Pueblo Baquella
Isla Baterilla
![[Imagen: YCU9SWT.jpeg]](https://i.imgur.com/YCU9SWT.jpeg)
![[Imagen: ViRbrq0.png]](https://i.imgur.com/ViRbrq0.png)
—Fufufu~ No me mires de esa manera, cariño. Si tuviera que elegir a quien cortejar sería a ti.
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[Pasado] I'm not a saint | Heras - Social
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16-10-2025, 02:14 AM
(Última modificación: 16-10-2025, 02:20 AM por Runin D. Kitay.)
Año 15, día 35, invierno.
Pueblo Baquella Isla Baterilla ![]() Las gotas de agua caían dolorosamente sobre los transeúntes que corrían en busca de refugio en sus respectivos hogares. Los marineros arrastraban las lanchas y ataban los botes al muelle, mientras las embarcaciones más grandes eran desalojadas después de haber lanzado anclas.
El vertiginoso movimiento era contemplado con curiosidad desde el interior de un antiguo bar, desde donde las luces parpadeaban. Las oscurecidas nubes terminaron por cubrir las costas cuando la tempestad se desató sobre el puerto de la pequeña isla. Un par de hombres entraron precipitadamente en el local, empapando la entrada justo en el momento en que un relámpago cegó el entorno y, un par de segundos después, un trueno provocó vibraciones en las ventanas.
El grito ahogado de la mujer tras la barra llamó la atención del par de hombres quienes no demoraron en acercarse a ella, llevaban un balde medio abierto con el aroma a mar concentrado mas no pútrido. —JAJAJAJA ¡Mujer! ¡No te asustes! No nos pasó nada. —Quien parecía ser el esposo de la fémina rodeó el mostrador para llegar hasta ella, abrazándola y dándole un fuerte beso en la mejilla que llegó a sonar demasiado efusivo. —¡Tu hombre no le teme a una simple tormenta! Te traje atún fresco.
Algunas personas rieron, pese a la inquietud que generaba la imposibilidad de adentrarse en la ciudad. El clima no daba señales de amainar en las próximas horas. A pesar de observar a través de las ventanas, la mayoría había preferido apartarse de ellas; todos, excepto la fémina de largas hebras azabaches, que, alzando una copa de vino hacia sus labios, se entretenía con el azote de las olas contra los pequeños navíos. ¡Lástima! Aquel día realmente deseaba dar un largo paseo por la playa, hacer algo de turismo y, por supuesto, comprar algún nuevo perfume, porque la isla siempre parecía conservar un persistente aroma a pez fresco.
Al levantar nuevamente la copa notó su ligereza, la copa había terminado por vaciarse del todo.
—¡Señorita! ¡No debería estar cerca de la ventana! A veces se abre cuando hay demasiado viento por la lluvia. —El pescador de sonrisa fácil se había acercado para comprobar la seguridad de los comensales. La fémina de mirada chocolate no demoró en sonreír de medio lado, meneó ligeramente el rostro hacia un costado, provocando que el oscuro cabello resbalase sobre su hombro. —¡Cerca de la barra está más caliente! Venga, venga con los demás. Mi esposa preparará atún, prometo que el plato de comida no es muy caro.
El amable hombre continuaba intentando convencerla cuando, al fin, ella decidió ponerse de pie. Lo hizo a una velocidad tortuosamente lenta y delicada, cada expresión corporal parecía acariciar el aire, la nada y al mismo tiempo, el todo. Los abultados labios de la morena se separaron ligeramente para dar paso a la punta de su lengua, relamiéndose en un gesto, tan leve como acostumbrado, dejando un brillo húmedo que atrapó la poca luz del lugar.
—Cariño, si llenas mi copa con el mejor de los vinos... —Sentenció, con voz clara y notablemente divertida, al tiempo que se acercaba al marinero, acercándose ligeramente hasta su costado derecho, volviendo a remojar sus labios. —prometo que aceptaré de ti mucho más que un poco de atún.
Las caderas se contornearon cuando el paso se dirigió hacia la barra del local, las plataformas repiqueteaba sobre el suelo de madera, dejando un eco sordo y seco. El hombre se quedó de pie sin saber qué hacer hasta que un nuevo trueno lo despertó de su ensoñación, tomando la copa vacía de la mesa.
