Te persiguen las put@s || Uker || Pasado
#1
Sabes, cuando estás encerrado entre barrotes y ves lo brillante que es la vida fuera de ella, la libertad, lo entretenido, lo hermoso de los colores, comienzas a odiar la jaula en la que te encuentras y comienzas a buscar en desespero huir y salir de allí. Es normal, deseas conocer, aprender y llenarte de aquello que parece esencial para vivir. Lo que nunca esperas es que cuando estás encerrado eres incapaz de aprender lo necesario para sobrevivir. 


Lamenté cada momento desde que escapé. Si bien cada uno de aquellos dueños no me daban una buena vida, tener las comidas seguras, un techo que te cubra de la lluvia, ropa limpia, donde bañarte. Generalmente en las cosas donde trabajé siempre se encargaban mucho de cuidar tu imagen y siempre mantenerte presentable. Además de que nunca has manejado tu propio dinero, cómo puedes hacerle frente a la vida sin las nociones básicas para administrar tu propio dinero. 


Aunque tuve que dejar aquella vida atrás, no podría soltarla y tendría que volver a esos hábitos para subsistir.  


Un día a la vez, un problema a la vez. Se puede escuchar el ruido de las aves al amanecer y yo dentro de este granero donde me permiten quedarme. Una vida totalmente indigna. No me voy a devolver de donde salí, pero no me quiero ver viviendo de esta manera por mucho tiempo, es desesperante y el olor a establo me desagrada demasiado cómo para continuar aquí metido. 


La mujer esposa del granjero había sido muy amable pero no me iba a quedar esperando a que ella quisiera “darme el desayuno” mucho menos que me quisiera prestar ropa así que me fuí tan pronto como lo consideré seguro y seguí mi camino hacia donde ya esperaba que fuera el pueblo. El hombre se había ido ayer y regresado de esa dirección así que huyó nuevamente. Me agrada su hospitalidad pero no me está siendo del todo gratuita, ni agradable. 


En prácticamente pijama, tuve que caminar, descalzo por ese camino de tierra que lo tiene de ambos lados es monte, salvaje, descuidado. Un camino que no quiero recorrer de vuelta. Llegar hasta el pueblo que se ve tan humilde como la granja de donde vengo. No demasiado movida, todo lo comparo con esa vieja vida y se vé rudimentario, tranquilo, humilde, no es fácil acostumbrarse. Al mismo tiempo me encanta poder verlo tan cerca. Sentir el sol sobre mi piel. sentir el hambre en mi estómago, la plaga que me pica y me hace golpearse el cuello. 

 —Esto es un poco más desesperante de lo que esperaba.— Hablo desde mi hambre y siento mi estómago hacer ruidos bajo mi tallado y bien cuidado abdomen. No he comido desde ayer, lo he pasado peor, pero el hambre siempre es desesperante y siempre va poco a poco socavando mi paciencia y humor. Sobre todo si hace poco he comido como las últimas días.

Trate de verme frente a un espejo para acomodarme mi cabello, que no se viera con ese color de anciano que no me gusta. Me siento extraño cuando me dejo ver con ese color, luego de retocarlo que se viera bien estaría mejor.
#2
Un entrenamiento más, un día más, la rutina vuelve a empezar.

¿Hace cuanto que estaban en esa isla? Había perdido la cuenta de los días, sobre todo desde que comenzó a trabajar en el bar. Las noches pasaban sin más, las mañanas y tardes eran tan ocupadas que poco tiempo había tenido para conseguirles un barco y todo lo que necesitarían para viajar. De igual manera, Thrym ya le había dicho que no podría manejar un barco lo suficientemente grande para llevarlos a todos con su conocimiento actual, así que debía tomar unas cuantas clases más.

Recién bañado, con su espada a la espalda, y con su ropa de siempre, se adentraba nuevamente en el pueblo. Ocupa unas pocas monedas para comprar una manzana que será su desayuno, y seguramente lo único que coma en muchas horas, y le va dando mordiscos mientras se acerca a su lugar de trabajo. Hoy le tocaba abrir a él, así como preparar la cocina y limpiar un poco antes de que lleguen los primeros clientes. Al menos podía agradecer que el lugar no abriera tan temprano, se trataba de un bar al fin y al cabo.

