[Presente Relativo - Entrenamiento] Haki Obs Medio ft Apolo y Fuguwu
#1
Día 46 de Otoño, Año 16
Mystoria, Costa Este
06:30 AM
 

 
El sol apenas asomaba por el horizonte este, tiñendo el mar de tonos naranjas y rojizos que se reflejaban en el casco del O Redentor. Nuestro navío permanecía anclado a 40 metros de la costa, meciéndose suavemente con la marea matutina. La playa de arena volcánica se extendía durante 150 metros en dirección norte-sur, con rocas dispersas de obsidiana que sobresalían del suelo cada 10 o 15 metros. El calor ya era perceptible. 38 grados a esta hora de la mañana, y sabía que llegaría a 42 o 45 para el mediodía. Habían pasado más de un mes desde que derrotamos al Obsidrake, y aunque el dragón había huido llevándose consigo ese calor infernal que emanaba constantemente, Mystoria seguía siendo una isla volcánica. El volcán continuaba activo al noroeste, a unos 3 kilómetros de distancia, y su influencia se sentía en cada respiración. El aire olía a azufre y sal marina mezclados, una combinación que ya empezaba a resultarme familiar. Me sequé el sudor de la frente con el dorso de la mano. Llevaba mi uniforme de Marine sin la chaqueta, solo la camisa blanca remangada hasta los codos y los pantalones y botas. A mi lado, sobre una roca plana de 2 metros de ancho, había dejado mi kit médico y una cantimplora con agua del lago central. Íbamos a necesitarla.
 
Me giré hacia donde Apolo debía estar llegando. El terreno entre nuestra posición y el interior de la isla era relativamente llano durante los primeros 200 metros, después comenzaban las colinas y lomas que caracterizaban el centro de Mystoria. Al sureste, a 1.2 kilómetros de distancia, podía distinguirse la cordillera del Colmillo. Y más allá de las lomas centrales, a unos 2 kilómetros en dirección noreste, se encontraba nuestro destino final: el Nido de Bestias. Karl nos había enseñado los fundamentos del Kenbunshoku hacía mucho tiempo ya. Sentir presencias, mantener la concentración. Lo básico. Pero había un siguiente nivel, uno que yo había estado perfeccionando desde encontrarme con la Contraalmiranate Shiroka y durante los dos años en el G-1 y que había resultado crucial en nuestra batalla contra el Obsidrake: la percepción de intenciones. Empecé a buscar con la mirada por la inminente llegada de Apolo. Lo que le iba a enseñar hoy era diferente a lo que Karl nos había mostrado. Se trataba de ver la intención detrás del movimiento, de leer el instante inmediato de un oponente al momento de ejecutar una acción. Un milisegundo. Suficiente para esquivar, bloquear o contraatacar si se era más ágil o se contaba con alguna estrategia. Pero también tenía que dejarle claro las limitaciones. El Haki de Observación no te hacía más rápido ni te permitía ver al futuro. Si percibías un ataque pero tu cuerpo no podía reaccionar a tiempo, solo significaba que sabías exactamente cómo te iban a golpear. Y las acciones sin intención, los accidentes, las consecuencias indirectas... esas permanecían invisibles al Kenbunshoku. Había aprendido eso de la manera difícil.
 
El plan era simple: comenzaríamos aquí, cerca del O Redentor, con ejercicios sencillos que pasarían a formar parte de su entrenamiento diario. Después nos moveríamos hacia el interior de la isla buscando algún grupo de bestias oriundas de la isla. Allí, con las criaturas de Mystoria como oponentes reales, Apolo podría poner en práctica lo aprendido en condiciones de combate genuino. El calor intenso sería un factor adicional, algo que debía aprender a manejar mientras mantenía su concentración en el Haki. Me crucé de brazos y fijé mi mirada en la dirección de donde vendría mi compañero. El sol subía rápido, y con él, la temperatura. Teníamos que aprovechar estas horas de la mañana antes de que el calor se volviera verdaderamente brutal.
 

 
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#2
Me desperté con los primeros rayos de sol que entraban a través de los cristales de los portillos de mi camarote. Comencé a estirar los brazos sobre mi cama, bostezando de forma sonora, intentando quitarme la pereza que llevaba sobre mí; habíamos planeado el día anterior un entrenamiento a horas tempranas por el clima de la isla, pretendía enseñarme un no sé qué de no me acuerdo. Las primeras horas de la mañana eran las que más pereza me daba pero a su vez hacía que la temperatura fuese la más agradable. Me gustaban los climas tropicales sin embargo esa isla era demasiado, aunque, por suerte, desde que el dragón se había ido todo era más llevadero. Esperaba al menos que no volviese, o si lo hacía, que pudiésemos educarlo para que vigilase todo. Me imaginaba la cara que pondrían los altos cargos en Marineford si se enterasen de que en nuestra división, uno de los miembros era un dragón inmenso, me resultaba demasiado graciosa la idea.

