Sin camisa ni zapatos... | Pasado
#1
Hace dos meses...

El viento del mar provenía, como una caricia tierna que arrulla el arrozal. La fresca brisa otoñal encauzaba un río de hojas secas a través de los caminos del pueblo, las distribuía a su antojo y capricho, danzantes sobre la tierra como un oleaje campestre. El cielo estaba despejado, celeste en su plenitud, y el sol, estoico en su trono, obsequiaba sus cálidos rayos con autoridad. Ni una sola nube se atrevía a cuestionarlo.

Frío y calor lograron un equilibrio en el pueblo. La temperatura debía oscilar entre los veinte grados. Quizá, con el viento, un poco menos que eso, pero no mucho. Hombres y mujeres vestían de manga corta. Los más precavidos traían sueter y los más osados, los temerarios, se pavoneaban en pantalones cortos, los mismos que eran prácticamente un uniforme a la hora de trabajar los cercanos campos de arroz.

Entre todos ellos, sin embargo, una figura destacaba. Un hombre de estatura promedio, cabello blanco y algunas cicatrices en la cara. ¿Qué llamaba tanto la atención de él? ¿Serían acaso sus ojos? El iris bermellón llamaba la atención, pero no, no se trataba de sus ojos. ¿Serían los nudos en su cabellera desprolija? ¿La extraña forma de caminar? ¿El olor a cigarrillos? ¿Serían, acaso, sus boxers negros de elásticos gastados?

Bingo.

«¡Póngase algo, patán!» «¡Hay niños en la calle!» «¡Degenerado!»

—¡Cómanme los huevos! ¡Me muero de calor!

Irritado, Enji escupió a un costado antes de ponerse un cigarrillo entre los labios. Su ropa… No recordaba exactamente dónde la había dejado, y eso era un grave problema pues, ahora que tenía el cigarrillo en la boca, recordó que junto a sus pantalones había dejado el mechero.

—¡Carajo! —Se sacó el cigarrillo sosteniéndolo entre índice y pulgar de la mano derecha mientras con la izquierda, inconscientemente, se rascaba el cuello—. ¿Alguno tiene fuego?

Con carita de perro mojado pidió la clemencia de las personas que estaban cerca, pero sólo recibió su rechazo. Algunos lo miraban con asco. Otros, y otras, tenían otros sentimientos en los ojos. Esos le generaban asco.

—¿En serio? ¿Ninguno de ustedes fuma? Venga, no me jodas, que estoy seguro de que alguno le da a la pipa cuanto menos. ¡Tú! —señaló a un viejo—. Tú tienes una cara de fumador terrible.

El viejo le enseñó el dedo medio.

—Uy, qué amable, anciano. ¿Alguien más?

Poco a poco, a medida que la novedad se gastaba y la indignación de otros se apagaba, dejaron de prestarle atención. Se quedó parado en mitad del camino peatonal que recorría el centro del pequeño pueblo costero, vistiendo nada más que sus boxers y con un cigarrillo en la mano, pero sin fuego para encenderlo. El peor de los escenarios que pudiera imaginar, y uno recurrente en sus pesadillas.

—Mierda, okey, el mechero debería estar con mi ropa. Pero, ¿dónde carajos está mi ropa?
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#2
Dos meses atrás…

Ryan había estado hace un par de días “varado” en isla karate, una isla donde un mínimo robo podía significar una paliza, por lo que el chico había alistado bien sus berrys para poder sobrevivir en estas semanas o meses que durase la aventura para poder volverse más fuerte… Fuerte para poder sobrevivir a las adversidades del destino, solo así podría demostrarles a sus captores que no se dejaría dominar ahora que se les había escapado de las garras.

Pero, no era momento de cuestionarse cosas del pasado, sino de buscar mejorar sus habilidades de combate, no era ningún misterio que el chiquillo era inteligente o por lo menos lo suficiente para haber logrado convencer a la banda de autodestruirse entre ellos para que los marines los capturen uno tras otro, pero si quería sobrevivir solo o acompañado… Debía tener la fuerza para poder defenderse por lo menos de otros enemigos, y ahí es donde isla karate le serviría para mejorar ¿Alguien debía saber manejar esta extraña capa de cuchillos? ¡¿No?! Llevaba días pasándose por distintos dojos, haciéndose un poco más el interesado y amistoso de lo que realmente era con la gente… Pero, de nada le había funcionado hasta el momento, resultados cero.

