Un error en el mapa :: Pasado :: Privado :: +18
#1
Narrador / María Merlot

BANDA SONORA :: REWRITE THE STARS

Día 69 de verano año 16.
……………………………………………

Es completamente irrazonable.
Alguien debería decírselo.
O mejor… demostrarselo.

Lo sabía muy bien, en el fondo entendía que era una completa locura, un sinsentido que posiblemente terminaría con su corazón roto pero la razón no formaba parte de ella, y a sus 19 años, dudaba que alguna vez hiciera acto de presencia. ¿Por qué lo decía? Porque saber qué batallas luchar y cuales dejar pasar, era la mejor forma de mantenerse sin heridas emocionales, mentales y hasta físicas. Pero ese día, para sorpresa de nadie, se dejó llevar por sus anhelos… anhelos que no eran una meta, sino una dirección: la de la locura, la de la única vida que conocía de verdad.

Las risas forzadas se perdían entre la mala música del primer piso, el aire denso la hacía querer estornudar. Vicio respiro  desde el instante que se adentro en el recinto. Licor barato, humo a tabaco y desinhibición en cada rincón, ella conocía bien ese tipo de lugares, y los odiaba profundamente... porque habían sido años oscuros de su corta vida pero no es una historia para contar en este momento. 

¿Dónde estaba María?
En un burdel.
¿Qué hacía ahí?
Tentar a la suerte por su débil corazón.

Horas atrás se había encontrado con un niño por casualidad, un flacucho adolescente al que apenas le estaban creciendo tres pelos en el mentón. Se hubiera reído de él pero las lágrimas que caían de sus ojos y los golpes en su cuerpo no eran por diversión, así que no pudo más que detenerse a consolar al desconocido. Le había preguntado qué le sucedía, le había dicho que sus heridas sanarían, hasta lo invitó a comer algo rico si lograban encontrar un restaurante, después de todo... Ashviel le había dado algunas monedas para entretenerse… claro, si lograba encontrar algún lugar poblado porque ya llevaba buen rato perdida.

El chico le había contado su historia, en medio de aquel camino intransitado, bajo aquel árbol frondoso, al pie de la gran montaña. Un relato que la había desencajado, que le trajo recuerdos lejanos dónde ella fue la protagonista de algo muy similar. ¿De qué trataba? Lamentablemente de situaciones que sucedían más de lo imaginado: Trata de Personas. Unos maleantes se habían llevado a su hermana mayor, la habían vendido en un burdel local, y sin poder o dinero no pudo hacer más que intentar él mismo rescatarla, sin éxito alguno.

Debía ayudarlo, quería ayudarlo. Así que se ofreció a rescatar a la muchacha llamada Penny pero antes tenía que buscar a sus compañeros porque ellos sí podrían hacer más que ella… ellos eran increíblemente poderosos ante sus ojos, a Jensen no le temblaría el pulso para acabar con esos aberrantes cerdos, Thrym los aplastaría con sus enormes pies, Maki los haría sufrir mucho… pero el niño le suplicó que no se fuera, que si perdían más tiempo su hermana no… no estaría bien; y fueron justo esas tres palabras las que sellaron esa noche: “No estaría bien”, sabía a qué se refería, porque… aunque la salvarán, si quedaba manchada… esa mancha nunca se iría, se quedaría por siempre sobre su piel, grabada a fuego en su cerebro, tanto que desearía perderse a los grillos de la locura que al dolor de la cordura. Tal como ella.

¿Qué podría salir mal?
Todo.

La mujer peliceleste acarició la daga guardada entre su ropa. Esa arma se la había regalado Ashviel, aquel que le tendió la mano y le enseñó a defenderse… cada vez que la tocaba, recordaba su encuentro y como terminó siguiéndolo autoproclamándose prisionera de su barco, nada más alejado de la realidad. El punto es que… no tenían tiempo, según lo que dijo el niño, así que si o si debía intentarlo sola… infiltrarse, buscar a Penny, salir ilesas del lugar. Y tenía mucho sentido, ella era una mujer hermosa, sabia como moverse en esos ambientes… podría mimetizarse y buscarla, y si pasaba algo tenía su daga, y si pasaba algo peor… en algún momento sus compañeros se darían cuenta de su ausencia y la buscarían, bueno quizás Algodón de Azúcar no, pero los demás si. Era un ganar y ganar.

