Angels & Sailors (Pasado — Gwen)
#1
Isla de Samba — 30 de otoño del Año 16 — 4 A.M


Eran aproximadamente las cuatro de la madrugada en aquella noche otoñal, mientras las gran mayoría del Reino de Samba dormía en el cómo silencio de la noche eterna, el oriundo de la isla de Baterilla permanecía vigilante en la cubierta del barco con su vista perdida en el horizonte oscuro, e infinito. Faltaban un par de horas para la madrugada, la noche se alzaba en el firmamento extendiendo su manto oscuro en cada dirección que el muchacho mirase en el mar más allá de un frente de tormenta que se movía en la distancia decorando el cielo nocturno con algunos destellos lejanos. La solemne oscuridad del firmamento refractado en el mar le imponía respeto, y en cierto punto paz.

Por un ratito el mundo era suyo.

Apoyado contra una de las barandas de madera que él mismo había reparado en la proa del mismo, entre sus dos manos repletas de callos y heridas sostenía una taza de café recien preparado. El vapor que destilaba un olor amargo a medida que se elevaba contra su rostro hacía un contraste perfecto con la fresca brisa que anunciaba que pronto el invierno llegaría. Suave y delicada, la brisa del mar empapaba sus labios con cada movimiento que mecía el barco donde el reposaba más no parecía molestarle en lo absoluto, moviendo la punta de su lengua por encima de sus membranas resecas antes de suspirar.

Hace rato que no veía a sus amigos imaginarios, quizás se habían ofendido ahora que cabía la posibilidad de que tuviese amigos de carne y hueso.

El funesto carpintero respiró profundamente cerrando sus orbes ambarinos por unos momentos a la vez que dejaba que la serenidad de la sosegada noche inundase sus sentidos. Amaba esas horas de la madrugada cuando todos dormían y él podía simplemente fundirse con el silencio; sin tener que hablar, explicar, entender o interpretar nada más que su propia conexión con esa infinita oscuridad que en cierto punto lo reconfortaba tan lejos de las cuatro paredes a las que alguna vez llamó su hogar.

Tras unos segundos de introspección tomó un sorbo más de su café, llevando su mirada a la herida de su mano izquierda que ya parecía ser poco más que un recuerdo, quizás debido a su resistencia natural o quizás debido a esa fruta que había comido semanas atrás. — Oh... —Musitó entre dientes dejando su taza sobre la baranda de madera para pasar la punta de sus dedos sobre la herida que ya parecía estar cerrando, la brisa marina ardía un poco y eso le recordaba que estaba vivo.

Sintió sus largos cabellos meciéndose con una ligera ventisca que se levantó de entre la bruma, y nuevamente se llamó a cerrar los ojos para sentir el aroma del mar contra su rostro, su salinidad, el movimiento de su cabello y el vapor de su café golpeándose la cara mientras la misma amenazaba con caer al mar en cualquier momento si seguía descuidando su taza. Entonces, nuevamente entre manos la tomó para darle otro trago y cuando abrió sus parpados el firmamento seguía tan oscuro como su falta de visión cuando se convertía en el pequeño animalito adepto a excavar.

— Hoy no me visitan las estrellas —Dijo casi decepcionado, suspirando para preguntar si tras la Grand Line el cielo se vería de la misma manera y sería el mismo viento el qeu acariciaría su rostro.
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#2
Tomó aire como si se hubiese agotado y luchó con las sábanas a pesar que ellas no ofrecieron resistencia. Se removió a tal punto que la cama no fue suficiente, incluso si la tela intentó contenerla un poco para no dejarla caer, se encontró sobre la madera fría, que le indicó que ya no está sobre el colchón. No hizo nada más que tomar aire, notando como el sudor empapa la piel, que incluso amenaza con apelmazar el cabello, por lo tanto no hizo nada más que sentarse unos segundos en silencio, limpiando el líquido que ha aparecido sobre ella.

Dijo el nombre de alguien, pero no llega. Lo volvió a nombrar, pero no está ahí. Quizás es el mismo hecho que no está lo que le trae esa sensación.

Un suspiro, esa fue la respuesta, antes de levantarse, apoyándose en la cama para quedar de pie ¡Con un poco de ayuda no fue difícil! La tesitura de qué hacer apareció, porque incluso si mueve su cabeza alrededor, no hay nada ahí, se escuchan más respiraciones, tranquila a diferencia de la suya.

