Un encuentro inesperado, para todos // Presente relativo // Jin
#11
Ver al yakuza negociar era como ver a un león acechando a su presa, esperando el momento justo, la unión de palabras perfectas, para terminar de rematar la ocasión. Lo vio desde lejos, al fin y al cabo no era su trabajo asegurar un buen precio o cantidad, y ya podría culpar al otro hombre si algo salía mal.

Fue Akura quien se acercó a él, haciéndolo sonreír y reír un poco al ver como seguía disfrutando de su comida incluso tras tantos años. - Veo que mi nivel de cocinero no decayó, mi más grande fan sigue tan asombrada como siempre -. Volvió a soltar un risita mientras de nuevo se ponía a revisar los barriles. - Aún recuerdo como no querías que me fuera en aquella ocasión -. No hubo llantos o nada, pero claramente ella no estaba feliz con su partida, al menos no del todo. - Pero al menos volvimos a encontrarnos -. Sería difícil explicarle que había pasado con su trabajo en Sorbet.

La invitación a una bebida no tardó en llegar. - Estoy seguro de que tú necesitas ese vaso de agua, luego de comer tantos platos seguidos -. Al fin y al cabo, comer algo dulce durante tanto tiempo empalaga de sobre manera. - Si, tenemos mucho de lo que hablar, han pasado bastantes años sin vernos -. Por fin se giró para ver a la mujer, sonriéndole con dulzura. - Con este nuevo trabajo, temo que mis horarios se vean llenos, pero te aseguro que me haré un tiempo para ti -. Ambos eran más jóvenes la última vez que se vieron, por lo que incluso le resultaba increíble tener enfrente a esa chica que hacía todo lo posible por escabullirse en la cocina, incluso si no se lo permitían. - También debes mostrarme más de tus cuadros, son hermosos, mejoraste mucho tu nivel -.

Tras esa charla, volvió su mirada al dueño del lugar. Al parecer Jin había conseguido atraparlo en sus redes, pues se lo veía rendido y casi que aceptando cualquier trato. Volvió su mirada a Akura, ahora pensando en algo, sin comentarlo. ¿Qué relación tenían esos dos? Akura dijo que ese hombre donaba para el orfanato, y que también le compraba varios cuadros, pero, ¿era solo eso? No podía ser, el yakuza había reaccionado con demasiado odio hacia él cuando ella lo abrazó. No podía ocultarlo, por mucho que deseara hacer, entonces, ¿qué?

- Dime, ¿desde hace cuanto que conoces a Onizuka? -. No le gustaba meterse en la vida de los demás, pero se trataba de Akura, teniendo algún tipo de vínculo con alguien tan desagradable como ese hombre. - Desde que te conozco que hablas de ese hombre que hacía pagos al orfanato, ¿siempre fue él? -. Tal vez solo era una coincidencia, tal vez la mujer no tenía idea del tipo de hombre que era Onizuka. - Qué coincidencia haberme conocido con él entonces… -.

Y no sería él quien le dijera, al menos no por ahora.

- Jin, si ya terminaron, debemos irnos. Debemos llevar los barriles y yo debo preparar la cena -. No era poca cosa cocinar para un gigante, además de para todo el resto de la tripulación. El cocinero volvió su mirada a Akura, volviendo a sonreírle como antes. - Nos veremos de nuevo, sobre todo ahora que vivimos tan cerca -. Tampoco le diría que prácticamente no tiene hogar, pues eso sería contarle sobre su decisión de ser pirata. - Te hablaré para tomar esas bebidas juntos, lo prometo -.

Fue la mujer que estaba en la barra la que se le acercó. - Entonces, si esos dos terminaron de negociar, ¿aceptarás el trabajo? -. Se lo preguntó como si tuviera alguna opción, después de que Jin lo hubiera vendido sin siquiera preguntar. - Claro, ¿qué horarios debo tomar? -. La mujer sonrió con calidez, suspirando, parecía aliviada de que el muchacho aceptara. - La verdad, agradecería que puedas tomar turnos variados. Si llegan muchas tripulaciones solemos vender más alcohol que comida, y los fines de semana la comida suele ser lo principal. ¿Qué te parece si hablamos de eso según como se den las cosas? -. El pelinegro sonrió y asintió, estirando su mano hacia ella y cerrando el trato con un apretón de manos. - Será un placer trabajar aquí -.

