[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue)
#1
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30 de Otoño. Año 16.
Reino de Samba, South Blue ~ 22:36 p.m.


Aquella noche, unos densos y marcados nubarrones cubrían el cielo, ocultando la luna y las estrella y convirtiendo a los que se alimentan de las sombras y el sigilo en los bendecidos por la casualidad... o la causalidad. Las antorchas del puerto y las luces de la ciudad eran la única iluminación del lugar.
Las gentes de Samba se mantenían en su habitual comportamiento, sus comercios comenzaban a cerrar, y todo parecía apuntar a que era una noche normal. Si deambulabais por las calles no encontraríais nada diferente de cualquier otro día del año, aunque el día de hoy probablemente fuese a ser recordado en toda la historia de los mares. Pero para eso aún quedaba un poco, y ninguno de vosotros, ni de los que os rodeaban, podían saberlo ni se imaginaban la magnitud de esto.
Os encontrabais en las proximidades del puerto, aquellos con barco propio estabais a bordo de vuestro navío, y aquellos que no estabais entremezclados con la muchedumbre del propio puerto, lo suficientemente apartados como para poder estar separados aun entre la muchedumbre variopinta con el crisol de razas que danzaba en la animada noche de Samba, y no destacar entre dicha multitud. Tendríais que conseguir ubicaros en dicha marabunta y encaminaros a los muelles para poder abordar a los barcos ya preparados para partir. Cuatro barcos, galeones sin bandera y completamente sin supervisión aparente. Los barcos estaban aprovisionados de varias cajas de madera oscura, cubos perfectos cuyos lados medían un metro, que tenían todas el mismo símbolo pintado: La marca del Gobierno Mundial. Posiblemente se tratase del Diezmo Celestial, pero ninguno de vosotros tenía los suficientes contactos ni información como para poder asegurarlo, aunque era cierto que en el puerto, en grupos de cuatro, se desplazaban personas con traje y sombrero: Agentes miembros del Gobierno Mundial

Algunos metros separados de los barcos había un pequeño puesto de control, compuesto por dos de estos agentes, jóvenes pero con semblante serio, que revisaban unas listas de forma meticulosa hablando con las personas que hacían fila para embarcar, rigurosamente organizados en una fila. Los agentes estaban gestionando diversas divisas y tickets de estas personas, si prestabais atención sin mucho éxito, escuchando los bramidos de disconformidad de aquellos ciudadanos, comerciantes y mercaderes y exigiendo un poco de calma, mirando en derredor tratando de disimular su nerviosismo esperando la llegada de algún superior que pudiera ayudarles, quien sin duda, estaría por aparecer más pronto que tarde. Pero mientras tanto, si os acercabais lo suficiente para escuchar el tumulto, o si teníais un oído excepcional podríais escuchar que aquellas personas exigían embarcar cuanto antes para no perder la ruta comercial nocturna que los llevaría al Grand Line, mientras que los desbordados agentes les pedían calma, tranquilidad y sosiego, avisando que los barcos no partirían sin ellos y que más tarde vendrían más para que los que aun no habían llegado o no tenían la documentación en regla, pudieran continuar con su travesía, asegurando que nadie se quedaría en tierra y que todos partirían hacia el Grand Line tal como el Gobierno había autorizado y estaba previsto. De igual modo, tras los comerciantes habían varios grupos de familias y personas de distinta índole y clase social, aunque nadie de alta cuna. Si tenías buena vista podrías discernir que, sobre todo, aquellos que no portaban consigo un pasaje, una carta, o un salvoconducto del tipo que sea, llevaban directamente una bolsa de dinero para comprar este pasaporte en la garita que los dos agentes del Gobierno Mundial custodiaban.

Cualquiera que fuera la forma para todos los que no poseían un navío, aquellos barcos eran vuestro billete para salir del hermético y blindado South Blues, y poder dirigiros a surcar el ancho mar en pos de labraros un nombre, perseguir vuestros sueños, encontrar vuestro destino, o ser quienes realmente estáis destinados a ser...
Los afortunados que iban a bordo de sus propios navíos podrían observar todo desde la cubierta de sus barcos, ajenos a las dificultades de los de a pie, siempre y cuando no se les ocurriese la estupidez de hondear una bandera ilegal en presencia del Gobierno Mundial.
Entonces ¿quién tomará entre sus manos la oportunidad de dar un paso al frente hacia el mañana? ¿cómo lo conseguiréis? Eso, por suerte o por desgracia, no puede narrarlo este humilde cuenta cuentos... Pues sólo lo sabes tú.



Bienvenidos al evento
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#2
Se bajó del barco en silencio, solo para no estorbar, esperando que todo esté listo para el resto. Sentada en una caja, simplemente tarareó una canción, sintiendo la briza marina. No hay mucho que hacer antes de zarpar, jamás para ella, por eso aunque hay una ligera emoción de ir más allá… también es el hastío de un tiempo que se hace eterno, tanto como para provocar un bostezo ligero que escondió detrás de una de sus manos.

