[Pasado] La más grande apuesta, un grupo conformado por egoístas
#1
32 de otoño - Madrugada 

Tras los sucesos provocados por el hermoso oso llamado Honoy, cualquiera habría pensado que el festival concluiría con el grupo recién formado desintegrándose. Lo más probable era que cada uno tomará su propio camino con el botín obtenido y jamás volviera a cruzarse con los demás. Pero el destino es impredecible. En un inesperado giro de los acontecimientos, Ryota Miyamoto tuvo la brillante y descarada idea de continuar la fiesta a costa de los berrys del poblado. 

Algunos probablemente estuvieron de acuerdo, y otros simplemente quisieron aprovechar la “amabilidad” del castaño. Pero fuera cual fuera la motivación para seguir al chico, todas eran aceptadas: aprovecharse, disfrutar, divertirse, embaucar, estafar, robar… no había malas respuestas. Y a él tampoco le molestaba ninguna. Lo único que Ryota quería era continuar la fiesta, por lo tanto como una persona que únicamente sigue el viento de sus deseos, no le importaban las circunstancias. 

De esa forma, antes de que alguno de los presentes pudiera arrepentirse, y después de dejar a Honoy en el bosque con más comida, los cinco aventureros regresaron al poblado alzando el sake ceremonial que Ryota había rescatado. Ante la sorpresa de los pueblerinos, el castaño no tardó en autoproclamar a su grupo de compañeros como “los vencedores de la bestia”, asegurando con orgullo que la habían asustado tanto que jamás volvería a atormentarlos.

Pese al escepticismo de algunos, fueron los niños que Liora y Heras habían protegido quienes rompieron el silencio. Contaron con entusiasmo cómo la mujer les había ayudado a escapar junto al “ángel”, cómo lo llamaron.

Aquel testimonio bastó para ganarse la confianza del pueblo, que celebró al ver la botella de sake intacta y lista para continuar la tradición.

“No dejemos que este mal trago del destino arruine el agradecimiento por la cosecha de otro año. Yo digo que la bestia tuvo su merecido y que no necesitamos lo que el fuego se llevó, porque son ustedes, los locales, la gente que se esfuerza cada día en los arrozales, quienes le dan el verdadero valor a este festival. Por lo tanto esta fiesta también los conmemora, a su trabajo, a su esfuerzo, a su dedicación, así que por eso y para preservar la tradición… ¡debemos continuar con el festival!” proclamó Ryota usando su talento con las palabras para encender de nuevo el ánimo de todos los pobladores. 


Fue así como en las calles del poblado, la fiesta volvió a iniciar, la música, la comida, el licor y los bailes comenzaron de nuevo, haciendo que lo verdaderamente importante “la gente” reiniciará el festival, a costa de ellos mismos, sin que ninguno de los piratas gastará uno solo de los berrys que se habían llevado en bolsas del antiguo festival. 

De hecho, los piratas se encontraban sentados en una de las mesas colocadas junto a un improvisado altar, donde las sacerdotisas realizarían el tradicional brindis tras el equinoccio del amanecer.

“Kekeke, ¿qué buena fiesta volvieron a montar estos bros, no creen? “ comentó Ryota mientras llenaba su copa con sake y servía también las de los demás. “Es una putada que se quedaran con el sake ceremonial, pero al menos nos darán todas las botellas de sake que queramos por haber salvado el festival, kekeke” Continuó riéndose y tomandoselo con el mejor humor, aunque muy en sus adentros solo esperaría un poco antes de volver a robarse ese sake. 

“Oh, bueno, aprovecho para presentarme. Mi nombre es Ryota Miyamoto” dijo al terminar de servir y dejar la botella a un lado. “Me hice al mar para convertirme en pirata hace varios meses y, desde entonces, navego libre, escapando de toda obligación y cumpliendo todos mis deseos, o bueno al menos lo intento keke” Una sonrisa iluminó su rostro ante su revelación.

“Si gustan, pueden presentarse. No es obligatorio, pero el sake sabe mejor cuando sabes con quién lo bebes.”Al terminar sus palabras, el chico aguardó a que los demás hablaran. Sin embargo, algo a lo lejos llamó su atención: una hermosa señorita de cabello negro, ojos rojos y vestiduras elegantes, que parecía completamente perdida entre la multitud. 

Quizás fue su belleza, su aire sofisticado, que èl acababa de tomar un poco de Sake y por lo tanto ya estaba ebrio o que tal vez ya la conocía, pero sin pensarlo dos veces, se levantó en la mesa para levantar la mano. “¡HEY LADY!, ¿!QUIERES BEBER UNA COPA CON NOSOTROS!?” Gritó su invitación, esperando con ello que sus mejillas sonrosadas por el licor no terminarán de espantarla
 a ella o a los demás.

Outfit
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#2
Now playing: Nani wa Paradise Sake - Dotsuitare Hompo
 
Hecho universal: Las heridas se pasan mucho mejor con alcohol.

Después de aquel desastre con patas uno de los más emocionados parecía ser el de rulas y sin poder realmente rechazar su invitación lo seguí a donde fuera con el grupo tan… pintoresco que se había formado. La noche regresaba a ser cálida, aunque no me podía quita el amargo sabor de la ceniza del final de la garganta, pero me lo estaba pasando con alcohol.
Miré alrededor, aunque el sitio parecía ser menos eufórico las personas comenzaban a regresar a esa festividad e incluso fueron tan amables o ingenuos para dejar que no gastáramos ni tres berries. Cool.