Un movimiento con el dorso de su mano, limpió los últimos rastros de sudor que están en su barbilla, indicándole que ya no hay más por ahora. Aun así existe una duda, una que a veces aparece y no puede quitársela de arriba. Es un terror que no debería sentir, que viene de un pasado que hasta ahora no le había parecido extraño.

¿Por qué si no está no puede soltarlo?

Se acomodó la pijama y avanzó por el costado del cuarto, usando su mano sobre la madera como referencia para encontrar el camino. Aparece la puerta, aparece la escalera y finalmente la briza marina, una que la refrescó más de lo que debería. No hay nadie ahí aparentemente.

Por eso es que la duda incrementa, esa sensación extraña se sube por la piel y no es el frío. Es la incertidumbre de las cosas.

Su cuerpo se acercó a la baranda, una que aun no termina de reconocer. No hay detalle que le diga bien en dónde está y en el silencio las cosas solo la hacen perderse más. Porque la voz de la gente le ayuda a permanecer despierta.

El aroma del café la obligó a voltear, en una sensación extraña. Eso no debería estar ahí, seguramente por eso es que una parte de ella se apretó, en una tensión que no le gusta, que preferiría que no estuviese ¡No es un fantasma! No es la respuesta a sus dudas, sino una consulta más que se apila — Buenas noches — son noches porque no hay ruido en el puerto, no existe el calor del sol sobre la piel. Esas son las pistas que tiene para entender, detalles que para los demás quizás no tienen importancia.

—¿Quién es?

Se acercó, despacio, esperando una pista. Aun así no hay muchas como para saber quién es — ¿Estoy despierta o sigo durmiendo? — esa es la verdad, porque a veces todo parece un sueño muy largo del que no quiere despertar. Una fantasía que la llevará a Isla Karate con Owen o a su isla natal con los demás.

¿A dónde le gustaría estar?

La respuesta le pareció tan obvia, que prefirió conformarse en saber en dónde no va a estar.

—¿Eros, eres tú? — porque es quien madruga, ha escuchado sobre su manía, aun así no tiene aroma a café. Tal vez el recuerdo quede o vaya a desaparecer como el sueño que parece — ¿Qué haces despierto?

Se sentó, esperando que él llegue, porque es más fácil así.

—¿Recuerdas lo que hicimos ayer?

No es una prueba, pero lo parece ¿O sí lo es?

— Me duele un poco el cuerpo.

Como en el pasado, solo que ésta vez quizás alguien se atreva a decir lo contrario.

—Creo que me golpeé. Es muy fácil cuando chocas con tantas cosas ¿Me puedes ver?

Porque yo no lo puedo hacer.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#3
Durante su contemplativo dueto con el mar en contra de las estrellas finalmente pudo sentir una presencia no muy distante, producto de esa sensación que tiene uno cuando es acechado, un leve cambio en el ambiente, en el aire, en la bruma. Quizás fue porque conocía el sonido de la madera de la cubierta como si se hubiese criado allí, pero para alguien como Eros acostumbrado a la quietud ese tipo de cambios siempre era perceptible. Con serenidad parpadeó un par de veces, antes de girar la cabeza apenas pudo sentir el tono de una voz conocida, particular, bienvenida y familiar. — Buenas noches Gwendolyn —Espetó con igual cortesía que la muchacha había usado en primera instancia, esbozando una sonrisa tenue porque sabía que ella nunca podría verla ¿La estaba saludando, o la estaba despidiendo? El murmullo de su tono se fundió con la bruma, y se limitó a prestar su oído atento para que las palabras de la cantante no se perdiesen de igual manera con la noche.

Estoico, no por rigidez sino por respeto, dejándola la madera para acercarse hasta que consideró prudente detenerse y solo entonces el dio un par de pasos firmes hacia su cercanía. — En efecto soy, tú eres tú —Respondió con seriedad pese a lo sorprendente que podrían resultarles las cuestiones. — Y ambos estamos despiertos, ahora mismo por lo menos, quizás hasta hace un rato tú no lo estabas... Yo llevo cosa de una hora o así aquí —Habia una suavidad en el tono a la hora de contarle las cosas y una cadencia al hablar muy distinta al Eros que ella había conocido no hace tanto, sereno y proyectando su voz desde el pecho. Era la confianza, el saber que ella no solo era inofensiva para él, sino una amiga.

— Me gusta despertar temprano, antes del amanecer para despedirme de la noche y poder pensar, estar solo y poner en limpio todos los pensamientos que me hayan atravesado en el día... Han sido días muy movilizantes debo reconocer, metafórica y literalmente —Tomó otro sorbo de su café, buscando el termino que había dejado cerca de sí en el suelo para rellenar la taza antes de marcar sus pasos hasta que solo un metro los separase. Extendió la diestra. — Si deseas tomar un poco de café, estoy sosteniendo la taza frente a tu pecho —Aclaró con serenidad, quizás podía percibir el aroma desde esa distancia. El sostenía la misma desde la base, con temor de que un movimiento en falso la quemase.

