¡La rule, la rule! - Priv.Jin [Pasado]
#1
23:30
Isla Karate
Casino "La patada de la suerte"
20cº
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-¡Estas tragaperras están rotísimas! ¡Ni hizo falta trucarla, esto es la polla!-

Entre el bullicio se opacaba el alarido de un joven pelirrojo ruidoso que, como un adicto total a la dopamina, las lucecitas y los colores, movía una palanca de manija redonda y palo mecánico donde tres ruedas ponían diferentes caracteres que coincidían una y otra vez -¡JU-JÚUUUUUUU! ¡ME VUELVO LOCO!- alzaba sus brazos hacia el cielo, apretando los puños y agitándolos mientras cerraba los ojos con una expresión envuelta en el placer y los estímulos provocados por esa sensación en el centro del pecho de tener al azar siempre de su lado.

La Isla Karate, tal vez, no era un lugar especialmente destinado a personas amantes de las apuestas, pero una cosa es segura: Alguien tiene que cubrir esos deseos e impulsos adictivos que todos y cada uno tenemos. Si hay una necesidad, hay un mercado para ello, ¿Y qué mejor que comercializar con la ludopatía? Hasta el más disciplinado de los maestros de artes marciales, de vez en cuando, se tiran una rule...o dos.

Owen llevaba alrededor de tres horas allí. Estaba en el ojo de mira de la Marina desde hacía ya semanas debido a ser un individuo altamente molesto, pero no verdaderamente peligroso. Los dueños del casino, atentos, no le quitaban el ojo de encima a la espera de que se mande "una de las suyas" e, inmediatamente, meterle una patada en el culo que lo haga volar tres metros sobre el cielo pero, más allá de ser igual de ruidoso que todos los presentes allí, no estaba causando mayores inconvenientes. Es más, estaba generando mucho movimiento y personas que veían justo detrás de él cómo, a cada giro que daba de aquella máquina tragamonedas, caían cascadas de fichas que posteriormente deberían poder ser cambiadas por Berries...¿No? ¿¡No!? -¡Miren! ¡Miren cómo mola!- Algunas de las mismas, inclusive, comenzaban a caer por fuera de la cestita metálica que las sostenía inicialmente por el rebote, junto con aquel repiqueteo perpetuo que...bueno, debido a estar tan inmenso por los estímulos, no darse cuenta que, para un casino, "no existe peor cliente que el que gana".

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-¡Joder, finalmente podré tener mi propio barco con juegos de azar, y mujerzuelas!-

Nada más alejado de la realidad, Owen.
#2

Un golpe. Dos. Tres.

—Jefe.

No había silencio, solo sonidos de respiración, incluso algún que otro golpe en el interior de una puerta VIP privada. Una vez más, tres toques. —Jefe.

—Estoy ocupado. — su voz, grave, seria, autoritaria, ahora se hacía notar incluso más, en el instante que un impacto resonaba en la puerta. Pese a ello, no sonaba para nada alterado, sino calmado, lejos de una respiración algo agitada.

—Lo siento jefe. Es sobre… el mercader.

Silencio. Chasqueó la lengua. Su camisa estaba desabrochada, el sudor perlando su frente y, frente a él, una de las mujeres que se agarraba firmemente a la puerta, con la mejilla pegada en la misma puerta por la que él mismo la había impactado buscando un momento más salvaje. La tomó sin cuidado del cabello, apartándola y comenzó a reacomodarse los pantalones, pasando su mano por el cabello. No solo eso, retiró también el cigarro con su mano derecha, mientras la mujer velozmente trataba de encontrar su ropa y sopló el humo de sus pulmones, mirando directamente a la puerta.

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—Que no salga.

—Sí, jefe. — pasos fueron a toda velocidad alejándose, mientras se reacomodaba los botones de su camisa. Tomó una toalla que había a un lado del sofá, pasándoselo por el rostro para retirar los restos de sudor y entró en la ducha para poder sentirse limpio. No fueron más de diez minutos, en los que pudo volver a salir con un mejor aspecto, más acorde a lo que buscaba, y salir al fin del interior del VIP.


No prestó atención en si la mujer seguía o no allí, le resultó completamente irrelevante, solo pensó que, por esa vez, omitiría su corbata. La interrupción era algo que lo molestaba, pero por encima de aquello, estaban los negocios. Si era la persona de la que había oído, su interés había despertado. Escuchó rumores, por supuesto, no conocía qué tan ciertos eran. Sí había escuchado de los trabajadores de ese mismo casino que había provocado más de un problema, nada fuera de lo normal en la vida del varón adulto, quien estaba más que habituado en clientes problemáticos y, por supuesto, “encargarse” de ellos. Sus pasos eran firmes, pausados, calmados, paseando por el pasillo colorido en un tono rojizo, con una iluminación más tenue, hasta alcanzar la zona de juegos.

No fue difícil encontrar al tan famoso alborotador, quien había logrado reunir varias personas en un solo punto. La reacción de Jin fue arquear una ceja, con curiosidad ya que, al menos por el momento, no sabía qué era lo que había estado pasando. Lo que sí pudo ver fue otra cosa; más clientes entrando, por interés, o quizás por lo que fuera que estaba haciendo el mercader. Su sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios. Cuando se dibujó, los hombres que lo acompañaron comenzaron a tragar saliva, pero supieron qué hacer. Se adelantaron a él, haciendo paso, empujando a la gente que se estaba reuniendo, logrando así facilitar el paso del yakuza hasta la zona de las tragaperras. La mayoría lo reconocía y ni siquiera hubo una sola queja a su alrededor, hasta que se posicionó justo detrás del joven, viendo su “buena racha”. Conocía bien ese tipo de juegos, tan engañosos, tan esperables… Pero no buscaba eso.

