Una cancion memorable. Pasado [Tazca] [+18]
#1
Heart 
Caminaba algo perdida por las calles, no tenia mucho más que hacer que hacer las compras. Por lo que se dirigió derecho a uno de sus lugares favoritos, la casa de apuestas… un lugar oscuro pero luminoso, uno donde podías perder o ganar absolutamente todo. Dentro, cuando estaba ella y los dados, se sentía plena, aunque el azar dominara todo aquello que le deparaba la suerte de los dados le hacía sentirse realmente viva.

Poco a poco, paso a paso, llevaba una melodía tan radiante y alegre que se desconocía a ella misma. Una canción que, aunque no estaba completa, hablaba de un señor de los mares, poseedor de armas doradas y cabellos de oro. Desde hace días que tenia estos sueños, unos donde recordaba a un hombre alto, dorado, un dios, un verdadero señor de los cielos y el mar. Pero no recordaba de dónde. Era probable, muy probable que fuera alguien que conocía, pero sabía que tenía una pésima memoria. Muchas veces esa pésima memoria le traía problemas pero nunca graves, lo que si, la gente muchas veces se aprovechaba de eso pero no sabían que cuando Maki cantaba recordaba a cada uno que paso por su mente.

Se detuvo frente a un puesto que vendía lo que ella casi nunca comía, bolitas de pulpo… terokiya… teri… kora… no tenía idea como se llamaba, ella le decía huevitos de pulpito. Se rebusco en sus bolsillos y encontró sueltas unas de las pocas monedas que le había robado a Owen… era un blanco fácil pues el desgraciado estaba melancólico e ido en esas tonterías del amor, se pasaba horas contemplando una de las fotos de su chica y sentía que se pasaba todo el día y toda la noche pensando en su amante…o esposa… no recordaba si se había casado en secreto o que. Muchas marineros lo hacían en secreto pues los capitanes contrataban solteros para no pagarles a las viudas y los marineros mas pillos se casaban en secreto en ceremonias paganas.

—Deme, una orden de huevitos de pulpo por favor…— Dijo con una amplia sonrisa y adelantando su mano con unos berris. Lo malo que no sabia que eran de pulpo verdadero… era mejor que nunca lo supiera pues la muy tonta era vegetariana.
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#2
Mi recorrido no había terminado, así como la vida y esta noche me sentía principalmente melancólico, si contara la cantidad de veces que había tocado mi pendiente en busca de algo de seguridad, probablemente hubieran sido cientos. Este día no era disfrutable, las calles parecían estrechas y las sonrisas que regalaba a las personas eran falsas.
 
Podría tomar hasta olvidar, apagar estos recuerdos, buscar disfrute en el ajeno y así evitar pensar. Pero conocía mis pensamientos; Así como yo, no iban a detenerse pronto.
 
Pensé en tomar el camino más rápido a las orillas de la isla y con una botella en la mano cantarle sonatas y cantatas al mar, hasta hundirme en este; Es ese tipo de noche en el que no importaría mucho hacerlo.
 
Ah, este drama era exhaustivo.
 
Continué caminando con la ligera presión en el pecho y en ceño fruncido, la camisa abierta, el saco arrugado y el olor a colonia. Sabía que me veía extremadamente bien aun sintiéndome tan patético. La vida es un baile y soy el mejor de este ballroom, principiantes jodidos. Esas ideas me parecían inalcanzables en este momento, incluso absurdas.
 
Entonces fue cuando escuché esa voz; me resultaba familiar mientras pasaba por el puesto callejero, me detuve, por supuesto y bajando ligeramente los lentes la vi. A ella.
 
La reconocía, por supuesto que lo hacía; Cabello verde, cicatriz, muy guapa: Raro sería que no lo hiciera. —¿Maki? — Mis labios fueron el doble de rápidos que mi cerebro, tal vez es que mis emociones la identificaban primero. Mierda, me veía como un desastre de seguro, aunque ella. Justo ella. Me ha visto en peores situaciones.
 
