[FIC-Navegación][Presente absoluto] (+18) Dispuestos a destruir el Mundo
#1
Día 57 de otoño. Partida el 57 y llegada el 59

No tengo claro que hora es. Las estrellas todavía se mantienen firmes en el cielo, pero una pequeña franja luminosa empieza a dibujarse en el horizonte. El Sol está a punto de salir y conquistar el cielo una vez más, aunque aún no se deja ver. Cobarde.
Paseo por el borde de la costa, una playa infinita de arena fina. Me suena que atraqué a Veðrfölnir por aquí, cerca del campamento improvisado de Ubbe. Las olas son suaves. Probablemente teman entrar en esta isla, y lo entiendo. Si algo me ha demostrado Little Garden es que no es un lugar para todos, aquí solo sobreviven los más fuertes. Yggdrasil se arrastra por el suelo dibujando una linea interminable que ya no recuerdo ni donde empezó. A su lado, un sendero de pies cansados, casi arrastrados por el agotamiento que llevo encima.

Algo llama mi atención poderosamente. Una figura medio enterrada en la arena se mueve y grazna de forma estridente. Me acerco curioso, esperando que sea algo que llevarme a la boca. Y para mí sorpresa, lo es. Como una ironía del destino más, una especie de gaviota borracha se ha estrellado en las costas equivocadas. Es la mar de maja, porque lleva sombrerito, una bolsa y un montón de papeles. Parece. Periódicos. El animal parece alegrarse de verme, con una cara evidente de haber consumido algo que no le ha sentado bien. Parece hacer una especie de saludo militar al verme sonreír, pero creo que no se está enterando de la película. Con gesto rápido, la engancho por todo el cuerpo, la agito boca abajo para que se le caigan los papeles y antes de que pueda volver a graznar, me la meto entre pecho y espalda, con indumentaria incluida. Me sabe a poco y a mierda. Pero no está de más llenar el estómago con algo.
Me fijo que los papeles de animal no son simples cartas sin valor. Parecen periódicos llenos de información y carteles de "Se Busca". Los recojo como puedo y, en efecto, es el último boletín de soplapolleces del Gobierno. Vamos a ver qué pone...
Reacción de Sigurd al periódico

Ha sido la polla... Por fin hacen bien su puto trabajo. Me lo guardo en el cinto, orgulloso y satisfecho. 

Camino durante varias horas más. El Sol ya se ha dignado a aparecer, aunque aún se ven resquicios de estrellas y la luna ha decidido quedarse un poco más. Ahí está, tenue, pero presente. Pese a las horas de paseo y al cansancio acumulado, me encuentro con más ánimo y altivo. No sé si ha sido el saber que me temen o lo nutritivo del palomo moribundo, pero me encuentro con más energía. 
Y ahí está... En la distancia aprecio un enorme cadáver al lado de una tienda de campaña cochambrosa. Una sonrisa de oreja a oreja se me planta en la cara y empiezo a correr con todo, agitando los brazos y gritando el nombre de mi pana Buccaner. -¡¡¡UBBE!!!- no dejo de repetir -¡¡¡UBBE, HIJO SE PUTA, ESTOY AQUÍÍÍÍ!!! ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- En el mismo sitio donde lo dejé, se alza imponente Veðrfölnir, esperando a su navegante para seguir viviendo aventuras legendarias. Ya embarcado puedo ver a mi hermano de batalla, Ubbe, poderoso Bucanero, que ha llegado antes que yo.

