Maria Merlot
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Narrador / María Merlot
…………………………..
¿Por qué había salido el trío juntos?
Solo se dio la oportunidad
¿Por qué había salido la peliceleste?
Por ropa nueva.
Todo comenzó cuando la sangre no quiso salir de su ropa, que de paso era blanca. A pesar de sumergirse en el mar luego de quedar empapada, la mancha carmesí nunca salió. ¿Cómo termino llena de Sangre? Un solo nombre: Jensen Valentine. El día anterior habían salido de paseo, llegado a una taberna, incursionado en una disputa local y enviado a visitar a Kami a dos sujetos con precisos disparos en sus cabezas. Uno de ellos la estaba intentando arrastrar para abusarla, se merecía su muerte, aunque para cerdos así… una muerte agónica hubiera sido mejor pero no era el punto.
El pirata pelinegro, y de gatillo precoz, se hizo responsable del daño de su ropa ofreciéndose a comprarle otras prendas, en alguna de las tiendas del mercadillo que de día se alzaba por Karate. Así habían emprendido su nueva aventura juntos, con el sol de media tarde siguiendo sus pasos… cuando en el camino se encontraron con Hyakinthos, su adorado Algodón de Azúcar, a quien arrastraron con ellos, la memoria del hombre tenía duración corta. Por eso cuando María le lanzaba piropos su expresión siempre la hacía sonreír.
El bazar de la tarde estaba en su apogeo, las personas iban y venían, la risa y alegría se palpaba con solo llegar. El olor a comida, la música de fondo, todo parecía dado para disfrutar de un tranquilo paseo entre amigos. Sin embargo, entre el gentío y la hiperactividad de María Merlot, en un cerrar y abrir de ojos perdió a sus compañeros. ¿Le preocupaba? Realmente no, solo debía seguir andando de aquí para allá y los encontraría, o sino ellos la encontrarian a ella.
Tenía algunas monedas encima, compró una manzana bañada en caramelo; luego vio un stand de bisutería con conchas marinas, siguió andando sin prisas ni preocupaciones, sin norte ni rumbo, solo flotaba por el lugar hasta que se canso y se sentó en un banco, no sabría si llamar a ese sitio una especie de plazoleta pero había un banco disponible y ella lo utilizó, al principio sentada pero luego se recostó. El cielo empezaba a teñirse de tonos anaranjados, la noche caería en cualquier momento. La pierna de María se balanceaba de un lado a otro, y su cabello caía suelto hasta el suelo. Cerró los ojos y se dejó llevar por la melodía que de la nada comenzó, un sonido suave y pacifico, sereno y etéreo, lleno de sentimientos no dichos y de historias escondidas.
La chica se levantó del banco, inclinando su cabeza hacía un lado… ¿de dónde provenía ese sonido? No lo sabía pero cesó de pronto, llegó a su fin tan efímero como mágico.
— Jamás había visto a alguien tocar la flauta — dijo una mujer que pasaba a la distancia.
— Yo tampoco, lástima que ya tengamos que regresar a la taberna… — se iba quejando la segunda mujer.
— Y es totalmente mi tipo… — la voz se perdió en la multitud, la conversación llegó a su fin para los oídos de Maria.
¿Debería acercarse hacia dónde indicaron las damas?
¿Valdría la pena disfrutar un momento de la música?
¿Y qué era exactamente "su tipo"?
Lo decidió, se levantó y se encaminó en la dirección contraría a la que desaparecieron las mujeres. Habían personas reunidas, haciendo un semicírculo. El sonido era más claro y puro, acariciaba sus oídos, alimentaba su espíritu, no había letras, solo la melodía raspada de un instrumento. Intentó asomarse, de un lado, de otro lado, pero no lograba visualizar al artista, hasta que por una pequeña apertura entre dos mujeres pudo ver una bolsa en el suelo, con algunas monedas, el dobladillo de un Kimono que vio mejores días, unas manos de dedos largos sujetando una flauta contra unos labios que hábilmente soplaban para crear arte musical… cuando "Él" entró en la visión de la dama… su mente entró en un corto circuito.
Bum
Bum bum
Bum bum bum
Bum bum bum bum
Latia su corazón cada vez más rápido...
¿Acaso sus ojos la engañaban?
Jelou...
Como somos muchos, reglitas:
1. Si luego de 4 días no responde a quien le toque el turno se saltará.
2. Orden de posteo para hacerlo más equilibrado: MM, Han, Jensen, Liyu, Hyak. La idea es que sea uno de cada tripu en el medio, así que pueden intercambiarse posiciones si desean.
3. Cuatro (4) posts por personas, para no alargarlo más de lo necesario: Entrada 1, Desarrollo 2, Cierre 1.
Disfrutemos niños
Karma Fanático: Hyakinthos.
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Han
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El arte no espera, el arte no finge y el arte no se planea. No importaba la hora o la situación, la inspiración llega en cualquier momento, y cuando eso pasa nada puede impedir que aflore. El día había comenzado con hambre, como siempre, intentando ganarme unas monedas con mi arte y la generosidad de la gente.