Noté como iban a una mesa ¿Solo con alcohol? Si… Algunos íbamos a terminar muy mal en ese estado, mejor iba por algo para picar mientras tomábamos, por lo que había escuchado el banquete se retomaría más tarde lo que parecía razonable.
Llegué a una mesa bastante… llena y un tanto descuidada, tomando discretamente un bowl de lo que parecían ser… ¿frutos secos? Venga, mejor a nada y lo llevé como un obsequio a nuestra mesa, dejándolo sin decir ni una sola palabra, sentándome en el lugar que me hubieran dejado. —Bastante rápido sin duda, escuché por ahí que habrá comida otra vez, así que dejen espacio para la cena ¿me entiendes? — Mientras hablaba tomé un sorbo de la bebida, volviendo a asentarla contra la mesa con delicadeza, apoyándome en la mesa.

Lo pensé, siempre podría dar un nombre falso pero después de esto estaba demasiado cansado para ello. — Tezca Norova… Que coincidencia, también soy pirata; Si reconocen mi nombre de algún lado, no, no lo hacen ¿va? —Quería dejar eso claro, uno nunca sabe realmente para quien trabaje: Siempre hay una ligera posibilidad de que te ataquen por algo que hiciste. Siempre.

Entonces tomé otro sorbo, me sabía más dulce de lo usual… Espera ¿Qué traía esto? Pensé mientras observaba el vaso con dedicación cuando Ryota llamaba a alguien, mirando de reojo.

Atributos
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#3
El famoso vino de arroz. ¿Cuenta como algún tipo de vacío legal a su adicción? El sabor provoca cierta mezcla entre insatisfacción y gusto culposo. Los labios se aprietan en vanos intentos de desdibujar tibias sonrisas. ¿No debería empezar a sentir frío ante la exposición de su cuerpo a la otoñal madrugada? El cándido ambiente ceremonial y festivo, las danzas poco organizadas y las nuevas luces amontonadas previenen ello, quizá también lo haga el alcohol que atraviesa su garganta, quemándola en el proceso, generando ciertas corrientes tibias en su pecho, estómago, brazos y piernas.

La música empieza a parecer un poco estridente, no es su estilo aunque tampoco reniega de él cuando el índice de su diestra golpea la madera de la mesa, intentando seguir ritmos que se pierden cuando algunos adultos tratan de hacer patéticas interpretaciones del rugido de la bestia. Los pocos niños que quedan despiertos se persiguen entre ellos o huyen de coléricos padres que piden calma y descanso. La mirada chocolate se detiene específicamente en un infante que se esconde tras las faldas de su madre, parece asustadizo pero demasiado despierto como para dormir por voluntad propia, concentrado en una historia que nunca se termina de contar. Algo sobre héroes, sortilegios y destinos.


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Runin sonríe cuando ve al niño sonreír quedamente.

El niño se nota observado, mira a Runin y se escabulle con timidez.

Runin vuelve a sonreír.

Las voces parecen mullidas a su alrededor. ¿No ha sido demasiada aventura por una sola noche? No es suficiente, nunca es suficiente para ella, para personas como ellos. ¿Personas? ¿Desconocidos? ¿Nuevos conocidos? ¿Conocidos? ¿Amigos? ¿Historias pasadas y presentes? Todo se establece en relaciones imposibles de concretar. Un poco más de sake y la garganta pide agua, el estómago comida y el cuerpo un almohadillado cojín de diminutas plumas.

“Mi nombre es Ryota Miyamoto”

“Tezca Norova”

Piratas, piratas, piratas.

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—Runin Kitay.

La aterciopelada voz escapa mientras los dedos divagan alrededor de una copa a medio beber, si, ha pedido algo más afín a su estilo aunque no a su gusto. Los labios se humedecen entre ellos.—Si la piratería me da información y dinero, entonces navegaré bajo la bandera de la muerte. —Levanta el cáliz, bate las pestañas en un ligero guiño. —Aunque sé más de plantas y animales que de mapas y bitácoras. Fufufufufu. —La risa escapa sin mostrar pizca de reserva, los hombros se sacuden debido a ella. Toma algo de fruta seca cortesía del rubio, no es su alimento preferido pero al menos entretiene.

—Ahora los piratas ya no temen decir que lo son. —Bromea observando al excéntrico grupo. Ryota realmente ha demostrado ser capaz de huir de las obligaciones. ¿Debería lanzarle una botella en la cabeza? Está tentada, demasiado, pero se controla lo suficiente como para desviar la mirada hacia Tezca. Está bien, si viera ese rostro en un cartel no podría olvidarlo. ¿Realmente es un hombre de mar? Parece más bien uno de pasarela, hasta podrían combinar bien juntos, refiriéndose a la estética, de momento.

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—Hey, cariño. Me prometiste algo de vino. ¿No piensas cumplir conmigo?

La expresión de aflicción claramente simulada se enfoca en Heras, esta no dura más que dos segundos antes de volver a su habitual sonrisa ladina. —¿O estás demasiado entretenido con las bellezas extranjeras y desconocidas como para cumplir tu palabra? —Las sacerdotisas se mueven de un lugar a otro, algunas han empezado a dejar comida sobre las mesas. —Y no tan desconocidas. —Contempla donairosa a Liora antes de mirar en dirección a la fémina que ha sido súbitamente invitada.

—¿Bebes, Liora? —Ofrece un vaso, empujando el líquido de penetrante aroma. —Siempre podemos esperar otro tipo de bebida, si no te interesa esta. —Empuja un poco su cabello para dejar al descubierto sus brazos, si, el calor realmente proviene de la bebida, no del ambiente. —No me digas que también eres una pirata. ¿O si, cariño? Fufufufu. —Vuelve a reír, lamiendo sus propios labios. —Qué pequeño es el mundo… —y qué grande es el deseo de libertad.