![]() —Fufufu~ No me mires de esa manera, cariño. Si tuviera que elegir a quien cortejar sería a ti. Emitió con los labios húmedos antes de guiñar el ojo hacia la enfadada mujer tras el mostrador quien prefirió darse la vuelta para ir tras una puerta que seguramente conduciría a la cocina. Runin sonrió ampliamente antes de reír con su característica risa, aquello no duró porque la puerta del local volvió a abrirse de manera estridente, aún había personas que deseaban refugio y ella, bueno, ella solo quería otra copa de vida.
Se siente bien, le encantaba Baquella, es un lugar que es acogedor. Si esto dura hasta que llueve, detesto el frío que trae consigo la lluvia como la de hoy. Con lo delicioso que es el calorcito tropical. No juegues, si todo iba bien, estaba timoneado con unos pescadores que necesitaban un par de manos. Ciertamente la pesca no es lo mío, pero que el barco maniobra a babor o a estribor, que la brisa sople a favor o estar pendiente cuando nos conviene recoger las velas. No es un capitán, está muy lejos de llegar a ello pero el sabe volar hace que esto se me haga intuitivo.
Pescar bajo la lluvia es algo muy riesgoso y lo difícil que fue regresar, que de no ser por el faro, habíamos pasado mucho trabajo para atracar. No fue la típica lluvia y mientras el capitán se iba delante de nosotros con las mejores pescas. Nos quedamos atrás, no podemos simplemente irnos como él tenemos que asegurar, hacer los nudos. bajar la mercancía. Todo el trabajo para el que nos pagan. Heras tuvo que fajarse con los compañeros para poder alcanzar a bajar todo lo necesario. No podemos darnos el lujo de no cumplir pues como muchos, necesitábamos esos Berries. No es la mejor manera de vivir, pero la isla no se presta para muchos oficios tampoco. Tras asegurar los nudos y resguardar todo lo que atrapamos los comerciantes ya se podrían encargar de eso. Lo que correspondiera allí ya no era mi responsabilidad, pero si estaba en disgusto de que el líder se había ido y no me había dado mi parte y eso pone a cualquiera de mala ostia. Imagina tener que atravesar todo el boulevard hasta que finalmente podría llegar donde las luces desde adentro revelan la actividad de la taberna. Estoy empapado, hambriento, sediento, el cuerpo pide revitalizarse. Broooom Un destello alumbra las ventanas antes de que una brisa fuerte busque entrar por cualquier lugar, encontrando una puerta mal cerrada con visagras que rechinan y entran entrar el aire fuerte. Las bisagras de la puerta ceden al abrirse de golpes, como si una brisa de una tormenta le hiciera ceder golpe, puertas que están hechas para humanos, le queda pequeña. Encorvarse para cruzar el umbral y erguirse de nuevo estando dentro. Expandir sus alas con fuerza para sacudir el exceso de agua. Si, se que este tipo de entradas no me ayuda a pasar desapercibido, mojar a los demás tampoco me ayuda, pero ya en el punto en el que esta no me voy reprimir a las reglas sociales que el resto sigue. Las luces de los candelabros revelan una sombra imponente tras mi figura y se escuchan algunos hombres que tapan su comida de mojarse. Sin embargo en cuanto me ven se lo piensan de nuevo el buscar algún pleito. —OCTAVIO, TE FUISTE SIN PAGARME, VENGO POR LO MIO.— Normalmente no busco el conflicto y ahora tampoco es la excepción, pero exigir lo que te corresponde no es incitar a la violencia. De mi torso desnudo aun caen gotas y tas y líneas de agua van haciendo charco tras mis pasos en lo que busco acercarme a él. Bandido, parece que ya estaba buscando liarse en el propio bar de su señora. que tipo tan falto de respeto. El poco tiempo que había estado aquí se le había visto ser un galán pero hoy habría un poco de retribución. Su expresión cambió casi al punto de palidecer por mi presencia. —Creo que podemos negociar amigo. Tómalo con calma. — Los gestos de Heras no eran de enojo, pero si de disgusto al poner su mano en la barra y encimarse ligeramente sobre él fue suficiente para presionarlo lo suficiente para que saliera huyendo a meterse en la cocina. —¡Le mando saludos a Heidy de mi parte! — Respiró de manera profunda, entonces pudo calmarse y pensar en que debería hacer. Comenzó a acomodarse el cabello fue necesario soltarlo y escurrirlo un poco al ponerlo de lado antes de querer atarlo en una cola alta. Estaba pesado pero tenerlo suelto no iba con él, ni con toda la facha que acostumbra ni con el aura que desprende al tener tanto estilo. Entonces se percató que había compañía a su lado. Una copa vacía. Cierto que Octavio va de galán. Le miró, seguro de sí mismo, portando sus tatuajes con orgullo, aunque no tiene razón para ello. Se apretó los labios para evitar que pudieran temblar por el frío que carga con el agua de la lluvia. Tiene que actuar relajado ahora, pero no demasiado relajado. Una ceja arqueada al verla, humana, pero, se ve distinta, delicada, femenina, pero especialmente atractiva. Extendí mi mano hacia ella, obviamente no podía estrecharla como un igual, más que nada por el tamaño de la mía. —Un placer. Heras.— Los murmullos, por su entrada no se quedaron quietos luego de la escena, entonces dejé de reclinarse sobre la barra y me volteé. —Lamento el desastre muchachos. Me dejé llevar.— Eso no evitó que me siguieran mirando, no me molesta pero ya hubo gente que con eso fue suficiente. Afuera se escucha recia lluvia. Puedo volver a fijar mi atención en la femina mientras escurre un poco al apretar la tela de mis pantalones cortos, así no voy chorreando por todos lados. —¿Que estas tomando? ¿Hay cámara para alguien más?— Ahora mismo ya podía darle la correcta atención, no era total pues esperaba una respuesta por su dinero o tendría que dormir en la lluvia hoy.