Allí en una esquina en la plaza mas grande del pueblo había estado desde el amanecer hasta el atardecer, tocando mi alegre pero apacible melodía y bailando a su compás, mis ojos estaban cerrados y mi rostro mostraba una gran concentración. El sudor recorría mi cuerpo ¿Cuántas horas llevaría bailando? La verdad es que no sabría decirlo, lo que había empezado como una forma de ganarme el pan terminó convirtiéndose en un trance artístico que hacía aflorar nota tras nota de la flauta de bambú. El polvo que levantaban mis pies bailaban conmigo, al igual que mi pelo danzaba con mi movimiento, creando un efecto visual hermoso, habiendo remolinos de polvo rojizo rodeándome y desapareciendo de forma rápida pero elegante. La gente se sentía inspirada, viendo su alma revitalizada y llena de energía, no rejuvenecían, pero se sentían capaces de comerse el mundo como un adolescente.
Ya ni me fijaba en las monedas que los espectadores de tal espectáculo tiraban a la bolsa que tenía en el suelo, esto ya había dejado de ser por un motivo tan banal como ganar vil metal. No había partitura ni movimiento ensayado, todo salía del corazón, haciendo sentir mi emoción y esperanza al público, al final eso era todo lo que tenía mi arte; y no servía de nada si no lo compartía con el resto del mundo. Había aplausos, halagos entre cuchicheos, risas, incluso algunos se sentían inspirados a seguir el ritmo con sus pies o chasqueando los dedos de su mano, la verdad es que aquel día estaba inspirado. Las horas fueron pasando y el tumulto de gente solo s hacía mas grande, al menos hasta el atardecer, donde los mas mayores y los mas pequeños se iban, al igual que aquellos que a la mañana siguiente tuvieran que trabajar, pero en ese momento era cuando los jóvenes se aglomeraban para deleitarse con mi expresión.
Toqué y toqué, bailé y bailé, horas creando de la nada una canción y una danza, agotado, y hambriento hasta que, finalmente me detuve de inmediato, quedándome en silencio de pie, en medio del corrillo que se había formado. Separé la flauta de mis labios y miré el instrumento, luego los miré a todos e hice una reverencia.-No me queda mas, damas y caballeros, pero pronto volveremos a vernos.- Dediqué una sonrisa gentil a los demás y estos me dedicaron un acalorado aplauso para después irse poco a poco, desapareciendo la marabunta. Cuando se despejó la plaza pude ver a una mujer que no se había ido, una mujer que conocía de hace bastante tiempo. -¿María?.- Pregunté con curiosidad y emoción mientras me acercaba a recoger el saco, ahora lleno de monedas, con eso tendría para un par de días.-¿Eres tu?.- Tras recoger la bolsa y guardarla en uno de mis bolsillos, corrí hacia la mujer de pelo celeste con la flauta en la mano. -Me alegra ver que estas bien, querida.- Le dediqué la sonrisa mas feliz que pude mientras guardaba la flauta y me colocaba bien el kimono, por culpa del bailoteo se había movido un poco.
Si que era una grata sorpresa, aún recordaba la historia que María y yo habíamos vivido juntos, como su vida era complicada y como me vi involucrado en aquellas complicaciones. Todo aquello nos había unido como grandes amigos y aliados que se ayudarían siempre y se reconocerían con respeto y cariño.
Jensen Valentine
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La noche anterior se había pasado un poco. Era verdad que lo que buscaba era proteger a su, ahora, hermana juramentada, sin embargo, le había terminado manchando la ropa con sangre. Por suerte MM era fuerte mentalmente y no se había traumado. Para compensarlo se había ofrecido a llevarla al mercado y había prometido comportarse y no matar a nadie, esperaba poder cumplir esa promesa.
El mercado estaba lleno de gente, tanto que costaba un poco caminar, cuando de pronto unos cabellos rosas se cruzaron por frente al pistolero de la capa roja. Basto mirarlo solo unos segundos para que Jensen Gatillo Loco supiera que su buen amigo estaba desorientado, por no decir perdido.
-Cherry, no me digas que volviste a perderte – dijo soltando un suspiro mirando el cumulo de gente que se agrupaba en las distintas tiendas del mercado. –Sera mejor que no te separes de nosotros o sino no podrás volver al barco, ven ayúdame a encontrarle una camisa bonita a MM, sé que te gusta el blanco – dijo volteándose a ver a su hermana juramentada – pero escúchame, te verías bien de morado, siento que resaltaría tus ojos. ¿Qué opinas Cherry? ¿Verdad que se vería bien de morado?
El trio de amigos estuvo rebuscando entre las tiendas hasta que Jensen encontró la camiseta ideal, era en efecto morada con pliegues que resaltaban la figura. - ¿Qué te parece MM? …. ¿MM? … Cherry perdimos a MM – dijo con preocupación mirando a su alrededor, viendo que su compañera había desaparecido. Jensen dio tres golpecitos con la punta de su pie, un tic que hacia cada vez que estaba nervioso, mientras sujetaba con fuerza a Cerbero, su pistola de triple cañón, pensando en que tal vez si disparaba al cielo MM podría encontrarlo siguiendo el sonido del disparo, sin embargo, eso iba en contra de su promesa de comportarse y no hacer un desastre.