Pensó que no haría nada, cuando hay una voz que reconoció. Es un tono particular, luego de tantos meses de convivir ya sabe quién es. Se levantó, tomando el bastón con suavidad, antes de avanzar con prisa, porque pareciera que se aleja. Seguramente por eso sus movimientos fueron más apresurados y torpes, en una mezcla que aunque no es tan efectiva, termina acercándola.

—¡¡Owen!! —

Es un llamado fuerte, seguramente nunca la ha escuchado hablar así. Pero las cosas han cambiado con el tiempo, y seguro es él quien lo sabe con más exactitud.

Escuchó pasos a su posición y no hizo nada más que alzar los brazos y abrazar a quien debe ser el dueño del nombre. Se rió con suavidad compartiendo un calor que ha extrañado desde la separación — No sabía que estarías aquí — obviamente no, porque su tarea parece no tener rumbo, sino un objetivo — Te extrañé, mucho — tanto que seguramente no cabe en palabras, por eso no hizo nada más que estrecharlo más, segundos, hasta que finalmente se separó. — Hay mucho que tengo que contarte, es más, me regalaron uno de esos caracolitos, así podremos hablar — pero no el tiempo para hacerlo, por lo tanto expresó el querer de la manera que le ha enseñado. Es un beso suave de bienvenida y que esperó pueda tener uno de despedida también — Ven, acompáñame ¡Hay algo que quiero mostrarte! — le tomó la mano, es un agarre fuerte, lleno de emoción, que la movió desde donde están, a un sitio en concreto. Solo necesitó escuchar la voz del capitán para reírse y apuntar al barco.

—¿Me ayudas a subir? — La pregunta no es necesaria, pero se la hizo igual, llevándoselo consigo a un lugar que no conoce. La confianza de sus movimientos, seguro indican que está cómoda con esto, no es una trampa, sino una sorpresa, para todos los presentes.

—¡Capitán, chicos! ¡¿P-Pueden venir un momento?! —

Los llamó a todos, subiendo la voz, en esas ocasiones que pocas veces ocurren, porque siempre es tranquila. Habla como si la paz la hubiese criado, una parsimonia que solo a veces se ve reemplazada por la emoción ¡Como ahora!

—Les presento a alguien importante. Es a quien estaba buscando — apretó la mano que la mantiene unida a Owen, sintiendo como el color sube al rostro — Es la persona a la que más quiero  — porque quiere a todo el mundo y se los demuestra cada día, pero a uno más ¿No se los ha dicho? ¿Muy comprometedor declararlo así? Suele hablar de él, pero hasta ahora no ha tenido un rostro o una imagen — Owen Yang, mi futuro esposo — es una declaración inocente, que no comprende quizás con todo lo que carga atrás. Es estar unidos hasta que la muerte los separe supuestamente  — Quería que lo conocieran.

Tomó aire como si se preparara para algo más, es una petición que seguramente no han escuchado antes.

—Y lo cuiden tanto como a mi, como si fuese yo. S-Sé que es pedir mucho, pero… — se rió de manera suave, no es que se esté burlando, es más bien una diversión que viene de la alegría de tenerlos a todos juntos — Tal como ustedes, él también es mi familia.

Porque lleva su apellido y aunque vive con otros, en algún momento se han prometido estar juntos.

—Espero que se lleven bien.

Off
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#3
El brillo del puerto del Reino de Samba no provenía de la enorme intensidad de la luz lunar, sino, del alborotamiento de gente que parecía circular hacia un lado y hacia el otro; Parecía que todos se estaban preparando para algo monumental y Owen, sumado a "su tripulación temporal", tenían todo listo para zarpar hacía ya unas cuantas horas. Era un excelente momento para jugar a las cartas por algunos Berries con algún incauto para matar el tiempo, o ponerse a hablar de consejos de pesca con gente aleatoria, y ya lo que más le gustaba al muchacho contar: Historias. Algunas ficticias, otras verdades sumamente ornamentadas (Lo cual también las vuelve mentiras en buena parte) y, aún así, sonreía de saber que partiría de una santa vez hacia aquel evento que, pese a lo mucho que le restaba en exactamente su momento en la vida, ciertamente...había un poco de emoción en su corazón.

Llevaba un rato con varios grupos de diversos tripulantes (Que había conocido allí mismo, el pelirrojo tiene un don de gentes buenísimo) y las historias seguían y seguían, también, con intercambios de información de los mercados de South Blue y lo que podría esperarle en el Grand Line, aunque, todavía, sin demasiado detalle.

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-¡Entonces esto es así: ¿Tienen libros para el cansancio? ¡NO, ESTÁN TODOS AGOTADOS! ¡JAJAJA!-

Qué malo es el chiste, hermano.

Así rompía el hielo; Historias, anécdotas, poco de licor allí y allá...pero hubo algo...que lo petrificó hasta el punto de dejarlo estático en el lugar.