19-10-2025, 04:28 AM
(Última modificación: 19-10-2025, 04:29 AM por Runin D. Kitay.)
El irreverente grito reverberó en el interior del local cual intempestivo trueno. Mentiría si dijera que las personas no se giraron hacia la entrada cuando el nuevo invitado se abrió paso hacia el interior del establecimiento. La puerta golpeaba estridente debido al tormentoso viento, el agua escurría hacia la madera de la superficie desde cada músculo existente del recién llegado, el cabello caía en hileras empapadas que contrastaba con la imagen general del hombre. Era absurdamente alto, tanto que casi podía llegar a medir el doble de la fémina, solo casi, 20 centímetros siguen siendo 20 centímetros.
La interacción con el dueño del bar, fuera de parecer molesta, generó una ligera sonrisa en los labios de la mujer. ¿Algún marinero discutiendo por el botín de pescados para la cena? Instintivamente Runin irguió su espalda, inclinó ligeramente el rostro en dirección al nuevo invitado, y, desprovista de recato o recelo, observó al moreno de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Era un espectáculo que respiraba, la exhibición de la extrañeza y el vigor, de una raza que mantenía el brillo de la curiosidad en la mirada de la mujer. ¿Alas? ¡Negras! Gigantes al igual que él.
El gesto de saludo no se hizo esperar aunque la fémina no tenía planeado mojar ninguna parte de su anatomía, al menos no de momento. Quizá por ello simplemente extendió sus dedos con finenza, un solo roce sobre el dedo índice del nuevo conocido, desde la base hasta la uña, dando un par de toques ligeros antes de apretar sin ejercer fuerza alguna.
![]() —Runin Saludó al fin en una simple palabra, con cierta expresión que no dejó entrever ningún tipo de emoción más allá de la espera o la gentileza. Los labios fueron remojados con la punta de su lengua mientras Heras se distraía en disculpas a las que nadie prestaría mayor atención. ¿Quién se percataría de ello cuando tenían a un ser excepcional frente a sus ojos? Imposible.
—Vino, cariño. ¿Se te antoja un poco? Aunque dado el tamaño de tus dedos y de tu boca, siento que esta copa te quedaría corta. —La sonrisa se acentuó más mientras empujaba suavemente la bebida hacia él, invitándolo a tomar de su propio vaso, de disfrutar de la dulzura de la uva añeja, del ligero tono carmín del labial que había quedado a los alrededores.
![]() —¿Quién te enseñó a hacer entradas tan dramáticas? Fufufufu~ De haber sabido que solo hacía falta ser más alta para llamar la atención con tanta facilidad, me hubiera esforzado más en comer mis verduras o beber leche para crecer. —Guiñó uno de sus ojos antes de girar sobre su silla, dispuesta a darle la cara al hombre, aprovechando el nuevo espacio para cruzar sus piernas, rozando sin darse cuenta la pierna del hombre.
—¿Así que Octavio? No hace mucho llegó con una bonita carga de pescados, supongo que se te adelantó. Fufufufu~ —Rió un poco, vendiendo al atemorizado hombre que aún no salía de la cocina del local. Runin había perdido completamente el interés en el regente del bar, odiaba a las personas cobardes. A-bu-rri-do.