Con su ayuda, subo de vuelta a la cubierta de mi barco. Está tan esplendoroso como lo dejé. Con rasguños, partes rotas y alguna telaraña. Pero esplendoroso igual. Me atrevería a decir que incluso lo veo más limpio. De los 4 dedos de polvo que sacaba antes, creo que ahora saco dos. O la tormenta lo dejo niquelado o Ubbe le ha pasado un trapito. 
-Vive con honor...- le suelto al acomodarme, saludándolo chocando mi mano con su antebrazo y viceversa. Cuando termina de cerrar el lema, como si fuera ensayado previamente, le suelto un abrazo con unos poderosos, viriles y masculinos toques en la espalda. -Pensaba que te encontraría muerto por ahí, capullo. ¡Jarul Jul Jul Jul...!- 
El ambiente es familiar y afano. Sin duda, confirmo he encontrado a mi compañero de aventuras. Quién me iba a decir a mí que, en esta isla que casi me arrebata la vida, encontraría a mi hermano de otra madre. Hablamos de nuestras hazañas por separado, de cómo nos ha ido, de cómo a mí casi me matan y mientras él ha salido victorioso de sus múltiples encuentros. En una de estas, mientras me apoyo en el mástil mayor para recostar la espalda, siento la presencia de algo en mi pantalón. Es el periódico. Me vuelvo a emocionar al recordar lo escrito y corto la conversación para hacerle saber a Ubbe lo que pone. -Ostia, escucha, escucha...- interrumpo mientras me saco del bolsillo los papeles. -Mamónazo, mira lo que pone. ¡TIENES RECOMPENSA POR TU PUTA CABEZA! ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- 
Tras su reacción evidente, digna de la tribu más fuerte del mundo, no hay tiempo que perder. Toda conversación queda en segundo plano y la prioridad es avanzar y seguir haciendo crecer nuestra leyenda. -¡Vamos Buccaner, levanta el ancla mientras extiendo las velas. Voy a llevarte a los confines del mar para demostrarle al Mundo que somos los más fuertes!- grito, imperativo pero feliz, deseoso de nuevos conflictos. -¡¡¡ES HORA DE ZARPAR!!!-

Datos de interés
#2
La jungla había quedado atrás cuando Ubbe emergió de entre los árboles, cargando sobre el hombro la presa que había cazado por el camino: un reptil enorme, con la mandíbula colgando y el cuello marcado por el peso de los dedos del buccaneer. No sabría decir cuántos días llevaba en Little Garden; las peleas contra dinosaurios, el encuentro con el melenas, los marines, y la batalla contra los dos diminutos guerreros se mezclaban en su cabeza como un único y largo combate. 
Sus pasos le devolvieron hasta la costa, donde el navío de Sigurd seguía esperándole. Subió escalando por el lateral y dejó la presa sobre la cubierta como si fuera un saco de patatas. Tenía pensado desollarlo más tarde. Mientras rebuscaba agua dulce en el barco, un olor pestoso le golpeó la nariz. Bajó a la bodega, y allí encontró a una mujer atada, ya muerta, con el cuerpo hinchado por el inicio de la descomposición. Ubbe la observó un instante, sin asco, solo evaluando. Le registró por si tenía algo de valor encima, pero al no encontrar nada útil la cogió por los tobillos y la arrastró hasta cubierta. No tenía intención de dormir con ese olor. -No vas a mejorar el ambiente aquí abajo, baby -murmuró antes de lanzarla por la borda. El cuerpo cayó al mar con un chapoteo seco y desapareció en la oscuridad del agua. Subió de nuevo, bebió, comió algo de su caza y, agotado, se tumbó en cubierta. El saco con el dinero de la transacción con James ya estaba guardado desde hacía días en el navío, así que cerró los ojos y durmió profundamente bajo las nubes, dejando que los rayos de sol limpiaran de su piel el cansancio de la isla.