—¡¡Owen!! —

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-...Gwe...Gwen?-

Levantó la cabeza, un llamado tan fuerte e intenso que le cambió el rostro hasta dejárselo tan descolocado como impresionado. Sus pupilas pequeñas, boquiabierto, empezó a voltear con una lentitud repleta en un suspenso con una expresión anonadadísima, hasta que sus ojos coincidieron con ese antifaz blanco y cruzado que tanto la caracteriza -...Ay...me quiero morir.- empezó a caminar hacia ella -Gwen.- aceleró el paso -¡GWEN!- y, casi trotando, la atrapó en brazos para hacer una vuelta redonda con ella capturada, riendo sin parar mientras el corazón se alimentaba del combustible más hermoso que se pudo encontrar: ella. La pegó a él, empezó a acariciarla con su mejilla mientras sonreía casi de manera desencajada. Se habían separado muy poco tiempo, ¿Y ya tenían la suerte de verse otra vez? -¡Y yo menos que estarías aquí!- contestó con efusividad, tan risueño y agradable que hacía que no pudiese soltarla ni aunque alguien haga esfuerzo en el instante que acotó sobre que no solamente que no pensó que se volverían a ver, sino, que le había extrañado -...si supieras...Gwen...- con su mano derecha la colocó hacia su mentón, elevándolo un poco y acariciándolo con el pulgar -...si supieras lo que te extraño todos los días conmigo...ere- pero ella le interrumpió, besándole y enseñándole su Den Den Mushi casi instantáneamente y haciendo que su rostro, ahora, brillara con luz propia -¡NO PUEDE SER! ¡GWEN, TE AMO!- la levantó de su sitio, alzándola hacia arriba con ambos brazos jalándole de la cintura y comenzando a besarla una y otra vez -¡HOY SE CELEBRA- otro beso -EL TENERTE- otro más -AQUÍ CONMIGO!- pero...aquello se iba a poner tenso y extraño a partes iguales al mismo tiempo.

Se atraparon de las manos casi al instante en que escuchó que "ella quería mostrarle algo" y, el pelirrojo, ciertamente, sonrió con mucha simpatía -¿Qué me vas a mostrar, eh? ¿Te volviste una pirata que va a surcar los mares en búsqueda de peligros y aventuras? ¡JAJAJA!- rió, pero...durante unos diez segundos de reloj.

Hasta que tuvo que ayudarla a subir a un barco de verdad.

—¡Capitán, chicos!

-¿Capitán?-

¡¿P-Pueden venir un momento?! —

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-No lo decía en serio.-

El destino se tuerce de maneras muy divertidas, Owen.

El pelirrojo entró en pánico. Él era un tipo extremadamente valiente, casi estúpido, pero jamás, jamás en su vida había tenido que lidiar con la gente con la cual "convive la chica que le gusta". Sabía que tenía que ganárselos -¿¡QUÉ COJONES SE HACE EN UNA SITUACIÓN ASÍ!?- empezó a ponerse tremendamente colorado, sudando frío, sus ojos se tornaron espirales y ella, encima de todo: ¡Decía a los cuatro vientos no solamente que era alguien importante y que buscaba, sino, que es a quien más quiere y que iban a casarse!

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-Yo-yo soy-yo soy-yo-soy el...esposo...de futuro...GwenOwengonUkerOwen...hola.-

Petrificado, observó a todos y cada uno de sus integrantes con unos nervios que no era capaz ni siquiera de poder manejar. No quería huir porque no podía; Gwen tiene la capacidad imperiosa de colocarle sus anclajes hasta dejarlo soldado en el mismísimo suelo, más tenso que el botón del pantalón del rey de Samba -Qué...lindo...el...barquito...- reía de una forma tan nerviosa como hilarante, tan repleto de timidez que sentía un manojo de nervios y explosión de sentimientos en el mismísimo vientre en el que solo pareciera que se encontrase entre mareado y lleno de pena mientras sus ojos volaban hacia el detallado, rosado y bastante estilizado barco que posaba justo delante de él. Entre los tripulantes...

...se encontraba alguien que ya conocía.

-...es él.- pensó de manera fugaz, aún más preocupado al ver a aquel sujeto que se había encontrado casi que un día atrás de llegada toda esta situación -¿V-van a viajar...a la...Grand Line? ¡GWEN! ¡¿VAS A VIAJAR A LA GRAND LINE?!- reaccionó, queriendo centrarse en ella durante un segundo mientras volteaba tan preocupado como nervioso -...estás segura? ¿Estás bien?- la acariciaba, una y otra vez, casi omitiendo el hecho de que tenía a un grupo de piratas exactamente enfrente de su cara porque...en el instante que el pelirrojo centraba su atención en ella...no existía nada ni nadie más.

OFF
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#4
Es tarde por la noche, lo normal es que el barco esté todo limpio por obra de Kiyoshi. Pero, en esta oportunidad, no es así. Lleva horas sentado en una silla, a un costado del barco. La mirada de pocos amigos —la que siempre tiene, en verdad—, esta vez no es dirigida hacia sus propios compañeros, sino que a los muchos agentes de gobierno que hay en la isla. De hecho, por este motivo es que nuestro gruñón amiguito no ha querido ni salir de su transporte, manteniéndose siempre en su lugar. Podría recorrer para conseguir medicamentos o suministros, pero no, no deja de vigilar a esos tipos que tanto repudia.