Ahora su atención se encontraba empapando el establecimiento. Volvió a relamer suavemente sus labios. —Cuidado nos inundas también aquí dentro, cariño. —Bromeó, esta vez centrándose en las alas de Heras.
20-10-2025, 05:35 AM
Runin,mirada atenta, una sonrisa coqueta. Si, ella es muy parecida. Su manera de tocar la mano por un instante le incita a prolongar el contacto pero solo cerrar ligeramente la mano en un movimiento leve hacia arriba y abajo. Mantener el saludo lo justo y necesario. —El tamaño no lo es todo, Runin. — Claro su copa en mis manos ahora se vé como un juguete para bebés, está vacía. Le gustaría mucho poder degustar. La acercó a la copa, solo sentí su olor, pues estaba vacía.
—Qué dilema eso, pero si prefieres no mojarse aquí. Hay que buscar otro lugar.— Sus alas se desplegaron fuerte, para enseñar sus plumas negras como el ébano. Fue casi un instinto para tener su atención atrapada como la en el momento la tiene ella de él. Ahora ese juego de de miradas entre ellos es algo que no se podía evitar y lo hacía buscar asiento, aunque para su tamaño era más cómodo sentarse sobre la barra. —Pero nunca se es tarde para comenzar, yo te puedo ayudar con eso último.— Miré tras la barra y extendí mis amplios brazos hasta donde teníamos a la vista otras botellas. las cuales agarré dos de ellas y descorchar. Tengo que admitir que detesto usar cosas que no están ajustadas para alguien como yo, no me quiero imaginar que sería si midiera cuatro metros o seis metros. La botella entera parece el equivalente a una cerveza de mano, diría que hasta un poco pequeña. Te estaba sirviendo cuando notó ese pequeño roce en mi pierna. Me distrae y se chorrea un poco a lo que dejó de servir para dejarte esa botella a ti. —Una disculpa, me deslumbras y no puedo concentrarme. — Descorchó la segunda botella y esta es para mi, de inmediato le doy un trago que hace que el líquido llegue hasta dos tercios de lo que contenía. A mi dosis como estas no me pueden embriagar, no porque sea experto, solo que no son para mí, necesitaría varias botellas. —Aunque no es aproposito. Si quieres una mano yo tengo dos muy hábiles para eso.— Ahora los dos podían jugar a devolver la broma. Vio su vino y notó que lo que quedaba era solo el culo de la botella, la apoyó contra la mesa. —¿Cuánto tiempo tienes que llegaste? Me estaba perdiendo de este deleite. — Claro es lo que tiene la vida del pescador muchas veces te pierdes más tiempo del que crees y no puedes encontrarte con personas que vienen por solo un par de lunas. En ese momento la conversación podía comenzar a desarrollarse salió la mujer de la cocina. —¡Heras! ¿Querido que te traer por aquí? —No es como que fuera mi amiga, pero con solo verla, esa gota de sudor sobre su cara, esa sonrisa un poco forzada. Ella no quería salir tampoco. —¡Heidy! Bueno, tu marido me quiere embaucar. Pero ya sabes como es. — Mi tono es tranquilo con ella, no tiene la culpa de los errores de su pareja. Además de que me vería muy mal si tratara mal a esta señora de manera gratuita. Ella solo tiene la culpa de escogerlo. —Si bueno, sobre eso. El dice que te pagará cuando vendan todo el atún, que ahorita no tiene.— Entonces es cuando mi atención pasó directo a ella con una mirada enojada, un instinto que no es fácil hacer salir. —Heeidy. Yo lo siento mucho, pero eso no va a pasar. Pero te puedo comprar tiempo mientras me sigas dando tus licores gratis. Hasta que ajustemos cuentas.—A ella no le conviene mucho eso, por que sabe que lo que le ganen al atun no siempre podra reponer todo el licor. —O podemos seguir hablando de cómo tu marido no solo se adelantó, dejó a toda su tripulación mientras él venía huyendo de la lluvia.— Cabe aclarar que cuando tomas comienzas a hablar sin pelos en la lengua. —Quien lo diría, cuando se supone que el capitán es quien se debe quedar en el barco hasta el final.— Lo malo de beber es que al inicio se baja rápido y quienes beben un segundo sobor. La sensación caliente por la garganta ya pronto me hace dejar la botella a un tercio de lo que tenía. —Por eso es que no todos están hechos para la vida en el mar.— No es como que él fuera un lobo marino, no era un experto ni mucho más, pero es la molestia liberada por el vino. Su silencio me otorga el permiso, ella sabe que yo no me pondría violento con ella, pero nadie quiere pelear cuando ves al otro tipo mucho más grande. —Además, mi nueva compañera Runin dice que le gusta tu vino, mientras ella quiera podemos ajustarnos con eso. — La involucró, la veo de nuevo y le guiño el ojo, soy suelto en mis movimientos igual y ahora podemos atascarse de vino.
