Hate the sin, love the sinner. - Pasado Social +18
#1
Se acomodó en la cama, esperando que el sonido del agua correr llegue a su fin, pero solo se extiende. Jugueteó con su cabello haciéndolo girar con el dedo índice y el pulgar, como si fuese a conseguir algo con eso, pero en realidad, solo es una manía nueva. Es algo que no estaba ahí, porque antes podía quedarse quieta y en silencio, porque la iglesia así le había enseñado ¿Por qué ahora es distinto? Un suspiro salió de sus labios, uno largo y cansado, mientras la cabeza descansa en la almohada. No hay sueño, desde hace unos días que no existe, sino esta ansiedad de esperar que él venga para que el silencio se acabe.

Ya no le gusta tanto como antes. Porque lo que era paz, ahora es la falta de algo más. Y supuso que debe acostumbrarse, pero no quiere. No es lo que le gustaría, de ser posible quiso quedarse en el sitio más ruidoso, ese que no la haga sentirse vacía.

—¿Owen? — se volteó finalmente cuando lo sintió ya en el cuarto y le sonrió. Es un gesto que demuestra que lo ha estado esperando, como todas las noches. Siempre se alegra cuando lo tiene cerca — Hoy fue un día agotador. — se mostró ansiosa, este sentimiento ocurre desde hace un tiempo antes de dormir, porque no existe señal para saber si ocurrirán cosas o no. Pareciera al azar, cuando en realidad solo no sabe cómo hacerlo ¡Quizás debería aprenderlo! — ¿Tienes sueño?

La pregunta tiene una razón, pero es tan incómoda de comentar, que simplemente se quedó en silencio esperando una respuesta que llega sin mucha espera.

Notó como el peso de alguien más movió el colchón con suavidad, aparece un peso que ya reconoce. Esperó unos minutos en silencio jugando con sus manos y finalmente se acercó, son movimientos suaves que la llevaron primero a recostarse en el torso ajeno. Su mano se pasó por la zona con cuidado, en una muestra de cariño legítima, esa que siempre estuvo ahí, presente desde el inicio, pero que ahora tiene más sentido.

—Tienes que aprender a cocinar más cosas en tu viaje — ya no hay llantos al pensar en la separación, pero sí un ligero amargo. Es la inseguridad de estar sola una vez más, de no poder lograr nada si él no está ¡Pero ha llegado hasta ahí! Se ha acomodado en un lugar en donde un otro que la va a ayudar, que siempre va a estar ahí cuando lo necesite.

Y aunque tal vez no debió hacerlo, no se arrepiente.

Usó ambas manos para levantar el cuerpo ligeramente, acercándose al rostro de Owen — Te voy a extrañar — sintió la respiración de quien la acompaña, es un cosquilleo ligero que suele aparecer cuando se acerca. No ocurre con nadie más, porque no es solo la piel la que reacciona, sino todo lo demás — Uhm, me gustaría…

No supo cómo decirlo, detuvo sus palabras, porque ¿Se pide o debe ocurrir? Aunque hasta ahora jamás ha pasado, una parte de ella se pregunta por qué no termina ocurriendo ¿Será ella? Incapaz de decirlo, simplemente lo besó, no es la suavidad de siempre, no es lento ni se despide rápido alejándose. Permaneció sintiendo el calor, incluso separó los labios, esperando que el muchacho haga lo mismo, en busca de compartir un sabor que ya conoce, una sensación que se repite y que solo debe ser entre ellos, porque es especial.

Eso ha dicho él.

Un sonido se ahogó en la boca ajena, es la satisfacción de tenerlo aun cerca, de poder posar su mano en el pecho de él y sentir que la emoción resuena en el corazón, porque así no es la única. Se separó para buscar aire, en un suspiro que ha escuchado solo en las noches — Me gustaría que el primero fueras tú — su rostro se coloreó en las mejillas, es distinto al blanco que siempre tiene, seguramente por las palabras que dedica — Porque no quiero estar con nadie más.

Lo ha pensado desde que se lo explicó, siempre se encontró incapaz de decirlo, pero el tiempo ya se agotó.

—Porque para mi eres especial.

Más que todos los demás.
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#2
23:30
Isla del Karate
13Cº
Suroeste de la Isla
Propiedades Costeras: "Shiganshina"


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-¡Voy Gwen, espérame dos minutos!-

Habían dejado ropa colgada en el exterior a secar, habían hablado mucho de todo lo que tenían que decirse mutuamente y, absolutamente lo más importante: Se habían cerciorado, al menos Owen, de disfrutar de cada beso, cada abrazo, cada mimo y cada segundo acompañados hasta el inminente final que, como solamente las despedidas pueden ser, uno pierde parte de sí.

Y él, como se aseguro de confirmarle a su compañera, se iría sin su corazón. Porque le pertenecía a Gwen.

No necesitaba la tintura de su cabello, tampoco necesitaba fingir delante de ella e, incluso si Gwen tuviese su visión, mostraría su albinismo sin ningún atisbo de duda, pese a lo mucho que le avergonzase. Ya se había abierto demasiado a la mujercita como, para ahora, seguir buscando ocultar todos sus traumas; Pese a que seguiría una y otra vez teñido con ese característico y chillón rojo, sería genuino, a todas luces, con ella, hoy y siempre.

Ella le había llamado, en una noche que parecía prometer ser la última en...vaya-a-saber cuánto tiempo. Owen tenía un poder especial para intentar aminorar las situaciones difíciles (Por más que le destruyan por dentro) y si bien su rostro se mezclaba entre la nostalgia y el temor de saber cómo continuar a partir de ahora, se miró al espejo, mientras tenía ambas manos en los extremos del grifo del baño -La buscarás...tío. Esto no es el final. No seas cagón.- se hablaba a sí mismo, entre dientes, con un murmullo solo perceptible para sí mismo.

Se sentó al otro costado del colchón, viéndola cómo, en cuanto se aproximaba, ella volteaba con esa actitud tan diferente a como cuando la conoció. Se enterneció en cuanto observó a esa mujercita que parecía casi de fantasía, se la sentía incómoda...y cómo no estarlo: La situación de Owen, desgraciadamente, era tan inminente que se le escapaba de las manos a ambos -Fue un día...complicado, seh.- podía escuchárselo entre agobiado y nostálgico, emitiendo un suspiro en el que solamente arrastró su cuerpo hacia adelante para quedar de perfil con la muchachita. La abrazó, en un silencio que parecía perpetuo, uno que solo podía ser invadido por algunas ranas y grillos que, acompañados con el sonido costero, trinaban y adornaban una escena en donde aquellos orbes celestes solo miraban hacia el techo, al vacío, sintiendo el cuerpo de su mujer favorita no solamente recostado encima de él, sino, mimándole, algo que...no pudo evitar apoyar su mejilla sobre la copa de la cabeza de ella. En su cabeza solo podía pensar en lo que perdería, en lugar...de aprovechar lo mucho que quería disfrutarla esta última vez.

Tenía que aprender a cocinar, sí. Toda su vida se había negado a ello no solamente porque le parecía una pérdida de tiempo, sino, porque simplemente con que cubriera su subsistencia le bastaría y sobraría...pero, ahora, había un fin detrás de aprender aquella profesión más allá de simplemente cubrir una necesidad básica: Impresionarla. Hacer platillos que, incluso, él teniendo los sabores atrofiados producto de una falta total de cuidado en su alimentación, no importaría en lo absoluto. Owen sabía que Uker Rackham era cocinero y, tal vez, podría enseñarle un truco o dos para que el reencuentro entre ambas almas separados por el destino cruel, cuando se unan, se fundan con más fuerza que antes -Te voy a hacer un menú de quince platos cuando nos volvamos a ver, ¿Sabes?- lo había leído en una revista local, acerca de menús de pequeños platitos que, cada uno, tenía sabores diferentes. Mientras decía aquello, llevaba su mano derecha hacia la mejilla de la muchacha, moviéndola un poco para que ambos rostro estuviesen enfrentados.