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—Veo que te lo estás pasando bien.

Su voz, en un tono grave y profundo, sonó en el oído del contrario, desde detrás de él. Su sonrisa no se había borrado todavía, mientras los ojos pálidos del varón se volvían al joven. —Owen Yang, me gustaría hablar en privado. — esta vez, su tono se volvió más autoritario, elevando su espalda. Sus manos se mantenían en los bolsillos, esperando cualquier reacción. Porque, por supuesto, antes de presentarse ante él, ya sabía quién era y... por qué estaba allí. Las adicciones eran tan predecibles... —No se preocupe, solo será una pequeña charla.
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#3
La inmersión dentro del juego mantenía los focos encima del pelirrojo que, desgraciadamente, tenía un arte inusual por querer llamar la atención tanto para bien como para mal. Incluso, aunque esta vez no era exactamente su culpa, la multitud decidía apelotonarse detrás de él, sedientos de usar aquella máquina que no paraba de escupir monedas como si se tratase de un grifo abierto -¡Y VENGA OTRA! ¡Y OTRAAA!- exclamaba con fuerzas, mientras los "777" y los simbolitos coincidían de tres en tres constantemente. Parecía casi irreal, demasiado forzado para ser normal. Owen estaba demasiado absorto en el deleite dopaminesco donde las lucecitas y los ruiditos eran los protagonistas, había perdido hasta el sentido de su propia corporeidad debido a volverse uno con los dibujitos que aparecían una y otra vez. Sus pupilas, dilatadas, sus ojos, secos por falta de pestañeo, sus escleróticas irritadísimas de estar tan pegado a la pantalla. ¿Qué importaba? La maquinita no paraba, y la sinapsis neuronal del muchacho, por primera vez, estaba explotando a todos los niveles.

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-¡UNA RONDA DE RON PARA TODOS LOS PRESENTES! ¡PAPÁ INVITA!-
¡YEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEH!

El público detrás de él, enloquecido, vitoreaba y demostraba la alegría que le daba compartir la dicha de aquel muchachito que parecía tener el mundo en sus manos. Se abrazaban, algunos incluso lloraban, parecía una escena tan surrealista sacada de la peor sitcom.

—Veo que te lo estás pasando bien.
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-¡JODER QUE SUSTO!-

Su inmersión, casi que automáticamente, se rompió en una voz tan grave como poderosa. Refinada, elegante, una que retumbó por dentro del conducto auditivo hasta hacerle vibrar por completo la cabeza. En cuanto se giró y dirigió la mirada directamente sobre el responsable del susto, pudo observar a un hombre corpulento, un poco más alto que él y con una apariencia demasiado conocida por el joven Owen -...Coño, este tipo es un pez gordo.- después de años siendo un ratero, trabajado para ciertos sectores criminales y haber sido un terrorista relativamente conocido en su isla natal, los patrones eran demasiado claros. El tono autoritario, el escaneo visual que el joven pelirrojo hizo en un solo instante hicieron que sus presentimientos fuesen incluso más obvios de los que ya lo eran para él. El rostro del muchacho, del más profundo éxtasis, pasó a tener que utilizar su más grande y dotada habilidad; Una que lleva milenios puliendo y que, definitivamente, demostraba un nivel de suspicacia e inteligencia que solo un individuo de sus increíbles capacidades sería capaz de poder hacer.

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-Mi nombre es Uker Rackham, no Owen Yang. ¿Qué te pasa?-
Mentir.

-Me contaron sobre ese tal Open, Oled, como se llame. Uno bien sexy, pero no soy él.- y, volteándose nuevamente al girar la silla, decidió proseguir jugando a sabiendas de que la cosa, claramente, iba a empezar a caldearse para mal -Me estás quitando la suerte macho, ¿Te puedes ir y yo sigo haciéndome rico?- y mientras decía todo esto, Owen aprovechaba para tapar el montón de fichas y comenzar, con su mano libre, a guardárselas en los bolsillos del pantalón y la chaqueta a una velocidad casi criminal, con la destreza que tanto lo caracteriza. El repiqueteo de las mismas se veía opacado por la caída de muchas más que, a modo de cascada, se volcaban sin control sobre el dorso de su palma -Necesito llevarme todas las fichas que pueda y las cambio otro día. Necesito un poco de tiempo antes de que me la líen duro.-

Karma (?)
#4
Sus ojos, afilados y cargados de una amenaza silenciosa, ahora descendieron hasta el joven. Estaba cargado de calma, sin impaciencia, como si lo tuviera todo bajo control. Quizás así fuera. La sonrisa de hecho se desvaneció en el instante que mencionó a un individuo; Uker Rackham. Bien, estaba mintiendo. De no haber sido por el encuentro previo que había tenido que tener, probablemente habría caído, creyendo que era ese cobarde.

Retiró una de sus manos, la izquierda, de su bolsillo y la colocó en el hombro ajeno, acercando ahora su rostro hasta él, hablando en un tono mucho más bajo, más calmado, pero que ahora sí era capaz de hacer temblar al hombre más duro.

