mirar a los ojos a aquellos posibles héroes que el destino había puesto en su camino, mientras su compañero se colocaba a su lado en la misma postura suplicante.


Off
#2
El calor del verano no aplacó la idea del joven de vestir con su ropa usual. Unos pantalones largos, sus botas parecidas a las del ejercito, una camiseta ajustada a su cuerpo de color oscuro y mangas largas y su siempre usada campera de cuero marrón. Parecía no querer desprenderse de ella, y lastimosamente aún no había tenido tiempo para arreglar el daño que le provocó uno de los secuaces de ese yakuza, pero de igual manera se lo podía ver vistiéndola, día sí y día también. También aprovechó para llevarse consigo su katana, pues algo le decía que iba a necesitarla.

- Ya veo, lo tendré en cuenta -. Dijo el pelinegro, mientras meditaba e intentaba grabar en su mente el consejo que su compañero le dio. Había estado interesado en aprender cómo navegar, lo había hecho en solitario, pero entendía que nada tenían que ver esas pequeñas balsas que usó él en comparación a los barcos que el gigante debía manejar. Decidieron quedarse en esa isla por un tiempo, eran tantos en la tripulación que ni siquiera podían zarpar en el barco que tenían sin dejar afuera a unos cuantos. La idea de conseguir otro barco rondaba por su mente, y seguro que por la de los demás, pero para eso necesitarían un segundo navegante, y hasta ahora nadie había demostrado saber tanto como el gigante. - Lo estudiaré en cuanto volvamos -.

Al fin y al cabo, si no había nadie interesado, él debía tomar la responsabilidad.

¿Qué hacía junto a Thrym? No estaba solo junto al gigante, también Maki se encontraba con ellos. Habían decidido recorrer la isla en la que se quedaron, al menos para revisar los pueblos y lugares que podrían ser interesantes o útiles. - Siento que los precios para los insumos en ese pueblo estaban demasiado elevados. Deberíamos conseguir un trabajo para ganar algo mientras estamos en este lugar -. Dijo antes de dar una mordida a la manzana que llevaba consigo, una que sacó de un árbol que se encontraron antes. - No sería buena idea simplemente estar gastando lo poco que tenemos en comida e insumos médicos, y tampoco sabemos cuánto tiempo vamos a estar aquí -.

Fue en ese momento que comenzó a oír gritos. Venían de más adelante en el camino de tierra que estaban siguiendo, por lo que no tardaron en cruzarse con las dos figuras que parecían suplicar por una mano amiga. Al menos eso parecía, hasta que uno de ellos comenzó a alabar cierta característica del gigante pelirrojo, siendo detenido en cada ocasión por quien lo acompañaba.

Uker los escuchó con atención, como solía hacerlo al ver problemas, pero no aceptó ser de ayuda de inmediato. Podrían meterse en problemas, y eso era lo último que querían. Alzó su mirada y vio a Thrym, buscando algún gesto que le indicara que quería hacer. No dejó fuera a Maki, pues también desvió su rostro en dirección a ella, esperando que pudiera dar su opinión.

No los conocía mucho, tan solo de un par de semanas, pero por alguna razón se sentía inquieto. Tal vez Thrym querría ayudar, y tal vez Maki querría dejarlos a su suerte, o tal vez todo lo contrario. Por lo menos deseaba no tener que ser la voz de la razón aquí, por lo que suspiró y le habló al gigante. - Thrym, tú tienes el mayor rango entre nosotros, así que… ¿Qué hacemos? -.

Era lo más razonable, al menos desde su punto de vista. Los extraños no habían dado indicios sobre lo que necesitaban, y terminar metidos en un problema sería un… bueno, un problema, pero tampoco se veía con la capacidad de tomar una decisión y ser escuchado.
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#3
El día era húmedo y muy muy frio para ella, cada cierto tiempo necesitaba abrazarse a sí misma y frotándose los brazos intentaba entrar en calor sin embargo era imposible pues el viento y la sensación térmica era demasiado. Venia acompañada de Uker, el objeto de sus deseos y su sueño hecho realidad, pero jamás lo pronunciaría en voz alta frente a él. También le acompañaba el más lindo gigante Thrym… su corazón era tan amable y risueño que cada vez que le miraba no podía evitar devolverle la sonrisa. Buscaban provisiones, pero los valores eran demasiado altos. Quizás la culpa de todo ello lo tenía ella misma, vestía como era usual, un top, capa y un pantalón con una sola pierna y botas. Negro todo su maquillaje como siempre ojos y labios negros listos para un beso de muerte y no tenia armas aparentemente a la vista salvo su espada oculta en su guitarra la cual no apartaba de su vista jamás.