El sol ya comenzaba a ocultarse en cuanto los dos hombres salieron del local, prometiendo volver con una carreta o más de una mano amiga para cargar con los barriles. - Debería haberles pedido un vaso de agua más -. Al fin y al cabo, ni el inicio de la noche apagaba ese calor intenso que provocaba esa época del año. Tal vez debería dejar de andar con ese abrigo por todos lados, pero pocas veces se desprendía de este.
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#12
La risita divertida de la mujer escapó junto a su propia timidez, en un modo que solo evitó su mirada, desviándola en otra dirección para pasar desapercibida. —Siempre he amado tus platos, Uker. Es que cocinas increíble… No puedo evitarlo. — Paseó sus delicadas manos por la comisura de sus labios, tratando de limpiar cualquier resto de comida que hubiera quedado, sin saber si se había limpiado de la forma correcta siquiera. Eso sí, sus ojos violetas regresaron a su amigo, con una sonrisa más suave y calmada. —No tienes ni idea de lo mal que me supo no volver a verte cuando te fuiste. Fue tan triste, se sintió todo muy vacío. El señor Jin tomó unos días en su lo que dice trabajo para acompañarme también. Te… — carraspeó, haciendo una pequeña pausa, algo tímida, volviendo a desviar la mirada. —Te extrañé… pero me alegra volver a verte, en serio.

La mujer se sintió calmada, podía percibir que su amigo seguía siendo el mismo, algo que había temido en un inicio a lo largo de los años. Sus manos se posicionaron tras su espalda, jugueteando con sus propios dedos. —No te preocupes, lo entiendo. De todos modos vendré a verte siempre que pueda, últimamente me han salido algunos pedidos más en mis cuadros, así que no me va del todo mal. No quiero molestarte, con ver que sigues siendo el mismo, estoy muy feliz. Cuando podamos quedar, estaré encantada de enseñarte todo lo nuevo, y de paso, hazme de modelo. Así podré dibujar tu carita bonita. — se rió divertida una vez más, ahora siendo distraída por el mismo Jin terminando su propio negocio, contemplándolo de reojo. —Parece que a él se le da muy bien eso, da miedo ser el dueño. — y a duras penas, poco después, la pregunta le cayó a la muchacha. Se vio confundida, contemplando a Uker. Su rostro, en un intento de estar pensativa, se volvió más serio, tratando de hacer memoria.

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—¿Desde cuándo dices…? 

Su dedo derecho se elevó hasta debajo de su mentón, sus ojos se elevaron, en un intento de viajar en el tiempo. —Hmmm... No lo sé… era muy niña. ¿Quizás tendría diez? ¿Doce años…? Algo así. Sé que hacía donaciones antes de eso al orfanato, pero hasta esa edad, no lo vi en persona. La responsable del lugar solo dijo que alguien “tenía que verme”. Pensé que iban a adoptarme, sinceramente, pero resulta que era el seño-… digo, que era Jin. Dio miedo, ya sabes, con esa cara que tiene, quién no le iba a tener miedo. Hablaba muy poco, pero recuerdo que se veía sorprendido de verme. — se cruzó de brazos, cerrando los ojos, una vez más, en un nuevo intento de recordar más vívidamente ese momento. —Solo recuerdo que me miraba de arriba abajo, dijo algo… Espera, ¿qué dijo? — sus cejas se fruncieron, apretándose de modo que se concentraban algo más. —Dios, está muy difuso, no lo recuerdo, era muy niña. — abrió nuevamente los ojos, regresándolos a Uker. —Pero según tengo entendido, sí, siempre fue el que daba las donaciones, en un inicio como alguien anónimo, luego solo venía de visita más a menudo. No sé de qué trabaja, pero por lo que veo parece que serán cosas de comercios o algo así, solo hay que verle la cara de derrotado al dueño. — se acercó a la barra, tomando dos vasos de agua. Uno de ellos para sí misma, que bebió tranquilamente y otro para el mismo Uker. —Sí que es una sorpresa ver que se conocen. En realidad siempre quise presentárselos. Me ha cuidado como un padre desde que le conozco, aunque daba tanto miedo al principio. Jin es muy buen tipo, igual que tú. En serio, me hace feliz que dos de las personas que más me cuidaron se conozcan.