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—Si fueras ese cobarde cocinero, ahora mismo estarías siendo ejecutado.

Amenaza directa, sin un solo atisbo de duda. —Así que te recomiendo que me sigas, si no quieres que se haga realidad. Aprovecha que estoy de buen humor. — elevó de nuevo su cuerpo, de nuevo. Había procurado que solo él lo escuchara. ¿Lo gracioso? Es que gracias a su afilado sentido acústico podía escuchar el repiqueteo, muy leve y suave, de las monedas en el ajeno. No, no era capaz de verlo, pero sí sabía qué estaba haciendo con el sonido. Pese a ello, solo retiró una cajetilla de tabaco, sacando un cigarrillo y una mano se acercó a él, con uno de los mecheros abriéndose. Jin solo volteó la mirada, con calma, viendo que era uno de sus hombres. Encendió el cigarrillo.

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—Si lo que necesitas es que no te quite esas monedas, llegaremos a un trato.

El humo comenzó a volar en el aire. Lo hizo sutilmente, dejándole a entender que sabía lo que estaba haciendo, sin que nadie más que ellos dos lo comprendiera, o los problemas serían mayores. Quizás sus hombres se le lanzarían encima, quizás otros podrían verlo hacer el cambio. —Solo quiero hablar de negocios. Entre tú y yo. Dejaré a mis hombres fuera de esto si eres un buen chico, no me mientes, no robas y hablamos. — sus ojos volvieron de nuevo a Owen, afilados, sin temor, con calma. —He escuchado rumores de ti… rumores que me gustaría poder conversar… Y me agrada la gente que molesta a la Marina. — Le daría ahora el beneficio de poder pensar mejor sus acciones. Si intentaba huir, no había problema alguno. No solo por sus reflejos, sus hombres ya habían rodeado por completo todo el casino. Tenía experiencia en ese tipo de escapadas gracias a los deudores de los que se encargaba. 

Karma
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#5

—Si fueras ese cobarde cocinero, ahora mismo estarías siendo ejecutado.
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-Coño de la madre...sabe quién es.-

Muchas veces hemos mencionado que, pese a que Owen tenga cierto problema con el juego y sea los vicios humanos condensados en un tierno y destartalado muchacho, lo cierto es que no gozaba de muy buena suerte. Podría haber dicho cualquier nombre que se le haya pasado por la cabeza, pero, oh sorpresa, justo mencionó a uno de los piratas que conoció varios días atrás ya que fue el primer nombre que se le había pasado por la cabeza. Le tensión podía cortarse con un cuchillo en el simple instante en que las palabras del sospechosísimo sujeto habían resonado. Estaba preocupado, sí, pero más que nada porque sabía que aquello iba a terminar en una confrontación que lo haría mucho más buscado de lo que ya lo estaba siendo en ese instante.

No solamente la confrontación parecía inevitable, sino, que la expresión preocupada del muchacho se volvió evidentemente frustrada, agobiada y hasta sarcástica, arqueando una ceja mientras uno de sus párpados pestañeaba a velocidad nerviosa. No quería sumarle un cero a su Wanted si es que tenía uno, pero no iba a permitir ser capturado, aprisionado y retenido hasta derrocar el reinado de aquella isla del terror que sometió y somete a todo su pueblo...y madre. La mano que sostenía la palanca que bajaba una y otra vez de forma violenta se deslizó como si hubiese perdido el control de la misma, moviéndose como un péndulo. La otra que parecía estar cubriendo las monedas y haciendo movimientos con ellas para guardarlas, se detuvo, viéndose un último gesto de muñeca hacia abajo, como si soltase las pocas fichas que atrapaba entre sus dedos a excepción de una. Todos los presentes que observaban la situación con tremenda preocupación empezaban a sacar sus propias conclusiones, cuchicheando y susurrando, haciendo que el "seseo" de sus palabras se acentúe entre el barullo y la música casinesca: "¿Será el seguridad del casino?", "Seguro que el pibe la lió en otro lado y lo están buscando", "En cuanto lo saquen lo apretamos y le robamos todo", "Si no me invitan mi licor al final te juro que voy a gritar" -Vale, vale. Me atrapaste.- Lenta y perezosamente abandonó la máquina tragaperras mientras llevaba su dedo meñique de la mano izquierda hacia el agujero de su oreja, rascándoselo en un poco de demostración de desprecio al sujeto que había arruinado una suerte que así de fácil como vino, fácil se fue.

La voz grave y tremendamente fuerte de aquel sujeto hizo que Owen ni siquiera pudiese inmutarse; Él ya tenía suficientes problemas consigo mismo para tener algún tipo de temor a algo o a alguien y, siendo que no tiene prácticamente nada que perder más allá que su integridad física, simplemente se limitó a fruncir el ceño mientras mantenía un profundo y verdaderamente provocador contacto visual con el sujeto que le sacaba media cabeza exactamente delante de él -Hablemos de negocios, entonces.- contestó casi de forma automática, plantándole cara sin medir en lo más mínimo sus palabras y actitudes. Tal vez no todo estaba perdido, y sin más dilación, lo siguió hasta el lugar objetivo mientras escuchaba todo el resto de palabras que evidenciaban a este individuo como, probablemente, un alto funcionario, capo o jefe de alguna organización. Incluso, tal vez, podría pertenecer al propio casino, que sería hasta lo más lógico. El pelirrojo, al haber sido un ratero toda su vida, hizo volar sus iris en múltiples direcciones -...dos...tres...- y identificó fácilmente el patrón de vestimenta y porte de los que, muy probablemente, sean también parte de aquello a lo que el hombre atronador era su líder -...cuatro...puf, y los que vayan con otras ropas diferentes que no estoy viendo. Nah, olvídate.- y, rápidamente, sucumbió a su demanda.