Como si de un ritual fuese, hice lo de siempre antes de un entrenamiento: comencé a vendarme los puños, desde los nudillos hasta la muñeca, de una forma milimétrica y ya demasiado interiorizada. A continuación hice lo mismo con mis pies, desde la zona del metatarso hasta la parte superior de los tobillos, siempre acostumbraba a entrenar descalzo desde que era niño. Me puse un pantalón negro, adornado con tres líneas verticales en el lateral de color verde, amarillo y rojo y lo acompañé con mi cinturón de capoeira, una cuerda blanca que atada terminaba colgando por el lateral. Con la calma y parsimonia que me caracteriza, seguí preparando mis bártulos, metiendo en mi mochila mis accesorios de combate, el den den mushi y demás aparatos. Me miré a un espejo, me peiné con la mano diestra mi pelo llevándolo hacia atrás y me coloqué mi media máscara; debido al calor, ya no usaba la parte superior del uniforme más allá de la capa... y no dejaba de usar los pantalones simplemente por respeto, porque ganas no me faltaban.

Agarré la mochila y la capa de Marine con mi diestra y salí de mi camarote para dirigirme hacia la cocina. Al entrar en ella no vi un alma así que me tocaba hacerme el desayuno por mi cuenta, no era especialmente bueno cocinando pero con picar un par de cosas me daba por satisfecho. Preparé una cafetera llenándola de agua y café molido, la puse al fuego para a continuación poner en una tostadora algo de pan. Abrí la nevera y allí me encontré al mayor manjar jamás creado: el zumo de piña. Saqué una botella, la abrí y le di un trago mientras me apoyaba en una encimera esperando a que todo se preparase. — Ni un ruido por el barco, todos deben de estar durmiendo, he madrugado demasiado — Inconsciente y con la mirada perdida hacia el suelo, comencé a mover mi pie derecho de forma rítmica, soplando a través del borde de la botella que hacía de instrumento de viento de forma improvisada — Boa noite povo que eu chegueeeei... mais outra vez apresentar meu baianaaaaaaa — Tamborileé con los dedos de mi mano zurda sobre la encimera — Boa noite povo que eu chegueeeeeei — Sin querer llevé la mirada hacia el reloj de la cocina, la hora marcaba que hacía quince minutos que había quedado con Fuguwu dentro de la isla — Me cago en los campos de caña de azúcar que bañan Samba, llego tarde — Con prisa empecé a engullir la botella de zumo, junto a las tostadas que habían saltado de dentro de la tostadora. Seguí engullendo, esta vez con el café recién hecho que no me hirvió por dentro de milagro. — Mierda, mierda, mierda

Ni siquiera me dio tiempo a preparar mi Tone Dial y la música, cogí la capa que dejé apoyada sobre una silla, mi mochila y salí corriendo hacia la cubierta del barco. Una vez en el exterior, mis piernas se convirtieron en una corriente arenosa que me mantenía levitando sobre el suelo. Con un movimiento acrobático levanté la capa y la giré en el aire para que cayese sobre mis hombros, la fijé a ellos y comencé a volar hacia el interior de la isla llevando la mochila en mi mano. La ventaja aérea me permitía poder llegar a los sitios más rápido que caminando y con ello era más sencillo localizar a mi amigo.

Tras unos minutos desplazándome por el aire por fin lo localicé y, a medida que me acercaba, mi voz se podría oír desde tierra cada vez más alto — Povo que eu chegueeeei, mais outra vez apresentar meu baianaaaaa — Me estrellé de golpe contra el suelo, provocando que la arena saliese por los aires para regenerar mi cuerpo y comenzar a caminar hacia mi compañero, me hacía especial gracia aterrizar de esa forma ya que no me dolía. — Cowabunga Fuguwu, perdón por llegar tarde, por el camino me encontré a un gato negro y cruzarlo trae mala suerte... a un gato negro... volador... ¿me sigues? ... ¿qué tienes preparado? ¡kakahaha!


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#3
Observé cómo Apolo descendía desde el aire convertido en arena, su característico estilo de aterrizaje levantando polvo volcánico en un radio de 3 metros. El impacto resonó seco contra el suelo, y pequeñas partículas de arena flotaron brevemente antes de reintegrarse a su cuerpo. La temperatura había subido a 39 grados en los últimos minutos, y el sol ya estaba completamente sobre el horizonte, proyectando nuestras sombras hacia el oeste. Lo miré fijamente mientras se acercaba, su excusa del gato negro volador colgando en el aire entre nosotros. No cambié mi expresión, mantuve los brazos cruzados mientras contestaba – “En la Isla Gyojin existe una canción antigua sobre el Kuroneko Tsubasa, el Gato Negro Alado” – dije con total seriedad – “Se canta antes de empezar la navegación. He escuchado que cruzarse con ese gato trae 7 años de corrientes favorables... pero solo si lo ves antes del amanecer. Después del alba, invierte su fortuna.” – dejé que esa información pesara un momento, sin apartar mi mirada de él. El viento matutino soplaba desde el este, trayendo consigo el olor salado del mar. A lo lejos, a 2 kilómetros al noreste, podía distinguirse la silueta irregular del entre las lomas del terreno – “Vamos 17 minutos tarde” – continué, señalando con mi mano derecha hacia el interior de la isla – “Lo compensaremos trotando hacia nuestro destino en lugar de caminar. Son 2 kilómetros. Con el calor incrementando, será buen ejercicio para tu concentración.”
 
