[T5 - Presente Absoluto] Cerezos manchados
#1
Día 63 de Otoño
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El Reino de Sakura, la capital de Drum. La ciudad del cerezo, dónde estos hermosos árboles siempre están en flor, dónde las vidas se conectan y entrelazan con la esperanza de proseguir... Como en cualquier lugar del mundo quizá. 

Pero hoy este reino, esta emblemática ciudad, sin saberlo, se convertiría en un campo de batalla. 

El desembarco de dos estrellas emergentes de la piratería, recientemente consagradas en el antiguo número del periódico mundial, habían desembarcado en Drum para seguir la senda de destrucción que les guiaba hacia el nuevo mundo. Aquellos dos hombres, conocidos como Sigrud "El carnicero de Whisky Peak" y Ubbe "La mole negra" - este segundo apodo inventado por vuestro humilde narrador - 

Por otro lado, en los últimos días, se rumoreaba que la marina había mandado a Drum, en busca de estos pendencieros al nuevo Capitán Khong "El Puño de la tormenta". Un joven galardonado por su heroicidad al haber salvado en Arabasta un poblado del desierto del ataque de un vagabundo alado. Se dice que Khong perdió contra aquel diestro espadachín de pocas palabras, pero que los daños que le produjo fueron los suficientemente serios como para hacer que el espadachín retrocediera. 

Aunque esta historia, es un mal cuento del gobierno, pues la verdad es que el vagabundo destruyó sin miramientos a Khong, quien buscaba aprovecharse de un pueblo empobrecido de la isla y se topó con "El guardián de la fuerza" para bien o para mal. La única suerte de Khong fue que otro sujeto entabló combate con el vagabundo, si no, el capitán hubiera perecido en aquel combate.

Las dos fuerzas, de grises colores, tenían una cita con el destino y por desgracia para las personas del reino de Sakura, el escenario se pronosticaba en sus calles, las cuales estaban ajetreadas como un día cualquier, pues nadie allí sabía lo que estaba a punto de pasar.  


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FICHA DEL NPC
 

Bélico
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#2

Outfit ---- Sigurd de Drum

Una botella no es suficiente. ¿Porqué? Pruebo con una segunda. Nada. Da igual que me la beba de una sola tirada que no hace efecto. Vamos con la tercera de las cinco que he comprado. No solo sabe rara, sino que no sube, macho... ¿Tan mierdosa es la cerveza de este lugar que no puede emborrachar a un orgulloso Bucanero? Es imposible, es cerveza invernal, lo más cercano a la cerveza norteña que voy a encontrar en la Gran Line. No me puede fallar...
Sí, aquí estoy, intentando pillar un pedo terrible en el reino Sakura de la isla de Drum. ¿Como he acabado así? Pues bajé de las montañas, cansado de tanta ventisca de los cojones y como todo el mundo aquí parece aburrido y sin ganas de divertirse, pues he decidido beber un poco y montarme mi propia fiesta. Vamos, eso o no he encontrado el buen sitio donde la gente con ganas de marcha se reúne. Hace cinco minutos le he comprado a un vendedor ambulante cinco botellas de cerveza artesanal. Decía que era "lo más artesanal" que encontraría en esta isla. Y después de varios tragos y botellas vacías, aquí no me sube nada.
Estoy tirado en mitad de un callejón, haciendo esquina con una gran calle principal. La gente pasa de largo de un lado a otro, y algún curioso se queda observando a un coloso de siete metros de cuclillas, apoyado en la pared y bebiendo sin éxito. A estos los espanto de un grito o con algún aspaviento tonto. Es cierto que la calle está muy concurrida hoy. Hace fresco, lo admito, pero hoy es un día soleado como pocos. No se ve ni una sola nube en el cielo y las temperaturas invitan a salir y disfrutar del paseo.

Cuando me voy a beber la cuarta cerveza, me da por leer la enorme etiqueta que tiene pegada la botella. Y es en ese momento en el que entiendo porque cuatro litronas no me han hecho efecto alguno... Sin alcohol. En la puta etiqueta hay una pegatina que pone 0,0 sin alcohol. Mientras lo leo, mis ojos se van ensombreciendo y mis dientes chocan entre sí, serrandose. -Intolerable...- mascullo enfurecido. Me levanto ofuscado, mientras sostengo la quinta y última botella. De la propia ira, la hago estallar en mi mano, clavándome los vidrios. Pero no duele. La traición de que un cervecero independiente te venda zumo... Eso sí duele de verdad. Agito la mano y los vidrios caen.
Avanzo con paso firme y seguro, incluso ligeramente acelerado. Tengo tanta ira ahora mismo que incluso voy un poco echado para delante, con el pecho inflado y los hombros de frente. Arrastro a Yggdrasil por la acera, rayando la calzada a su paso y delatando mi trayectoria. Los martillos reposan en el cinturón. La gente se aparta de mi camino nada más es consciente de mi presencia. Se aleja asustada, mirando lo enorme de mi envergadura y mis músculos y rezando por qué no vaya a liarla más de la cuenta. Cada paso que doy hace temblar los cimientos de cada edificio al que me acerco. Y así voy, hasta llegar al puesto de cervezas. 
La gente que está haciendo cola huye despavorida al entender que voy hacia ellos. El único que se queda es el propietario del negocio, que se cae de culo, aterrorizado. Nada más llegar, sin mediar palabra, le pego una patada al puesto y este sale despedido hasta reventarse contra el tercer piso de un edificio y abrir un agujero en la pared. Luego agarro al hombrecillo con una mano de la cabeza, como quien agarra una naranja. Lo alzo tanto como puedo, a más de siete metros del suelo. El hombre araña mi mano mientras se asfixia, intentando liberarse del agarre, pero le es imposible. La gente empieza a gritar asustada. Algunos piden ayuda. Otros exclaman por clemencia. Pero yo reclamo venganza. -Hijo de la gran puta... ¡¿Acaso no sientes vergüenza por lo que has hecho!?- suelto recriminando. El hombre, evidentemente, no puede responder. La gente que nos rodea empieza a preguntarse que ha sucedido. Que le perdone la vida sea lo que sea. Yo no atiendo y sigo con mi cruzada personal. -¡¡¡¿¿¿A QUE ALMA PÉRFIDA SE ME OCURRE VENDER CERVEZA SIN ALCOHOL???!!!- grito a pleno pulmón. Por un segundo, todo se paraliza. La gente se enmudece, los ruidos cesan, el tiempo se detiene. Y un segundo después, la gente vuelve a gritar. Pero esta vez, pidiendo la ejecución del vendedor. 
Una furia colectiva se apodera por unos minutos de la plaza ante semejante ultraje. Y yo le concedo a mi público lo que pide. Pienso aplastar el cráneo del comemierda hasta que...
Ayuda visual. Sigurd agarra al vendedor