Me cerré ligeramente la camisa y escondí la botella de alcohol detrás de mi espalda, soltando una nerviosa risa mientras me sentaba a su lado en el puesto, colocando mechones detrás de la mejilla. —Carajo ¿Qué haces por aquí? Yo estaba… paseando, ya sabes, cosas de gente tal vez no tan ocupada ¿Me entiendes? — Esperaba que no pudiera ver debajo de la máscara de mi tono y que mi sonrisa pudiera desviarla de mis cansados ojos.
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#3
Esta estúpida era vegetariana, pero comía cada vez que podía estos huevitos de pulpito pensando que eran verdaderos huevos de ese animal, cocidos. Pero nada fuera de la realidad, ojalá nadie le explicase que eran realmente. Cuando los recibió chispas de felicidad saltaron de su rostro quemado por el destino, chispas que denotaban un placer culinario que degustaría. Pero… bebida… necesitaba y ansiaba beber será muy loco beber hoy entre semanas?.

Cuando quiso comenzar a caminar se topó con un tipo rubio, hermoso, labios delgados, camisa desabotonada… ella quiso pasar por el lado, pero le nombro… que? ¿Le conocía?... su cara era incomoda a tope. No tenía idea de quien era, o al menos no le recordaba. Por qué lo haría?... porque sabía su nombre?... no recordaba que hubiera hecho algo memorable como para que no le olvidase, quien era… maldición… su memoria era nefasta.

Cuando le nombro, actuo como siempre lo hace con aquellos que le conocen y ella no reconoce. Como si estuviera pensando en otra cosa o si le pillaran en una mentira… —Hey… si… tu. Vale como estas… jejeje tanto… tiempo?... que haces por acá.— Dijo medio nerviosa, mirando a todos lados. Sostenía las tontas bolitas de pulpo e instintivamente las adelanto.

Minutos después ambos estaban sentados en una de las tantas bancas que había en los alrededores, compartiendo las bolitas de pulpo… eran deliciosas, cuando se echo una a la boca mantuvo su mano sobre sus labios, sus ojos cerrados y felices necesitaba platicar. Comer y pasar el rato con alguien. Se sentía un tanto abandonada desde que el capitán había decidido zarpar a la Grand Line y ella tenia muchísimo tiempo libre. El suficiente como para declarar que su tiempo era prácticamente ocio… los chicos buscaban rellenar de provisiones el barco, poner a punto cada cosa y prepararse… ella no podía estar mas lista de lo que estaba. Solo necesitaba prepararse mentalmente. Fortalecer su ímpetu, su valentía. Meditar sobre cada acción. Eso era todo lo que necesitaba. Ser más… fuerte en determinación. 

Busco entre sus ropas algo… un pequeño tesoro guardado de días, de su provisión secreta. Un cigarrillo, saco su encendedor… uno robado claro, de hace unos minutos cuando le pidió fuego a un transeúnte que le había ayudado con uno regular. Este era más… gracioso. Uno de yerba. Necesitaba drogarse… —Y que haces cariño?... solo buscando que hacer o solo vagando?... tengo algo de sed… quieres… es decir… beber algo?— Dijo sin saber bien quien era, de donde le conocía o de donde era que sabia su nombre. Una vez mas… maldijo su memoria de papel.
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#4
OST
 
Mientras la miraba y escuchaba pude percibir que algo no estaba bien ¿A caso no quería volver a encontrarse conmigo? ¿Tenía un mal recuerdo de mí? Pocas veces había actuado con cortesía y esa era una en especial. Tal vez solo la había tomado desprevenida o estaba con prisa. — Vengo seguido por negocios, nada importante, terminan rápido, pero la ciudad me atrapa y me quedo ¿Me entiendes? — Solté una risita un tanto triste, desviando la mirada., ah, maldita sea, esperaba algo más ameno: Si me estaba hundiendo su actitud había terminado por destruirme, aun así, me mantendría con una sonrisa, ella se lo pierde.
 
