Vagabond - T6 Pres Abs [Aventura de Fruta]
#1
Día 52 de Verano

« Una pendiente pronunciada, un río estrecho, una corriente rápida y violenta. Debido al terreno y a la influencia externa, el estado del agua está perfectamente decidido. Y, sin embargo, el agua solo se obedece a sí misma. El agua es solo agua. Completamente agua. Absolutamente libre. »

En los faldones del Volcán de la Hora el sonido de los guturales trinos de las aves, los rugidos de las bestias y el susurro de un destino doloroso se acoplan con el sol matinal. Hace un par de horas que el día ha comenzado, la jungla y sus habitantes están vivos, todo se conecta en la perfecta armonía del crecimiento alejado de la mano del hombre. 
Una isla deshabitada... Un lugar de paso, un sitio olvidado y relegado a convertirse en el réquiem de lo perdido... Nadie esperaría que un lugar así contase la historia que hoy se entrelazaría entre los dedos del escriba, entre los sueños de los niños y en las leyendas que nuestros mayores convertirían en el legado de la cultura, pero es allí, en los lugares dónde Dios no pone su mirada que los hombres pueden romper las reglas que el mismo dista sobre el plano. 
El sonido del metal susurra contra la maleza, una piedra imbuida en aceite chilla tras la fricción de la hoja de una espada, el calor es abrasador, y las gotas de sudor golpean contra unas manos curtidas empapándolas aún más de lo que ya están. El silencio no es más que un montón de ruidos menor, allí el silencio no existe. El chillido del metal cesa y la cueva pierde una de sus notas. 

El faldón del volcán esta formado por grandes arbustos frutales, la sensación de calor allí es agobiante, pues en una isla calurosa el foco de un volcán en descanso empeora la sensación. Las bestias allí son poderosas y cerca de aquel lugar solo sobreviven los más fuertes, la suerte no es una opción. 

Un de los grandes arbustos parece cortado de manera antinatural, no es el paso de las bestias lo que ha abierto ese camino tras él unas pisadas de sandalias asciende hacia el volcán, si alguien siguiera esas pisadas avanzaría por en medio de la vegetación de las faldas, siguiendo una estela que le podría conducir hacia su muerte. Los grandes arbustos tapan lo que pueda esconderse, así pues, cerca de las pisadas reposa el cuerpo de un dinosaurio, cercenado a la mitad, el corte es limpio, el animal mide 8 metros de alto, sus colmillos son del tamaño de un brazo humano, la bestia reposa partida a la mitad mientras que las pisadas pasan entre sus vísceras, hasta que la sangre se seca por la tierra y el pasto las pisadas cercanas al cuerpo dejan el sello de la sangre. 

Esa isla está deshabitada... Nadie seguiría ese rastro ¿verdad? 


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FICHA DEL NPC


Bélico
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#2
Día 52 de Verano, año 16