Inspiró, había algo de preocupación en su mirada. — ¿Está todo bien? ¿Quizás tu cama no es lo suficientemente cómoda? Puedo revisarla si gustas... Y si alguien te ha lastimado, puedo lastimarlo aunque se que estarás en contra de ello —Se atajó de antemano pues sabía la política de la muchacha en contra de la violencia, y en parte le gustaría que también fuese la suya, pero entendía que ir en contra de su naturaleza era complejo. Alana decía que debía aceptarlo, Rosse igual.
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#4
Es una risa suave al escuchar que ambos son quienes deberían. Porque eso lo hace parecer más sospechoso, pero también reconfortante, después de todo si llega a ser un sueño, Eros será igual, sin importar dónde esté — Tienes que dormir más — es irónico que lo diga ella, pero el cortar su descanso no es lo común. Es lo distinto que rompe la cotidianidad que la mantiene con los pies en la tierra — ¿Qué hace el carpintero del barco despierto a estas horas? ¿Sigues preocupado por el viaje? — por lo que se vendrá, un viaje que suena difícil, más no imposible si existe gente para contarlo — ¿O es una costumbre tuya?

Bufó, dejando una sonrisa en el rostro al oír la razón. Tiene sentido, porque lo que sabe de él es una vida tranquila, a diferencia de lo que tiene ahora. El ruido de la fiesta y los gritos del público son un contraste a sus anteriores compañeros — Gracias — tomó el objeto entre sus manos y paseó sus dedos por la superficie de manera lenta. No importa lo caliente que está, no existe reacción por parte de su cuerpo, no hay un rechazo o intentar robar el calor que desprende. Nada, en una sensación extraña — No bebo mucho café y no debería si pienso volver a dormir — son regaños para ella misma, que terminan cuando el líquido pasa de sus labios al interior, porque todo lo que hace no debería hacerlo ¿Ser pirata? Otra más a la lista.

—Está todo bien — ¿O no lo está? Golpeó con la punta de sus pies la cubierta con suavidad, es un sonido más ligero que el de las olas, por lo tanto supuso que no despertará a nadie — ¿Lastimarlo? No, no, no. Nadie me ha hecho nada, solo tuve un… mal sueño — su cabeza se ladeó ligeramente la explicarlo, porque es difícil de decirlo, más de expresar lo que ha pasado.

—Soñé que estaba en esta cubierta, con una taza caliente de café y hablando con el carpintero de mi tripulación ¿Lo creerías? Suena increíblemente parecido — se rió, como si fuese una coincidencia, una casualidad, pero en realidad parece algo más. Es un mensaje que escondió entre líneas, como si temiera soltar la verdad — Así que me pregunto ¿Cómo sé que no sigo en el sueño? — cómo saber en dónde está de verdad. Que no es Karate, no es la iglesia y es el barco. — ¿Crees que si me tiro al mar despierte otra vez?

¿Crees que deje de despertar si no lo intento más?

—No me respondiste ¿Recuerdas lo que hicimos ayer? — ¿El ayer existió o fue parte del sueño también? A veces se siente como una eterna fantasía de la cual ya no quiso despertar. — ¡Solo el verdadero Eros lo sabría! No vayas a ser un impostor.

Tomó la taza con una de sus manos y levantó el largo vestido que usa al dormir hasta la rodilla — Me caí ayer, cuando le dije a Giyuu que no necesitaba ayuda — ahogó una risa, porque suena a ella y a una obstinación que no se quita — Y luego me dijiste… ¿Qué fue lo que me dijiste?

Insistió, una vez más para que lo diga.

—Si tan solo pudiera recordarlo… O tener un amigo que lo haga. — su dedo índice se posó junto a su boca, en una señal de que está pensando algo — Así me ahorras el proceso de tener que lanzarme al mar.

Una vez más.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#5
La respiración de Eros se volvió un poco más pausada a medida que escuchaba las palabras de que lo él esperaba fuesen bromas, con ese roce entre el sueño y la realidad mientras coqueteaba con el absurdo, quizás ese sueño seguía en ella. La contempló con su estoica serenidad manteniendo esos ojos ambarinos que parecían siempre un poco tristes, un poco cansados y un poco más vetustos que su rostro sobre la suave expresión de la cantante. Tras unos segundos de silenciosa reflexión, ladeó su cabeza ligeramente dejando escapar ese ligero "Teeheehee" que correspondía a su característica risa.

