[Fic] Que puto asco de hombre. [Pasado]
#1
Día 3 de invierno del año 6
Isla perdida del South blue


Como siempre el olor era nauseabundo, la madera había asimilado el aroma de puta de cada borracho que frecuentaba esta taberna. Pero pese a ello era bastante acogedora, con columnas y vigas se madera adornadas con detalles y grabados rúnicos. Miles de antorchas iluminaban cada rincón y el sonido era tan ensordecedor que unos apenas podía escuchar su propia voz. Estaba repleta, gente cantaba y reía, bebía y comía sin importarles cuánto gastaban o la resaca del día siguiente y dentro de todo ese ambiente estaba yo. Recostado en un sofá tapizado con piel, mal material para una taberna si me permitían opinar pero al menos era cómodo.
Sin camiseta, pantalones de cuero y borracho como una cuba estaba descansando, con mi cabeza apoyada sobre las piernas de una mujer, a la cual veía con el rostro difuminado. -Joder si que pega fuerte el licor de mandrágora… Al menos estoy en buenas manos… Pareces como un ángel enviado para sacarme de los infiernos. -No quería seducirla, no tenía la cabeza como para pensar en ligar esa noche. Solo quería descansar un poco para que se me bajara la cogorza y continuar con la fiesta.

Pero por desgracia no necesité mucho tiempo para que eso pasara. Unas pisadas fuertes sacudieran mi cerebro, me llevé las manos a la cabeza quejándome y queriendo ignorarlas hasta que escuché esas palabras y ese nombre que solo un par de personas conocían. ¡IKARUS, QUE ALEGRÍA VERTE AQUÍ QUE CASUALIDAD! -Al escucharlo pegué un salto que caí del sofá, la chica con la que estaba se asustó y se marchó de la escena, el corazón me iba a mil al ver su figura. Era un tipo alto y corpulento, de aproximadamente unos tres metros. Pelo corto morado y iba vestido con traje y americana ceñida, nunca le había visto tan elegante. -Joder mierda, no grites tanto papá. Y no me llames por ese nombre. -Miré a mi alrededor y nadie parecía estar prestando atención, nadie parecía haberlo escuchado, o al menos no les importaba en lo más mínimo. -Ahora me llamo Iggy, no quiero que nadie sepa el nombre que tú me pusiste… -Le dije volviéndome a sentar en el sofá como pude. -Además siempre que vienes a verme nunca es casualidad, ¿Qué es lo que quieres viejo capullo? -Escupí al suelo en señal de disconformidad. 

Él al escuchar mis palabras pegó un golpetazo en la mesa enmudeciendo a todo el local de golpe. -!A MÍ NO ME TRATAS ASÍ ENANO DE MIERDA! !Y TE LLAMAS COMO YO QUIERA! ¿ACASO TE CREES UNA ESTRELLA DEL ROCK O ALGO ASÍ? !A LO MÁS LEJOS QUE VAS A LLEGAR EN LA VIDA ES A SER UN PUTO CADAVER ENCONTRADO EN UN VERTEDERO AL QUE NADIE VA A RECLAMAR! -A cada insulto hacía gestos de director de orquesta como si lo que dijera fuese música para mis oídos cuando en realidad a cada palabra sentía una punzada amarga en mi estómago. Toda el mundo ya nos estaba mirando, y mira que me gustaba ser el centro de atención, pero no de esta forma.

-Encima no te pongas a hacer gestos estúpidos como si no te importara una mierda lo que te dijera Ik… -Antes de que pudiera incluso terminar la frase me levanté trastabillando para contestarle. -!QUE NO ME LLAMES POR ESE NOMBRE JODER, QUE YA NO ME LLAMO ASÍ!

Él respiró fuerte, se le marcaba la vena del cuello por lo que supuse que se estaba controlando por no meterme un guantazo en ese mismo instante. Nos quedamos mirándonos mutuamente durante unos segundos que se hicieron eternos. -Vamos fuera, quiero comentarte una cosa. -Dijo algo más calmado, señalando la salida para que le acompañara. Según el ambiente entre nosotros se calmó la taberna volvió a su mismo estado habitual de gritos, música y jolgorio.

-Joder que puto frío… -Exclamé al salir del local, era de madrugada, el cielo nocturno cubría nuestras cabezas y el sonido de insectos en la lejanía llenaba nuestros oídos. -Deberías ponerte una camiseta. -Contestó quitándose la americana y cediéndomela. -¿Por qué estás tan amable? Nada más llegaste al verme me saludaste con alegría, eso es que quieres algo de mí o algo malo pasa. -Él hizo un gesto de disconformidad, frunció el ceño y apartó la mirada. -¿Qué ha pasado? -Preginté envolviendo mi cuerpo con la americana, la borrachera ya se me había pasado con toda esta adrenalina que estaba sintiendo. -¿Hace cuanto te fuiste de casa? -Él preguntó con un tono y un gesto compungido. 