26-10-2025, 04:58 AM
La comisura de los labios pareció extenderse ante cada respuesta del extravagante hombre, la curiosa mirada descendía y ascendía en una espiral de notable presunción. ¿Alguien con esa altura podía siquiera insinuar que el tamaño de las cosas no importaba? El comentario casi le arrebata una astuta risa que decidió obviar, eso hasta que las alas se desplegaron, provocando que un pequeño sonido se deslizara por su garganta. Un par de personas quedaron empapadas por aquel acto carente de decoro. ¿Otro lugar? ¿En una tormenta como aquella? Las alusiones se tornaban tan desafiantes como intrigantes. La mirada caoba se estrecha sin lograr apartar la mirada de las alas. ¿Si se acerca lo suficiente logrará tomarlas entre sus dedos? ¿Se sentirán como las de un ave normal o serán mucho más suaves? ¿A qué se debe la extraña fisonomía de aquel que parece desear un bocado de ella? Del hombre capaz de responder sus alusiones y enaltecer estás en propuestas que entibian el ambiente. Agradable.
¿Es la palabra que realmente busca? Ha cumplido algo que engatusa a la amazona: El que la miren como si se tratase del centro del mundo, como si su palabra fuera oro y sus alegatos, sentencias a obedecer. Le atrae ser el centro de atención. ¿Los métodos a utilizar? Irrelevantes. ![]() —¿Nervioso, cariño? Bromea deslizando la copa, cuidadosa de no volver a desperdiciar una sola gota más del añejado brebaje. Él bebe con la facilidad de aquel que conoce los límites de su cuerpo, ella acaricia un sorbo con sus labios antes de relamerlos con dulzura y soltura. —¿Estás seguro, guapo? No fue a mi a quien se le regó el vino hace un momento. ¿Así de bien me tratarán tus manos? No lo sé… —Finge desinterés al observar en otra dirección. —Aunque quizá ese sea una virtud de la qué aprovecharse. —Vuelve a observar de soslayo, sonriendo de medio lado, guiñando en su dirección. El índice juega con los alrededores de la copa, está húmeda. —Un par de días, quizá un… —La respuesta se diluye ante la presencia de la regente de la taberna. La conversación se extiende entre ellos, Runin parece fastidiarse durante un par de segundos. —¿Un hombre escondiéndose tras la falda de su mujer? Repentinamente tu marido me repugna. —La asertividad descansa en el mismo ataúd de la santurronería. La tormenta continúa su cauce, golpeando vidrios que suenan y azotando la madera del local hasta hacerlo gotear en diferentes direcciones. Runin parece estar a punto de perder el interés hasta que Heras expone al capitán capaz de dejar morir a su tripulación y permitir que el barco se hunda. —Fufufufu~ Tranquila, Heidy, prometo no dejarlos en bancarrota, al menos no a ti. —Octavio es otro asunto más mundano, nimio. ![]() —¿No te apetece beber con nosotros, cariño? Puedes dejar al imberbe de tu marido en la cocina, así nos hace el favor de servirnos la cena. —Canturrea provocando que la fémina se sonroje, quizá del coraje, de la vergüenza, o una cóctel de ambas emociones. Algunas personas se quejan de fondo, pidiendo llenar estómagos y ofreciendo berries sobre las mesas. Heidy parece indecisa cuando al fin empieza a enviar pedidos hacia el interior de la puerta trasera. Un par de gritos furibundos y después la aceptación tras el temor. El olor del horno hormiguea sobre el olfato de todos y Heidy aparece para sentarse en la barra frente a ellos. Runin arrastra su copa hacia ella, instigando a beber. —No he estado aquí el tiempo suficiente como para conocer hombres o mujeres interesantes, pero si el tiempo necesario para dar con ustedes. —Sentencia volviendo a observar a Heras. —Tú, por otra parte, pareces extrañamente familiarizado con todo. —La amazona inclinó su cuerpo hacia él, como si lo evaluase de nueva cuenta. —Aunque jamás en la vida he visto un hombre como tú. —Más osada estira su mano hacia él, deseando tocar las oscuras alas. —¿Qué hace un hombre tan grande en un pueblo tan pequeño? —Cuestiona combinando las literales bromas con la sutileza del subfondo. —Bebiendo con extranjeras y seduciendo esposas? —Heidy niega mientras bebe algo del vino, intentando no ahogarse en el proceso. —Bebe con calma, guapa, no vaya a ser que te atragantes antes de tiempo, fufufufu~ —Y aunque se dirige a ella, su mirada se encuentra perdida en el calor de las plumas.