-Cherry, tenemos que encontrar a MM – dijo mirando a su alrededor, viendo a un Gyojin que estaba cerca, este tenía un olor bastante peculiar que de alguna forma les recordaba un poco a MM. –Disculpe señor – dijo acercándose a este, mientras arrastraba a Cherry tomándolo del brazo para no perderlo también a el – Se perdió mi pequeña hermanita, ¿podría ayudarnos a buscarla? – no sabía por qué le pedía ayuda, era un desconocido después de todo, pero había algo en el que le generaba confianza.
Li Yuan
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Li Yuan había estado atendiendo a las noticias sobre las muertes en la isla, pues perseguía a un asesino sigiloso en los arrozales, una bestia que casi incluyó a Li Yuan entre los fallecidos en una ocasión. Por ello intentaba seguirle el rastro, a través de los cadáveres que dejaba a su paso, así que acudió a aquel pueblo al oír de un par de cadáveres encontrados.
Pero, no se trataba de su asesino, los cuerpos solo tenían un agujero en la frente, un disparo de bala, su bestia asesina hacía muchas cosas, pero no disparaba armas, así que había venido en vano.
Se hallaba entre los civiles, cerca de los mercados, mientras intentaba buscar más información sobre su bestia asesina, intentando que el viaje no fuera en vano, pero de momento había resultado infructuoso. Se estaba abanicando con su propia mano membranosa, fingiendo que era un abanicó, mientras suspiraba y robada los ojos, decepcionado de no haber encontrado nada, cuando alguien se le acercó.
—Disculpe señor — se sorprendió de que alguien se le acercará, dado su natural olor a pescado fresco – Se perdió mi pequeña hermanita, ¿podría ayudarnos a buscarla?
La mirada de Li Yuan se topó con la de un extraño tipo que nada encajaba con la de un hombre de vida sencilla de Isla Karate. Era un extraño adonis de pelo negro largo y bien cuidado, ojos rojos enigmáticos con una larga capa roja y… un arma de fuego extraña, de metal negro y tres cañones. ¿Sería el arma que mató a esos hombres?
Li Yuan retrocedió un paso, y puso posición defensiva de artista marcial, su timidez le impedía confiar en alguien quien no conocía de nada, y aún así le hablaba como si fueran conocidos de toda la vida. ¿Había sucedido? Había oído de los llamados "cazarrecompensas" gente que cazaba a otra solo por el mero Wanted. Si Lo Yuan se imaginaba a un cazarrecompensas, el aspecto de Jensen Valentine sería el primero que le vendría a la cabeza ¿Habría venido por Li Yuan? Aún así, sus palabras y la presencia de Cherry, hicieron que finalmente Li Yuan bajará la guardia, quien suspiro y juntó las palmas en frente haciendo un saludo oriental estándar.
-Disculpen mi reacción, no estoy acostumbrado a interactuar con desconocidos. -dijo con esfuerzo debido a su timidez -La unión entre hermanos es una de las cosas con mas fuerza en esta vida... ¿Cómo es tu hermana?
Pregunto, esperando poder ayudarlos si le describían a alguien que pudiera reconocer si la veía.
Hyákinthos
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***
Tan cruel que es el olvido.
Caminar por las calles de ese pequeño pueblo se siente como caminar por una enorme ciudad para él. Aquí y allá, a donde mire, todo luce igual, ubicarse es imposible.
Un castigo divino tal vez es vivir tan desorientado, cómo quisiera saber cómo es que su memoria se volvió tan mala, como su sentido de la orientación se vio tan afectado, pero ahora es imposible conocer para él conocer lo hechos, toca entonces, cargar con las consecuencias.
Mirar a una dirección y luego a otra no ayuda en nada, rendirse y pedir guía a algún desconocido que pueda llevarlo hasta el puerto sería lo más sensato, aun cuando se arriesgara a que fuera un marine de civil que, seguramente, no le haría gracia tener que guiar a alguien a un barco pirata, pero… ¿Qué más puede hacer?
La resignación se apodera de él y, entonces, cuando está a punto de hablar con un extraño, los papeles se invierten, y son unos “desconocidos” quienes se acercan a él.
—¿Cherry? ¿Cómo sabes mi apodo? ¿Nos conocemos? —¿Sería él parte de la tripulación pirata de la que ahora se supone que pertenece? Entrecierra sus ojos, ladea su cabeza y muerde con fuerza su labio inferior hasta que la piel ardió, una mala costumbre de la que no puede deshacerse. —Rojo…
Rojo. Ese color, ese tono en específico, siente haberlo visto antes, además, por la familiaridad con la que le habla y por la tarea tan simple que le pide, no…no puede ser alguien con quien tenga problemas. Dejó de lastimar su labio y le sonrió con amabilidad al pelinegro que lo ha salvado de seguir caminado sin rumbo por el mercado.
—Sí, supongo que puedo ayudarlos en eso si luego me ayudan a regresar al barco —. Reparó entonces en la delicada y etérea mujercita que esta al lado del otro hombre. Esos ojos dorados tan llenos de vida, ese cabello celeste, tan celeste como el mar. Sí, antes lo había visto, ella no es una desconocida, más bien parece alguien interesante ¿También es parte de la supuesta tripulación? —MM —. Repasó su nombre antes de clavar su vista en ella. —Con morado te verías como salida de un carnaval, un lila te iría bien, pero creo que los tonos dorados resaltarían tus bellos ojos.
