Más especial de lo que (cree)crees. [Pasado - Social - Gwen]
#11
— ¿Está bien que hagamos eso, no? Tu y yo... —
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-Siempre que te sientas a gusto con ello, sí.-

Aquella pregunta le había llenado de ternura el corazón, incluso, en los nervios que le carcomían desde un principio. Jamás había tenido que "enseñarle a demostrar afecto" a otra persona, pero no dudaría en, al menos lo básico (Y lo que él entendía perfectamente), lo tuviese bien conocido para que la muchacha, en el futuro, pueda tomar sus propias decisiones y decidir sus propios límites -Así como estabas incómoda en el palacio de antes,- llevó su mano hacia la mejilla izquierda de la muchacha, aún embelesado por lo preciosa que era -te puedes llegar a sentir si alguien hace o dice algo que no te agrada. Nunca dejes que te pasen por encima, jamás. Eres demasiado valiosa como para que permitas algo así.- no buscaba inspirarla, sino, realmente, reconfortarla. Era curioso ver a un tipo tan desastrozo como Owen queriendo graficar límites sociales, más aún cuando él, muchísimas veces, solía quebrarlos, "Haz lo que yo digo, por no lo que yo hago", si bien él sabía perfectamente que Gwen podía valerse por sí misma -Cuando haya algo de tu cuerpo que te diga no, paras, y pides que paren, ¿Vale?-.

Ella pareció sorprenderse ante su petición final, haciendo que ese calor interno que invadía al pelirrojo, ciertamente, se difuminase de un plumazo al verla un poco más incómoda de lo normal. El tacto del pelirrojo, además, parecía responder a un sensación helada que se difuminaba a los pocos segundos, casi como si tocase un hielo y sacase la mano, cada vez que ocurrían situaciones con las que él buscaba dirigirla. Se quedó consternado, frunciendo el ceño con algo de incomodidad, inevitable para él no tener un retorcijón en el centro del estómago en cuanto escuchó que "Era incómodo para ellos, y prefería que los tuviese cerrados" -Incómodos los dejaré de la patada en el culo que les meteré el día que los conozca.- porque aquello le enfadó, Gwen era extremadamente hermosa, y Owen no buscaba ligotear con ella por algo enteramente físico. Si sus ojos eran una novena parte de lo bonita que ella es, ciertamente, sí sería la más bonita de todos los mares.

—¿Seguro que quieres verlos? —
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-Me muero de ganas.-

De verdad, se moría de ganas.

Por muy ciega que fuese Gwen, los ojos son una parte tan excepcionalmente importante del rostro que pueden cambiar toda la percepción del cómo es uno. Sin más dilación, su mirada, ciertamente, se veía luminosa, activa, reactiva, con iris y pupilas más pequeñas, y quería saber cómo era ella en todo su esplendor.

A medida que fue levantando ese antifaz blanquecino, Owen la observaba como si estuviese viendo una escultura. Parecía querer ocultarlos, también los abría con dificultad, como si fuese la primera vez en bastante tiempo que lo hiciese -...Gwen.- y cuando los vio, su corazón se detuvo durante un instante, seguido de otro nuevo estremecimiento que le bombardeó el cuerpo. El silencio en el que solo podía escucharse la brisa marina golpeando contra las orejas de ambos, seguido de las olas que, con timidez, daban contra la arena de la playa cercana, se combinaron para dejar al muchacho aún más anonadado de lo que la chica, ciertamente, era capaz de hacerlo con él por sus propios medios. Se veían apagados, sí, difusos, como si no estuviesen enfocándose sobre su rostro, como si no supiera hacia donde moverlos, pero lo cierto es que...la hacían ver aún más hermosa de lo que ya lo era. Encima, ellos tenían un color particular y distinto: Morados, algo violáceos, una escena que su cerebro, como si hubiese podido sacarle una fotografía a sus retinas, grabó para siempre. 

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-No sabes lo hermosa que eres, es...- 

Miró hacia abajo, no pudiendo creer que, hiciese lo que hiciese ella, cada vez le parecía más mágica, más especial, "más más", simple y llanamente -...tienes los ojos violetas. Jamás había visto a nadie con ese color.- no sabía si se lo habían dicho, era una mezcla de sorpresa y revelación, como si, si nadie se lo hubiese contado, lo supiese de primera mano.