Outfit ---- Sigurd de Little Garden

El círculo de la vida es sereno y eterno. Un remanso de paz y el recordatorio perpetuo de que todo tiene un inicio y un final. El mediano se come al chico, el grande al medio y, llegado el momento, el pequeño se nutre del grande. Un ciclo respetuoso que llega a un solo destino... Armonía.
Armonía incluso en las zonas más hostiles. Armonía en el depredador que, oculto, asalta a su presa para poder alimentar a sus crías y perpetuar la especie. Armonía en aquellos que se nutren de las plantas que no alcanzan a crecer. Armonía en la tierra que drena los cuerpos de aquellos que ya no están con nosotros para crear más vida. Algo que cualquiera con una mente en calma puede valorar y experimentar. Pero...
-Que puta calor hace, ¡¡¡Me cago en todos los dioses juntos!!!- me quejo mientras le doy una patada a un tronco que sale volando despedido. Llevo desde que me separé de Ubbe abriéndome paso por la selva, buscando aquel "poder" y "peligro" que decía Julie que se encontraba en esta isla. A base de hachazos, voy cortando la vegetación que me impide el paso, y no hay animal con vida que tenga huevos a plantarme cara. Y todo aquel que lo ha hecho, me ha servido de cena. Apenas soy capaz de orientarme, así que he acabado en las faldas del enorme volcán que resalta por la zona. El único punto de referencia que he podido usar para guiarme. 
El clima es sofocante. Pese a llevar unos pantalones y nada más un chalequito fino de piel que expone mi torso y brazos al aire, siento el calor pesado como un yunque. Y yo me quejaba de Whisky Peak. El sudor me resbala por cada músculo de mi cuerpo y siento como mis ánimos van en declive y cada vez estoy más irascible. Pese a todo, la vida aquí es fuerte y nace incluso en las zonas más hostiles. Yo no puedo ser menos. -He de seguir avanzando o nada de esto habrá valido la pena...- me digo a mismo en un alarde de positivismo barato. Un susurro que se lleva el aire caliente. Como extraño mi sombrero de ala ancha... Aunque mi calavera mola que te cagas.
Sigo avanzando sin detenerme, talando y barriendo lo que se cruza en mi camino. A tomar por culo la armonía y belleza del lugar. Detrás de mí solo hay un sendero recorrido que deja claro que "Sigurd estuvo aquí". Es entonces cuando llego a un punto que llama mi atención. Rodeando a conciencia la falda del volcán, me doy cuenta de que hay un arbusto cortado por un arma. Pero no recuerdo haber pasado por aquí antes. Y el corte es fino. Yo soy más de arrancar el matojo desde la raíz o pisarlo. Al acercarme, veo unas marcas de sandalias pequeñas. Alguien ha pasado por aquí antes que yo, pero puede haber sido hace mucho tiempo. No es el primer rastro de peña a la deriva que me encuentro. Y todos acaban en un cadáver o menú de dinosaurio. 
El camino que se abre sube hacia el volcán. Confiado, lo sigo durante un rato. Y entonces me encuentro con la primera sorpresa. Cerca de las pisadas, entre arbustos y matorrales, se encuentra una enorme bestia muerta, partida en dos. El corte es extremadamente preciso y certero, matando probablemente a la criatura de un solo golpe. Me aproximo y observo al ejemplar con detenimiento, agachándome y probando un poco de sangre con el dedo. La sangre no parece fresca, pero todavía nadie ha venido a reclamar la carne, ni el causante ni los carroñeros. Eso significa que lo que lo haya matado, ha debido hacerlo hace poco o que protege su botín cerca. Sonrío imaginando como de formidable ha de ser aquel que ha hecho este trabajo. Si con una criatura tan descomunal ha podido hacer esto, yo que mido 7 metros debo de ser presa fácil. Mientras me levanto, retiro de mi cinto uno de los martillos gemelos, portando este en la derecha y a Yggdrasil a la izquierda. Agudizo mi oído y el resto de mis sentidos, intentado evitar cualquier ataque sorpresa y preparado para atacar en caso de emboscada.
-¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!! ¿HOLA?¿PUEDES OÍRME?- grito a pleno pulmón para que se me escuche en cada rincón de la isla. El eco retumba en la selva y en las paredes pedregosas del volcán. Los pájaros vuelan alto asustados y graznan advirtiendo del peligro. Continuo avanzando atento, siguiendo el rastro de pisadas. -¡¡¡SÉ QUE ESTÁS CERCA. NO SEAS TÍMIDO Y DA LA CARA. TE PROMETO QUE VOY SOLO Y QUE NO QUIERO HACERTE DAÑO!!! ... ... ... ¡¡¡NO MUCHO AL MENOS, JARUL JUL JUL JUL...!!!-
No tengo genuinas intenciones hostiles. A ver, no me importaría enfrentarme a semejante guerrero un ratito y medir fuerzas, pero tampoco tengo la necesidad. Ahora me vienen mejor aliados que enemigos, como Ubbe. Pero, bueno, que si se pone tonto, siempre podemos discutirlo con un hachazo en el cráneo.

En efecto, cajita feliz
#3
El grito del buccaner rompe el ciclo del ruidoso silencio de la isla. Por un segundo el piar de las aves inunda el cielo, el eco retumba y se pierde tras repeticiones, un segundo de silencio forzado por el disturbio de la armonía. No hay respuesta aparente. Tras unos segundo el ciclo de la vida prosigue sin que se pueda remediar. 

Desde la derecha de Sigrud, que gracias a su oído puede escuchar perfectamente a varios metros, escucha como se astillan los arbustos, como las pisadas retumban contra el suelo seco y como el terreno tiembla. Todo sucede muy rápido, demasiado rápido quizá. 

Igual haber seguido aquel rastro en silencio hubiera sido una mejor opción... Igual no alterar el equilibrio de la isla... O quizá pasar desapercibido, pero en aquel lugar dónde bestias de ese tamaño aparecían partidas lo mejor no era llamar la atención. 

El sonido se vuelva más pesado, los arbustos entre medias dejan de opacar las pisadas y de un instante a otro frente a Sigrud dos bestias se personan. 