Por lo que ahí se encontraba caminando igual de abrigado que siempre agotado y derrotado por el camino, encontrándose con un par de sujetos que aparentemente estaban llevándose un conjunto de ropa de algún patán que se metió al rio cercano o simplemente se desnudó… -Pobre idiota…- Comentaría susurrando para sus adentros, siguiendo su caminata que terminaría al ver que un par de cuadras más allá, efectivamente ahí estaba aquel sujeto, que poco y nada parecía importarle ir medio desnudo.

Lo miraría entonces un buen par de segundos el niño de aparentemente unos dieciséis años se quedaría mirando al sujeto… Pensativo… Y por si fuera poco, juzgándolo estaba bastante tonificado, y parecía ser el típico papanatas… Pero, si hay algo por lo que estos sujetos se caracterizan, es por tener dinero… En especial si es que ya se le adelantaron robándole.

Por lo que tal vez sea bueno ayudarlo... Segun el.
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#3
—Mierda, creo que lo perdí de nuevo. ¡Ah, carajo! No me van a querer dar otro uniforme, es el tercero del mes…

Con las manos en la cintura y los brazos en posición de jarra, Enji suspiró tras haber murmurado para sí mismo otra maldición. Estaba cuidando a consciencia de ese uniforme.

Era irritante la facilidad con la que se desprendía de la ropa. Un segundo estaba vestido, pulcro, y al otro ¡puf! Hombre en ropa interior. Muchas veces lo hacía a consciencia porque sentía calor, pero otras, como esa ocasión particular, su cuerpo se movía solo, dejando las prendas caer mientras hacía otra cosa totalmente distinta. La última vez lo tuvo que detener la encargada de una tienda de verduras para que no se quitase los pantalones mientras él, concentrado, elegía entre las manzanas verdes a la que mejor pinta tenía.

La naturalidad con la que terminaba en paños menores rivalizaba con su facilidad para respirar sin tener que pensarlo conscientemente.

Dejó caer los brazos, hombros hundidos, y suspiró por segunda vez, mucho más largo y grave. Algo exagerado. Después, se giró y encaró la calle preguntándose dónde revisar primero. ¿El pozo de agua?

—¿Ah?

En el movimiento de girarse lo percibió, por el rabillo del rojo: un muchacho. Bastante más bajo que él, además de jóven, con el cabello negro y algo largo, pero no tan largo como el suyo. Lo estaba mirando. En verdad, lo estaba mirando bastante fuerte. Tenía los ojos fijos en él. ¿Es que acaso podía verle el alma? ¿O tenía algo pintado en la espalda? Las otras personas miraban de reojo, en pasadas rápidas, temerosos de toparse con su mirada. Ese chico no. Parecía decidido a que lo notara.

—Oi, cara de palo, ¿qué pasa? —Su primera reacción fue hacer una mueca gamberra, pero una idea encendió la chispa de la esperanza en sus ojos. Dio un paso hacia el chico—. ¿Es que tienes fuego para encender mi cigarro? Es eso, ¿verdad? Porque me salvarías el maldito día, enano.

Tenía una relación peligrosa y bastante cuestionable con el cigarrillo. Tóxica en todos los sentidos posibles. Había pasado… ¿qué? ¿Dos horas sin fumar? Y su pie ya empezaba a repicar contra el suelo.

Se rascó el cuello de nuevo, una señal inequívoca de su creciente ansiedad.

—¿Sabes? Ese viejo es mi padre —señaló al señor que le había sacado el dedo medio unos minutos atrás, un pobre anciano que siquiera había seguido prestando atención a su rabieta. Estaba de espaldas, haciendo la fila para comprar en un pequeño negocio, sin enterarse de nada de lo que Enji decía—. Ya no se acuerda de mí, está enfermo, pero estoy seguro de que tendrá un momento de lucidez si me ve fumando ya que él me enseñó a armar los cigarrillos. ¿No me ayudarías en esta noble causa?

Karmitas
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#4
“Había que ser tarado…” fue el primer pensamiento que Ryan tuvo en su cabeza, el chico parecía ser distraído al punto de que ya se había desorientado, a eso súmale ¿Había comentado que era su uniforme? ¿Acaso era marine? Pues vaya que le hacía falta un descenso parece. Después de todo, para perder por tercera vez su uniforme debía ser bastante patético… No por nada la gente estaba tan indignada a su alrededor… nadie se despoja de su ropa a menos que sea en contra de su voluntad él ya lo había visto ¿A caso esto era alguna especie de broma interna?