— Te voy a extrañar —

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-...yo no paro de pensar en lo mucho que lo haré, Gwen.-

Real, honesto, por más que duela, a ella no pensaba ni quería mentirle más. Su mirada, llena de desgano, demostraba lo poco que, incluso, quería que esa misma noche juntos no terminase, casi como si se fuese a obligar a quedar despierto hasta el alba si fuese necesario -Eres la mujer más hermosa, y más espectacular de todo el planeta. Serás una leyenda, no sé porque...siento que lo serás.- Porque ella era especial, demasiado. Estaba seguro, segurísimo, que más de uno vería que la muchacha tenía un don, que por más que buscase nivelarse con el resto, desgraciadamente, aquello no podría ser posible. Pese a todo, ella se veía...extrañamente inquieta, como si quisiese decir algo, confesar, hablar, se la veía con esa incomodidad que es fácilmente perceptible -¿Quieres...contarme al-"me gustaría..." fue rápidamente interrumpido, la mirada del muchacho se puso más atenta, más despierta, no aquella envuelta en el olvido y la frustración, sino, en la atención, con esos orbes celestes que tanto le caracterizan.

En cuanto se fue hacia él, a besarlo, sabía que estaba ocurriendo algo. ¿Gwen, evasiva? No conoció jamás a nadie tan frontal, directa y temeraria incluso con su condición tan particular. Para más inri, ahora, cuando se siente amenazada, es hasta más evidente su disgusto: Un frío extremo, atronadora, de esos que podrían gangrenarte la mano en un segundo salía de ella misma delatándola aún más. Ella...empezó a besarle con la misma intensidad que él lo había hecho en repetidas ocasiones, pero que jamás, jamás ella había comenzado. Owen, totalmente impresionado en cuanto sintió a su chica favorita en su boca, abrió los ojos con una sorpresa para empezar, progresivamente, a envalentonarse con ella, ¿Qué estaba pasando? Su corazón empezó a latir de emoción, su cuerpo empezó a estremecerse y, como un engranaje que cada vez gira más rápido, algún que otro jadeo empezaba a salir de entre ese contacto que se intensificó con velocidad. Owen había demostrado, en repetidas ocasiones, que era un chico repleto de intensidad y fulgor. ¿Que Gwen esté teniendo una iniciativa así? Fue...tan...deseado, que no pudo evitar llevar sus manos hacia el pecho de la muchacha mientras se giraba y colocaba encima de la muchachita, empujándola con la intensidad creciente de una situación que parecía inminente, soltándose solamente para que ambos pudiesen respirar.


— Me gustaría que el primero fueras tú —
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-...-

Se petrificó, pero...esta vez, fue muy distinto a lo que ella siempre provocaba en su cuerpo. Siempre era estremecimiento, congelación, detener sus impulsos para volverlo alguien más controlado, más sensato, que aprendió a ser gracias a ella. No, esta vez fue totalmente al revés. La miró de arriba a abajo, era una muñeca absolutamente perfecta y él, agazapado encima de ella, solo podía pestañear con un deseo tan irrefrenable como lo que su cuerpo le estaba pidiendo. Entendió automáticamente a lo que se refirió, porque él quería que ocurriese exactamente lo mismo.

— Porque no quiero estar con nadie más.

-...no sabes las ganas locas que tenía de escuchar eso.-

Se abalanzó hacia ella, sin temor, porque su mujer favorita le estaba dando permiso para que aquello escale hasta el límite que ambos quisieran...y Owen, desde que tiene uso de razón, se muere por su compañera. Siempre se sintió...un poco extraño, por el hecho de estar sexualizándola, pero lo mucho que fantaseó con Gwen en su cabeza...no tiene ningún límite. La fantasía podía despedirse, porque prosiguió con aquel beso que se acompañó por un juego que, desde siempre, quiso hacer con ella -...solamente sígueme.- y, separándose mientras sentía el aliento que tenía ganas de devorarse, mantuvo una de sus manos en uno de sus pechos y, la contraria, viajó hacia la nuca de la chica, alzándola ligeramente para darle un beso suave y tierno detrás de otro, haciendo un caminito que iba desde la comisura derecha, un poco más abajo del mentón, mentón, y cuello, para darle una mordida que se mantenía intensa pero suave al mismo tiempo. Manteniendo aquel caminito, subió, volviendo al mentón, pero ahora dirigiéndose al lóbulo de su oreja, pudiendo sentir la intensidad de uno de sus colmillos, también. Se la quería comer, casi literalmente, desde hace demasiado tiempo.

La misma mano que viajó hacia la espalda de la muchacha no dudó en comenzar a desvestirla, pudiendo sentir la unión de su sostén que, debido a la destreza de sus manos, pudo liberar con facilidad sin soltar esa intensidad de caminos de beso que, buscando excitarla de todas las formas posibles, ahora, succionaba su labio inferior para querer devorárselo, tirando de él hasta que el propio músculo volvió a su lugar -Ojalá te pudiese comer, Gwen. Te devoraría por completo.- estaba intenso, mucho, dejando salir esa pasión que tanto lo califica y lo marca para absolutamente todo lo que dice, hace y piensa, pero queriendo marcar la línea de ayuda para que su mujer favorita, ciertamente, pudiese llenarse de coraje para seguirle sin miramientos, dejando salir todos sus deseos más ocultos -Podría intentar hacer algo...que te gustaría mucho.- y la verdad que carecía totalmente de experiencia, pero no perdería nada en intentarlo por primera vez.

Si ella se lo permitía, luego de aquellas palabras, comenzaría con el camino de besos que había empezado para, ahora, seguirlo por su pecho que buscó desnudar, yendo, beso tras beso, cada vez más abajo, y abajo, y abajo. Si ella sentía cosquilleos y actos reflejos producto de cada impacto, él, simplemente sonreiría con desafío, cada vez que le miraba ese rostro tan absurdamente hermoso que tenía...se ponía peor, más deseoso aún. Aún con la ropa inferior puesta, Owen besó el ombligo de ella, bajando con una lentitud bastante criminal, otra vez, beso tras beso -¿Sigo?- comentó, como si supiese la respuesta, pero quisiera escucharla de ella -No es aquí donde quiero parar.- jugaba, la quería obligar a que también se deje llevar por todas esas sensaciones tan locas que el cuerpo podía estar pidiéndole en ese instante, humectando sus labios con saliva y prosiguiendo para, incluso, levantar con el dedo índice la parte inferior de su ropa, y bragas, bajar un poco, besar justo en la ingle, y volver a soltar -Y como ese beso, y más, pueden haber más. Pídemelo.- si esto fuese un confesionario pecaminoso de la inglesia, ciertamente, el pelirrojo (Peliblanco) sería el demonio que te llevaría a la ruina.