En más de una oportunidad, durante el tiempo que llevan detenidos en este puerto, sus compañeros han tenido que detenerlo para evitar que dispare contra esos tipos que considera sus enemigos a pesar de que no los conoce. — Déjenme, esos tontos son de lo peor. Les llenaré sus cabezas de plomo. — Pero sabido es que si ataca, la desventaja numérica será brutal y eso pondrá en peligro a todos a bordo. Por esto es que solo se muerde el labio y controla sus impulsos.

Le preocupa que el tonto de Owen ande lejos, pues su estado mental es algo que no ha podido ignorar luego de las charlas que han tenido, pero si desciende del bardo y se topa con alguno de los uniformados… No, mejor ahorrarse problemas que luego no podrá solucionar por su cuenta.

— Uker, ¿cuánto tiempo más deberemos quedarnos aquí? No soporto un minuto más en este lugar. Esos tipos deben estar todos sucios y los odio. — Es lo que menciona cuando al fin se levanta de su asiento y se acerca al capitán, para reclamarle principalmente. Si se irán de estos mares que sea pronto, ¿para qué esperar? Si bien ya fueron dadas indicaciones y motivos, a Kiyoshi le está costando adaptarse a lo que es la piratería. No lo podemos culpar demasiado, es un mundo totalmente nuevo para él. Recordemos que pasó gran parte de su vida encerrado y no son muchos años los que lleva teniendo “libertad”, entre comillas porque solo se ha enfocado en realizar su trabajo.

La siguiente persona que molesta es a Maki, queriendo buscar una potencial aliada en caso de que todo se complique. De entre todos los tripulantes, es a quien considera más fuerte, por lo que tenerla cerca le hace sentirse seguro.

— Lagarto, estate atenta. Si en algún momento derribo a uno, necesitaré que me cubras en lo que apunto al resto. — Por supuesto que eso no pasará y el mismo Kiyoshi lo sabe. El tema es cuando dice estas cosas, mantiene sujeto por su mano aquel enorme bolso en donde tiene escondida su arma de fuego. El brazo le tiembla producto del nerviosismo y la tensión, buscando calmarse tras aplicarse a sí mismo ejercicios específicos de respiración, terminando por sentarse en el piso con las piernas y brazos cruzados.

Qué horrible es el contexto para él. Odia a los agentes de gobierno, y a poca distancia hay demasiados. Menos mal tiene una memoria predilecta, y de tanto mirarlos, sabe perfectamente posiciones relevantes de ellos, tanto puestos de guardia o de reunión. En caso de necesitar un plan, sabrá qué decir. Porque claro, en cuanto a fuerza de combate no es que pueda apoyar demasiado.

— Uker, ¿no te preocupa que el tonto de Owen lleve fuera del barco tanto tiempo? Si se le pega un resfriado por no relacionarse con desconocidos no me digas que le dé alguna medicina. Le dije que regrese rápido, pero ya pasó mucho rato. — Se le oye molesto, pero en el fondo solo es preocupación por el tipo de cabellos rojos. — Más importante aún, ten cuidado con Jensen. No vaya a ser que por intentar lucirse, dispare al aire y llame la atención de todo el mundo. — Más que temer al peligro, al propio médico no le gusta ser el centro de atención, por lo que si el pistolero logra que las miradas se posen en su navío, Kiyoshi se sentirá muy incómodo.

Por lo pronto, tiene su bolso siempre cerca suyo, mientras que dentro de su traje tiene todo lo demás que necesita.



Off Rol
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
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#5
Era de noche, una noche que llevaba vientos de cambios, luces de plata descendían por las rendijas de las nubes cayendo sobre el barco de los olvidados, se encontraba bajo cubierta, escondiendo sus cicatrices de amor y furia. Aquellas que marcaban su piel en el infinito de su mente. Ella junto a sus camaradas habían llegado justo a tiempo a Samba, uno de los lugares que prefería evitar puesto que había tenido varios problemas en el pasado, problemas que le hacían sonreír con algo de sustancia. Una que saboreaba con cada recuerdo que se apegaba a su historia. Su espada, la espada de los mil recuerdos rotos se impregnaba de ellos y esta vez descansaba a su lado mientras trabajaba.
 
Acuclillada el martillo golpeaba tablas rebeldes y pendencieras que luchaban por seguir rumbos que no se alineaban con sus deseos… giro el martillo sobre su mano con habilidad y el clavo se hundió entre dos tablas y la sonrisa de satisfacción emergió sobre su rostro… se limpio el sudor que perlaba su mente. Satisfecha se levantó, golpeo una… dos… tres veces y la madera respondió… su oído le indico que era un trabajo genial. Sonrió y dejo el martillo a un lado, tomo la guitarra y se la colgó a la espalda para emerger a la plataforma que domino por mucho tiempo. Aquella que compartió con el tirador demente, el pelirrojo esquizofrénico, el irritante enfermizo y el taciturno capitán. Si eligiera un defecto, seria desequilibrada mental, sus cambios de humor le dotaban de un humor cambiante y una habilidad para emputarse tal que el más mínimo insulto, la más mínima mirada mal encaminada encendía una chispa que simplemente le hacía explotar.
 