Después de un par de minutos nos encontrábamos sentados sobre una banca y aunque me había ofrecido, mejor no comería nada, sentía que si llegaba a tener algo en el estómago me caería mal en este momento… pero a quien engañaba, era comida gratis, así que apenas tomé dos bolitas, disfrutando el sabor. Suspiré, extendiéndole la bebida a medio tomar, mirando a la calle en silencio. — Acábatela, va por mi cuenta, comienzo a sentirme ebrio de todas formas. — Eso era verdad, mis ojos tardan en enfocarse un poco más de lo normal y aunque todavía recordaría esta platica, el mundo parecía un poco más derretido de lo usual.
 
Noté su cigarro, pero no le pedí, estaba intentando dejar esa mierda, aunque sea por unas semanas: El trato había sido una porquería y ahora estaba deprimido, pero no podía decirle eso, no tan brutal y miserablemente, así que tenía que pensar. — Quería ver el mar, cantarle un par de tonadas y dormir un rato a la orilla, antes de irme, planeaba irme hoy de hecho, pero… — No supe terminarlo, así que solo fue bajando el tono de voz hasta que llegó a nada. — Bueno, nada, ahí vamos. Día de mierda. — Terminé por bufar mientras comenzaba a tocar temáticamente el colgante en mi pecho, así asegurándome que fuera real. No lo llamaría un tic pero si algo que hacía cuando comenzaba a sentirme inseguro, me preguntaba si el señor Okiomi me regañaría por tener una debilidad tan notoria o sonreiría porque sigo aferrándome a la ligera humanidad que me queda con esto.
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#5
Se había acostumbrado desde hace tiempo a devolver el saludo a los que la llamaban por su nombre, aunque no les recordase de nada, los rostros les parecían enormemente difíciles de recordar los nombres… dios que tortura. Lo que si recordaba eran las voces, las vibraciones, los tonos, los tintes que se impregnaban en sus dichos, eso le parecía sumamente fácil, lamentablemente la voz era a veces muy parecía a otra y solo reconocible una de otra si eras una maquina de algún tipo este… guapo caballero ciertamente le conocía, pero de donde… quizás de algún negocio con Uker?... no, no era el tipo de personas que frecuentaba… estaba segura que el siempre preferiría tratar con damas y evitaba a los hombres guapos como este adonis rubio.

Comía las bolitas de pulpo y le provocaban calorcito en las mejillas, radiancia en la mente y rubor en los ojos. Uno que parecía salir con chispitas de ellos. era extraño, ella solo identifico la sensación como mágica. Pura delicia, ninguna otra verdura tenia el sabor de estos pulpitos… miraba el cartel y aparecía un pulpo cocinero en cada puesto del mismo tipo. Realmente parecía que se conocían, menciono la música, el mar y un par de cosas mas que le agradaban a Maki, por ello solo le sonrió y sin previo aviso ella comprendió que… Le agradaba pues sus movimientos denotaban claramente una especie de cosa rara, una que ella reconocía como incomodidad una que se produce cuando una persona desea continuar una conversación, pero no sabe cómo. El le ofreció una botella medio llena y claro que Maki la recibió, le dio un sorbo como una buena amiga, una memorable. Refrescante. Se limpio la boca con el dorso de la mano y quiso devolvérsela, pero intuyo que ya no deseaba más.

—Eres un chico agradable, no tienes por que esforzarte en mantener una conversación… es decir… a veces el silencio es una muestra de cariño… alguna vez lo has disfrutado?... pues a veces… no, siempre me pierdo en mis propios pensamientos y suelo divagar, no darme cuenta de que hago y suelo hacer tonterías.— Dijo apoyándose en el hombro de el.

Su aroma le recordaba algo importante como si fuera algún tipo de persona que le recordaba su infancia, algo agradable pero no intuía que era. ¿Quizás un antiguo amor?... no, ya lo sabría, un amante era mas probable pero no era extraño, Maki era una zorra y disfrutaba su sexualidad como cualquiera. Si, eso era. Puede que lo sea, pero… seria uno de antes o después de quemarse hasta el alma?... seria hiriente preguntarle de donde lo conocía… claro que no., será mejor que poco a poco el desvele su encuentro quizás. O puede que por algún azar del destino ella lo recordase. Esto era mas improbable pues las drogas le tenían podrido el cerebro a la peliverde.