Heidy no es una mala mujer, pero no es con quien debo pagar los platos rotos. Además está Runin quien roba mi atención, esa mirada que tiene sobre mí me fascina y no voy a negarme a mí mismo. También percibo que me está hipnotizando el como siempre se está mojando los labios cada vez que me ve o me habla. Me sugiere que me está deseando y eso hace que me olvide que hace unos momentos tenía frío. El Vino también cumplió su cuota, ayudó a que mi mente comenzara a perder ciertas inhibiciones. Sentarme junto a ella fue una mejor opción, podría tomar asiento con una de las banquetas más amplias que tuviese. Eso me permitiría estar más cerca, no demasiado, pero sí para que nuestras vistas estén niveladas. Estoy con el pecho hacia ella y una de mis piernas flexionada y la otra extendida, solo así puedo estar cómodo a tan baja altura sin que me moleste la barra. —Ujumm~ Digamos que tengo un tiempo aquí. — Mi vista sobre la tuya en todo momento me acerco hacia ti un poco más aprovechando que estamos cerca te hablo con intimidad, te hablo en un tono no susurrado, pero solo para ti.—¿Son hermosas, no? — Mi reflejo involuntario es que las alas se muevan cuando parece que estás a punto de tocarlas. Son firmes mis alas pero en este momento hasta ellas están un poco nerviosas. Como cuando alguien te va a respirar sobre el cuello, ese pequeño nervio que te eriza un poco la piel en un momento con menos público, así se sentía. Ya después le permití tocarlas, ella parece tan hipnotizada que me hizo pensar que ni ha notado cómo la veo fascinada. Ella no puede ser una mujer cualquiera, pues tiene un brillo que ni en un día lluvioso le sienta mal. Mi voz es sugestiva, me recuesto de la barra y aprecio su rostro, su piel bien cuidada, su cuello delgado, —El destino tiene sus temporadas en la que es incierto. Pero yo creo que me puso aquí, para poder encontrarme con un gran tesoro. — Ya hasta me olvidé que Heidy estaba allí hasta que ella me lo recordó, ni la quería ver, le faltaba gracia, le faltaba porte. —No quisiera quedarme seco. Me gustaría más que eso ahora mismo, creo ya encontré el tesoro, pero para beber con extranjeras necesito un poco más de vino. — Tocó extender la mano en la barra y con los dedos buscaba agarrar hasta que en mi palma se sintió la fría textura del vidrio. Heidy la había puesto en mi mano ni me había percatado de los nervios que la recorren y eso que ni siquiera tenía mi atención puesta en ella. Pero como seguía diciendo de ella veo sus hombros, femeninos, tienen su encantó. —Un hombres unico siempre está buscando una mujer igual de única. Yo mientras más te veo me pareces más unica.— Aquí ya estoy deseando comerle la oreja y le hablo muy suave y muy cerca, que ya casi podría sentir mi respiración sobre ella. Suficiente acercamiento, ya yo he ido hacia ti lo suficiente. Tanto cómo me encanta pero este baile es para dos y hay pasos hacia adelante y pasos hacia atras. Relajo mi espalda un instante en mi asiento y cedo un poco el espacio. —No quiero que te quedes atrás. — Mira que no te quiero te desees ir y por un instante sirvo nuevamente tu copa pero ahora más tranquilo. Creo que ver tu encanto por mi me ha ayudado a relajarme. —¿No serás tú la mujer de los mitos? A Runin, dicen que en los mares hay un paraíso y que de ahí vienen las mujeres más hermosas y que las más bellas de esas son capaces de convertir a los hombres en piedra. ¿No serás tú una de esas? ¿Quieres convertirme en piedra?— No sugerí más nada luego de la botella me di un trago, ahora son cortos, ya he comenzado a calentar motores y no necesito beber tan rápido como antes.
05-11-2025, 06:56 AM
(Última modificación: 06-11-2025, 10:52 PM por Runin D. Kitay.)
¿La envolvente confianza que el ajeno muestra es comparable acaso con la franqueza que exhibe?