Difícil concluirlo, súmale que cuando recién se dio cuenta de la presencia del muchacho este parecía estar mas molesto que antes y por si fuera poco le había llamado ¿Cara de palo? -Eh… - Le respondería dudoso de que contestar, el no era la persona más carismática y mucho menos la mas sociable, por lo que sus contactos solían ser de lo mas precisos, en especial si le sumas que entre la capucha que parecía ser algo de tela de calidad… Se ocultaban miles de cuchillos a la orden del día ¡Por suerte para todos! Estos eran bastante discretos, para ser tantos y tan afilados, aparentando ser simplemente adornos.

-Idiota te robaron hasta el fuego… - Se le escaparía de entre los labios, para suspirar suavemente -Escúchame si quieres recuperar ese preciado uniforme, te puedo dar la información de quienes se lo llevaron. – Le explicaría notando que el sujeto habría seguido unos segundos mas con el cuento del cigarro y su abuelo demacrado -Si estas tan desesperado, págame después o pídele berrys a papi… - añadiría viéndolo desde su baja estatura (La cual para su edad estaba bastante bien, pero aquel peliblanco era bastante alto), haciendo una sonrisa confiada.

-Es eso por lo que veo, o que tu capitán te vea de nuevo en prendas menores… ¿O ese es tu deseo? – Le sonreiría de par en par -Cualquiera sea tu decisión, hay que patearle el culo a los que te robaron ¿No? - Le explicaría finalmente sabia que esos tipos debían ser de otra isla y cuando los vio pasar no parecían interesados en el dinero perse… Entonces cabía la remota posibilidad que quisieran verlo desnudo… O que más bien tuvieran problemas con el sujeto, lo cual no parecía muy difícil viendo su personalidad y que era un marine en una isla neutral.

-Entonces… Te quedaras ahí… Yo me moriría de frio en tu lugar. – Finalizaría esperando respuestas, con ese comentario extraño… Después de todo, el sol pegaba a pesar de que no hacia ni uno ni lo otro en términos de frio o calor, sumándole a esa extraña capa, dejando a la vista su bufanda azulada, que mataría de calor a cualquiera.
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#5
El tiempo que tardó el muchacho en procesar sus palabras y encontrar las propias para contestarle, Enji lo ocupó mirando a su alrededor. Se hacía visera con la mano para cubrirse del rayo del sol y tratar de ver en la lejanía algún destello blanco, algún reflejo que sirviera de pista para dar con el paradero de sus ropas. Entre tanto verde, marrón y azúl, no podía ser que un uniforme blanco impoluto se camuflase mucho.

Puestos a lo que podía o no podía ser, estaba seriamente preocupado por la posibilidad de que a sus ropas le salieran piernas y huyesen, conscientes de su reputación.

—¿Ah? ¿Robarme?

Enji se giró de golpe al escucharlo, poniendo su mirada y toda su atención en él. Hasta entonces, la posibilidad de que algun pobre diablo fuera tan idiota como para robarse el uniforme de un marine resonaba lejos de su foco, en lo más profundo de sus menos favorecidas imaginaciones, como un eco. Ese eco acababa de convertirse en un sonoro campanazo.

Se le infló una vena de la frente.

—¿Por dónde se fueron? —preguntó, aunque, por su tono, sonaba más a una órden—. ¿El culo? Pff. Niño, les voy a patear los huevos tan fuerte que sus abuelos se van a tener que fregar por un repentino y terrible ardor en las malditas pelotas. Se van a cagar…

El usual desdén, natural en su persona, se vio sepultado bajo la creciente ansiedad por fumar. El uniforme, aunque importante, no le importaba tanto como el mechero que tenía en su bolsillo. La imposibilidad de encender su cigarrillo, que, resignado, había dejado reposando sobre su oreja derecha, empezaba a crisparle los nervios.

Decidido a encontrar a los malvivientes encaró al horizonte dando pasos amplios, fuertes, mientras la rabia humeaba desde sus orejas.

Al cabo de unos metros, se detuvo, dio la media vuelta y volvió donde el chico haciendo una seguidilla de pasos igual de amplios y fuertes, pero mucho más rápidos.