Un hombre, una manzana más allá en la cera de enfrente, sale despedido por la ventana. Parece un establecimiento de comidas o una especie de taberna. No sabría definirlo con solo ver la entrada. Lo que me llama la atención es que hay un bullicio especial, similar al que tengo aquí montado. Parece una bronca, una pelea intensa. Tan intensa, que un hombre ha salido despedido por la ventana sin dificultad. Eso ha estado guapo. Demasiado guapo. ¿Quién cojones tiene los santos huevos de opacar mi bronca con una bronca mayor y no invitarme? Se las verá conmigo.
Suelto al hombre como quien tira una pelota. Este cae en la multitud, y la gente se encarga de hacer su propia justicia social ante tremenda falta de ética. Ya no es cosa mía. Yo voy a plantearme en mitad del bar y auto invitarme a la refriega. Tengo ganas de ostias y hachazos. Cargo a Yggdrasil en el hombro, preparado para saltar a la acción en cualquier momento. Y entonces, me planto en el pequeño porche de entrada que tiene el establecimiento. Antes de que pueda entrar, una sombra cruza la puerta. Una mole de músculos poderosos e imparables me dan la bienvenida. ¿Un rival formidable?
...
...
-Pero cabrón, ¿Como tú por aquí? ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me río ante la presencia de Ubbe, mi hermano de otra madre. Hemos coincidido en el mismo sitio y el mamón la está liando tanto o más que yo. Un fiera, si me preguntas. Procedo a hacer nuestro saludo ya clásico. -¡VIVE CON HONOR...!- y le engancho el antebrazo para que culmine. Suelto a Yggdrasil, que se clava en el suelo de madera de la entrada del local y le paso la mano izquierda por el hombro, pasando y agarrando al hombretón del cuello en un gesto amistoso. -Cuentame, Ubbe. ¿Qué tal te ha ido hasta ahora? ¿Alguna novedad para el barco?- inicio una conversación afana en el porche, en medio de la calle. Ya me la suda el caos, las broncas y las peleas. Hacía días que no veía a mi pana y al menos yo tengo muchas cosas que contar.

En efecto, cajita feliz
#3
En capítulos anteriores
Día 63 de Otoño - Drum - Reino de Sakura


Ubbe descendió de las montañas como si tirara de la nieve con los pies: unos pasos pesados que hundían las botas, vapor saliendo de su boca en cortas exhalaciones, y una ligera capa de escarcha pegada a la piel como una medalla de guerra. Venía de una noche a la intemperie, sin más abrigo que su chaleco y su pecho descubierto. Le gustaba el frío, le hacía sentirse vivo. Las punteras nuevas ajustadas a las botas y los guantes aun oliendo a cuero y metal acompañaban al Buccaneer ya como si fueran algo habitual en él. La ladera se abrió hacia el valle donde se adivinaba el Reino de Sakura: tejados, chimeneas y el rumor distante de gente que no había tenido que pelear por comer en días; ese olor a leña y cocinas funcionado le apretó la mandíbula con una promesa simple: comer, calentar la sangre y, si se terciaba, buscar jaleo. Con la mirada fija en la distancias, avanzo por la ladera hasta llegar a las calles empedradas de la ciudad. 

Las calles empedradas lo guiaron como si la ciudad misma supiera qué tipo de hambre llevaba encima. El olor a carne especiada, cerveza caliente y madera vieja lo atrapó desde la esquina: una taberna pequeña, oscura, con un letrero torcido y ventanas empañadas. Ubbe empujó la puerta con el hombro, y el silencio se cortó como cuerda tensa. Mesas llenas, viento de miradas, y un camarero que lo observó con la incomodidad del que ya se huele la tormenta. El Buccaneer no pidió permiso; simplemente tomó asiento en una mesa vacía, grande, como si la hubiese reservado toda su vida. Pidió un plato de guido y una jarra enorme de agua para beber. El tabernero atendió a su petición con celeridad, más vale no hacer esperar a un cliente así cuando llega con esa mirada de hambre y sed. Un plato humeante llegó rápido, junto con una jarra que no llegó a tocar la mesa. Comió en silencio, devorando, con los nudillos apoyados, sintiendo cómo el calor le volvía a las manos. El murmullo general regresó… para torcerse. Un hombretón con exceso de valentía y escasez de inteligencia, le dedicó una frase que no escuchó entera; suficiente tono como para entender intención, algo sobre extranjero gigante. Ubbe levantó la mirada despacio, movió el cuello crujiente, y sonrió sin dientes. No respondió. No hacía falta. El otro insistió, así que firmó su sentencia. La jarra se estrelló en la pared al lado del hombre, la mesa crujió y el primer golpe sacudió el ambiente por completo. En segundos, la taberna fue un torbellino de madera rota, sillas volando y insultos que no duraban lo suficiente. Un tipo intentó sujetarlo por la espalda; Ubbe lo agarró como se coge un saco y, sin alzar la voz, lo lanzó sobre el mostrador, que protestó con un crujido largo. Otro vino gritando; salió sin dientes. Y cuando un tercero se acercó con botella en mano, Ubbe decidió que la botella estaría mejor fuera… junto al dueño. Lo agarró del cinturón y del pescuezo, lo levantó como quien coloca leña, y lo lanzó contra la ventana. El cristal estalló con un gemido de invierno, y el cuerpo voló hacia la calle como anuncio involuntario de desastre, en cuanto el cristal se rompió el ruido callejero entró por la ventana. 