Karmas Activos
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#4
No juegues, lo que menos imaginé es que el espíritu de los Isleños de Karate fuera tan fuerte con sus fechas de celebración. No me iba a guardar nada en absoluto. Si voy a celebrar tengo que disfrutarlo. Ahora que estoy con buena compañía, compartimos una buena bebida. Pero no me había olvidado de mi promesa. Los chicos estaban animados con botanas y risas. 


Por un breve momento me abrí y pasé por la cantina, los chicos no sabían de mi, pero yo en Karate tengo bastante tiempo ya y por ende uno que otro contacto. De tanto trabajar antes de pagar mis deudas, me hice un conocido en los campos de arroz que me ayudó a hacerme con una buena y sustanciosa botella de vino. Fue un regalo por salvar a su hijo del Oso. Nada me hizo más feliz cuando me hice con aquella botella pues le había prometido a alguien especial un buen Vino. 


Este decía ser un vino de uvas verdes, imaginaba que no era el típico vinotinto pero era excelente igual porque es de uvas. —No tienes vino del tinto, yo creo que le gustará ese tambien.— No estaba del todo contento con darme dos botellas. —Agradecido, créame cuando le digo que no se arrepentirá nunca de este detalle milidel. —Unas palmadas multas en la espalda antes de volver a la mesa con los muchachos, parece que Ryota nos hablaba un poco de su vida. Mi mirada pasó por todos los presentes, pensé en rodar los ojos pero no puedo menospreciar este momento que se tomó para abrirse. Además que para mi ese chico es importante, salvó a la princesita. 


No quise meterme que fuera mi turno de buenas a primeras. Lo que no esperaba es que Tezca se presenta como un pirata. Mi mirada recorrió el alrededor, no más para ver si alguien más podría estar escuchando nuestro alrededor. Las botellas las tenía bajo la mesa resguardadas con mis pies para que no les pasara nada. Claramente para sentarme era lo mejor no estar muy cerca, ya que mis piernas pueden estorbar a los demás. No daba el pecho hacia la conversación así no estorbara a ninguno.


Solo Runin me sacó del trance consecuencia de la preocupación. Veía al rubio comprendiendo a qué se refería hace unos días en el pasado. Un cruce de miradas café me hace sonreír inmediatamente. —Es difícil encontrar belleza que rivalice con la tuya, mi Tesoro.—Saque las botellas de vino claro y de vino tinto para que ella disponga, son suyas. —Nada que ver, sabes que si estas conmigo pide por esa boquita. — Choque de hombros con ella y luego vuelvo a recostar mi peso hacia ella.


—Algunos aquí ya me conocen. Soy Heras. Si necesitan alguien que les ayude con el timón, o a defenderse de un animal hambriento, aquí estoy. — Mostre la mano señalándome a mí mismo con el pulgar con total confianza. No voy a mostrarme como un manojo de dudas frente a todos. —Gracias al lidel por invitarme. Cuando quieras una ayuda cuenta conmigo. — Entonces vuelvo con Runin y le digo con un tono bajito. 


—Cuando te embarnisaste todo el cuerpo, de quien querías la atención, mía o del oso. — Luche y perdi por sostenerle la mirada, pero terminé por bajarla más alla de su cuello y luego tuve que subirla por si me pillaban. —Bueno, tu ganas, si obtuviste mi atención, pero no me hagas eso de nuevo en una pelea.— Claro ahora es un tono más de broma. —Traiganle una cerveza, de Hidromiel para la princesa. — Para mi suerte, conozco que pueden beber ambas y aprovechando mis brazos largos le quite una de las jarras ambarinas, que no son muchas, para entregarsela. 


—Tienes que actualizar, varias estaciones sin verte. Actualizame de tus aventuras. — Aquí creo que soy el único que sabe lo bien que pega Liora el cruzado de derecha, ha tumbado más borrachos de los que se puede esperar.  Con mis alas cerré un poco el círculo social, ya que aun lado tengo a Runin y trato de integrarme a la conversación. —Hace un tiempo estuve entrenando, tenemos que medirnos.— Tras actualizarme un poco con Liora busqué con la vista un poco a todos antes de mirar por el rabillo a la adicta al vino.

Karmas
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#5
Nunca lo hubiese dicho, acostumbrada a la soledad, a no formar demasiados lazos con nadie... y ahora se veía junto a cuatro personas más.

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Con sus caninos atrapó el labio inferior, jugueteando ligeramente con este en un evidente gesto nervioso. No sabía cómo reaccionar, cómo moverse sin parecer un bicho raro. Su actitud cargada de cálculo y frialdad se sentía tensa por la cercanía de más personas.

Durante la batalla sus emociones eran más reales, menos calculadas. Pero en ese instante era diferente. El fuego no consumía su alma, la calma reinaba en su caos. De alguna manera quería abrirse, mostrarse al mundo sin miedo a que ellos también pudieran desaparecer. Por breve que haya sido el encuentro un mínimo de aprecio reinó sobre ellos. Desde ese momento en adelante no podría permitirse que nada les pasara.

La reina del escape coronada con tiara de hielo, siempre esquiva ahora temiendo encariñarse de nuevo. Era más sencillo mantenerse al margen, deshacer la trenza del cariño y caminar como solitaria loba por un mundo cruel. Porque amar era condenar, porque apreciar era terminar sola. Siempre había sido así, desde que tenía uso de razón. ¿Cómo no temer?


[Imagen: Ajam.png]

Escuchó la voz de los niños, aquellos con los que danzó antes de que la bestia emergiera furiosa, y no dudó en dirigirse a ellos con una sutil sonrisa en los labios—. Me alegra saber que estáis bien. —Se inclinó hacia cada uno de ellos, sacudiendo sus cabellos con su mano, una maraña de hebras sobre sus cabezas. Decidió quedarse un rato con los pequeños, jugar, cansarles para que tuvieran calmados sueños, lejos de osos gigantes, de humo coronando montañas y fuego iluminando noches. Solo darles un momento de calma, donde los temores fueran vencidos por los buenos recuerdos.