Mientras caminaban por las calles rasgaba la guitarra y lanzaba algunas notas y versos al azar, la clave de los grandes maestros de la música debía practicar cada vez que podía. Cada cierto tiempo acariciaba la tsuka de su arma sobresaliendo por el cuerpo de su instrumento. Desde hace unos días y en pos del bienestar de la tripulación, que por cierto era un ejercito completo al parecer, pasaba mas tiempo con el gigante para aprender a navegar. Y ella solo lo observaba habiendo lo que tenía que hacer. Ver aquella fuerza de voluntad era mágico por decirlo menos. Y le causaba algo en su interior, diferente, le hacía sentir diferente, como mejor persona desde que le conoció y solo le provocaba conocerlo más.

Una manzana no sería suficiente para ella, comía suficiente como para un regimiento, superada solo por el gigante, siendo vegetariana era extraño, pero no lo era en realidad pues necesitaba suplir sus bajas dosis de oras vitaminas. Maki era extraña siempre, pero mas a la hora de comer. —Bastante caro todo corazon, pero seguro podremos encontrar algo que hacer. Siempre lo hay… QUE OPINAS TU THRYM!!! PODREMOS ENCONTRAR UN TRABAJO NO!!?— Grito al final hacia el gigante para que le escuchase en su gran altura.

Apenas termino de mencionar lo del trabajo, como caído del cielo alguien gritaba por ayuda, Maki puso su mano sobre su frente a modo de visera para vislumbrar mejor lo que ocurría… dos tipos… extraños… Okamas según lo que dedujo apenas llego más cerca y pudo comprobar. Era algo rara cuando se encontraba frente a personas diferentes, tanto en orientación, percepción, color e incluso raza, era una maldita. Pero casi siempre lo podía sobrellevar. Si fuera por ella los despacharía rápidamente con una disculpa, la gente como ellos era problemáticos. Y le causaba escozor en el duodeno tratarlos su respuesta solo encogerse de hombros y negando con la cabeza dando a entender que le daba lo mismo pues lo único que necesitaban era dinero y ya.

Según tenía entendido el vicecapitán era el gigante así que el debía decidir, o al menos dar los pros u contras peros seguro el diría con una sonrisa… bien ayudemos a estos chiquitines. Maki esta vez no tomo la iniciativa y permaneció detrás de sus compañeros inspeccionando el hermoso lugar que mantenían estos “Artistas”. Lo único malo era que Uker era muy complicado en explicar las cosas o entenderlas a su parecer y Thrym era un poco cansino el interactuar con gente muy baja de estatura.
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#4
El sol pegaba fuerte, aunque a mí no me molestaba tanto; estaba acostumbrado a calores mucho peores en altamar. Caminaba a paso tranquilo por ese sendero de tierra, con Uker y Maki a mis costados, aunque claro, a ellos siempre los tenía que mirar hacia abajo. A veces me sentía como un maldito farolón que sobra en una cena romántica, porque era imposible no notar cómo se lanzaban miradas cuando pensaban que nadie veía. Yo no soy ciego… bueno, tampoco es que me entrometa, pero vaya que a veces me hacía sentir como un mal tercio. Así que para pasar el rato, me concentraba en los árboles, en el viento marino y en lo bien que me venía caminar con ellos aunque fueran chiquitos.

Estos últimos días había estado dándoles clases básicas de navegación. No era tarea sencilla, claro. El mar no es como esas balsitas que seguramente Uker había usado de niño; manejar un barco de verdad requería más cabeza de la que muchos piensan. Y ahora que éramos tantos en la tripulación, sabíamos que necesitaríamos más de una embarcación. A decir verdad, la culpa de eso era en gran parte mía… un gigante como yo ocupa demasiado espacio, y aunque trato de no pensar en eso, era imposible ignorar que yo solo ya hacía difícil zarpar cómodos en el barco actual. Así que me puse la responsabilidad de enseñarles lo básico. El problema era que, salvo escuchar con atención, ninguno parecía tener mucha maña todavía. Les costaba incluso aprender a leer las corrientes y las velas… y yo a veces perdía la paciencia, aunque trataba de cubrirlo con sonrisas.