La primera, a su mano derecha es de colores rojizos, la ristra de dientes de inferior humea, su morro se levanta en colores arena sobre la boca la respiración es como vapor. Es una bestia de 10 metros de altura y 15 metros de largo que dobla en tamaño y envergadura al buccaner... A su izquierda, la pareja de esta. Una bestia con una morfología parecida, su postura es bípeda y las extremidades superiores son pequeñas, su ristra de dientes inferior destellea con eléctricos golpes... Sin embargo, esta es mucho más grande que la otra, 15 metros de altura y 20 metros de largo, todo el cuerpo de esta esta lleno de cicatrices blancas que resaltan en contraposición con los colores oscuros y morados de su piel. Esta última es la que mira al "pequeño hombre" antes de rugir con fuerza. Las hojas de los arbustos se mueven por la fuerza del rugido y si aquello no había servido para generar un gran revuelo la bestia más pequeña de las dos con un grito más agudo y estridente la acompaña al primero. 

Una pareja de depredadores que se ha visto alertada y atraída por el grito de Sigrud ahora le corta el paso, la mirada de ambos es de furia, son seres antiquísimos que reinan en aquel lugar bajo la desatenta mirada de Dios. La presa muerta ni si quiera les interesa, todo su foco está puesto en Sigrud. 

Antes de que pueda pensar, ambas bestias saltan a la vez a atacarle, trabajan en equipo están acostumbradas a cazar juntas, la roja gira sobre si misma y lanza un poderoso coletazo para intentar derribar a Sigrud, la morada salta con fuerza superando los metros que le separan su mordida suelta destellos, el buen oído de Sigrud le alerta, puede escuchar una tormenta en la boca de ese animal. 

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Bélico
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#4
Outfit ---- Sigurd de Little Garden

He dado con la pista que estaba buscando. El rastro de "esa cosa" capaz de darme la pelea que tanto ansío, ese "poder" del que todos hablan y temen. Incluso peor, porque Ubbe hablaba de una criatura monstruosa, mientras que el artista del cadáver a la mitad, aparentemente, es bastante canijo. Siguiendo las pisadas del culpable, no dudo en hacerme notar de una forma más evidente si cabe. Ya no es solo el camino de destrucción que he dejado a mi paso, que ahora se suman los gritos. Todo evidencia mi presencia, porque no tengo la más mínima intención de esconderme o de huir. Y la fauna local, una vez más, no tarda en darme la bienvenida.
Algo se aproxima a gran velocidad. Lo siento en el temblor de suelo, en el sonido profundo de la selva que se quiebra mientras "eso" se acerca. Raudo, clavo una de las hojas de Yggdrasil en el suelo, con fuerza y profundidad. Con un gesto de muñeca seco, termino de anclar el hacha en el suelo, como si hiciera encaje. Y entonces tiro del mango con potencia, arrancando un peñasco de tierra, roca y raíces incrustados en uno de los filos. Ahora el arma se convertía momentáneamente en una especie de pseudo martillo de guerra, con un lado cortante y otro contundente. Preparado para el combate, me pongo en guardia a la espera de la nueva criatura que viene a darme caza. Una sonrisa divertida se dibuja en mi rostro.
No tardan en aparecer frente a mi, un par de dinosaurios enormes. Unas bestias colosales mucho más grandes que yo e intimidantes. Depredadores bípedos, de pequeñas manos, pero descomunal mandíbula. Ambos, similares en aspecto aunque no idénticos, comparten una larga cola y unas piernas vigorosas. Serían una montura estupenda, sobretodo la grande, que medirá el doble que yo de alto. Están preparadas para atacar en equipo, desde diferentes direcciones, pero a esto ya estoy acostumbrado. Doy un pequeño paso al frente, abro la postura con el pecho por delante y el mentón en alto y las encaro emocionado.
-¡¡¡VAMOS LAGARTIJAS, ¿A QUÉ ESTÁIS ESPERANDO?!!!-
Ambas criaturas no dan apenas tiempo de reacción y se lanzan en un ataque simultáneo desde diferentes flancos. La más pequeña, por la derecha, lanza un ataque con la cola a mis extremidades bajas. La grande, por la izquierda se abalanza al mismo tiempo, con más inteligencia. Una dentellada para devorarme de un solo bocado. Con ese tamaño, bien lo puede hacer si me alcanza.
Con lo que no cuentan los lagartos es que no es la primera vez que combato en inferioridad numérica. Que dos animaluchos no son rival para Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero. El coletazo impacta contra mi pierna, sin hacerme si quiera un rasguño. Pero no es a lo que le presto atención. Cruzando a Yggdrasil con la zurda para que gane recorrido, descargo un golpe horizontal de derecha a izquierda contra la mandíbula inferior del monstruo morado cuando lo tengo lo suficientemente cerca e intenta morderme. El impacto es brutal, con las rocas clavadas en el arma, que estallan al chocar contra los dientes eléctricos. La bestia es desviada a la izquierda por la potencia del ataque, haciendo añicos los huesos de la boca y matando al animal en el acto. Yggdrasil vuelve a tener dos filos, como siempre. 
No pierdo el tiempo y encaro a la lagartija que queda. Enclenque en comparación con su amigo muerto. Esta no me sirve ni para entrenar. Flexiono levemente las rodillas y pego un bote alto. Me elevo varios metros del suelo, sobrepasando la altura del dinosaurio carmesí. Y como si fuera un dios del trueno, alzo mi martillo a los cielos mientras asciendo, para caer con fuerza descargando un martillazo vertical descendente contra la cabeza del bicho, en lo equivalente a su frontal del cráneo. El golpe de martillo es fulminante y hunde la cabeza del dinosaurio, que se desploma junto a la fuerza del empuje de mí caída.