Así fue como terminó en el burdel, que se ubicaba en la parte más remota del pueblo. El adolescente la guió hasta el lugar, porque ella nunca hubiera llegado sola… su brújula interna no funcionaba. Un edificio pintoresco de tres pisos. Se metió por la puerta trasera, se vistió con algo que encontró en una de las habitaciones vacías, una prenda blanca que resaltaba su hermoso y largo cabello celeste y piel de porcelana, que por cierto llevaba suelto. Constaba de dos piezas fabricadas en una tela ligera y fluida, lo cual tenía sentido siendo el lugar que era. La parte superior consistía en un top corto que deja los hombros y parte de los pechos al descubierto, además mostraba parte de sus preciosas escamas azuladas; del top salían mangas largas y anchas, que caían por sus brazos. La parte inferior era una falda que con una gran abertura alta, que revelaba su pierna derecha, y parte de la izquierda si así lo deseaba. El conjunto le daba un toque etéreo e irreal.

¿Ser llamativa era la mejor forma de infiltrarse?
No, no lo era.
Pero ella era vistosa hasta sin intentarlo.

Claro, debajo de la falda, en la pierna contraria, había amarrado su daga. Esperaba no usarla, todo saldría bien. Mente positiva. Curiosamente, entre aquí y allá, vio a una chica ser arrastrada por el segundo piso, una chica que coincidia con la descripción que le había dado Gaston, si, ese era el nombre del adolescente. La lanzaron tras una puerta y se fueron. ¡Qué suerte! Estaba resultando muy fácil, y cuando pudo ir hasta la puerta y abrirla, encontró un cuarto que parecía más bien un hueco de castigo, como esos dónde intentan quebrar tu espíritu. Penny se encontraba vestida con un atuendo tan revelador como el suyo, hecha ovillo en una esquina. Ojala pudiera ser como Jensen, bajar y hacerles pagar a todos… pero no, la violencia no era el camino. Le habló, le contó que su hermano Gaston le había pedido ayuda y que si quería reencontrarse con él, debía seguirla.

Así fue como terminaron en el pasillo de nuevo. María no sabía orientarse, así que solo fue por donde no había nadie sin soltar la frágil mano de la muchachita. Escucho peresonas al final del pasillo, así que entró por una de las puertas… la habitación era diferente a la de antes… era espaciosa, y lujosa, con una gran cama y espejos en el techo. Definitivamente, una habitación VIP para el pecado. Corrió a la ventana, una linda ventana con alfeizar, la abrió de par en par, daba a un jardín lateral, ella lo había visto cuando se escabullo… si ella pudo entrar, Penny podría salir. Así que busco entre los muebles y encontró sábanas, las amarró con ayuda de la chica que poco a poco se iba serenando, quizás fuera la alegría y optimismo de María que la estaba contagiando con la esperanza de la libertad. Cuando estuvo listo, la hizo bajar a ella primero, la muchacha temblaba pero lo logró y justo en su turno… todo se arruino, escucho voces muy cerca, tan cerca que saltar y correr con Penny solo lograría que las atraparan a ambas, así que tomó la decisión más loca pero lógica, dejó caer la cuerda de sábanas y le susurro: Vete.

Cerró la ventana, y se sentó en el alféizar, como si estuviera viendo el jardín, las estrellas, la luna y no escapando de ese asqueroso lugar. Solo debía mantener la calma, si era un hombre… solo debía sonreír, sólo debía actuar un poco… y seguirle el juego, hasta poder escapar… si era una mujer… entonces, cruzaría los dedos para que fuera lesbiana y poder aplicar el mismo plan... porque no tenía otro.

ROPA DE MM
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#2
"El corazón es como el agua de lluvia, sus gotas de ramifican y abarcan todo, pero a veces es difícil decidir por qué camino se fluye..." 

Escuchaba el sonido de aquel instrumento peculiar shamisen o algo así lo habían llamado, Cao reposaba en la sala de espera mientras tocaban música, una mujer pasó por su zona para ofrecerle una bebida algo que el hombre aceptó, pero solo querían agua, desde que había entrado al Local por sus elegantes formar de vestir le habían dado un trato especial, ya que sabían que o tenía dinero o era de alta cuna y aunque en este caso eran ambas opciones Cao no estaba ahí como cliente. 

No es que el muchacho ojos peculiares pensase que la prostitución era un trabajo indigno el había disfrutado de dichos servicios en otras ocasiones pero en burdeles absolutamente legales sin presas sexuales y es que esa misma mañana había escuchado con palabras textuales entre dos marineros "Hoy iremos al Burdel , aunque estén dañadas nos quedaremos satisfechos" , por eso había decidido ir hasta allí, tenía que investigar realmente las condiciones y ver si habían mujeres en peligro real

Entonces comenzó a subir hasta la habitación, por el camino le pareció escuchar golpes y gritos de otras habitaciones, respiró y entró en la habitación que le tocaba, se extraño le madame le había dicho que la mujer de esa habitación era pelirroja, pero en la ventana había una hermosa mujer de pelo azul y escamas que brillaban con la tenue luz de la luna.