En medio de esos pensamientos, Maki lanzó un grito que resonó en mi cabeza. Me giré un poco hacia ella, con media sonrisa, y me agaché para quedar algo más cerca de su altura. —Puedo escucharte bien aunque hables normal, Maki… no hace falta que grites tanto— Le dije con tono tranquilo, casi paternal. Pero justo cuando iba a seguir, apareció la interrupción más extraña que podíamos haber esperado: dos sujetos que corrían hacia nosotros, con maquillaje, ropas llamativas y un aire… cómo decirlo… bastante particular. Okamas, pensé enseguida.

Los dos empezaron a hablar a la vez, pidiendo ayuda desesperadamente, mencionando algo de un cinturón perdido, un tesoro del dojo y no sé qué más. Yo iba a asentir con calma, pero entonces noté cómo uno de ellos, el que parecía llamarse Gerry, empezó a mirarme demasiado… abajo. Me quedé un momento en silencio, levantando una ceja, mientras él casi babeaba y su compañero lo callaba como podía. “Oh no, aquí vamos”, pensé, rascándome la nuca con incomodidad. Es raro… Nunca me habían mirado con tanto.... deseo sexual. Y menos viniendo de un hombre..... ¿Eso es un hombre, verdad?

Miré de reojo a Uker y Maki. Sabía que Uker quería escuchar mi decisión antes de comprometerse, y que Maki ya se veía venir que yo aceptaría. No iba a negarlo: necesitábamos dinero, y esta parecía una oportunidad que el destino nos ponía en bandeja. Además, después de tantos entrenamientos de navegación sin grandes resultados, no me vendría mal un cambio de aire, algo que pusiera a prueba nuestras fuerzas fuera del barco.

Así que me incorporé de nuevo, dejando que mi sombra cubriera a los dos okamas mientras me rascaba la barba con calma. —Está bien. Les ayudaremos a recuperar su cinturón… pero quiero que me prometan dos cosas: Primero, que nos recompensarán bien por el trabajo. Y segundo…— Me incliné un poco hacia Gerry, clavándole la mirada con seriedad —Dejarás de mirarme como si fuera un plato apetitoso. Porque me estas poniendo de nervios con tus baboseadas.—
#5
Jerry y Gerry se miraron entre sí, emocionados por la aceptación del gigante. Jerry fue el primero en reaccionar, dando un salto corto que hizo sonar las tablas del patio trasero.

-¡Sabía que no nos fallaríais! -Exclamó con ojos brillantes, y enseguida se inclinó teatralmente hacia los tres. -Descuida, Gerry puede comerte con la mirada, pero no te hincará el diente mientras yo esté aquí. Por favor, seguidnos. Os llevaremos a nuestro Dojo y allí os explicaremos todo con detenimiento.

Gerry, en cambio, no apartaba todavía la vista de Thrym, hasta que recibió un codazo oportuno de su compañero. Carraspeó y levantó la barbilla, como si nada hubiera pasado.

-Sí, sí… Venid. Pero me temo que el gigante tendrá que esperar fuera. El dojo no está preparado para… Tamaños tan descomunales. -Dijo, tragando saliva y reprimiendo una sonrisa maliciosa.

El camino hacia el interior del dojo fue corto: apenas unos cincuenta pasos de piedra blanca desde el patio trasero hasta el corredor principal. El edificio crujía suavemente con cada ráfaga de viento, y las campanas colgadas en el alero tintineaban a intervalos. Una vez dentro, los protagonistas notaron que el ambiente cambiaba, pues a pesar de la estrambótica apariencia, allí reinaba un silencio solemne, interrumpido apenas por el golpeteo de algún aprendiz practicando katas en los salones laterales.

Thrym, por su parte, se quedó en el jardín exterior, un espacio de unos veinticinco metros de ancho, con estanques llenos de carpas doradas, ciruelos en flor y un sendero de grava blanca que rodeaba el tatami central. El gigante tendría que agacharse para mirar a través de las puertas correderas, donde sus compañeros podrían entrar junto a los dos okamas.