Ella se alejó, incluso, cerrando sus ojos con mucha timidez. Owen se quedó estupefacto viéndola, tratando de salir del letargo que, por activa y por pasiva, ella constantemente lo metía -...- la foto: Sus ojos, otra vez, golpeándole en la cara -¡!- hasta que reaccionó, como siempre, dando un pequeño bote -¡Vamos! Claro...- y mientras la observaba secarse sus cabellos y ropas buscando quitar el exceso de humedad, colocó una de sus piernas para poder salir de aquella olla de agua caliente natural, pero... -¿Gwenchu?- respondió casi automáticamente cuando fue llamado, al mismo momento en el que estaba saliendo.

— ¿Cómo sabes lo de los besos?

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-¡! ¿¡Que cómo lo se!?-

Entró un poco en pánico otra vez aunque, emocionalmente, muchísimo más calmado de poder haber aminorado las ganas tan enfermas que tenía de volver a sentir los labios de su chica favorita -¡Yo eh...ehm...est...coño, ehhh...- ¿Se había calmado? Para nada, parecía un niño regañado, uno que hizo algo indebido y debía ocultarlo, ¿Quería evitar decir que había besado a otras chicas antes? Desvió la mirada, incluso, cuando ella es incapaz de poder saber la diferencia. Él era un mentiroso profesional pero, cada segundo que pasaba con Gwen, ciertamente, se hacía más y más difícil -¡Se apre- y fue interrumpido, viéndola de espaldas, finalmente, incorporándose para ir hasta ella, deteniéndose en seco. Qué habilidad tenía esa mujer para inutilizar a Owen, parecía magia arcana: "Pero si es contigo… está bien. Me gusta.", se derretía con sus palabras, poniendo una expresión embobada que le apretujó sus labios, yendo a capturar la mano izquierda tan aterciopelada, suave y húmeda de la mujercita, entrelazando sus dedos -¿Sabes qué cosa nunca me dijiste?- su tono sonó divertido, simpático, aquel último estremecimiento elevó sus picos de adrenalina debido a querer tratar de salir aireoso de aquella situación. Su cuerpo, totalmente encharcado, goteaba sin cesar y sin que él tuviese ni el más mínimo atisbo de quererse secar; Adoraba la sensación de estar totalmente empapado al sol, adoraba el verano y el frescor -Tu apellido.- si no se lo había mencionado hasta ahora, tal vez, es porque nunca había tenido uno, pero el pelirrojo, ciertamente, se estaba obsesionando con ella hasta el punto de querer saberlo todo. Tiró de su unión para empezar a caminar mientras sus piernas, durante un segundo, se rindieron, haciendo que sus articulaciones le hiciesen trastabillar. El cansancio le pegó como una patada en la cabeza, haciendo que deba pestañear con mucha fuerza, estrujando su rostro para continuar como si nada -¿Tienes un apellido, Gwenchu? ¿Sabes lo que es uno, no?- preguntaba con suma curiosidad, su pierna derecha temblaba, como si se fuese a quebrar en cualquier instante. 

Su pecho volvió a arder, ciertamente, tenía una quemadura de primer grado sin tratar que había sido anestesiada por el maremoto de emociones sentidas hasta ese preciso segundo. No estaban para nada lejos de la playa y el camino hacia el que iban, en poco más de media hora, los llevaría hasta la puerta de aquella casa en la que habían estado compartiendo techo últimamente, por lo que había que aguantar, sí o sí, hasta estar delante de la puerta -En caso de que no lo tengas, ¿Quisieras tener uno? ¿Te buscamos uno?- insistía con aquello, mientras sonreía, esforzándose en sobremanera para no caer derrumbado al suelo en ese preciso segundo.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
#12
—¿Qué cosa nunca te dije? — el corazón golpeó su interior en un ritmo que conoce, pero solo pasa cuando está con Owen, seguramente porque nadie le ha dedicado tanto tiempo como él, no en cercanía. — Quizás si no te la dije es porque no la sé. — no es un reproche, parece más una explicación innecesaria ¡Es obvio que sabe lo ignorante que es! ¿No le vive preguntando qué son las cosas? Pero al menos ahora puede entender mucho más, solo necesita que se lo digan una vez, mientras sus manos juguetean inquietas.