Se suponía que esto era un mal Burdel... Tú...se acercó con pasos largos y apresurados quedando a centímetros de ella y agarrando el mentón con su diestra mientras le manipulaba la cabeza para mirar el cuello, los labios,  revisó bien que no tuviera heridas recientes sus pechos no parecían haber sido dañados, quizás se estaba equivocando y todo estaba pactado... Discúlpame querida , pensaba que en este Burdel había trata de mujeres y venía a liberarlas quizás me habré confundido...entonces Cao con su vista mejorada vio el nudo en la ventana con las telas que usaron para bajar , empezaba a entender todo dime qué no has venido a rescatar a alguien y has decidido quedarte para distraerme y que escapen, tienes suerte por qué yo no soy un cliente real, Soy Cao Guojiu ¿Y tú?
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#3
Narrador / María Merlot

LA CANCIÓN QUE SIEMPRE QUISE DEDICARLE A CAO :: CLICKEA AQUÍ

…………………………………….

¿Nerviosa?
Si.
¿En control?
Digamos que... también.

Solo debía sonreír, fingir lo quisiera la persona que cruzará por la puerta y esperar el momento para escapar… cuantas veces en su vida lo había hecho, cuántas veces había logrado escurrirse de las manos de los asquerosos hombres que buscaban a fuerza lo que no podían conseguir sin emplear el dinero que los rodeaba. Los orbes ámbar de la mujer se posaron en la manilla, en su girar y el abrirse de la puerta.

¡Bum!

Oh

¡Bum Bum!

Grande

¡Bum Bum Bum!

Imponente

¡Bum Bum Bum Bum!

Intimidante de mirar.

La peliceleste trago saliva cuando se cerró la puerta detrás de él mientras su corazón desbocado se agitaba en su pecho y el control que sintió antes se derretía como la nieve. Ese tipo… ese tipo le recordaba a Ashviel, a Jin. Dominaba la habitación con su sola presencia, y sus pasos lentos pero seguros hacia su dirección, como si fuera el amo del tiempo y del espacio, la hicieron sentir pequeña… y tan prisionera como nunca.

“Se suponía que esto era un mal Burdel... Tú...”

Su voz… su voz la abrasó y congelo, en parte iguales. Profunda, pastosa, delirante… había en ella una autoridad que no necesitaba ser impuesta, una calma que era más embriagante que el ron, más aterradora que cualquier tempestad… ¿Era la voz del poder? Si, eso, de alguien acostumbrado al mando… una melodía que prometía cosas peligrosas y, a la vez, una extraña serenidad calida.

Estaba en problemas, y lo confirmó cuando alzó tímidamente sus ojos al rostro del hombre. Sus ojos tan negros como la noche, con apenas un punto de color… eran los ojos más irreales que había visto jamáas… tan profundos como el mismo océano, como los abismos llenos de penumbra de los lechos marinos. En conjunto su estampa… su estampa solo le hacía pensar una cosa “Estoy jodida” porque simplemente se sentía como un conejo atrapado en la guarida del león. Por reflejo María mordió levemente su labio inferior… estaba muy intimidada, demasiado para pensar, su cabeza estaba apagada… y su voz en un silencio total. De seguro a más de uno de sus compañeros de barco le gustaría verla así, callada, cosa que pocas veces pasaba… pero ese hombre, ese hombre tan majestuoso y sereno, la desbarató y mando de viaje a su voz.

Sintió su mano tocar su barbilla, fue delicado, lo que también fue inesperado. Tenía que reaccionar, porque sino Él haría con ella lo que quisiera y lo estaba haciendo. Movió su cabeza, la evaluó con aquellos orbes de la antítesis de la luz, la dejó expuesta y vulnerable. No tenía pudor pero bajo esa mirada obsidiana se sintió desnuda a pesar de estar vestida, no decentemente, pero vestida al final del día. Por un momento pasó la fugaz idea por su cabeza de taparse con sus manos, pero era absurdo, ella no estaba desnuda aunque se sintiera expuesta frente a él. No podía negarlo, y seguramente él pudiera verlo, como la sangre subía a sus mejillas y las coloreabas un poco ¿Vergüenza? ¿Miedo? ¡No lo sabía! y para colmo su loco corazón no dejaba de latir como si fuera a explotar…

“Discúlpame querida , pensaba que en este Burdel había trata de mujeres y venía a liberarlas quizás me habré confundido.”