En la sala de entrenamiento, Jerry y Gerry se detuvieron. El tatami se extendía luminoso bajo los ventanales, y el retrato del Maestro Okama observaba desde la pared más lejana sin perder detalle con la mirada. Los dos anfitriones dieron un par de pasos al frente, preparándose para explicar, pero en ese instante, un joven aprendiz irrumpió desde el pasillo lateral, jadeando.

-¡Jerry! ¡Gerry! -Gritó, inclinándose sobre las rodillas para recuperar el aliento. -¡Ya sabemos lo que ocurrió con el cinturón!

Los ojos de los dos okamas se abrieron de par en par, al igual que sus bocas por el asombro.

-¡¿Dónde está?! -Exclamó Jerry, con voz entrecortada.

El aprendiz levantó la cabeza, empapado en sudor.

-Lo robó… ¡Lo robó Kitsui! -A juzgar por sus reacciones, parecía ser uno de los más fuertes entre los aprendices. El joven comentó como algunos novatos lo habían visto tomarlo con sus propios ojos, y explicaron cómo lo tomó del altar y huyó hacia el bosque.

Un silencio pesado invadió la sala. Gerry apretó los dientes y murmuró con rabia:

-Ese maldito… Siempre quiso probar que estaba por encima de nosotros.

El aprendiz, temblando, añadió algo más de vital importancia.

-¿Qué haremos ahora? Las normas del dojo… Ya sabéis… Nos prohíben enfrentarnos de verdad entre alumnos. No podemos levantar un duelo serio contra él sin ser castigados...

Entonces, Jerry y Gerry se giraron hacia los protagonistas. Jerry tomó la palabra, con un tono mucho más solemne que antes, pues ahora realmente os necesitaban.

-Necesitamos que vosotros lo persigáis y lo traigáis de vuelta. Por supuesto, os recompensaremos generosamente por la ayuda prestada. Pero… -Hizo una pausa dramática, juntando las manos. -Antes debemos asegurarnos de que sois capaces de mediros con Kitsui, es uno de los aprendices más aventajados del Dojo.

Gerry sonrió de oreja a oreja, chasqueando la lengua mientras se estiraba los brazos.

-Exacto… No podemos mandar a cualquiera tras Kitsui. Él no es solo fuerte, también es rápido, astuto y no tendrá piedad. Si queréis ayudarnos, ¡tendréis que demostrar que sois capaces de hacerlo, superando primero nuestra prueba!

Ambos se levantaron y caminaron hasta bajar del tatami, habiendo tomado previamente algo de equipo que pronto usarían, y saliendo al jardín donde el gigante esperaba. Normalmente habrían peleado dentro, pero dado su tamaño, era altamente inviable hacerlo. Entonces, ambos finalmente llegaron al otro extremo del jardín, colocándose en guardia. El silencio se rompió con el eco de sus pies descalzos sobre la hierba seca.

Jerry, serio por primera vez, señaló a Uker y Maki, luego levantó la vista hacia donde la sombra del gigante se proyectaba tapando el sol. En su mano izquierda llevaba un enorme escudo con forma de corazón, de color rosa.

-¡Os retamos a un combate de entrenamiento! Si lográis resistir y probarnos vuestra fuerza, os confiaremos la misión de recuperar el cinturón.

Gerry, por su parte, no pudo resistirse a añadir un guiño hacia Thrym, aun sabiendo que él podría ponerse violento. ¿Tal vez eso le gustaba?  

-Aunque el gigante seguramente dé la talla, no me fío de la parejita. ¿Estáis listos para bailar con nosotros? -Tras decir aquello, se crujió los nudillos a través de sus guantes de combate, emocionado visiblemente.

El aire se tensó. El sonido del viento en las banderas exteriores parecía marcar el inicio de un desafío inevitable si queríais aceptar el trabajo. Una dura prueba estaba por comenzar.

Off
#6
La decisión había sido tomada, y no hubo quejas por parte de Uker sobre el tema. Le pareció extraño que estén tan agradecidos por el simple hecho de haberse interesado por ayudarlos, pero eso le decía que lo que necesitaban era muy importante, o muy difícil. Ninguna de las opciones lo dejaba tranquilo, ponerse a ayudar a otras personas no estaba en su manera de hacer las cosas, no los conocía ni les importaba, pero necesitaban con urgencia dinero o recursos.