Pero la noche es joven, todavía.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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#3
No es el mismo calor de antes, no es suave ni trae paz al cuerpo, pero sí es reconfortante, aún así no supo qué hacer, por lo tanto solo asintió con suavidad a sus palabras ¿Debería estar tan ansiosa a pesar que le ha dicho que él la guiará esa noche? El tacto no fue extraño, pero hasta ahora jamás había sido directo, como si la ropa fuese el límite que ninguno se atreve a cruzar ¿Y ahora? Tragó saliva con suavidad, en una reacción normal por la ansiedad de hacer algo que nunca nadie le enseñó, que pareciera que en realidad no debería ocurrir.

Pero ella lo ha pedido.

La reacción de su cuerpo fue extraña, tanto que se removió de su posición al sentir al tacto de los labios sobre la piel, incluso ante el dolor no se quejó, sonó más bien un sonido de satisfacción que llevó su mano al rostro de Owen y se movió con suavidad al cabello de él, en una caricia que no es tan suave como siempre, porque la ansiedad del cuerpo se contagió, incluso a sus gestos.

No hizo nada más que llamarlo, notando como el respirar se hace más pesado, tanto como para que su pecho suba y baje sin la delicadeza de siempre, no es ese vaivén imperceptible  — ¿H-hacer qué? — el que no exista explicación la tensó ligeramente, porque no puede ver lo que pretende, ni lo que vendrá. No lo detuvo, dejó que avance sin saber a qué aferrarse — Dame tu mano — incluso si puede sentir el calor que desprenden, sintió que necesita algo más, es saber que al menos esa noche está ahí y no la soltará.

Suspiró en una sensación que llevó cosquillas al cuerpo, no es solo la zona en donde puede sentir los labios de alguien más, es una corriente que avanza y se acumula en la parte inferior del cuerpo. No es solo el estómago que se revuelve, es un cosquilleo nuevo que arqueó el cuerpo y la obligó a apretar las sábanas con la mano libre.

La vergüenza llegó y tensó el cuerpo cuando lo escuchó una vez más, dejando la sensación de lado. La piel se sintió molesta y sensible, pero pudo volver al inicio, preguntándose ¿Por qué debe pedirlo? ¿No lo ha hecho ya? — Ahm... — existió un balbuceo, no porque no quiera hacerlo, sino porque las palabras no salen tan fácilmente — No te detengas — la declaración salió con nervios, porque quizás no es lo que quiere oír, pero es lo mejor que puede soltar en ese momento.

Quiso esconder el rostro detrás de algo, pero una de sus manos la mantienen unidas a él y la otra no supo en dónde estar, seguramente por eso terminó cubriendo parcialmente sus labios. Es la inquietud de una espera a lo desconocido, aunque sospecha lo que pasará, es distinto a vivirlo, porque en su mente no se le corta la respiración o su cuerpo se remueve para liberar la tensión.

—No me sueltes — estrechó más el gesto que los mantiene unidos — Por favor.

Suena a súplica, porque así se siente. Su tono subió y bajó ligeramente, mientras un ardor aparece en una zona que no debería, porque aún no ha llegado ahí. No existe razón para la sensación, a diferencia del resto del cuerpo que se siente hirviendo por las muestras de cariño que le ha ofrecido.

De sentir el tacto directo, seguro el cuerpo se tensa y ya no es un suspiro suave. Un gemido que no ahogó, pero habría deseado que fuese así, porque sus labios le hacen falta.

No hace frío, pero el cuerpo tiembla. No es la ansiedad, sino algo más, es el confort que se desborda y por suerte no hay nadie cerca para escuchar que no lo deja de nombrar, esperando que eso la pueda calmar.
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#4
Owen estaba extasiado del gusto. Honestamente y desde el fondo de su corazón, pensó que faltaría mucho tiempo para que, al menos Gwen, quisiese dar el primer paso para algo así. Ella era absolutamente hermosa, con un cuerpo tan escultural que, la única vez que lo mostró, dejó al peliblanco sin aliento, incluso, teniendo el corazón tan reventado como lo tenía. No es que la muchacha era simplemente hermosa, era como si hubiesen tenido una joya dentro de una caja de cristal y tapada con una manta, viendo que, detrás de ella, había un cuerpo tan pecaminoso como lo podría ser el muchacho que se le encontraba agazapado encima.

Al igual que el chico se había puesto más demandante y lleno de peticiones con la chica (A la cual buscaba forzar a que cediera al pecado que tanto su religión buscaba evadir), ella también lo hizo: Juntar sus manos, para sentir su contacto con más firmeza -Obvio.- la faceta más...erótica, del pelirrojo, parecía salir a flote, una que controlaba perfectamente hasta, bueno, el inminente estallido que los vincularía mucho más de lo que ya lo estaban. Deslizó una de sus manos que, progresivamente y acariciando su brazo en el proceso, llegó hasta la palma de la chica, entre-lazándola y aferrándose con intensidad a ella. No era ese agarre tierno tan característico de ambos, sino, uno que ejercía presión, apretándole un poco los músculos del dorsal de la palma de la muchacha. Owen estaba tan, tan encantado con Gwen y la deseaba tantísimo que quería volverla loca, demostrarle hasta qué podría ser capaz solamente por verla disfrutar y que empiece a sentir todo lo que su cuerpo podía empezar a pedirle, centímetro a centímetro recorrido.

No había cosa que más estuviese incendiando los instintos más animales del peliblanco que verla retorcerse de gusto o, simplemente, ver esa timidez que era una carta de invitación a que deje disfrutar del cuerpo de la chica, sintiendo como su temperatura corporal y corazón, debido a los nervios y al falso coraje que también estaba forzando para mantener a la muchacha con tranquilidad, aumentaba sin cesar, incluso, descubriendo todo aquello por primera vez...y disfrutándolo como un loco. Verla retorcerse, incomodarse en cierta manera, todo aquello estaba haciéndole sentir más y más deseoso, una espiral que giraba incontrolable en su cabeza y hacía que todo el calor en su entrepierna, a cada segundo, se incrementase a niveles escandalosos; Ya solo tenerla así era tan escandaloso para su ser que le hacía sentir en un sueño húmedo, ¿Y si realmente lo estaba? No importa, no iba a querer despertarse.

Una pequeña sonrisa se escapó de sus labios, alejándose provisionalmente de la chica para, arrodillado frente a ella, empezar a quitarse la camiseta que iba a usar como pijama, dejando su torso completamente desnudo y, usando ambas manos como impulso, pegar su entrepierna con la de la chica, terminando con ambas palmas pegadas a los lados de los hombros de Gwen. Con su espalda encorvada hacia adentro, empezó a frotarse, una y otra vez, subiendo y bajando, quería que ella se derritiese de ganas así no fuese a interferir en lo más mínimo con lo que estaba aconteciendo. Ojos entre-cerrados, la mordida de su labio inferior mientras la miraba retorcerse, todo eso haría que el contacto de sus ingles se estrechase mucho más producto de la excitación y, realizando media flexión para pegar su torso desnudo con el que aún tenía las ropas de la muchacha, a dos milímetros del rostro de su mujer favorita, prosiguió -Me moría de ganas de hacerte mía. Me- capturó su labio inferior otra vez, tirando de él para que este volviese a su lugar -moría.- porque era cierto, impensable la cantidad de veces que el chico había fantaseado con ella y que finalmente pudo darse.

Prosiguió, usando esa media flexión con una de las manos que aún los mantenía unidos con mucha intensidad para, pegando sus torsos, llevase la mano hacia el extremo inferior de las ropas de la muchacha, levantándola y buscando que, con un poco de esfuerzo en conjunto, quedasen ambos desnudos de la cintura para arriba. Pegados, podía sentir el corazón inquieto de una Gwen inexperta conjunto al nervioso del peliblanco que parecía saber perfectamente qué hacer, pero no, solo pensaba en todo aquello que a él que la provocase una y otra vez. Tal vez se iban a separar, pero iba a hacer ese momento inolvidable para ambos, sin dejar de balancearse hacia arriba y hacia abajo en la unión de sus sexos, una y otra vez.