—Ah…

Es un detalle curioso ¿No siempre se presenta con que no tiene uno? Gwendolyn sin más, mientras busca en otros que le digan los suyos, solo para encontrar aunque sea una persona que sea como ella. Sin apellido, sin decoración para estar juntos — Sé que todos tienen uno. Sé que te lo da tu familia, pero yo no tengo uno — se volteó finalmente ya más calmada y estiró su mano en busca de encontrar a su acompañante dentro de la oscuridad — La iglesia es mi familia, por lo tanto si tuviesen que darme uno… sería un nombre de no acabar ¿No? — una risa se escapó de sus labios. Esa es la razón que se han inventado las novicias cuando ha preguntado cuando niña, una mentira suave en la casa del señor ¿Eso lo hace mejor o peor? — Pero el sacerdote decía que no necesitaba padres, porque somos hijos del señor.

Es un trato más frío, porque pertenece a Dios y nadie más.

—¿Puedo tener uno? — seguramente no es una reacción que espere, verla avanzar en un trote suave que no son más que tres pasos, pero es el interés lo que terminó de acortar la distancia de ambos — Me gustaría tener uno ¿Cuál crees que me quede bien? — tomó su brazo y se acercó — ¿Y si me prestas el tuyo? Seríamos familia.

Seguro ambos lo entienden diferente, desde el principio a fin ¿Pero no es el mismo valor a fin de cuentas? Se sintió pidiendo un tesoro que no le pertenece, una joya que no debería usar, porque le han dicho que no debe aferrarse a lo material — Sino, podría preguntarle a las personas que conozca, tal vez alguien de ellos quiere prestarme el suyo — avanzó finalmente con él a un paso animado, incluso le tomó la mano y se balanceó con suavidad, poniendo a prueba la fuerza de quien la acompaña —¿El tuyo era Yang, no? Nunca lo había oído antes… Ahora que lo pienso, se parecerían los nuestros si me lo prestas — porque hay solo una letra que los separa completamente ¡Y claro, el fin de su nombre! — Quizás eso no te guste tanto ¿Te imaginan nos piensen hermanos? ¿Nos parecemos en algo?

—¿Estás bien? — sintió su agarre más suave, tanto como para detener su juego y acercarse. Lo abrazó con suavidad — ¿Necesitas que descansemos? — no han avanzado lo suficiente como para que ninguno esté cansado, pero el ritmo de sus pasos no pueden engañarla.

—Haremos lo que tu quieras, Owen

Es una frase que pareciera para una cosa, pero en realidad es la respuesta para la mayoría, sino todas.

Haremos lo que tu quieras, porque no importa a dónde vamos, sino con quien estamos.
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#13
La sensación de fatiga era cada vez más abrumadora, y más que el corazón del joven Owen, ciertamente, había bajado muchas de las revoluciones que lo habían disparado. Su mujer favorita explicaba detenidamente las razones del porqué jamás le había hablado de su apellido y, si bien sonaba un poco extraño, tenía lógica dentro del culto eclesiástico, aunque también sonaba como una búsqueda de la pérdida de la identidad personal para ser un ente colectivo. Pensamientos nimios, la verdad, porque toda la concentración del chico estaba viajando a mantenerse en pie hasta finalmente poder llegar a casa; Nada importaba más que tenerla consigo aunque sea un segundo más.

La pregunta de ella sonó aniñada, curiosa, le provocó tanta ternura que por un segundo sus pesados párpados se abrieron, volteando a mirarla a aquellos ojos que, otra vez, volvían a tener ese antifaz blanquito tan llamativo -¿Y porqué no? Es parte de quien eres. Encima tienes la suerte de no tener ninguno que te venga impuesto.- comentó, pero, lo que le detuvo totalmente en seco, fue verla avanzar hacia adelante para detenerse en seco. Gwen, simple y llanamente, era el talón de aquiles del muchacho, y todo lo que hiciese y diciese, ciertamente, le dejaría en ascuas. Una, y otra, y otra vez.