Una vez en el suelo, ya con ambos depredadores muertos, los miro una última vez. -Ya podrías esforzarte un poco más, Little Garden...- susurro vacilón con una sonrisa pícara, provocando a la propia naturaleza de la isla a plantearme un oponente digno. Sin siquiera limpiar la sangre de ninguna de mis armas, avanzo orgulloso y lleno de determinación. Sé que esto es un tentempié, y que el peligro se esconde más allá, al final de este camino de pequeñas pisadas. Sigo avanzando.

En efecto, cajita feliz
#5
Las bestias mueren sin problema. Sigurd esta dedicado a encontrar la fuerza, o por lo menos a usarla a su favor. 

En primera instancia derrota al macho de la pareja, destrozando con un gran uso del terreno y resistencia los huesos del mismo con un brutal golpe que hace que la caja torácica se parta y una de las costillas rotas atraviese el corazón, el segundo golpe, tras un salto, termina destruyendo el cráneo de la hembra, la cual se desploma con un sonoro estruendo sobre el follaje. 

Ahora, tres cuerpos yacen en silencio en aquel lugar, tres animales que tras siglos de genética y evolución perecen tras la aparición del hombre. 

Sigurd, tras fanfarronear prosigue su camino. Asciende sin mirar atrás ante las vidas que acaba de arrebatar, sube por el faldón siguiendo un rastro de pisadas, que fijándose bien son mucho más pequeñas que las suyas, puede llegar a entender que la otra persona que le acompaña en la isla a parte de Ubbe es un ser de una talla más pequeña, lo cual, genera más controversia al pensar que ha partida una bestia en dios con lo que parecía a primera vista un corte limpio y único. 

El terreno a medida que asciende pierde los colores vivos del verde para pasar a entremezclarse con marrones y naranjas, los arbustos pierden su tamaño por la falta de oxígeno del ascenso y muchos de ellos pasan a ser algo parecido a ramas clavas en el suelo por la falta de hojas, las pisadas suben serpenteando, como si de alguna manera buscasen evitar subir de manera recta utilizando a favor el faldón para subir sin cansarse. Tras media hora de camina las pisadas le llevan hacia un boquete en el faldón del volcán, cuando Sigrud se asoma siente una bocanada ardiente que le azota, pero lo que está claro es que eso que sigue se encuentra en el interior de aquel socavón natural, pues las pisadas se adentran hacia el interior. 

Desde la entrada puede oír un leve murmullo que rebota hasta escaparse en el cielo, es algo parecido a una oración o un mantra, si lo siguiera podría encontrar el foco... O algo peor. Sin embargo, esa cueva tiene un aire extraño aparte de la asfixia que genera el ambiente, dentro hay muy poca luz, todo es angosto para él que es un ser enorme, su cabeza toca hace que su pelo choque en las puntas con el techo y rápidamente entiende que no podría abrirse completamente de brazos en aquel lugar. Aquel sitió podría convertirse en su tumba si no andaba con cuidado, pero también pudo sentir un gran fuerza emanando del lugar, como si algo o alguien le invitase a entrar, como si su camino fuera aquel angosto sitio por el que caminaba y como si su destino siguiera las pisadas del rastro que había llamado su atención. 