Despertó con el eco de una voz conocida que rompía el silencio del amanecer. Ubbe se incorporó, se desperezó con un gruñido y se apoyó en la barandilla justo cuando Sigurd surgió de la playa como un demonio desatado, gritando su nombre. Le esperó de pie y, cuando el berserker llegó a la borda, Ubbe alargó el brazo y lo agarró con firmeza para ayudarle a subir. Solo entonces chocaron antebrazos con fuerza, en un saludo épico como pocos, y se dieron un abrazo viril que sonó a golpes más que a afecto. -Muere con gloria -respondió Ubbe al lema de Sigurd, completándolo sin dudar. 
Hablaron de sus caminos por separado en la isla, y cuando Sigurd sacó los papeles empapados, Ubbe arqueó una ceja. Al ver su propia cara impresa en el cartel de “Se Busca”, sintió algo parecido a un fuego antiguo encenderse bajo la piel. No sonrió como un loco; al contrario, una media sonrisa peligrosa cruzó su rostro, lenta, orgullosa. Aquel papel significaba algo. Había estado peleando toda su vida, rompiendo huesos del que se creyera más fuerte… era cuestión de tiempo que el mundo empezara a fijarse. -Ya era hora... -murmuró, con tono satisfecho. Pero entonces vio el cartel de Sigurd. “Carnicero de Whisky Peak”. Ubbe lo miró, luego lo miró a él, y su sonrisa se ensanchó aún más. No era envidia. Era orgullo. Estaba compartiendo viaje con alguien que ya hacía temblar islas enteras. -Eso sí es un título, baby. El mundo empieza a entender de que estamos hechos -  GAHAHAHAHA

El sol brillaba por completo cuando empezaron a preparar el barco para zarpar. Ubbe recogió los cabos y subió el ancla tirando de la cadena con las manos desnudas, como si de subir una cortina se tratase, ajustó la presa de caza a un lado de la cubierta para despiezarla luego, y mientras Sigurd hablaba sobre viajar a los confines del mar, él lanzó un vistazo al horizonte que dejaban atrás. Little Garden había sido un campo de prueba. Un lugar que les había intentado matar a cada paso. Pero también había sido un recuerdo de por qué existían tipos como ellos. -Ah, por cierto -dijo Ubbe como quien comenta el clima, mientras levantaba el ancla sin esfuerzo aparente-. Encontré una mujer muerta atada en la bodega. Apestaba. La lancé al mar. -lo dejó caer con un tono neutro y una chispa de humor negro, como si hablara de tirar pescado pasado. No dio más detalles; no le interesaban las historias de cadáveres ajenos. Cuando las velas se hincharon y el barco comenzó a moverse, Ubbe apoyó un antebrazo en la barandilla y añadió, sin apartar la vista del horizonte-. GAHAHAHA, ¿¡quién me iba a decir a mí que ahora navegaría en un pedazo de barco como este?! Y con un hermano de guerra como tu! - Ubbe miró a su nuevo amigo con confianza - Buah, van a flipar el día que el mundo se entere de que somos colegas GAHAHAHA. 
Sus ojos brillaron con ese fuego que solo nacía cuando olía pelea en el aire. Aunque su tono era calmado, quemaba por dentro la promesa de gloria futura. Estiró el cuello, escuchó crujir sus vértebras y terminó, casi, como una profecía personal.- Esto solo ha sido el principio, baby.

