¡Chip, Chop, Baby! [Aventura Tier 3, Presente Absoluto]
#11
El interior del puño de Ubbe era un mundo de presión y oscuridad. Chop seguía allí, mordiendo con desesperación, sin apenas aire. Cada movimiento del gigante lo zarandeaba como un cascabel dentro de una botella, pero no se rendía. Hundía los dientes, una y otra vez, hasta que el sabor metálico de la sangre ajena le llenó la boca.

-¡Chip…! -Gruñó entre dientes intentando aparentemente avisar a su compañero, tal vez para instarle a desistir el fútil esfuerzo, con la voz ahogada y rabiosa. La frustración y la asfixia eran duras, pero él sabía que el verdadero terror estaba al otro lado.

Fuera, la selva explotó en sonido y movimiento. El golpe del coloso fue como un trueno hecho carne. El puño libre de Ubbe cayó sobre Chip con un estruendo seco, el pequeño arquero apenas alcanzó a cruzar los brazos delante del rostro antes de que la onda de choque lo lanzara como un muñeco. Su cuerpo salió despedido varios metros, atravesando la nube de polvo y barro hasta chocar contra una raíz gigantesca. El aire se le escapó del pecho en un gemido mudo.

Por un instante, no vio nada. Solo oía su propio corazón retumbando en los oídos, el mundo girando. Intentó levantarse, las piernas le temblaban. Había sentido la fuerza del gigante, y era algo completamente distinto a cualquier enemigo que hubieran enfrentado antes. Aquello no era una pelea… era sobrevivir.

El miedo subió como un escalofrío por su espalda.

-¿De verdad… podemos con esto? -Pensó Chip, jadeando, con el arco temblándole en las manos.

Entonces escuchó la voz. Lejana, ahogada, pero inconfundible.

-¡Chip, Chip…! ¡Aún estamos juntos, aún podemos con todo…! ¡No te atrevas a rendirte! -Era sin duda la voz de Chop, aún atrapado, aún luchando. Esa voz le devolvió el alma al cuerpo. No había tratado de instarle a rendirse, sino a todo lo contrario. A defender el orgullo tontatta, a mantenerse en pie. 

Chip apretó los dientes, se limpió la sangre del labio con el dorso del brazo y alzó la vista. La nube de polvo que había levantado el golpe del gigante aún flotaba entre ambos, espesando el aire. Era difícil ver… Pero eso le daba la ventaja.

En un instante, atendió brevemente sus heridas, vendando su brazo más dañado y aplicando los ungüentos de su botiquín con una mezcla de cuidado y celeridad. 

-Chop... ¡Chop! Está bien… ¡Está bien…! -Susurró, y después gritó, con una sonrisa torcida. -¡No pienso dejarte ahí dentro!

Se movió rápido, casi invisible entre el humo y las hojas agitadas, pero esta vez no echó a correr hacia atrás. Permaneció frente a su colosal oponente, erguido, magullado pero algo más entero tras aplicarse rápidamente aquel primer auxilio. Y, sin temer, alzó su arco y disparó de nuevo.

La flecha zumbó cortando el viento, disipando el poco humo que pudiera aún quedar flotando en el aire, y se dirigió directa a su oponente. 

-¡Oye, grandullón! -Gritó, jadeante, mientras permanecía firme. -¡No creas que es tan fácil aplastar a un tontatta solo porque sea pequeño! ¡Chip y Chop no se rinden tan fácilmente, baby!

Su silueta apenas visible entre la nube de tierra, el arco vibrando sin descanso y su determinación inquebrantable, hacían que la sombra del pequeño se viera más grande que nunca.

El bosque entero parecía contener el aliento otra vez. El siguiente movimiento, una vez más, era del gigante.