Fueron transportados dentro del dojo al que esos dos hombres parecían pertenecer. El ambiente dentro de la estructura era pacifico, mucho más de lo que esperaba de un dojo donde se practica un arte marcial, pero podía escuchar las prácticas de algunos aprendices que no reparaban en acercarse a ellos. Thrym debía quedarse fuera, tal vez incluso se perdería la explicación, por lo que el muchacho suspiró y cambió su actitud, intentando no perder detalle de su alrededor y de la explicación dada. - Bueno, ese cuadro si da miedo -. Dijo al ver el retrato de lo que suponía era un maestro del dojo. La propia pintura parecía seguirlo con la mirada mientras ambos piratas se adentraban en el lugar.

Esperaba poder escuchar por fin la explicación de lo que debían hacer, pero fue en ese momento que alguien los interrumpió. El recién llegado nombró un cinturón, y ambos hombres que les habían pedido ayuda parecieron sorprenderse ante la revelación, pero no tanto como cuando escucharon el nombre del ladrón. Por lo poco que entendía, el cinturón parecía ser algo sagrado o importante para los del dojo, y ese aprendiz del que hablaban no podía ser poca cosa. El pelinegro echó una mirada a Maki, sabía bien que el combate la llamaba más que ninguna cosa, y creía estar seguro de que se lanzaría contra ese tipo en el momento en el que lo vieran. - Supongo que… tiene sentido… -.

Las reglas que prohíben combates entre compañeros siempre generaban estos problemas. Si tan solo no existieran, podrían ir cada uno de los estudiantes de ese dojo y darle una paliza al ladrón, pero sus propias leyes se lo impedían. ¿Y qué pasaría si ellos no superaban la prueba? ¿Simplemente iban a esperar que otras personas lleguen? No le parecía lo más inteligente. Pero bueno, si eso iba a darles lo que buscaban, pues sólo debía considerarlo como un trabajo.

Fueron llevados al jardín, donde nuevamente se encontraron con Thrym. - Ey, parece que quieren probarnos en combate. ¿Qué dices? -. Sus palabras no fueron una invitación hacia el gigante, por mucho que sonaran así. Tenía en mente que la fuerza de una criatura de ese tamaño muy seguramente podría superar lo que ellos tenían pensado ponerles en frente, pero seguramente querían ver el potencial de los dos humanos.

No se equivocó, pues uno de los hombres aclaró que justamente no confiaba en la fuerza de la… ¿pareja? ¿Eso eran? Bueno, no iba a dejar que sus dudas sobre sus relaciones lo hicieran olvidar el objetivo. Suspiró y desenvainó su espada,  sosteniéndola con ambas manos y colocándose en posición de combate. No iba a ser el que lanzara el primer golpe, estaba seguro que Maki querría tener ese honor y no iba a estorbarle, pero se aseguraría de ver bien cada acción y movimiento del combate. - Bueno, empecemos entonces -.
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#7
El par de Okamas eran alegre y eso le agradaba, aunque no tanto como para emocionarse como los propios hombres. Los saltos, la alegría, le gustaba pasarlo bien pero no era una chica tan efusiva. No al menos como ellos. Era un tanto fría sobre todo con la gente extraña. Cuando entro al dojo lo sintió. Un ambiente silencioso y calmado, lleno de una paz y fuerza que sintió podría ser la cuna del poder oculto detrás de una máscara de ridiculez y de poca seriedad que podría engañar a todos.

Absolutamente cada uno de los detalles de la decoración estaba cuidadosamente trabajados, tanto que cuando entraron se maravilló con los colores los detalles y el ambiente su rostro viajo y surco el viento absorbiendo la belleza de todo el dojo. Había en un lugar de honor la imagen del maestro de los dos. —Que hermoso lugar llevan. Es todo muy hermoso déjenme decirles.— Le dijo al par mientras recorrían el tatami al lado de los grandes ventanales. Maki caminaba de un lado a otro como una mariposa mirando todo alrededor, dejando que Uker se encargase de ver los detalles del encargo. Caminaba decidida y divertida con las manos atrás con pasos erráticos y vista juguetona pero todo lo interrumpió un nuevo alumno del dojo informando que al parecer tenía información de aquello que habían perdido.

