First step [Presente Relativo]
#1
Tose un momento mientras camina, llevándose la mano en forma de puño a la boca. Es tarde, así que el leve descenso en la temperatura le incomoda un poco. No anda con un abrigo, pues esperaba tener listo un alojamiento en el que quedarse. La sorpresa fue inmensa cuando le dijeron que hubo un accidente que causó que tres habitaciones fueran inhabitables, entre ellas la reservada para Kiyoshi. ¡Qué mala suerte la suya! Y con lo gruñón que es, mejor ni hablarle durante un buen rato. Por ese mismo motivo es que se dedica un rato a pasear, buscando un sitio en el que al menos pueda comer algo. Ya dónde dormir puede verlo después.

En su apariencia destaca la mascarilla blanca en su boca, además de sus ojos que expresan no querer hablar con nadie. Su mano diestra sujeta un maletín oscuro y otro más, pero bien largo y grande, en la espalda. Ahí lleva cierta arma que porta siempre para defensa personal.

¿Pero qué es lo que está haciendo aquí nuestro poco amigable protagonista? Trabaja como médico. Al poseer un apellido relativamente conocido en estos mares más humildes, ha logrado desde el principio obtener clientes que se comunican con él para que venga a tratarlos. Si bien no es el médico con más experiencia y capacidad en el mundo, ha sabido transmitir confianza con su labor. A pesar de que sus padres le dejaron un buen dinero para vivir, desde su partida quiso cambiar su estilo de vida y situarse a sí mismo dentro del mundo, no depender del esfuerzo de alguien más.

Esto no quiere decir que venga con una sonrisa, emocionado. No es así, de plano. Su trauma le provoca nervios siempre antes de que deba tratar a un paciente.

La atención al cliente ya la hizo, pero no puede tomar un barco transportista hoy mismo para regresar a casa, sino que debe esperar un poco. ¡Ahí es donde confiaba en tener hospedaje! Pero ya no lo tiene, no hay caso de pensar en eso. No sirve de nada.

Una parte de él desea preguntarle a alguien sobre un sitio en que comer, mas no quiere. No le gusta mucho hablar con la gente, así que se dedica a parar bien la oreja para dar con cualquier información que pueda serle útil. Ahí es cuando oye a tipos hablar de un sitio en donde bebieron bien, acompañado de una buena comida. Claro, la sorpresa de Kiyoshi será cuando se entere que no es comida tanto para cenar, sino más bien como un acompañamiento. Pero paciencia, aún falta para eso.

Llega a la entrada del lugar y entra. Se ve… bien, sí, bien, mejor de lo que esperaba, lo que no es menor si tomamos en cuenta lo exigente que es con este tipo de cosas. Buena iluminación, buenos muebles, varios clientes, aunque esto lo toma como algo negativo. No puede ser perfecto, ¿verdad? Me pregunto si habrá algo en esta vida a lo que Kiyoshi no le encuentre algo malo, tal vez los milagros existan, mas no hoy.

Se acerca a una mesa vacía, una de las pocas que queda. Desde dentro de su chaqueta saca un pequeño frasco con desinfectante, el cual lanza sobre la silla y sobre la mesa. Ahora, con un pañito, se dedica a limpiar bien, asegurándose de que no quede ni un poco de polvo, ¡nada! Incluso se coloca un guante para tocar y cerciorarse de ello. Luego, se lo quita.

Procede a tomar asiento después de dejar su maletín de mano sobre otra silla y la maleta en su espalda en el piso, a un lado de él. No levanta la mano ni alza al voz para pedir que lo atiendan, simplemente espera que un trabajador haga bien lo suyo y se acerque a aceptar el pedido.

Todo podría proceder normal si no fuera porque un tipo, saliendo del baño, se desploma repentinamente al piso, delante de todos. ¿Qué le pasó?

— Es tonto...


[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
  Responder
#2
Otro día de trabajo, otro día tranquilo.

Al menos eso desearía decir.

En cuanto llegó, le dieron la noticia: dos personas que trabajaban como camareros se habían retirado por haber llegado enfermos. La reputación del local subía y obviamente no podían dejar que algo como eso arruinara la buena imagen que había obtenido las últimas semanas. ¿Cuál fue la solución? Designar a dos cocineros a trabajar también como camareros. No tenía problemas, lo había tenido que hacer antes, pero ese día nada parecía estar a su favor.