No esperó respuesta antes de moverse y pronto, guiado por el pelinegro al que de ahora en adelante llamaría “Rojo” y por MM, estuvo dentro de una tienda de ropa, una que le hacía arrugar la cara al ver la tela tan barata de la ropa.
—No, dije que se vería como salida de un carnaval con ese tono tan llamativo, mejor debería probar… —Se giró para buscar un vestido largo con bordados dorados y ese fue tiempo suficiente para que la desgracia llegara.
La voz de “Rojo” hizo que dejara de lado el vestido y mirara a su alrededor, el recuerdo de la muchacha de pelo celeste aún fresco en su mente lo hizo darse cuenta de lo mismo que el pelinegro se señaló, pero, de todos modos ¿Qué tan lejos pudo haber ido en tan poco tiempo?
—Seguro volverá, nadie puede perderse tan fácil —. Sí, bueno, no es que fuera el indicado para decir eso. —¿Por qué no pagamos la ropa y la buscamos luego? —Un ruido molesto llegó a sus oídos, el “tac tac” incesante de una suela de zapato contra el suelo. Bajó la mirada hasta encontrarse con el desesperado movimiento de pie de “Rojo”. Lo analizó por unos segundos antes de subir sus ojos hasta toparse con los del otro hombre. —Si tienes ansiedad puedo recomendarte algo para calmarlo, pareces necesitarlo y…
—Buscarla…claro —. No es que tenga tiempo de reaccionar cuando el otro sujeto lo ha tomado del brazo para arrastrarlo fuera de la tienda sin darle más opción que seguirlo. —Separarnos sería mejor que buscarla juntos… —Refunfuñó sin mucho ánimo antes de quedar frente a un muchachito con ojos extraños y una mano que distaba mucho de ser la de un humano.
Sus ojos brillaron al verlo… ¿Otra especie? ¿Es de otra especie? ¿Un hombre pez, tal vez? Bien, podía empezar a agradecer a MM por perderse y darle la oportunidad de interactuar con una “criatura” tan distinta de lo que siempre solía ver. ¿Habría más como él cerca? Sus ojos, ocultos tras unos lentes transparentes que estaban ahí solo de adorno, porque no los necesitaba, analizaron al chico antes de que este los saludara formalmente y se disculpara por ¿Por qué exactamente? No hay forma que lo culpe por retroceder cuando la apariencia de “Rojo” podía resultar abrumadora algunas veces.
—No hay nada que disculpar —. Empezó a hablar con una sonrisa bastante amable en su rostro, la estrategia de un oportunista que buscaba ganarse la confianza de alguien que le parecía interesante; sin embargo, en ese gesto no se podría observar ningún trazo de falsedad, al menos era una sonrisa genuina. —Me disculpo yo en nombre de mi compañero, sé que puede parecer alguien bastante confianzudo de buenas a primeras —. Bueno, al menos hace pocos minutos lo trató con familiaridad, aunque él no pudiera recordar si quiera su rostro.
—¿Su hermana? —¡Ah! ¡Cierto! Se distrajo tanto con el gyojin que olvidó por completo que se supone están buscando a una chica… ¿Cómo luce ella? La apariencia del chico pez acaparó su mente, haciendo que el recuerdo de MM empezara a nublarse en su mente tan rápido como llegó. Maldijo de nuevo su mala memoria cuando sus dientes volvieron a clavarse en su labio, esta vez sacándole un poco de sangre al concentrarse tanto en pensar en la apariencia de la chica, hasta que: ¡Bingo! Un tono celeste iluminó su mente.
—Ella tiene el cabello celeste, tan celeste como el mar y es tan hermosa como una sirena —. No hay mentiras en sus palabras, pero estas tampoco son demasiado descriptivas. —De todos modos…tal vez…solo haya que llamar su atención para que venga de nuevo con nosotros… —Miró el cielo, perdiéndose unos segundos en el ir y venir de las nubes. —Sí…eso…no queremos molestarte cuando es probable que tengas cosas que hacer…eh...tu… ¿Cómo podemos llamarte?
Maria Merlot
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26-09-2025, 04:48 AM
(Última modificación: 26-09-2025, 05:49 AM por Maria Merlot.)
Narrador / María Merlot
………………………………
¿Qué era ese sonido?
Era su corazón desbocado.
¿Por qué?
Porque ahí estaba SU KAMI.
Su preciosa estampa, tal cual como lo recordaba. No había cambiado nada en todo este tiempo, se sintió transportada a Sorbet, a una plaza similar, a un recuerdo que atesoraba con demasiado cariño. ¿Cuántas veces se preguntó en su soledad como estaría el hombre de gran y noble corazón? ¿Cuántas veces quiso regresar a Sorbet a buscarlo? Muchas, y si no se hubiera encontrado con Ashviel, posiblemente hubiera hecho todo lo posible por ir a aquella isla, a quedarse a su lado… no le importaría vivir en las calles, dormir entre callejones, siempre y fuera con él. Porque él, sin saberlo, fue luz, fue paz, en un momento lleno de infelicidad.
“No me queda más, damas y caballeros, pero pronto volveremos a vernos.”