Se llevó una sorpresa al llegar. Un hombre parecía mirar por una de las ventanas del local. ¿Quería saber si estaba abierto? El cartel de la entrada ponía con claridad que se encontraba cerrado, por lo que se le hizo extraño. Un segundo vistazo lo hizo entender, se estaba acomodando el cabello en el reflejo de la ventana, por lo que no tenía nada de qué preocuparse. - Buenos días -. Pasó a su lado, sacando una llave de su bolsillo y procediendo a abrir la puerta junto a la que se encontraba el hombre. - Aún estamos cerrados, así que… -.

Simplemente había sido cordial, no planeaba echarlo de la calle, pero de pronto el estómago del desconocido rugió con fuerza. Uker reconocía ese sonido, no era simplemente hambre, y podía notarlo porque él mismo lo había vivido. - Pasa, te prepararé algo -. Invitó al hombre al lugar, incluso con un gesto de su cabeza, mientras que él mismo se adentraba en el bar y encendía algunas luces. - Oh, y es gratuito, no te preocupes -.

Como se esperaría de un lugar que aún no abre, las sillas se encontraban sobre las mesas, muchas decoraciones faltaban, así como las botellas de alcohol en el estante detrás de la barra. - Puedes ocupar uno de esos asientos en la barra, te haré un desayuno rápidamente -. Le indicó con su dedo a lo que se refería, uno de los asientos de madera que se hallaban reposando sobre la barra, y que obviamente debería de bajar de ahí para usarlo. Por su lado, el muchacho se quitó de encima su abrigo marrón, así como su espada, y dejó ambas cosas en una habitación cuya puerta mostraba que solo se permitían empleados.

No tardó en ingresar a la cocina, una sala que podía verse perfectamente desde la barra gracias a una ventana en la pared que los separaba. - Dime… -. Habló con el extraño mientras acomodaba unas cosas y buscaba unos ingredientes. - No te vi por aquí estas últimas semanas, ¿hay alguna razón por la que estés tan hambriento? -. Tapó su pelo con una bandana, así como colocándose un delantal también, justo antes de empezar a cortar ingredientes y medir pesos en bowls.

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En pocos minutos, el extraño ya tenía ante él un plato bastante grande lleno de comida. - Espero que sea de tu agrado, y aún hay más por si quieres repetir -. Le sonrió al hablar, mientras que se quitaba el delantal y lo colgaba en un gancho cercano. Se acercó de nuevo a la puerta donde había dejado sus cosas antes, sacando de ella una escoba, con la que comenzó a limpiar el lugar. No había perdido mucho tiempo en preparar la comida, aún le quedaba bastante para terminar de ordenar las cosas.
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#3
Que vergüenza ser pillado cuando estás esforzándote por verte bonito. No me encanta ser tomado por sorpresa mientras me arreglo y es una mala costumbre que adopté de aquellas que me enseñaron el oficio. Yo me até el cabello rápido apenas asomó a mi vista.  —Hola… Amigo yo no…— Iba a negarme pues no estaba en mis planes entrar a la tienda, pero el me ofreció comida. Doble bochorno al ser atrapado con hambre, bueno me ofreció la comida así que aproveché de pasar y entonces me encorve para pasar por el umbral de la puerta.

Pero esta sorpresa me dejó sin palabras en muchos niveles.  —Es que no tengo cómo pagarte. — Entonces él dijo esas palabras mágicas. Me hizo sentir sumamente agradecido, no tienen ni idea lo que deseo una buena comida, deliciosa, hogareña, hecha con la sazón refinada. Quise ponerme cómo con su invitación.  —Gracias, muchas gracias, pero creo que será mejor me siento en el suelo. — Estas banquetas se sienten muy incómodas. Aun sentado en el suelo necesito alejar algunas cosas para estar cómodo, sobre todo por las alas que se mueven por un reflejo involuntario a una postura más relajada.

—Es que no puedo vivir por los alrededores de este pueblo.— No solo no puedo pagarlo, tengo el temor que pudieran aparecer cobradores del puerto a los que aún les debo dinero. Cuando llega la comida la veo todo bobo y encantado de su aspecto un instante. El olor es una fragancia adictiva, huele a buena comida si no que no es la típica comida al vapor e insípida que me he obligado a comer una y otra vez.