Jin, al fin separándose de su ya ganado “cliente”, se acercó a ellos en el momento que Uker llamó su atención. Sus ojos lo analizaron a él, con las cejas fruncidas, en absoluto silencio. Las manos se hallaban en sus bolsillos, pero acortó más las distancias con la mujer, a quien miró por algunos segundos más. Una vez más, en una sonrisa para nada característica en el yakuza, una sincera, cargada de amabilidad.

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—Cuídate, Akura.

Sacó una de las manos de su bolsillo, sacudiendo su cabello, despeinándola. Akura lo miró, con las cejas fruncidas. —Ya te dije que no soy una niña.

—Siempre lo serás a mis ojos. — la única que nunca tocaría ni con un palo probablemente. Volvió su rostro, ahora más serio, hacia Uker, mirándolo con calma, retirando su pequeña cajita de tabaco y abriéndola para sacar uno nuevo. La despedida fue breve, tranquila, al menos cuando salieron del local. Jin ahora se sentía tenso, mas no lo demostraba físicamente, solo prestando atención a su propio cigarrillo consumiéndose. Fue él quien lanzó la bomba, mientras una nueva calada daba la bienvenida, el amarillo se volvía anaranjado y el desgaste se apreciaba en el cigarro. Aquella imagen calmada y tranquila con la que se había despedido de la mujer parecía haber desaparecido, muerto, como si nunca existiera, volviendo ya a su habitual personalidad defensiva.

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—¿Desde cuándo la conoces?

Posiblemente la primera y única vez que mostraría interés por el contrario después del primer encuentro. Al menos por el momento.
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#13
- También te extrañé -. Desde que se fue de ese orfanato había vivido solo, en una casa demasiado simple, sin amigos, sin hacer nada más que trabajar y entrenar. Su tiempo trabajando en el orfanato tampoco había sido dedicado a conseguir muchas amistades, pero al menos tenía a la pequeña muchacha que lo había encontrado, y brindado un poco de luz a su vida. - Los primeros meses se sentía extraño cocinar y que nadie viniera a buscarme o ver cómo cocinaba, como si algo me faltara -. Por que eso es lo que hacía ella, iba hacia la cocina y se quedaba horas ahí, dibujando, charlando o viendo cómo es que el pelinegro cocinaba. - Es bueno saber que te va tan bien. Me alegro, en verdad -.

Así que se conocían incluso desde antes de que él y Akura se conocieran, le pareció como mínimo curioso. ¿Qué relación tendrían? Ella hablaba de él como alguien querido, “un padre” había dicho, pero el cocinero no sabía si eso justificaba la reacción tan exagerada del yakuza ante su encuentro. Tal vez solo habían sido imaginaciones suyas, y de igual manera la chica no parecía estar enterada del verdadero negocio del hombre pálido. - Entonces es bastante más increíble que nos hayamos conocido cuando yo ya no estaba en el orfanato -. No recordaba nunca haberlo visto, y estaba casi seguro de que Akura los hubiera presentado si ambos estaban en el mismo lugar al mismo tiempo.

- Te volveré a hablar, y podrás usarme de modelo sin problemas -. Fue lo que dijo mientras se despedía, colocando su mano en la cabeza de la mujer y despeinando un poco su cabello. - Hasta entonces -. Le sonrió, feliz de volverla a ver, de poder volver a compartir conversación con esa muchacha que tanto tiempo había pasado junto a él hace varios años.

El camino hacia el barco debería ser tranquilo, no había tanta gente en Karate como para que hubiera mucho movimiento, por lo que podrían simplemente caminar en silencio y disfrutar de sus propios pensamientos. - ¿Eh? -. Pero no, el yakuza simplemente habló, cortando su “meditación” de cuajo. - Así que podías preocuparte por otra cosa que no seas tú mismo -. No lo miró, mantuvo su rostro y ojos hacia el frente, sin importarle lo que el contrario quisiera decir o hacer. - Trabajé en el orfanato donde ella vivía durante mucho tiempo, nos hicimos bastante amigos, solo eso. Hace 7 años me llegó una oferta de trabajo muy buena en Sorbet, y me moví hacia allí, por eso me encontraste en ese lugar -. Aún así, algo aún rondaba por su mente. - ¿Y tú? Ella dijo que tú eras quien donaba al orfanato con frecuencia, y que la conoces hace bastante tiempo. ¿Acaso sabe de tu verdadero trabajo? -.