Con el rendimiento que había demostrado, los trabajadores del lugar rápidamente lo tomaron como una figura importante, y no faltaban las preguntas sobre sus trabajos y si lo hacían bien. No podía responder a todos, no estaba ahí para enseñar, y menos ahora que debía correr entre las mesas y la cocina..

Aún así, pudo pasar las horas sin mayores contratiempos. Ya entrada la noche, el consumo de comida se hacía cada vez menor y el alcohol comenzaba a ser el pedido prioritario. No era su rama, por lo que no debía hacer acto de presencia, y el descanso se vio por fin en el horizonte. Fue en ese momento que alguien entró al lugar, podía verlo perfectamente por una ventana que dejaba ver el local desde la cocina, y viceversa. Notó como era de cauteloso con cada cosa a la que se acercaba o tocaba, le dio curiosidad, preguntando a sí mismo si debería ir a tomar su pedido para evitar problemas.

Sin embargo, algo detuvo ese pensamiento. Un sonido seco, y un pequeño grito, alguien asustándose por algo. Desde la cocina no podía ver que pasaba, pero giró su rostro hacia dos de los cocineros, indicándoles que vayan a ver qué pasó. Por su parte, en cuanto sus compañeros se retiraron, dejó su delantal y cinta para el cabello, y se acercó al recién llegado. - Buenas noches, ¿desea pedir algo? -. Habló en un tono respetuoso, sin acercarse en exceso al hombre para no incomodarlo. - No se preocupe por ese inconveniente, veremos que pasa y lo solucionaremos -.

Ahora que lo veía, parecía haber un hombre desmayado en la entrada de los baños. No podía negar que le daba curiosidad, pero con menos personal, y menos cocineros por estarse encargando de ese asunto, lo mínimo que podía hacer era hacer su trabajo. - Si desea alcohol, mi jefa se lo servirá sin problemas, y si quiere algo de comer se lo prepararé enseguida -. Podía hacer uso de sus habilidades como cocinero para encargarse de los pedidos, pero no era un medico como para revisar si esa persona se encontraba enferma.
[Imagen: nxACuAB.png]
  Responder
#3
Su rostro aparenta calma, pero su cuerpo nerviosismo. Los dedos de su mano derecho golpean una y otra vez la mesa en que se apoyan. ¿Le molesta el cuerpo en el piso? ¿Que el camarero que se acerque le quite importancia? ¿Que solo dos tipos y nadie más vayan a verlo? No, para nada. Muy médico es, pero no es de los que le importan mucho los desconocidos. — ¿Eres tonto? ¿No te das cuenta de todo el polvo que levantó al caerse? — Pobre Uker, ha venido tan amable a atenderlo y se encuentra con una ofensa en el primer intercambio de palabras. Lástima, pero si quiere tratar más seguido con Kiyoshi, deberá acostumbrarse a esto.

Es el pan de cada día cuando tienes a un gruñón honesto cerca, siempre se molesta y dice lo que piensa. Frente a él o frente al mismísimo Dios, no le importa quien tiene enfrente.

— Deseo algo para comer, lo mejor que tengan. — Pues no ha comido nada en todo el día. — Pero primero necesito que me des un trapero. No pienso comer en un lugar repugnante. — Es más, ni necesita decirle. Kiyoshi se levanta y pasa por un lado del camarero, buscando activamente con sus ojos lo que debe ser una escoba. Ni siente pudor al abrir puertas exclusivas para trabajadores, dar con la cocina, la jefa o cualquier otro empleado que pueda quedar.

Nada le importa. No es que sea un maleducado, pero su manía con la limpieza le puede mucho más. Hasta podríamos decir que ni siquiera está siendo consiente de lo que hace, es como si se moviese por acto reflejo.

Finalmente da con el trapero y llega donde están los dos tipos intentando mover cuidadosamente al hombre accidentado. Nuestro impaciente amigo solo los evade y con el pie hace a un lado el cuerpo, sin importarle si eso puede afectar o no a su salud. Cuando ya ha hecho espacio suficiente, se dedica a trapear donde estuvo el cuerpo antes. No se detiene hasta que llega a brillar, seguramente haciendo un mejor trabajo que cualquier encargado de la limpieza que hayan tenido antes.