—¡Vamos! No te quedes atrás, que se supone que eres tú quien sabe dónde están. —Se llevó las manos, cerradas en puños, a la cintura, los brazos en la misma posición que las asas de un jarrón, mientras se inclinaba ligeramente hacia adelante y sobre el muchacho—. ¡Te pagaré luego! ¿O ves alguna billetera en mi bolsillo? ¡Vamos, vamos!

Enji trató de tomar al chico del antebrazo y arrastrarlo con él. Una vez más, siguiendo una dirección que siquiera sabía si era la correcta o no.
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#6
El sujeto parecía distraigo igual que siempre ¿Qué acaso no era obvio que le habían robado? Nadie tomaría las ropas de otro sujeto y las movería sin tener malas intenciones, y vaya que era fácil tener malas intenciones hacia alguien como el… Estaba reaccionando tal y como se imagino que lo haría, desde que estuvo con esa banda de piratas los ojos de Ryan sabían detectar a cierto tipo de patrones en las personas – Obvio… Te robaron. – Contestaria con una sonrisilla en su cara, la cual pasaría rápidamente a verse nerviosa al verse frente a una orden de un marine… No es que la quisiese o no seguir, pero por ahora le convenia pasar desapercibido ante alguien como un agente de la ley que él era... ¿Quién sabía si podía darle un soplo a su jefe y traer gente a joder aquí? Por lo que, simplemente mantuvo su fachada y comento -Te guio, te guio tch… Ni que fuera adivino… - Se quejaría al ver que el estaba tan preocupado por su ropa, aunque ¿Quién no lo estaría?

-Los sujetos se dirigían hacia el muelle, aunque es probable que se pasen por el mercado de la ciudad. – Explicaría viendo que esos sujetos probablemente quieran deshacerse de todo rápido al haberle robado a un puto marine… -Te guiare rápido, así se te quita la ansiedad del cigarro ¿no? – Comentaría un poco burlesco - Vamos. – Explicaría empezando a guiarle al ver que el tipo estaba impaciente por irse tan rápido como pudieran, era evidente que no tenia un duro, aunque también era bastante normal estar enojado por el evidente robo… Si parecía que mataría al primer implicado que encontrara… “Pobre de los que le robaron” Pensó el chiquillo santificándose en sus pensamientos risueño… Tenían sus días contados, probablemente serian de una banda pirata de bajo recursos, al igual que él lo era en su momento.

-Bueno te voy advirtiendo… - Le diría en un tono neutro entre la seriedad y la incomodidad -Puedo rastrearlos más o menos porque les escuche bien sus planes y les vi la cara mientras venia por aquí. – Le explicaría mientras le seguía intentando seguirle el paso a ese desnudo sujeto -No se veían de por aquí, así que supongo eran algunos estúpidos bandidos o piratas… - Le explicaría en su corazonada, después de todo el siempre fue bastante metiche - ¿Le hiciste algo a alguna banda en específico? – Preguntaría, aunque ya sabía la respuesta, la gran idea de esto era saber más información de sus palabras, a ver si es que los marines tenían información de algún rival aquí mismo en los blues… Pero… Era evidente que era un novato ¿Quizás le habrían dicho algo sus superiores? Siempre estaba bien ser precavido…

Así pues, de repente por tardar mucho caminando o simple ansiedad de aquel sujeto, le tomaría del brazo, siendo arrastrado ante las zancadas de aquel alto hombre - ¡HEY suéltame! No puedo ir tan rápido como tu… – Explicaría mortificándose, era incomodo que le tocara un desconocido, aunque mas incomodo seria que se diera cuenta de casualidad que la capucha ocultaba miles de dagas como adornos… Por lo que, el chiquillo forcejearía un poco para decir - ¡Por aquí no es! Estamos en un cruce y te estas yendo para el hospital… - Ah ese fatídico hospital que parecía ganar millones, que, aunque fuese precario y mal atendido… Se forraban por ser isla karate como era… Estaba totalmente al otro lado de la ciudad.

-Déjame guiarte, esos tipos ni iban apresurados- Diría empezando a tomar la delantera hacia el otro lado.
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#7
Los pasos de Enji eran cortos, veloces, y marcaban un ritmo difícil de percibir. Pisaba con fuerza y autoridad, haciéndose notar, pero sus pies, curiosamente, apenas dejaban huella en el suelo. Atraía miradas, pues todo en él llamaba la atención. Era ruidoso, bruto y tenía una manera de moverse que obligaba a los demás a abrir camino o ser desplazados, avanzando con ímpetu. Ardía en sus ojos la decisión, una convicción firme y un objetivo fijo. A corto plazo, encontrar a los malvivientes que habían usurpado su uniforme y hacerles pagar era su religión, su empresa y deber superior. Después, estaba pensando en ir a comer algo y quizá, solo quizá, comprarse de postre algo dulce.