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Bélico
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#6
Outfit ---- Sigurd de Little Garden


Poco más por aquí. La dupla de depredadores me sirve como aperitivo del día, un pequeño calentamiento para no perder la costumbre. Pese a lo descomunal del tamaño de ambos lagartos, tampoco puedo confiarme. Sí, he derrotado a dos criaturas que doblan el tamaño de la tercera víctima aquí presente. Pero no de la misma forma. Machacar cráneos y cuerpos es tarea fácil para un Buccaneer de 7 metros como yo. ¿Partir de un solo tajo a una bestia más grande que yo y siendo tan diminuto en comparación? Eso es otro tema. Sea quien sea el que me espera más adelante, parece ser un guerrero formidable...
Avanzo confiado, seguro de mi mismo y de mis capacidades. La simple idea de un combate legendario me dibuja una sonrisa nerviosa en el rostro y me pone juguetón, impaciente. Aunque ya he conocido a un increíble compañero en la isla. Capaz y encuentro un segundo. Por si acaso, continuo atento, armado con Yggdrasil a mi izquierda, apoyado en el hombro y uno de los martillos en la derecha, preparado para atacar a la más mínima señal de peligro.

Empiezo a dejar la jungla atrás y el camino se empina poco a poco. Más pronto que tarde, el rastro comienza a subir el volcán, intensificando el calor y convirtiendo la frondosa vegetación y el suelo blando, en un panorama terroso y seco, cada vez más falto de oxígeno, vida y ganas de vivir. Las pisadas evitan la verticalidad, buscando un sendero más largo a través del volcán, pero más sencillo de recorrer. Con el camino ya marcado, todo es más sencillo e imposible de perderse. Varios minutos después, con el sudor chorreando por la frente y la mala leche a flor de piel, alcanzo una especie de gruta que se interna en el propio volcán. Una cueva que nada más asomarse te escupe un calor interno que te invita a NO pasar. Sin embargo, las huellas conducen al interior.
Me acerco un mínimo a la entrada. Nada, dos pasos, sin llegar a meterme en lo absoluto. Apenas se ven varios metros más allá, está todo oscuro. Y ya no hablemos de lo estrecho del sitio. Por entrar, puedo hacerlo, pero no puedo moverme con soltura ni extender los brazos. Y con mi hacha apoyada al hombro ni entro, los filos hacen tope con bóveda. Lo que si que soy capaz de percibir es un pequeño sonido. Un rezo perpetuo que se filtra desde lo más profundo y se escapa hasta la entrada. -Joder, macho... El loco del monte del destino...- susurro para mí mismo asumiendo que el tipo al que estoy buscando es el mismo que reza y que se esconde en la puta boca del infierno. El ambiente es jodidamente asfixiante, incluso desde aquí fuera. El tipo debe de estar loco si pretende que me meta ahí, que ni siquiera entró a gusto. Así que lo voy a sacar.

Antes de llamar su atención, clavo el enorme hacha en el suelo, con fuerza. Y siguiendo la misma maniobra que con los dinosaurios, encajo la roca árida del volcán en uno de los filos del arma para prepararme a Yggdrasil Martillo de guerra version. Una vez listo, me pongo en guardia. Y es entonces cuando grito hacia el interior con todas mis fuerzas. -¡¡¡HOLA, HOLA, hola, hola... SÉ QUE PUEDES OÍRME, IRME, irme, irme...!!!- el eco rebota con agresividad hasta lo más profundo de la cueva. O eso creo. La profundidad es tal que mis palabras se pierden hasta que no las puedo escuchar de vuelta. -¡¡¡ME LLAMO SIGURD. SIGURD HAAKON, KON, kon, kon... ¿PORQUÉ NO SALES Y CHARLAMOS AQUÍ FUERA? HACE MÁS FRESQUITO, QUITO, quito, quito...-
Mis palabras, aunque a voces e imperturbables, van con una genuina intención pacífica. La curiosidad de saber quién cojones es capaz de encerrarse aquí a voluntad me puede más que las ansias de violencia. Al menos por el momento. Espero que el tío aprecie el buen gesto y venga de buenas. O si no le tendré que tirar la cueva encima y sepultarlo vivo. Por maleducado.