Siguió con lo que había empezado antes y, ahora, sintiendo todo el cuerpo desnudo y escultural de Gwen, alzó su columna solo para verla unos segundos. Entrecerró sus ojos y se puso aún más loco de lo que ya lo estaba -No vi nada más perfecto que tú, Gwen.- porque era tan escultural, tan preciosa, con una figura tan definida y estilizada que era hasta sorprendente, bendita con la belleza y la estructura física de una modelo de tamaño más compacto, oculto entre toneladas de ropa abombada la mayoría de las veces. Besó su cuello, una pequeña succión en el mismo, y prosiguió, poco a poco, otra vez, hacia abajo, sin soltarse ni un solo segundo de la mano que les unía.

Quedaba la parte inferior, una que había tentado pero que no había movido hasta ahora. Con su mano libre, enganchado como si fuese de una cornisa, empezó a tirar hacia abajo de la misma mientras buscaba la cooperación de la muchachita alzando sus nalgas para que fuese más sencillo. En cuanto vio lo que había atrás de la misma, la baba empezó a caérsele y la excitación en todo su cuerpo empeoró, porque si ella era una muñeca, su sexualidad era, cuanto menos, perfecta -Vas a derretirte del gusto esta noche. Te haré...- con su mano liberada, sin quitarle un solo segundo de encima a la entrepierna de su mujer favorita, enroscó el brazo sobre la pierna derecha de la chica, aferrándola y trayéndola consigo con un poco de fuerza mientras se tumbaba suavemente para tener aquello justo delante de su nariz -...hacer...que esta noche...- y, con un tierno beso húmedo, apoyó sus labios justo sobre aquello que sobresalía por encima de los labios de su parte femenina, otra vez.

Pegó su rostro con energía, como si se estuviese envalentonando a hacer algo, incluso, más fuerte, apretándose consigo toda la entrepierna de la chica sobre él. Jugueteando con su lengua, al igual que empapaba una y otra vez sus labios, empezó a pasar la punta de la misma por la comisura que unía ambos labios de la muchacha de arriba hacia abajo, creando un círculo que terminaba, finalmente, en una succión un poco más intensa en lo sobresaliente de la parte superior de la mujer, una en la que se empezó a obsesionar en el instante que la veía retorcerse con un sufrimiento que, seguramente, tenía que estar inundado de placer. Solo se separó para tomar aire, aquello era realmente mucho más difícil de lo que pensaba -...no te la puedas olvidar nunca más.- para poder terminar con la frase que había empezado. Sabía que en las palabras también había seducción, porque a él no le bastaba con que ella simple y llanamente le dijese "que quería ser el primero", no. Quería que babeara, se retorciese hasta que colapse y muestre lo más visceral de ella, casi forzándolo a que deje de provocarle. La noche recién había empezado, la atrajo hacia ella aún más, volviéndose a pegar con intensidad mientras que, con su boca, ahora, jugaba mucho peor que antes, aumentando la frecuencia de las lamidas y las succiones que, incluso, hacían que su lengua se adentrase hacia sus labios, sintiendo la humedad y un sabor que jamás había podido creer que encontraría dentro de los mismos, uno que le excitó aún más de lo que ya lo estaba haciendo. Había sido capaz de contener sus deseos para con ella (A veces, porque muchas otras le dejó bien en claro lo mucho que quería tenerla como la tenía), pero, esta vez, iba a dejar volar su imaginación. No le importaba su placer, sino, que ella colapse del gusto y que vea que, dentro del pecado, también hay algo tan morboso como repleto de placer.

El sudor estaba empezando a hacer efecto en ambos, al igual que el ambiente que, progresivamente, se iba caldeando demasiado, haciéndole sudar y abandonar gotas desde la punta de los mechones de su cabello, al igual que sus músculos, tensados por los nervios y el deseo, se mantenían allí debajo, sin parar de usar su lengua que, incluso, usando ahora no la punta, sino, el cuerpo entero de su lengua, pasaba una y otra vez por cada centímetro del sector de la entrepierna de la chica. Apretó aún más la mano que aún los mantenía aferrados, como si fuesen uno, pero quería hacer estallar el cuerpo de la chica, pase lo que pase, ya que ella no era la santificada devota que había conocido meses antes. ¿Habrá sido su culpa? -Voy a dejarte grabado en tu cuerpo todo esto, para que no lo puedas olvidar ni una sola noche, Gwen.- empezó a penetrar, una y otra vez, con la boca amplia y con movimientos espirales, ascendentes y descendentes, todo el sexo de la muchachita con su boca, de forma reiterativa y muy provocadora. A cada convulsión, cada movimiento que le hacía retorcerse, Owen, por el contrario, se aferraba más al muslo de la muchacha, atado como si fuese a caerse. A veces, solo para comprobar que estuviese haciendo lo correcto, alzaba la vista, viendo el rostro de la mujer más hermosa del planeta extasiada -¿Qué te pide tu cuerpo?- le preguntó, como si supiese perfectamente la respuesta -Dímelo.- la iba a obligar a decirlo. No buscaba someterla a él, sino, que ella se doblegue a sí misma y a sus sensaciones -Quiero que me lo digas.- la mano que se aferraba a la pierna de la muchacha, finalmente, liberándola de la presión, ahora buscaba provocarla aún más: Viajó arrastrándose como una serpiente por la totalidad de su pierna hasta llegar hasta un poco más arriba del ombligo, clavando ligeramente sus uñas mientras las arrastraba hacia abajo, lenta y progresivamente...porque ahora, quien ayudaría a su lengua, iba a ser su anular que, ejerciendo presión hacia adentro de aquello sobresaliente en el sexo de la chica, lo movía muy despacio hacia ambos lados sin necesidad alguna de ningún tipo de lubricación: El cuerpo de Gwen y la saliva de Owen, ciertamente, ya habían hecho todo el trabajo -Dime que me quieres dentro tuyo, dime todo lo que tu cuerpo te diga. Dímelo, Gwen, quiero que sucumbas a tus deseos.-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#5
Le gusta estar de la mano con él, aunque el gesto ha cambiado con el tiempo. Lo que fue simplemente ir juntos para no perderse, ahora pareciera más enlazarse, como si no quisiera estar en ningún lugar, seguramente por eso entrelazó sus dedos en un acto que no logrará nada, porque eventualmente tendrán que partir por caminos separados.

Sintió como se aleja y pensó en decir algo, un reclamo de que se ha detenido, pero no fue así. Es el respiro antes de continuar con lo que ella mismo ha pedido. Un suspiro salió cuando el roce se formó entre los cuerpos, en una sensación extraña que la llevó a subir su mano posándola en su hombro. No pudo evitar hacer presión, mientras su cuerpo se tensa y relaja por los movimientos ajenos — También quería estar contigo — así, de esa manera en la que se sienten más cerca que antes, tanto que incluso la respiración de quien la acompaña causa cosquillas.

Nunca pensó que gestos que antes habrían sido extraños y ajenos, provoquen sensaciones que no deberían. El dolor ya no parece malo, no es un castigo por un error, sino una presión que causa una reacción que no pensó en tener. Gemidos que se ahogan para no hacer ruido, como si eso fuese a molestar a alguien más, no quiso alzar la voz, simplemente se contuvo y ayudó en lo que pudo, levantando su cuerpo y siguiendo órdenes para finalmente encontrarse vulnerable frente a alguien que no puede ver.