Ubbe se quedó quieto un momento, con un tío colgando del puño como si fuese una bolsa de patatas. El bar entero era un caos: mesas volando, gente gritando, un gordo rodando por el suelo haciendo ruidos raros…
Todo correcto.
Pero entonces… lo escuchó. Fuera había MÁS ruido. MÁS ruido que dentro de la taberna.
-…¿Eh? -torció el cuello como un perro que oye un silbato raro.
La puerta vibraba, la calle rugía. Voces, golpes, algo que sonaba a muebles y cristales rompiéndose.
Los clientes de dentro, sangrando, jadeando, peleando, se miraron entre ellos y luego miraron hacia la calle. Ubbe también.
- Ey colega...-gruñó, mirando alrededor con los ojos entrecerrados, pensando en voz alta- ¿cómo que hay un jaleo MÁS grande que el mío? ¿Qué clases de liada es esta?
Él estaba peleando AHORA, así que los demás tenían que esperar su turno. Era educación básica.
Soltó al tipo que tenía agarrado; este cayó al suelo y rodó debajo de una mesa con un suspiro tristísimo. Ubbe se golpeó las manos, resopló y señaló a nadie en particular:

- Si eso de ahí fuera es otra pelea… y yo no estoy invitado… ¡SE LÍA! - masculló empezando a ofenderse. 
Avanzó entre borrachos, derrapando en sangre como si fuera aceite, saltó una silla rota y apartó con la rodilla a un tipo que dormía de cara contra el suelo. Empujó la puerta con los brazos. La abrió solo un palmo para asomar primero la cabeza, como un oso comprobando si la primavera ya había llegado. Desde aquella rendija vio caos: gente corriendo, un puesto de comida hecho confeti, gritos de linchamiento espontáneo y un pobre diablo que huía con pan bajo el brazo llorando.
-…¿Qué cojones pasa fuera, baby? -murmuró, frunciendo cejas, más curioso que preocupado.
Entonces salió entero, hombro tras hombro, pecho desnudo al frío. Dio dos pasos al empedrado, y en ese instante lo escuchó:
Unos pasos pesados, enormes, viniendo hacia la taberna. El sonido retumbó en el suelo como si otra montaña se estuviera acercando, y Ubbe ladeó la cabeza, ofendidísimo…
- ¿Quien coño...? -susurró, apretando los nudillos, dispuesto a pelear por el derecho exclusivo al jaleo.
En ese momento escuchó una voz conocida y una risa aún más remarcable. Era él, su hermano de batallas, su camarada de combate, su compañero de viaje. El putísimo Sigurd. 
- GAHAHAHAHAHA ¡Pero qué coño haces montando jaleo SIN MÍ, desgraciao! - contestó Ubbe felizmente como saludando a Sigurd. El orgulloso Bucanero vio instantáneamente la intención de su amigo y le chocó el antebrazo terminando la frase que sabía que iba a empezar. - ...MUERE CON GLORIA!- Entonces Sigurd le pasó el brazo por detrás, quedando como apoyado en el "pequeño" Bucccaneer, preguntándole por novedades tras la última vez que habían estado juntos. 
Ubbe alzó una mano, enseñando los guantes y dándole un par de golpes al aire, rápidos.
-He estado probando estas cositas en la montaña, baby. Van de locos. Y tengo un golpe nuevo… rápido como una puta bala, colega. Luego te lo enseño-
Se encogió de hombros, como restándole importancia, y señaló con la cabeza hacia dentro de la taberna.
-Pero antes… dentro tienen un estofado que está que lo flipas. Vente, que nos metemos dos cuencos y luego seguimos con todo el alboroto, GAHAHAHAHA
Sonrió, abrió la puerta con el hombro y entró como quien vuelve a casa.
- Invito yo. Bueno… invita el dueño, ¿¿a que si colega?? - Chasqueó los dedos en dirección al aún sorprendido tabernero esperando su reacción. 

INFO
#4
La notoriedad de ambos piratas no se hizo de esperar. Tanto que antes mismo de que nadie se diera en la encomienda de buscarles para tener problemas ellos mismos ya se los encontraron con la diligencia que les representaba.

Su encuentro se dio a las afueras de las cantinas, donde las sendas de destrucción que habían tomado desde su llegada a Drum se habían encontrado más por necesidad que por suerte. 

El revuelo en las normales y tranquilas calles de la ciudad se empezó a esparcir, tanto que se corrió la voz de que dos enormes hombres estaban causando problemas en las zonas de diversión - las cantinas -

Las noticias no tardaron en volar, no demasiado, lo justo para recorrer el lugar como el fuego recorre la pólvora y llamaron la atención de aquel que venía a buscarles. 