Saqué mis dedos y comencé a usarlos para calcular. -Yo que sé tendría unos… ¿catorce? Ahora tengo diecisiete así que supongo que tres. ¿Qué ha pasado? -A pesar de la presa de ropa que me había dejado mi padre se me volvió a helar la sangre. Le miré con terror, al mencionar mi hogar, aquella isla en el cielo donde nací me imaginé lo peor. -Mamá… ¿Está bien? -Traté de parecer lo más calmado posible pero mi mirada me delataba el sonido de ambiente del interior de local, el cual aún teníamos al lado de enmudeció en mi cabeza mientras los peores escenarios comenzaron a pasar por mi mente, y al ver que él no contestaba me puse aún más nervioso. -!RESPONDEME SI MAMÁ ESTÁ BIEN HIJO DE PUTA! -Volví a chillarle, raspando mi garganta en desesperación. -NO, !NO ESTÁ BIEN! ¿QUÉ PENSABAS QUE PASARÍA SI TE IBAS SIN AVISAR? SIEMPRE HAS SIDO UNA PUTA DESGRACIA Y POR TÚ CULPA AHORA TU MADRE SE ESTÁ MURIENDO. 

Quise responderle, apreté los puños con rabia mientras mis ojos comenzaban a ponerse vidriosos, contuve las lágrimas porque sabía que me había portado como un capullo. Él también y por eso le odiaba, él también nos había abandonado a mamá y a mí cuando yo era un crío, él había hecho lo mismo, se lo quería recriminarle por cara. Pero no el único instinto que me salió fue abrazarle y llorar, llorar desconsoladamente en su pecho. -Tú también has sido un capullo, sé que has engañado a mamá más de una vez, sé que… -Callé de golpe al levantar la mirada y ver como él también estaba llorando. -Aunque te duela admitirlo somos más parecidos de lo que crees. -Esas palabras me dolieron más que ninguna porque sabía que tenía razón, y no me dolían por eso. Me dolían porque yo le odiaba, odiaba a mi padre y su forma de ser. Pero si le odiaba a él también me odiaba a mí algo que mi orgullo y ego desmedido no me dejaba hacer.


La noche se me hizo corta, a partir de entonces, nos fuimos de todo el jaleo, subimos a una colina a ver el amanecer. Tumbados sobre la hierba húmeda, abriéndonos el uno con el otro. Era cierto que siempre le odiaría, es cierto que me parecía un capullo sin remedio pero. Tenía ciertos ápices de hacer algo bien que no podía negar que eran agradables. -No tardarás en irte, ¿cierto? -Le pregunté mientras trataba de atrapar el sol que ya asomaba por el horizonte con mis manos. -Me voy en unas horas, sabes que no me gusta pasar tiempo en el mismo puerto demasiado tiempo. -Suspiré, me tumbé del todo y reí. -Te preguntaría si vas a ir a ver a mamá pero sé que no. Ojalá pudiera volver allí arriba y ver su rostro una vez más. -Aquel hombre corpulento y fuerte se puso en pie estirándose. O al menos todo lo que su masa de músculos le dejaba estirarse. -Tienes razón, tengo otros asuntos que atender, y seguramente no tarde en pedirte un favor… Espero que no me tengas rencor pero quería que estuvieras preparado para lo peor, que si tú madre muere al menos estuvieras preparado. -Su voz era más amable que de normal, como si realmente hubiese disfrutado de este breve instante de paz dentro del mundo de caos que son nuestras mentes.

-Lo sabía… -Di la vuelta sobre mi mismo tumbándome sobre mi vientre para mirar como se iba alejando. -!ERES UN CAPULLO QUE TE FOLLEN TRES JABALÍES SALVAJES! -Le grité sacándole el dedo del medio con ambas manos. -!QUE TE FOLLEN A TI TRES GORILAS! -Reí al escuchar ese último comentario, levemente casi como un suspiro pero reí. Me sentía triste por la noticia, era posible que yo también haya sido egoísta yéndome de mi hogar sin consultar a nadie, sin pensar en cómo ella podría sentirse, pero ahora que sentía que ya no iba a estar allí cuando volviera me sentía arrepentido. Coloqué mi brazo sobre mis ojos y comencé a llorar, al menos aquí no me iba a escuchar nadie.
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