Luego de llegar al destino elegido por el corpulento hombre, aquel radiante joven de cabellos rojos no dudó en cruzarse de brazos. Su rostro parecía el de un niño regañado delante del director de una escuela, pegando su espalda, ¡TAC!, con el sonido seco de la pared de lo que parecía ser una oficina de aspecto algo oscuro, no tenebrosa, pero sí mal iluminada a propósito.

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-Bueno, ¿Qué cojones quieres?-

Directo y agresivo como siempre, Owen pecaba de temerario. A veces, con una línea delgada y muy fina entre la estupidez y la valentía -Puedo escuchar desde aquí como todos esos zopencos se están pegando para usar la maquinita en la que estaba, me hiciste perderme de una millonada de pasta. Cuando la tragaperras está trucada y no fuiste tú, tienes que aprovechar a lo loco.- No estaba mintiendo, de hecho, habría sospechado que aquello era una trampa desde el principio si no fuese por sus intensos deseos de ludopatía latente. También, era cierto que parte de la seguridad del casino intentaba retener a todos aquellos que querían subirse en la silla de aquellos círculos en los que coincidía una y otra vez los valores máximos para obtener fichas...pero la historia, evidentemente, iba a viajar por otros rumbos -Se ve que tienes muchos contactos y sabes quién soy. Vendo lo que quieras, rápido, fácil, sin que nadie se entere.- Su faceta más seductora, más "comercial" empezaba a florecer con facilidad. Su ceño seguía fruncido, detestaba estar retenido en contra de su voluntad, pero su supervivencia era algo incluso más fuerte que el rechazo que le provocaba la situación. Incluso, una sonrisa picaresca afloró lentamente, mostrando sus dos largos caninos -No trafico niños ni mujeres, así que más te vale que no vayas por ahí.- Ya empezaba a emocionarse, y de un empujón, se quedó erguido mientras aún sus brazos se mantenían enredados -Puedo conseguirte en dos horas el mejor ron de todo el South Blue, cigarrillos de las fábricas ya extintas de Spider Miles, y si me dejas en paz rapidito te hago un treinta por ciento de descuento. ¿Te mola?-.

Owen hablaba completamente en serio pese a su rostro juguetón y desafiante, no podía sumarse más enemigos: La Marina, mercaderes y oficiales de la Isla Tamanegi y ahora el jefe de una posible organización criminal con un aura erótica/extraña que necesitaba saber cómo aplacar. Si decía que lo iba a conseguir en dos horas, es mentira, lo conseguiría en treinta minutos con tal de que le soltasen el brazo de una vez.
#6
No le hacía falta ver más para ver que lo había convencido. Por supuesto, escuchaba los cuchicheos de los que habían estado estorbando allí. Se incorporó con calma, colocando su espalda recta, retirando el cigarrillo de entre sus labios y soplando el humo desde los labios, con la misma calma inicial. Solo cuando aceptó ir con él se volteó a mirar al resto de las personas, manteniendo una de sus manos en el bolsillo tranquilamente.

—Les invito a todos a una ronda a cambio de que dejen de mirar, señoras y señores. — sus palabras sonaron con la misma calma con la que presenciaba su aspecto, mirando a uno de sus hombres quien inclinó educadamente la cabeza y, a continuación, al joven pelirrojo.

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—Y tú, acompáñame.

Podía percibir el análisis de su acompañante a medida que sus pasos lo iban guiando hasta donde, en un inicio, estaba él mismo. En ambos extremos de la puerta doble había un guardia, uno por cada lado quienes, al ver a Jin, inclinaron sus cabezas. —Bienvenido, jefe. — y abrieron las puertas, dejando pasar al hombre y al joven. Él entró con naturalidad, demostración de que estaba más que acostumbrado. Los sofás, asientos, mesas e incluso licores perfectamente alineados mostraban elegancia y lujo por todas partes. No contestó inmediatamente, solo se acercó a uno de sus asientos, mientras uno de los guardias cerraba la puerta tras de sí, entrando en el interior. Jin, por su parte, elevó la mano en la que sostenía su cigarrillo, haciendo una sacudida despreocupada, mirando al hombre. —Déjanos a solas.

—Sí señor. — pronunció el hombre, cerrando la puerta tras él en el momento que Jin acomodaba el cigarrillo entre sus labios una vez más. El lugar mantenía la baja iluminación, más después del desastre provocado que, mientras él no estaba, los limpiadores se habían encargado de arreglar y posiblemente de echar a la chica que previamente había estado allí. Su mano izquierda, la libre que ya había retirado del bolsillo, señaló el sofá elegante que se encontraba frente a él con la mano, manteniendo entre sus labios el cigarrillo.

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—Siéntese, señor Owen Yang.