Fue por ello que tardó un poco más en acercarse a la mesa. Su ojo buscó a Heras, su guía en el mapa. Si algo bueno tenía su altura era que precisamente por ello era sencillo de hallar, y con él, -en este caso- el resto del equipo.


[Imagen: Explicando.png]

Se sentó en uno de los espacios que vio libre, acomodando el vestido con precisión quirúrgica y colocando la coleta delante de unos de sus hombros. Sus prendas manchadas de hollín, destacando en la pálida tela. Escuchó atentamente cada una de las presentaciones, haciendo especial hincapié en el rubio para que dejara de ser un desconocido.

Intentó escurrir el bulto, pasar desapercibida hasta que Runin la delató, por un momento deseó que la tierra se la tragara, avergonzada por tener que presentarse ella también, pero no se puede huir de lo inevitable.


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—Yo soy Liora. —Esperó un segundo en el que sus músculos se tensaron, nunca se le habían dado bien las presentaciones y tampoco sabía hasta qué punto hablar. Intentó ocultar su nerviosismo tras una expresión estoica, la máscara que siempre llevaba—. Tal parece que todos aquí pecamos de lo mismo... —Un atisbo de sonrisa asomó en sus labios, ¿por qué la actitud de aquella despampanante mujer era tan contagiosa? La admiraba y a la vez se sentía un tanto abrumada, demasiada luz para un corazón tan oscuro—. Yo soy más partidaria de descubrir nuevas recetas.

Ante la oferta de Runin se quedó pensativa. No era partidaria del alcohol, en general, precisamente por su casi nula resistencia a él. Dudó uno, dos y hasta tres segundos hasta que afirmó con la cabeza—. Creo que esperaré. —No le gustaba demasiado el sake, así que si tenía que sufrir las consecuencias de una bebida, que al menos fuese de una más soportable y agradable a su exquisito paladar.


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Se inclinó a tomar algunos de los frutos secos entre sus dedos, llevando la otra extremidad bajo estos para evitar que se derramaran por el suelo. Ella nunca desperdiciaba la comida, de ningún tipo. Volteó a ver a Heras ante su pregunta—. Por supuesto, querido. Nos tenemos que poner al día. —Comentó con algo de confianza. Podía permitirse deslizar la máscara con quienes conocía un poco más. Le dio una sutil caricia en un brazo, indicándole que más adelante le actualizaría sobre sus días.

Descorchó la botella de vino con facilidad. Había perdido la cuenta de cuántas había llegado a abrir. Sirvió un vaso a Runin, el líquido deslizándose por el cristal hasta que estuvo por la mitad, ahí se lo extendió a la mujer—. Toma, querida. —Mostró una aspirante a sonrisa. Aunque genuina, era tensa... ella siempre tan complicada.

Acto seguido se sirvió otra copa para ella y dejó la botella en un costado de la mesa para que no molestara demasiado. Dio un par de vueltas al recipiente y olfateó el contenido, arrugando el puente de la nariz antes de dar un pequeño sorbo. Si algo -a parte del terror- podía calmar sus nervios, era el alcohol.


[Imagen: Viendo3.png]

Deslizó la mirada hacia la mujer de vestiduras elegantes y cabello oscuro esperando a que se acerara, hasta ahí podía sentir el olor del tabaco.

— [ Outfit ] ❜ ༗
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#6

Lidiar con distintas personalidades siempre se le había dado bien. Desde pequeño sabía qué decir, cómo tratar a los demás y cómo hacer que se sintieran cómodos. Para él era tan natural como respirar. Por eso, tras ser el primero en encauzar la conversación, guardó silencio y dejó que los demás se expresaran, observando con atención quién aceptaba o ignoraba la copa de sake que les habían servido.

Tezca era el nombre del apuesto rubio que, con toda la delicadeza del caso, se había “robado” algunos aperitivos para ellos. Se presentó como pirata y luego dejó caer una pregunta al aire, esperando ver si alguno reconocía su nombre. “Keke no, no que recuershde Bro.” Contesto Ryota con gesto alegre, mirada adormilada y mejillas sonrosadas. Si, ya estaba ebrio. Así que a la mierda su inmaculada inteligencia social.

Runin fue la segunda en hablar. El castaño ya la conocía bastante bien, así que reaccionó casi sin inmutarse a su lengua afilada o a esos gestos de coqueteo sugerente para conseguir lo que deseaba de los hombres. “Lash mujeresh siempre dan miedo.” Pensó con aire juguetón, para luego desviar la mirada hacia el hombre que se encontraba en medio de sus amigas.

Heras, contesto con la misma naturalidad a los coqueteos previos y cuando tuvo una apertura de aquel juego llamado seducción. Agradeció al castaño por haberle invitado. “Kekeke te tomare la palabra.” Francamente, Ryota no necesitaba que le dieran las gracias; después de una batalla como esa, todos merecían festejar y relajarse. “Solo hay que pasharlo bien.” concluyó, con las mejillas levemente sonrojadas, antes de dirigir la mirada hacia Liora.

La joven de mechones turquesa también se presentó. Su nombre y profesión le resultaban familiares, pero él se limitó a dedicarle una sonrisa al notar su aparente nerviosismo. “Kekeke, tranquila, no es una entrevishta laboral” bromeó suavemente, para luego observar cómo la conversación entre Heras y Runin comenzaba a absorberla por completo.