En efecto, cajita feliz
#7
Bajo el cielo azul, en boquete de 75 metros de diámetro la voz de Sigrud llegó como un susurro. 
Musashi, observó sin mediar palabra la foto de su maestro que le había abandonado muchos años atrás. No emitió sonido ni asombro, solo un lento movimiento de cabeza asintiendo. 
Desde su posición, sentado sobre su propias rodillas, agarró su espada aún un poco húmeda por el aceite que había usado para afilarla y la separó de la piedra de afilar con un sonido levemente viscoso. Con un movimiento ágil se levantó haciendo presión sobre las plantas de sus pies y caminó 
Musashi se encontraba en aquel boquete desierto, dónde el calor del volcán apretaba con fuerza, era allí dónde había decidido que iba a empezar a entrenar en busca de nuevas capacidad que empezaran a convertirse en un avance significativo  y que le ayudaran en su siguiente paso para convertirse en el mejor espadachín del mundo. Caminó hacia el inicio del boquete, por la cueva que le conectaba con el faldón y por la que había entrado y por la que se presupone que venía aquella voz.
Desde el inicio del boquete y con una tranquilidad inusual, sin miedo ni duda respondió.
- Ven - 
La voz se emitió con fuerza, era una voz calmada y serena como un estanque con agua, su palabra y orden rebotó en las cavidades como las de Sigrud lo habían hecho con anterioridad,
Al otro lado, Sigrud esperaba en el inicio de la cueva del faldón de la montaña, sus palabras se perdieron hasta el fondo de la cueva y llegaron hasta Musashi y como este universo transforma y no las destruye su voz se convirtió una vez había llegado hasta el final en una respuesta. 
 - Ven, ven, ven… - Escuchó rebotar la voz del espadachín hasta que encontró sus oídos y se convirtió en información. 
Aquello no era una presentación, era un declaración, era una respuesta que nunca habría esparado, al fondo de la cueva y tras superar sus angostos pasillos Sigrud encontraría claridad, y tras la claridad un boquete donde el cielo observaría lo que pasaría a continuación, pues Sigrud estaba a punto de conocer a Musashi, el vagabundo. Todo esto si llegaba al final de aquella cueva y respondía a petición de aquel desconocido.
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#8
Outfit ---- Sigurd de Little Garden


El tiempo se detiene por unos instantes. Por suerte, todos mis intentos de ser amable y dejar de lado la violencia han sido rechazados. Desde lo más profundo del volcán solo se escucha una cosa. La promesa de un enfrentamiento memorable. Mi satisfacción no puede ser más grande. Por fin puedo dejar de lado las formalidades y las buenas intenciones, mostrar realmente lo que soy. Y parece ser que lo que me espera en este infierno, es tan primitivo como yo. Guerreros en busca de una muerte legendaria.
En mi cara se dibuja una expresión despiadada, propia de aquel que adora el caos y la guerra. Una mezcla de locura y astucia adornadas con una sonrisa de genuina felicidad. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL JUL...!!!- me río con fuerza, provocando un estruendo ensordecedor por el pasillo oscuro. Es la respuesta a la sentencia de muerte que él mismo ha provocado. Las consecuencias de querer enfrentar a la tribu más fuerte del mundo, a un poder ancestral. -Que así sea, pues.- termino susurrando, como si me lo dijera a mí mismo.
Sonrisa de Sigurd

Confiado, tanto en mis capacidades como en el honor del guerrero que me ha invitado a pasar, me introduzco en la diminuta cueva. Voy levemente encorvado, incómodo, con los hombros y brazos por delante para poder pasar con las armas y no rozar con las paredes de roca caliente del sitio. Aquí me es imposible pelear bien, pero me niego a creer que un aura tan formidable sea capaz de actuar como una rata y tenderme una trampa aquí dentro. A las malas, de una ostia bien dada podría tirarnos las rocas encima y a ver quién aguanta más peso.
El paseo se me está haciendo largo. Apenas hay visibilidad y me guío más por el oído que por la vista, dando pasos pequeños, pero seguros. El calor es intenso, y el sudor resbala desde la frente, cubierta por la calavera, hasta bajar por el cuello y dejarse caer por el torso. Una sensación desagradable, pero voy con la esperanza de encontrar aquello que tanto tiempo llevo buscando. Y así es.

Una luz al final del túnel. Una claridad natural al final del camino, que me anima a salir de aquel pasillo estrecho. Y con un poco de esfuerzo final, salgo del pasadizo por el otro extremo, como un dragón recién despierto sale de su cueva para hacer arder el mundo. Una vez fuera, doy un par de pasos firmes y poderosos, haciendo retumbar las paredes de aquel lugar solo con la fuerza de mis pisadas. Lo observo con detenimiento, mientras relajo los hombros de haber estado acartonados ahí dentro. -Vaya, te has pillado una guarida bien chula.- digo mientras la observo. Es un claro inmenso, de decenas de metros de diámetro. Las paredes del volcán son altas, pero filtran la luz del cielo al natural por todo el descampado. -Si no fuera por el calor, te diría de mudarme aquí contigo, ¿qué te parece?- me mofo, rompiendo la tensión del momento.
Lo miro fijamente, al individuo. Su tamaño, su manera de vestir, el arma que porta. Todo. Agarro con firmeza a Yggdrasil con la roca clavada y el martillo desenvainado, uno de los martillos gemelos que llevo encima. Siento el cuero sobre los callos de mi mano, jamás he cogido algo con tanta intensidad y firmeza. Ladeo los pies para tener más estabilidad y encaro a mi objetivo, cruzando ambas armas frente a mí, formando una X. Nos separa una gran distancia, probablemente un par de decenas de metros. Yo estoy un par de pasos adelantados a la salida hacia el faldón de la montaña. Y entonces le advierto. -¡Bien, basta de parloteo innecesario! ¡Di tus últimas palabras y demuéstrame de lo que eres capaz! ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL JUL...!!!-
¡¡¡Que comience el combate!!!