Junto mis manos en forma de plegaria y de inmediato rezo entre murmullos pidiendo que alimentos como estos puedan llegar a mi vida de nuevo. De la misma manera agradezco por esta buena y hermosa persona que me ha dado de comer hoy que estoy hambriento.  —Qué cocinero tan bueno. —Olvido mis modales y con un solo cubierto como de todo olvidando por completo que uno siempre debe comportarse digno. Me acabo el plato tan rápido que lo voy inclinando deseando que hasta los juegos del aceite se escurran por mi garganta.

No siento ningún arrepentimiento hasta que es muy tarde y pongo el plato en la barra y trato de encorvarme para no ser visto directo a la cara. Me rasco la frente y pienso en voz alta.  —Es un abuso, realmente no puedo pagarte por este plato.— Ahora que mi juicio ya no está nublado por el hambre y la comida me pongo de pie.  —¡Me quieres endeudar con comida! Ciertamente no caeré en tu trampa.— Ahora recién es que he caido en cuenta y he sido atrapado con factura que pagar.  —Calmate un poco, yo aun debo mucho dinero en el puerto y de hecho debo ir allí para trabajar en eso.—

Con la palma sobre la mesa doy un golpe y lo señalo.  —No es justo que quieras aprovecharte de mi de esa manera.— Claro ahora tiene sentido que hubiera preguntado por mi, seguro es uno de “esos.” Que le gusta mirarme y está esperando una oportunidad dorada para tenerme en deuda y así utilizar mi cuerpo. No quiero volver a esa vida, osea, no así, no tener que hacer las cosas por necesidad o hambre o capricho de otro ser.  —Además te informo que yo cobro muy caro el servicio, una sola comida no será suficiente.—

Claramente estoy haciendo en mi cabeza la idea de que este tipo es como otro que me han estafado antes y me ha llegado por la comida. De seguro tiene otro tipo de planes conmigo. ¿Por qué todos siempre tienen una doble intención? Bajo la cabeza y me quedo sobre mi rodilla un momento, me siento decepcionado de mi mismo ahora y no considero que sea bueno.  —Por favor, no creo poder con otra deuda. Le pagaré lavando platos si quiere.— Este tipo no tiene la idea de lo mucho que me pesa tener más deudores, me hace sentir arrepentido e inutil.

Lo agarró de la mano.  —Por favor, señor chef, sus habilidades para conducir los alimentos a una combinación exquisita me nubló el juicio. Prometo que si te pagaré pero no me abuses. Puedo atraerte clientela si gustas.— Mis ojos se ponen aguados porque la verdad esto me agarra en un momento un poco frágil y creo que ya me está pesando en la conciencia en no saber administrarse.

En esta Isla Karate las personas tienen en su cultura como mucho el código del honor y eso y la verdad quiero ver si puedo apelar a ello con este tipo guapo. Le imploro desde el fondo de mi pecho moreno y bien tonificado.
#4
Ver a la gente disfrutar sus platillos de esa manera siempre le alegraba. Había notado sin problemas el hambre del extraño frente a él, y verlo saciar su estómago era suficiente para hacerlo suspirar, satisfecho por su buena obra. - ¿No puedes? ¿Puedo preguntar la razón? -. Habló mientras terminaba de limpiar y volvía a dejar la escoba en su lugar. No le interesaba en especial la vida ajena, menos de alguien que no conocía de nada, pero prefería hablar de cualquier cosa antes de pasar el rato en silencio.

Lastimosamente, fue en ese momento que el hombre demostró su desconfianza. - ¿Eh? Te dije que era gratis, ¿por qué querría estafarte? -. Parecía alguien desconfiado. Por como iba vestido y su clara hambre, diría que huía de alguien, o algo. El alado habló de deudas, y de un “servicio”, sea lo que sea, poco le interesaba, simplemente siguió limpiando la cocina y los utensilios que había ocupado. - Simplemente odio ver a personas pasando hambre, me recuerdan a mi niñez, así que acepta la comida gratis o simplemente vete -.

Pese a sus palabras, su tono no se alejaba de ser neutral. No podría, ni intentaría, cambiar la opinión de alguien hacia él. Si el desconocido quería pensar que se trataba de alguien que quería endeudarlo simplemente podía irse y no volver, tampoco iba a perseguirlo. - Ya te dije que no es necesario que me pagues -. Verlo tan decidido a saldar una deuda lo hacía pensar en la gente de esta isla. En el poco tiempo que llevaban había podido ver como la mayoría practicaban un arte marcial, y eso los hacía seguir un código de conducta y moral bastante marcado. Él no era como ellos, le daba igual, no pertenecía a esta isla y poco le importaban las artes marciales.