Fue en ese momento cuando se levantó de la mesa e intentó llamar a la mujer vestida de negro en la lejanía, otorgando a todos un breve momento de expectativa.

…

En respuesta, la mujer simplemente continuó su camino ignorando a Ryota.

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Con lentitud, volvió a sentarse, en un incómodo silencio alejado el ambiente o la música de la celebración.

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“Sheguro la confundí con otra pershona.”

Dijo en un mediocre intento por evitar el momento incómodo en el que se había metido, incluso peinó sus cabellos hacia atrás buscando verse algo menos lamentable.

“KEKEKE ¿Bueno vamos feshtejar no?” Rompió en carcajadas aun mas fuertes de lo normal, tratando de opacar las burlas que lo pudieran rodearlo. “¡Eshta noche se debe celebrar!” Proclamo con alegría, sirviendo otra copa de Sake para brindar con los demás buscando olvidar la situación previa.

“¡Brindish!” La copa chocó contra las bebidas o alimentos de los presentes, vino, cerveza o incluso algún pequeño aperitivo y, acto seguido, Ryota se la llevó a los labios y la bebió de un solo trago.

Al finalizar el brindis, el sonido de un tambor de escucho cercano a la mesa de ellos, justo sobre el improvisado altar que los lugareños habrían puesto.

“¡Se dará inicio a las competencias se ceremoniales de cada año!” Ante la voz de quien parecía ser el alcalde del pueblo, un hombre mayor, de túnica larga en tonos celestes, calva prominente y enormes anteojos, todos los lugareños estallaron en gritos de júbilo y aprecio. “¡Primero iniciaremos con la competencia de domplings!, ¡Seguido la pasarela de las sacerdotisas y finalizaremos con el tradicional atrapa al dragón!” El anciano concluyó su comunicado mientras los aldeanos vitoreaban y comenzaban a organizarlo todo. Justo frente al altar, cerca de las mesas donde se encontraban nuestros protagonistas, colocaron una gran mesa de madera alargada. Sobre ella dispusieron varios platos, cada uno con un total de veinte dumplings que se veían deliciosos.

“¡Chicosh! ¡Apueshto cinco mil berrysh a quien gane el mayor número de competenciash! ¡Tonto el que no quiera!” Gritó divertido el de cabellos castaños, sacando los billetes de su billetera y de inmediato corrió hasta la mesa como un niño pequeño. “¡Venga hay que dishfrutar!, o ¿son gallinash?” Expreso ya habiendo llegado hasta la mesa y ser de los primeros en sentarse para la competencia.

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“¡Sho voy a ganar!”
 
Off Rol:
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#7
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—Imposible, diría.

La egolatría danza impetuosa sobre cada poro de la fémina ¿Alguien capaz de rivalizar con su belleza? Ciertamente existen mujeres adorables, hermosas, preciosas, sexys, atractivas y un largo etcétera de sinónimo y diversas definiciones; pero eso jamás podría significar que Runin se sentirse complacida con dichas palabras, no, su vanidad no entiende de competencias o alegatos, su narcisismo acepta la totalidad de los halagos, de las alabanzas. Las comparaciones forman celos, los celos tergiversan la realidad y su realidad no se define en sentirse inferior a nadie. Nunca.

La mirada chocolate divaga divertida entre los orbes de Heras y la cercanía que este profesa. El obsequio es entregado y la sonrisa de la fémina se extiende, conforme. ¿Dos cosechas diferentes por el precio de una promesa lanzada al aire? Las pestañas de Runin se menean en aceptación, está bien, algunas veces los hombres no son cajas de bombones repletas de mentiras… Solo algunas veces.

Los delgados falanges rozan las botellas con la delicadeza del especialista dando creación a algo nuevo. ¿Cuál debería elegir? ¿Qué degustar antes de perder el aliento y la conciencia? ¿Compartir con el resto de los testarudos, extravagantes y heróicos piratas? Algunas veces la benevolencia tiende a florecer en su interior.

Las botellas terminan en medio de la mesa mientras los presentes conversan. El susurro resbala por el cuello de la amazona, el contraste de la tibieza de la piel contra el clima de la madrugada es tal que un ligero estremecimiento involuntario sacude parte de su anatomía. No presta atención a ello pero sí a los vocablos de su viejo ¿Conocido? ¿Amigo? Alado aliado.

Una nueva sonrisa ladina hace mella en sus abultados labios, la mirada se entrecierra en un gesto pensativo aunque, en realidad, no analiza absolutamente nada. Solo se divierte. ¿Por qué? Ama llamar la atención de las personas a su alrededor, ama que le sonrían, que coqueteen o simplemente que las personas regresen la mirada cuando ella camina con paso ruidoso.

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—¿Crees que recurriría a algo tan banal y antihigiénico para ganarme el favor de los hombres? En ocasiones las bestias son menos engreídas y más elocuentes, Heras. —Los labios se han remojado producto de la humedad de su lengua. La mirada oscura brilla en contraste con la de su compañero. ¿Un intento de reprenderlo? ¿De atemorizarlo? De divertirse, más bien. La ligera risa no demora en escapar

—Fufufufufu. No pongas esa cara, cariño, solo bromeo contigo. A veces es mejor no obtener respuestas directas. ¿No lo crees? Solo disfruta. —Guiña uno de sus ojos. —Y disimular no se te da, cariño, mis ojos están arriba. —¿Le molesta ser observada? Al contrario, disfruta, aunque siempre es mejor burlarse de los hombres, sin importar quién sea este.