Contenido Oculto


Off
#12
La flecha le impactó en el hombro con un silbido breve, cortando el aire como una avispa enfadada. El proyectil se hundió unos centímetros, y el músculo de Ubbe reaccionó con un espasmo seco. Esta vez el golpe se notó, el dolor le recorrió el brazo como un latigazo caliente. Había recibido ya muchos golpes, y empezaba a notarlos, aunque fueran más flojos que antes. Pero no bastó para frenarlo.
El gigante giró la cabeza hacia el diminuto arquero, clavando en él una mirada que parecía atravesar la bruma. El aire se volvió denso, casi se podía cortar con un cuchillo.
-Eh… buen tiro, pequeño.- gruñó con una sonrisa torcida, ladeando la cabeza-. Pero no es suficiente.
El suelo se hundió bajo sus pies cuando saltó hacia el tontatta.
-SAYONARA, BABY-
El puño libre cortó el aire como una bala de cañón, cayendo sobre Chip con la violencia de una tormenta. El impacto fue brutal, el tontatta salió despedido, rodando entre hojas y fango hasta quedar tendido.
Ubbe avanzó un paso, levantó el brazo para descargar otro golpe y terminar el trabajo. Lanzó el puño hacia Chip, el puño que acabaría con la vida del Tontatta. 

Pero entonces lo sintió.

El mordisco. Pequeño, insistente, desesperado. Chop seguía vivo, mordiendo dentro de su puño, negándose a rendirse incluso cuando cada bocanada de aire era un castigo.
Ubbe se quedó quieto, el puño suspendido en el aire. Miró a Chip. Seguía allí, la cara ensangrentada, los ojos fijos en él. Había miedo, sí… pero también había algo más: orgullo. Determinación.
Por un segundo, el tiempo pareció detenerse.
Y Ubbe se vio reflejado en ellos.
Se vio a sí mismo, años atrás, golpeando enemigos imposibles por el simple placer de hacerlo. No por oro. No por gloria. Solo por sentir la sangre bombeando y el rugido en el pecho. Esa clase de locura sagrada que separa a los luchadores del resto.
Bajó el brazo.
-Dejad que os diga algo…- dijo, la voz más grave, más calma-. Tenéis cojones. De los grandes. Pocos se plantarían ante un gigante que les saca tanto tamaño, sea cual sea la razón. 
Miró el puño donde Chop seguía resistiendo, el cuerpo casi inmóvil.
-Si no te tuviera aquí atrapado, pequeñajo… puede que la pelea estuviera más igualada de lo que parece.- añadió con una sonrisa sincera.
Soltó el aire despacio, y su tono se volvió más serio.
-No quiero mataros. Sería una pena desperdiciar dos guerreros con esa alma. Así que os voy a dar una salida.-
Se agachó un poco, quedando a la altura del suelo, observando a Chip de cerca.
-Puedes rendirte, baby. Ahora. Yo suelto al otro y os vais enteros, con lo que os quede de orgullo. Pero si insistís en seguir… este pequeño morirá ahogado en mi mano, y tú te irás con el pecho hundido. No quiero hacerlo, pero lo haré.-
El silencio cayó entre los árboles. Solo se oía la respiración del tontatta y del buccaneer.
Ubbe sonrió otra vez, una sonrisa cansada , pero llena de verdad.
-Tenéis valor… y eso no se enseña. Así que cuando algún día seáis más fuertes, cuando tengáis el poder para plantarme cara de verdad… buscadme.-
Se incorporó, soltando un leve resoplido por la nariz.
-Me encantaría volver a pelear con vosotros, pero la próxima vez… sin agarrones, ni trampas. Sin pillar a nadie durmiendo, solo nosotros y nuestros puños y armas. 
Y se quedó quieto, esperando la respuesta. Su puño aún cerrado, pero el pulso ya no pedía sangre. Pedía respeto.

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1109 - 390 = 719
Energia: 1899 + 14 = 1913
Espiritu: 585 + 0 = 585
#13
La nube de polvo todavía flotaba cuando Ubbe, con la calma de quien mide cada paso, avanzó directo con un salto hacia donde había creído ver a Chip. Sin darse cuenta, su bota enorme pisó justo la trampa que el arquero había colocado en una línea estrecha entre él y el tontatta. Al contacto, la película que ocultaba el engaño se rompió con un sonido profundo y un quejido llenó el bosque. La bota se hundió un poco, y las pequeñas agujas de madera se clavaron en la suela del pie del buccaner. Por un instante parecía que aquello lo frenaría, pero apenas sí sintió nada.