En la casa de las leyes, lugar de legislación local --- 
- Como le decía señor Viruta, ese espadachín era ágil, pero pude darle la vuelta al combate, se escapó por sus alas, salió volando como como vuelan las moscas a los manotazos -grrr - el áspero sonido de unas garras agrieto la madera de la mesa que presidía la reunión, como si hubiera nerviosismo en aquellas palabras, o peor, algo que ocultar - pero no estoy aquí por eso, no - 
El sonido de la puerta cortó en seco la conversación. Las rápidas pisadas del recluta que entro traquetearon entre los tablones del suelo como los tañidos de las campanas.
- Capitán - saludó con marcialidad el solado llevando su mano a su frente y poniéndola en forma de garras, el saludo de su compañía  - Los hemos encontrado, están montando revuelo en las cantinas - La mirada del capitan Khong se alejó del ministro Viruta y apoyando su antebrazo en el respaldo de la silla se giró para hablar con el soldado.
- ¿Qué te dije?-grr - había seguridad en la voz - Esos pazguatos iban a acabar liandola, solo era cuestión de esperar. Los tarugos secos solo necesitan un rayo para encenderse-grr - el final de la frase se acompañó con un levantamiento, el del capitán de su silla - Lo siento señor Viruta, pero la justicia no espera - grr . Ya hablaremos de ese negocio que tiene entre manos, yo mismo me encargaré que no exista ninguna irregularidad - grr, ya sabe, por el precio que hemos hablado - acabó mientras guiñaba el ojo al ministro para después marcharse. 
Mientras salía, tendió sobre sus hombros su chaqueta de capitán, la cual ondeó con el frío viento. 
- Bien muchacho,  ¿dónde dices que están? Quiero ese aumento, uno no asciende en esta institución solo haciendo negocios con políticos del tres al cuarto - grr - 
- Hacia aquí, capitán - dijo mientras le guía, y no solo dos pasos sonaban, si no que sonaban más, algo grande se estaba moviendo hacia nuestros protagonistas. 
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Bélico
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#5
Outfit ---- Sigurd de Drum

Lo que prometía ser una trifulca aún más grande que la anterior, se convierte en una grata sorpresa. Ubbe es quien sale a recibirme a los pies de la cantina, pues es él quien está montando un follón enorme en su interior. Uno tan grande como para opacar el barullo que estoy liando en la avenida principal. Menudo mamón, este muchacho me llena de orgullo. Con una familiaridad acogedora, me invita a pasar y tomar algo. Yo no lo dudo ni un segundo y me adentro con el al bar.
Una vez dentro, parecen respetar a mi compañero. Ya sea por miedo o por genuino respeto, nadie duda de sus órdenes y antes de que pueda incluso pedir nada, ya estoy sentado en la mejor mesa y con platos calientes sobre la misma. Atención al detalle. Escucho sus batallas, las que ha tenido que librar estos días que hemos caminado por separado. Como ha perfeccionado su técnica y ha aprendido nuevas. Sus broncas por la isla y los monstruos que ha derrotado. Hazañas grandes que ensalzan su figura y que empiezan a juntar a curiosos y aventureros a nuestro alrededor. Yo le cuento mis propias andadas. Desde el encuentro con mi excompañero de tripulación y como obtuve éstas prendas, la caminata que sufrí por las montañas recogiendo material, la forja de Sköll y Hati... Nos ponemos al día mientras hombres y mujeres empiezan a vernos con más interés y respeto que miedo.
Han pasado varias horas desde que Ubbe me invitó a pasar y esto ya es más una fiesta que un local de comidas. Atraídos por nuestra aura indomable, se han juntado en el garito un puñado de criminales buscafamas, juerguistas locales y mujeres interesadas. En cada mesa hay una docena de botellas de alcohol mínimo, en cada esquina hay una pelea o acto vandálico y la música resuena por todas las paredes del lugar. Ubbe y yo seguimos en nuestra mesa, que se ha convertido en un foco de diversión. Piratas de todas partes cuentan sus historias mientras beben y trafican mercancías mágicas sobre la mesa. Las chicas más provocativas y sensuales reposan en nuestros enormes y musculosos brazos. Y los camareros no dejan de servirnos el verdadero néctar de los dioses. Para mí colega, ColaZero. Para mantener el tipín. Para mí, leche de vaca de Drum. Tibia. Llevamos una docena de vasos cada uno. Bebidas de macho.

Un tipo de pintas vulgares y acompañado de una docena de hombres, entra al bar. Nadie le hace caso, la fiesta es muy intensa. En el sombrero de quien dirige al grupo, hay una calavera negra y dos tibias, así que se asume pirata. Yo los veo cruzar por el rabillo del ojo, pero tampoco les hago mucho caso. Estoy más atento a Ubbe, que lleva 13 Colas y está contando una anécdota de las suyas. Además, mi mano derecha manosea el pecho de una pechugona que reposa en mi brazo mientras con la izquierda levanto la onceava jarra de leche. Si bebo menos que mi pana, seré un hazmerreír.
Piratas busca pleitos