La puerta del local sonó cuando alguien más entró, y Uker tuvo que mover la cabeza hacia un lado, para ver de quien se trataba. - Oh, hola jefa -. La mujer pelirroja entró sin aviso y sin ver hacia los hombres, dejando algunas cosas en un armario cercano. - Buen día, Rackham, ¿el pedido de ron llegó o…? -. Soltó un pequeño grito en cuantos alzó la mirada y vio al lunarian, para poco después darse cuenta de que Uker se encontraba también ahí. - Le invité una comida, parecía hambriento -. La mujer tuvo que recuperar el aliento, pero tardó un poco en responder, parecía enfocada en el cuerpo del hombre más grande. - Si… si… claro… -.

En cuanto dejó de observar los grandes músculos del peliblanco, dio un vistazo alrededor, notando el lugar limpio y ordenado. - Veo que cumpliste tu trabajo, aunque no se porque dudaría de ti -. Se acercó a la barra y sacó varias cajas de debajo de esta, de las cuales comenzó a sacar botellas llenas de alcohol, las cuales colocó en el exhibidor detrás de ella. - Y el cargamento de ron aún no llegó, pero tengo entendido que suelen tardar -. La respuesta del cocinero hizo que la mujer sonriera. - Bendito sea el día en el que apareciste por esa puerta, trabajas como nadie -. Lo siguiente que pudo escucharse fue un rápido “Para eso me pagan”, proveniente del pelinegro.

- Así que dime, buen hombre, ¿mi cocinero estrella te salvó del hambre? -. Preguntó la mujer en tono divertido, mientras colocaba las últimas botellas en el estante. - ¿Estrella? -. El joven con el flequillo tintado parecía no aceptar lo obvio, algo que recalcó la jefa en cuanto lo escuchó. - Desde que llegaste tenemos el doble de clientes y compradores, eso no lo hace cualquiera, niño -.
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#5
Bueno estuve a nada de convencerlo con que era necesario que yo le pagara y ya con eso podríamos llegar a un acuerdo, pero no pude insistir mucho más de ahí. Pero en ese momento hizo su entrada una mujer pelirroja. Llegó con aires de dueña, bien que conozco ese estilo, la caminata de gato, el poco interés de saber lo que le rodea. Ni notó mi existencia hasta que fué demasiado tarde. Claro de pie yo se que me veo mucho mejor pues sus caras cuando me ven desde abajo saben lo majestuoso y magistral que es mi cuerpo. 

Su mirada era tan entregada que hasta yo mismo me iba a poner en mi rol dominante. Que bueno que el cocinero intervino. No le sonreí pero se puede devolverle la mirada, noté lo que me está pidiendo con los ojos y el mensaje fue recibido.   —El hombre sabe lo que hace en la cocina. La excelencia no tiene límites si el está comandando su cocina.— Seguido de tantos piropos pude recostarme un de la barra dejando mis manos sobre la misma. Todo con la intención de que mis pectorales se vean un poco más inflados. 

 —Por eso es que deseaba tanto poder retribuir, pero es muy buena persona.— Al inclinarme hacia adelante miro fijamente al cocinero.  —Estoy en deuda con usted. Mi nombre es Heras, si en algún momento necesitas de mí, siempre tendrás un par de ojos en el cielo. — Una mirada tierna, me parece que este hombre es una buena persona y creo que puedo ayudarle alguna vez. 

—No tiene que ser hoy.— Cuando dije esas palabras sentí la soga en el cuello pues estaba ya en deuda en los puertso en gran parte del sur y no podía dedicarme al oficio que conozco. Cambie la mirada para no ver a ninguno de los dos, de hecho, por consecuencia de que había pasado la jefa ahora había comenzado a llegar gente hambrienta, uno tras otro, como una docena de personas. 

Claro todos y cada uno de ellos comenzaron a verme con atención pues mi presencia, mi torso, mi altura, mi abdomen, mis alas, soy todo un monumento a la belleza y quizá no llamó la atención de buena manera a todos. Todo se comenzó a llenar y se comenzó a percibir que había alguna parte donde la gente no se quería sentar pues yo estaba cerca de esas mesas. No deseé incomodar, hasta vi a uno de los hombres que iba de la mano con su mujer halar de su mano para llevarla a una mesa retirada de donde estoy yo. 