INFO
#3
El reencuentro con Ubbe es de otro mundo. La conexión entre ambos es casi mística. No hay jerarquías ni mandos, solo dos colosos de la raza más poderosa de la Tierra con ganas de causar el mayor desastre posible y pasarlo bien. Una locura, si me preguntas.
Con todo dicho, empieza nuestra nueva travesía por el ancho mar, siguiendo la corriente que nos guía por la Gran Line. No sé cual es nuestro siguiente destino, pero la isla que veamos, la isla donde atacaremos. Musashi puede estar en cualquier lugar, esperando. No puedo fallar a mi palabra, he de encontrarlo. Y en el proceso, crecer mi leyenda con sangre y caos.
Es hora de dirigir este chisme, no hay tiempo que perder. Cuando Ubbe alza el ancla a peso muerto, me voy corriendo al timón. -Lanza un cabo por la amura de estribor y baja a empujar desde la popa hacia atrás para mover esto. Yo coordino la dirección desde aquí.- le sugiero a mi pana. Su tarea es la más dura. Bajar y empujar un navío para ayudar a meterlo mar adentro mientras el viento acompaña. Lo haría yo, pero él no sabe manejar uno de estos y yo sí. Haber estudiado.
Empujados a mar abierto y con Ubbe de nuevo, me voy hacia la vela del mástil mayor. Desato el nudo de la vela mayor y esta cae a plomo. El viento impacta contra ella y la curva, empujando la embarcación a toda mecha. Rehago el nudo y marcho de nuevo al timón. -Pillamos buen viento compañero, esto nos ahorrará días de viaje. ¡Jarul Jul Jul Jul...!- me río con el deseo de nuevas aventuras, mientras miro al horizonte. Con delicadeza, coloco el Log Pose sobre la mesa auxiliar que tengo a la vera del timón, junto al Den Den Mushi, por si suena. Con la brújula apuntando al infinito, sigo la senda marcada que me conduce al horizonte. -Pilla algo de la bodega y cocina algo guapo. Yo manejo esto en la dirección que toca. No por nada, sino porque como lo tenga que hacer yo, capaz y nos envenenamos. ¡Jarul Jul Jul Jul...!- me descojono con la simple idea de preparar algo que pueda tener buen gusto. -¡Ah, por cierto! El camarote de la derecha es el tuyo. Para ti todo todito. Puedes hacer lo que quieras con él y en él.-


Llevamos capaz un par de días navegando. Se manejar el barco, pero tampoco voy contando los días. Me encuentro descansando en el camarote, atento al Log Pose por si Veðrfölnir vira lo más mínimo, corregir el trayecto. En la pared, una gran bandera púrpura con un Sol llameante en el centro. Un vestigio de aquellos que me dió un título en el mar. En mis manos, unas pinzas artesanales agarrando un pezado de cascarón roto de dinosaurio con adhesivo por los bordes. Con precisión quirúrgica, los voy enganchando para reconstruir el huevo y tenerlo como una figura de artesanía única y la prueba de que estuvimos peleando contra verdaderos dinosaurios. El más mínimo error y podría cargarme la pieza.
Un grito interrumpe la sesión de manualidades. Un grito grave que proviene desde las alturas. Un grito que asegura ver tierra a lo lejos. Salgo del camarote a toda prisa, dejando a medias el proyecto ArtAtakk y veo a Ubbe subido en la cofa del mástil de popa. En efecto, tierra a la vista. Tierras nevadas, para ser exactos. Desde aquí se ven las altas montañas nevadas, todas envueltas en una neblina de nubes que parecen tormentas de nieve. He oído de este lugar antes. Los compañeros de mi padre decían que en La Gran Linea había un lugar que les recordaba a su hogar, un sitio donde jubilarse y sentirse como en casa, pero alejados de sus mujeres. La isla de Drum y su eterno invierno.
-Ubbe, baja y empieza a subir las velas.- ordeno mientras empiezo a colaborar en la tarea y recojo con la cuerda la vela del mástil mayor. -¿Sientes ese frío? Si nos alcanza con las velas bajadas, nos empujará a tomar por culo.- Con la vela subida, corro raudo al timón para enfrentar los vientos gélidos que cada vez están más presentes. -¡Hemos llegado a destino, camarada!- grito mientras manejo con firmeza. -Engancha algo de abrigo y prepara tus cosas, porque vamos a atracar en la archiconocida tierra de las nieves, la Isla de Drum.-
Continuará...