Los hombres, ególatras y presumidos, gritan y buscan llamar la atención a toda costa, pero son silenciados por el rugido de la fiesta sin control. Llenos de rabia y envidia, buscan al responsable de todo este follón hasta que dan con nuestra mesa. Les veo llegar de lejos, dando un ligero toque de hombro para interrumpir la historieta de Ubbe y señalar al grupo. Sin moverme del sitio, inicio la conversación. -¿Buscan algo, caballeros?- digo de la forma más amable. Sin embargo mi rostro es serio. Nada me toca más la polla que los aguafiestas.
-¿Y vosotros os hacéis llamarrr pirrrratas?- responde con agresividad. Su acento alarga las R, como si fuera del este. Todo el bar se enmudece al comprobar que alguien nos ha venido a increpar. Deseo concedido, ahora tienen la atención de todos. Yo me mantengo callado. -Dos marrrriquitas muy grrrandes, sí. Perrrro que cuentan mentirrrras y prrrefieren mujerrr a espada.- se acercan. Yo no hago nada todavía. Giro el cuello para mirar a Ubbe un segundo. En silencio. Le sonrío. Nuestra mente se conecta por un instante y ya sabemos qué hacer y como va a acabar esto. El hombre parlanchín se acerca de más. -Y encima beben como bbbebebbes. Bebida azucarrrada y lechita de su mamá.- Y cuando va a extender el brazo para hacerse con la jarra y burlarse de más, le agarro el brazo al vuelo y le rompo el hueso con un mínimo de fuerza. Esa es la señal para que empiece la batalla.
Ubbe salta de su sitio y empieza a hacer lo que mejor se le da. Se convierte en un torbellino de ostias y guantazos que tonto aquel el que esté cerca. Seis de la docena de hombres van a por él. Yo me quedo con la otra mitad. Me levanto bruscamente, haciendo volar tanto la mesa como la chica que reposaba sobre mí. Ya aterrizará como pueda. Se abalanzan dos de un salto, pero con un barrido de mi antebrazo derecho en el aire, los conecto y los hago despegar hasta la otra punta del bar. No atraviesan la pared de milagro. Con destreza, cojo una jarra vacía de la mesa de al lado y la choco contra la cabeza del tercer hombrecillo que viene, reventando en su cabeza con vidrios afilados y derramando el contenido. El cuarto resbala y cae frente a mi. Graso error. Le piso la cabeza, que se queda hecha puré en una mezcla de trocitos de cerebro, cristal roto y cerveza sin alcohol. -¡Guakala!- me sorprendo yo mismo de lo grotesco y divertido que ha sido. -¡Esta vale por dos!¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- le grito a mi compañero mientras me río, como si lleváramos un contador personal de bajas. Por estar bromeando, los dos que quedan me sorprenden por la espalda, lanzándose contra mis hombros y mi cuello en un intento de mata león. Ligeramente sobrepasado, pienso la mejor forma de zafarme del ahorcamiento. Y ya sabes lo que dicen. No acorrales a un Buccaneer o serás su mejor ruta de escape. Me lanzo de espaldas contra la pared más cercana del local, aplastando a los tipos contra mi espalda y derribando media pared. El agujero es tan grande como yo, pero me permite librarme y tomar aire de vuelta.

Al salir a la calle de nuevo rompiendo una pared entera, provoca un gran desconcierto general a todo aquel que pasa por allí. La gente se asusta, grita y huye despavorida de la zona, temiendo lo peor. Yo me levanto lentamente, mientras me retiro escombros y manchas de sangre y polvo. -¡No se preocupen, estoy bien!- digo con flojera e ironía. Ubbe parece haber acabado también con su grupo de desgraciados. Antes de que pueda hablar. Vemos ambos (él desde dentro y yo desde fuera) como el "capitán" con el brazo roto huye del sitio, todavía con vida y abandonando a su gente. Yo miro a Ubbe. Desconcertado, pero alegre. Hay un silencio general y me gusta romper estos momentos. -Al menos uno que contará nuestra historia.- y empieza una risa general por toda la cantina. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-
¿Qué es una tarde de juerga sin pelea, sangre y edificios rotos? Un mal chiste. Y allá donde van los Hermanos Bucaneros, hay buena juerga. El único que no va a estar muy contento es el propietario. Pero bueno, ya pedirá un préstamo al Gobierno o algo.

En efecto, cajita feliz
#6
Ubbe entró en la cantina con Sigurd pegado al hombro como si fueran dos torres marchando entre casas bajas. El estruendo que había provocado dentro se calmó de inmediato; mesas que volaban, discusiones y gritos se congelaron como si alguien hubiera tirado un cubo de hielo sobre el fuego. No era solo miedo: era esa mezcla rara de respeto y morbo que despierta ver a alguien capaz de arrancarte un brazo mientras se ríe. En cuanto se sentaron, la mesa se llenó sola. Platos humeantes, estofados espesos, pan recién horneado, y bebidas ya listas para amos. Ubbe apoyó los codos, rompió pan con las manos y empezó a narrar lo vivido en Drum: las montañas heladas, los lobos blancos, las ventiscas, los guantes nuevos endureciendo los nudillos, las punteras metálicas en las botas, el hielo crujiendo bajo sus pasos. Se sentía genial estar allí con Sigurd, hacía mucho tiempo que no sentía nada parecido con alguien, una complicidad y una afinidad tan sorprendente como quien conoce por primera vez a alguien en la cola de un evento y ya se hacen amigos para toda la vida.  