Salió a cubierta, se toco el huesillo del oído y quiso escuchar a sus compañeros, pero seguro estaban durmiendo, o quizás volviendo de la ciudad. Mañana seria un gran día, surcar el miedo era algo que le emocionaba, dominar la furia de las olas, combatir el vaivén de la muerte —Buena noche para suplir la falta de emoción… la electricidad se siente, el aroma es puro fuego, el baño de la luna sobre los barcos solo anuncia una cosa… emoción… vamos a ir adelante… nada nos detendrá!— Al terminar la frase vio la bandera roja ondeándose sobre la cabeza de Owen… el pequeño de mente, pero gigante de espíritu… a donde iba?... había estado de un humor de los mil demonios, cabizbajo y apagado como una estrella moribunda.
 
Se perdió en el gentío… bah sabia cuidarse… era un pilluelo… de un salto se subió a la baranda de babor y su guitarra rugió sobre su rodilla… en el interior resonó en mil melodías de mil colores su espada fragmentada… y solo basto una sonrisa que rasgara las cuerdas… su voz se elevó como el oleaje furioso pero sereno su voz se elevo suavemente
 

 
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Vientos Olvidados

Cuando termino de cantar, su corazón apenas cabía en su pecho, resonante, palpitante y furioso. La emoción quería escapar con un grito de guerra pero podía ver muchos marines en los alrededores, en patrullas y el avispero era fácil de agitar.
 Cuando se acerco el doctor... solo asintió... le miro fijamente unos segundos... —Así que el gotita feroz esta asustado... descuida, yo te protegeré, ya te lo dije.... Maki nunca miente.— Cruzo su pierna al lado contrario con su ultima palabra con una voz sumamente dulce, como melosa para molestarlo.

resumen

Karmas
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
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#6
En sus manos, un pequeño y diminuto objeto daba vueltas con infantil obstinación, como si, por cada giro que le diera, un pedazo de su realidad se desprendiera.
Sin embargo, la verdad era muy simple. Se trataba de un relicario bañado en oro, sin grabados y desnudo de todo ornamento; tan simple, tan absolutamente simple, que Bai no había reparado en su significado, cegada por la manía de analizar las formas, como si las cosas solo existieran cuando uno las somete al pensamiento.

Además, que su alrededor permaneciera en penumbra tampoco ayudaba; más bien, acentuaba ese sentimiento de incertidumbre que la poseía. Y es que, por más antorchas que ardieran en el puerto —tremulas flamas ardientes que intentaban guiar al gentío—, la claridad que desprendían se reflejaba sobre la superficie pulida del relicario con cruel intención, desviando cada rayo de la diminuta hendidura que había en uno de los labios y que era la llave para abrirlo. Y Bai, que miraba con terca paciencia, empezaba a frustrarse.

Quizás por eso, por la frustración per se, o quizás por caminar caminaba junto a Lan, la erudita —a quien así había nombrado tras saber que sólo ella reconocía su lengua—, es que empezó a bullir de nuevo en su interior una idea tan pequeña que temía nombrarla y volverla real.
Sí, debía ser eso.
De ahí que tratara de silenciarla con aquel juego entre la vista y el tacto, como si el movimiento de los dedos pudiera distraer a la mente y engañarla.

¿De qué otra forma podría hacerlo sinó?

Últimamente, Bai se había tomado demasiado en serio eso de encontrarse a sí misma a través del otro; y Lan —sin proponérselo— se había convertido en el espejo donde ella creía verse. No porque la mujer pelirroja la cargara con ese papel, tampoco porque el grupo se lo hubiera impuesto ni porque ella misma lo deseara, sino porque su muda timidez e incapacidad de hacerse oír la obligaba a existir solo a través de las palabras ajenas.

En ese momento sus dedos parecieron notar el relieve de la hendidura.

Y fue entonces cuando lo comprendió, en medio de un destello febril de lucidez, que en ese proceso de hacerse oír había empezado a perder algo: su frontera.
«Traductor, traidor», recordó.
Sí, esa era la verdad: cada vez que Lan traducía por ella, la traicionaba sin querer. A sus palabras, sus matices y cultura. Pero, para si desgracia, esa traición era necesaria. Incluso si la borraba.

El relicario volvió a girar entre sus dedos una vez más. Ahora, mientras se acercaban al tumulto.

Y, casi sin pensarlo, Bai habló apartando la vista del objeto que se había encontrado en el suelo calles atrás.

—Señorita Lan… —empezó a decir—. ¿Sabe si tardaremos mucho en embarcar?

Tan pronto como lo dijo estalló en ella la idea que había querido reprimir. Se hizo consciente. Y comprendió entonces debía aprender el idioma si quería evitar que Lan volviera a ser su voz ante el resto. O peor aún, que ella quedase muda para siempre. Así, ella podría escoger los matices. Ya no necesitaría más préstamos ni ser  una sombra del discurso de otra.

—No suelo quedarme despierta hasta tarde —añadió, por decir algo, aunque estaba casi segura de que ya nadie escuchaba.