Su voz, su voz… definitivamente si sus ojos la engañaban sus oídos no. Tan amable como siempre, y ahí estaba, su sonrisa gentil… la sonrisa de un hombre maravilloso, de un hombre digno de ser llamado Kami, porque transmitía su invaluable esencia, su alma pura. Quiso correr hacia él pero sus emociones confusas y dispersas la anclaron en su posición. Tenía mil y un pensamientos rondando su cabeza pero sobresalía el de la absoluta felicidad por verlo… ¿Se acordaría de ella? ¿Sería como Algodón de Azúcar? Él nunca la recordaba. ¿Y si no la recordaba qué haría? ¿Y si pasaba de ella como si fuera una extraña?
¡Pensamientos intrusivos!
Si no la recordaba lo haría recordar, y en el peor de los casos forjaría su amistad nuevamente… cada día con esmero y paciencia, como lo hacía con el médico olvidadizo. Respiro profundo con los ojos cerrados, dejando sus tontos miedos atrás. Las personas ya se habían dispersado, solo quedaba ella ahí, sembrada como un árbol; reuniendo valor para acercarse a su objeto de devoción.
“¿María?”
Su nombre, dicho por él, sonó celestial e irreal. ¿Estaba soñando? ¡ESTABA SOÑANDO! Abrió los ojos y miró directamente al hombre, su largo cabello azabache y su altura desgarbada. Sus gestos tomando su bolsa del suelo y pareciendo satisfecho con eso, la hizo esbozar una mediana sonrisa. Si él estaba bien, ella también, era automático en su cabeza. María nunca abría su corazón a medias, nunca hacía nada con tintas grises, para ella era todo o nada, y a su Kami le había dado todo su corazón, como se lo había dado a los miembros de la tripulación de Ashviel… era alguien especial para ella, siempre lo sería, sin importar nada… ni el tiempo, ni la distancia.
“¿Eres tu?”
Le pregunto. Haciendo que la emoción anterior disminuyera un poco… ¿Entonces no la había reconocido? ¿Solo soltó un nombre al azar? No importaba, ella lo haría recordar por ambos. Lo vio acercarse, la bolsa en una mano, la flauta en otra. ¿Como era siquiera posible que fuera él quien rompiera la distancia y no ella?
¡Muy Mal María Merlot!
“Me alegra ver que estes bien, querida”
Si la recordaba, y su sonrisa, dedicada solo a ella… solo para ella hizo que su corazón volviera a irse hasta las estrellas y causó que por sus labios se extendiera un gesto similar al suyo… mostrando una muy sincera alegría por verlo mientras sus ojos ámbar brillaban más que mil linternas en el mar. Él se había quedado a una distancia prudente, él estaba cerca… la celeste por inercia estiró la diestra y tocó su brazo, necesitaba confirmarlo con su último sentido: El tacto. Tan real como el suelo que pisaba, como el aire que respiraba.
¡SI ERA SU KAMI!
— ¡Kami! — exclamó en un susurro mirándolo a sus ojos cálidos y castaños — … ¿de verdad eres tú…? — su voz fue apareciendo poco a poco, su sonrisa solo podía mantenerse sobre sus labios rosados — ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! — repetía soltandolo mientras lo rodeaba mirándolo por todos lados, como inspeccionando que estuviera tan bien como lo dejó en Sorbet — ¡De verdad eres tu, Kami!. — esta vez fue una confirmación cuando luego de rodearlo volvió al punto inicial — ¡Aaaaaaaaaaaaaah! — pego un leve grito llevando las manos a su cara y moviéndola sin poder creérselo — ¡Mi Kami! — sentenció saltando a sus brazos, rodeándolo por el cuello y dándole una afectuosa bienvenida de nuevo a su vida — No sabes cuanto te he extrañado. Todo lo que ha pasado, las islas que he visitado, las personas que he conocido… ¡Las personas que he conocido! Ay, de verdad, son... no sé, son tan increíbles que vas a tener que pellizcarme para que me lo crea. Son tan raros, únicos, especiales y maravillosos como tú, de verdad. Te van a encantar. Tienes que conocer a Algodón de Azúcar, es tan dulce y esponjoso como suena… ¡Y Fantasma! Tiene un barco que es muy grande, aunque me da un poco de miedo por las noches... pero el barco… ¡No Fantasma! Él es un amor aunque estricto. También está Blacky, que parece un poco rudo, pero es un pan de guayaba. Sus pistolas son más rápidas que un rayo… Y Unnie, que es simplemente bellísima por dentro y su guitarra suena a gloria. Y hay muchos más, no te imaginas. Todos y cada uno de ellos son fantásticos… ¡Y la comida! La comida es deliciosa, de la mano de Rackham… ¿escuchas?… me está rugiendo el estómago solo de pensarlo. Tienes que probarla, en serio. Te prometo que en cuanto la huelas se te va a hacer agua la boca. Es como si todas las estrellas se hubieran puesto de acuerdo para crear el sabor más delicioso del universo a través de sus manos… ¡Debes venir a cenar! ¡Por favooooooooooor! — habló, sin detenerse, y casi sin respirar... sus palabras bañadas de alegría y entusiasmo, que contagiarían hasta al más enfurruñado. Todo eso lo dijo sin soltarse del abrazo del hombre, un abrazo de oso cabe destacar.
