19-10-2025, 06:54 PM
¿Qué es ser fuerte? Cuando alguien crece con cierto tipo de influencia “militar” o adoctrinada bajo ciertos cánones, estos conceptos suelen volverse difusos. Sanemi, un niño que creció en una familia de modestos comerciantes, comenzó a plantearse un concepto de fuerza bajo el día a día que comenzó a tener con su abuelo.
Cuando cumplió los cinco años de edad, estuvo lejos de poder disfrutar una niñes con juegos y otras cosas, que, si bien las tenía, no eran frecuentes. El primer lunes después de su último cumpleaños, fue despertado por Kite, su abuelo paterno, un ex marine retirado, que la verdad nunca llegó muy alto en la escala de poder o reconocimientos, mantenía todo ese concepto de justicia bastante arraigado en su interior. Como parte de su crecimiento, Sanemi aprendería a considerar todo eso como una gran mentira.
Convirtieron el patio trasero de la casa su dojo de entrenamiento. Sanemi estaba a tres o cuatro metros de distancia de Kite, ambos con ropa holgada listos para poder iniciar. El abuelo no es de muchas palabras, simplemente indicaba lo necesario. Lo único que el niño escuchó antes de poder entender nada fue: “No voy a ser suave”. Lo próximo que pudo ver tras ello fue como sus ojos estaban mirando al cielo, en un gran despliegue de agilidad su abuelo lo tumbó al suelo con una sencilla llave que, sin poder siquiera entenderla, fue un golpe en su pierna y pecho el que lo dejó sin aire.
Sonrisa. Sanemi dibujó una sonrisa, su abuelo se sorprendió un poco. Sin pensarlo dos veces se sentó sobre el suelo mirando el mismo, pero no pudo evitar sentir adrenalina, su corazón latía a mil por hora. No sentía miedo o rechazo sino la emoción que invadía cada celula de su cuerpo. En ese preciso momento no le importaba si salía a jugar con otros niños o no, su concepto de entretenimiento estaba por cambiar radicalmente. Se levantó de golpe y se sacudió su ropa que se llenó de polvo. Levantó la cabeza hasta cruzar mirada con su abuelo, quien al mirarlo no pudo evitar sentir sorpresa, sus ojos manifestaban un brillo frío, pero transmitía una fuerte sensación de fortaleza y concentración.
-Oe… Continuemos -Y así iniciaba el camino de entrenamiento. Tras ese escueto diálogo se abalanzó contra su nuevo rival de práctica, torpe, lento, pero con fuerza y mentalidad ganadora. Los minutos comenzarían a pasar. El conteo de las caídas y la cantidad de energía gastada ese día sería difícil de tener. Aquel primer entrenamiento estuvo lejos de ser suave ya que duró aproximadamente tres horas, un promedio que Kite no estimaba, pero la resistencia y la explosión que tuvo Sanemi también lo motivó. Para él, podría significar el inicio de un gran marine, algo bastante alejado de la realidad actual.
Cuando cumplió los cinco años de edad, estuvo lejos de poder disfrutar una niñes con juegos y otras cosas, que, si bien las tenía, no eran frecuentes. El primer lunes después de su último cumpleaños, fue despertado por Kite, su abuelo paterno, un ex marine retirado, que la verdad nunca llegó muy alto en la escala de poder o reconocimientos, mantenía todo ese concepto de justicia bastante arraigado en su interior. Como parte de su crecimiento, Sanemi aprendería a considerar todo eso como una gran mentira.
Convirtieron el patio trasero de la casa su dojo de entrenamiento. Sanemi estaba a tres o cuatro metros de distancia de Kite, ambos con ropa holgada listos para poder iniciar. El abuelo no es de muchas palabras, simplemente indicaba lo necesario. Lo único que el niño escuchó antes de poder entender nada fue: “No voy a ser suave”. Lo próximo que pudo ver tras ello fue como sus ojos estaban mirando al cielo, en un gran despliegue de agilidad su abuelo lo tumbó al suelo con una sencilla llave que, sin poder siquiera entenderla, fue un golpe en su pierna y pecho el que lo dejó sin aire.
Sonrisa. Sanemi dibujó una sonrisa, su abuelo se sorprendió un poco. Sin pensarlo dos veces se sentó sobre el suelo mirando el mismo, pero no pudo evitar sentir adrenalina, su corazón latía a mil por hora. No sentía miedo o rechazo sino la emoción que invadía cada celula de su cuerpo. En ese preciso momento no le importaba si salía a jugar con otros niños o no, su concepto de entretenimiento estaba por cambiar radicalmente. Se levantó de golpe y se sacudió su ropa que se llenó de polvo. Levantó la cabeza hasta cruzar mirada con su abuelo, quien al mirarlo no pudo evitar sentir sorpresa, sus ojos manifestaban un brillo frío, pero transmitía una fuerte sensación de fortaleza y concentración.
-Oe… Continuemos -Y así iniciaba el camino de entrenamiento. Tras ese escueto diálogo se abalanzó contra su nuevo rival de práctica, torpe, lento, pero con fuerza y mentalidad ganadora. Los minutos comenzarían a pasar. El conteo de las caídas y la cantidad de energía gastada ese día sería difícil de tener. Aquel primer entrenamiento estuvo lejos de ser suave ya que duró aproximadamente tres horas, un promedio que Kite no estimaba, pero la resistencia y la explosión que tuvo Sanemi también lo motivó. Para él, podría significar el inicio de un gran marine, algo bastante alejado de la realidad actual.