Entonces el relicario, caliente por el roce, se volvió pesado e insoportable. Bajó la vista y comprendió que aquel calor no venía del metal, sino del vacío que sentía ante la falta de identidad.
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#7
La noche estaba deliciosa. Oscura, densa, dramática. De esas que parecen escritas por un poeta borracho y maquilladas por el mismísimo pecado. Los nubarrones cubrían el cielo como un telón cerrado, ocultando a la luna y a las estrellas del firmamento dejándonos solo a nosotros, las estrellas de la tierra y del mar, brillando sobre el puerto del Reino de Samba.

No era una noche muy distinta a las demás, claro, salvo por un pequeño detalle, esta vez no estaba bebiendo ni provocando escándalos en alguno de esos bares donde me tienen vetado. They’re just afraid of success, darling, y lo sabes.
 
El Crimson Stage estaba más vivo que nunca. Todos corrían de un lado a otro, cumpliendo su papel en este pequeño caos organizado, las cuerdas tensándose, las cajas subiendo, el aroma a sal mezclándose con perfume y sudor, todo era movimiento, ritmo, una sinfonía improvisada de mi amada tripulación y sí, honey, hoy era el momento perfecto para partir.
 
A lo lejos, los grupos de cuatro caminaban por el puerto como si planearan una fiesta secreta, o quizás una masacre. Hombres trajeados, serios, con esa forma tan poco sutil que tiene el Gobierno Mundial de hacerse notar. World Government rats, I thought, mientras mi sonrisa se curvaba divertida, pero algo en sus movimientos me intrigaba, no era una simple reunión. Había murmullos, gestos, una tensión en el aire. ¿Barcos cargueros? ¿Tráfico de algo interesante? Tal vez y si había espectáculo en el horizonte, entonces era mío por derecho.
 
—¡¡Giyuu!! —grité, alzando la voz como quien canta su nota más aguda en medio de una función —¡Levántate, mi adonis cornudo, que esto no es un resort!— El pobre estaba echado en la cubierta, tan cómodo que parecía parte del mobiliario, caminé hasta él y, sin mucha ceremonia, le di un sape en la cabeza con una sonrisa provocadora.

—Ayuda a Mercedes con las provisiones, darling. Que no te dé pereza mover ese cuerpo de pecado. — Todos tenían su función. At the end of the day, we are more than a crew, we are a family y en esta familia nadie se libra del trabajo, aunque yo luzca mucho mejor dándolo órdenes que cargando cajas, claro está.
 
Nuestra pequeña estrella de la paz, en cambio, fue exiliada del caos por su propio bien. La sentamos sobre unas cajas en el muelle, bajo mi estricta advertencia de “no te muevas ni un milímetro, honey.” pero Gwen, siendo Gwen… es más inquieta que la llama de una vela.
 
No había pasado ni un par de minutos cuando su voz resonó por todo el puerto, tan clara y dulce que hizo que hasta las gaviotas dejaran de gritar, gritaba un nombre, no entendí bien al principio, pero el tono, ese tono me bastó para saber que algo interesante estaba a punto de suceder y vaya que lo fue, cuando la vi subir al barco con un completo desconocido, mi primera reacción fue una ceja arqueada y una sonrisa maliciosa. Gwen hablaba con una emoción tan intensa que casi parecía flotar, no era la voz tranquila que usa cuando canta, era otra. Una que vibra, que tiembla, que anuncia drama.
 
Y entonces la escuché y lo repetí con tanta sorpresa que hasta el viento pareció detenerse un segundo. —¿¡Futuro esposo!? —Mi voz rebotó entre las velas como un trueno con tacones. Gwen, mi pequeña flor ciega, hablando de matrimonio ¡Por todos los mares! El chico, en cambio, rojo como un atardecer de ron y vergüenza, apenas sabía dónde meterse y yo, por supuesto, hice lo que cualquier capitán elegante y entrometido haría, divertirme.
 
—Mercedes, Giyuu! —grité, con el tono de quien anuncia una función —¡Vengan a conocer al futuro esposo de nuestra querida Paz! — Mientras tanto, caminé alrededor del pobre muchacho, lo inspeccioné como si fuera una obra de arte o un menú exquisito, le levanté el mentón, le toqué el brazo, incluso medí con la vista sus hombros.

—Hmm ¿Por qué tan nervioso, pececito? —susurré con un dejo de burla cariñosa antes de colocarme entre ambos, envolviéndolos en un abrazo escandalosamente teatral y entonces, con el corazón lleno de travesura y los pulmones listos para rugir, grité —¡CELEBREMOS ESTA UNIÓN, HONEY!— Tal vez más fuerte de lo necesario, pero cariño yo no nací para ser discreto.

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#8
Un ataud se abrió de par en par en la cubierta del Crimson Stage, desde ahí emergería cierta Estrella de Muerte completamente despabilada gracias a su sueño reparador. Extendió los brazos hasta el firmamento, y bostezó profusamente escuchando todo el griterío al que su tripulación se sometía tan temprano por la noche. Rascó su mejilla derecha repetidas veces mientras observaba la escena que se desarrollaba a su alrededor, todos parecían lo suficientemente activos pues el haragán que descansaba de día no era otro que el carpintero. — Cuanto animo... —Añadió levantándose con serenidad, para moverse con pasitos tranquilos hasta donde tanto Gwen como su capitán ya estaban reunidos. Les deseo buenos días, o buenas noches, inclinando la cabeza un par de veces y entonces levantó su índice hacia la persona que Gwendolyn quería presentarles.