Fue entonces que rápidamente dando saltitos graciosos se adelantó al grupo y escucho atentamente la información. Aguzando los ojos cuando escucho el nombre… Kitsui. ¿Debía recordarlo? Nah, no era importante mientras sus compañeros lo hicieran, a ella solo debían decirle a quien partirle la cara y lo haría como el relámpago. Al menos no era una misión par investigar o gastar recursos en reunir información. Parecía que conocían y sabían donde encontrar a este “ladrón”, era una ventaja al menos.

—Una prueba… no basta con ver que vamos con un gigante capaz de partir cráneos como uvas en sus rodillas?... bien, podemos aun así demostrar que somos capaces. Es más, nos servirá para practicar un poco… no Cariño?.— Se apoyo sobre el hombro de Uker con una mano cruzando sus pies de pie después de mencionar y apuntar con su pulgar al pelirrojo gigante que les acompañaba. —Supongo que necesitan que les demostremos que somos capaces físicamente… típico de los hombres… desconfiar… aunque cambien de apariencia siguen siendo eso en esencia… espero no se ofendan.— se preparó ajustando sus guantes mientras acariciaba la empuñadura de su arma que descansaba en el cuerpo de su guitarra.

Sus armas… Maki entonces supo que sería una práctica… por ello se quitó la guitarra y decidió… pelear sin aquello que podría llegar a ser mortal, decidió usar su fuerza. Pura y bruta y esperaba no tener que lastimar de verdad a este par que comenzaba a ser más agradable a sus ojos. Sin embargo. Necesitaban provisiones y dinero.

Ese escudo parecía ser muy fuerte. Debería golpear con todas sus fuerzas si deseaba pasar o destruir sus defensas. Y claro la habilidad de los alumnos no era algo que nunca debían subestimar. Había visto antes a su amado pelear por su vida y aunque era hábil y eficaz, era algo inseguro. Estaba segura, aunque no le preguntase nunca. Que no había nunca matado a nadie. No era un mal dato, pero eso podría ser contraproducente en una situación de peligro

—La parejita podría sorprenderos mis queridos contratantes. Esto es innecesario, somos un dúo de temer, hemos peleado con marines, Yakuzas y hemos robado barcos sin sudar una gota…— Maki paseo por una cicatriz de su pierna. Aunque estaba cubierta de cicatrices, cada una de ellas posteriores cicatrices tendrían una historia. Ya deseaba tener la marca de esta aventura en su piel.

Se adelanto sobre Uker y sus ojos relampaguearon con una especie de fulgor creciente en su interior… Choco ambos puños uno con otro y resonó un guante de acero que portaba como forma de ataque secundaria… Maki sabia que era una practica así que le hizo un movimiento de cabeza a su amado Uker para que tomase un arma con filo roma del estante del dojo. Lo que menos querían era cortarle una mano a Jerry o Gerry imaginaba que Thrym usaría sus manos desnuda s si es que no usaba un jodido tren de vapor como nunchacos. —Espero que no sean muy buenos o me vere obligada a destruir este dojo… en guardia!!— Aunque Maki era totalmente beligerante y la más volátil del grupito nunca daba el primer golpe. Debía recordar evitar puntos vitales. Ojos, garganta, riñón rodillas y todo daño permanente. Quería pelear juego de pies? o puñetazos?
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#8
El dojo era bonito, no lo voy a negar. Lleno de jardines cuidados, árboles en flor y esos estanques con peces gordos que se veían demasiado sabrosos como para dejarlos ahí de adorno. Claro, yo no pude entrar, ya me lo habían dicho los okamas: “el gigante se queda afuera”. Y tenían razón, si daba un paso en ese corredor de bambú probablemente se vendría abajo con todo y discípulos. Así que me senté en el jardín exterior, apoyando la espalda contra una de las paredes del jardín que se doblaba como si estuviera sosteniendo el cielo entero. Desde ahí incliné la cabeza para mirar por la puerta corrediza, solo un ojo mío asomándose curioso. La vista no era la mejor, pero en mi cabeza ya me sentía parte de la charla. Un pobre aprendiz pasó justo delante de la puerta, levantó la vista y lo primero que vio fue mi ojo del tamaño de un plato sopero mirándolo fijo. El grito que pegó me hizo hasta dar un brinco. No fui capaz de decir nada, el pobre aprendiz ya estaba bastante lejos corriendo despavorido.