Al separarse de él, giró sobre su propio eje, muy contenta de tenerlo nuevamente cerca de ella. Luego se detuvo, y pensó por un momento… como si su voz se hubiera extinguido por el fugaz recuerdo que surcó su cabeza… recordó como… como se había encontrado con Ashviel… ¿Si ella llevaba a Han con Ashviel él le cantaría como… cómo se conocieron? No le gustaría que Kami lo supiera… porque él la había salvado en Sorbet, le había dado libertad y por su debilidad había terminado nuevamente… como esclava, en un sitio tan… oscuro... que recordarlo le daba escalofríos. Su energía positiva se esfumó, de su cara se borró toda alegría. Su Kami la había salvado, y ella lo había arruinado… ¿Se decepcionaría si lo supiera? Pensarlo hizo que le faltará el aire, hizo que sus ojos comenzarán a picar… no quería que él la odiara, o la mirara como… como un caso perdido, su Kami no… — Yo… yo… lo arruine,... Kami… — se condenó a sí misma, sus palabras salieron entrecortadas, el nudo en su garganta no la dejó terminar la idea, idea que se vio interrumpida por las lágrimas que brotaron, calientes y saladas, una tras otra, rodando por sus mejillas. Cada una de ellas era un "lo siento" silencioso que no podía pronunciar en voz alta, un lamento por la persona a la que decepcionaría. ¿Lo decepcionaría, cierto? Claro que si, él le dio libertad, ella la perdio…
![[Imagen: latest?cb=20150523093005]](https://vignette3.wikia.nocookie.net/shigatsu-wa-kimi-no-uso/images/9/92/Tumblr_ndxgg75AmD1sgtx3io2_500.gif/revision/latest?cb=20150523093005)
La escena, la escena estaba llamando la atención de los que pasaban por ahí. Una hermosa chica llorando frente a un hombre que se veía claramente como un vagabundo.
¿Necesitaría ayuda?
¿Qué habría pasado?
¿Qué le hizo ese hombre?
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
Han
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C. de Akuma
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Al principio Mariía parecía confundida, pero al ver que me acercaba a ella su sonrisa despertaba y poco a poco, su csra se iluminaba con una luz que enternecía mi corazón. Tras eso volvió a su cáos verbal, hablando rápido y desordenado sobre la gente que habia conocido, nombres que para mi eran desconocidos por el momento. Intentaba seguir la conversación -bueno, mas bien era un monólogo- pero mis ojos podian apreciar que había crecido, no en edad, pero su propia presencia era diferente “Siento que su espíritu es mas fuerte” Pensé con cierto orgullo. Ver a esa persona tan frágil evolucionar y encontrar un hogar donde estuviese no solo me provocaba alegría, también me tranquilozaba de sobremanera, además, no habia perdido si forma de ser y eso era mejor todavía.
Todos aquellos nombres eran personas que le habian hecho crecer interiormente y le hicieron ver que el mundo no se reducía a verlo entre barrotes, ella parecía feliz y con eso me bastaba. Sin embargo, algo hizo conexión en la mente de la chiquilla, pude verlo en sus ojos ambar que se apagaron de golpe, empezando a desbordar lagrimas, fue como ver dos antorchas desvanecerse en una tormenta. Este no era el primer momento extraño que María me ofrecía, de hecho me recordaba bastante a como nos conocimos - al menos esta vez no estaba de rodillas.- fue un momento curiosamente incómodo. Por suerte la experiencia me hizo aprender y mientras ella se secaba los lagrimones di un oaso acia ella y abrí mis brazos rapidamente para darle un cálido abrazo, una mano estaba entre sus homóplatos y la otra sobre su cabeza para acariciar su pelo con suavidad. Respiré hondo para que se tranquilizase y respirase conmigo y con una voz suave y tranquilizadora hable en un tono medio. No arruinaste nada pequeña.- Literalmente era bastante mas pequeña que yo, le sacaba mas de una cabeza. -Encontraste tu lugar y la forma de obtener la libertad, en el camino, que acaba solo de comenzar, ya has encontrado amigos y, con ello, un hogar.- Me separé de ella lentamente para buscar su mirada, con la esperanza de volver a ver brillar con ilusión sus ojos anaranjados como el atardecer. -Consérvalos y no poerdas el camino.- Le sequé una lagrima que le caía por la mejilla y volví a sonreirle con la ingenuidad de un niño para terminar de separarme. -Seguro que son geniales tus nuevos amigos. Sigue así, María.- En ese momento mi estómago rugió como un león reclamando su presa victorioso, ahora que no estaba centrado en la música y la danza mi cuerpo recordaba que el hambre existía y ya llevaba un par de días sin comer. -Disculpa, jeje… .- Eché mano al interior de la bolsa de dinero que había ganado, notando que habia bastante como para alimentarme por media semana. - Qué te parece si por tu esfuerzo y tus logros te invito a un postre de frutas?.-
Jensen Valentine
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Jensen escucho a Cherry dar la descripción de la perdida MM, era una buena descripción, pero estaba totalmente en contra del final de su oración. - ¿Cómo puedes ser tan indolente? ¿Y si se metió en problemas? ¿Y si la secuestro algún traficante de órganos? Necesitamos encontrar a MM – dijo con seriedad mirando al Gyojin quien parecía una buena persona dispuesta a ayudar.