—Juegas a las cartas?... estaba a punto de ir a jugar un rato a lo de Karlson… le conoces? Tiene una casa de apuestas clandestina bajo la taberna de Clara. He ido un millón de veces y un millón uno he perdido jajajjaaj te parece?... sí ganas celebraremos…mmm… que te parece… yendo a… … … mmm… ¿Bailar?... te gusta bailar?— Menciono pensando mucho con el dedo índice en el mentón. No era tan sociable, jamás, pero por el tipo de acercamiento del chico… supo que era… algo le decía que… no lo sabía… era especial para ella.
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#6
Miré al cielo, soltando un suspiro: La estrellada noche iluminando sobre nosotros, aunque todavía no podía ver la luna y eso no era mucho de mi agrado: Los cuerpos celestes son los únicos que me habían acompañado desde siempre. Ah, mierda, se me está subiendo el alcohol al cerebro. La miré mientras hablaba, notando como se apoyaba en mi hombro. No pude evitar tensarme, pero tampoco me moví, cerrando los ojos e intentando relajarme. —No disfruto del silencio, le das demasiado tiempo a la gente para pensar ¿Me entiendes? — Comenté sin más, antes de rendirme y apoyar mi cabeza contra la suya, llevando mis cabellos hacia atrás para que no la molestaran.
 
Cerré los ojos, descansando un segundo del pésimo día, esto era lo que necesitaba tal vez, aunque dado nuestro anterior encuentro no podía evitar sentirme un poco… extraño ¿Ella no diría nada al respecto? Tal vez le daba vergüenza, muchas chicas eran así, aunque honestamente no pensaba que ella fuera de esa forma… Parecía tan explosiva.
 
Abrí los ojos al escuchar su voz, moviéndome un poco y regresando a mirar al cielo, reincorporándome. — Hago ambas cosas, vayamos por las cartas, si quieres bailar, bailaremos sobre el dinero de los demás… Aunque hace mucho no voy a esa taberna, será bueno volver a aparecerme por ahí… ¿No te han vuelto a molestar los pejelagartos esos? — Pregunté con honestidad, levantándome del asiento y estirándome con pereza, quitándome los lentes para guardarlos en el bolsillo del saco, ya era demasiada noche para seguir usándolos.
 
Esperé a que guiara, pateando la primera cosa que encontrara tirada en el camino simplemente porque podía, pensando un poco en que decirle en el camino; Alrededor se veía la nocturna vida surgir, incluso me sentía un poco más animado, no observé a mi alrededor, ya conocía las calles y los rostros los había visto mínimo una vez. — ¿sabes algo de Heras? Tal vez seas más cercana a él, se conocían de antes ¿no? Tal vez fui el que se fue, jaja… Me disculpo, nunca me quedo mucho en un lugar. — Me rasqué la nuca, adelantándome un par de pasos para cerrar el suyo, mirándola con una sonrisa. — Todo bien ¿Verdad? —
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#7
Estar a su lado era algo sumamente extraño, Maki amaba su soledad que nadie le fastidiara y le contara como le había ido en su día a día, como lo haría el día de mañana o como llegarían del punto A al B, Maki era pura improvisación y siempre jugaba al sobrevivir día a día sin pensar en el mañana, por eso era libre y sencilla de llevar, pero también fácil de molestar. Muy fácil. Y esas actitudes que tenía con los niños, con los animales y con los débiles, le traían muchos problemas. Era una mujer medianamente grande, fuerte y de aspecto matonesco, pero en el interior solo era su apariencia pues una vez que le conocían era un verdadero amor, amable

A decir verdad Maki tenia una memoria terrible para los nombres, los rostros y todo lo que conllevaba reconocer personas, era un asco y siempre había sido un problema, cada mañana miraba fotografías de sus compañeros, de los objetivos y de muchas personas a modo de suplir su falta de atención mas que nada, no de memoria. Pues recordaba mejor otras cosas, situaciones, acciones e incluso las canciones, lo que le llenaba el alma. No perdía una nota jamás. seguro que una vez mas olvido decirle que si la veía nuevamente le recordara que se conocían y que sabia que su memoria era una mierda. Pero… algo en el interior de Maki podía recordarlo, solo que… no… lo… recordaba.