Ubbe estuvo escuchando las aventuras de Sigurd y fijándose de nuevo en su capa y su casco, flipando del honorable valor que ahora tenían.  
¡Si es que somos la polla, baby! - Dio un puñetazo en la mesa animando el cotarro.  Tras un rato ya de fiesteo, levantó un dedo al camarero y gruñó sin mirarle a la cara -Otra ColaZero bien fría, baby… lo mejor del puto mundo- Cuando llegó la jarra, con perlas de hielo deslizándose por el vidrio, sonrió como solo sonríe un hombre que acaba de encontrar el sentido de la vida. Dio un trago largo, cerrando los ojos con un placer casi ofensivo para cualquiera que creyera que sin alcohol no hay gloria -Ah… perfección negra con gas, colega- comentó, golpeando suavemente la mesa con los nudillos reforzados. 
Apenas giró la cabeza cuando una presencia suave pero contundente se sentó a su lado; la vio de reojo, una silueta divina: tetas grandes, escote exagerado, sonrisa audaz. Ubbe arqueó una ceja, bajó la mirada un milímetro (por pura ciencia), volvió a subirla con una sonrisa torpe pero sincera, y asintió como quien reconoce una bendición caída del cielo. 
-Buenas vistas por aquí, ¿eh baby?- Chasqueó los dedos señalando el pecho de la nueva acompañante. Con cada trago de cola y cada carcajada compartida con Sigurd, el pecho descubierto de Ubbe se hinchaba un poco más de orgullo: bebida favorita, buena compañía, y una señora de arquitectura generosa apoyada contra su hombro. Si la vida fuera siempre así, podría incluso dejar de romper paredes por unas horas. Pero solo unas pocas.

Llegaron unos maleantes, y tras unos breves intercambios de palabras con cierto tono despectivo, hubo un segundo de silencio que pesó como una piedra. Ubbe sintió que algo le subía por el pecho, calor primitivo. Miró al tipo con los ojos entrecerrados, la vena del cuello marcándose. No respiró, no pensó. Solo reaccionó con la honestidad de un puño.
-¡ES ZEROOO! -rugió, y el grito explotó en la cantina. Sigurd le estaba partiendo el brazo al tipejo este, así que antes de que el tipo de su izquierda pudiera inmutarse, Ubbe le metió la palma abierta en la cara con la fuerza de un martillo. El tipo salió volando, besó mesa, barra y suelo en sucesión y se quedó fuera de combate antes de entender qué le había pasado. Eso fue la chispa. Ubbe se convirtió en torbellino de golpes, dejando KO a los insensatos que iban a por él. Aunque quizá visto lo visto, habían elegido mejor, ya que había más probabilidad de ser cortados si iban a por Sigurd.

La pelea duró lo justo: brutal, ruidosa y exacta. Mesas partidas, jarros volando, todos fuera de juego y un agujero en la pared. Cuando el último grito se apagó y el capitán de los imbéciles estos huyó con el brazo colgando, Ubbe escupió un trozo de estofado y miró a Sigurd con esa sonrisa a medias. - ¡Eso, huye gilipollas! GAHAHAHAH Y la próxima vez que alguien diga “azucarada”… que venga a decírmelo a la cara, que esté preparado!  
La taberna volvió a rugir; la fiesta no había hecho más que empezar.


INFO
#7
El caos se adueño de todo y por una cola sin azúcar... ¡POR UNA COLAZERO BABY! Se había liado la marimorena, el percal había escalado de dos bravucones utilizando su fuerza bruta a una pelea de majaderos por si se debe beber con o sin azúcar, pero así era "el paraíso" dónde había gente de todas las casas, familias y lugares.  

Pero en medio de aquella trifulca, pelea de bar o discusión a puños como llamaría algunos de los paisanos que observaban atónitos el conflicto, había algo, más bien, alguien que se había acercado, dado que estaba allí solo por y para los dos nuevos piratas que empezaban a despuntar en el grand line. 

En medio del combate, sin que Sigrud ni Ubbe fueran capaz de entreverlo la marina entró en el local intentando "salvar" a los bravucones con los que se habían enzarzado. Todo un regimiento de 70 entro por completo llenando el local y apelotonándose como minions. 

- DETENEDLOS - 

- BAJO ARRESTO DE LA MARINA - 

- SON ENORMES JODER - 

Aquellos 70 hombres se lanzaron sobre Sigrud y Ubbe empezaron a intentar amarrarlos, golpearlos, morderles, pellizcarles y cualquier cosa que se les ocurría para dejar fuera de combate a los dos enormes piratas que habían empezado el conflicto, mientras tanto y a las afueras del bar, esperando mientras el combate de sus tropas se daba por terminado, un hombre de pelajes grisáceos se movía con sigilo, observando las maderas de las puertas y los azulejos de la misma, mientras se tocaba las manos nervioso. 

El hombre respiraba algo nervioso, como si supiera que aquella misión era demasiado para él, como si fuera conocedor de sus mentiras y responsable de propagarlas, aún así, era fuerte pero... ¿Lo suficiente como para parar a aquellas dos bestias? eso todavía estaba por decidirse. 

- Vamos muchachos... Morid para que yo tenga gloria - grr - dijo nervioso mientras observaba desde la entrada el revuelo del interior, los gritos de dolor y los avisos de arresto salían del garito como una canción mal escrita, acompasada por la percusión de un corazón que dudaba sobre él mismo. Allí solo no tenía que fingir, tampoco, visto lo visto lo necesitaba. Khong se había metido solo en aquel problema, pero era algo que debería afrontar, pues el estilo de la tormenta, siempre había buscado el dominio del usuario y no al revés. 