La dulzura de una aterciopelada voz femenina rompe las burlas y el coqueteo. Runin se emociona con evidencia cuando estira los dedos, toma la copa entre ellos y eleva el contenido hasta que el aroma embriaga sus fosas nasales. —Tenías razón, Liora, mejor es esperar. —El sabor se disuelve en los labios de la morena, el ardor se transforma en placer y el calor envuelve su pecho hasta llegar hasta sus mejillas o, bueno, cada parte de sí.

El verdadero escándalo da comienzo. ¿No ha sido capaz de mejorar su estrepitosa interpretación de ebrio durante todo el tiempo que estuvieron separados? Las risas extravagantes se juntan, las copas se elevan tintineando y, en algunas ocasiones, regándose sobre la madera. —¡Salud, cariño! ¡Por los osos, la victoria y los héroes! —Un concepto al que podía empezar a tomarle cariño.

El barullo de la verbena estalla. ¿Competencia? En asuntos del corazón y de la belleza no existe tal concepto pero ¿En otros asuntos y con una apuesta de por medio? ¡No piensa perder! ¡Debe ganar sobre Ryota a cualquier costo! Runin evalúa su estómago, si ha bebido pero este ruge ante la falta de alimento. Una sonrisa alegre aparece en sus facciones, no es la típica seductora o presumida, no, es una de felicidad casi infantil, de esas que intuyen el exceso de alcohol, el calor de la victoria y la necesidad de atención.

La diversión nunca fue el primer lugar entre sus aficiones de niña, mucho menos de adolescente y ahora, bueno, no existe la diversión sana y dulce, casi nunca, en realidad.

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—¡Tonto el que coma menos de diez dumplings! Quien pierda no solo pagará en berries.¡Pagará también estadía en posada, comida y bebida hasta pasado mañana! Fufufufufu. —Al levantarse se denota el golpe de calor en sus mejillas, este se diluye con rapidez ante la costumbre aunque un par de pasos se notan más rápidos y menos esterilizados. ¿Runin perdiendo su gracia? No. Ella continúa contorneando su figura, los pasos aún son uno detrás del otro, la cadera se menea y el cabello divaga con el viento. El porte, la devoción hacia el glamur, eso aún existe, solo… se ha emocionado más de la cuenta.

La competencia no demora en dar inicio. Tambores suenan junto a varias flautas, las sacerdotisas se ubican a los alrededores con la finalidad de dar inicio. Una mesa pequeña es colocada frente a la grande llena de competidores. ¡Jurados! Hasta en los infortunios parecen preparados. El aroma de la comida llena las fosas nasales de todos cuando varias ollas llenas de dumplings son colocadas sobre la mesa principal. El estómago se remueve ligeramente y Runin muerde su labio inferior cuando se sienta junto a Ryota.

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—Espero estés listo para perder, cariño.

Canturrea, echa su cabello hacia atrás y muestra el pecho, orgullosa. —No pienso perder contra un borracho que no ha probado una gota de vino, fufufufu. —Golpea su hombro contra el ajeno. Está bien reírse de ese modo, aunque la garganta requiere un poco más de alcohol.

Los demás competidores empiezan a llenar las sillas, tres, cuatro, cinco, seis, siete. ¡Muchos! ¡Demasiados rostros hambrientos! —¡¿Listos para perder?! —Bromea hacia sus compañeros, si es que alguno se ha atrevido a dar el paso.

¡DAMAS Y CABALLEROS! ¡SEÑORES Y SEÑORAS! ¡BELLAS SACERDOTISAS Y TRAVIESOS NIÑOS!

El presentador alza los brazos y todos aplauden.

¡QUE COMIENCE LA COMPETICIÓN! ¡¿ESTE AÑO GANARÁN LOCALES O EXTRANJEROS?! ¡¿LOS HÉROES DEL FESTIVAL O LOS QUE HAN PRACTICADO UN AÑO ENTERO?!

¡ADELANTE!


Los dumplings llegaban y desaparecían tras los gruesos labios de la fémina. Uno, dos, tres… siete, ocho, nueve… once, doce, trece. Más… Más ¡Un poco más!

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¡QUINCE!

Quince dumplings llenaron el estómago de la mujer quien observaba el número dieciséis sobre su plato. Su ánimo decía que sí pero su anatomía suplicaba piedad. Suspirando dejó los palillos.

Había dado todo de sí y su sonrisa brillante lo decía.



Karmas
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#8
Nunca me negaría a una buena competencia. Era casi un principio personal, uno que me recorría el cuerpo como un reflejo automático, una chispa que se encendía apenas escuchaba la palabra “reto”. Sentí esa familiar vibración interna, una mezcla de orgullo y terquedad, que me obligaba a decir que sí incluso antes de pensarlo. Algo dentro de mí se enderezó, como si mi propio pulso afirmara: vamos, hazlo.
 
Los demás parecían animados, o al menos eso percibí entre el ruido, pero mi atención estaba demasiado centrada en mi propio entusiasmo. El ambiente se colaba en mi piel: el sonido, la energía, la expectativa… todo me empujaba hacia adelante. Era imposible ignorarlo, imposible resistirme. Mi respiración se aceleró apenas un poco, un gesto casi imperceptible, pero que decía mucho más de lo que yo admitiría en voz alta.
 
Y sin embargo, lo que realmente capturó mi atención fue la apuesta de mi compañero festivo. Ese pequeño destello de desafío disfrazado de casualidad. ¿Dinero gratis? Mi mente lo repitió con una mezcla de incredulidad y diversión. No es que lo necesitara desesperadamente… pero ¿quién es tan tonto como para ignorar la oportunidad de ganar algo sin perder dignidad en el proceso? Bueno, perder dignidad quizás sí era una posibilidad, pero nunca me ha detenido antes. — Venga pero he de decir que tengo un excelente apetito ¿me entiendes? — Comenté con cierto ronroneo de felicidad en la voz, les ganaría por mucho de seguro.
 