«Hmm, se me antoja una tarta de manzana... Mierda, ¿por qué son tan caras? Debería tener un descuento por ser marine»

Sumido en sus pensamientos, ignoró los primeros forcejeos. Estaba convencido de que iban en la dirección correcta hasta que escuchó mencionar el hospital. Entonces, se detuvo y su agarre se aflojó, liberando el brazo del muchacho.

—¿Ah? ¿Es hacia allá? ¡Pues apresúrate! Estos tipos nos llevan un buen rato de ventaja. ¡Vamos, vamos, vamos! —Ahora detrás del joven, Enji posó ambas manos en su espalda y lo instó a caminar más rápido dándole un empujón constante que pudiera acelerar —a la fuerza—, la cadencia de sus pasos—. ¿Es que no sabes correr? Esos idiotas se nos van a escapar.

Al cabo de unos metros, sin embargo, algo llamó su atención y dejó de empujar a Ryan. Se detuvo en seco, levantó la mirada y cerró sus párpados en una fina línea mientras enfocaba lo que parecía ser su par de botas desparramadas sobre el tejado de un pequeño negocio, y a un viejo tratando de bajarlas golpeándolas con un palo.

—¡Eh! —llamó para detener al sujeto—. ¡Eh, esas son mis botas! ¿Cómo carajos llegaron allí? ¡Eh, viejo de mierda! ¿Qué le haces a mis botas?

Con los ojos en blanco corrió en su dirección, lo bajó de la escalera entre gritos y estrépito, se subió al techo y recuperó sus botas reglamentarias, que se colocó de inmediato pese a verse incluso más ridículo al solo llevar boxers y botas.

—¡Eh, chico! ¿Por qué carajos dejarían mis botas aquí? —gritó, todavía subido al techo, antes de descolgarse de regreso a la calle.

—Pasaron hace un rato —respondió el viejo mientras recogía su escalera. Pese a la pequeña trifulca, estaba más agradecido porque alguien sacara esas botas de su techo que enojado por las formas brutas de Enji—. Un grupito de cuatro, jugaban con unas ropas blancas y uno de ellos arrojó esas botas en mi tejado. Truhanes. No saben lo mal que le hace a la imagen de un negocio.

—Hijos de… ¡Bien! Significa que estamos en el camino correcto. ¡Te sigo, enano!

Se rascó el cuello mientras volvía a caminar detrás del muchacho, con las esperanzas renovadas.
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#8
Parecía que el termino guiar y ser guiado no era algo que entrase en la cabeza de aquel sujeto peliblanco, no por nada era llevado Ryan como si de un saco de papas arrastrado se tratase, por lo cual rastrear a estos sujetos iba a ser complejo si no le dejaban mantener el control de la situación, control que él siempre había sentido y que ahora era libre le gustaba tener, cosa que no se daba para nada con lo que para el niño era un idiota.

Así pues, solo cuando llegaron al cruce y pudieron diferenciar otra vía en donde se pudo perder sin Ryan perfectamente debido a su convicción tan fuerte que le hacía perderse, no por nada recién ahora había escuchado las palabras del peli negro -Se que nos llevan ventaja se dirigieron directo al puerto por algo… - Diría viendo que el sujeto a la fuerza prácticamente le hacia andar por delante ahora -Ya, ya… Tch… Voy tan rápido como puedo... Ni que esos sujetos se teletransportaran o algo. – se quejaría, intentando ir por delante ahora, atento a los ruidos como siempre, notando rápidamente como de un momento a otro dejaba de ser empujado por el chico de las cicatrices, viendo entonces una situación de la cual aún no me había percatado, un sujeto de alrededor unos 73 años humanos intentando bajarlas, no aparentaba traérselas con aquellos rufianes que le habían robado (para bien) al marine, entonces me despreocupe y empecé a revisar el lugar, como las botas estaban arriba del tejado, ignore completamente la situación de la charla con el hombre y empecé a ver si habían subido a arriba de este para irse por otro camino.

