17-11-2025, 02:29 AM
Como la palma de mi mano.
Así de bien conocía Baterilla… o al menos eso creía. Después de todo, llevaba bastante tiempo viviendo por aquí; algo tuve que aprender, ¿no? Calles, atajos, esos pequeños rincones donde el viento siempre parecía soplar distinto. Podía jurar que me sabía cada curva y cada sombra de memoria.
Aunque, siendo honesto, cada vez que regreso me encuentro con que han cambiado una o dos calles, movido algún local o levantado un edificio nuevo como si hubiera brotado de la noche a la mañana. Y claro, ahí es cuando mi confianza se va al piso, porque simplemente no logro entender por qué ni cómo pasa. Con esta ya van dos veces que me pierdo, y eso que juraba que hoy sí lograría llegar sin dar vueltas como tonto.
Pero bueno… Baterilla siempre ha tenido esa costumbre de moverse cuando nadie mira. Y yo, ya le había aprendido el ritmo por supuesto, solo estaba siendo un poco flojo.
Así que aquí estábamos una vez más: De por si las casas se parecían demasiado, era injusto y creo que había dado una vuelta mal. Bueno, de regreso. Mientras caminaba observé con cuidado, después todo solo sabía la descripción de su persona, ni siquiera la había visto fuera de alguna especial ocasión tomando el té en la casa.
Había optado por tomar uno de los antiguos clientes del señor Okiomi; La mujer parecía necesitar que alguien se encargara y a mí me gustaba el dinero, además que parecía reconocerme de muchos años atrás. El trabajo era muy sencillo, incluso legal lo que era raro: Vender un par de cosas a un precio mucho mayor del que valían y me quedaría con un 10% claramente pan comido, bueno, algo así.
Fue más tardado de lo que esperaba: La gente se ha vuelto lista, desconfiada pero un par de intentos de encuentros fortuitos, algunos halagos, dos sonrisas y había logrado venderlos al triple del precio. Cool.
Ahora solo faltaba encontrar a la mujer, ese era mi principal problema, me había dado dos ubicaciones y en ninguna estaba incluso comenzaba a pensar que se trataba de una broma, pero no podía ser. Esa mujer era muy formal.
Entonces noté a una mujer de cabello negro y largo, pálida, larguirucha y delgada… Supondré que era ella, además se encontraba cerca de donde una de sus hombres me había contactado. Me acerqué a esta soltando un suspiro, extendiendo la bolsa con monedas. —Aquí tienes, a la próxima dame algo con más calidad o aunque sea más información de esas piedras: Tuve que inventarme muchas cosas sobre la marcha, no lo olvides 10% y de inmediato, ya no vivo ahí así que mejor págame de una vez ¿Me entiendes? — Comenté sin mirarla mucho, apoyándome contra la pared.
Así de bien conocía Baterilla… o al menos eso creía. Después de todo, llevaba bastante tiempo viviendo por aquí; algo tuve que aprender, ¿no? Calles, atajos, esos pequeños rincones donde el viento siempre parecía soplar distinto. Podía jurar que me sabía cada curva y cada sombra de memoria.
Aunque, siendo honesto, cada vez que regreso me encuentro con que han cambiado una o dos calles, movido algún local o levantado un edificio nuevo como si hubiera brotado de la noche a la mañana. Y claro, ahí es cuando mi confianza se va al piso, porque simplemente no logro entender por qué ni cómo pasa. Con esta ya van dos veces que me pierdo, y eso que juraba que hoy sí lograría llegar sin dar vueltas como tonto.
Pero bueno… Baterilla siempre ha tenido esa costumbre de moverse cuando nadie mira. Y yo, ya le había aprendido el ritmo por supuesto, solo estaba siendo un poco flojo.
Así que aquí estábamos una vez más: De por si las casas se parecían demasiado, era injusto y creo que había dado una vuelta mal. Bueno, de regreso. Mientras caminaba observé con cuidado, después todo solo sabía la descripción de su persona, ni siquiera la había visto fuera de alguna especial ocasión tomando el té en la casa.
Había optado por tomar uno de los antiguos clientes del señor Okiomi; La mujer parecía necesitar que alguien se encargara y a mí me gustaba el dinero, además que parecía reconocerme de muchos años atrás. El trabajo era muy sencillo, incluso legal lo que era raro: Vender un par de cosas a un precio mucho mayor del que valían y me quedaría con un 10% claramente pan comido, bueno, algo así.
Fue más tardado de lo que esperaba: La gente se ha vuelto lista, desconfiada pero un par de intentos de encuentros fortuitos, algunos halagos, dos sonrisas y había logrado venderlos al triple del precio. Cool.
Ahora solo faltaba encontrar a la mujer, ese era mi principal problema, me había dado dos ubicaciones y en ninguna estaba incluso comenzaba a pensar que se trataba de una broma, pero no podía ser. Esa mujer era muy formal.
Entonces noté a una mujer de cabello negro y largo, pálida, larguirucha y delgada… Supondré que era ella, además se encontraba cerca de donde una de sus hombres me había contactado. Me acerqué a esta soltando un suspiro, extendiendo la bolsa con monedas. —Aquí tienes, a la próxima dame algo con más calidad o aunque sea más información de esas piedras: Tuve que inventarme muchas cosas sobre la marcha, no lo olvides 10% y de inmediato, ya no vivo ahí así que mejor págame de una vez ¿Me entiendes? — Comenté sin mirarla mucho, apoyándome contra la pared.

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