— Si esto fuera un sueño… sería uno bastante aburrido, ¿no crees? Pero al menos no sería una pesadilla, eso te lo aseguro —respondió con una calidez en su tono paciente que contrastaba con el aire frío que levantaba la noche desde la superficie del mar que los rodeaba— Porque los míos normalmente son menos simpáticos. No me convidan café nunca, ni suele venir a acompañarme Gwendolyn... De modo que si estoy soñando, espero seguir haciéndolo un ratito más —Aclaró con serenidad.

Si ella saltaba al mar ¿Qué pasaría? Se lo preguntó por un momento antes de suspirar dejando escapar quizás parte de su alma. — Si saltases al mar ahora... Tendrían que sacarnos a ambos, el agua salada nos haría pesar el cuerpo y nos hundiríamos como dos anclas. Alana o Giyuu tendrían que tirarse de cabeza, sería un escandalo, nos regañarían, se preocuparían y quizás llorarían pero todos con cara de dormidos, que son las cuatro de la mañana —Replicó con la mayor sensatez que pudo aunque entendía el sentimiento que aquejaba a la muchacha, ¿Qué determinaba cuan real era nuestra realidad?

Su sonrisa desapareció tras unos momentos, quizás ella tenía razón y él era el impostor. Inspiró con profundidad rascando su nuca con nerviosismo, rascó y rascó hasta que finalmente pudo sentir el cálido carmín entre sus uñas contemplando la sangre cuando retiró la mano. Él estaba tan tranquilo, pero todos los sueños deben terminar eventualmente.

— ¿Crees que puedas aprender a querer a Eros, el impostor? Pues ahora que lo dices no se si lo soy... Seguramente dije algo cómo "Si esa tabla está floja, ahí la arreglo" ¿No? —No sabía con certeza si lo dijo, qué dijo, cómo lo dijo, cuando, ni a quien ¿Quizás estaban ambos soñando? ¿Quizás ambos habían fallecido y éste era un eterno purgatorio? Dudaba, pero entendía que la única conexión con lo terrenal era el propio entendimiento que tenían de si mismos. Pues él era el, y ella era ella.

Una duda válida se planteó en su cabeza. — ¿Lo somos? Amigos, me refiero —Aclaró antes de suspirar frotando suavemente la herida que se acababa de hacer, tomando su termo para dale un trago limpio al mismo. — Cuando nos conocimos me dijiste que el perdón me daría una paz que la venganza no... ¿Qué le puede traer paz a tu corazón? Dudo que tirarte al mar te traiga paz, pues quizás te da una eternidad de arrepentimiento. Owen lloraría, el Cabaret estaría triste, yo te echaría de menos y el mar se sentiría culpable —Espetó.
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#6
Sería un sueño aburrido y cotidiano, aún así no se quejó, simplemente permaneció sonriente a pesar de lo que dice, porque tiene razón, al menos una pesadilla no sería — Pero el sueño es mío, no tuyo — se burló, no de él, sino de lo que hablan, de una idea que no es, pero que su mente no puede evitar pensar ¿Y qué tal si…? — El Eros de los sueños también me causa gracia, si es que eres ese, claro. — porque tal vez es el real, ese que escucha todos los días desde que se subió al barco. El mismo que se rie de manera curiosa y le pega el gesto, como si fuese contagioso. — Yo…

¿Si es un sueño, querría despertar?

¿Y si despierta, en dónde está?

—Las cuatro, hum ¿Quién toma café a las cuatro de la mañana? — porque no es para dormir, suele decirse que es el elixir de aquellos que arrastran los pies y le pesan los párpados — Me haces dudar que esto sea verdad. — es una angustia extraña, es saber que cosas pasan y no hacer nada, no poder cambiar nada de lo que ocurre — No es necesario que me sigas si me lanzo al mar — se levantó con suavidad, aun con el objeto en la mano — De todas maneras… no va a pasar.

Descartó la idea, dejó que la briza marina se la lleve, porque si es verdad, entonces lastimará a otros por un capricho. Ya podrá despertar sin lastimar a nadie más.

—Puedo querer a todo aquel que lo desee, Eros — es una respuesta simple, porque el querer nunca ha sido un problema. A todos se les quiere, aun así ya ha elegido a quien quiere por sobre todos ¡Y no es Dios! Aunque debería ser su puesto — Incluso si fueses el impostor ¿Por qué no podría hacerlo? ¿Dejarías de ser una persona? — ¿Un monstruo quizás? Acercó la taza a su rostro, porque un ser así no le ofrecería un poco de confort, ni una charla amena como esa.