El pistolero de la capucha roja miro a su alrededor, sin saber por dónde partir la búsqueda cuando noto algo raro. Un cumulo de gente, muchas personas, empezaban a dispersarse desde el centro de la plaza del mercado. ¿Por qué había tanta gente en ese lugar? Valía la pena investigarlo.
-Vamos al centro de la plaza, hay mucha gente dispersándose y tal vez MM este ahí – dijo el pistolero adelantándose y corriendo hasta llegar al lugar. Al llegar su corazón latió de felicidad al divisar a su hermana juramentada. MM se encontraba a salvo, aunque un pequeño detalle le hizo sentir preocupación, MM estaba llorando.
-MM te encontré, me asusté cuando te perdiste – dijo dandole un gran abrazo fuerte y apretado antes de limpiar las lágrimas que caían por su bello rostro - ¿Qué sucede? ¿Estas lastimada de alguna forma? ¿Alguien te hizo daño? – dijo antes de volverse hacia el hombre que estaba con ella. Era alto y muy hermoso, con una cara tallada por los mismísimos dioses, sin embargo, estaba demasiado cerca de MM y ella estaba llorando, el pistolero no le gustaba eso y asumió que él tenía la culpa por lo que saco a Cerbero, su pistola de triple cañón, y dio un disparo al aire antes de volverse hacia el hombre y apuntarle a su bello rostro. –Tienes tres segundos para explicarme por qué MM estaba llorando, más te vale no ser el causante de la tristeza de mi hermana juramentada o haberla dañado de cualquier forma porque si no te llenare de plomo. NADIE se mete con MM cuando yo estoy de guardia. – dijo enojado en modo protector, no podía permitir que nadie lastimara a su pequeña hermana juramentada.
Li Yuan
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
100
103
25
58
85
63
65
53
40
0
La Mirada de Li Yuan pasó de Jensen a Hyákinthos, a quien había obviado inicialmente, pero era también alguien digno de mantener en su punto de vista. No era una amenaza tan latente como emite Jensen, pero podía ver sus músculos bien formados, algo que sus gafas no lograban disimular, era un luchador, aunque no podría decir con certeza de que disciplina.
Aun así sus modales, su pelo rosado y rasgos agraciados hicieron que para Li Yuan finalmente dejará de considerarlos una amenaza, pero… notaba algo extraño en su historia, Hyakinthos había reaccionado algo raro a su pregunta sobre la hermana de Jensen, y aunque en este universo no era raro, que ambos hermanos tuvieran diferente color de pelo era un poco raro.
-Pelo azul, celeste como el mar y una belleza comparable al de una sirena, entendido. Por mi parte, pueden llamarme Li Yuan, aunque no soy nadie importante.
Pero la conversación tuvo que esperar porque, tal y como recordó Jensen, podría estar ocurriendo cualquier cosa a su hermana, Li yuan creía que exageraba, Isla karate no era conocida por comerciar con órganos, pero entendía la preocupación que sentía por su hermana. Como No era muy hablador simplemente asintió y siguió a Jensen y su instinto de encontrar a su querida hermana.
Pero aunque tenía velocidad de movimiento para alcanzar a Jensen, le dejó tomar la delantera mientras el chico de pelo rosado le seguía mirando de forma extraña. Aún no confiaba demasiado en este Par, pero si lo suficiente para saltar al lado de Jensen y amenazar al chico que estaba intentando propasarse con su hermana.
-No nos precipitemos, dejemos al chico explicarse con sus propias palabras… si no nos satisfacen siempre podemos romperle las piernas.
Los ojos de Li Yuan miraron a Han, quien le resultaba obviamente familiar ¿No era ese músico metiche que Cao había metido en la fiesta del té?
Hyákinthos
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
90
68
60
43
68
70
80
70
0
0
28-09-2025, 02:49 AM
(Última modificación: 28-09-2025, 02:51 AM por Hyákinthos.)
Ladeó su cabeza para mirar al pelinegro, en sus ojos se dibujaba una duda que para el médico era por completo genuina: —¿Qué traficante de órganos sería tan descuidado de secuestrar a su víctima a plena luz de día y con tantos testigos? Solo alguien que desea que lo descubran, un novato, tal vez…Si le preguntamos a más personas en esta calle seguro que la han visto —. Mientras hablaba miraba hacia el cielo, centrándose en el ir y venir de las nubes, además, aprovechando la claridad de esa bóveda infinita para recordar el color de cabello de la supuesta hermana de “Rojo”. —Y que sepas que no soy indolente, solo no exagero las cosas como haces tú —. Se encogió de hombros y bajó su mirada para enfocarse en el gyojin que era quien hablaba ahora.
—Li Yuan —Repitió el nombre en voz alta para no tener que olvidarlo en el tiempo que pasara con él, ya fueran unos minutos, un par de horas o todo el día. —Li… ¿Puedo llamarte solo Li? Es corto y fácil de recordar, yo soy Hyákinthos, pero puedes llamarme Hyak o Cherry, como prefieras…no soy quisquilloso con mi nombre —. De por sí es un milagro que lo recordara.