“¿Son hermosas?”
Cuestiona con la delicadeza de aquel acostumbrado al espectáculo que su naturaleza manifiesta. La fémina sonríe porque es exactamente como ella: Siempre listos para lucirse, siempre pendientes a la necesidad de ser admirados. ¿Algo que compartir o algo que desechar? Aún se encuentra en tela de juicio porque el plato está caliente y nadie nunca sabe si quemarse la boca y lanzar expresiones de agobio o de esperar que el plato se entibie o enfríe para comenzar a comer. La lisonja causa gracia y perspicacia. ¿Un tesoro? Está de acuerdo. ¿El destino? Difiere con creces, porque ¿Qué es el destino? ¿Y qué factores deben alinearse para que este funcione? Runin niega con suavidad. ![]() —Fufufufu ¿Alguna vez te han dicho que tienes facilidad de palabra? Un don para la labia, un brillo intenso por resaltar y hacer resaltar. Deberían considerarte un peligro, cariño. —El ligero espasmo en sus manos no pasa desapercibido, le divierte. Runin Kitay vive por ello, vive por el nerviosismo ajeno, por las miradas anhelantes, por los roces tenues y las palabras endulzantes. Por mover ligeramente el rostro y que las hebras de su cabello caigan hacia un costado, permitiendo ver su clavícula, su hombro, el brillo canela de su piel. Heidy los mira fijamente antes de notar la chispa, antes de sentir que su cuerpo puede llegar a quemarse si los mira demasiado. ¿A qué se debe? ¿A la falta de lumbre en su vida? ¿A la falta de emoción y encanto? A la monotonía de una vida tras la barra. Ni Heras ni Runin son como ella. —Hablas con la parsimonia de un conocedor, Heras. Quizá nuestra palabra favorita sea esa: único. Si no logras serlo en la vida, no sirve en lo absoluto vivirla. —Las palabras se entretejen cuando el aliento roza el cuerpo ajeno. Están jugando, cada palabra, cada tacto, cada hálito. Podría inclinarse pero no lo hace porque están en un tira y afloja que solo bulle hacia arriba, que solo se torna interesante. El vino ha quedado relegado, al menos durante un fragmento de tiempo, al igual que el hombre que se separa en una pose que casi hace reír a la mujer. ¿Intenta utilizar tácticas se seducción que ella ocupa a diario? Es como un pequeño buscando opciones para agarrar el dulce en la repisa más alta, alguien que no se rinde. Le agrada. Le agrada la telaraña que se forma entre ellos. Los dedos tamborilean alrededor de la copa, realizan algún sonido que no logra captar por el ruido externo de la tormenta, de los sonidos de preocupación de los habitantes encerrados en la taberna, de la forma en la que Heidy parece golpear la madera sin dejar de observarlos, bebiendo vino a sus anchas. ¿Se sentirá en una novela? ¿En un libro plagado de alegorías? Runin está a punto de beber cuando lo vuelve a escuchar y esta vez algo pesa sobre sus hombros. Sonríe levantando los hombros, haciendo que el cabello vuelva a moverse. —¿Deseas convertirte en piedra, cariño? Convertirte en una escultura a la que apreciar a diario? Dime, ¿Qué puede ofrecerme una estatua? Solo frialdad, a la larga… aburrimiento, y yo odio aburrirme. —La voz desciende al igual que su mano cuando la coloca sobre la pierna de él, asciende con una lentitud premeditada. Se inclina como si buscara algo de él. ![]() —Dime, cariño, cuéntame sobre esas amazonas, llena mis oídos de historias y, quizá, la correcta abra más de una puerta… —Porque en el fondo ama la espera, ama el conocimiento, ama recordar y también obtener algo a cambio. Una copa cae al suelo mas Runin no despega la mirada del hombre. No lo hará. No importa si Heidy se ha cortado un poco los dedos cuando su copa se ha roto intempestivamente. Un viento fuerte golpea la puerta y las ventanas, todo se abre y las luces de las velas se apagan.
10-11-2025, 07:39 AM
Su tono de voz es como una melodía. Cada palabra me hace ver poco a poco lo peligrosa que es, casi puedo ver en ella un fuego. Le puedo ver de cerca, pero no puedo dejar que el fuego se apodere de mi. Le miré de reojo luego de separarme esperando pillar su interés. Por un momento me siento un espectador que está apretando el hilo y luego solo lucha por sostenerlo. Ella es ese valioso premio porque lucha y se enfrenta al mar.