Seguramente la mandaría a un cuarto, sin derecho a reclamo.

—Así que no lo recuerdas bien… huh — hay una decepción, es ligera, por lo tanto no se reflejó ni en el líquido oscuro o en las estrellas. No apareció por ningún lado más que en su interior — No importa. — no importa, porque si es un sueño, al menos no es pesadilla — Ya lo recordarás… o no.

O ella lo olvidará en la mañana, o la siguiente ¡Y quizás la que viene a esa!

—Lo somos

Lo somos.

Incluso si eres el impostor, somos amigos ¿No?


—Owen — repitió el nombre y suspiró. No es un gesto de chiquilla enamorada, es como si pudiese respirar al saber que está. — Es verdad, no debería pensarlo. Tienes toda la razón. La gente me extrañaría ¿No? Y los que me ayudaron en mi viaje lo habrían hecho en vano ¡Tienes razón! Haha. — un ánimo repentino, uno que acalló a algo más. Lo escondió bajo el tapete, para que nadie más lo encuentre.

Bebió del líquido una vez más, todo el resto para que el mismo no derrame o manche nada — Mi corazón está lleno de paz, no sé de qué hablas Eros — mintió, incluso si no debe hacerlo. Porque no es un acto honesto y tiene que sostenerlo con el tiempo — No había tenido tanta paz en mucho tiempo.

Eso es cierto, como si necesitara endulzar un poco las cosas.

—Por eso es que… siento que las malas noticias no tardarán en llegar — se movió por la cubierta con suavidad. Se meció aprovechando el movimiento del barco, en un baile corto para no caer. — Y no estoy lista para ellas.

Nunca lo estoy, en realidad.
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#7
El funesto funebrero la observó con serenidad acompañando el acompasado mecer del Crimson Stage con el oleaje, el horizonte poco a poco se iba tornando en colores más claros denotando que a lo lejos iba a amanecer quizás más pronto que tarde. El termo de café en su mano seguía tibio, pero ya no era lo que lo mantenía despierto, sino su amiga, o más concretamente ese momento en el cual ella lo extrañaba entregándole una nueva arista que, con la curiosidad que lo caracterizaba, deseaba conocer. No parecía pertenecer al mundo de los despiertos en vigilia, ni al reino de lo onírico, estaba atrapada en el medio.

— La gente dice que el café le quita el sueño, para mi es un mito... Tener algo calentito en la panza me ayuda a descansar mejor, es el frío lo que no tolero —explicaría con serenidad y sin alterar su tono en lo más mínimo del estoico y monocorde vaivén que tendía a usar. — Y si seguimos en la lógica de que estamos en el sueño, entonces el tiempo no existe y podemos tomar café cuando queramos O comer el postre antes de la cena

No lo dijo para confundirla, ni para burlarse de ella pues Eros era incapaz de ello. Pero decidió jugar tambien con la posibilidad de que quizás estaban en un sueño. El mundo era un lugar enorme y desconocido, lleno de variopintas habilidades, y poderes que escapaban a la imaginación ¿Por qué no vivir un sueño? Era algo posible, sin duda.

Cuando Gwen rio hablando de su capacidad de querer a cualquiera, Eros no lo hizo. Pese a que le parecía hermoso, en cierto punto la envidiaba. Envidiaba ese poder, esa magia. El querer de forma desinteresada, sin reservas, ni miedo. Sin ego, sin memoria, o clausulas. Cómo si querer no doliese, cómo si las cicatrices no se llevasen por dentro.

Eros desvió la mirada hacia el mar unos segundos, observando cómo la bruma de las olas salpicaba cuando éstas chocaban contra el casco del barco de tanto en tanto, sintiendo las gotas contra su rostro. Su mandibula se tensó por un momento, como si fuese a decir algo aunque retractándose de inmediato. Llevó su mano a su mentón, pensativo y asintió.

—¿Estaba rico el café? —Preguntó curioso, recibiendo su taza de manos de la muchacha mientras la escuchaba hablar. — Alana dice que somos libres, estoy pensando mucho en eso... En lo que conlleva la libertad, los sentimientos y esas cosas... Todavia es nuevo, raro.