La luna comenzó a salir, alta, reinante y altiva, bañando con su tez de plata todo alrededor, las luces, el neón, la gente y sus locuras comenzaron a salir, bailando desde el minuto uno, pensando en no acabar la noche y si era necesario aguantar la luna y sus estrellas con sus propias manos. Era un espectáculo ver como estas hormigas poco a poco salían, cantaban danzaban y llamaban clientes en un barrio hasta hace poco muerto. Le tomo la mano, no para ir a un lugar en específico, sino para perderse en la nada, en medio de donde se hacia de todo, donde la masa ocupada divirtiéndose se apretujaba para extraer esos preciosos berris que era el motor que anunciaba que se iniciaba una nueva jornada de juerga. El principal modo de ganar dinero de casi todas las islas en el blues, o al menos cada isla tenia una zona dedicada a eso y Maki lo sabia bien pues su objetivo secundario en la vida era vivir la vida como si fuera el ultimo minuto. —Vamos… perdámonos entre la muchedumbre, sabes, no me gusta vivir el día, la noche me atrae, me dice que es mía, que puedo reclamarla, por eso suelo dormir muy poco… tu no?... te ves preocupado?... incomodo, es por mí? ¿O es que te debo algo?... tengo pésima memoria para algunas cosas...— Finalmente le confeso a ver si el muchacho daba algunas luces de donde le conocía.

Menciono a un Heras… menos aun recordaba quien putas era… o se refería a la era en que estaban… ella solo se limitó a sonreír, no quería quedar jamás como una tonta insensible, pero su condición era la que era. Desde aquel incendio su mente funcionaba algo extraña, quizás se había golpeado o algo pero bah… da lo mismo… solo le sonrio, le tomo ambas manos y caminando medio saltando y danzando le guio con una suave sonrisa… —Solo… olvida todo, danza conmigo, baila hasta el amanecer, bebamos, fumemos y cantemos alabanzas a aquello que anhelamos… que te parece?...— Su voz se volvió almíbar cuando con las ultimas palabras lo atrajo hacia si… justo cuando inicio una canción suave pero enérgica y la gente alrededor comenzó a cantar y a danzar suavemente alrededor, Maki le hizo girar junto con ella, mientras le susurraba al oído —Se que te conozco mas de lo que aparento, pero que te parece si lo hacemos de nuevo?... soy Zen´in, Maki D Zen´in y porto la voluntad de los D, una que cuando estuve en la marina olvide y renegué, quizás por eso llevo este castigo.— Alzo su brazo mientras le abrazo para acercar el rostro de el al de ella, tanto que casi sus narices se tocaron… giro su rostro y le hizo una seña para que le mirase la mano… el brazo y el hombro quemado por el fuego. Le sonrió nuevamente al frente y se poyo sobre su hombro nuevamente para continuar danzando alrededor chocando y tocándose con otras parejas. Pero el ambiente era el mismo para todos, otrora Maki habría hecho un escándalo y le habría partido la cara a algunos, pero ahora… con él… parecía mantener una calma tal que no importaba nada en el mundo… solo su vista sobre ella.
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#8
Al sentir su cálida mano no pude evitar apretarla, mirándola con una leve y sincera sonrisa, sus palabras lograban que abajara mis defensas: Esa aura de despreocupación que por algunos momentos podría hacerme sentir como si todo lo malo llegara a olvidarse. Incluso cuando había dicho algo tan raro como eso. —¿De qué hablas? No me debes nada, al menos nada que recuerde, si estás molesta porque me fui solo dilo… ¿Realmente esperabas que me quedara? No ¿verdad? — Necesitaba una confirmación, solo había sido cosa de una noche, eso era claro. Ese “tengo pésima memoria para algunas cosas” ¿podía ser que no quería hablar del tema? Digo, no es como que lo hubiera olvidado ¿verdad? Ese tipo de cosas no se olvidan.
 