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Si el yakuza no hubiera preguntado, podría haber asumido que esa ansia asesina que sintió fueron solo imaginaciones suyas, pero ya que el tipo parecía tan interesado no le quedaban muchas dudas de que no había sido solo su mente jugándose una mala pasada. - Me da igual si lo sabe, me da igual que tipo de relación tengan, mientras no la lastimes -. Tampoco parecía ser el caso. Por muy raro que parezca, la actitud del estúpido que tenía a su lado se controlaba bastante al tener a Akura cerca. Sea cual sea su relación, no parecía dispuesto a mostrar su lado más violento frente a ella.

Ya podía ver el puerto en la lejanía, si el hombre se callaba sería al menos una caminata tranquila. ¿A qué tipo de dios debería pedirle tener un día de paz? ¿Dónde estaba Gwendolyn? Ella decía que rezaba a diario, tal vez ella podía pedir por él.

Fue en ese momento que algo se cruzó en su camino, un pequeño gato blanco con manchas negras, poniéndose delante de ellos y maullando, buscando su atención. - ¿Qué sucede, pequeñín? -. El cocinero se agachó, acercando sus manos con cuidado hacia el animal, hasta que el mismo fue quien se recostó contra ella y se dejó alzar por el hombre. - Mira que pequeño más tierno eres, ¿tienes familia? -. Buscó con su mirada a alguien que pudiera estar buscando algún gato, tal vez algún grito de alguien buscando a su mascota. El animal estaba muy limpio, y se dejó acariciar muy fácilmente como para ser callejero.

El encuentro con el animalito era suficiente pago por soportar a Jin, tal vez un dios si lo había escuchado.
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#14
La mujer se sonrojaba, satisfecha por las palabras de Uker, tímida pero divertida. —Me sacas los colores, tontito. Aunque es verdad que el orfanato ya dejó de ser tan divertido cuando te fuiste. — Jin, por su lado, se acercó a ella, con los pinceles en su mano izquierda, entregándoselos.

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—Se te vuelve a olvidar. No seas tan despistada.

—¡Ah! ¡Mis pinceles! ¡Es verdad! Gracias Jin. — La sonrisa se dibujó de oreja a oreja, contemplando a Uker con satisfacción, asintiendo con la cabeza enérgicamente. —Sí, es increíble que se conocieran fuera. La verdad había perdido la fe de que se vieran juntos algún día, pero mírense, todos unos galanes. Dos caritas bonitas que deberían estar bien jutos. —finalmente, asintió con la cabeza, señalándolo con el dedo índice de su mano derecha, donde tenía los pinceles que Jin le había entregado. —Más te vale no escapar, porque no dudes que haré por lo menos cuatro cuadros de ti, y de los mejores. Te regalaré uno de ellos a cambio de comida. — y rió tras la broma, finalmente despidiéndose con la mano en cuanto comenzaron a alejarse. —Esperaré a que me hables de nuevo pues, Uker. Hasta entonces.

Una vez las distancias fueron suficientes como para que no se vieran, sus mejillas ahora se veían ligeramente ruborizadas bajo la sonrisa tímida. Estaba emocionada, juntando ambas manos en un puño como una niña frente a sus labios, con un pequeño gritito contenido de felicidad y energía, entrando de nuevo en el local a toda prisa para celebrar uno de los que Akura consideraba sus mejores días.

[***]

Jin miraba los vendajes de su mano, que seguían rojas por la sangre que había corrido. Más tarde tendría que darle una excusa al cirujano para que lo tratara… O no, total, lo acabaría olvidando de todos modos. Las palabras de Uker le hicieron voltear la mirada en otra dirección, cerrando el puño de su mano, desviando la mirada en otra dirección, cerrando poco después sus ojos y aflojando ligeramente su propia corbata, al menos un poco para liberar algo de su propia tensión.

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—Tengo mis preferencias. No soy de piedra, también soy humano, aunque a veces no lo parezca.

Hizo una pausa, guardando su mano derecha en el bolsillo de su traje, el cigarro todavía pegado entre sus labios. Hizo una pausa, retirando su cigarrillo, descendiendo la cabeza. Por primera vez, ahora sí, ya no era solo la sonrisa, sino que su propia expresión inquebrantable ahora se había suavizado de un modo que nadie pudo haber visto antes. Paró en seco, en mitad de la calle, guardando un corto silencio.