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#8
El rugido de “¡BAJO ARRESTO DE LA MARINA!” fue lo único que escuchó antes de que la puerta reventara hacia dentro y una avalancha de uniformes azules llenara el local.
Ubbe apenas tuvo tiempo de girar la cabeza antes de que el primero se le echara encima. Lo agarró por la pechera, lo levantó del suelo y lo lanzó contra otros tres como si fueran bolos. El sonido de los cuerpos chocando entre sí fue tan redondo que alguien, incluso, aplaudió sin querer. El bar se convirtió en un torbellino.
Puños, botas, porras, disparos, todo mezclado. Ubbe no necesitó pensar ni un segundo: un paso adelante, un rodillazo al estómago de uno; giro de cintura, codo a la mandíbula del siguiente. El aire se llenó de polvo, madera y gritos.
Las botas nuevas estaban haciendo su uso, y los guantes se teñían con el brillo metálico de los nudillos al impactar. Daba igual quién viniera o desde dónde: el resultado era el mismo, un mar de marines desparramados.
Uno intentó abalanzarse sobre su espalda, y Ubbe simplemente lo sujetó del brazo y lo lanzó por encima del mostrador, haciendo que desapareciera entre copas rotas y espuma. Otro quiso aprovechar el hueco y recibió una patada lateral que lo mandó girando en el aire como una peonza humana.
-¡Cuantas ratas, baby!- bufó, con esa sonrisa medio bestial medio feliz que solo le salía en momentos como ese.
De reojo alcanzó a ver a Sigurd unos metros más allá, igual de rodeado y disfrutando cada segundo del caos. Ambos parecían bailar en una coreografía perfectamente caótica: golpes, carcajadas y madera volando.
Un marine intentó tocarle el hombro y se llevó un codazo que lo dejó seco. Otro se coló por debajo de las mesas; Ubbe lo atrapó de una pierna y lo usó como maza improvisada hasta que dejó de moverse.
El bar temblaba. El aire estaba espeso, vibrante, y el silencio que vino después fue casi antinatural.
Ubbe se quedó de pie en medio del desastre, jadeando, los guantes manchados y el pecho subiendo y bajando como un fuelle. Miró alrededor: mesas destrozadas, marines apilados y una quietud que olía a pólvora y sudor.
Levantó la mirada hacia Sigurd, que estaba en la misma escena al otro lado del local. Se cruzaron las miradas, y en ambas brilló esa chispa que solo entienden los que acaban de disfrutar de una masacre.
Ubbe resopló, con media sonrisa torcida. -¿Tú bien, bro? ¿Ha sido facilito, eh? ¡A la mierda los Marines! GAHAHA -dijo entre dientes, y soltó una pequeña carcajada, mientras la tensión del momento se disolvía entre el polvo que aún caía del techo.
INFO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4450 - 250 = 4200
Energia: 2875 - 350 = 2525
Espiritu: 615 + 0 = 615
#9
Outfit ---- Sigurd de Drum


Ya hay que ser imbécil para interrumpir la juerga de un Bucanero. Imagina que tan tonto llegas a ser para joder la de dos. Es cierto, allá por donde vamos, causamos caos y destrucción. Pero cuando estamos del chill tomando, riendo y ligando... Hay que ser más precavido o tener el instinto de supervivencia más desarrollado.
Quién me iba a decir a mí que fuera tan sencillo sacar de quicio a mi hermano de otra madre, haciéndole creer que no lleva una dieta estricta o que toma bebidas azucaradas. No era consciente de que tenía tanto cuidado de su físico, cuando siendo de la tribu más poderosa del mundo, ya posee una definición y genética perfecta. Yo acostumbro a comer y beber veneno y me mantengo en forma. Aunque no seré yo quien juzgue las razones de empezar una buena pelea, JARUL JUL JUL JUL...

Las ostias van y vienen. Lo que parecía una charla amable de bar ahora es una batalla campal como pocas. Los piratas que se burlaron de nosotros empiezan a sentir el peso de las consecuencias. Cada golpe fractura huesos y termina con la vida de más de uno. Las mesas se rompen y las sillas vuelan. Están en riesgo hasta los propios cimientos y la estructura del local. Mientras el mesero se esconde tras la barra, a la batalla se suman los propios clientes, tan ruines y con ganas de sangre como nosotros. Ahí ya no hay amigos o enemigos. Solo un tifón de violencia y puñetazos. Y risas, muchas risas por mi parte. 
La diversión no termina. La cosa se ha descontrolado tanto que los vecinos no tardan en reaccionar. Asustados, llaman a las autoridades locales y estas se encargan de llamar a la Marina y a los refuerzos. Estos se presentan en mitad de la contienda, sin pedir permiso. Casi un centenar de soldados entrando a piñón por cada rincón del garito, rompiendo ventanas y puertas en el proceso. Ubbe y yo estamos completamente rodeados entre ratas de mar que huyen y perros del gobierno que muerden. La sorpresa es grata, pero no deja de ser una emboscada. Los disparos y las balas llueven y aunque no frenan la masacre, se sienten en la carne. Nuevas marcas de guerra que lucir después. 
Nuestra respuesta es directa y concisa. Nosotros no vamos a huir, al contrario. Si nos pretenden arrestar, van a tener que jugarse la vida. Ataco con brutalidad contra la horda de marines. Sin usar a Yggdrasil, alzo los dos puños sobre mi cabeza para terminar golpeando el suelo con fuerza. Todo tiembla. Los soldados a mí alrededor sales despedidos de la fuerza de impacto y los más alejados se desestabilizan y caen al suelo. Sin perder tiempo, cargo contra aquellos más alejados y, como si fueran hormigas, empiezo a pisarlos. Uno por uno, machacados los más pequeños contra la suela de mis botas y los más grandes con un puñetazo clavados al suelo, abusando de la diferencia absurda de tamaños. -Humanos, pequeños y frágiles...- me digo a mi mismo con sorna. Por el rabillo del ojo puedo ver cómo mi pana Buccaner está también haciendo de la suyas, con un Spin to Win demoledor.
La lucha no dura mucho más. Pasados unos minutos, ya no hay quien se oponga a nuestro dominio. La superioridad de nuestra raza se impone ante todo y ante todos. Los Bucaneros hemos ganado. A nuestro alrededor no hay más que muerte y escombros. Ya no queda nada de lo que antes era una taberna amable, solo cadáveres de piratas y soldados de la Marina. Mi compañero es el que se adelanta a hablarme. Se descojona de lo sencillo y divertido que ha sido acabar con estas cucarachas. Yo le sigo el juego. -Ha sido un buen calentamiento, JARUL JUL JUL JUL...- reímos juntos. Pero entonces, quizás por ser más veterano en el mar o por tener más experiencia, conduzco la situación con más seriedad. -Aún así, no bajes la guardia. Estos mierdecillas nunca vienen solos y jamás dejan de llegar. Recoge tus cosas y saquea lo que puedas. Hay que moverse.- 