¿Raro? Incierto, confuso, contradictorio, inmoral, poco ético. Habia muchos sentimientos que Eros trato de poner sobre una mesa, en una larga lista de pros y contras. Entendio que dentro de él había emociones que lo avergonzaban, que repudiaba y le daban asco. Entendía que él no era un ser perfecto... Y aun así le dijeron que debía abrazar eso. Por supuesto, ese era uno de los motivos que lo tuvieron despierto esa noche.

El tiempo podía pasar para todos pero la cabeza no le daba tregua a nadie, ni lo esperaba. — Y respecto a eso que dices... Si, tus sospechas son ciertas. Las malas noticias van a llegar, las buenas también quizás y seguramente no estemos listos —Aclaró, pero no era un tono pesimista el que salía de su tono. — Pero confío. Yo confío, tengo fe —Era irónico que él hablase de fe, pero la entendía a la perfección. Creer ciegamente en algo sin reservas, y sin pruebas.

— Sin importar lo que el futuro nos depare, así sea aciago o nefasto... Vamos a estar bien, porque ya llegamos hasta aquí y no ha sido fácil. Nuestras vidas, nuestras historias, nuestro pasado... ¿Qué puede ser peor que enfrentar la vida solos, impotentes y ajenos a nuestros deseos? Yo creo que nada, y nada tampoco hará que volvamos a estar así
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#8
¿Pueden hacer lo que quieran en los sueños? Nunca ha tenido uno que le permita algo así, las cosas ocurren y se deja llevar. No hay más, no hay postres antes de la cena o todo el café del mundo, uno que no se enfríe luego del tiempo. Suena perfecto, pero no ocurre tampoco en la fantasía.

—Somos libres, sí — libres de elegir qué hacer. Se siente extraño poder decidir, le pareció tan abrumador que no le gusta, porque todo lo malo que pase, es porque no fue suficiente, porque lo eligió — Somos libres de elegir, por eso me pregunto — hubo una pausa corta, es un espacio en donde tomó aire en silencio — ¿Por qué elegimos hacer lo incorrecto? — porque incluso si existe una razón, es una elección sabiendo las consecuencias. No pudo evitar reírse con suavidad — Antes pensaba que solo lo hacía la gente mala, esa que se ha perdido del camino. Se supone que así es. — No pudo evitar voltearse a donde está Eros. No lo vio, pero escuchó su respiración, como si quisiera asegurarse que sigue ahí — Pero me he dado cuenta, que incluso yo elegiría lo que no está bien.

No dijo la razón, no dijo nombres, no confesó lo que pasa por su mente. Quizás porque una vez fue suficiente, que solo lo sepan dos personas parece mucho, porque la declaración no debería existir siquiera.

—¿La tienes? Pensé que no eras un hombre de fe, Eros — porque cuando han hablado de Dios, no han podido llegar a un acuerdo. No son peleas, pero se siente como si quisieran ver las cosas de distintas maneras ¡¿Y ahora?! Separó los labios para decir algo, aun así solo salió una risa, como si la situación le causara gracias — Pediré también, para que todo salga bien. Que las buenas noticias sean mucho mejores que las malas.

Como si pudiesen compensar una con otra. No es una receta y la solución tampoco es echar azúcar en donde sobra la sal, aun así permaneció serena con el pensamiento. Seguramente porque no hay más — No lo sé. Siempre creí una cosa — se acercó a la orilla del barco. No dudó en cargar el cuerpo en la baranda con suavidad, reposando parte del torso en el mismo — Creí que tenía una familia, lejos. Las llamé así por mucho tiempo, supongo que me hacía sentir menos sola — su cabello bajó por la parte exterior del barco al asomarse ligeramente. No vio nada, no hay reflejo, no hay luna o estrellas en el agua — A veces creemos cosas que no son. Como que estamos en sueños que no terminan.

Un suspiro salió de sus labios, uno solo.

—Crees que nada es peor, pero tal vez lo hay ¿No? Yo…

Porque lo ha pensado, le ha dado vueltas de vez en cuando. Es la inseguridad lo que se escapa, es una que se esconde detrás de sonrisas.

—¡Pero bueno! Para qué vamos a pensar tan negativos. Pronto partiremos más allá, otro sitio nuevo que conocer — se impulsó de la madera con suavidad, acercándose al centro del barco, en un movimiento que se asimiló a una danza — Nos podemos alejar por siempre de lo que no queramos, somos libres de hacerlo.

Podemos huir eternamente de lo que nos atormenta ¿No es así?

—Quiero ver — es raro que que ella diga algo así — Quiero ver lo que hay afuera. Seguro puedo encontrar una manera de hacerlo, Eros — giró sobre su propio eje con suavidad, soltando una risa — Quiero ver las estrellas, a todas. Incluso a ustedes.