Quiso preguntar, qué es lo que ve, pero la respuesta llega, calmando dudas, pero alterando al cuerpo. Los halagos le parecieron tan satisfactorios como una caricia, incluso si no puede sentirlos, aún así están acompañados de algo más, obligándola a llamarlo una vez más, mientras su mano libre se aferra a él como si algo fuese a ocurrir.

Y ocurre, luego de un movimiento suave que alzó ligeramente el cuerpo para deshacerse de su última prenda.

—¿Qué estás ha… — no terminó la oración y la voz se cortó. Sabe lo que ha pasado, seguramente es por eso que la vergüenza volvió y usó su mano para intentar empujar con suavidad el rostro de Owen. No es fuerte, pero sí una reacción nerviosa que no llega a nada, porque la sensación de placer le pareció más fuerte, tanto como para revolverse ligeramente entre las sábanas por el contacto. El sonido que se había estado ahogando apareció finalmente, no encontró forma de frenarlo y pareciera que Owen quiere escucharlo.

Sintió la humedad de la zona y el calor que el juego previo le ha producido, esperando llegar a un final, pero no aparece, sino que se detiene, causándole un ardor que no le gusta — No te detengas — se quejó inicialmente, cuando las palabras aparecen.

Le piden que lo diga, que diga lo que siente, en una presión que aprieta el pecho. Es la vergüenza, el no saber qué decir y no querer equivocarse. Tomó aire, mientras su cuerpo se movió con suavidad, en ese reflejo de querer continuar con la intensidad de antes, de no bajar a un ritmo que parece doloroso.

—Yo…

¿Tiene que decir lo que siente? ¿Lo que siente el cuerpo?

—Te amo, Owen

Quizás no es lo que espera, pero pareciera más difícil de decirlo que incluso lo que le ha pedido. Es lo que le ha querido decir desde hace días, pero no se encontró segura, aun así en ese instante, simplemente se le escapó, como si el querer no fuese suficiente y tuviese que decirlo. Aunque quizás aun no comprende el peso de las palabras que le ha dicho ¡O tal vez sí! Porque el cariño es para el resto, pero el amor es para Dios, aun así... se lo dio a alguien más.

—Quiero sentirme bien contigo — porque hasta ahora, ha sido egoísta, disfrutando de algo que ha existido desde hace semanas, pero a medias. De manera tímida, son roces suaves y sonidos que se ahogan — Lo necesito.

Es un ruego suave, al borde de lo lastimero que parece ser suficiente ¿O será lo que ha dicho antes? No se detuvo a pensar, simplemente sintió el calor en la zona baja, en una sensación que pasó de un ligero placer a una molestia, una sensación extraña que la obligó a apretar la mano que los une, inicialmente de manera suave y que se intensifica mientras el miembro ajeno de hunde en ella.

—Espera — el aviso no tardó en llegar, porque el dolor le pareció suficiente como para necesitar unos segundos. Es una presión que no causa placer como las anteriores, seguramente por eso esperó unos segundos que se hacen eternos. Su respiración se calmó, hasta que finalmente su mano libre pasó por el costado del cuerpo de Owen y subió a su espalda, afirmándose de ella — Y-Ya podemos seguir — no hay mucha seguridad en sus palabras, pero no quiso esperar más.

Un beso fue lo que buscó, alzando ligeramente el torso para encontrarse con los labios ajenos, uno que buscó un sabor nuevo, un poco de confort y callar los ruegos que se amontonan en el cuerpo.
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#6
Parecía como si Owen tuviese una fijación pura y absoluta no solamente en poder concretar aquello que solamente podría haber estado en lo más profundo de sus fantasías, sino, en dejar tan extasiada de gusto a su compañera que jamás pudiese olvidar lo que pasaría entre sábanas esa misma noche. Hay recuerdos que pueden olvidarse con el tiempo...pero, ¿Lo que siente el cuerpo? ¿Es estremecimiento de la primera vez? Owen estaba tan nervioso como ella, solo que estaba tan enfocado en la satisfacción de la chica que, ciertamente, su temor por "hacerlo mal" podía esperar. Gwen iba a pecar, y el pelirrojo sabía que le iba a gustar.

Que ella pidiese que no se detenga, que sintiese cómo ambos ejercían presión en la unión que los enlazaba, verla retorcerse, arquearse y hasta empujarle de manera nerviosa, eran cosas que aún excitaban más al pelirrojo, ¿Porqué? Porque era evidente que ella buscaba resistirse a algo que probablemente le apenaba en demasía, pero que su cuerpo sonreía extasiado igual que el calor que elevaba las temperaturas, incluso, a alguien que puede generar un frío tan extremo como ella. El pelirrojo insistía una y otra vez que ella se someta no a su ser, sino, a todo lo que su cuerpo reclamaba, porque conocía lo suficiente a Gwen para saber que ella no era la inamovible y perfecta estatuilla favorita de la iglesia; Ella pensaba, sentía, vivía y se comportaba como cualquiera, y por eso Owen iba a sacarla de su reino celestial en el que siempre creyó que vino para demostrarle que los placeres mundanos, por muy pecaminosos que sean...son, de hecho, espectaculares.

Hasta que la respuesta que dio la chica, realmente, le bajó de ese encendimiento que giraba como una espiral para detener la marcha, quedándose en el lugar mientras levantaba la cabeza para encontrarse con el rostro perfecto de la muchacha.

—Te amo, Owen

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-...Me...amas?-

Su corazón, que ya estaba latiendo con intensidad, empezó a incrementar sus pulsaciones hasta el punto de casi sentir una intermitente taquicardia, todo su cuerpo se crispó, erizándole cada centímetro de la piel sin ser capaz de quitarle el rostro de encima. Jamás se esperó algo así, pero Gwen siempre, siempre, ¿Incluso en una situación así? Tenía un as bajo la manga para domar a la bestia -Gwen.- fue escandaloso para él, trepando, agazapado y deteniendo aquella penetración con la lengua que estuvo haciendo, hasta empezar a besarla con una intensidad, ahora si, muchísimo más descontrolada -Yo- solo tomaba aire para hablar, llevó su mano libre para sacudirle el cabello, bajaba de su boca hasta su cuello, la mordía, se estaba enloqueciendo -te amo- la besaba, se separaba, agarró y tiró de sus mechas ligeramente, ¿Alguien, amarle a él? ¿Su mujer favorita, amarle? Esta fue la primera vez, desde que ambos están juntos, que las palabras de la chica provocan exactamente el efecto contrario de lo que había hecho hasta ahora.

En lugar de tensar la cuerda, se cortó.

Porque Owen amaba a Gwen con una locura tremenda.

-desde siempre.- no se puso agresivo, pero sí, muy intenso, alzándola para pegarla con fuerza contra la pared, haciendo que la inercia de ambos cuerpos reboten y sintiesen el calor de los cuerpos desnudos pegados. Los jadeos eran intensos, la erección del pelirrojo no podría ser mayor, porque le había atrofiado hasta el sentido común con esa declaración tan firme y poderosa, una que era excesivamente valiosa para él y más viendo de donde venía -Estoy loco por ti, estoy- mordía sus labios, casi literalmente y ahora casi sin exagerar, se la quería comer viva -tan pero tan enamorado de ti desde que tuve- se separó firmemente, solo para sentir su aliento y su cuerpo estremecerse por el calor emitido por el cuerpo perfecto de la chica, con sus pechos que ejercían presión y empuje que él reducía -la suerte de conocer a la mejor mujer de todo el mundo.-.