La masa de músculo que tenía delante no era fácil de inmovilizar. Ubbe torció la cadera, clavó la otra bota en la tierra y, con un movimiento colosal, arrancó la pierna hacia adelante como si de una palanca se tratara. El pegote de tierra con alguna pequeña gota de sangre lanzó un chorro marrón a su alrededor y parte de la tierra y las hojas de la cubierta permanecieron pegadas al talón, pero la inercia del gigante era demasiada.

El puño cayó. Buscó a Chip entre la nube, y lo encontró. El arquero permanecía aun de pie, magullado, con el arco temblando en las manos, y allí, el golpe lo encontró de lleno. Sonó un impacto pesado que hizo vibrar las hojas, y el pequeño cuerpo salió disparado como una muñeca rota. Voló un par de metros metros, pues ya no le quedaban fuerzas para oponerse al desplazamiento y la inercia, y rebotó contra un tronco, quedando tendido boca arriba sobre la hojarasca, respirando con sacudidas lentas que decían más de su agotamiento que del dolor que seguro sentía. Sus ojos permanecían entreabiertos, como si se negara a cerrarlos, pero incluso al parpadear parecía que le costaba enfocar.

La trampa no había evitado el impacto, solo había añadido barro y resina al espectáculo, junto con algo más de furia gigante desmedida. Ubbe clavó la mirada un segundo en la figura caída, como comprobando que no fuera un movimiento tramposo, y luego retiró lo que quedaba de la trampa de la bota con una simple zancada, dejándola en el suelo.

Dentro del puño, Chop notó el movimiento, así como los músculos del gigante tensándose, una rotación, la sensación de que el mundo le golpeaba desde fuera aún estando ahí dentro. El puño lo zarandeó de nuevo, la oscuridad le latía en los oídos. Cada inhalación era un esfuerzo que le dolía en las costillas. Escuchó el golpe que dejó a Chip en el suelo y, por pura fuerza, volvió a apretar los dientes y a morder hasta que el sabor a hierro le llenó la boca. Pero el oxígeno se le iba, la presión no cedía, y su cuerpo ya no respondía con la misma rabia de antes.

En el claro, el silencio se hizo más pesado. Chip, tendido, notó como la fuerza le abandonaba en oleadas constantes. El latido en las sienes, el pulso lento, la respiración agitada. Sabía suficiente medicina para entender que había alcanzado su límite.

Entonces, las palabras del gigante alcanzaron esta vez al pequeño tontatta en lugar de sus golpes. Aquel enorme y poderoso adversario los estaba elogiando, los estaba reconociendo como formidables guerreros. ¿Qué más podían desear dos pequeños exploradores sino aquello? 

Su vista se nubló por momentos. Respiró hondo una vez, buscando aire, y entonces habló, con la voz rota y firme a la vez.

-¡Chop, Chop… Lo siento...! -Murmuró, con cada palabra costándole trabajo, hablando con su amigo. -¡Me rindo… Me rindo, baby! -Casi con congoja en su tono, el pequeño finalmente había asumido lo inevitable.

Dentro del puño, el gruñido de Chop fue apenas un hilo. Sus manos intentaron aún encontrar un hueco, pero la presión ya no le permitía moverse con la violencia de antes. Sus ojos se humedecieron al oír a su amigo, y entendió lo que los dos sabían desde que habían sentido el verdadero poder del gigante. Seguir luchando era lo mismo que pedir la muerte.

-¡Chip, Chip… No tienes que disculparte... Ha sido culpa mía! ¡Me cogió y no pude protegerte como siempre hago! -Jadeó Chop con voz débil. -¡Me rindo…! ¡Nos rendimos, baby! ¡Suéltame y no lucharemos más!

Hubo un silencio absoluto, luego el leve crujido de la piel al acomodarse en la mano. Ubbe notó la rendición en la voz de Chip y el cansancio que desprendía. Miró al puño donde el pequeño se aferraba, y por un largo segundo la dureza de su rostro se suavizó como una roca mojada. Con un movimiento controlado, inclinado el cuerpo, abrió los dedos con cuidado y dejó caer a Chop sobre la hojarasca, lo más delicado que podía ser aquel gigante en ese gesto.