Me descubrí sonriendo por dentro, apenas un gesto curvado que se quedó atrapado en mis pensamientos. Porque no, murmuré mentalmente. Si alguien ofrecía dinero con tanta seguridad, algo debía saber, y eso lo hacía más entretenido. No era solo la apuesta, era el descaro con el que lo había dicho. Me picaba el orgullo, me despertaba las ganas de demostrar que no era tan fácil ganarme ni tomarme por sorpresa.
 
Además, los dumplings se veían exquisitos. Desde mi posición podía ver el vapor elevarse con una suavidad casi hipnótica, como si me invitara directamente. Sentí un ligero cosquilleo en la nariz cuando el aroma llegó a mí: cálido, reconfortante, con ese toque especiado que hacía que el estómago reaccionara incluso antes que la razón. No sabía si en verdad tenía hambre o si se trataba del simple impulso competitivo disfrazado de apetito, pero ambos se mezclaron sin dar espacio a la duda, resulta que pelear con un oso abre el apetito de sobremanera.
 
Mi mirada se quedó fija en ellos, evaluándolos como si fueran oponentes reales. Cada pliegue de la masa parecía un recordatorio de lo que podía ganar, pero lo que más me atraía era la idea del momento, la adrenalina ligera que me hacía sentir más vivo.
 
Respiré hondo. El olor, el calor, la posibilidad del reto, el riesgo de quedar en ridículo o salir triunfante… todo formaba una masa homogénea que me resultaba imposible rechazar.
Me acerqué a la mesa, iba a participar por supuesto y cuando el presentador dio la señal, escuchó  Runin soltar esas palabras a lo que simplemente murmuré un “ya lo veremos…” y comencé a comer de inmediato…
Al quinto dumpling ya quería vomitar.

Detuve mi consumo levantándome de inmediato para alejarme, buscando alguna planta escondida para devolver la comida:
 Había comido demasiado rápido.
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#9
Cuando puso su mano sobre mi brazo sonreí de manera cómoda. No lo puedo negar, la pequeña Liora ha madurado un poco desde que nos conocimos. Y ya quería tener la oportunidad de hablar sobre que había hecho desde que dejó Baterilla. Ciertamente es una compañera de bebida excepcional y que no se guarda nada, menos con los borrachos mano suelta. Mi mano sobre la de ella en una palmada con un afecto sutil. Más adelante íbamos a reanudar nuestra conversación. Ella prefiere mantener las apariencias y eso no es algo que pudiera comprobarlo, pero ya de antes le gusta ser esa chica genial que conserva las distancias. —Te tomo la palabra, luego lo aclaramos.—


No hay que exagerar con Liora, no con tanto público, desde aquella vez en la barra tenía que aprender a leerla bien. Siendo tan reservada me costaba un poco, pero respetaba su espacio, me acercaré lo suficiente para no le molestara, cómo un ave que solo te dejara que le hagas piojito solo cuando ella quiera.  Mi atención puesta en Runin nuevamente me sacó una sonrisa distinta. Mi mirada siempre pone atención especial sobre ella, sobretodo que en nuestras miradas café se crucen. 


Ella es hipnótica, cuando me ve, cuando me sonríe, cuando se remoja los labios y me hace ese gesto, está maquinando maneras de que tenga mis ojos sobre ella y que nunca los quita. Cómo un acto para dos, la diva que no quiere compartir la tarima, pero necesita su galante para que la función llegue a todos. Si ella quiere brillar le haré una estrella, una a la que pueda admirar como las luciérnagas que admiran a las estrellas. 



Sus palabras como dagas arrojadas directas a mi, cual diana soy victima de cada una de ellas, creo que no le gustan mucho mis maneras de jugar.  Me hizo desviar la mirada, no quería sostenerle la mirada si ella iba a tratarme de esa manera, no es precisamente agradable pero parece que estás jugando. Peligrosa. —El arte es para apreciarlo desde todos los ángulos. Por ahora me toca verlo desde arriba. — Mi excusa y luego te miro de nuevo su rostro para luego sonreír ligeramente. No hard feelings.  No me avergüenza mirarte ni quitarte la vista de encima.  


El momento de trance entre nosotros poco a poco nos trae de nuevo a la realidad. Los demás, primero Liora y luego Ryota quien nos invita. Parece que viene una competencia de comer bollos rellenos. —Pues toca jugar, pero más les vale que esten buenos.— Dejé que Runin y los demás se fueran delante de mí, no por ver a Runin caminar, claro que no, ni para ver a Tezca sonriendo. Solo iba detrás apreciando poco a poco como Ryota solo apuntaba todos vamos tras él. Nadie pregunta, nadie opone, igual con el oso. 


Runin se ve siempre feliz tras él, Tezca contagiado, Liora, con su mascara. No tengo dudas de que me gusta que estén todos juntos, pero me hace querer velar que siempre lleguen a puerto seguro. No quiero que eso se vuelva un compromiso demasiado abrumador, pero más importa su bienestar. Creo que encontré con quienes viajar Uker.


La competencia de Dumplings o como yo la ví y fue el ver a los chicos atascarse dumplings contra por dinero durante 15 minutos sin saltos de página ni publicidad de musica indú en medio. Yo no deseaba competir ciertamente pero di un buen intento y casi comí una docena de ellas. Luego de ello me aburrió un poco el sabor, además ya me sentía bastante bien luego de comer casi una guarnición. 