Me giré ligeramente, manteniendo mi postura relajada pero firme. El kit médico y la cantimplora seguían sobre la roca a 2 metros de distancia. Los cogería en un momento – “Lo que Karl nos enseñó respecto al Haki fue lo básico” – expliqué, mi tono directo y sin adornos – “En esta ocasión, iremos un nivel más allá. Percibir el futuro inmediato de un oponente. Suficiente para actuar en consecuencia si se es lo suficientemente rápido” – caminé hacia la roca y recogí mis cosas, colgándome la cantimplora del cinturón y asegurando el kit médico en mi espalda. El sol seguía subiendo, y podía sentir cómo la humedad del aire comenzaba a evaporarse gradualmente. En 2 horas, el calor sería sofocante – “Pero tiene limitaciones críticas que debes entender antes de empezar” – continué, girándome de nuevo hacia él – “Primera: el Haki no te hace más rápido. Si percibes un ataque, pero tu cuerpo no puede reaccionar, solo sabrás exactamente cómo te van a golpear. Segunda: solo funciona con acciones intencionales. Accidentes, consecuencias indirectas, cosas que pasan sin que nadie las planee... permanecen invisibles.” – señalé hacia el noreste con mi mano izquierda, hacia donde comenzaba el camino que nos llevaría entre las lomas centrales – “Empezaremos con ejercicios de expansión del haki mientras caminamos. Cuando lleguemos a nuestro destino, tendremos oponentes reales” – dije, sin revelar por completo mis intenciones sobre el entrenamiento. Las criaturas de Mystoria a las que visitaremos son agresivas y rápidas. Si no aplicaba correctamente el entrenamiento, le golpearán. Simple.

El terreno frente a nosotros era relativamente plano durante los primeros 200 metros, después comenzaban las elevaciones. Pequeñas rocas de obsidiana sobresalían del suelo cada 10 metros, y algunos helechos amarillentos crecían en las zonas donde el terreno retenía algo de humedad nocturna. A 300 metros de distancia, un grupo de 4 aves carroñeras volaba en círculos, probablemente sobre algún cadáver dejado por los depredadores nocturnos – “¿Estás listo?” – pregunté, mi mirada fija en él – “El primer ejercicio comienza cuando empecemos a caminar.” – expandiendo mi haki de observación básico en 140 metros.
 

 
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#4
Mi mentira acerca del gato negro que se cruzó en mi vuelo resultó estar ligada a algo existente. Fuguwu empezó a hablarme del propio folclore de su isla natal, mientras yo le escuchaba y sacudía con mis manos el polvo de mis pantalones y mi capa. — Más o menos podríamos decir que estamos en el amanecer... así que eso nos traerá buenas corrientes — levanté mi mochila con mis bártulos del suelo de una forma ágil, empezando a hacerla desaparecer dentro de mi pecho, como aquel que se atrapa y se hunde dentro de una duna de arena en el desierto — o eso espero, no me apetecería volver a encontrarme a aquel dragón de buena mañana ¡kakahaha!

Mientras mi compañero gyojin recogía sus cosas, empezó a explicarme de qué trataba el entrenamiento. Parecía ser que la mística y legendaria técnica que Karl nos había enseñado hace años, el waki, era sólo el comienzo. Ahora me esperaba el aprender a su versión mejorada, el haki, algo que haría que no sólo pudiese percibir el aura de la gente, sus intenciones o sentimientos, sino que ahora podría incluso poder percibir si algo se encontraba próximo a atacarme. Parecía una técnica dirigida a entrenar la mente, haciendo sólo necesario un cuerpo entrenado que reaccionase a su par ya que por sola no servía de nada... por suerte mi cuerpo estaba más lúcido que mi cabeza, sobre todo después del fogonazo recibido por el cobarde viejo borracho que hacía llamarse emperador. Me eché el pelo hacia atrás con mi diestra, pensativo mientras oía las explicaciones de mi nuevo maestro — ¿Entonces el haki es la versión mejorada del waki? — Los conceptos había que tenerlos claros desde un inicio — Y lo más importante... si percibo algo con este nuevo haki creo que mi cuerpo estaría preparado... podría hacer ésto — Comencé a deformar mi cuerpo de una forma rápida y asalvajada formando agujeros en él, como si fuese una masa de arena emulando un queso emmental — O quizás ésto — Mi cuerpo paró de revolverse para dividirme de arriba a abajo en dos mitades independientes — Las posibilidades son infinitas — Volví a juntar mi cuerpo para dejar caer mi cabeza a mis pies — ¡Ahí va! Este haki me habría venido bien para Sabaody, si hubiese notado la bala venir, con este truco aún seguiría manteniendo mis dos ojos y mis dos orejas — Mi cabeza se deshizo en arena que voló hasta mi cuello para volver a su sitio, poniéndole fin a mi improvisado show — ¡Kakahaha!