No le ha dicho nadie una de sus nuevas ambiciones, se lo ha guardado como un secreto que no se atreve a salir, por miedo de parecer una tontería. Un capricho de alguien obstinado.

—Además así romperé la maldición que me puso Dios — sus ojos se abrieron, por primera vez se los mostró. No puede ver, incluso si los abre todo sigue igual — porque Owen ha dicho que soy bella ¡Preciosa! ¿No es irónico que no pueda verlo?

¿Es un castigo o un incentivo?
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#9
La brisa nocturna seguía golpeando el casco del Crimson Stage mientras Eros bebía el aciago trago que las palabras de Gwen suponían en el estopor de su alma ebria de sentir tanto que no sabía que hacer con ello. Se mantuvo estoico y silente, dejando que la voz de la cantante fuese la que decorase la penumbra de la noche , pues había en cada elección de palabras un ejercicio consciente por parte de la misma; que mostrar, y que no, que callar y cómo decir. Entendía perfectamente que había mucho de ella que desconocía, pero despues de todo lo menos que podía hacer era intentarlo. Curiosidad, ternura y cariño. Tres conceptos que representaban en él quizás sus valores fundamentales.

¿Por qué elegían hacer lo incorrecto? El mismo se lo preguntaba, o quizás por qué había una inclinación a ello ¿Quién juzgaba lo incorrecto? ¿Era el estado, dios, la gente o el sentir? ¿Qué leyes respetaban aquellos que no seguían ninguna ley? Se incomodó silenciosamente más se mantuvo callado, rascando su nuca con cierto nerviosismo mientras sus pensamientos se sumían en un espiral descendente que terminaría llevando su mirada así como sus pensamientos hacia la oscuridad del mar.

No entendía quienes eran malos o buenos en un mundo donde todos tenían sus motivos para luchar por lo que creían, y todo se basaba en convicciones. Para él la convicción más grande era quizás la libertad, y la posibilidad de poder buscar la libertad para uno mismo y quienes apreciaba ¿Era acaso malo? Un villano, un ente maligno, un ser retorcido. Quizás, solo quizás.

— La tengo —Murmuró relativo a la fe. No era como la suya, sin duda, pues no había divinidad o poder superior que pudiese doblegarlo o volverse relevante cuando enfrentaba a la muerte cara a cara. No pedía explicaciones a lo divino, ni se desvelaba pensando en lo ajeno a lo terrenal pero el creer fervientemente sin tener pruebas, certezas o nada que respalde la creencia ¿No era eso la fe? Entonces Eros creía en ellos, en ella, a veces en sí mismo. Creía en la fuerza, y en la resiliencia. En la voluntad, determinación. — No soy un hombre de fe, estrictamente hablando, no creo en cleros o iglesias... Pero si creo en nosotros, y en lo que somos capaces —Aclaró. El cabaret era un grupo de buenas personas, eran individuos en si mismos con sus propias luchas y cada uno de ellos había sabido respaldar su fe de una forma u otra.

Se sentó en la barandilla del barco cuando Gwen suavemente se meció como el Crimson Stage hasta el centro de la cubierta, sin quitar sus ojos de la muchacha en ningún momento. Casi sin darse cuenta se encontró llorando. Lagrimas brotaban de sus ojos dorados ante las palabras de la muchacha, y comprendió que le dolía no poder darle una solución a ello que nunca hubiese esperado oír. No, a ello que nunca hubiese deseado oír.

Era lógico, quizás, enfadarse con lo divino cuando la más ferviente de sus devotas debía cargar con una cruz que ponía a prueba su fe. ¿Era hermosa? Si, bajo muchos estándares ¿Importaba cuantas veces se lo dijesen si es que ella misma no era capaz de apreciarlo? Pensaba que no, más solo ella estaba en sus zapatos y portaba el estigma del creyente, y el penitente.

— A mi también me gustaría que me pudieses ver... De nada sirve que te diga que mis ojos son como la miel, que tengo cara de cansado casi todo el tiempo o que mi cabello se ve como el crepúsculo —Se describió lo mejor que pudo jugueteando con uno de sus mechones de cabello, finalmente limpiando las lagrimas de su rostro con la manga de su abrigo en pos de no ser notado, de poder mentirle en la cara a aquella que consideraba su primer amiga.

Entonces se dio cuenta de un detalle, tan minúsculo como determinante según la lente que se usase. — ¿Te gustaría tocar mi rostro? Se que no es verme, pero creo que será útil para que me reconozcas cuando aparezca nuevamente el impostor de tus sueños —Añadió tratando con toda su determinación de esbozar una sonrisa, aunque debía reconocer que había días que costaba mucho.

