27-11-2025, 02:00 PM
Una vez derrotados los tres maleantes que fueron a por él, su atención estaba puesta por completo en Dharma, estaba seguro de que podría lidiar con los dos restantes, pero se mantendría alerta por si necesitaba de su ayuda. Esto por supuesto no resultó ser necesario, aquel hombre demostró una agilidad y una destreza que eran difíciles de creer para Juan, fácilmente neutralizó a sus contrincantes, al primero haciendo uso de su precisión con la espada y al segundo con la brutalidad de alguien que ha estado envuelto en numerosas batallas, ahora entendía a lo que se refería con aquello de "pelear es como un diálogo", cada movimiento y cada golpe parecía que querían mostrar lo superior que era, no solo a los enemigos que tenía enfrente, sino a las presencias que observaban desde los callejones esperando a hacer su entrada.
En el momento en el que Dharma terminó con lo suyo, Juan soltó un silbido de admiración —Después de ver como peleas me da casi vergüenza que me digas eso jajaja— Por la mente de Juan pasó por la cabeza lo afortunado que había sido, si Dharma hubiese resultado ser el ladrón... Bueno, habría sido un problema por decir algo. Ambos estaban ilesos, por lo que su atención ahora podía centrarse en lo importante. Juan se preparó esperando la llegada de más malandros, pero esto no ocurrió, el desempeño de ambos contra aquel grupo de rufianes sin dudas quebró la confianza de cualquiera incitado a inmiscuirse en el asunto, ya ni siquiera podía sentir las miradas desde los callejones, se habían ido. En lo alto de un barril mugroso y viejo apostado al lado de la calle, a unos 10 metros de distancia del enfrentamiento se podía observar como unas joyas brillaban gracias a la luz del fuego de una lámpara que estaba encendida a escasa distancia, entre una cosa y otra ya había caído completamente la noche, casi parecía como si los responsables les estuvieran diciendo "Coged esto y largaos de una maldita vez". Una vieja estaba apostada al lado del barril y después de mirarlos a ambos y con un aire de desprecio a su alrededor, escupió al suelo y desapareció en la oscuridad de los callejones. Juan no iba a tomarse la molestia de perseguir a una anciana, tenía las joyas y podría terminar su trabajo, ya daría parte de la descripción de la anciana en el cuartel para que ellos se encargasen, seguramente tampoco había mucho que pudiesen hacer tratándose de una vieja frágil —Supongo que esto es lo que estaba buscando, ahora puedo ir a devolverlo, Muchas gracias por tu ayuda Dharma—
Pero antes que nada quedaba algo por hacer, no podía dejar a los bandidos derrotados allí sin más, así que aprovechando que seguían incapaces de moverse, los ató a los cinco y llamó a una patrulla para que se acudan a recogerlos, su aspecto en aquella situación era bastante humillante, pero el mal no podía quedar impune. Antes de partir de dirigió a Dharma para decirle —¿Tu tripulación? No me digas que eres cazarrecompensas o algo del estilo jajaja, ojalá trabajemos juntos en otra ocasión— La opción de que fuese un pirata ni siquiera se pasó por la mente de Juan, "¿Por que un pirata ayudaría a un marine a pelear contra unos bandidos?" Era algo que claramente carecía de lógica, después de todo los piratas son seres despreciables que harían lo que fuera por su beneficio, Dharma no era así. Tras la respuesta de Dharma procedió a despedirse —Bueno Dharma tengo que irme antes de que se me haga más tarde, si necesitas algo ya sabes que estoy por el cuartel— Terminó la frase con una honesta sonrisa y marcando los "músculos" del brazo donde tenía su pinza, con el deseo de volver a encontrarse con él algún día.
En el momento en el que Dharma terminó con lo suyo, Juan soltó un silbido de admiración —Después de ver como peleas me da casi vergüenza que me digas eso jajaja— Por la mente de Juan pasó por la cabeza lo afortunado que había sido, si Dharma hubiese resultado ser el ladrón... Bueno, habría sido un problema por decir algo. Ambos estaban ilesos, por lo que su atención ahora podía centrarse en lo importante. Juan se preparó esperando la llegada de más malandros, pero esto no ocurrió, el desempeño de ambos contra aquel grupo de rufianes sin dudas quebró la confianza de cualquiera incitado a inmiscuirse en el asunto, ya ni siquiera podía sentir las miradas desde los callejones, se habían ido. En lo alto de un barril mugroso y viejo apostado al lado de la calle, a unos 10 metros de distancia del enfrentamiento se podía observar como unas joyas brillaban gracias a la luz del fuego de una lámpara que estaba encendida a escasa distancia, entre una cosa y otra ya había caído completamente la noche, casi parecía como si los responsables les estuvieran diciendo "Coged esto y largaos de una maldita vez". Una vieja estaba apostada al lado del barril y después de mirarlos a ambos y con un aire de desprecio a su alrededor, escupió al suelo y desapareció en la oscuridad de los callejones. Juan no iba a tomarse la molestia de perseguir a una anciana, tenía las joyas y podría terminar su trabajo, ya daría parte de la descripción de la anciana en el cuartel para que ellos se encargasen, seguramente tampoco había mucho que pudiesen hacer tratándose de una vieja frágil —Supongo que esto es lo que estaba buscando, ahora puedo ir a devolverlo, Muchas gracias por tu ayuda Dharma—
Pero antes que nada quedaba algo por hacer, no podía dejar a los bandidos derrotados allí sin más, así que aprovechando que seguían incapaces de moverse, los ató a los cinco y llamó a una patrulla para que se acudan a recogerlos, su aspecto en aquella situación era bastante humillante, pero el mal no podía quedar impune. Antes de partir de dirigió a Dharma para decirle —¿Tu tripulación? No me digas que eres cazarrecompensas o algo del estilo jajaja, ojalá trabajemos juntos en otra ocasión— La opción de que fuese un pirata ni siquiera se pasó por la mente de Juan, "¿Por que un pirata ayudaría a un marine a pelear contra unos bandidos?" Era algo que claramente carecía de lógica, después de todo los piratas son seres despreciables que harían lo que fuera por su beneficio, Dharma no era así. Tras la respuesta de Dharma procedió a despedirse —Bueno Dharma tengo que irme antes de que se me haga más tarde, si necesitas algo ya sabes que estoy por el cuartel— Terminó la frase con una honesta sonrisa y marcando los "músculos" del brazo donde tenía su pinza, con el deseo de volver a encontrarse con él algún día.

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