Parecían estar listos ambos, para aquello que también...lo puso nervioso a él, y si bien se había desatado total y completamente, casi babeando y mordisqueando todo el cuello y rostro de la muchacha, ella sonó determinante en que, finalmente, se terminen los juegos, y que el efecto del pelirrojo parecía haber sido totalmente exitoso. La bajó un poco, colocándola en posición mientras ella suplicaba detenerse un poco -¡!- y el muchacho, bajándose los pantalones muy rápidamente, empezó a frotar su sexo con el de su chica favorita, una y otra vez, amenazando...aunque con el mismo desconocimiento que ella -¿Estás...lista?- preguntó con un poco de timidez, aunque tuviese el corazón tan lleno de nervios y un revoltijo. Ella estaba acostada frente a él, mientras no cesaba de ver lo hermosa que la chica se veía, un sueño cumplido, sin el más mínimo ápice de duda.

Sin sacarle un solo segundo de encima a su rostro, lenta y progresivamente, comenzó -¡Ngn!- aquello se sintió inicialmente...extraño. Si bien pudo pasar con mucha tranquilidad hasta golpear lo que parecía ser el fondo de ella, sintió varios tirones en la piel de su miembro que generaban un dolor simplemente amortiguado por la cantidad excesiva de adrenalina en su cuerpo, provocándole que cerrase un ojo y se retorciese ligeramente de dolor, algo que, muy probablemente, también debía estar ocurriendo en el interior de la chica. Se sentó, yendo hacia atrás y, sintiendo cómo desde su espalda era aferrado, usó su mano libre para alzarla desde las nalgas, sentándola encima suyo para continuar. Para forzar aún más la unión buscó separar las piernas de la chica, bajando su mano hasta sus nalgas, otra vez, para empezar a generar movimientos circulares mientras jadeaba con una expresión que mezclaba concentración y un placer indescriptible en el que el dolor, lentamente, parecía desaparecer con el tiempo.

Cada vez que recordaba lo ocurrido hacia menos de un minuto atrás, "te amo, Owen", su cuerpo se estremecía aún mucho más, asilvestrándolo a unos niveles que le descolocaban hasta las cuencas de los ojos del deseo y la lujuria por ella. Sabía que todo esto sería terrible para lo que Gwen podría creer, pero...su unión, lo que ambos eran, era incluso superior a cualquier plan que un Dios podría tener. Las embestidas se acompasaban con el movimiento de su cintura y el empuje hacia la chica, generando un movimiento rítmico que hacía que sus gotas de sudor se salpicaran en múltiples direcciones, pegando su frente al de su adoradísima compañera para que pudiese sentirle, incluso, aún más cerca -Yo te amo más, siempre. Mañana, pasado, y cuando quieras, Gwen.- porque por más intenso que él fuese, por más salvaje que se estuviese tornando aquella situación, sin lugar a dudas, nacía desde el más profundo afecto y cariño que tenía por la chica delante de él. Poco le importaba que pudiese verle, pero que sí, siempre, sienta lo mucho que su corazón late por ella.

Las embestidas aumentaban de intensidad, haciendo que la mano de la que nunca se soltó de ella se apretujase con fuerzas, incluso, ahora, la tumbó para ponerse encima de ella y, buscando mantener el equilibrio sin detener ni un solo segundo las embestidas, tomó la mano libre de la chica para levantarla hasta arriba de su cabeza, dejándola "desprotegida" -Así- jadeaba mientras hablaba, sonreía, reía, mostraba cierta malicia en sus palabras, ya que hizo un ágil movimiento que le permitió tomar ambas muñecas de la muchacha entre sus dedos y manos. Su otra mano, buscando mantener el equilibrio y la distancia para seguir con las embestidas, se mantenía al lado del cuerpo de la chica, -dejo que te dejes capturar por todo eso que sientes.- porque por muy inexperto que sea en la materia, desde que todo aquello que había empezado, Owen quería una cosa: Que Gwen, la chica quien más deseó su felicidad, explote del gusto y de deseo. No buscaba atarla, oprimirla o tener algún juego que resultase violento, sino, que no busque protegerse con su mano que volaba una y otra vez de manera nerviosa. Quería que supiese que allí estaba él, para que se sienta la mujer más deseada de todo el planeta -Te adoro y te deseaba tantísimo.- y, con una frecuencia de embestidas que empezaba a movilizar la cama en la que se encontraban con una velocidad bastante más intensa, sentía un calor recorrer todo su cuerpo que se combinaba con fatiga muscular y un incremento de una sensación que era bastante conocida por él, más no...por estar teniendo relaciones, claro está -¿Quieres que pare?- preguntó, aunque la respuesta fuese obvia, y el jadeo le interrumpiese y el contacto de ambos cuerpos sudados cada vez fuese más veloz, lleno de fricción, envuelto en puro instinto -Si estoy soñando...- su rostro se veía tan lleno de lujuria, que no cesó de besarla, sin parar aquella captura de muñecas de la chica, abriendo su boca y empezando a danzar su lengua con la de la muchacha. Al separarse, terminó -...no me despiertes nunca más, Gwen.- se moría por ella, y la cosa...parecía que iba a escalar incluso más.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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#7
Es un amor recíproco, porque puede sentirlo, incluso oírlo y eso no hizo nada más que provocar una reacción en ella, porque cada gesto parece sentirse distinto, es una sensación que remueve ando en el interior, un cosquilleo que se extendió, que no da ansiedad, sino un disfrute que ahogó entre los besos que compartieron en ese momento, incluso sus gestos más bruscos no le parecieron molestos, simplemente se dejó llevar, esperando poder aceptar una intensidad que no la abrumó, pero si invadió sin pedir permiso.

No se quejó por las mordidas, tampoco por sus declaraciones ¿Cómo hacerlo? Aun así una palabra salió, porque lo ama ¿Por lo tanto están enamorados? Quizás lo son, por lo que hacen ya no hay razón para pensar lo contrarios y eso la llenó de alegría, una dicha que la hizo reír por lo bajo entre los besos. No le ha dicho nada gracioso, pero fue incapaz de sentir la tristeza de la separación, es la panacea para el dolor de no sentirlo cerca, de la falta que le hará cuando parta en el vaya y no se vean hasta nuevo aviso.

—Sí — está lista, porque se lo ha pedido, incluso sin la confesión del amor que se dedican lo habría querido — Si eres tú, sí. — porque no debe ser nadie más, él, él, él, aquel que eligió de entre todo el mundo. Porque deseó creer, que incluso si se encuentra con más gente, Owen será especial siempre ¡Cuánta ingenuidad! Un amor eterno y que no se marchita incluso en la distancia.

La presión de estar unidos le provocó un quejido que la obligó a quejarse con suavidad. No fue un sonido para alertar, pero sí es la indicación que ha sido el primero, en una incomodidad que tensó al cuerpo, lo suficiente como para apretar los dientes unos segundos — Estoy bien, porque eres tú — apretó la mano que los une intentando relajar el cuerpo, bajar la tensión que seguramente puede sentir en el interior.

Pensó en que esperaría más, cuando el tirón la movió. Se dejó mover, aunque el cambio la obligó a aferrarse a él. Pasar las manos por detrás del cuello y soltar un sonido que ya comienza a conocer, es suave, porque aún no se acostumbra a la sensación de estar conectada con alguien más.