Le seguí el ritmo con cierta dulzura que preferiría esconder con la esperanza que esa “pésima memoria” olvidara los sentimientos que le expresaba, hasta que mencionó esa… maldita palabra. Marina. Mientras la pista iba un poco más lenta, aproveché a guiarla en un nuevo giro mientras la sonrisa de mi rostro se borraba levemente y finalmente la tomé por la cintura y la incliné hacia atrás con un movimiento controlado, sin soltarla en ningún momento. — Al menos… recobraste la voluntad y el sentido, Maki D. Zenin ¿me entiendes? — No me presentaría, odiaba repetir las cosas, la volví a atraer a mí, para bajar mi mano a su brazo, acariciando suavemente sus cicatrices, mirándolas. — ¿Castigo? Castigo es une herida abierta, una enfermedad mortal… Las cicatrices son recordatorios, una identificación de quien eres, de que estás aquí y sobreviviste para nunca volver…¿me entiendes? ¿Por qué crees que no hay una sola cicatriz en todo mi ser— Y reí, mi rostro iluminándose en una sonrisa menos sincera, ¿ligeramente distante?
 
La guié sin soltarla hasta una banca, sentándola en esta y soltando su mano poco a poco. — La botella debe estar al tiempo ahora, que asco. Te traeré algo refrescante. — Un pretexto, estaba apunto de revelar demasiado, dejarla ver muchas cosas de mí, necesitaba dispersarme por unos segundos antes que caiga en… en su trampa, aunque no podía evitar pensar si era realmente una trampa o solo buscaba excusas para cerrarme una vez más.
 
Al pasar unos minutos regresé con dos botellas de cerveza, frías y baratas, pero era alcohol.
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#9
Ahora comprendía que mierda pasaba… seguro se habían revolcado, sus palabras, su actitud, su cercanía, sus palabras. Poco a poco día a día, año con año su actitud desafiante, sus palabras como mordidas retrocedían para hacerse más suaves, como gente normal, ese era su objetivo, al fin y al cabo, más que la venganza en nombre de su hermana, más que la cruzada de ayudar a su tripulación a cumplir sus objetivos. Era simplemente vivir como una persona normal, una que no explotase con cada persona que se encontraba… Maki solo sonrió, le devolvió ese apretón de manos y la suavidad con la que le toco. Le termino de convencer. Habían sido amantes, seguro de una noche. Así era ella. solo disfrutaba el momento y aunque rara vez se volvía a encontrar con alguno, no era raro que la buscasen nuevamente… pues a pesar de su memoria fragmentada, sabia que era una bestia salvaje a la hora de amar.

Antes de tratar de recordar cuando lo había conocido, espero, sintió como con ternura recorría sus cicatrices, con cariño, uno que… maldita sea añoraba y deseaba con locura… si bien tenía un interés mayor por zarpar, por continuar con su  cruzada marina, sentía una especie de vinculo, como si quisieran arrastrarla desde un pasado feroz. Se dejo llevar y poco a poco comenzaba a recordar, no a él, su nombre, sino sus caricias, sus atenciones… la guio hasta una de aquellas bancas alrededor y sus ojos se dignaron a observar la ternura de su toque… le aparto el alcohol, sino que… —Una cerveza fria estaría bien… gracias. — Se toco los labios con sus dedos cuando le vio apartarse. Lo analizo, como lo hacia con todos, era… hermoso, un hermoso dios dorado. Si… ese culo había sido suyo. Maki lo podía sentir en sus huesos… cuando le dio la cerveza roso sus manos, suaves, como la arcilla pulida, y entonces cedió a sus impulsos… le atrajo desde la muñeca, suavemente, guiándolo hacia ella y se alzo para posar sus labios en los de él… su cuerpo finalmente comenzó a recordar, a recordar la pasión, el fulgor, el sentimiento de cariño le inundo y ya no podían detener este tifón que comenzaba a emerger desde lo profundo de su corazón.