No me quería ni parar de la silla, más fue mi sorpresa ver que Ryota y Runin aún estaban comiendo en plena competencia demasiado reñida. —Mirala, sabiendo que es tan ambiciosa como que mejor le busco ropa.— Recalque pues el resultado de aquel sorpresivo resultado nos dejó a todos muy sorprendidos y más aún cuando todos comenzaron a celebrar con vitoreo y aplausos. Los tambores ceremoniales comenzaron a sonar fuertemente y pronto una seguidilla de hombres con ropas blancas la cargaban con todo y silla para celebrar como si fuera la reina de la carroza principal. La gente de la isla Karate está muy loca.


Busqué juntarme con los muchachos mientras veíamos que todos admiraban mi tesoro.
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#10
Tomó el primer sorbo, el carmesí tintando ligeramente su labio superior. La cálida serpiente se deslizó por su garganta. Definitivamente era mucho más apetecible que el sake, así que no dudó en tomar otro sorbo, y uno más antes de dejar reposar el vaso sobre la mesa. Sus pómulos ardieron ligeramente, nunca había sido buena aguantando el alcohol pero sentía casi la necesidad de consumir más, sus crispados nervios se lo exigían.

[Imagen: Sonrisa5.png]

Y entonces el chupito. Este Ryota sí que sabía picar a los demás... Exhaló un suspiro y tomó el pequeño recipiente de sake, suficiente para dar un solo trago. Lo alzó, brindó con ellos e ingirió el contenido de un sorbo. El fuego recorrió su esófago, haciendo arder su interior. Una mueca se posó en su rostro. Asqueroso, innecesario. Con un golpe seco dejó el vaso en el centro de la mesa, decidida a no probar más de ese brebaje. Volvió a tomar un poco de vino, intentando eliminar cualquier atisbo de ese sabor.

Alzó el rostro. Antes de que nadie hubiese dicho nada ella ya había percibido el olor. El olfato no era precisamente su sentido más desarrollado, pero cuando se trataba de comida, de alguna manera la fragancia conseguía alcanzarla. Inconscientemente se relamió los labios, viéndolos a la lejanía, ¿acaso eran dumplings? Su estómago rugió. Vacío, feroz. Reclamando de un alimento que llevaba horas sin recibir pese a que se lo había exigido con anterioridad. Llevó una mano a su abdomen, intentando calmar a la fiera con suaves palmadas.

El gentío, las voces, los gritos. Una canción de felicidad, festividad y camaradería que por lo general le resultaba bastante ajena, pero que quizás, producto del alcohol que corría por sus venas, en ese instante sentía agradable, incluso cercano al verse rodeada de gente.

La siguiente propuesta del castaño captó su atención, desviando la mirada de la comida hacia él.


[Imagen: Ajam.png]

—¿Cinco mil berries? —Una sonrisa se dibujó en su rostro. Amplia, honesta, confiada, hasta cierto punto altiva.— Ohh... Te noto muy seguro. —Rio levemente. No era una mujer acostumbrada a las apuestas, pese a que el orgullo y el ego eran de los atributos más fuertes en ella, no dejaba que estas la tentaran. Pero... ¿Quién podía negarse a la posibilidad de conseguir unos berries gratis? Con el abismo que regentaba sus entrañas estaba más que segura de que ganaría, era una apuesta segura. No podía perder. No lo iba a hacer. En ese caso no era "apostar"... Era ir sobre seguro.

Cuando los demás se levantaron ella hizo lo mismo, pero con mayor calma. Acorde a su tranquilidad y templanza. El mundo decidió tambalearse cuando se puso en pie, pese a que su lengua seguía ágil pese al alcohol ingerido, su coordinación no podía decir lo mismo. Dio otro sorbo más, disfrutando del sabor del vino en su paladar y se dirigió a la mesa como la rezagada del grupo. Sus pasos, tambaleantes pero firmes, la llevaron a su destino. Aprovechó la cercanía de Heras para apoyarse ligeramente en él. Un poquito de estabilidad extra nunca estaba de más, ¿no?


[Imagen: 135625434-p2.png][Imagen: 135625434-p0.png][Imagen: 135625434-p4.png]

Se sentó en una de las sillas que bordeaba la mesa de los dumplings. Se acomodó la coleta, apretándola ligeramente. Esperó pacientemente a que dieran el pistoletazo de salida y empezó a ingerir. Rauda, veloz. Devorando o casi casi engullendo la comida. En más de una ocasión casi se atragantaba en el proceso pero nada que un par de golpes en el pecho no la ayudaran a bajar. Comía sin parar, masticaba, almacenaba el manjar en sus mejillas para tragar sin morir en el intento.

Pero todo tiene un límite, y ella estaba alcanzando el suyo. El décimo saquito de masa le costó horrores comérselo. Fue el más lento, el que más duró. Cuando acabó con él dejó los palillos sobre la mesa, viendo la increíble batalla que tenían entre Runin y Ryota. Aún terminando de masticar vio como la morena se hacía ganadora. Por un momento sonrió, al menos hasta que recordó que eso significaba que ella había perdido cinco mil berries. En ese instante hizo un atisbo de puchero. Había dado por hecho que su hambre iba a voraz, no tenía ningún tipo de duda de que se iba a coronar en esa prueba, pero nunca nada salía como esperaba.

Cinco mil menos en su cartera.

Buscó a Tezca con la mirada. Según sus propios recuerdos lo había visto comer con ellos... ¿En qué momento había desaparecido? Lo encontró cerca de una planta, inclinado sobre esta. Sin siquiera pensarlo se levantó y dando eses se acercó a él, se inclinó y posó una de sus manos en su espalda.


[Imagen: Atenta.png]

—Ey... ¿Estás bien, querido? ¿Necesitas algo? —Deslizó su mano por su columna en una suave caricia que procuraba calmarle de alguna manera, aunque tampoco estaba segura de que aquello era lo que necesitara.
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