Habría preferido quedarse hablando por un rato más, aunque fuera bajo el sol, pero no, las personas dispersándose en la plaza central fueron el motivo por el cual su pelinegro acompañante volvió a ponerse alerta. Suspiró con cansancio, no queriendo tener que ir hacia un lugar en donde el tumulto de gente, aunque disolviéndose poco a poco, era mayor a dónde se encontraban, pero ¿Qué opción tenía? Quedarse solo significaría volver a perderse y lo único que pasaba por su mente era regresar al barco sano y salvo… ¿Acaso era mucho pedir? Aparentemente sí.
Azul celeste.
Cabellos azul celeste.
Verlos mecerse con el viento, imitando el color del océano, fue suficiente para saber que esa imagen etérea de sirena que alcanzó a ver cuando estuvo más cerca, pertenecía justamente a aquella muchacha que antes buscaban.
Sus ojos brillaron, aquello era suficiente como para cancelar todo e ir de regreso al puerto. ¿No? ...No.
¿Por qué lloraba?
Su corazón se aceleró apenas un poco más de lo habitual al creer que, quizá estuvo equivocado, que quizá algo o alguien si llegó a hacerle daño, pero ¿Cómo? ¿Por qué? Tuvo la intención de acercarse a la chica, pero el pelinegro se adelantó para abrazarla y…
—Por favor, no…
¿Por qué sentía que ya había vivido algo como esto? Tal vez porque así era, por más que su mente no pudiera recordarlo.
El tiro en el aire le heló la sangre, lo hizo quedarse en su sitio tan quiero que apenas y respiraba suavemente, como si temiera que sus reacciones pudieran alterar más al pistolero, más bien parecía como si la amenaza fuera dirigida a él por lo pálido que se puso.
—¡Hey! ¿Qué crees que haces? ¡Baja esa cosa! ¡Bájala! ¡Bájala! ¡No puedes…! No puedes ir por ahí amenazando a las personas, ni siquiera sabes lo que sucedió, tal vez él…tal vez…solo…la estaba ayudando —. Miró al gyojin que, para su sorpresa, aun seguía a un lado de ellos, a pesar de que la mayoría de las personas que estaban cerca empezaron a gritar y se alejaron en cuanto escucharon el disparo al aire, que llegó solo para romper la tranquilidad de ese pequeño pueblo. —Li… ¿Puedes decirle algo? ¡Lo que sea!
Y lamentablemente el chico sí que dijo “lo que sea”. El rostro del médico pasó de estar blanco a estar aún más pálido que cuando escuchó el balazo al aire. ¿Romperle las piernas? ¿Ahí en público? Eso no sonaba a una buena idea, no porque le importara lo que pudiera llegar a sucederle al extraño, si no porque testigos lo habrían visto con el gyojin y el pistolero de rojo, habían hablado el tiempo suficiente para que cualquier extraño pudiera asumir que se conocen y que son cómplices de un crimen.
—¿Estás loco? —La pregunta fue dirigida primero al chico pez y luego, el pelirosa alzó su cabeza para notar que el pelinegro seguía apuntándole al extraño con su arma. —¿Están locos? ¡No pueden hacer estas cosas en público!
Dio un par de pasos hasta quedar a espaldas de Jensen para después tomarlo del brazo en un movimiento rápido. Sostuvo su muñeca con fuerza suficiente para intentar desarmarlo y luego reducirlo contra el suelo, mientras que sostenía la mano con la que apuntó al otro chico en la espalda, para que zafarse fuera más complicado.
—No voy a arriesgarme a atraer la atención de marines porque no saben controlarse, así que si vuelves a apuntarle a alguien en mi presencia voy a asegurarme que pases dos meses con un yeso en esa mano tuya —. Le habló con voz suficientemente alta para que el resto pudiera escucharlo. —Li…¿Puedes alejar esa pistola? —No sabía si el gyojin haría caso o no, pero no estaba de más intentar. — Tranquilo, Rojo, te la devolveremos cuando te tranquilices.
—Y tu…—Sin soltar a Jensen, levantó su rostro para mirar al desconocido que, a todas luces, parecía ser el culpable de hacer llorar a la peliceleste. —… ¿Algo qué decir? ¿Por qué ella está llorando? —Quisiera poder recordar el nombre de la medio gyojin, pero este le era tan esquivo como el de cualquiera que no hubiera pasado mucho tiempo a su lado.
—¿Qué pasó, sirena? —Si no recordaba su nombre, al menos le diría un apodo. —¿Por qué esas lágrimas empañan tus bellos ojos? ¿Este hombre te hizo algo? —Tendría que escuchar ambas versiones para saber lo que en verdad sucedía, después de todo, las historias siempre tenían dos caras. —Quisiera que lo dijeras lo más rápido que puedas, porque ese disparo seguro atraerá atención indeseada y no quisiera verme envuelto en ningún problema y asumiré que tu tampoco —. Del resto no podía decir nada, aunque dudaba mucho que alguien quisiera ofrecerse voluntariamente a calentar una celda en una base de la marina.
Tengo permiso del user de Jensen para hacerle la llave a su pj.
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