¿De donde lo conocía? Trato de hacer memoria, y tras unos momentos cayó en cuenta. — Oh, usted es el hombre que me golpeó ayer —Explicó con una mirada tranquila antes de buscar en su bolsillo, de ahí tomó una bolsita con aproximadamente mil berries. Deslizando los pies e ignorando tanto el frío que sentía sobre su piel como el calor de los ropajes que cubrían la que no estaba expuesta, entregó la misma al muchacho. — Tome, para que le pueda comprar algo bonito a Gwendolyn —Eros no parecía mostrar rencor, hastío, miedo o molestia. De hecho, no parecía mostrar ninguna emoción ajena a una sonrisa melancólica aunque sincera.

— El casamiento es una institución muy importante, porque es un preámbulo para los ritos fúnebres, les deseo mucha suerte con los preparativos para... Todo lo que conlleva elegir a alguien hasta que te mueras —Asintió, verdaderamente era de suma importancia pensar en la muerte pero también en la vida ¿Qué era más lindo que elegir a alguien para compartir la tuya? Quizás algún día el también sentiría deseos de ellos, pero ese no era el día definitivamente. Sus ojos ambarino viraron hacia su capitán, era una buena persona o eso le decían, de momento lo estaba cumpliendo. — Qué haremos aquí Capitán? Hay mucho estruendo, bullicio a lo lejos, fiesta... ¿Tendremos una función? —El había dejado el escenario en condiciones la noche anterior, para que todo estuviese perfecto, también había charlando largo y tendido con el Crimson Stage así que estaba tranquilo.

Pese a haberse comido una fruta de lo más extraña, no se habia indigestado tanto como pensó cuando probó el metálico sabor a tierra estancada que la misma tenía. Quizás esa sería una buena noche. Con calor se quitó su abrigo, más el frio hizo que tuviese que ponérselo a modo de capa sobre sus hombros coronando su camisa blanca, color rara vez visto en las prendas del joven.

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#9
Hubiera deseado poder ver las estrellas esa noche.

Las nubes habían amenazado con amargar el ambiente durante gran parte del día. Mantener a la tripulación a raya y en su lugar era un problema, sobre todo con tanta gente alrededor. Jensen no solía tratar de la mejor manera a los marines, Maki estaba dispuesta a unirse a cualquier lucha, Owen no dejaba de ser una rata escurridiza que bien podría presentarse frente a él con 34 pertenencias robadas de la gente de la muchedumbre, Kiyoshi era…

A decir verdad, fuera de ese hábito tan excesivo por la limpieza profunda, parecía el más racional de todo el grupo, incluso más que él. Y aún así, hoy parecía especialmente enfadado.

Él podía comprenderlo, estar rodeado de agentes de la marina no era nada bueno para ellos. El cocinero se había separado un poco de todos para fumar cerca del timón, apoyando un cenicero en la barandilla del barco donde sus brazos también se apoyaban. Desde esa posición, podía ver al resto de personas, aquellas que iban a embarcar en uno de los transportes de pasajeros, manteniendo especial atención en un hombre sobre todos: Owen.

Se había ido del barco hace un tiempo, y el temor por que causara algún desastre lo mantuvo alerta y vigilante al más joven. Unos pasos a su espalda lo alertaron y lo hicieron salir de su ensoñación, pues Maki se había acercado a la cubierta para comenzar a cantar. Dejó que la melodía de su compañera lo tranquilizara, al fin y al cabo, no todas las noches podía escucharse una canción nueva de la peliverde. La gente cercana parecía volver la mirada hacia ella, lo que hizo sonreír al pelinegro.

Sin embargo, alguien más se acercó, y esta vez fue el médico de la tripulación. Conociéndolo, no iba a desear estar cerca de la suciedad, por lo que una de sus manos alcanzó y movió el cenicero al lado contrario del que él venía, mientras que la otra apagaba el cigarrillo en este mismo y lo dejaba descansar ahí. - Tampoco es de mi agrado, a decir verdad, pero solo debemos aguantar un poco y volveremos a ser libres -. Habló mirando hacia afuera, pues tampoco quería molestarlo con cualquier resto de humo que pudiera salir por su boca. No quería darle falsas esperanzas, pues lo más probable era que al llegar al otro lado volverían a ser revisados y estarían otro buen tiempo rodeados de marines y agentes.

Dejó que el médico se retirara por el momento, pero en cuanto quiso volver a agarrar su cigarrillo se dio cuenta de algo terrible: No veía el cabello rojo de Owen por ningún lado. Su mirada lo buscó exhaustivamente, como si fuese uno de esos juegos para niños que aparecen en los periódicos, los de encontrar ciertas cosas en una imagen gigante, pero ni así fue capaz de verlo de nuevo. ¿Dónde se había ido?