Expandí mi waki de observación a cien metros a mi alrededor, al mismo tiempo que observaba el camino que teníamos pensado recorrer. Pese a haber encendido el faro con aquellas piedras tan extrañas, esta isla seguía siendo demasiado salvaje y nunca podíamos mantener la guardia baja — Estoy listo para empezar, te sigo, hoy el navegante eres tú — Me preparé para empezar a trotar hacia el lugar de las bestias manteniendo mi concentración, cuanto antes entendiese esta nueva habilidad, antes podríamos volver para relajarnos


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#5
Observé la demostración de Apolo mientras su cuerpo se transformaba en múltiples formas, primero formando agujeros como un queso, después dividiéndose en dos mitades, finalmente separando su cabeza por completo. La versatilidad de sus poderes era, como siempre, impactante. “Gowowo wowowo!” – reí por todo lo alto sin poder contenerme – “Tienes razón. Con tus poderes y este nivel de Haki, las posibilidades son casi infinitas. Podrías dejar que los ataques te atraviesen si te anticipas a por dónde vienen.” – Me detuve un momento, ajustando la cantimplora en mi cinturón mientras el calor seguía incrementando – “Pero para aclarar tu duda” – continué, mirándolo directamente – “No es que el Haki sea la versión mejorada del Waki. Es que siempre se ha llamado Haki. Karl simplemente lo pronuncia mal, ya sabes cómo es.” – empecé a trotar en dirección noreste – “Vamos” – dije sin girarme – “Mantén tu Haki expandido mientras corremos. Es parte del ejercicio. Tienes que aprender a sostener la concentración incluso cuando tu cuerpo está activo.”
 
Después de avanzar 50 metros, comencé a cantar la melodía del gato volador. Mi voz grave resonaba sobre el paisaje vacío de Mystoria, esa canción que había escuchado mil veces en el Distrito Gyojin durante mi infancia – “Dice así… Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha, Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha… Fue horrible, Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha, Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha… Dice así” – mantenía el ritmo de trote mientras seguía cantando – “Hago como iguana, hago como mosquito, hago como pollito, hago como ballena, hago como vaca, muuu, pero ustedes lo que quieren es… El gato volador, el gato volador, el gato volador, el gato volador” – cantaba con el ritmo de quien esta en un festival, recordando que esta canción se usaba para enseñar a los más jóvenes sobre otros animales que no eran comunes de la isla Gyojin. El terreno comenzó a elevarse gradualmente. Habíamos recorrido 200 metros y ahora las primeras lomas se alzaban frente a nosotros. A nuestra izquierda, a 400 metros de distancia, un pequeño riachuelo de agua que bajaba desde el lago central serpenteaba entre las rocas. El aire olía intensamente a azufre, más fuerte que en la costa. El volcán estaba a 1.8 kilómetros al noroeste, y desde esta posición podía verse ocasionalmente el humo gris que emanaba de su cráter – “Es una canción que se canta principalmente durante el Festival de las Corrientes” – expliqué mientras seguíamos avanzando – “Se celebra cada inicio de estación en la Isla Gyojin. Los niños la aprenden antes incluso de saber nadar propiamente.” – a 150 metros adelante, el terreno se volvía más irregular. Rocas de mayor tamaño sobresalían del suelo, algunas de 1 metro de altura, otras de 2 o 3 metros. Entre ellas crecían arbustos secos adaptados al calor extremo, con hojas pequeñas y gruesas que retenían humedad. El camino natural entre las rocas medía aproximadamente 4 metros de ancho – “Ahora, mientras corremos, quiero que intentes algo” – dije, aumentando ligeramente el ritmo y pasando a un tono menos jovial – “Expande tu Haki hasta 140 metros. Siente no solo las presencias, sino sus direcciones de movimiento. Esas aves que están a nuestra derecha” – señalé con mi cabeza hacia donde las 4 carroñeras seguían volando en círculos – “¿Puedes sentir hacia dónde planean moverse?” – El sol seguía su ascenso implacable. Las sombras se acortaban minuto a minuto, y el sudor ya empezaba a acumularse en todo el cuerpo empapando mi uniforme. Habíamos recorrido 350 metros desde la costa. Aún nos quedaban 1.65 kilómetros hasta nuestro destino.
 