Eso sí, los trabajadores se molestan con él. Lo miran extrañados, pero también enfadados, se nota además en las manos empuñadas que tienen en los costados de sus cuerpos. Justo cuando uno de ellos se quiere animar a reprenderlo por no cuidar al enfermo, Kiyoshi toma protagonista en lo que, normalmente, todos declararían como más importante.

— ¿Son tontos? ¿Acaso no ven lo mucho que está sudando? Es obvio. — De inmediato voltean a mirarlo, pero siguen sin entender qué significa eso. — Está pálido y se le nota confuso en la mirada. — Porque está despierto, pero incapaz de decir algo coherente o moverse por su cuenta. Aún falta información. Ayúdalos, Kiyoshi, ilumínalos con tu conocimiento. — Y apesta a alcohol. Seguramente tiene diabetes y ha sufrido un golpe hipoglicémico. ¿Es que acaso no saben nada, tontos? — Curioso que aun cuando habla, sigue limpiando. ¡Necesita que todo esté perfecto!

Sin hacer nada más, ni ir a dejar el trapero de donde lo tomó, regresa a su silla. Espera que el camarero haya tomado su orden. De todos modos, alza la voz lo suficiente como para que pueda escucharlo. — Camarero, tráele un jugo o lo más dulce que tengas. Dénselo a beber con cuidado, no vayan a ser tan tontos de ahogarlo. — Él tiene en su maletín algo que pueda ayudarle, pero duda que le paguen por eso, así que ni ofrece la oportunidad.

— No quiero que vengan tontos a investigar una desgracia y arruinen mi comida. — Con tontos se refiere a marines o algo así, oficiales de la ley, para que nos entendamos.
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
  Responder
#4
- ¿Polvo? -. Uker tuvo que parpadear un par de veces ante las palabras del otro hombre. Sabía que tenían el suelo tan impecable como podían, no había visto que una mota de polvo se elevara en cuanto el el otro hombre cayó. - Le aseguro que nos encargaremos del asunto y de la limpieza en un momento, solo… -. No pudo hablar antes de que el desconocido saliera disparado, en dirección a las salas para empleados. El pelinegro solo lo pudo mirar con incredulidad, sin ser capaz de detenerlo por mucho que le hablara o pidiera que no ingresara en esas habitaciones. Mucho menos pudo atinar a decirle algo en cuanto tomó el trapeador y comenzó a limpiar.

Parecía un maniaco por el orden, un odiador nato de la suciedad. Podía agradecer que no había mucha gente a estas horas, y que la mayoría se encontraban ya disfrutando luego de varios vasos de alcohol. Pudo ver como otro de los empleados se dirigía al hombre con el trapeador, no sabía si debía detenerlo o no, pero esa duda se disipó en cuanto el extraño mencionó sus siguientes palabras. - ¿Eh? -. Giró para ver al enfermo, el que pensó que simplemente había tomado demasiado alcohol y se había quedado dormido. - Hipogli…¿qué? -. No sabía de lo que hablaba, incluso si gran parte de su niñez la había pasado en un hospital. Fue el propio desconocido quien les dio la respuesta, mientras que el pelinegro volvía a guardar el trapeador que ni siquiera se molestó en llevar de nuevo a su lugar.

Otros empleados se encargaron del enfermo, mientras que el cocinero se enfocó en preparar lo que el hombre le había pedido. De hecho, no le había pedido nada, estos clientes siempre eran los más problemáticos, pero supuso que solamente debía preparar el mejor platillo de la casa. El plato insignia, un pay de cereza. ¿Eso no se trataba de un postre? Tal vez, pero el hombre pidió lo mejor que tenían, y eso le iba a dar. Era una suerte que ya hubieran estado preparando el relleno antes de que el hombre llegara, por lo que simplemente debían poner todo en el horno.

Fue él mismo quien entregó el pedido, con una sonrisa y volviendo a preguntar si necesitaba algo más. En cuanto volvió a la cocina, el reloj de la pared marcó que era su hora de salida, su turno había terminado.