En efecto, cajita feliz

Importante, por aclarar
#9
Tras pasar por una zona rocosa dónde la angustia no pudo superarle, Sigrud llegó al final de aquel camino de cuevas que serpenteaba y se perdía en el faldón de aquel milenario volcán, su respiración aguantó el sofoco y angustia que producían aquellas cavidades calurosas hasta superarlas. 

Al final de aquellos pasillos generados por las corrientes de los vientos, el goteo de incesantes estalactitas y la paciencia con la que el tempo forja el planeta , la luz del final le cegó levemente para invitarle hacia su destino. 

Cuando superó las cuevas llegó al claro que escondía, dónde Musashi le estaba esperando a 20 metros de la entrada. 

El sitio al que había llegado no era otro que un gran agujero que coexistía con el verdadero pozo del volcán, como si alguien o algo mucho más grandes que ellos hubiera taponado la boca de otro volcán gemelo con un tapón para generar aquel lugar de cuentos y fantasías. Aquel boquete tenía un suelo arenoso, con muy poca arena, las corrientes de viento se remolinaban sobre su cabezas para ulular como un coro de espectadores, las paredes de aquel esférico lugar se elevaban 60 metros y las sombras caían hacia la izquierda por fuerza de la luz del astro rey. En algunos puntos había tímidas cascadas de lava que gorgoteaban en charcos pequeños y se respondían entre ellas misma con explosiones de pompas debido a las facultades de azufre y la roca fundida que las formaban. Aquel lugar era amplio, con 75 metros de diámetro de manera irregular y a excepción de pequeñas rocas en el terreno que no suponían un cambio notorio en el entorno, pues no daban ni coberturas ni ventaja en el combate, a excepción de eso el lugar estaba desierto de no ser por las dos personas que se encontraban en su interior, aquel lugar, más que una accidente natural perecía hecho por el hombre, como si fuera un coliseo en el que antaño las viejas glorias del mundo combatían por estatus. 

Pero... En este momento, aquel coliseo natural no tenía mayores espectadores que las nubes y los pájaros que los sobrevolaran, no existía nadie más allí que los dos protagonistas del combate y bajo la atenta mirada de Dios, lejos de formalismos y necedades Sigrud irrumpió en el lugar con fuerza. 

Sus pasos redoblaron como tambores de guerra contra las paredes del coliseo, su voz reverberó con la ira del guerrero y entonces, pudo fijarse y conocer a aquel a quién había estado siguiendo sin saber que a quién acababa de encontrar era el espadachín legendario del Grand Line, un hombre que había estado exento de piratería y conexiones con el gobierno, alguien al que solo le importaba una cosa: su objetivo de honrar la muerte de su maestro convirtiéndose en el mejor espadachín del planeta y esa persona no era otra que Musashi, el vagabundo. 

Sigrud pudo observar a un hombre pequeño en su comparación pero que en cierto modo no se doblegaba ante su mirada ni ante él pues su presencia y postura desbordaban poder. Aun que su kimono estaba destrozado, manchado, roto y roído la presión de su mera existencia doblaba a la realidad para imitar a un deidad bajada a lo cielos, más bien la de un ángel. Sobre su frente tenía una cicatriz perfecta en forma de equis acompañada por mas cicatrices coma la de su mejilla u oreja , sus manos estaban llenas de heridas y cicatrices y así todo su cuerpo lleno de heridas de combates que había ganado con anterioridad. Atado a su kimono llevaba una bolsa en la que reposaba la foto de su antiguo maestro y vestía un calzado de sandalias de madera las cuales le elevaban un poco del suelo haciendo que su altura final fuera de un metro y ochenta y seis centímetros, desde su espalda sobresalían las puntas de dos alas blancas. Bajo el kimono, atado a la faja que lo rodeaba por su interior Musashi llevaba una pequeña bolsa de felpa que el denominaba macuto, esta bolsa, no era visible para Sigrud, pero si que era el objeto más preciado del vagabundo. Este hombre reposaba sobre sus rodillas y tan pronto como vio aparecer al buccaner se levantó de su posición con un leve balanceo hacia sus punteras.