Ahí estaba de nuevo ese sonido pastoso. Ahora mucho más cerca y delirante, como si estuviera compartiendo un secreto con ella ¿Era normal que la vibración profunda le erizará  la piel y le hiciera cerrar los dedos de los pies involuntariamente? ¿Qué estaba sintiendo? ¿La cercanía de la muerte? ¿O acaso estaba descubriendo algún nuevo sentimiento, uno cuya forma y nombre desconocía?

¡Respira, tonta!
Escucha sus palabras…
Enfócate…

“... dime qué no has venido a rescatar a alguien y has decidido quedarte para distraerme y que escapen, tienes suerte por qué yo no soy un cliente real, Soy Cao Guojiu ¿Y tú?”

— ¿Eh? — apenas musitó con su suave voz intentando calmar su cuerpo… en especial su corazón… ¿Qué decía el hombre? ¿No era un cliente? ¿Estaba ahí para liberar a las chicas? ¿Podía confiar en él? Bueno, en cualquier otra ocasión, y con casi cualquier otra persona, si lo hubiera hecho sin dudar pero su presencia la intimidaba… su mirada generaba que un nudo se le formará en el estómago, una mezcla de pánico y un extraño anhelo… había algo en él que… que la hacía querer correr lejos… pero también correr muy cerca.
Oficialmente: Se había vuelto loca.

— Si… yo… yo… lo hago… lo hice… ya se ha… ya se ha ido… debe ir lejos… — su voz salió como estaba su corazón: entrecortada, indecisa. ¿Cuando él iba a quitar su mano de su barbilla? Eso ayudaría mucho a calmarla — Cao Goujiu… — dijo su nombre… sonaba peligroso pero tan exquisito, aunque eso daba igual, para aclarar su mente, ella mismo echó su cabeza hacia atrás, alejando el contacto del hombre… se sintió como un error que ahora la dejaba con un frío inusual en el sitio donde antes estaban los dedos del moreno — … no sé si hay más, es posible… si dices la verdad, entonces ayudalas a recuperar su libertad, nadie merece dar su cuerpo en contra de sus deseos, nadie merece sufrir esas heridas silenciosas que nunca desaparecerán… — recuperó su hermosa y melodiosa voz de sirena. Definitivamente, alejarse de su tacto le permitió ser ella de nuevo, era mejor evitarlo, no sabía qué clase de poder ejercía sobre su mente y cuerpo pero no iba a quedarse a averiguarlo… se levantó, lo que evidenció la diferencia de altura, ese hombre le sacaba unos buenos 20 centímetros o más, tuvo que levantar la cabeza para verlo… ¡Error! Esos ojos… esos ojos la… la… no encontraba la palabra adecuada para describir lo que le hacía sentir así que solo desvió la mirada, si, hacia un lado… cualquier sitio menos él — Buena… suerte en tu loable misión… que el Dios del Mar te Bendiga — le deseo, que más podía hacer… porque ella iba a saltar por esa ventana, alejarse de ese hombre y de sus ojos hipnóticos y enigmáticos… pero antes de poder hacerlo la puerta de la habitación se abrió…

— Holaaaaaaaaa… — la voz melosa y tan desagradable como el olor mismo de ese recinto. La paralizó, su vista era obstruida por el gran cuerpo del hombre, así que no pudo visualizar a quien entró — ¿No fuiste quien pidió una pelirroja?… — ¿Le gustan las pelirrojas? No, eso no es importante… lo importante fue el tono de escrutinio que había en la intrusa.

¡Oh, oh!
¿Qué pasaría si ella descubre lo que él ya descubrió?
¿Qué cosa?
¡Que ella no era una prostituta!

Sin pensarlo se pegó al pecho del hombre, ocultándose lo mejor que podía… ¡Estaba tonificadisimo! Fue entonces cuando lo olió, y se dio cuenta por primera vez de su olor afrutado… ¡Un aroma delicioso! Tan intenso y lleno de vida, tan floral y ácido a la vez. ¿Si lo mordía sabría igual? ¿Estaría jugoso? — Ha… haz que se valla… — pidió en un susurro suplicante María con sus labios pegados a la ropa del sujeto., alejando los pensamientos intrusivos de su mente...