—Ya… ya te recuerdo. Eres… aquel dios dorado que me amo un día.— Dijo suavemente, un susurro al espíritu del hombre, cerca de su oído, tanto que parecía que le habían hablado en sueños danzantes de chispas efímeras que desaparecían. Pero no. ella no quería que volviera a desaparecer ese sentimiento de ser amada. Maki entonces rodeo el cuello del joven y lo acaricio con su cuerpo completamente, su lengua se hundió en su boca y lamio lentamente cada parte de su interior, su dulzura era fascinante y cerrando los ojos quiso recordar con exactitud que locuras habían cometido antes de que ella lo borrar de su mente.

—Ayúdame… ayúdame a recordar. Como fue que me tocaste, como me atrajiste, como fue que tocaste mi corazón y como dominaste el fuego que arde cuando mis ojos se posan en ti. Dime… descifremos el misterio, descubramos la dulzura y el sazón de esta pasión que desborda mi corazón. Dime quien eres… dime tu nombre una vez más.— Rogo Maki mientras besaba su cuello entre la muchedumbre que se movía a su lado como aceleradas, estelas de luz que pasaban a su lado en un segundo imperturbable para ambos que danzaban en su sitio sin mover un solo musculo. Solo deleitándose viendo el reflejo de sus propios rostros en los ojos del otro.
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#10
Ese beso.
 
Ese maldito beso.
 
Me olvidé de la cerveza, de la gente, de mis pensamientos, de mi completa exposición a ella. ¿Era un beso lo que ella necesitaba para derretirme? ¿Tanto poder tenía sobre mí con solo una vez que nos habíamos acostado? Imposible, pero mi cuerpo reaccionaba por si solo correspondiendo a aquel beso con ferocidad, expresando cuanto la extrañaba desde esa vez, me separé por ella: Nada más y nada menos ella.
 
Escuché sus palabras claramente ante la cercanía, el murmullo exterior siendo poco importante con cierta confusión, bueno, era cierto que tenía mala memoria… pero ¿tanto así? Si había algo que detestaba era ser uno más… Aunque ser llamado un dios… podría dejarlo pasar esta vez. Sus palabras era dulces, me suavizaban, aunque intentaba lo contrario, cerré los ojos al sentir el calor de sus labios sobre mi cuello, al borde de rendirme ante ella, pero no, menos en público.
 
Tomé su mentón, acariciando su mejilla suavemente mientras la miraba, sin sonreír, solamente quería verla y dios, que era hermosa, desde el primer momento me había encantado: Ardía como el fuego, tan pasional que no me importaría su violencia porque estaría llena de amor. — No repito las cosas dos veces…— Murmuré suavemente, no le diría mi nombre, por supuesto que no y esperaba que lo recordara pronto. —Estamos en público, mi hermosa Maki…— Era más crudo de lo usual ¿Qué mierda me pasaba? Y entonces, una lenta canción, suave y hermosa como las olas. Era una buena oportunidad.
 
La jalé a mis brazos, abrazando su cintura mientras la guiaba para bailar, tarareando levemente la melodía mientras le sonreía. —Bueno, bueno… Ahora me pregunto ¿Qué haces aquí otra vez? La honesta verdad. Si estás haciendo negocios… Me gustaría ser invitado. — Reí suavemente, andando al centro del espacio, mientras tomaba su brazo para formalizar la postura y andar con elegancia, acercándome a su oído. — Me gusta eso… un dios… contigo aquí sin duda me siento como uno. — Quería llevarla lejos, abrazarla, besarla y amarla… Pero la noche era joven y la luna todavía no terminaba de alzarse, además que.. aquella punzada todavía me causaba molestia.
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