 
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#6
"No es que el haki sea la versión mejorada del waki. Es que siempre se ha llamado haki. Karl simplemente lo pronuncia mal" — Fueron las palabras de Fuguwu que comenzaron a reverberar en el interior de mi cabeza, a la par que trotaba. Palabras que a través de la pupila de mi ojo, comenzaron a hacer que viese una estrella en un cielo oscuro. Una estrella que pronto fueron miles, de ahí el cosmos. Colores azules, morados, fríos... del cosmos a una concentración de más estrellas. Galaxias. Una tras otra formando el todo en el universo, que a su vez era la nada. Éramos nada y todo explotaba en una cadena cual fichas de dominó. Una orquesta de cuerda sincronizada al máximo de su volumen. El nirvana. Como si mi propia imagen descendiese de todo ese cosmos, pronto sentí como mi alma volvió a unirse a mi cuerpo — Vamos no me jodas — Miré a Fuguwu — Y yo hablándole del waki a todo el mundo en Marineford.

El ser mitológico del gato volador no sólo podía sonar a una leyenda, sino que además tenía un himno propio que Fuguwu empezó a enseñarme. En cuanto noté que empezó a entonar los versos de la canción, comencé a acompañarle dándome golpecitos en los pectorales, usando mi manos de forma rítmica y potenciándolo con unos coros. Podría oírse un ligero "pum-kaká, pum-ká, pum-kaká, pum-ká" carioca, que sumado a esa canción, empezaba a formar una banda. A la vez que comenzaba a notar el aire que respiraba más pesado de lo normal, puesto que la zona volcánica estaba más cerca, escuchaba a mi compañero hablarme sobre su isla natal, aquella que finalmente no pudimos visitar antes de llegar al cuartel de Marineford. Me interesaba de forma genuina el hecho de poder conocer los festivales de los que siempre me hablaba y ver qué diferencias y similitudes podrían tener con los de Samba, pero empezaba a no estar seguro de si algún día podríamos poner los pies allí. Y menos aún cuando, conforme los meses pasaban, el nombre de nuestra división se hacía cada vez más famoso.

El siguiente ejercicio era intentar predecir el vuelo de unas aves que señalaban en el aire a, quizás, carroña que les serviría de alimento. Hasta ahora el haki simplemente lo usaba como un radar que detectase gente a mi alrededor, pero predecir los movimientos sonaba a algo mucho más complicado. Expandí mi haki de observación desde los cien metros que me acompañaba, hasta los ciento cuarenta que Fuguwu me indicó — Oye Fuguwu — concentrado, empecé a enfocarme sobre las aves en la distancia — ¿crees que algún día podríamos visitar tu isla?. Según lo que pude leer en los periódicos parece que el lugar no es muy favorable para que los Marines lo visitemos... yo pude tener un contacto pacífico con un miembro del Ejército Revolucionario — dije pensando en aquel mink panda que me crucé en Sabaody, dispuesto a acabar con la subasta de esclavos — pero no sé si todos surfean la misma ola, ¿me sigues? — Seguí concentrándome en el aura de los pájaros carroñeros pero no notaba que progresase — Puedo intuir hacia dónde se van a mover... pero eso es porque están volando en círculos ¡kakahaha!. Más allá de eso no creo que lo esté haciendo bien — Estaba claro que esa técnica sería más difícil de llevar a cabo que lo que ya conocía, sería un iluso pensar que podría romper el límite de ese poder de una forma tan sencilla.

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#7
La pregunta de Apolo sobre la Isla Gyojin me tomó por sorpresa. Mantuve el ritmo del trote, pero mi expresión cambió, volviéndose más seria. El calor seguía aumentando, ya rozábamos los 41 grados, y el sudor corría por mi rostro mientras procesaba cómo responder – “Me encantaría que toda la División 9 visitara mi hogar” – dije después de unos segundos, mi voz perdiendo parte de su tono jovial – “Pero tienes razón. Hace poco más de dos años, la Isla Gyojin se afilió oficialmente al Ejército Revolucionario” – esquivé una roca que sobresalía 50 centímetros del suelo – “Desde entonces... no he sabido nada de mis padres.” – mantuve mi Haki expandido mientras hablaba, sintiendo el movimiento de las aves a nuestra derecha. Habíamos recorrido ya 500 metros desde la costa – “Están en un hospital en el Distrito Gyojin. Han estado allí desde que era joven” – continué, mi tono volviéndose más grave – “Solía recibir cartas del personal médico, actualizaciones sobre su estado. Pero desde que la isla se unió a los revolucionarios... nada. Ni una sola respuesta." – el terreno seguía elevándose. A 100 metros adelante, las rocas formaban un paso natural más estrecho, de apenas 3 metros de ancho. El riachuelo a nuestra izquierda ahora estaba a 350 metros de distancia – “Mi meta es liberar la isla. Otra más a la lista de metas junto con la de encontrar a mi hermano.” – admití, algo que raramente compartía con alguien – “Pero no sé cómo hacerlo sin que esto se convierta en una afrenta directa de la Marina al Ejército Revolucionario. Eso significaría guerra. Muchas bajas innecesarias. De ambos lados.”
 