Con esa mujer ahí no podría huir, con esa mujer ahí no podría alejarse de ese hombre… hombre que la estaba trastocando, que la estaba haciendo sentir mil y una cosa sin nombre, solo deseaba volver a su celda y olvidarse de esas sensaciones irreconocibles. ¿Quién era Cao Goujiu y por qué tenía ese poder sobre ella? ¿Por qué quería morderlo? Era por su olor a fruta, era por eso... a ella le gustaban las frutas... 
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#4
La joven tenía una mirada inocente, conforme la examinaba pudo notar que el rubor de alzaba en sus mejillas como si de un amanecer se tratase, Cao levantó las cejas pues se preguntaba como una chica tan inocente se había atrevido a intentar liberar a personas así, o era inocente o tremendamente tonta, en cualquier caso no tenía culpa, solo se movía por sus buenas acciones y eso era algo que Cao iba a respetar siempre, sin embargo leve toque en la puerta sonó y la mujer se pegó a Cao , este la ocultó con su cuerpo tomando la parte de atrás de su cabeza y ocuntandola en su pecho, la espalda ancha del mismo impediría que cualquiera pudiera obsérvala.

Mantén la calma... No dejaré que te pasé nada. Cao habló con suavidad, una voz tranquilizadora, con esos tonos trabajados que él siempre solía realizar, entonces elevó el mentón para proyectar su voz y responder a la persona tras la puerta. Necesito media hora primero para sentirme preparado, no sé preocupe , le prometo que la pagaré también. Parecía que la persona tras la puerta murmuraba algo, no sabía cuánto tiempo tendrían pero tenía que actuar, Cao se acercó hasta la cornisa cuando los pasos de la persona tras la puerta se alejaron y recogió las mantas y sábanas que la muchacha había atado pues seguían ahí podían alertar a las personas que mirasen desde fuera, todo parecía estar correcto, entonces se giró hacia la chica mostrando una profunda mirada de seriedad , la situación era grave , tenía que proteger a alguien antes de lograr liberar una sola de las personas, tenía que pensar con frialdad.

Dime que sabes de las instalaciones mi querida desconocida, o sobre el lugar, cualquier cosa será una ayuda prominente en esta empresa que tenemos que realizar juntos. Le tomó la mano para intentar calmarla, y la miro a los ojos de manera conciliadora esta vez , la necesitaba centrada, tenían media hora y el tiempo pasaba excepcionalmente rápido, entonces al intentar tranquilizarla noto que sus ojos y su piel tenían un brillo especial sin contar las escamas, era algún cruce entre humanos y gyojin o algo similar, era realmente peligroso que la encontrasen ahí...
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#5
Narrador / María Merlot 

CANCIÓN PARA LA SEGUNDA MITAD DEL POST

…………………………….

Mareada.
Su olor la embriagaba.
Melocotones.

La intimidación que sintió antes se esfumó ante el miedo de ser descubierta, y que la voz de alarma se encendiera. No era del tipo bélico, no entró al burdel pensando en pelear, realmente, no pensó al entrar a ese sitio, solo siguió su corazón  y optimismo. Ahora que tenía un momento de claridad, debió haber saltado luego de Penny, correr era mejor que verse atrapada en una situación que no podría controlar… o en las manos de un sujeto que podía hacerle daño, no era tonta, podía sentirlo en cada escama de su espalda, él… no era alguien común, alguien común no se veía como él, no tenía su presencia, no abarcaba una habitación entera al entrar en esta.

¿Lado positivo?
No mostró intenciones oscuras.
Hasta el momento...

La cara de la celeste, pegada al pecho del masculino, se mantuvo, y más bien se intentó hacer uno con su pecho, muy duro y delicioso pecho afrutado cabe destacar… ¿Por qué olía tan bien? ¿O solo era así para ella que adoraba las frutas? De verdad tenía ganas de abrir la boca y morderlo, y no iba a mentir, no era por fines científicos, era porque quería probarlo, simplemente, saber si sabría igual que olía. Casi suelta un suspiro delirante pero debía mantenerse en silencio, y más cuando él la abrazo… ¡LA ABRAZO! ¿Por que eso hacía, no? La protegió de la vista indiscreta de la prostituta con todo su cuerpo. 

“Mantén la calma... No dejaré que te pasé nada.”

Su voz, su voz suave y tranquila, volvió a escucharse…y por consiguiente a causar mil y una emoción en su cuerpo… emociones sin descifrar pero que la hicieron temblar, y que la estuviera tocando, que estuvieran tan cerca, causó nuevamente que se nublara su mente, que sus reacciones se volvieran protagonistas, aunque aún no sabía cómo definirlas… porque se contradecían… quería alejarlo, quería acercarlo, quería que no dijera más, quería escucharlo hablar más… ¡Se estaba volviendo loca! Entonces, adoptó el gesto de Hyakinthos: Mordió su labio inferior. El leve dolor debía hacer que su mente se enfocará en eso, y no en el contacto de sus cuerpos.