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—No. No lo sabe… Preferiría que no se lo dijeras.

Elevó su mirada, volviendo a fijarse en Uker. No iba a darle detalles, lo mejor era que parecía no indagar más de lo que debería, o se vería en la obligación de matarlo… No podía estar entre esas opciones. —Te aseguro que es la única persona en este mundo que no quiero que salga lastimada. Tengo mis motivos. Eso es todo lo que necesitas saber. — Nunca había hablado de sí mismo, menos de Akura, a quien había intentado mantener a salvo por todos los medios, sobre todo que su jefe no descubriera de su existencia. —De hecho… quería contratarte para ella el día que nos conocimos, pero la señorita Maki no permitió dar las explicaciones pertinentes. Buscaba un cocinero cualificado, y había escuchado de ella que no tenías especial aprecio a los Marines… Todo encajaba. — Y admitía que no esperaba que fuera el mismo que había estado buscando, pero no en voz alta. Se sintió incómodo de repente, su mano libre ahora acariciando su cuello por detrás de su cabeza, bajo su nuca.

La interrupción llegó en forma de un gato, sus ojos fríos lo observaron con confusión por un instante, más cuando el hombre ni siquiera dudó en ir hacia la pequeña criatura como si la conociera de toda la vida. Arqueó una ceja. No es que odiara a los felinos, era consciente de que, si se acercaba, quizás podría asustarlo. No dijo nada, solo viajó con la mirada a su alrededor por si había alguien cerca. Escuchó pasos, sus oídos estaban lo suficientemente preparados para percatarse de ello. Sus cejas se fruncieron, volviendo al semblante serio, ahora alerta. Más le valía que se tratase del dueño de ese felino, o no podría responder a consecuencias. Su mano se elevó, su cigarrillo todavía entre sus labios, en el bolsillo interior de su traje.
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#15
Mente de Uker


Algo así sonaba en la cabeza de Uker en cuanto escuchó al otro hombre aceptar que tenía algún ser querido. Le parecería extraño, irreal, pero había aprendido a no cuestionar ni asegurar nada, al fin y al cabo, todo podría dar un giro inesperado. Incluso su vida, pues no se olvidaba que hace menos de 2 meses se encontraba trabajando como cocinero en un restaurante en Sorbet, y ahora… Ahora todo era tan distinto. - Es cierto, no lo pareces -.

Escuchó las siguientes palabras del contrario, sin girar su vista hacia él, sin darle a entender que le daba importancia, pero aún así demostrando que lo escuchaba. - No le diré, no me incumbe, y tampoco me interesa que tipo de relación tengan -. Se detuvo al ver al pequeño animal que, incluso sin quererlo, les cortaba el paso, para agacharse a acariciarlo. - No soy un metiche, poco me interesa el porque no le cuentas sobre tu vida, o el porque la conoces desde tan pequeña -. El animal terminó por subirse a hombros del cocinero, quien comenzó a buscar al dueño del felino con la mirada.

Aún así, su acompañante siguió con las explicaciones, cosa que agotó mentalmente al cocinero, pero aún debía mantener esa calma y serenidad de siempre. - Tú tampoco hiciste mucho mérito como para darte a entender, no hiciste mucho más que decir que querías que cocinara para ti, luego de hacer que tus secuaces me persigan por todo el lugar -. Y él teniendo que huir de la isla por haber golpeado a un marine, también tuvo que aguantar al yakuza y sus métodos para nada sutiles.

Pero, que dedujera que se trataba del cocinero del que le habló Akura solo por su desprecio a los marines. No sabía si se trataba de una gran mente y análisis, o solo de una estupidez gigante. Muy seguramente, lo segundo.

Su rostro giró al escuchar pasos a su espalda, encontrándose con un joven algo bajo, de cabello castaño, que parecía agotado y sin aire, por lo que Rackham dedujo que había corrido hacia ellos. - Ahí estás… yo… ah… eh… -. Su propia respiración no lo dejaba hablar, pero Uker supuso que se trataba del dueño del gato. - Vamos a casa, Lin, me diste un gran susto -. El propio animal se bajó de los hombros del pelinegro, ahora dirigiéndose hacia su aparente dueño. El muchacho se disculpó varias veces, e hizo falta más que un par de “No fue problema” de parte de Uker para que por fin se marchara, seguido lado a lado de su gata.