Las aves carroñeras seguían volando en círculos a nuestra derecha, a 140 metros de distancia. Pero algo cambió en sus movimientos. Sus auras se concentraron, sus intenciones se volvieron claras como el cristal en mi percepción – “Se van a lanzar en picada” – dije justo en el instante en que las 4 aves cerraron sus alas y descendieron en vertical hacia el suelo, buscando su presa. El movimiento fue exactamente como lo había percibido, cayendo los 40 metros de altura en 3 segundos. Me giré ligeramente hacia Apolo sin dejar de trotar – “Eso es lo que buscamos. Percibir la intención justo antes de que suceda” – señalé hacia donde las aves ahora estaban en el suelo, peleando por los restos de lo que parecía ser un lagarto pequeño – “Pero no te preocupes si aún no lo captas. Estos son ejercicios de calentamiento antes del entrenamiento real.” – Aumenté el ritmo del trote. Ya habíamos recorrido 650 metros. El terreno ahora era definitivamente más montañoso, con rocas de 2 y 3 metros de altura creando un laberinto natural. El camino serpenteaba entre ellas, obligándonos a girar constantemente – “Sobre lo que dijiste del revolucionario en Sabaody” – continué, retomando la conversación mientras corríamos – “No todos surfean la misma ola, como dices. Cada persona tiene sus propias motivaciones. Imagino que, como nosotros, algunos luchan por ideales genuinos. Pero otros, solo buscan poder, no tengo pruebas, pero tampoco dudas” – salté sobre una piedra de 40 centímetros que bloqueaba parcialmente el camino – “El problema es que la Marina ve todo en blanco y negro. Revolucionario igual a enemigo. Sin excepciones.”
 
El sol ya estaba alto en el cielo. Las sombras eran cortas, casi inexistentes. Habíamos recorrido 800 metros desde la costa. Nos quedaban 1.2 kilómetros hasta nuestro destino para realizar el entrenamiento real que tenía en mente para Apolo. El aire vibraba con el calor, creando espejismos en la distancia – “Mantén tu Haki a 140 metros” – ordené, mi tono volviendo al modo instructor – “Intenta no solo sentir presencias, sino sus estados. ¿Están quietas? ¿Se mueven? ¿Hacia dónde?” – mantuve expandido mi propio Haki a 140 metros, sintiendo el entorno cada vez más salvaje a medida que nos adentrábamos en territorio de las bestias más problemáticas de Mystoria.
 

 
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#8
Escuchaba el relato de mi compañero acerca de su pasado, parecía ser que su camino por la rama de la medicina le venía de familia, así como el mío vino por parte de mi madre. Intentaba recopilar toda la información que tuviese en mi cabeza guardada procedente de los periódicos, por si servía de ayuda a la hora de llegar a algún tipo de conclusión, pero apenas había leído un par de cosas sobre la isla Gyojin. Quizás estuviesen reteniendo información para no desvelar nada fuera de sus fronteras, o quizás tampoco había que creerse mucho de lo que los periódicos decían. La experiencia me decía que nada era de fiar hasta que lo viese por mi propio ojo. — Podríamos montar una operación e ir allí a investigar... aunque claro, siendo usuario si me metiese allí, debajo del mar y rodeado de Gyojins, quizás estaría llamando a las puertas del suicidio ¡kakahaha! — reí para quitarle hierro al asunto, aunque sí que era complicado poder acceder a esa isla bajo los colores del enemigo para ciertos revolucionarios. La isla Gyojin estaba demasiado bien defendida simplemente por estar tan sumergida, era un bastión natural casi imposible de invadir.