Él le pidió tiempo a la prostituta pelirroja y la mujer aceptó. Cuando se hubo cerrado la puerta, y quedaron solos en la habitación el hombre se alejó. Su toque se esfumó de su cuerpo… dejándola con una extraña sensación de vacío, de frío… ¿Por qué se sintió tan incorrecto su retirada? El olor a melocotón, el fuerte aroma, se fue con él… y ella ya lo extrañaba, a pesar de estar en la misma habitación.

¡Reacciona!
Respira
Enfócate en el dolor de tu labio

Con su diestra llevó su cabello hacia atrás, y volvió a presionar su labio inferior entre sus dientes. Tenía que alejarse de él, ese hombre… ese hombre era peligroso, porque la hacía entrar en una dualidad que nunca antes había sentido, por eso no podía decir si era miedo o algo más lo que generaba en ella. Un paso, otro más, se alejó de él, y por ende de la ruta de escape más cercana: La ventana. Estaba la cama, los espejos en el techo, había botellas en la mesita de noche, había otra puerta… por ahora, mejor sentarse, en la cama… la cama era buena idea porque él estaba en la ventana… ¿qué estaba haciendo? Era lo de menos, no quería verlo… porque verlo la haría perderse de nuevo en la intensidad de su mirada, en su… ¡No sé qué! Se sentó, mirando los frascos de colores en la cómoda: uno verde, uno rojo, uno azul. Muy bonitos…

“Dime que sabes de las instalaciones mi querida desconocida, o sobre el lugar, cualquier cosa será una ayuda prominente en esta empresa que tenemos que realizar juntos.”


El silencio fue roto, ella sabía que le estaba hablando. ¿Por qué su voz la recorría de la punta de los pies hasta la punta de su última hebra celeste? Una caricia involuntaria a sus sentidos, que la hizo volver a sonrojarse. Ella estaba ahí pero su mente se bloqueaba cuando lo escuchaba, y fue un error voltear a verlo. Sus ojos negros, sus iris amarillas… la hipnotizaban, para bien o para mal, la embobaban… y también la asustaban... porque la miraba con una intensidad cálida y fría, como el norte  y el sur… ¿o eran ideas suyas? 
Su mano extendida 
¿Qué había dicho? 
Su mano entre la suya… 
¡La estaba tocando de nuevo! 
Su respiración volvió a cortarse…
Sus mejillas sonrojarse…

Su mano, su mano se siente como si cada nervio en la palma se hubiera despertado  a la vez. Una chispa invisible, fría y luego abrasadora, que viajaba directamente desde el punto de contacto, arrastrándose por su muñeca, escalando al antebrazo y rebotando en sus pechos. No es placentero en un sentido delicado… es… una sensación abrumadora e inexplicable. Por inercia se levantó de la cama, y retiró su mano como si la estuviera quemando, y en el movimiento tiró todos los frascos de la mesita de noche.

Crash

El sonido del vidrio rompiéndose a los pies de ambos, las tres botellas derramaron líquidos de sus colores homólogos… y en un segundo se volvieron gases… cambiando por completo el olor de la habitación, atrás quedó el afrutado melocotón, ahora se hizo presente un aroma a piel caliente bajo el sol, a sudor limpio mezclado con especias exóticas… un dulzor espeso, casi a miel tibia que se ha derramado sobre el frío mar. No incitaba a la ternura, sino a la posesión… y ella lo aspiró todo, su cuerpo… su cuerpo reaccionó inmediatamente, y su mente lo supo, porque ya sabía de qué se trataba: Afrodisiacos.

No, no, no.
¿Cómo pudo ser tan descuidada?

Como un conejo asustado, se alejó del hombre. Se fue al lado opuesto de él, tomó la distancia que el espacio en la habitación le permitió. Su cuerpo se estaba calentando con una rapidez inexplicable, su respiración agitada podía escucharse. Tenía la cabeza pegada contra la pared, odiaba la sensación artificial que provocan los afrodisíacos pero la reacción primaria no se podía controlar, y su cuerpo se lo recordó. No sabía si el hombre había sido más inteligente de no aspirarlo, pero debía descubrirlo… no podía simplemente quedarse de espaldas a él. Se volteó, pegando su espalda a la fría pared, fría pared que no aportada nada en la disminución del calor que la estaba invadiendo.