Al rato, escuché movimiento más serio. Los pasos de Maki y Uker sonaban distintos, más firmes, y cuando salieron junto con los dos okamas, pude ver que iban armados. Maki con esos guantes que hacen eco cuando choca los puños y Uker con su katana lista, aunque me fijé bien y parecía buscar un filo más romo del dojo. Yo arqueé una ceja, sin entender del todo qué estaba pasando. —¿Alguien me quiere explicar?— Pregunté, apoyando el codo sobre la rodilla y la barbilla en la mano, como un niño curioso. Fue Uker quien se tomó la molestia de aclarar la situación: un entrenamiento, una prueba para demostrar que podían encargarse de la misión del cinturón.

Al principio me pareció innecesario, pero tampoco iba a negarlo… no los había visto pelear juntos como un equipo, y si queríamos funcionar como tripulación, yo también debía confiar en ellos. Así que asentí despacio, con un gesto serio. —Bueno, está bien. Veamos de qué son capaces—. Mi voz resonó más grave de lo normal, quizás porque quería darles esa seguridad de que los estaba respaldando.

Eso sí, cortésmente levanté ambas manos y rechacé participar yo. —Con todo respeto, si me meto en este jardín lo parto en dos. No quiero tener que pagarles la reconstrucción del dojo, ni tampoco terminar cargándolos en camilla—. Lo dije con una sonrisa amplia, tratando de suavizar lo que en realidad era cierto: mi tamaño no ayudaba en un combate de práctica. —Así que me quedaré aquí, a un costado. Observaré y, si la cosa se pone demasiado intensa, intervendré. Pero por ahora quiero ver hasta dónde llegan ustedes—.

Me recosté como pude en el suelo, mientras mis piernas se extendían ocupando casi todo el sendero de grava. Desde ahí tenía una vista perfecta del jardín, y aunque no me movía, mi sombra seguía cubriendo parte del tatami exterior. Con los brazos cruzados, miré a mis dos compañeros prepararse para el enfrentamiento. Para mí, aquello no solo era una prueba de los okamas: también era una manera de que yo, como vicecapitán, midiera a los míos.

—Vamos, parejita… muéstrenme que puedo confiar en ustedes cuando el mar se ponga feo— Murmuré para mis adentros, con una mezcla de orgullo y curiosidad. Y entonces, con una sonrisa que se me escapó sin querer, añadí más fuerte: —¡No me decepcionen, que apuesto mi cena de esta noche a que ganan!—
#9
El jardín se llenó de tensión apenas Uker desenvainó su espada y Maki entrechocó los guantes de acero. Frente a ellos, Jerry y Gerry se habían colocado en guardia, moviéndose con la gracia de bailarines más que con la rigidez de guerreros.

Apenas tres metros separaban sendas parejas de baile, habían sido bastante osados acercándose hasta ese punto, cosa que hizo sonreír al dúo de aprendices del Okama Kenpo, mirándose con aprobación.

-Es una pena que el grandullón no vaya a participar, pero... -Comentó Gerry, viendo cómo el gigante se negaba a participar en la contienda.

-Estoy seguro de que seréis más que suficiente para darnos una buena pelea. -Concluyó Jerry, tratando de poner en valor a sus oponentes y de no subestimarlos, para que su compañero también tuviera la alerta alta.

En cuanto las parejas estuvieron claras y posicionadas, Jerry, con su enorme escudo en forma de corazón, avanzó primero. Avanzaba lento, pero firme, con una primera carrera donde cada paso hacía crujir la grava del sendero como si fuera un tambor marcando el ritmo del combate. Se lanzó entonces en un salto directo contra Uker, buscando empujarlo con un embate de escudo, mientras la superficie rosa del mismo brillaba bajo el sol, lo suficientemente ancha como para bloquear medio horizonte.