Tras ello pude ver cómo el poder del nuevo haki era real. En cuanto Fuguwu dijo que los pájaros se lanzarían en descenso, el grupo alado procedió a hacerlo con una sincronización perfecta con las palabras de mi compañero, como si estuviesen comunicados de alguna forma. Intentaba poner la atención en las auras de las aves mientras seguíamos metros y metros, hasta dejar se sentirlas y sin poder predecir nada de lo que iban a hacer. Tras ello volvió el tema del mink panda que me topé en el archipiélago hace dos años y, pensativo, seguí explicando aquel encuentro — Me sorprendió que aquel mink tuviese una actitud tan diferente y contraria a Marcia. En cuanto le reconocí por haber visto su cartel de búsqueda y le confesé que yo era un Marine, me puse en guardia esperando un ataque. Sin embargo, llevó su camino por el diálogo. Al ver que yo también estaba en contra de subastar esclavos me ofreció unirme a su grupo y... — dejé de hablar un par de segundos — no voy a ocultar que ganas no me faltaron para aceptar — aquellos meses fueron críticos al ver que nada encajaba con lo que yo creía y lo que veía a mi alrededor, por no mencionar al mink y la tontatta del grupo, dos miembros que yo no echaba de menos para nada — sin embargo le dije que prefería cambiar las cosas desde nuestro lado. Ahora tengo su número de den den mushi, me lo ofreció por si algún día lo necesitaba — Tras ello llevé mis motivos por un camino similares a los suyos —. Lo de ser Marine me viene de familia... bueno, de mi madre. A mi padre no lo conocí y la última vez que vi a mi madre fue cuando yo tenía quince años. Ella, en favor al Cipher Pol, fue traicionada por un miembro de su propio grupo al que veíamos casi como un miembro de nuestra familia y a mí me subieron a un barco para exiliarme en el West Blue — comencé a apretar mi puño derecho, haciendo crujir el vendaje que llevaba al aplicar tanta tensión en sus fibras — No sé si ese cabrón sigue siendo Marine o si sigue vivo... pero si algún día le veo pienso disecarlo. Separaré su cabeza de sus hombros. Por eso odio al Gobierno Mundial.

Tras pronunciar la última palabra y, como si de un trance se tratase, me desvíe rápidamente hacia una roca en el lateral del camino que llevábamos. Mi pie derecho se convirtió en arena y, con una rabia provocada al recordar mi pasado, pateé la roca deshaciéndola en pedazos, al mismo tiempo que una hiena era golpeada y salía volando metros y metros por el golpe — ¿TE CREES QUE NACÍ AYER? TÚ NO ME SIGAS, ¿ME SIGUES? — Dije alzando la voz hacia esa hiena. Había detectado su aura mientras corríamos y, por la experiencia de haber sido atacada por varias en un pasado, me adelanté por si intentaba atacarnos. Tras eso volví en mí, saliendo del trance — Pues creo que esa que acabo de detectar se mueve muy muy hacia la lejanía, aunque no sé qué quería ¡kakahaha! — Volví a centrarme en el uso del haki retomando la carrera — Esto es más complicado de lo que creía pero creo que cada vez voy a tener que estar más atento — Podía ver cómo cada vez faltaba menos para entrar en el nido de bestias y allí uno no sabía cuando podía ser emboscado


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#9
La sugerencia de Apolo sobre montar una operación me arrancó una carcajada – “ “¡Gowowo wowowo!” – reí sin poder contenerme – “Agradezco la intención, de verdad. Pero tienes razón, sería una misión suicida. Particularmente para ti.” – señalé hacia él mientras seguíamos trotando – “Recuerdo cuando te rescate del mar en nuestra pelea contra Marcia, nadar no es lo tuyo, rodeado de agua por todos lados, en territorio hostil lleno de gyojin que pueden moverse bajo el mar mejor que tú en tierra…” – Mantuve mi Haki expandido mientras corríamos. El terreno seguía volviéndose más irregular, con rocas cada vez más grandes flanqueando nuestro camino. Escuché su historia sobre el mink panda en Sabaody, cómo le ofreció unirse a los revolucionarios. No respondí de inmediato, procesando esa información. Tenía razón en algo, no todo el mundo es igual. Ese revolucionario había elegido el diálogo sobre la violencia. Había visto algo en Apolo que valía la pena preservar en lugar de destruir. Quizá no todos los revolucionarios eran enemigos ciegos – “Entiendo que consideraras aceptar” – dije finalmente, saltando sobre una roca de 60 centímetros – “Hace dos años, después de Sabaody, quiero pensar que todos cuestionamos muchas cosas. Yo también lo hice.” – el sudor empapaba completamente mi uniforme y lo podía sentir pegarse en mi cuerpo – “La Marina como institución no es perfecta. Tiene fallos. Corrupción. Gente que usa su poder para su conveniencia” – me giré ligeramente hacia él sin dejar de correr – “Pero tengo confianza en esta División. En lo que podemos lograr. Joe, Karl, tú, yo... incluso podríamos cambiar la Marina desde dentro. Elijo creer que es posible, eventualmente.”
 