María estaba recostada de la pared, su largo cabello celeste enmarcaba sus hermosas facciones, su pecho subía y bajaba, y sus dientes volvieron a morder su labio inferior; también apretaba sus manos en puños, clavando las uñas en las palmas… quizás el dolor no la haría pensar en la excitación que se extendía por su cuerpo. La apertura en su falda mostraba su delicada y nivea pierna — Yo… yo… no me estoy sintiendo bien… — susurro con su voz casi como un gemido. ¡Mal, muy mal! —  Me quema… Hmmm… me quema como si estuviera en la cocina de Rackham hmmm siendo el banquete de la noche, hmmm me quema como si estuviera en… hmmm… una hoguera lista para ser sacrificada a… hmmmm — su voz suave y llena de sensualidad dejaba sus labios, entre jadeos aterciopelados… mientras detenia su frase parar mirar los ojos negros de su oyente. Necesitaba cortar el efecto, necesitaba… ¿Su ayuda? ¡No! ¡Si! ¡No! —  Cao Guojiu — lo llamó por su nombre soltando un suspiro ¿placentero? Lo recordaba… sonó tan bien en su boca, deslizándose por su lengua. Involuntariamente su diestra fue a su cabello, internándose entre las hebras celestes, al tiempo que cerraba los ojos. No quería verlo, aunque quería verlo.  Formó un puño tirando de su propia melena, el dolor solo la estimuló más — Yo… yo…— la boca se le había secado, la mente se desdibujo a blanco. La niebla paralizante de la intimidación se disipó, solo para ser reemplazada por una bruma ardiente de pura excitación. No podía hilar un solo pensamiento coherente, solo sentía el impulso creciendo bajo su piel de… liberarse. ¿Si lo hacía se irían los efectos del afrodisiaco?

Su mano, la que sujetaba su cabello, empezó a bajar por cuello en una caricia propia que dejaba un sendero rojo por la presión que ejercía, se detuvo entre sus senos, en la parte que el top dejaba ver… la tela fina posiblemente dejaba a la vista sus pezones duros. Ella no era ninguna puritana, sabía bien qué debía hacer para que su mente se despejara, conocía demasiado bien su cuerpo pero… ¿lo haría frente a ese desconocido?

Decisiones, decisiones. 
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#6
Narrador / María Merlot

Musiquita para el post.
…………………………………………

Fue irrazonable.
Ella lo sabía.
Y así lo descubrió.

Fiebre, cada parte de su cuerpo ardía sin control. Su mente solo pensaba en dejarse llevar y disfrutar, aunque en el fondo detestaba que esas sensaciones las causaran de forma artificial. Debió imaginarlo, que dentro de las paredes del burdel habría ese “incentivo” extra para inhibir hasta al más puro y casto, para justificar lo que por medios propios no podían recibir. Detestaba esos lugares, los odiada tanto que si pudiera los quemaría desde los cimientos mismos… pero ella no podía, no tenía el poder para hacerlo. Por eso, cuando escuchó la historia del joven, no pudo más que intentar salvar a la hermana… como siempre deseo, en lo más profundo de su corazón, ser salvada.

Al alzar la vista vio al hermoso hombre aterrador, ese que olía a duraznos, de pie… sin hacer o decir nada. ¿Acaso se tragó todo el afrodisíaco? Esperaba que no, porque él le sacaba un par de cabezas, y parecía muchísimo más fuerte que ella… si intentaba forzarla, no podría escapar, aunque tampoco es que fuera a mostrar mucha resistencia. Por supuesto, antes parecía muy presto a ayudarla, a entender su historia y motivo por el cual estaba ahí; una especie de héroe.

— ¿Ibas a escapar antes, no? — su voz sonó forzada, como si estuviera conteniéndose.

— S-si… — apenas logro responder entre leves jadeos.

— Vete…  — le indico, más parecía una orden que una petición. ¡Claro que ella quería irse de ahí! pero no pudo porque él la pilló en plena huida — … ahora…  — lo vio apretar sus puños, como si estuviera a punto de golpear algo... ¿Él acaso estaba…? No, mejor salir de ahí rapido.

No sabía hasta dónde podía llegar en esa condición pero… debía salir de ahí, la advertencia del hombre le asustó… como si fuera una bestia a punto de ser soltada y la única presa en la habitación era ella… y por la forma en que sus músculos se contraían, parecía más bien que iba a matarla. Así que corrió a la ventana, la abrió… había saltado desde más alto antes, ahora no tendría miedo… y así lo hizo.