Sus ojos se elevaron ante la valentía del muchacho. Dibujó una media sonrisa por su osadía. Mejor que no fuera un cobarde como aquel cocinero, le agradaba la gente sin pelos en la lengua y que no temblaran. Estaba clara su experiencia, justo lo que buscaba. ¿Lo mejor? Ya estaba dando a entender con más claridad que los rumores eran ciertos; tenía un problema con el juego. —No se preocupe, señor Owen. Ahora mismo, si sale por esa puerta, verá que esa misma máquina está generando pérdidas, las que no tendría si no me hubiera acompañado. En los juegos de azar, así funciona esto. — Primero la suerte, la fortuna del mejor, y luego, después de la captación del jugador, las pérdidas y el “volver a intentarlo”. Así funcionaba siempre. —Me gusta ver que es directo, claro y no tiene miedo, pero relájese. Los negocios no los realizo de forma gratuita. — acercó el cenicero que había en la mesa que separaba ambos sofás, donde él estaba sentado y donde había invitado a sentarse al otro. —Escuché que ha tenido algunos problemas con mis… clientes del casino. — no por nada lo contrataron para estar allí, por supuesto. Sus ojos, firmes y seguros, se elevaron nuevamente para fijarse en el rostro ajeno. —Podría evitar que lo expulsen de nuevo, incluso con su… bueno, afán de armar revuelo. O hacer la vista gorda en sus pequeñas trampas.

Retrocedió su cuerpo, acomodando su espalda en el asiento, cruzándose de brazos. La media sonrisa se iluminaba con mayor seguridad en sus labios. ¿Qué mejor que conocer la debilidad de alguien de primeras? Que había dónde jugar, pero eso vendría más adelante. Al menos, estaba claramente dispuesto. No había razón para rechazar esa oferta que le ofrecía. 

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—Bien, quiero saber si también eres capaz de manejar información si te la pido, o solo mercancía. Quizás podamos llegar a un mejor acuerdo así, señor Owen.
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#7
Debido a haber sido un malandro la mayoría de su vida, Owen había desarrollado un sexto sentido muy evidente para los malos tratos, las personas sospechosas y, más aún, para los momentos donde pudiese sentirse lo suficientemente vulnerable para poder contraatacar. Era un joven de pocas pulgas, bastante provocador y pendenciero, no se echaba atrás y jamás rechaza una confrontación, pero...también ha sabido, siempre, el cómo y de qué manera buscar preservar su integridad física hasta derrocar el gobierno tiránico en el cual vivió su madre y él desde que tiene uso de razón. Es tanta la rebeldía del muchacho que, incluso habiendo sido invitado a sentarse, el pelirrojo se quedó exactamente en donde estaba en un momento inicial: Brazos cruzados, pegado a la pared, a una distancia prudencial del hombre...aunque sabía que estaba arrinconado -Tsch. Les pidió que salieran pero varios estarán custodiando la salida. Era más fácil cuando estaban adentro.- y, efectivamente, estaba virtualmente de rehén.

—Escuché que ha tenido algunos problemas con mis… clientes del casino. —

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-No sé de qué me estás hablando.-

Owen escuchaba a medias las palabras del individuo que, evidentemente, buscaba amedrentarlo o, como mínimo, dejarlo sin posibilidades ante una situación donde no solamente buscaría tenerlo atado físicamente, sino, también de forma mental; Todavía no quería abandonar la Isla Karate ya que tenía unas redes de comercio, tráfico y manejo económico muy interesantes, las suficientes para quedarse un año, o dos, generar riqueza y salir disparado hacia Isla Tamanegi a cumplir con su misión de vida. Pese a que mantenía el contacto visual, el pelirrojo, esporádicamente, observaba la cicatriz lateral de su frente la cual desentonaba con aquel aspecto pulcro pero criminal, digno de un jefe matón -Este tío...es peligroso.- el ceño del muchacho, evidentemente, se frunció ante esto; Un jefe criminal cobarde suele estar fornido físicamente debido a la enorme cantidad de tiempo libre que posee. Suelen tener un aspecto tan niquelado, incluso, con la piel de un bronceado veraniego, que demuestran lo poco que verdaderamente se involucran "en sus asuntos" -Pálido...algo ojeroso...cicatriz en la cabeza...la cosa se ha complicado bastante.- rasgos en los que pensaba aquel muchacho tan observador que demostraban que, al menos este jefe criminal, iba a poner las cosas o más difíciles o más fáciles para el chico.

El silencio del lugar era atronador, solo invadido por el bullicio apagado en agudos como los que podrían escucharse en el baño de una discoteca del casino no muy lejos de la posición inicial donde ellos estaban. Se notaba en demasía que a este sujeto le encantaba el control, porque hablaba de cómo ayudarle a que "se haga la vista gorda en las pequeñas trampas de Owen", algo que despertó en el pelirrojo una expresión extrañada que, si bien no le quitó la fruncida de ceño, sí destacó su curiosidad latente al no entender bien qué era lo que el tipo quería de él.

Su mirada de ojos celeste brillante se clavó en aquellos orbes azul grisáceo. Algo le hacía sentir que estaba a punto de firmar un pacto con el diablo, pero...¿Qué opciones tiene? ¿Salir corriendo y que lo capturen? ¿Abalanzarse encima de un tipo que tiene toda la pinta de dejarlo inconsciente en tres segundos? Tenía que preservar su supervivencia, sí o sí, hasta que llegue el día prometido.