Se acomodó sobre él, en una pose que le agradó, porque puede sentir su calor y sostenerse con más facilidad. El sentir que está ahí la reconfortó, relajando el cuerpo, lo suficiente como para que el movimiento no sea molesto, sino que provoque otra sensación. Fue incapaz de acallarse más, simplemente buscó la satisfacción, moviendo su cuerpo ligeramente, en un encuentro que estremeció sus músculos y aceleró su respiración — Owen — se aferró a él, escuchando el sonido que llena el cuarto, esperando poder oír el disfrute ajeno también — Te amo, no importa dónde estés. No me importa... solo no dejes de quererme

Porque él habla del tiempo y ella de la distancia, como si no hubiese problema en la separación, porque ambos pueden esperar al momento y sitio correcto ¿No?

El cambio de pose le sorprendió, se habría quejado, porque ya no puede sentirlo cerca. No puede aferrarse a él, incluso aquella mano que lo ha abrazado se encontró prisionera, como si la pusiera a prueba — No, no quiero que pares — porque ya le ha dicho que siga, incluso si el resultado es un amor que se divide en dos y se reparte en el mar ¡Qué más da! — Quiero que sigas hasta el final. — su respiración se mostró agitada y su pecho fue la muestra de que le falta el aire — Lo que pasé después no importa.

El que se separen, el que se extrañen, el que se prometan cosas imposibles, no le importó, solo quiso disfrutar que está ahí, llenándola del cariño que le hace falta.

Su tono subió mas, pero se ahogó en los labios ajenos. En el encuentro de lenguas que incluso deja un ligero rastro cuando se separan para respirar. — Sigue — su cuerpo se arqueó ligeramente, en un espasmo suave, porque el calor se ha vuelto una descarga que golpea al cuerpo, tanto como para que no pueda controlarlo más — por favor, por favor, por favor Owen — lo besó entre la oración, hasta que no pudo hablar más.

Seguro puede notar que está llegando al límite, porque ya no hay palabras, solo el sonido de la satisfacción y una respiración agitada.

—Owen —

Intentó decir algo, pero el cuerpo habló mucho más, removiéndose entre las sábanas. Es una sensación extraña que la obligó a apretar sus manos, mientras el cuerpo se tensa lo suficiente como para arquear la espalda, anunciando lo evidente, que algo ha ocurrido. Aunque tal vez el gemido más intenso que los otros se lo ha dicho claro, sin la necesidad de una indicación.

Porque por primera vez sintió que el cuerpo es más honesto que cualquier palabra, incluso si no puede verlo.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#8
Una unión que nunca olvidarían, un destino que les sellaría los cuerpos, porque el pacto que ambos tenían, a partir de ahora, traspasaba las fronteras de las promesas y los valores...para ser incorporados en su ser, en las anécdotas, en ellos, siempre. Así como ella estaba tan decidida a que su primera vez fuese con él, Owen estaba tan profundamente lleno de vigor y pasión de saber que perdería aquello que nunca se vuelve a recuperar con alguien por el que estaba loco hasta casi la obsesión. Toda su vida creyó que ocurriría con una aleatoria, con la primera chica con la que se topase, pero si tuviese que agradecerle algo a ese Dios por el cual su compañera era tan devota, era que, a partir de ahora, la llevaría a fuego en su cuerpo, comprometiéndose en cuerpo y mente.

La primera interacción de ambos ante la penetración no fue grata, ciertamente. Owen sabía que con las chicas era mucho peor pese a que lo de él simplemente fuese incomodidad, pero ella siempre había demostrado que su condición, jamás, pero jamás le había limitado, demostrando tener una fortaleza muy superior a la mayoría de los mortales. No solamente por su belleza él creía que era un ángel, sino, porque ella era especial...y el pelirrojo lo sabía, a leguas, en el instante que cruzó mirada con ella.

¿Quién pensaría que sería quien raptase su corazón para siempre?

Él escuchaba como llamaba su nombre en repetidas ocasiones, y el ahora peliblanco, ciertamente, hacía exactamente lo mismo pero con el de ella -Gwen...- en una combinación de jadeos que solo hacían que la exhalación de sus alientos caliente aún más una habitación que casi acumulaba una nube de vapor por sí misma, uniendo sus personas en aquella intensidad in crescendo.

Estaba concentrándose mucho más de la cuenta en aquella repetición de movimientos con tanta consistencia y firmeza que una frase llena de ternura, amor y apego salió de los labios de Gwen, una que le obligó a separarse de esos besos prendidos en candela que intercalaban pequeños mordiscos a todo lo que le alcanzase: "No importa dónde estés, solo no dejes de quererme". Ella, incluso, se había aferrado aún más a él, pero él forzó un poco la separación en el instante que analizó como pudo lo que la muchacha dijo, chocando su frente que mostraba, a esta altura de la situación, como el sudor empapó sus flequillos y los dejó completamente revueltos -Yo...no te voy a querer Gwen,- seguía moviéndose, atrayéndola para sí aún más -te voy a amar.- y mientras la seguía besando, una y otra vez, solo tomaba aire para proseguir con sus palabras -Querer ya me sabe a poco. Yo...te voy- su rostro se mostraba extasiado del gusto, frunciéndose un poco por la energía muscular que ya representaba cierta fatiga -a amar siempre. No hay un día...que no lo haga, jamás.- su voz, entrecortada por los jadeos, demostraba que él estaba llegando al límite...y, al parecer, pese a ser primerizos, ella también.

— Quiero que sigas hasta el final. —

[Imagen: iDpgzdu.png]
-¡Gwen...yo...!-

— Lo que pasé después no importa.

Su cuerpo estaba empezando a reaccionar, un calor que conoce perfectamente, con una expresión perdida y apretada que mezcla concentración con una tensión en todo su ser. Sus movimientos se intensificaron a tal punto de que el cuerpo gritaba por acalambrarse, pero no iba a ceder ante el enorme deseo y lujuria que todo su ser estaba viviendo. Incluso la mirada del chico, ciertamente, se veía abrumada por lo que su cuerpo estaba empezando a generar justo a la altura de su entrepierna. Una presión que, en un aumento exponencial, hacían que esos ojos desesperados por el contacto con su mujer favorita no pudiesen ir a otro lado que no sea al rostro perfecto que ella posee. Aún manteniéndola prisionera con una sola mano, capturando esas delicadas y suaves muñecas, podía observar el cómo el rostro de ambos primerizos en aquello se estaba retorciendo en algo que mezclaba placer, frustración, incomodidad y algo que el cuerpo pedía con mucha naturalidad. Los besos que ambos intercambiaban eran un deleite para él, algo que lo excitaba aún más, que lo forzaba a que las embestidas fuesen incluso más intensas de lo que ya lo estaban siendo...hasta que...su cuerpo pidió a gritos soltar aquello.

Su cabeza sentía que iba a explotar, todo su ser empezó a temblar, a convulsionar, resistiéndose al inminente final que su cuerpo le pedía a grito limpio.