¿Se fue a casa? No, esperó fuera del lugar, pacientemente, a que ese desconocido volviera a salir. No le importaba mucho tener que esperar por horas, de igual manera no debía hacer nada en el barco, al menos eso creía. Había pasado un buen tiempo hasta que ese hombre volvió a salir por la puerta, y Uker soltó el cigarro que estaba fumando para luego pisarlo y apagar las pequeñas brasas. - Oye, tú -. Se acercó al desconocido, sin esa cordialidad de antes, pero con la misma sonrisa y manteniendo una distancia prudencial para no molestar al loco de la limpieza. - ¿Eres un médico? Fuiste de gran ayuda ahí -. No lo conocía, si se trataba de un médico o doctor… podía intentar convencerlo de unirse a ellos. - Escucha, mi grupo y yo estamos por irnos de la isla en algunas semanas, y en verdad nos vendría bien tener un doctor entre nosotros -.

La separación de la tripulación los había dejado sin médico y carpintero. Maki estaba aprendiendo lo que podía, y él había tomado y seguiría tomando clases de Thrym, pero los conocimientos y habilidad de Hyakintos era algo difícil de igualar por un novato. - ¿Podemos… hablarlo? -.
[Imagen: nxACuAB.png]
  Responder
#5
Menos mal le han obedecido. Levantan el cuerpo del pobre hombre y se lo llevan, ojalá a darle lo dulce y luego que lo atienda un médico. Médico que está aquí mismo, sentado, pero que no tiene pensado ayudar en nada más si no es a cambio de un pago a su altura. Esto no ocurre y solo le entregan su comida… Bueno, se decepciona, e incluso muestra una clara expresión de molestia en su rostro, pues se trata solo de un postre, pero dicen que peor es nada.

Se toma su tiempo para comer el postre, notándose que tiene bastantes modales por la forma en que usa los cubiertos o se limpia con la servilleta. Todo el tiempo, otros clientes le ha puesto los ojos encima. Imposible que no luego de haber llamado tanto la atención hace pocos minutos, lo cual es curioso por ser alguien que se caracteriza de no disfrutar ser el centro de atención. Mientras menos lo miren y molestan, mejor, mucho mejor.

Una vez ya terminado, pagado y todo, toma sus dos maletines, uno en la espalda y otro sujeto por la mano izquierda. Para su sorpresa, cuando abandona el local, ante él surge la presencia del hombre que lo atendió hace un rato. Kiyoshi no es tonto, entiende de inmediato que ha estado siendo esperado todo este tiempo. ¿Acaso llegó el momento de los problemas? A pesar de su personalidad gruñona y que parece siempre quiere insultar al resto, no es alguien que le guste meterse en líos. Ya sabemos de su paupérrima fortaleza física, por lo que, en la mayoría de situaciones, tiene las de perder.

Sin embargo, no significa que no tenga sus propios métodos de defensa. De inmediato deja caer el largo bolso detrás suyo para que toque el piso, amenazando con abrirlo y usar lo que hay dentro. Esto se descarta cuando el tipo comienza a hablar. No entiende del todo, pues lo de ser un grupo e irse de la isla puede significas varias cosas, por lo que invitación a ser pirata no es lo primero que pasa por su cabeza.

— ¿Eres tonto? No puedes venir aquí a hablarme y no empezar por lo importante. — Pasa por su costado y sigue su camino, aunque hace una leve seña con la mano para que lo siga.

Llega el momento de los negocios, al menos así lo ve Kiyoshi.

— ¿Cuál es tu propuesta económica? Debes saber que en estos mares mis servicios no baratos, menos cuando me pides acompañarlos a una isla que escapa de mi itinerario. — Básicamente, al salir de casa, tenía una lista con sitios que visitar para atender pacientes y luego regresar, todo ordenado con fechas, bien estructurado, como es él.

— ¿Qué harán en esa isla para que necesiten un médico? ¿Qué isla es? ¿Durante cuánto tiempo contratarán mis servicios? ¿Me darán transporte luego para regresar a casa? — Demasiadas preguntas, pero que demuestran lo profesional que es.

A estas alturas, Uker ya debe haber comprendido que el médico no ha entendido del todo su punto, que es unirse a una tripulación pirata por tiempo indefinido.
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
  Responder
#6
El maletín cayendo al suelo era suficiente amenaza para hacer retroceder a alguien, estaba seguro. Sonaba pesado, y por sus dimensiones sabía que no podía contener cosas médicas, a menos que lleve consigo una camilla también, lo que solo lo haría más interesante. Lastimosamente, Uker no era un cualquiera (en verdad si, pero se trata de un decir), no podía ser intimidado por cosas parecidas a esas, tuvo que enfrentar marines antes, incluso algunos que podían cortar el propio metal. Tuvo suerte de que lo dejaran escapar, eso no lo niega nadie. - ¿Lo importante? -.