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-Mientras que no me involucres niños o mujeres, y sabes a qué mujeres me refiero, no me queda otra que decirte que sí.-

Owen era alguien que no tenía pelos en la lengua, tampoco era capaz de poder morderse la lengua por mucho tiempo. Mientras decía aquello y se rascaba la oreja intentando fingir desinterés, escupía sus verdaderos sentimientos -Además, ¿Qué opciones tengo? Tienes un equipo tan gigantesco que me podrían pintar los labios y venderme como "la Owensita" a cualquier rarito. Si te portas bien conmigo,- y, como conocía perfectamente cómo había que tratar en ese mundillo, una sonrisa desafiante y llena de confrontación apareció en el muchacho -yo me portaré bien contigo. Habrá que jugar el jueguecito de este tipo durante un tiempo, tal vez le pueda sacar algo de provecho.- y, finalmente aliviando las tensiones, dejó de tener sus brazos cruzados para aproximarse con un paso firme pero decidido hacia adelante, sin quitarle ni un milisegundo la mirada de encima al espeluznante jefe de banda.

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-Owen Yang, tío, un placer. Ahora sí.-

Y, estirando su brazo con la palma encorvada, buscaba estrechar la mano en un claro signo amistoso en el que, el muchacho, buscaba cierta complicidad. Incorporándose nuevamente y llevándose una de sus manos a la cintura, se lo vio ligeramente menos tenso de lo que lo estaba en un primer inicio. Para nada esto significaba que había bajado la guardia o que simplemente había olvidado el tema, en lo absoluto; Él simplemente estaba asumiendo las circunstancias en las que se encontraba momentáneamente -Para empezar, ¿Porqué tienes este lugar con este aspecto? ¿Tanto te gusta asustar a tus socios?- se mostraba pícaro, algo cómplice, con esa sonrisa tan marcada y tono burlón donde podían observarse sus colmillos más grandes que la media -¿Y de qué va la información que quieres que me lleve? Conozco a un grupo de pibes que mueven cosas a una velocidad demencial por ésta isla. Eso sí, no son baratos, pero...¿A qué te refieres con información?- ahora sí se mostró mucho más curioso, podía verse su actitud más adolescente e infantil casi de forma repentina, demostrando que toda esa actitud tan cerrada y algo arisca es un método de defensa clásico ante muchas situaciones de vulnerabilidad a lo largo de su vida -Dame los detalles, cuánto tiempo tengo, a cuántos tipos tengo que sacarme de encima pero...con una condición:- alzó el dedo índice, elevando una progresiva sonrisa que mostraba aquellos dientes perlados y llenos de brillo -Acceso VIP a la rule del casino, ni más, ni menos. Descuento del veinte por ciento en la compra de fichas y, que si gano, no me estén encima.- como siempre, con peticiones de ludópata; El muchacho sabía que debía aprovecharse de estar tratando con alguien que parecía ofrecer cierta "protección" a aquella casa de apuestas tan grande de la Isla Karate, por lo que...¿Porqué no aprovechar el momento para poder exprimir su inmensa ludopatía y fuerte enfermedad por las lucecitas y los estímulos dopaminescos? -¿Y bien? Tenemos un trato...ehm, ¿Cómo es que te llamas?-.
#8
Sabía que era consciente, pero no contestó a sus palabras. Solamente se limitó a elevar sus brazos, inclinando nuevamente su espalda, con los codos sobre sus muslos, juntando sus manos, no sin antes acomodar el cigarrillo una vez más entre sus labios. Había analizado el muchacho, cómo había observado sus alrededores. Era consciente de su afán de supervivencia, búsqueda de huida, un escape… Algo que él mismo siendo mucho más joven tuvo que vivir en su propia carne. Precisamente aquello era lo que lograba hacerlo conocedor de cómo acorralarlos. Fue paciente, desde el inicio hasta el final, hasta que le brindara la respuesta que buscaba. Sabía que muy posiblemente también lo estuviera analizando y, por supuesto, lo dejó hacer. Por ello adoptó una posición más atrevida, solo buscando el control que quería demostrar ya solo con sus palabras. Su sonrisa no hizo más que ampliarse incluso más ante la clara aceptación del muchacho.

Jaque.

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—Me alegra ver que nos entendemos.

Separó sus manos lentamente y, una vez más, recostó su espalda en el asiento con paciencia. Le resultó entrañable la actitud del joven, adoraba esa confianza, no quería inútiles. —No se preocupe, señor Owen, evitaré el contacto a menores y mujeres para usted, a menos que las solicite personalmente. — aquello segundo sí iba en serio, aunque no como “comercio”, no del todo al menos. —Y aunque no tuviera a mis hombres, también habría sido capaz de captarlo hasta aquí.

Sus ojos lo vieron con calma mientras se acercaba. Su sonrisa cargada de orgullo no hacía más que ampliarse. Era osado, justo lo que buscaba en alguien que pudiera mover la mercancía y traerla, sin miedo, sin temblor. Justo lo que había buscado. No creía su propia fortuna pese a los rumores.
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—Me alegra hacer negocios contigo, chico.

Ya que el contrario se tomó la osadía de tomarle confianza, decidió dejar a un lado las formalidades, ponerse en pie y estirar su mano, apretando con firmeza al contrario. Su mano entonces se acomodó en el bolsillo, dando una calada larga. —Este no es mi casino, joven. Solo estoy temporalmente para mi cliente, quien sí lo es. Además, estar aquí da más privacidad a estar en medio de tantas personas.