Chop salió expulsado entre hojas, tosió y vomitó un poco de sangre. Tenía la cara más pálida de lo habitual, las costillas subiendo y bajando con dificultad con jadeos por recuperar el aire. Miró a Chip en el suelo, éste le devolvió la mirada con ojos vidriosos pero serenos, y ambos, sin más palabras grandilocuentes, asintieron.

Off
#14
El silencio se había apoderado del claro.
Ni los insectos se atrevían a romperlo. La lluvia, fina y persistente, había vuelto a caer, empapando el suelo cubierto de barro y hojas rotas. El olor a sangre se mezclaba con el de la tierra mojada, formando una niebla tibia que lo envolvía todo.
Ubbe permaneció quieto en mitad del desastre, respirando despacio, con el pecho desnudo. Sentía el latido aun retumbándole en las sienes, pesado, rítmico, como un tambor de guerra que se negaba a apagarse. Frente a él, los dos diminutos guerreros seguían allí. Destrozados, sí, pero vivos.
Abrió el puño con cuidado, los dedos marcados con pequeñas mordidas y sangre seca. Chop cayó entre las hojas, rodando apenas hasta quedar sobre el costado. El tontatta tosió con fuerza, el cuerpo arqueándose al recuperar aire, el pecho subiendo y bajando como un fuelle. Chip, a pocos metros, seguía tumbado, intentando incorporarse pese a los temblores.
Ubbe los observó en silencio durante un largo momento. Había rabia aún en su mirada, pero era una rabia distinta. Ya no buscaba aplastar. Era algo más viejo, más instintivo.
Reconocimiento.
Se pasó una mano por la cara, limpiando el agua y el sudor. El aire salía de sus pulmones como si cada respiración pesara una tonelada. Y, sin embargo, en sus labios había una leve curva. No era burla. Era respeto.
-Heh… -murmuró apenas, dejando que su voz se perdiera entre la lluvia-. Habéis sabido aguantar.
Dio un paso atrás, el suelo vibrando levemente bajo sus botas. La tormenta le empapaba el pelo, cayendo en mechones oscuros sobre la frente.
Levantó la vista al cielo gris, luego volvió a mirar a los dos pequeños, que lo observaban desde el barro, exhaustos pero aún con fuego en los ojos.
-Tenéis agallas, babies… -dijo finalmente, con voz grave y calmada-. De las buenas. De las que no se compran ni se enseñan.
Se giró un poco, como si ya estuviera dispuesto a marcharse, pero se detuvo.
-Nos volveremos a ver. Y cuando pase, quiero que estéis más fuertes. Que podáis darme una pelea de verdad.
El tono no era una amenaza, sino una promesa.
Ubbe no lo dijo, pero algo dentro de él lo sabía: aquellos dos diminutos guerreros le habían recordado lo que más amaba del mundo. No ganar, no matar.
Pelear, pelear hasta el final, sentir la valentía de tu contrincante e intentar superarle en todo momento. 
Se quedó mirando a los tontattas, esperando su respuesta antes de partir a la costa de la isla. 

INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 719 - 125 = 594
Energia: 1913 + 14 = 1927
Espiritu: 585 + 0 = 585
#15
Por un momento, la lluvia fue lo único que habló. Gotas finas cayendo sobre hojas rotas, sobre la piel magullada de los dos diminutos guerreros y sobre la espalda enorme del coloso. Cada respiración de los tontatta era un pequeño triunfo que les recordaba que seguían vivos, y cada jadeo, una promesa de que volverían a luchar otro día.

Chip fue el primero en moverse. Se apoyó en su arco como si fuera un bastón, arrastrándose por el barro que se formaba cubriéndole hasta las rodillas, con la mirada fija en aquel gigante que se erguía bajo la lluvia. Luego, dio un paso hacia adelante, tambaleante pero firme, y levantó la mano en un saludo torpe.