Siguió al extraño al ver su gesto con la mano, aún sin acercarse mucho para no incomodarlo. Sus preguntas llegaron como un torrente, y Uker mantuvo el silencio para poder entenderlas y pensarlas, para luego contestar. - Oh, lo siento -. Esa fue su primera respuesta, una que no le decía mucho al otro hombre. - No es que quiera contratar tus servicios de esa manera, y lo siento si di a entender eso -. El joven puso las manos en sus bolsillos mientras caminaban. Había mucha gente alrededor, no era buena idea mencionar el hecho de que eran piratas, por lo que intentaría dejárselo en claro de otras maneras.

- Mi grupo y yo queremos recorrer los mares, y eso significa pasar al Grand Line para llegar al Nuevo Mundo -. No podía ser más claro con lo que quería decir, pero por si acaso repitió su propuesta. - Necesito un médico, a tiempo completo. Te prometo que nunca te faltará un hogar, comida, insumos y alcohol -. Al fin y al cabo, no planeaba matar de hambre a su tripulación. - Oh, y te aseguro que somos limpios -. Tal vez eso no era una verdad completa, pero ya vería como solucionarlo si el extraño aceptaba.

Por fin la caminata los alejó de la gente, momento en donde el pelinegro aprovechó para hablar. - Escucha, somos piratas, al menos aspirantes a eso, pero no significa que planee ponerme en contra a la marina o causar estragos -. Habló con más seriedad que antes, dejando de lado su sonrisa segura y adoptando una actitud diferente. - No lo digo solo para alentarte a unirte a nosotros, sino también para advertirte de eso -. Al fin y al cabo, no podía saber si el hombre se trataba de alguien con esos deseos. - Tengo un grupo que cuidar como capitán, quiero cumplir sus sueños, así como el mío, no puedo dejar que un error nos maten -.

Sostuvo entre sus dedos el borde de la manga de su chaqueta, recordando a su familia y a ese sueño que mantenía consigo. - No tienes que aceptar ahora, y tampoco voy a seguir insistiendo si un pedido así te molesta, pero me vendría bien tener a alguien como tú a bordo -. Ya incluso dejaba de pensar en su trabajo como médico, simplemente necesitaba a alguien que le ayudara a equilibrar la locura que era ese barco en este momento.

Un giro en una esquina los devolvió cerca de la muchedumbre, personas que salían de bares o se dirigen a sus hogares. - Ese lugar donde cenaste, no tienen idea de eso, y tampoco quiero meterlos en líos, así que agradecería que si te niegas a mi oferta al menos no los incluyas a en situación si pretendes denunciarme a la Marina -.
[Imagen: nxACuAB.png]
  Responder
#7
¿No quiere sus servicios? Entonces, ¿qué quiere? Sigue su camino mientras lo escucha, entendiendo que no quiere ser del todo directo por estar cerca de otras personas. No le gusta acelerar el paso, pero lo hace para así llegar a una zona más solitaria y poder terminar pronto con este asunto. Aun así, la idea propuesta ya está bien clara en su mente, pero desea poder usar el término para que quede claro de lo que están hablando.

— Ya veo, así que quieres que yo sea un pirata. ¿Eres tonto? — Parece que su respuesta ya es bastante evidente por dónde van los tiros. — Estás buscando a la persona equivocada. Para ir al Nuevo Mundo, necesitas a personas fuertes, y yo solo soy un doctor con buena puntería. — Esperemos que Uker entienda a qué se refiera con lo último. Procede a toser y llevar el antebrazo a la boca, mostrando por qué no es fuerte, por esas enfermedades que posee.

— No podré ayudarte a proteger a los tuyos. Soy bueno en lo que hago, pero también soy consiente de mis debilidades. — Aquí es donde podemos ver que es un tipo bastante sincero. No miente ni oculta su lado débil. — No tengo el físico para lanzarme a una vida tan peligrosa, solo recorro islas cercanas a la mía para poder ganarme a la vida. No puedo más que eso. — Posa la mano derecha sobre el hombro ajeno e intenta empujar. Uker podrá ver como su cuerpo no se mueve casi nada, creyendo que la intención de Kiyoshi es esa, cuando en verdad busca empujarlo de verdad.