Debían volver a su camino, y por eso el pirata simplemente se dio la vuelta y siguió caminando. - Vamos, no tardemos más de lo esperado -. Algo ocupaba su cabeza, algo no muy bueno viendo su rostro de tristeza, pero no era algo que vaya a compartir con el otro hombre.

A nadie le interesa su vida, a nadie va a importarle sus penas. Solo queda mirar hacia el frente y seguir su camino.
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#16
Emitió un suspiro de alivio. Hasta entonces no se percató, pero había tenido cierta tensión acumulada en los hombros y ahora éstos descendían lentamente con más tranquilidad. —Mejor que sea así entonces. — sus palabras sonaron más calmadas, volviendo a su tono neutral característico, brindando mayor atención al cigarrillo entre sus labios. —Con saber que no busco nada malo para ella, es mejor. — Si descubriera algo más, se vería obligado a tener que acabar con su vida, y ahora que sabía que había sido el tan ansiado cocinero, sería más problemático. Dio una larga calada a su cigarrillo, ahora cerrando los ojos para dejar que el humo se perdiera en el aire.

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—¿Esperabas que dijera que quería que cocinaras por una chica delante de mis hombres?

Sonaba estúpido dijera como lo dijese. Volvió a abrir los ojos, descendiendo su mano. —Piénsalo bien. Si descubre alguien que busco cuidar de alguien, sería gritarles que tengo un punto débil y que vayan detrás de su cabeza. No puedo dejar las cosas por sentadas si no es por privado. La interrupción de esa loca lo destrozó todo. — Cierto que había hecho que le buscaran los mismos, pero con dar a entender que solo “sería para él” era suficiente. El pensamiento de que Owen seguiría trabajando para él era al menos el buen pilar que tenía como seguro. Debería aprovechar al máximo sus capacidades y el modo de encontrar su punto débil. Ahora tenía mayores razones para estar más alerta y tenía nombre; Akura.

Acomodó su mano en el bolsillo, viendo al fin al que había apareció un joven, buscando al que parecía ser el felino. Su expresión se volvió más severa, autoritaria, mirándolo desde su posición en absoluto silencio. El joven se podía sentir intimidado ante la mirada del hombre, quien de por sí tenía un aura cargada de amenaza por naturaleza. Solo siguió al joven con la mirada cuando se alejó con el felino, prosiguiendo el camino que se había visto interrumpido.

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—Ni una palabra sobre ella. A nadie.

No solo era una propuesta, también una silenciosa amenaza empleada con su propia voz ya de por sí amenazante, ésta vez sí, siendo más consciente, descendiendo la velocidad de sus palabras, bajando el tono de su voz, como si estuviera alerta de que hubiera un oído oculto tras las sombras. De hecho por eso evitó dar el nombre de Akura directamente. Sus pasos se volvieron más firmes mientras pensaba en cómo lograr que el cirujano lo recordara. Al menos su trabajo era efectivo pese a la terrible memoria que lo invadía.

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—Al menos conseguimos rápido lo que buscamos.

Elevó su mano hasta su cuello. No prestaba demasiada atención a su acompañante, ahora mismo solo quería terminar de separarse de él… Si no fuera por esa extraña expresión que estaba viendo incluso desde su posición. Arqueó una ceja. Igual que él, no es que fuera un metiche.

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—Pareces preocupado. Si sigues con esa cara tu tripulación sospechará algo.
Nueva pausa, algo más larga, mientras sus pasos se acercaban más al lugar inicial. Tuvo tiempo de pensar antes de hablar de nuevo, antes de separarse. —Ahora que sabes el motivo... te permito una última oportunidad. — Frenó en seco, dándole el espacio que necesitaba, dando la última calada a su cigarrillo antes de lanzarle una última mirada y hablar. Su expresión mucho más suavizada que cuando se hablaban normalmente.
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—¿Te pensarás el trabajar como cocinero privado?
Ahora al menos tenía una base más sólida, probar de nuevo no se perdía nada, ahora sin nadie que los interrumpieran, sin nadie que los volviera a interrumpir para llevarlo en privado. —No necesito una respuesta inmediata. Serás recompensado, no haré que trabajes para ella gratis. Solo sé que parecía contenta de verte y no es algo que pueda pasar por alto.
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