-¡Chop, Chop…! -Jadeó, sin apartar los ojos de Ubbe. -¡Esta vez nos has ganado...! ¡Pero aún no hemos terminado contigo, baby! ¡La próxima vez no te lo pondremos tan fácil! -Con una sonrisa sincera, aquella promesa no era una amenaza ni pretendía serlo, sino la expresión más pura de su voluntad de volver a verse.

El otro tontatta, todavía tosiendo y con la voz ronca, soltó una carcajada débil, esa risa típica de quien no sabe si va a reír o a desmayarse. Se limpió la sangre del mentón con el dorso de la mano y asintió.

-¡Chip, Chip… Tiene razón! -Gruñó Chop, levantando un puño diminuto en el aire. -¡Los Tontatta no olvidan y nunca se rinden! ¡Entrenaremos hasta que nuestros golpes te hagan caer de rodillas, gigante!

Ubbe, inmóvil, probablemente los vería con esa media sonrisa cansada, ladeando la cabeza apenas. El agua resbalaba por su barbilla y caía en la tierra formando pequeños charcos, limpiando el sudor de la contienda, así como toda la tensión del ambiente, pues Ubbe sin duda entendería que aquella era una promesa de guerreros, no de enemigos.

Chip echó un vistazo a su compañero, le tendió una mano, y juntos, con paso lento pero decidido, comenzaron a alejarse entre los helechos. La lluvia apagaba sus huellas casi al instante, pero sus voces aún se oían entre los árboles.

-¡Chop, Chop… cuando volvamos, seremos más grandes que esta selva entera!

-¡Chip, Chip… y entonces, te aseguro que ese gigante tendrá que mirar hacia arriba para vernos!

Sus risas diminutas se perdieron entre el rumor del bosque, ahogadas por la lluvia, pero persistentes, llenas de vida.

Ubbe pudo seguirlos con la mirada hasta que sus siluetas desaparecieron entre los troncos lejanos, perdiéndose más allá rápidamente en la espesura de la selva de Little Garden. Sabía que estarían bien, eran duros, de eso no había duda.

Desde ese día, ninguno de los tres sería el mismo. Ubbe había aprendido el coraje de los pequeños, y aquellos valientes aventureros el poder de los Buccaner.

Off
#16
La lluvia seguía cayendo, fina, constante, lavando el barro, la sangre y el cansancio.
Ubbe no se movió mientras los veía hablar. Los pequeños apenas eran dos manchas de barro entre raíces, respirando a duras penas, pero seguían erguidos. Aquello bastaba.
El gigante ladeó la cabeza, observándolos en silencio. La sonrisa volvió a su rostro, una de esas que no mostraban dientes, pero pesaban más que cualquier palabra.
El saludo de Chip y el puño en alto de Chop le arrancaron una exhalación que sonó casi a risa.
- Heh... así me gusta, babies -murmuró, apenas audible entre el repiqueteo de la lluvia- No dejéis que nadie os quite esas ganas de pelear.
Los observó marcharse, paso a paso, tambaleándose pero sin rendirse. Sus voces diminutas se mezclaban con el rumor del bosque, tan débiles y tan vivas a la vez que, por un momento, el silencio de la selva pareció respetarlas.
Ubbe se quedó quieto hasta que las siluetas se perdieron por completo entre los árboles.
Entonces, soltó el aire y se agachó, tomando un puñado de barro entre los dedos. Lo apretó con fuerza hasta que el agua escurrió entre su palma.
- Chik y Chok... -repitió, como saboreando los nombres-. Cuando nos volvamos a ver, no solo vosotros seréis más fuertes...
Dejó caer el barro y levantó la vista al cielo gris. La lluvia le golpeaba el rostro, fría, vivificadora. Su pecho subía y bajaba despacio, tranquilo, satisfecho.
No había perdido. Tampoco ganado. Solo había peleado. Y eso, para él, era suficiente.
Con un gruñido bajo, se giró y comenzó a caminar hacia el interior de la selva. Cada paso levantaba pequeñas salpicaduras en el agua estancada.
A su espalda, el claro quedaba vacío, pero el eco de aquella promesa se mantenía vivo.
La próxima vez no serían enemigos. Serían guerreros que se habían ganado el derecho a encontrarse de nuevo.

INFO
#17
AVENTURA INVALIDADA


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