De nuevo Kiyoshi, y ahora con una pregunta que lo azotaba a él también en ese momento. - Aunque no lo parezca, él sabe cuidarse solo -. Se le notaba en la actitud, en su forma de ser, y aún con eso no podía evitar sentir preocupación por donde se encontraba el muchacho. Si tan solo había hecho enojar a alguien más y…

Estarían en problemas.

- Cuiden a Jensen mientras no esté -. Fue lo que dijo mientras guardaba el cenicero y tiraba a la basura los restos del cigarro. - Y nada de generar caos -. Lo dijo con una actitud seria, antes de bajarse del barco y comenzar a buscar al muchacho pelirrojo. - OWEN -. Gritaba, mientras que pasaba entre las personas con cuidado. Fue tras unos pocos minutos que divisó esa inconfundible cabellera despeinada, encima de otro barco. Se apuró a subir ahí, pensando que tal vez estaba en problemas.

En cuanto logró su objetivo, se acercó al joven, por su espalda, hasta tomarlo de la cabeza con una sola mano, con la suficiente fuerza para dejarlo quieto en ese lugar. - ¿No te he dicho que no te alejes a causar problemas? -. Sonaba enojado, pero ese tono de voz se fue en cuanto levantó la vista y vio a la otra tripulación. - Lo siento si mi compañero les causó algún inconveniente, no estamos buscando conflictos -.

Fue en ese momento que vio a la persona junto a al joven Yang, una mujer de cabello negros, parpados cerrados, una persona que él ya había conocido. - ¿Gwendolyn? -. La había visto hace tiempo en Sorbet, ayudándola a recuperar su bastón. Aún le dolía su espalda cada vez que recordaba cómo había caído en esa ocasión. - Que sorpresa encontrarte aquí, ¿tú también viajas? -.


Off
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#10
Moja se mantiene apoyado en la borda unos segundos más, observando el puerto. La actividad en la ciudad ha aumentado de forma evidente: marineros cargando suministros a toda prisa, estibadores empujando carretas y, sobre todo, un número notable de agentes del Gobierno Mundial desplegados por la zona. Sus uniformes destacan entre la multitud; patrullan en grupos organizados, revisan documentos en los puntos de acceso y mantienen conversaciones breves y tensas con los encargados del puerto.

La escena transmite un mensaje claro: nada se deja al azar cuando se abre un paso temporalmente hacia el Grand Line.

Moja observa en silencio, sin alterar su expresión. Para él, esa disciplina estructurada resulta familiar, incluso tranquilizadora. Luego se separa de la barandilla y se dirige al interior para organizar sus pertenencias antes de la partida.

Su equipo personal es modesto pero funcional. Extiende ordenadamente sobre una caja de carga su abrigo reglamentario, una brújula bien calibrada y un intercomunicador Den Den Mushi portátil, pequeño y dormido dentro de una caja acolchada. Toma la brújula y el Den Den Mushi y los guarda en los bolsillos interiores de su uniforme, asegurándolos con precisión. No son objetos que planee usar de inmediato, pero los quiere a mano por si acaso.

A continuación, toma sus guanteletes de combate, su arma principal. El metal refleja las luces del puerto. Se sienta en silencio sobre una de las cajas y comienza a revisarlos con minuciosidad: comprueba el ajuste de las correas, la firmeza de las placas articuladas, la alineación de los nudillos reforzados. Luego flexiona las manos con ellos puestos, asegurándose de que no haya holgura ni bloqueo en el movimiento. Un soldado no parte sin revisar su herramienta más importante. Terminada la revisión, vuelve a guardarlos en su sitio, listos para usarse al primer aviso.

Acto seguido, Moja inicia su revisión de la cubierta con paso firme, siguiendo un orden que ya se ha vuelto natural para él. Empieza por babor, comprobando que las cuerdas estén bien tensadas y que las defensas laterales sigan firmes en su sitio. Tira de un par de nudos para probar su resistencia y ajusta uno que nota algo flojo, dándole una vuelta extra con calma. Pasa después por la zona de carga, donde están los barriles y cajas sujetas. Se agacha, revisa las cuñas de madera y palpa las sogas que los aseguran. Hay una cuerda con holgura leve; la corrige sin dudar, dejando todo bien firme para evitar problemas cuando el barco empiece a moverse en aguas más exigentes. Continúa hacia el mástil principal, levantando la vista para asegurarse de que las velas estén correctamente enrolladas y las jarcias bien colocadas. Escucha el crujido estable de la madera y el silbido del viento entre las cuerdas: nada suena fuera de lo habitual. En proa, comprueba los anclajes y cadenas, pasando la mano por la madera para sentir su solidez. Luego se dirige a popa, donde echa un vistazo rápido al timón y a la base de la rueda, asegurándose de que todo esté firme.

Después da una ronda tranquila por la cubierta, Moja se encuentra en la popa, desde donde contempla el mar abierto. Más allá de la línea visible, el Grand Line los espera. La sensación que lo invade no es ansiedad, sino concentración absoluta. Una nueva etapa, otro entorno que requerirá precisión, calma y disciplina. Cruza los brazos detrás de la espalda y espera la orden de partida, en silencio.
 
Todo está listo.

El viento cambiará. El rumbo también.

Pero la misión sigue siendo la misma.
 

Offroll
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
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