—Bueno Jefa, encantado, usted también cuando me necesite, puede encontrarme por aquí. También en el puerto cercano, a veces estoy por allí para navegar.— Mi voz con ella fue un poco más grave, más sugerente. Ella pensaría que no podía verla pero esa mirada hacia los vidrios donde tiene las botellas, podía sentir su mirada calentar mi piel tersa y oscura.
#6
Los halagos del hombre solo hicieron sonreír a Uker. - No fue la gran cosa, en serio -. No lo había hecho para demostrar nada, tampoco para recibir algo a cambio. Había visto a alguien con hambre y simplemente quiso ahorrarle el infierno que él vivió una vez. - No me debes nada por la comida -. Junto a la llegada de la jefa, otros trabajadores fueron llegando y tomando sus puestos. Cocineros, meseros, gente de limpieza, incluso aquellos que se encargaban de todo lo referente a las bebidas.

No pasó mucho hasta que el lugar comenzó a recibir clientes, y la charla entre las 3 personas era como un epicentro, llevándose todas las miradas de los recién llegados. - Bueno, ya que fuiste quien abrió el local y limpiaste, tienes un par de horas libres, Uker -. El muchacho asintió, agradeciendo el gesto, para luego escuchar las palabras del hombre alado. - Es un gusto Heras, espero que vengas a este lugar más seguido -. Algo le decía que incluso su jefa estaría encantada, con cómo lo miraba.

Fue en ese momento que lo escuchó. ¿Navegar? Si era un navegante, con deudas o problemas con alguna mafia, tal vez podría… - Escúchame, encuéntrate conmigo afuera, en unos… 5 minutos -. Fue una petición apresurada, incluso la dueña del lugar se vio extrañada, pero no tuvo tiempo de preguntar antes de que el hombre se retirara a dejar su delantal y salir del lugar.

El sol de verano golpeaba su cuerpo con fiereza, el calor comenzaba a ser insoportable, y aún no eran ni las 10 de la mañana. El muchacho se encontraba recostado en la pared del edificio, con los brazos cruzados entre sí, esperando al hombre con el que quería hablar. ¿Vendría? Esperaba que si, necesitaba hablar de negocios.

Y así fue, vio salir del lugar al hombre alto, esperando que se le acerque para poder hablar. - Así que eres navegante… a decir verdad, creo que si podrías hacerme un favor -. Habló con tranquilidad, no había malas intenciones en su petición, y tampoco quería que el contrario huyera al escucharlo. - Soy un pirata, o al menos eso seré. Mi tripulación y yo necesitamos un navegante, alguien que nos ayude a surcar los mares del mundo -. Y cumplir sus sueños, al fin y al cabo era lo más importante.

- No creo poder pagarte, no tenemos mucho dinero, pero te aseguro que tendrás un techo, comida, alcohol, diversión y protección, si es que estás dispuesto a formar parte del grupo -. Después de todo, no se trataba de un trabajo, sino de mantenerse como grupo por el resto, o gran parte, de sus vidas. - Tampoco es algo obligatorio, simplemente estoy buscando gente que nos ayude a zarpar, y que se vea interesada en el viaje -. Ya que por ahora, él ni siquiera podía manejar el barco que tenían, y si tuvieran un navegante podría concentrarse en su verdadero trabajo: ser cocinero. - Además, como deseo cumplir mi sueño, también quiero que los que me sigan cumplan los suyos, en la mayor medida posible -.

- No debes unirte hoy si no quieres, puedes pensarlo si eso necesitas, de igual manera no podemos zarpar. De igual manera, sería un honor tener más compañeros, y ayudarnos entre todos en nuestro deseos -.
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#7
Me parece correcto, podemos continuar esta conversación afuera. Menos mal pude salir. Aquí afuera estoy más tranquilo. Hasta busqué donde tomar asiento. Creo que no fueron los 5 minutos que él dijo que serían. Capaz fue un poco más. Me levante a cambiar de posición a esperar recostado de una pared. 

Entonces él llegó hasta mí con una propuesta que se escapaba por mucho de lo que yo podría esperar. Era una sueño con lo que estaba llegando hacia mi y la historia la contó con tanta facilidad que para mí fue muy fácil creerle. El hecho de creer en sus palabras no me hace tomar la decisión inmediatamente.