Meto mano en la caja registradora, sacando los berrys que tuviera recaudados hasta antes de llegar. No tardo ni dos segundos en enganchar a Yggdrasil y cargarla conmigo de vuelta. No la he usado en la batalla, aunque tiene salpicones de sangre. -Vamos- le meto prisa a Ubbe. -Estamos a tiempo de enganchar a otro pelotón o algún superior antes del anochecer.- sugiero con ansia y más ganas de bronca. Ya estoy encendido. Y cuando me enciendo, he de descargar todo lo que llevo dentro. Sí, ganarle a la Marina como tal es imposible. Parecen una fábrica infinita de generar enemigos. Pero eso es lo que tienen de divertido, que puedes ir matando a varios hasta cansarte y luego te da tiempo a moverte a otro lugar. Nunca van a dejar de perseguirte, aunque esa es la vida vikinga que deseamos todos, ¿no? Saqueo, sangre y fuego, con un final glorioso en la más épica de las batallas.
Salimos fuera, con aire desenfadado pero atentos a cualquier movimiento enemigo. Tengo el oído alerta a cualquier posible segundo intento de emboscarnos, pero sin dejar de buscar un posible buen enfrentamiento o motivo para liarla 
de nuevo.

En efecto, cajita feliz
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4188 - 250 = 3938
Energia: 2569 - 350 = 2219
Espiritu: 855 + 0 = 855
#10
- ¿Qué haría Perro Sanxe en mi lugar-grr? - La pregunta fue sepultada por los gritos de dolor y de combate que se emitían desde el interior. 

A 15 metros de la entrada, Khong puño de la tormenta esperaba que su comitiva hubiera sido efectiva... Aún así sus manos temblaban llenas de dudas. 

- No-grr. Yo soy un gran marine, soy el futuro. Seré un zodiaco- grr - se decía así mismo mientras los gritos, ruidos y golpes no paraban. Sabía que era un mentiroso, pero al final de tanto mentir, sus mentiras habían calado en él, lo suficiente como para creérselas. Y en base a aquella terrible característica, sus manos, dejaron de temblar. Sus ojos se llenaron de decisión y su corazón dejo de galopar frenéticamente para agudizar el oído. 

- ¡ATENCIÓN! - Gritó a los transehuntes se que habían quedado mirando la escena y como el grupo de marines había irrumpido en el bar - Por orden de la marina os pido que os marchéis, esta calle se va a convertir en un campo de batalla - grr - Un leve parón para sumar dramatismo, la gente le miraba escéptica pero acataron la orden. 

En aquella calle, larga y ancha, entre sus 20 metros de ancho y sus 40 largo, los callejones se dormían en las esquinas como dando entender que aquel empedrado, con cerezos a sus lados y las hojas de los mismos dando color a los grises de lo adoquines, era la boca de un lobo, tres callejones a ambos lados, el primero a 10 metros de Khong y en aquella característica calle, que cualquiera que hubiera estado en Drum conocería con un simple vistazo se estaba empezando a formar una tormenta. 

Entonces Khong clavó su mirada de color ámbar en la puerta, el tiempo por un momento dudó, pareció pararse a tomar aliento, pues, de la puerta de aquel garito, ahora destrozada, con la entrada hecha añicos y las ventanas y cristales por el suelo, las dos enormes bestias del paraíso emergieron. Sus pisadas retumbaron como las de grande herbívoros extintos, salían dignos, con pose de macarras, cara de pocos amigos y ganas de jaleo (como si no hubieran tenido suficiente).

El primero salir de los dos fue Sigurd quien al dar el primer paso hacia el exterior y dejar que su piel se librase del aire cargado del interior del bar sintió en su pierna derecha un dolor agudo, un mordisco metálico, lo que acaba de pasar es que, el bueno de Khong había dejado una trampa en la entrada gracias a su conocimiento como explorador, innato en su naturaleza cazadora como mink depredador. El cepo apresó la pierna del bucanero y clavó su dientes de manera tímida en la piel dura y rígida del enorme ser. 

Ubbe no pudo hacer que mirar mientras salía como su compañero era atacado por el frío metal inerte que ahora azotaba sus tobillos. 

Pero mientras todo eso pasaba, una voz les alertó. 

- En nombre de la mariana-grr - sí, Khong se había puesto nervioso al ver el tamaño y la envergadura de aquellas dos moles que respiraban y maldecían - Quedáis bajo arresto, rendíos y nos os haré daño-grr - en sus palabras había dudas, pero mientras las finalizaba asintió para si mismo, como creyéndose lo que decía. Solo necesitaba una respuesta, dentro de él chispeaba la mentira de la justicia, pero justicia al fin y al cabo.  


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Bélico
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