Pegó un saltito hacia el suelo de la cubierta, andando con un sereno contoneo hasta la cantante. — Creo que es todo lo que te puedo ofrecer de momento pero... Vivimos en un mundo donde lo mágico y lo real van de la mano, lo inexplicable y lo lógico. Estoy seguro de que si hay una forma de que puedas ver, la encontraremos, y si no la hay la podremos inventar —Nuevamente se había presente esa fe de la que había hablado con anterioridad.

Poco a poco en el firmamento los colores de la noche se iban tornando más claros, con un leve fulgor rosáceo en el horizonte que acompañaba ese tan sutil cambio en el aire. El viento de la madrugada era distinto al de la noche, la misma humedad en el aire iba cambiando en torno ellos charlaban. Lo que parecían minutos bien podrían ser horas para aquellos que caminaban en las penumbras.
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#10
Le gusta la descripción de las cosas, porque quizás no conoce el color, pero sí el sabor de algunas cosas. Es dulce y agradable, por eso es que no hizo nada más que ensanchar el gesto que está en el rostro — ¡Claro que podré hacerlo! El mundo es tan enorme, que debe haber alguna manera. Una que la pueda conseguir yo — aplaudió una vez, es un sonido que rompió el silencio que solo se acompañan con las olas — Sin la necesidad de Dios. — porque él parece ocupado o más bien, se empeña en que puedan hacer las cosas ellos, como si entregar mucho los fuese a lastimar.

—He pensado que alguna fruta podría hacerlo. Parecen milagros ¿No? — lo son para ella, porque no deberían se capaz de hacer muchas cosas — Incluso yo me comí una. Una que enfría todo — se quedó en silencio unos segundos, los suficientes para indicar que algo ocurre, que su mente algo piensa. Es una elección que tiene respuesta, porque una de ellas es muy peligrosa — Pero no puedo mostrártela, porque te lastimaría de hacerlo. — irónico que le hayan dado el invierno a quien siempre intentó ser la primavera. Quizás es lo que siempre fue y no se atrevió a reconocer.

La propuesta no le sorprendió, simplemente la hizo dar pasos, son suaves. No hubo timidez, porque en realidad no hay nada que temer. Esto no es más que la normalidad para alguien que no puede ver — ¿Puedo hacerlo? — es una pregunta de cortesía, porque él lo ha ofrecido y ella no hizo nada más que aceptar el regalo. — Todos son impostores en mis sueños — alzó sus manos finalmente, están tibias, porque el frío ya no le afecta como antes. No es lo que era y seguro tampoco en el futuro permanecerá de la misma manera — Por eso nunca sé cuando estoy despierta.

Es una declaración extraña, es el problema que se repite y que no se lo ha dicho a mucha gente. Sentirse atrapada, porque tal vez si viera lo que ocurre, podría saber si está en una larga fantasía o no.

—Pero ya no importa como antes. — porque incluso si sigue en la cama, son sueños dulces. Como si extendiera el tiempo con la gente más tiempo, para permanecer con ellos cuando no están más — Ya no duele — no explicó que no duele, no necesita saber la verdad y ella tampoco la va a contar — ¿Estás listo?

Las puntas de sus dedos fue lo primero que tocó la piel del hombre que la acompaña, se deslizó con cuidado, paseándose por las mismas zonas repetidas veces. Es distinto a otros, aunque todo el mundo funciona de la misma manera. Se rió con suavidad al notar como a veces el cuerpo reacciona, sobre todo en la zona de los ojos ¿Así debería ser, no? — Sigues siendo joven, pensé que eras mayor — no se encontró con ninguna línea que evidencie el paso del tiempo — Pero parece que no — lo último que acarició fue el flequillo, hasta que finalmente lo dejó ir — No eres como me imaginaba. Pero no puedo explicarte lo que tenía en mente.

Porque es incapaz de imaginar como los demás, por lo tanto, incluso si lo intente de muchas maneras no la entenderán.

—La encontraremos —

Habló de ellos, lo incluyó en el plan, porque es parte de la familia que ha elegido para ella.

—Y encontraremos también a la gente que se llevó lo que estabas cuidando  — tomó aire y su rostro se serenó ligeramente — Y sin importar lo que decidas hacer te ayudaré — porque el perdón lo pedirá por ellos, pero la decisión es de otro.

Y ese no es Dios, por lo tanto, ninguna oración podrá cambiar el destino.

Ya no.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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