Viaje Sin Rumbo - Presente relativo
#11
El aire del puerto seguía oliendo a sal y a promesas rotas, pero en el Crimson Stage, mi amado templo flotante, el mundo era otro. Aquí arriba todo brilla, todo respira, incluso la muerte baila si sabe seguir el compás. Observé al recién llegado con curiosidad, Eros, así lo había llamado Gwen y lo primero que pensé fue que era un contraste hermoso. Sereno, contenido, como si cada respiración suya fuera un rezo y era irónico, porque cuando conocí a Gwen vivía en una iglesia, rezando día y noche a un Dios que la habia abandonado, o al menos eso parecía, pero este chico parecía fuera de lugar en mi mundo de luces, lentejuelas y pecados pero no, darling, había algo en él que encajaba perfectamente, como si el destino mismo hubiera esculpido su sombra para este escenario.

Gwen hablaba con esa voz suya que no necesita melodía para sonar a canción. La escuchaba y no podía evitar sonreír, mi estrella de la paz, tan pura, tan luminosa, tan ingenuamente brillante que hace que el mundo parezca menos cruel por un instante. Ella cree en la bondad del mar, aunque el mar nunca ha sido bueno con nadie, quizás por eso la necesito cerca, porque cuando canta, el alma deja de doler tanto. —Sabes, honey —le dije, girando apenas hacia ella, dejando que la sonrisa se me curvara como el filo de una copa de vino —Tienes razón. Este barco está vivo, y no por la madera ni los clavos, está vivo porque lo llenamos de alma cada noche, con cada carcajada, con cada nota, con cada pecado, si este cabaret tiene un corazón, tú eres uno de sus latido, darling, como cada uno de nosotros. —Mis palabras se disolvieron en el aire con el dramatismo de quien no sabe hablar sin dejar una marca. Pero así soy, ¿qué puedo hacer? Nací para llenar el silencio con ruido hermoso.

Entonces volví a mirarlo a él, Eros. Había algo inquietante en su presencia, esa calma suya me parecía completamente maravillosa, era el tipo de calma que sólo llega después del último aplauso, cuando el telón cae y el alma del artista se queda desnuda. —Eros Focalor —repetí su nombre, saboreando cada sílaba como si fuera un sorbo de buen champagne —Tanatopractor, carpintero y un hombre con propósito darling. Qué mezcla tan deliciosa, mon cher. —Di un paso hacia él, arrastrando el tacón con el mismo ritmo con el que otros se confiesan —Los que caminan conmigo suelen estar hechos de fuego. Algunos se queman por amor, otros por culpa y otros, como tú, por venganza.— Sus ojos tenían el peso de quien ha visto la tierra abrirse para tragar sueños, y sin embargo ahí estaba, de pie frente a mí, con un moretón en la frente y una dignidad casi absurda. Tan torpe que resultaba adorable.

—Buscas a los que profanaron tus tumbas, ¿hmm? —murmuré, ladeando el rostro, con esa mezcla de curiosidad y ternura que sólo reservo para los que me intrigan —Claramente nosotros no somos culpables, no tiene nada de gracia o espectáculo el robarle las cosas a alguien que no puede suspirar por mi belleza. — Di media vuelta y miré a Gwen quein se veia tan hermosa como de costumbre, para posteriormente volver la mirada hacia Eros. —No puedo prometerte justicia, honey, pero puedo prometerte espectáculo. Y te aseguro que, en el escenario correcto, hasta los muertos encuentran redención. — El viento se coló entre mis dedos, agitando mi capa como si el propio barco respirara conmigo. y por eso Mercedes siempre decía que el Crimson Stage siempre escucha.

—Puedes quedarte —dije al fin, extendiendo la mano hacia él — Gwen tiene buen instinto, y si ella confía, yo también lo haré. Este barco necesita manos que comprendan su alma y tú pareces verla. No la madera, ni los clavos, sino la vida que late bajo cada tabla. —No era solo cortesía, de verdad lo sentía. Él podía equilibrar mi caos o incendiarlo de una forma completamente nueva y ambas opciones me resultaban exquisitas.

—Pero escúchame bien, honey—añadí, con un guiño de esos que huelen a peligro y promesa —Si te quedas, no serás un pasajero, serás parte del espectáculo, parte de mi familia. Nadie pisa el Crimson Stage sin dejar su huella, si aceptas eso, entonces eres bienvenido al cabaret de los condenados y de los que aún creen en la belleza. — Me volví hacia Gwen, acariciando su mejilla con el dorso de mis dedos, suave, como quien bendice una estrella.

—Tú siempre traes luz nueva a mi cielo, darling. Y cada una me recuerda que incluso entre la muerte y el deseo aún queda espacio para la esperanza.— El viento levantó mi capa una última vez mientras me alejaba unos pasos. —Así que, mis amores, celebremos el encuentro. Esta noche, el escenario tendrá una nueva estrella y una nueva historia que contar — Y sonreí, porque en mi mundo, toda tragedia comienza igual con un saludo, una copa y el brillo rojo de las luces del Crimson Stage.
#12
— Bueno, según tengo entendido las personas que actúan en un escenario como Gwendolyn o usted necesitan personas detrás para ayudarlos a brillar ¿Verdad? Toda mi vida construí ataúdes pero... Un escenario, un barco, un triage bien montado, las flores para una linda escenografía... —Rascó su nuca con relativo nerviosismo antes de asentir con la cabeza un par de veces, finalmente llevando su diestra hasta su frente para frotar la herida que se acababa de hacer con el puñetazo momentos atrás. Entonces extendió esa misma mano para estrechar la del capitán de aquella tripulación. — Toda mi vida la he dedicado al servicio, de los difuntos y quienes dejaron atrás. Esto no será diferente, podrán contar conmigo —Pese a la monotonía de su tono, había verdad en sus palabras, convicción si se quiere. Eros ante todo se reconocía un abnegado vasallo de un propósito que lo excedía pues solo había sido educado así.

Así su padre yaciese ajeno y profanado quizás en otros mares, y su madre viviendo una vida que no lo tenia presente, así su hogar no fuese más que una coraza vacía que ya no existía, éstas personas eran tan distintas a sus amigos imaginarios que algo en él florecía con un temblor temeroso ¿Esperanza, o anhelo? Deseo sin duda, quizás la necesidad de confiar. Pese a todo no estaba siendo rechazado, en su excentricidad halló un lugar y este pequeño hombre, mucho mas joven que él, le estaba dando la bienvenida tan genuinamente como Gwendolyn en una primera instancia. Parecían sinceros, parecían no ser capaces de dudar ni de si mismos ni de la mar. Era extraño, pero no por eso hostil, el cuidador de las tumbas se reconocía también extraño y no por eso malvado.

— Bien, les regalaré mi vida pues es todo lo que tengo conmigo —Aclaró asintiendo un par de veces para darse a si mismo una suerte de confirmación, entonces vio como sus amigos imaginarios saltaban de la proa y popa respectivamente hacia el mar. Se iban nadando hacia el horizonte, porque quizás ya no necesitaban acompañarlo, quizás ya no estaba solo. — No se si hay una estrella en el cielo para los difuntos... Pero si debo ser una estrella, con honor seré la estrella de la muerte entonces —En su rostro apareció de par en par una sonrisa sincera, lo reconfortaba el poder volverse un lucero del alba para quienes ya no estaban, y para quienes pronto partirían, para quienes a alguien habían perdido y para quienes a alguien anhelaban.
#13
Protocolo: Moderación
Estado: Activado
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Bip-Bip
Pacifista Activado



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