-¿Quizás los descubrieron robando…?- Comentaría para si en voz baja viendo si había alguna caja movida de lugar o donde encaramarse, lo cual haría mas sentido sabiendo de que lo más probable podrían estar intentando vender la ropa… Pero, algo no terminaba de colar dentro de la teoría… Y Ryan lo sabía.

Para ese momento el sujeto ya habría bajado con otro salto del tejado y empezaría a interrogar a Ryan -Esto intento ver… ¿Por qué no le preguntas al viejo…? – Le respondería, siendo visto por ese anciano de mala manera al niñato que aun era el chiquillo, pero aun así respondiendo la incógnita a pesar de tan malas palabras que habría recibido – Hmm… Gracias… - Diría mirando que aquel viejito tenia un mostacho digno de llamar la atención o las miradas inescrupulosas… No era un mostacho era DON mostacho - ¿Señor bigotes? – hablaría levantando una ceja, tocándose el hombro como siempre solía hacerlo cuando estaba incomodo, el sujeto refunfuñaría y simplemente entraría quejándose y maldiciendo a las juventudes actuales, todo mientras el que iba desnudo, se alegraba de ir por buen camino... Se supone…
Ryan suspiraría – Vale, algo aquí no cuadra… Estos sujetos no se dirigen hacia el mercado parece… - Comentaría haciendo memoria de sus apariencias empezando a caminar, eran sujetos mas o menos altos, pero jamás pensó en preguntarse si era porque eran adultos o porque eran otra cosa que no fueran humanos… Ninguno parecía ser gyojin… Pero… ¿Y si no eran adultos? ¿Y si le estaban haciendo una broma al don marinero sin pudor? Aún no había que adelantarse, pero era buena idea seguir caminando ahora.

-Sígueme que lo más probable encontremos más por allá- Explicaría empezando a caminar en dirección al muelle… Pero, un par de cuadras más allá seria que veríamos algo que llamaría la atención, una prenda tirada sucia… Pero, que parecía ser de la marina... Para variar un poco más… No eran pantalones aun, pero ya iban mas cerca.
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#9
El camino que seguían le era indiferente mientras su ropa estuviera al final, y, por algún motivo, confiaba ciegamente en que ese chico sabría conducirlo donde los secuestradores de su uniforme. La rabia se hacía notar en la inflada vena que le atravesaba la frente, los dientes apretados, rechinando con cada paso, y las pisadas fuertes, descargando en ellas algo de frustración. Un sentimiento que se veía alimentado por los crecientes síntomas de la abstinencia pues, más que su ropa, Enji necesitaba su mechero. O cualquier mechero. ¿Cómo podía ser que en todo ese trayecto todavía no se hubieran topado con un solo fumador? ¿Qué tan sanos iban a ser los pueblerinos? En su cabeza, la idea de invadir una casa en busca del fuego que usasen para comer empezaba a tomar fuerza.

—¿Ah? ¿El mercado? ¿Crees que querían vender mi ropa? ¡Bastardos! Les voy a zapatear una melodía en las pelotas.

Enji echaba espuma por la boca. Figuradamente. Estaba preparado para pelear, para hacer todo un alboroto en cuanto tuviera al grupo a la vista. Aceleró cuanto pudo el paso, dando vueltas alrededor de Ryan para evitar adelantarse. Depender de la guía ajena no hacía por calmar demasiado su temperamento. Quería correr, levantar tierra con lo rápido y agresivo de sus pasos hasta chocarse de frente con el grupo que había secuestrado su preciado meche… sus ropas, su uniforme.

Entonces, lo vio. Tirado en el suelo, un trozo de tela marrón con un manchón blanco. O, en realidad, una prenda blanca que había sido cubierta de tierra casi por completo, con excepción del parche en el pecho con el símbolo de la marina.

Se adelantó, corriendo, y se deslizó por el suelo para alcanzar el chaleco de su uniforme. Lo sostuvo entre sus manos, en su deplorable estado, completamente embebido en suciedad.

—Por favor, dime que…

Metió la mano en uno de los bolsillos del chaleco, rebuscó y luego pasó al otro.

—¡Mierda! —maldijo—. ¡El puto mechero no está! Deben haberlo sacado antes de descartar el chaleco.

Enji se incorporó y colocó el chaleco, sin importarle la mugre que cargaba. Pasó los brazos por los agujeros de las “mangas”, que no tenía, se acomodó los hombros y cerró parcialmente el frente, sin llegar a prender ningún botón.