Al aterrizar en el suelo el aire fresco y libre de toxinas lujuriosas invadió sus pulmones. La joven inhalo repetidas veces y luego corrió en la dirección en que vio irse a Penny antes. Por un motivo inconsciente volteo a mirar la ventana, ese hombre oloroso a duraznos… y sus ojos negros como la noche… ¿Cuál sería su historia? ¿Qué hacía ahí? Le hubiera gustado saber, y al mismo tiempo no. Tenía la presencia de los tipos peligrosos y era mejor mantenerse lejos de ellos.

Su cuerpo aun seguía excitado pero la adrenalina de escapar fue tomando el mando… hasta que en una de las esquinas alguien la agarró y jalo a un callejón oscuro. Sin dudarlo llevó su mano a la daga escondida bajo su vestido…

— ¿Estás bien?… te estabamos esperando — la voz del adolescente la hizo fijarse en que se trataba del chico al que había prometido ayudar.

— Muchas gracias… — más allá de él la chica llamada Penny — ¿Estás bien?... — pregunto viendo los sonrojos del rostro de la celeste — Ven con nosotros… ahora te ayudaremos a ti… — la dulce chica, que había pasado por una situación aterradora… la arrastró con ellos, seguramente se había dado cuenta que había caído en los afrodisíacos del burdel.

……………………………………………

Año 16.
Día 70.
Verano.

María estaba sentada en la playa, viendo a lo lejos el barco de Lucarde anclado. Y a Thrym haciendo cosas, el gigante se podía ver a muchísima distancia… no había forma de ocultar esos 25 metros. Extraño era ver a la semi sirena perdida en sus pensamientos, pero ese día lo estaba porque algo la atormentaba: ¿Y si Penny no era la última? Mientras ese lugar continuará de pie… más muchachas como ella pasarían por eventos tan traumáticos, siendo simples objetos a merced de los más fuertes. La celeste miró sus manos, sabía que no podía hacer nada, y tampoco quería involucrar a su tripulación en sus preocupaciones, todos parecían estar muy ocupados.

— Una berry por tus pensamientos… — la voz masculina la hizo levantar la mirada ambarina hacia su dueño. Sus labios formaron una genuina sonrisa a encontrarse con su hermano jurado, quien se sentó a su lado.

— ¿Solo un berry? En mi cabeza hay mucha información importante, información oficial y extraoficial, valen más que un berry contarte que Thrym se desayuno 3 reyes marinos, que Bonita se tomó el día libre, que Algodón de Azúcar no ha salido de su consultorio y que Fantasma parece que perdió uno de sus calcetines favoritos —  comentó con su habitual alegría, diciéndole a su hermano los últimos chismes de los Manos Muertas.

— No, un berry y estoy perdiendo… — bromeó sacando una moneda y tirándola al aire y luego captirandola con agilidad.

María solo le sonrió tomando la moneda y viéndola entre sus manos. El dinero, cochino dinero, movía al mundo… por el dinero ella había pasado por tantos malos ratos, por culpa del dinero ella había terminado en sitios aterradores — Yo… — comenzó pero se detuvo, dudando sobre la próxima petición — Yo… puedo pedirte un favor, hermano… — solicitó levantándose de la arena y caminado hacia dónde rompían las olas, ahí entre el agua bañando sus pies, y el viento moviendo su larga cabellera celeste se volteo para mirar al sujeto moreno, una mirada totalmente cuerda y segura de su petición — … préstame tu pistola, ayúdame a ayudarlas… — solicitó estirando su mano hacia el hombre como si ella misma fuera a disparar el gatillo de cerberos.

…………………………………………………

Año 16.
Día 72.
Verano.

Penny y su hermano estaban abordando un barco comercial que los llevaría hacia una Isla llamada Baterilla. Su nueva vida iba a comenzar, no tendrían miedo porque todos aquellos que los podían estar buscando estaban muertos. ¿Cómo tenían esa certeza? Porque los cuchicheos de lo que pasó en el burdel se extendieron como pólvora, la noche siguiente a que ellos escaparan, vieron entrar a un encapuchado y luego sonaron disparos, como una orquesta en armonía, que duró varios minutos. Los gritos y el pánico de chicas huyendo, alertaron a todos los que vivían alrededor. Lo que decían los únicos sobrevivientes, que curiosamente eran mujeres, fue que un hermoso ángel de cabello negro y ojos rojos, con una pistola mato a todos los hombres que ese día estaban en el burdel, y acribillo sobretodo a los que regían el lugar. Decían las malas lenguas que les dejó llenos de agujeros, tanto que eran irreconocibles.

Penny, aunque no lo hubiera visto… su corazón le decía, que la hermosa mujer de cabello celeste había sido quien los vengó. Solo esperaba que tanto su heroína como el hombre pistolero del que todos hablaban, siempre estuvieran sanos y salvos.
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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