Gerry, en cambio, prefirió una aproximación más indirecta. Flexionó las rodillas y salió disparado hacia Maki con la velocidad de un resorte liberado. Su estilo era diferente, más ágil y juguetón, casi provocador. Dio una serie de fintas rápidas, amagando un golpe de izquierda, luego uno de derecha, solo para acabar girando sobre sí mismo y lanzar un puñetazo directo que buscaba golpear el costado derecho de la luchadora, para así medir la firmeza de su guardia.

El viento levantó pétalos de ciruelo que se interpusieron un instante en la visión de todos, como si el propio jardín quisiera presenciar la prueba. Desde su posición, Thrym veía claramente cómo ambos okamas no se guardaban nada, como sus movimientos eran fluidos, entrenados, y aprovechaban el conocimiento del terreno del dojo a su favor.

El combate apenas comenzaba, pero ya estaba claro que la prueba sería dura, pues los okamas habían atacado sin reservas, como si quisieran arrancarles a los piratas la verdad de su fuerza en el primer choque.

-¡A ver de qué estáis hechos! -Gritó Jerry, redoblando la embestida.

-¡Bailemos, bellezas! -Añadió Gerry, girando sobre un pie con gracia felina.

El aire del jardín vibraba con cada choque. El verdadero examen había empezado.



Off

#10
La sonrisa de Maki fue esbozada instantáneamente, amaba la pelea, algo intrínseco y místico en ella, su espíritu navegaba plácidamente en un mar embravecido cuando recibía y daba golpes contra alguien que le retaba y no soportaba rechazar un desafío de cualquier tipo. Bajó instintivamente su centro de gravedad de manera inmediata y sus manos empuñadas se movieron una a la altura de su rostro y la otra protegiendo su corazón. Sus guantes brillaron a la luz del sol y era la trampa, Maki y su estilo era de distracción y engaños. Y tenia muchas cartas bajo la manga para sorprender quizás a los Okamas.

Calculo tres deslizamientos para alcanzar a sus objetivos. —No se preocupen por él, solo es peligroso si eres un cubo de pollo frito. Por ahora preocúpense de mis puños…— Mintió Maki y bajo un poco más su centro de gravedad para esperar el momento justo del ataque, les había concedido el primer golpe a los adversarios y sabía que serían duros, se veían raros, desviados pero sabia reconocer a un artista marcial duro cuando lo veía. —Sean gentiles…— Sonrió mientras vio el relampagueo de los músculos de ambos hombres

Los movimientos de ambos fueron rápidos, mucho más de los que hubiera querido… apretó los dientes, rugió y vio como si fuera un relámpago uno de ellos… Larry o Kerry, no recordaba sus nombres… el del escudo. Se lanzaba contra su amado Uker… quiso reaccionar, pero no pudo porque tenía sus propios problemas el otro con sus puños le enfrentaba… Ella intento minimizar el golpe que se lanzo en un parpadeo saltando hacia atrás para recibirlo y no solo eso las fintas eran demasiado rápidas. El giro fue repentino y brutal

El dolor vino repentino, punzante y frio… Maki rugió una queja maldecida mientras sentía la furia de los puños del estudiante, sus huesos musicalizaron la sinfonía del dolor que sentía. y Aguantó, medio giró y aparentemente la tirarían al suelo, pero era solo un truco… el verdadero poder de Maki era patear como una mula. Toco el suelo con una mano y después con la otra y girando casi de cabeza emergieron escamas y una larguísima cola reptiliana, verde y poderosa, sus garras emergieron verdes y afiladas, y con toda su fuerza acumulada lanzo una serie de patadas para golpearle la cabeza al aprendiz y después la siguiente con fuerza para hacerle caer frente así y con el mismo impulso saltar hacia atrás y guardar distancia media, solo mantenerse a no más de un par de metros… necesitaba aprovechar su fuerza. 

[Imagen: Maki-Gauntlet.jpg]

Maki se agacho tan bajo que aprecia un verdadero reptil, abrió sus mandíbulas y parecía estar a punto de saltar contra el “enemigo” —Vamos vamos… haz que valga la pena mostrarte esta forma… una que odio… Vamos!!! Necesitas mas fulgor para quemarme! — La lengua viperina de Maki salió y se movió amenazante contra los Okamas. Quería con todas sus fuerzas ver a su amado, pero no podía distraerse.

Contenido Oculto
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 670 - 104 = 566
Energia: 658 - 30 = 628
Espiritu: 279 + 0 = 279


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