—Todo eso suena ya como un sueño.— Hago una pausa, te veo con atención, pues ahora mismo parece una fantasía que me está vendiendo. Pero para alguien que viene de un mundo de prostitutas y ladronas he escuchado de hombres que te venden un país de las maravillas y cuando llegas entonces nada es cómo lo pintan. Me siembra la duda y la dejó allí. 

—Me parece bien, Este tipo de propuestas no puedes hacerles a todo el mundo. Ya que no conoces mi pasado ni mis problemas que me persiguen. — Ciertamente pensar en una vida en la que no debo todo los berries que me gano en la vida y que puedo surcar el océano con total libertad. Parece no solo un sueño, una fantasía tan hermosa que es difícil de creer. Tener compañeros que me van a cubrir en las noches frías y con los que voy a poder conocer todo el mundo. 

Una experiencia llena de altas y bajas como me dijo Lan Kaije. Eso me hace sonreír, me hace pensar que una oportunidad como esta no la puedo dejar pasar. 

—Bueno, podemos, hacer lo siguiente, más adelante cuando esté más preparado podemos continuar esta propuesta. — Soy consciente de que tengo muchas limitaciones. Esta vez me ganan mis inseguridades, no tomaré el cupón, pero la próxima vez, estoy seguro de que me irá mejor.
#8
Los problemas que lo persiguen. No, no los conocía, y el hombre alado lo hacía sonar a algo malo. Tal vez era por eso que se encontraba con tanta hambre cuando se vieron, tal vez por esos problemas había desconfiado en el momento en el que el cocinero le tendió una mano. Él no vivía mal, ya no era perseguido por los marines, ya no debía ocultarse, en comparación a muchas personas poseía una vida tranquila, pero sabía muy bien cómo se sentía convivir con los problemas a diario.

No se lo deseaba a nadie.

La opción del contrario era buena, pero también lo dejaba de nuevo en el punto de salida. - Más adelante… -. Pensó un poco, solo un momento. Debería buscar a alguien más, o quedar como el navegante definitivo del barco. Decirle que se encontraran luego sería darle falsas esperanzas, tal vez no se detengan nunca, tal vez mueran antes de siquiera subir al Grand Line, pero… - Sería interesante -. Miró al hombre con una sonrisa, como si estuviera pensando en algo.

Un navegante que si pueda enfocarse completamente en ese rol, si ese peliblanco hiciera eso muy seguramente sería mucho mejor que él en la navegación cuando llegue el momento. Hacerse cargo completo de la tripulación por un tiempo, hasta que alguien más con mucha más experiencia llegue a sustituirlo en el puesto. Sería genial, incluso existía la probabilidad de que su nivel como tripulación suba si el moreno se encontraba con ellos con un nivel mucho más alto. - Bien, entonces volveremos a encontrarnos y hablar sobre esta propuesta -.

Levantó su puño hacia él, esperando que el contrario lo chocara con el suyo propio. No hubo una gran despedida o nada por el estilo, simplemente volvió a su trabajo, hasta que el sol comenzaba a ocultarse por el horizonte. Un día largo, agotador, aún debía cocinar para la tripulación y el pensamiento de eso hacía que sus piernas dolieran aún más. Encendió un cigarrillo, y lo fue fumando de camino al barco, al menos para que su mente se enfocara en otra cosa.

Más compañeros, más sueños que compartir, más bocas que alimentar, más… ¿amigos? No aún, ninguno podía considerarlo su amigo, ninguno lo consideraba a él un amigo. Simplemente los necesitaba, simplemente lo necesitaban, así funcionan las tripulaciones piratas, ¿no es así?

Cocinó en silencio, sin escuchar las conversaciones o locuras que aún los demás miembros soltaban. Estaba enfocado en pensar, en analizar sus posibilidades. Debía cargar con esa tripulación, ese era su rol, debía hacerlo bien. ¿Conocía a otros capitanes? Tal vez podría preguntarles, si es que tan solo conociera a uno, ni siquiera en Sorbet vio uno nunca. ¿Qué más debía hacer? ¿En que no estaba pensando? Sus inseguridades no le dejaron pensar con claridad en toda la noche, así como lo mantuvieron despierto, hasta que el sol volvió a asomar por su ventana.
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