Hizo una pausa, ahora frunciendo ligeramente las cejas, de espaldas al joven, soplando el humo de su cigarro de nuevo. —No quiero que muevas información, quiero que me la traigas. — su tono nuevamente se volvió severo, mirando al joven volteando la cabeza. Su cigarro reposaba entre sus dedos y el humo se esparcía por alrededor. —Uker Rackham, lo mencionaste antes. — recolocó de nuevo el cigarro entre los labios, en aire más pensativo. —Estoy seguro que seguirá con su acompañante, Maki creo que se llamaba esa loca. — el cigarro no abandonó en ningún momento la cercanía de sus labios, ahora con los ojos de frente a Owen.

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—Quiero su pasado y sus debilidades, todo lo que puedas sacar. No permitas que sepan el motivo ni menos menciones mi nombre.

Ahora sí, retiró lentamente el cigarrillo de entre sus labios lentamente, frunciendo ligeramente las cejas. Tenía planes que hacer, ideas que realizar. —Si consigues eso, aceptaré tus condiciones. Por el momento no te doy un tiempo límite, quiero que me sorprendas. Si eres capaz de unirte a su tripulación, tendrás un extra, lo que significa más dinero en tu bolsillo y que disfrutar en tu acceso VIP de la rule. Nada de seguridad sobre ti, nada de intentos de huida. Tendrás inmunidad, al menos mientras yo esté en el casino. — Hizo una pausa, caminando de nuevo hasta la mesa, soplando el último halo de humo que quedaba en su cigarrillo y apagándolo en el mismo cenicero.

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—Mi nombre es Onizuka Jin.
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#9
—No se preocupe, señor Owen, evitaré el contacto a menores y mujeres para usted, a menos que las solicite personalmente. —
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-Este tipo maneja prostitutas también...agh, es peor de lo que me imaginaba.-
Había una parte de él que lentamente se estaba empezando a arrepentir de la situación en la que se estaba involucrando. Bah, realmente, ¿Qué opciones tenía? ¿Salir de ahí corriendo y "ser captado" de otra manera como incluso el propio jefe mafioso sugirió? Lo más llamativo de la conversación no vino con aquel comentario...sino, literalmente, con todo lo posterior que se había dispuesto a decir. Creía que sería algo infinitamente más fácil, algo...como quien trae una bolsa con sustancias ilícitas o un simple recadero, pero no: Quería que haga una misión de infiltración en toda regla. Y no una pequeña, una que podría tardarse meses o, tal vez, años en completarse.

No pudo evitar crisparse, alterarse y mostrarse vulnerable en cuanto escuchó exactamente el mismo nombre que Owen había utilizado para intentar camuflarse de la situación. Todo no podría haberse torcido más; No solamente conocía al sujeto el cual él intentó fingir su identidad, sino que, para más inri, ahora debería investigarlo y sacarle toda la información posible si quería acumular toda la riqueza que pudiese en la Isla del Karate para, con un barco pertinente y mercenarios contratados, ir pitando a la Isla Tamanegi para derrocarla del gobierno imperante que tanto dolor y sufrimiento le ocasionó a él, a todos sus allegados y, en especial, su madre. Dentro del pelirrojo empezó a gestarse una sensación de incomodidad sumamente palpable, una donde competía con mucha fuerza su destino final, el beneficio intrínseco de estar unos meses conectados a "esa gente" para posteriormente poder continuar con lo suyo. El choque de intereses era bestial, y más aún con la presencia tan amenazante que el pálido y portentoso sujeto tenía.

Había que seguir bailando, al menos por un tiempo.

-Es parte de la seguridad del casino y quién sabe cuántos locales más dentro de la Isla del Karate...bueno, "seguridad". Este tío seguramente ofrece seguridad para protegerles de él mismo básicamente.- Owen prestó atención con detenimiento y silencio, aprovechando para mantener un diálogo interno distante en el que buscaba tratar de encajar las piezas que, por ahora, flotaban a la deriva y no le permitían entender las razones del porqué aquel nombre que el pelirrojo había escuchado de entre los comerciantes podría ser un blanco tan jugoso para un sujeto de éste calibre. Algo hizo, o algo hará, del cual necesita explotar todas sus debilidades. La mirada del muchacho viajaba en múltiples direcciones, pero siempre entendía cómo funcionaban las reglas de este tipo de juegos.

Aunque...no perdía nada tratando de indagar un poco, ¿No?
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-Conseguiré un Den den Mushi para irte comentando de la situación...pero, una única cosa, ¿Qué te hizo ese tío?-
Como hábil mentiroso que es, necesitaba sacarle información también al ahora presentado como "Onizuka Jin", el cual Owen tampoco creía que fuese exactamente su nombre. Al menos no confiaba del todo que alguien tan reservado y precavido se lo dijese con libertad -Es decir, si lo que buscas es una misión de infiltración, necesito saber cuál es el límite de las cosas que puedo o no preguntar de ese tío.- giró su cuello hacia la izquierda, luego hacia la derecha, pudiendo sonar un pequeño tronido, cerrando ambos ojos para proseguir -Puedo investigar sus fortalezas y debilidades, aunque que me digas que va acompañado de una tal Maki hace que buscarlo sea hasta más fácil. ¿Tiene algún rasgo que lo destaque?- el joven, intrigado, buscaba indagar un poco más en la mente de aquel oscuro individuo que parecía querer tenerlo como una marioneta obediente y servicial. El pelirrojo, por su parte, siempre tenía límites con respecto a los trabajos en los que se involucraba, y quería ver "cuál era el verdadero objetivo de Jin Ozinuka" con Uker Rackham -Todo lo que sé de él lo se por los mercados, que junto a un grupo de un tal Ashveil se están organizando en ésta isla para formar una nueva tripulación pirata y que evidentemente buscan voluntarios.- tal vez había escupido demasiada información, pero el muchacho de ojos celestes no dudaba ni en los más mínimo que el oscuro y mafioso individuo no lo supiese -A más información me des, más rápido y más eficiente podré ser para que sepas hasta cuál es el color de los calzones que usará mañana.- su tono sonaba firme, lleno de convicción. Buscó mantener el contacto visual lo máximo posible, desafiante, buscando indagar en esta misión tan complicada y que podría prolongarse...mucho más de lo debido.