—Owen —
-¡Gwen!-

Casi al mismo tiempo, con muy poca diferencia entre la mención de sus nombres, apretó su rostro, sintiendo como se tensaba en demasía todos sus hombros, brazos, piernas y miembro, pudiendo observar cómo la preciosidad de mujer justo debajo de él se retorcía aferrándose a las sábanas de una forma que le hizo explotar del gusto, tanto, que ahora sí no pudo aguantarse más: Manteniendo a penetración, automáticamente, comenzó a liberar todo lo que su cuerpo le había pedido expulsar y que con su férrea voluntad logró resistir justo segundos después de ver su espalda arqueada. Su cuerpo empezó a temblar sin parar mientras que las piernas, flexionadas como quien estira, mostraban una expresión que mezclaba un dolor que resultaba ser absolutamente gozado. Explosiones intermitentes volaban en la unión de ambos mientras su cuerpo, tan tensado como el de un gato arisco, solo se dejó llevar por la sensación.

El brazo que los unía se mantuvo, pero el otro le empujó hacia un lado. Su pecho ardía tanto, pero tanto, que sentía que se le iba a salir el corazón, inflándose y desinflándose como un globo y una mirada perdida en el cielo, pensando solo por dos segundos cómo es que terminó teniendo ésto con su mujer favorita -...yo...Gwen...- no la buscó con su rostro, seguía jadeando sin control, pero no con gusto, sino, como alguien que busca recuperar el aliento después de mucho tiempo -...eso estuvo...intenso...- giró su rostro en un espasmo, aún la adrenalina explotaba en su interior. Tenía una sonrisa de oreja a oreja, fuertemente marcada, con esos ojos brillantes que lo hacían parecer más pícaro de lo que ya lo era naturalmente -...no sabes...lo que soñé con...poder hacer esto...contigo...- no podía hablar sin entre-cortar la voz, era demasiado difícil seguir el hilo de lo que decía con naturalidad. 

No soltó jamás la mano de ambos aún entrelazada, pero no dudó en ponerse de lado, justo frente a la mayor belleza que sus ojos hubiesen visto -...recuerdas que...hace tiempo...hace mucho...- llevó su mano libre hacia el rostro ligeramente teñido por el sudor de la intensidad vivida, empezando a sobarlo con la delicadeza que podría dársele a un jarrón invaluable -...me preguntaste...qué podría pedirle...a Dios.- a cada segundo que pasaba, recuperaba poco a poco la compostura. Dio un pequeño bote hacia adelante, quedándose a centímetros de su rostro, con la calurosa respiración de la chica pegándole en la cara una y otra vez -Ya...no necesito pedirle nada.- porque en su corazón...era cierto; Ella volvió lo tangible innecesario, pero lo profundo, lo real...eterno. Lo adoraba, y le dolía en partes iguales -Te tengo a ti, hoy y siempre.- buscaba ser fuerte, porque...aquella noche, tristemente, sería la última de los dos juntos -Si tengo que levantar todo el agua del mar para encontrarte...lo haré, Gwen. Gwen Yang, ¿Recuerdas?- una pequeña risita se escapó de entre sus labios, pegándose a su rostro para besarle la punta de la nariz -Gracias a Dios que me dio a la mejor compañera de todo el mundo, una que me llenó de propósito.- su sonrisa se volvió llena de adoración, con ojos entre-cerrados y el rostro ligeramente sonrojado -Y todavía estoy en deuda con él, para el resto de mi vida. Porque tú, Gwen Yang,- arrastró su mano como una serpiente hasta el centro de sus pechos, buscando ese hermoso corazón que latía con un latir que ya se sabía de memoria y, apoyando la palma completa para pegarla -serás enorme, gigante. Siento que...has venido para cambiar el mundo. Has sido capaz de volverme una mejor persona, pese a todas las cosas que he hecho mal...y lo has hecho tú. Tú sola, sin ayuda de ningún Dios de ningún tipo. A ese solamente puedo agradecerle que te haya cruzado conmigo, pero tú...eres...- volvió a subir la mano, comenzando a acariciarle el rostro con un cariño sin igual, usando su pulgar para mimarla -...eres quien podrá arreglar muchos de los males del mundo. Males del mundo que yo sufrí, y que miles como yo sufren todos los días, todo con tu benevolencia y amor, porque desde que te conozco, nada te limitó. Eres infinita, y por eso...- se aproximó para besarla, separándose a los pocos segundos -...no puedo estar más orgulloso de elegir a mi mujer favorita en todo el mundo. Te amo como jamás amaré a nadie, Gwen.-.

No le importaba pecar de intenso, realmente, las emociones, allí, estaban tan a flor de piel que estaba entregado como si fuese un regalo de navidad. Iba a decirlo todo, a soltarlo todo, porque...

...a partir de mañana, no habría marcha atras.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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#9
No necesito ver para entender lo que ocurre, el cuerpo de Owen le indicó que ha llegado al punto en que todo desaparece, como ha ocurrido con ella. El escuchar su nombre de esa manera y los espasmos ajenos, solo alargaron la sensación de bienestar, obligándola a volverse a aferrar, esperando que no llegue el fin de la sensación.

Pero no son nada más que segundos. Pero incluso si no es largo, se sintió feliz de poder vivirlo con quien ha elegido y que volvería a hacerlo, incluso si la separación es inevitable.

Permaneció en silencio, pero su mano libre se acercó al cuerpo ajeno, se paseó reconociéndolo, hasta llegar al rostro de él. Uno que se siente con temperatura por lo vivido. Quiso verlo, la ansiedad de observar la atacó, pero no hay milagro que pueda cumplir ese capricho — No necesitas soñarlo, Owen — no tiene que hacerlo, aunque ¿Cuándo ocurrirá de nuevo? Un suspiro salió, mientras su respiración finalmente se comienza a pausar — Pensaba que iba a pasar antes… — pero nunca llegó el momento, como si existiera una barrera que les impide ir más allá ¿Qué ha sido?

Asintió cuando lo escuchó hablar de una conversación pasada, porque la recuerda. No habló porque se sintió cansada, tanto como para que el agotamiento amenace con llevársela, aun así no quiso dormir, porque es que llegue el mañana que tanto le angustia  — Me das mucho mérito — no ha hecho nada más que buscar su compañía y ofrecer un cariño genuino, porque no conoce otro, es lo único que tiene para ofrecer — Yo no quiero esas cosas. — ¿Ser la más grande, para qué? De poder dejar esa ambición por tenerlo más tiempo a su lado, lo habría hecho, pero las cosas no son de esa manera. — Si pudiera dejar de ser así para que te quedes conmigo lo haría.

Si pudiera dejarlas para poder verlo, también.

O dejar todo para ir con él.

Pero ninguna de esas opciones existen. No hay solución para un problema tan enrevesado que aunque le han explicado, no termina de encajar. Son muchas cosas que solo la hacen suspirar con suavidad y ahogar las preocupaciones en los labios ajenos, en busca de un poco de satisfacción.

—Yo también te amo — jamás pensó que se lo diría a alguien, pero una vez más lo repitió, volviéndose cada vez más fácil, aun así solo se vuelve más difícil la separación — Y también eres mi favorito, de entre todos. — no necesitó decir el mundo, porque incluso está compitiendo con quien no debería, ganó.

¿Cómo se puede competir con el famoso Dios?

—Cuando nos volvamos a encontrar… ¿Me contarás más historias? — se movió, para acomodarse sobre él, en una cercanía que va a extrañar — Intenta no meterte en tantos problemas — se rió con suavidad, porque su primer encuentro ha sido extraño, lo suficiente como para que el avergüence el recordarlo — Así no duermo preocupada pensando en cómo estarás.

Pero incluso si se lo promete, la sensación estará.

—Pero estoy segura que estarás bien — apretó con suavidad la mano que los ha mantenido juntos todo el tiempo — Porque encontrarnos no debió ser casualidad.

Caído del cielo, aunque él diga venir del infierno.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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