—¡Tienen que estar cerca! El barro sigue fresco —dijo, mientras un trozo de tierra caía de la espalda del chaleco al suelo—. Hijos de puta…

Enfocó algo en la lejanía, abstraído por un instante a causa de un detalle en particular. Un destello blanco que logró percibir en la calle que bajaba al puerto. Allí, ondeando al viento, se encontraba su pantalón, atado a una gruesa rama que fungía de mástil en manos de un hombre regordete. Enji sintió la furia crecer en su interior al ver cómo el sujeto en cuestión jugaba con su mechero, haciéndolo sacar chispas y riendo cada vez que las veía.

Vio rojo, como un toro, y empezó a correr.

—¡HIJOS DE PUTA! Esos son mis pantalones. ¡Y ESE ES MI…! —Los alcanzó en un parpadeo, levantando una gran cortina de tierra en el camino hasta lograr rodear al grupo. Como había dicho el viejo, se trataba de cuatro individuos. Altos. El promedio entre ellos debía rondar los tres metros, unos más y otros un poquito menos, pero estaban en esa línea. Cuerpos rechonchos, barbillas redondas y mofletes cargados. Enji los miró de arriba abajo y se dio cuenta.

Eran gigantes.

Niños gigantes, que usaban su pantalón como bandera y reían de forma boba con cada chispazo del mechero.

Por supuesto, eso no le importó una mierda.

—¡ENANOS DE MIERDA! ¡¿Qué carajos hacen con mis pantalones?! —rugió, señalándoles acusadoramente con el dedo índice.

Los niños, en términos de gigante, no debían superar los seis/siete años y retrocedieron asustados cuando un sujeto como Enji, que, pese a ser bastante más pequeño que ellos en tamaño, tenía pinta de adulto, empezó a gritarles.
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#10
No era el primer pavo que le hubieran robado la ropa, si el primero que era como un hurto, y no como parte de una paliza organizada o una especie de castigo… Pero, sabiendo como eran los pueblerinos era mas extraño aun que hubiese un robo normal en una ciudad tan armada como esta, en donde hasta ahora tipo que conocía era capaz de mandar a volar al gorila mas mamado que hubiera en la jungla.

-Ósea, no sé qué clase de imbécil quiere robarle a un marine para revenderla… Pero, que se yo… Quizás le quiere dar otro uso, no se me ocurre que podría ser. – Dije, a pesar de que por su puesto se me habrían ocurrido unos cuantos mas de los que creo el hubiera tenido, sea replicar la ropita y poder sacarle copia o para poder intentar simplemente infiltrarme en alguna base de la marina, total fuese como fuese, me importaba poco y nada que el tipejo este lo echaran por perderla o cagarla.

Seria entonces que después de una caminata, el sujeto y yo veríamos tirado en el piso, un chaleco que se supondría debía ser blanco como la sal, pero en estos momentos debido a las manchas de lodo cualquiera podría confundirlos, por una vaca lechera, o simplemente ropas de un vagabundo… -¿Que rayos buscas…? – Le cuestionaría viendo como ahora reclamaba molesto, por no encontrar el encendedor… ¿Tan adicto a fumar estaba este sujeto ahora? Había que ser idiota para preocuparse mas por esto que el andar desnudo, que por suerte para todos, pasaría a atraer aquella camisa por lo menos ahora.

-No te queda mal, eh… - Comentaría algo burlesco con cara de pocos amigos -Ahora dime que traes mi paga por lo menos en esos bolsillos. – Le diría apresurándole con la paga antes de tiempo, mientras antes me fuera del alcance de este marine era mejor para todos… Y bueno ahora que empezaran a caminar seria que por lo menos verían la ultima pieza de ropa cubierta en el mástil, que me haría sonreír ante tal proeza que le levantaría a generaciones el humor.

-Bueno, ahí lo tie… - Le aseguraría siendo interrumpido, por la ira de aquel sujeto, que iría corriendo a lo que parecían ser un grupo de niños jugueteando con un poco de ropa que habrían encontrado tirada, eso era finalmente el fin del misterio… Por lo que acercándome a ver la situación hablaría para explicarme – Hmm… Jure eran más adultos de lo que les recordaba… Anda… Por favor dame un par de monedas para comer algo bueno hoy... Ya tienes tu ropa… Tampoco hay que ajusticiar unos niños tan pequeños. – Le diría intentando hacerme el bueno como tanto solía hacerme.
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