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-Digo, si me vas a mandar de infiltrado durante semanas o incluso meses con ese tipo, sería un detalle de pureza de tu parte que me digas qué es lo que tienes con él, ¿No?-

Llevó ambas manos hacia la nuca, observando aquel cigarrillo que iba y venía constantemente, casi como si fuese una bailarina prestada para la ocasión. No sabía si era un fumador compulsivo, estaba nervioso o estar hablando de aquel tipo lo crispaba más de la cuenta, pero el consumo de tabaco en el sujeto parecía tan impulsivo como las ganas de jugar a las tragaperras que Owen estaba teniendo en ese preciso segundo -Cumpliré mi palabra.- la voz del joven, decidida, con su ceño fruncido y una expresión repleta en decisión y nerviosismo, acaparó su expresivo y llamativo rostro en un instante. Él era un mentiroso experto pero, esta vez, necesitaba lograr su cometido para reducir el tiempo de sufrimiento de las personas en...aquella isla endemoniada -Y cuando vuelva a la Isla del Karate...me reventaré el culo a Berries para derrocar a ese puto rey de Tamanegi de una buena vez por todas.-.
#10
La sonrisa de oreja a oreja se dibujó claramente en los labios del yakuza. Había logrado una reacción del chico al pronunciar el nombre del que buscaba investigar. Obviamente lo conocía, eso ya era un punto más a su favor. ¿Qué menos que tener alguien de confianza para poder espiar? Todo iba como tenía que ir, las piezas encajaban como él quería, el tablero se movía una casilla más. Obviamente la pregunta era de esperarse y, desde luego, tenía respuestas más que preparadas.

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—No me hizo nada… por el momento.

Hizo una breve pausa, sus ojos azul pálido clavándose en los ajenos con una mayor confianza. Ambas manos se posicionaron en los bolsillos y sus ojos se voltearon de nuevo en la dirección del joven. —Siendo un sobreviviente estoy seguro de que lo sabrás tan bien como yo. Para protegerse, hay que prevenirse. — su sonrisa se ensanchó muchísimo más incluso, casi oculta del joven, pero cargada de confianza.

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—Ya sabe… como usted frente a la familia Wickson.

No lo había traído por casualidad, no lo había esperado en el casino por casualidad. No. Antes de ello ya había hecho una previa investigación. Terminó de voltearse, cargado de la misma confianza que al inicio. Hizo una pausa larga, igual que la hizo el mismo Owen. No dio a entender, al menos no por el momento, sobre el conocimiento de la existencia de una posible madre. ¿Sabría de ella? ¿O quizás no? Eso lo dejaría a la imaginación del joven mientras terminaba de reacomodarse una vez más en el sofá que se había sentado en un inicio. —Si conoce al señor Rackham Uker, seguramente ya conozca sus rasgos más característicos. Canas en su flequillo y una racha de cocinero. Hace poco se movió con Maki Zen’In y conmigo desde Sorbet hasta aquí. Estoy seguro que con unas habilidades como las tuyas, Owen, serás más que capaz de terminar de localizarlo. Tanto a él, como a la embarcación. Pero no es sobre él de quien necesito más información, sino de aquella mujer. Quemaduras por todo el cuerpo, loca como ella sola. Lo quiero todo, desde qué hacían para vivir, si tuvieron un trabajo previo o no, familias, pasado… Todo lo que involucre puntos a los que poder atacar en caso de hallarnos en situaciones peliagudas. En el caso de ella, desbarató un posible pequeño trato que podría ser útil, y me molesta. — incluyó el “nosotros” a propósito, no pronunciando si el peligro residiera de su “labor”, o quizás porque las personas fueran peligrosas. Lo dejó, una vez más, a su propia imaginación. Volvió a cruzar sus piernas con confianza, con una mano sobre su rodilla y la otra sobre el reposabrazos del sofá.

[Imagen: VPgAulH.png]
—¿Es suficiente detalle de pureza para ti esto?

“-Cumpliré mi palabra.-“

Jaque Mate.

Las piezas se acababan de añadir a su colección en aquel tablero invisible. Con eso, podría seguir adelante. —Cuando consigas el Den Den Mushi, te esperaré aquí mismo y te ofreceré lo que necesites para la comunicación. No permitas que sepan que eres un espía, ni que sacas información para nadie. Quiero algo discreto. Por supuesto, por mi parte no daré conocimiento de dónde consigo información. Después de todo, tengo contactos por todas partes y estoy seguro de que eres consciente de ello. Sin embargo, quiero ver si ésta oportunidad que te doy merecerá la pena.
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