Desde pequeño se le brindó un cuerpo más débil que al resto, limitándolo en muchas cosas. También sucede que siempre se aferró a eso, no intentó cambiarlo. En vez de fortalecer su cuerpo, creyendo que era inútil y una pérdida de tiempo, enfocó su crecimiento a las armas de fuego y a la medicina. Como mencionó, se considera apto en sus ámbitos, pero en los otros acepta ser mediocre.

Sin embargo, no es que nunca se le haya pasado por la cabeza ser pirata. Sabe que, encerrado en este mar dedicándose a su profesión, nunca podrá dar con la respuesta de porqué sus padres murieron a manos de agentes del gobierno. Vengarse de ellos es su deseo oculto, uno que no le ha dicho a nadie, al menos no directamente. Sabido es que siente rechazo hacia el gobierno mundial, pero no ha salido de su boca el querer obtener venganza.

— No seas tonto, no tengo la intención de meterme en problemas y denunciarte. Lo que ustedes hagan con sus vidas no me importa. — Lo que le importa es la envidia que siente por ellos, Uker y sus compañeros, aunque no conozca al resto. ¿Serán todos fuertes? ¿Cuánta confianza en sí mismo tendrán? Confianza que a Kiyoshi le falta.

Ojalá él pudiera ser lo suficientemente fuerte como para lanzarse a esa vida sin tener miedo.

— Me han dicho varias veces que la mayoría de los piratas son tan estúpidos que mueren por nada. Entiendo que necesiten un doctor, pero uno incapaz de defenderse a sí mismo no tiene mucha utilidad. — No sabe cuándo, pero ya ha retomado la caminata, una lenta, no queriendo alejarse del pirata.

— Un tonto pirata no debe querer nada conmigo. Si necesitas que atienda a alguien, búscame y págame. No trabajo gratis.
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
  Responder
#8
De nuevo ese insulto dirigido hacia él. Era de mucha ayuda que Uker se hubiera forjado de una gran paciencia, o ya vería con malos ojos al médico con el que hablaba. No era un gran hombre, al menos eso veía a primera vista, se lo notaba sincero y preocupado, pero sabiendo sus contras y como le sería imposible mantener el estilo de vida que ellos llevaban, o llevarían. - Ya veo, yo… -. No pudo terminar de hablar antes de sentir la mano del hombre en su hombro. La ropa cedió al empuje, pero no así el cuerpo del cocinero, quien no hubiera pensado que intentaba moverlo de su lugar.

De nuevo esa sinceridad, de nuevo sus malos tratos. Al pelinegro no le parecía mal, al fin y al cabo prefería que le sean sinceros antes de que intenten ganarlo con palabras bonitas y mentiras. - Te lo agradezco, en verdad -. Era un alivio no tener que pensar en si la persona a la que le hablaba resultaba ser un problema, pues había sido bastante poco precavido al intentar reclutar. Tal vez le faltaba algo de práctica en ese ámbito.

- ¿Utilidad? -. Dejó esa palabra flotando en el aire en cuanto escuchó al médico, deteniéndose mientras lo veía alejarse un poco. - No busco eso, yo… -. A decir verdad, si, necesitaba gente útil, pero no en el sentido que el contrario hablaba. - Yo no sé… no sé muchas cosas. No sé pelear, no sé navegar apropiadamente, no sé tocar un instrumento, no sé cómo disparar un arma -. ¿Y este arranque de sinceridad? Tal vez lo provocó el mismo hombre con sus palabras anteriores. - Solo sé como cocinar platillos deliciosos, y eso es lo único que puedo ofrecerle a mi tripulación, y aún así ellos creyeron en mí -.

Ashveil lo había dejado como capitán en cuanto tuvieron que dividir la tripulación. No era algo que hubiera querido, no era una responsabilidad que hubiera aceptado, pero esa gente necesitaba una guía, una mano firme, y aceptar dejó de ser simplemente una opción. - No necesito que sepan hacer todo, tampoco que sepan hacer mucho, simplemente deseo gente que pueda darme una mano para cumplir mi sueño, así como yo quiero ayudarlos a cumplir los suyos -. Porque no iba a aceptar que nadie en su tripulación terminara su aventura o su vida sin haber cumplido el sueño que se propone.