Datos de interés
#4
La cubierta del barco crujía bajo el peso de Ubbe mientras este rumiaba, por primera vez en mucho tiempo, algo parecido a un pensamiento profundo. El mar abierto se extendía como una cicatriz infinita, y el gigante lo observaba con el ceño fruncido, como si buscara en el horizonte alguna respuesta. Era extraño. Hasta hacía nada, despertaba en islas desconocidas, cazaba, se peleaba, dormía en cuevas húmedas… y ahora navegaba con otro como él. Buccaneer con Buccaneer. Una coincidencia improbable en un mundo que hacía tiempo que los quería ver muertos. Gruñó en voz baja, sin saber si aquello era buena señal o el prólogo de alguna calamidad. Pero había algo… algo que se clavaba en la carne como un recordatorio: aquella sensación de que el mundo empezaba a reaccionar a su existencia. Los carteles, los nombres, las batallas. Abrió y cerró la mano lentamente, viendo los nudillos marcar sombra. Pelear había sido siempre natural para él. Ahora, por primera vez, parecía tener dirección. Y eso le incomodaba casi tanto como le emocionaba. ¿A dónde le llevaría la estela de Sigurd en este vasto mundo?

En algún punto del viaje, Ubbe se había sentado con Sigurd en cubierta y, entre risas y golpes en la espalda, le había contado todo lo vivido en Little Garden: las cazas con los dinosaurios, los tontatta diminutos mordiéndole los dedos sin miedo… y por supuesto, los marines. Cuando mencionó eso, sus ojos brillaron con electricidad, odiaba a esos hijos de puta. Sin decir ni una palabra, sacó de su saco una gorra endurecida por la sangre seca. La tiró a los pies de Sigurd con una sonrisa de medio lado.

Trofeo de caza, baby. Te dije que traería algo gordo. – Era la gorra del más insistente de los marines que había intentado arrestarlo en mitad de la jungla. Un recordatorio perfecto del desafío que ambos se impusieron el día en que se conocieron, aquel pacto que habia quedado en segundo plano tras el robo de los huevos. La risa de ambos retumbó como cañonazos entre olas. El barco se convirtió por unos minutos en una taberna vacía, llena solo de ecos y orgullo. Luego, conforme el viento gélido empezó a morder la piel, Ubbe trepó a la cofa para otear el horizonte. Cuando gritó tierra, la palabra abrió un nuevo capítulo. El gigante bajó de un salto y, mientras Sigurd daba órdenes, Ubbe se enfundó algo parecido a un chaleco grueso de piel, abierto de par en par en el pecho, pantalones largos y botas militares que crujían con cada pisada. No era un hombre de abrigo. Era un hombre que hacía que el frío temblara primero.
Mientras ayudaba a recoger velas y ajustar cabos, no pudo evitar sentir la sangre agitarse ante la visión de Drum: montañas nevadas, nubes engordadas por tormentas heladas, un silencio hostil que prometía desafíos.
- Huele a pelea buena – Masculló, más para sí que para Sigurd. Al pasar junto al navegante, añadió con una sonrisa lenta – Si lo que hay ahí fuera es fuerte, quiero ser más fuerte que eso. Si no… lo buscaremos hasta encontrarlo. – Escupió al mar, apretó los nudillos hasta que crujieron y miró la costa aproximándose.

[*]- Y cuando el mundo hable de los que llegaron a Drum hoy… ¡todos temblarán! GAHAHAHAHA –
Los dos gigantes trabajaron en perfecta sincronía; uno guiaba, el otro empujaba, la embarcación obedecía. Era casi insultante lo bien que funcionaban juntos sin haberlo decidido jamás.
La isla estaba a un par de minutos ya. Ubbe se plantó en proa, el viento golpeándole el torso desnudo bajo el chaleco.
- Let's go baby. – gruñó, con la sonrisa común del bucanero- Que ganas tengo de reventarlo todo!!
Y el barco siguió avanzando, como si el mar mismo supiera que venían problemas.


INFO
#5
Cita:
Resultado del viaje:

Zona:
- Paraiso Pre-Skypiea
Riesgo (+6)
Navegante:
- Sigurd Haakon
Navegante Nivel 2 (-2)
Barco:
- Carabela 
Mejora 1 (-2)
Riesgo total: +2
- Carabela sufre 2000 PVs de daño



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