Habíamos recorrido 950 metros desde la costa. Las rocas a ambos lados del camino ahora alcanzaban 4 metros de altura, creando un corredor natural que nos llevaba directamente hacia el interior más salvaje de Mystoria. El olor a azufre era más intenso aquí – “Ese número de den den mushi que te dio el panda” – pregunté, la idea tomando forma en mi mente – “¿Crees que podrías preguntarle por mis padres? O al menos... por información sobre la Isla Gyojin desde dentro” – hice una pausa – “No tiene que ser ahora. Pero... si alguna vez surge la oportunidad.” – Apolo comenzó a contarme sobre su madre. Traicionada por el Cipher Pol cuando él tenía quince años. Exiliado al West Blue. Su padre desconocido. Asentí con la cabeza mientras escuchaba, manteniendo el ritmo del trote. Cada palabra revelaba más sobre por qué Apolo era quien era. Por qué odiaba al Gobierno Mundial, pero seguía siendo Marine. No interrumpí. Algunos relatos merecen ser escuchados en silencio. Entonces sentí la intención de la hiena. A 25 metros a nuestra derecha, oculta detrás de una roca de 2 metros, el animal salvaje preparaba su emboscada. Pero, para mi grata sorpresa, Apolo también le sintió, seguía enfocado en su haki, eso era excelente para este entrenamiento. Su pie se convirtió en arena y la roca explotó en fragmentos. La hiena salió volando 8 metros antes de estrellarse contra el suelo y huir aullando – “Excelente” – dije, genuinamente impresionado – “Te mantuviste atento a tu haki a pesar de estar en movimiento y conversando. Eso es exactamente lo que buscamos.” – dije con satisfacción. Habíamos recorrido 1.1 kilómetros. El terreno frente a nosotros comenzó a cambiar, el suelo estaba marcado con huellas de múltiples criaturas, arañazos por las paredes, pisadas pesadas, marcas de arrastre. A 100 metros adelante, el corredor se abría hacia un claro amplio. El Nido de Bestias, habíamos llegado a nuestro destino.
 
“Hemos llegado” – dije, reduciendo el trote a una caminata y finalmente deteniéndome a 20 metros de la entrada al claro. El claro medía aproximadamente 80 metros de diámetro. Las paredes rocosas lo rodeaban formando un anfiteatro. En el centro había restos de lo que parecían ser múltiples presas: huesos, pieles, manchas oscuras sobre la piedra. A lo largo de las paredes, a diferentes alturas, había grietas y cuevas más pequeñas. Madrigueras. “¿Listo para el siguiente nivel?” – pregunté, manteniendo mi mirada fija en el claro frente a nosotros.
 

 
OFF

Haki

Karmas y Atributos
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]
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#10
Parecía que yo no era el único que se había planteado si quizás el lado de la Marina era el camino a seguir, Fuguwu también se cuestionó lo que hacíamos y por qué. Ya no fue simplemente el hecho de ver a una niña inocente siendo erradicada entre el fuego de una explosión formada por un juguete nuevo, lo que más hizo arder mi espíritu fue el hecho de oír salir de la boca del viejo de los zodiacool, que fuimos utilizados como carnaza contra ese yonko para proteger a una piedra. Una piedra de mierda que le interesaba al Gobierno y que a mí no me importaba lo más mínimo. Una piedra que hizo pagar el peaje de mi rostro a cambio de salir de aquella isla. No me gustó el hecho de que nos tratasen como a peones de ajedrez, con la indiferencia de que si uno caía, otro podía ocupar sin lugar en una rueda cíclica, sabiendo más aún que esta división tenía un gran historial con ello. Yo no tenía pensado ser un peón remplazable, a mí no me iban a mandar al cajón de las fichas eliminadas en el juego.

A Fuguwu le interesó el dato de que bajo mi manga guardaba un as que podía ser utilizado en cualquier momento, tener amigos en el infierno siempre podía ser útil en un mundo tan hostil. Eso yo lo sabía de primera mano desde mi adolescencia. Tras patear a la hiena a través de la roca, volví con mi compañero aprobando su petición — Dalo por hecho — volví a trotar mientras la arena desaparecía de mi pie derecho para volver a darle forma a mi propia carne — no sé qué rango tendría ese mink dentro de su organización... pero su recompensa no estaba para nada mal. Si surge la oportunidad podríamos intentarlo, aunque seguro que nos pide algo a cambio, ¿me sigues? — Si seguía con las mismas intenciones que hace dos años, no me molestaría deberles un favor... pero quizás nos podrían pedir un imposible.

Avanzábamos sin darnos cuenta de una manera muy rápida al ir charlando tranquilamente. Pronto pude comprobar cómo el entorno dejaba pistas sobre el camino que indicaban hostilidad, un lugar en el que parecía que las bestias de la isla pululaban. — Estoy listo pero... — comencé a analizar el lugar, mirándolo de un lado a otro — ¿qué pretendes con todo esto? ¡kakahaha! — agarré la hombrera izquierda de mi capa con mi mano derecha y de un tirón me la saqué, dejándola caer en el suelo — Así mejor... con la tontería el uniforme da demasiado calor — me quedé observando la zona, vestido únicamente con la mitad de mi máscara, mi pantalón de capoeira y los vendajes en mis extremidades. Estaba listo para ver en qué consistiría el siguiente paso.


Haki

Gastos

Karmas aplicados
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 9477 + 0 = 9477
Energia: 4841 + 0 = 4841
Espiritu: 2098 - 40 = 2058


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