Ante las palabras de Sigrud, las cuales, ni si quiera respondió y con un movimiento descendente de su espada se colocó en guardia girando con la muñeca el arma, su posición se cerró de una manera bastante extraña para lo que se esperaría de un espadachín, adelantando el hombro derecho y elevando a la altura del pecho un puño sin mayor protección que unos vendajes mugrientos, la espada pasó a estar agarrada como una especie de puñal agarrada de una manera bastante poco común, pues, en vez de enfocar el filo contra Sigrud Musashi dejó que la punta apuntara hacia el suelo y el filo amenazase a su oponente, aquella postura se asemejaba más a un arte marcial que a la postura natural de un espadachín, con un leve movimiento que resonó con las chinas del suelo el talón se cerró y ancló la posición y allí a 20 metros de Sigrud, miró con un rostro inexpresivo al enorme rubio y sin más que añadir, con la mano adelantada sin más que añadir y viendo que ese hombre quería combatir le esperó, sin nervios ni pasión por el combate, con la misma diligencia que uno camina, por costumbre.   

off rol


Contenido Oculto


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Bélico
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#10
Outfit ---- Sigurd de Little Garden


Este lugar... Este lugar es el mismísimo Múspellsheimr... Una gran explanada árida, ardiente y sin vida, rodeada por grandes muros de piedra y fuentes naturales de lava hirviente. La peste de azufre y muerte asusta al más valiente y la única manera de escapar de aquí es a través de la cueva por la que llegué. Ya me pienso cerciorar de que por ese hueco solo vuelva a salir uno.
Y allí está, a varios metros de distancia. El tipo al que he estado siguiendo y el "poder" que estaba buscando. No es más que un hombrecillo, uno diminuto que no llegará ni a los dos metros de alto. Lleva un aspecto de mendigo que puede engañar a los más ingenuos, con sus pelos alocados, la barba sucia y vistiendo harapos. Pero su aura... Tiene una presencia imponente y asesina. Menos mal que los signos de miedo se disimulan con los efectos del calor sofocante, pero admito que estoy algo nervioso. No hay respuesta a mis demandas, tan solo una guardia baja, una señal de que no le importa que me lance sobre él. -¿Así que me cedes el primer movimiento, eh...?- susurro con una sonrisa nerviosa, aunque con ansias de enfrentarme a aquel que no parece temer a nada. Miro por última vez a mis alrededores, este coliseo infernal que va a recoger la batalla deseada por todo guerrero del mar. -¡¡¡VALHALLA ENTONCES!!!- rujo con furia y determinación.


No puedo vacilar, así que pienso aprovechar toda la ventaja que me conceda. ¿Quiere que le lance el primer ataque? Pienso lanzárselo literalmente. Suelto mis armas, tanto a Yggdrasil como al martillo, que se desploman y levantan polvo con su caída. Desarmado, pero confiando en el honor del guerrero que tengo en frente, procedo a preparar mi ofensiva. Flexiono las rodillas y le pego un poderoso puñetazo al suelo frente a mí, creando una serie de grietas a mi alrededor. Sin esperar, clavo las palmas de mis manos entre las grietas, como si fueran lanzas. Entonces hago acopio de toda mi fuerza y técnica para empezar a arrancar del terreno un enorme peñasco de roca. A peso muerto, lo empiezo a levantar, haciendo temblar todo el lugar. Con un poder monstruoso, digno de un Buccaneer de mi tamaño, alzo sobre mi cabeza una roca que me dobla en tamaño y me hace sombra, tan grande que me podría sepultar si no fuera por mi enorme par de cojones. -¡HE VISTO DE LO QUE ERES CAPAZ DE CORTAR CON UN SOLO GOLPE!- grito desde la distancia, sosteniendo el pedrolo dando mi 100%. -¡A VER SI TIENES COJONES A CORTAR ESTO!- le desafío y le provoco. Al mismo tiempo, lanzo con fuerza la roca. Pero no se la tiro con una parábola para aplastarlo, sino en una trayectoria horizontal, buscando que si no es capaz de cortarlo, la piedra lo arrolle. Pero no hay tiempo que perder. Tras el lanzamiento, recojo mis armas rápido y me pongo en marcha. Esto solo está por empezar. 
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En efecto, cajita feliz


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