Por un momento me siento superada, que no podré retenerla pero entonces puedo percibir esa mirada. Pensaba que ella solo estaba pasando de mi por un instante y más que herirse físicamente sería una marca en el orgullo. Su mano, su tacto, su acercamiento, comienzo a sentir que poco a poco los latidos se aceleran poco a poco. Las vistas cruzadas me hacen sentir un desafío, ahora ya no luchaba por mantener ese hilo tenso entre nosotros, ahora lucho por cortarlo lo más posible pues aquel gran tesoro viene hacía mi con intensidad. Mi vista marrón cruzada con su mirada de chocolate, adictiva, hipnótica. Al inicio solo la sostengo aceptando el desafío. Pero el punto no es hacer un duelo de miradas, no. Mordí fuerte, aun tengo esa costumbre en mí para lidiar con estos nervios que me genera esta hermosa fémina. —Claro Tesoro~~. Se dice que ellas están en donde ningún barco ha llegado jamás. Todos los hombres, siempre desean encontrar pues se dice que allí ninguno ha puesto el pie jamás. Y que son lo más temidas porque dicen que los barcos no pueden huir de ellos el resh…— Lo poco que sabe de mitos y leyendas que han sido pasadas de voz en voz y que los marineros en baquella repiten sin confirmar. Las palabras como quien cuenta un mito del ha escuchado tantas veces. Las palabras fueron saliendo y necesitaba hilar los pensamientos, pero cuando me di cuenta la proximidad era tanta que solo podía ver sus ojos. Me atraparon y no pude hilar más palabras. Agarré aire y todo pasó muy rápido, los vidrios, las ventanas abriéndose de golpe, las luces de los candelabros, la brisa entró pero no llegó a ella, las alas azabache la cubrieron. La mirada completamente atrapada, sin palabras, ese momento, el trueno, nada de eso fue relevante y Heydi que parecía atrapada sin aire, sorprendida, tensa, más tensa que nosotros habló como un marinero. No pudo presenciar ese momento cuando solo pude sentir ese roce en mis labios. Mi manos fueron hacia ella tras el primer contacto, no para agarrarla, pero para dar ese pequeño empujón que parecía necesitar. Cómo un gato que empuja una taza mis dedos sobre su piel, en la zona toracolumbar, solo para que ese roce de sus labios dejará de serlo. Sin testigos de ese pequeño encuentro sus alas cerraron un poco más para mantenerla cálida. Los sabios con un sabor a miel y vino, ese dulce que encanta no empalagada, apuesto que se lo pone en los labios. Las quejas, los ruidos, las gotas, nada de eso me importó me sentí atrapado en unos segundos que se me hicieron una eternidad placentera. Mis labios en el encuentro fueron simples al inicio, buscando curiosidad y al mismo tiempo pudor, pero luego atraparon su labio inferior, ese labios seductor. Mi palma te se recuesta en la parte baja de tu espalda, no hace fuerza solo está allí para que nuestra cercanía se conserve. No quiero ser abrumador pero no puedo evitar que mi otra mano llegue a su cadera, para atraerla un poco más, no me había dado cuenta y ya nuestras respiraciones estaban cruzadas. ¿Cuánto pasó? ¿Lo había sentido tan disfrutado tanto? Claro que había cerrado los ojos al instante de encontrar nuestros labios, pero al abrirlos aquellos ojos café tan cerca. ![]() —Eh. Yo creo que debe haber un lugar un poco más privado para estas historias. — La verdad es que los hombres no tienen mucha información sobre ellas, por lo que no hay mucho que decir o bueno tal vez sí pues habría conocido a una de ellas en un pasado no demasiado lejano, algo más tenía para contar. Alguno de los bebedores encendió un caldero cuando la brisa dejó de azotar las ventanas. Sentía sus pantalones peligrosamente arrugados más que nada pues el peso de su palma estaba cerca, demasiado cerca de encontrar un paquete especial. La luz tenue solo me permite ver su piel con más contraste y luce suave. Aun en la oscuridad no puede ocultar esa belleza única. Las piernas, largas y oscuras pasan por cada lado de Runin, sus músculos con líneas marcadas sin llegar a ser demasiado pronunciadas. —No creo que lo convertir en estatua fuera literal. Creo que puede ser muy entretenido— Ahora me ha sacado una sonrisa de medio lado bastante pícara. Cosa que no sucedía, no con este cuerpo así caliente. Es notorio afuera hacía mucho frío y aquí estamos calentando. |