— ¿Y si me prestas el tuyo? Seríamos familia.
[Imagen: cBfec4K.png]
-...mi...apellido, quieres? ¿Te gusta?-

Porque el pelirrojo desconocía totalmente cuál era el culto al que ella pertenecía, pero para él, ella iba a tener un efecto tan poderoso como letal en todas y cada una de las frases que utilizaba, casi como si supiese en qué puntos golpear de su cuerpo. No podía ser, se volvió a marear. Aquello fue tan enternecedor y tan lindo para él que se volvió a derretir. Tal vez ella no pudiese verlo, notarlo ni saberlo, pero que Gwen eligiese el apellido del chico por encima de cualquier otro fue una patada a su corazón como ninguna, casi tan fuerte como haberla visto a los ojos por primera vez. Un apellido con el que tuvo que cargar, una madre que no lo desea y un padre inexistente que lo mira por encima, casi como si el mundo desease que este desapareciese para siempre. Su sonrisa empezó a dibujarse mientras sus labios se apretujaron, aguantando las ganas de llorar, porque por más que Gwendolyn sea ciega, ve a través del alma y del corazón. Tal vez...esos poderes fríos no serían lo único que la hará especial a partir de ahora. La seguía escuchando mientras su corazón volvía a bombear esa adrenalina que lo estaba manteniendo una y otra vez, era como si, por más que su cuerpo desease encarecidamente parar, la muchachita introdujese inyección tras inyección de dopamina para que sea inevitable no continuar un poco más.

 —¿El tuyo era Yang, no? Nunca lo había oído antes… Ahora que lo pienso, se parecerían los nuestros si me lo prestas —
[Imagen: p9FhreV.png]
-...-

Si antes estaba haciendo fuerza para evitar desmayarse, ahora lo hacía para evitar llorar. Llevó su mano libre hasta la boca, buscando taparla, para oponer mayor resistencia al llanto. Una lágrima se escapó, le resultó inevitable, pero puso un empeño atronador por evitar que ella le escuche llorar. Era tan noble, tan dulce, como si la inocencia no le hubiese corrompido el corazón ni en lo más mínimo, a diferencia de como la vida lo había hecho con él. Incluso aunque ella señalaba el hecho de que podrían tildarlos de familiares, Owen seguía ofreciendo resistencia a la sensación destructora de mucho que significaba para él que alguien, alguien como Gwen, más específicamente, lo eligiese a tal nivel.

—¿Estás bien? —

-Sí.-

— ¿Necesitas que descansemos? —

-No.-

—Haremos lo que tu quieras, Owen

[Imagen: 700682dbe99934805e52b6eda661748a.jpg]
-Te quiero, Gwen Yang.-

Y aquello fue toda una declaración de intenciones, porque detuvo la marcha de ambos. Algo encorvado, sonriendo a más no poder, casi como si los dientes fuesen a escaparse de su boca, posó ambas manos en los hombros de la muchacha, para, una última vez, repetir aquello que había hecho en las aguas termales: Juntar sus labios con toda la suavidad y ternura que él pudiese darle, intentando transmitir el cariño y el afecto que le daba la unión tan hermosa que parecía que el destino buscaba darles. Gwen Yang, un apellido que podría acompañarle, incluso, si él moría. Ya no importaba su propia supervivencia, sino, la de ella, porque siempre que ella recuerde su nuevo apellido...él viviría con ella para siempre.

Se separó de ella, una última vez, quedándose a pocos centímetros de ese rostro que, para él, era el más bonito que jamás vio -Vamos a casa, te prometo que te haré un almuerzo de gala hoy.- porque, pese a todo lo que pudiese haber dicho Gwen, la gran riqueza que hicieron juntos con su impresionante suerte y la gran labia del pelirrojo, ciertamente, los había ayudado a subxistir con una ligera cantidad de comodidades. Incluso estos meses aprovechó para aprender a cocinar para ella, incluso, teniendo las papilas gustativas atrofiadas, mientras viajaban finalmente hasta su destino final: Su hogar.

¡PAF!

Hasta que...bueno, Owen cayó en seco al suelo, dándose con el frente del rostro sobre el mismo.
Esperemos que Gwen haya entrenado sus bíceps para arrastrarlo hasta casa.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]


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