Pero entendía a aquellos que no deseaban ese tipo de vida, a aquellos que no podían vivirla. - Pero gracias por escucharme, y por tu tiempo. Sería bueno si lo piensas un poco pero… de igual manera agradezco que hayas sido tan sincero -. No podía obligarlo a ser parte de algo así, a poner su vida en juego por gente que no conoce, a confiarle su sueño a alguien que aceptó ser tan inútil.

- Por cierto, ¿en que isla vives? Tal vez nos demos un paseo por ahí en cuanto zarpemos, tal vez quieras unirte en cuanto veas a la tripulación -. Lo más seguro es que no, pero aún quería saber de dónde venía el hombre. - También, déjame pagarte de alguna manera lo que hiciste por el hombre en el local, al menos de parte del restaurante -. Dijo que no trabajaba gratis, pero tampoco había pedido nada por curar a ese hombre que se había desmayado, lo que le pareció extraño al muchacho de ojos azules.

La caminata lenta volvió a llevarlos a una zona repleta de gente, incluso a estas horas de la noche. - Dime, ¿ya tienes habitación o necesitas un lugar? -. Había mucha gente, más desde las últimas semanas, por lo que le preocupaban las personas que veían a alquilar un lugar donde quedarse. - Conozco un par de posadas más escondidas, tal vez tengan lugares, si lo necesitas -.
[Imagen: nxACuAB.png]
  Responder
#9
No es la primera vez que Kiyoshi trata con un pirata. Si bien no es un experto en el trato con ellos, es la primera vez que escucha a uno decir que no es fuerte, no tiene habilidades para combatir, ni siquiera sabe conducir un barco. Además, parece ser el capitán. Entonces, ¿cómo diablos quiere proteger a los suyos y ayudarlos a cumplir sus objetivos? Parece que no es tan realista como el médico, o al menos así lo piensa él.

— Si arriesgan sus vidas junto a ti solo a cambio de comida, o eres un chef de primera o ellos son demasiado tontos. Como médico, es molesto cuando aparecen pacientes que han llegado a un estado deplorable solo por no cuidarse, por creer en cuentos y no apegarse a la realidad. — Y aunque solo lo haga a cambio de dinero, no quita que ese tipo de personas son más molestas de curar. No sabría explicarlo, pero así es para él.

Suelta un suspiro y se baja la mascarilla un momento para seguir hablando, permitiendo que así se entiendan más sus palabras. — He tenido que aprender que, cuando menos lo esperas, los que estén cerca de ti, morirán. O peor aun, los matarán. Si eso ocurre en una isla, ¿qué crees que ocurrirá en el mar? ¿Has pensado en cómo realmente cuidarás los sueños de tus amiguitos? Creo que eres muy tonto y no te has detenido a pensar en soluciones. Los milagros no existen.

Es normal que un médico piense así. Cuando un paciente no puede sanar con sus conocimientos, no sirve de nada esperar que una fuerza sobrenatural venida de los cielos podrá obtener otro resultado. Cuando la capacidad humana se ve superada, no hay nada que hacer.

— Provengo de la Isla Swallow. Si pasan por ahí, les daré un 20% de descuento en chequeos médicos. Puedes cobrarlo a cambio de que no te cobre en esta oportunidad. Aunque tengan cuidado si van ahí, suceden cosas que ni yo puedo explicarme. — Como el hecho de que agentes del gobierno hayan asesinado a sus padres que también pertenecían a esa facción.

Si un motivo tiene para dejar de pasearse por islas solo como médico y enfrascarse en una aventura, es ese, poder descubrir qué sucedió y vengarse. Kiyoshi no es de los que dejan que las cosas se las lleve el tiempo. Es un gruñón de cuidado, y muy vengativo.

— Lo pensaré. No te diré qué, pero hay un objetivo en mente que me llama. Sin embargo, una tripulación de tipos débiles como nosotros no logrará nada. Pero quién sabe. Un solo anticuerpo no logra nada, pero cuando se juntan logran neutralizar diversos virus y bacterias. — Bacterias que él odia, pero es una buena analogía.

Realiza una despedida con la mano diestra y se separa de Uker, queriendo seguir su propio camino. — Tengo donde quedarme. Nos vemos. — Le miente, no tiene un techo, pero desea pensar a solas sobre semejante invitación.

¿Y será que ese “nos vemos” da una pequeña esperanza? Ya se sabrá en el futuro.
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)