[T5 - Presente Absoluto] Cerezos manchados
#11
Outfit ---- Sigurd de Drum


No quedan más enemigos que eliminar aquí. Lo que era una bronca de bar se ha convertido en una batalla campal con la Marina involucrada. Una putada de las gordas o un regalo del cielo, según se mire. Que los perros del gobierno estén aquí significa dos cosas: O que la hemos liado lo suficiente para que vengan a suplir el altercado o que nos siguen los pasos bien de cerca y quieren nuestras cabezas. Sea cual sea la razón, ningún destacamento viene sin su líder, así que si nos apresuramos, lo encontraremos cerca y lo podremos enviar de vuelta a cachitos. Eso de que el título de "Carnicero" se puntualice en Whisky Peak, me toca la polla. Es momento de dejar claro que mi dominio es masivo. Es toda La Gran Line. Y que no hay pirata más mortífero que yo en estas aguas ni nadie que merezca más recompensa.

Salimos del local, dejando un rastro de destrucción y masacre sin precedentes. Probablemente el centenar de hombres muertos dejen buenas secuelas en el tabernero, que hemos dejado con vida. Somos caballeros, respetamos al currante hostelero.
Cruzo la puerta despreocupado, pero atento, porque por muy superior que sea a cualquier guerrero, un superior de la armada no deja de ser un peleador experimentado. Para mí sorpresa, este ya nos tiene fichados antes de que nosotros supiéramos de él. Nada más poner un pié en el porche del garito, escucho un leve "click" metálico que desencadena un pinchazo agudo que abraza mi espinilla y el gemelo izquierdo. -¡Uggh!- me quejo levemente ante la presión. La molestia es leve, aunque puedo sentir el metal oxidado clavarse y me entorpece el paso. Ubbe sale detrás mío. Puede haberse  dado cuenta o no, tampoco ha sido una queja muy llamativa la trampa más elaborada del mundo. Aunque ya deja en claro el carácter paupérrimo de este soplagaitas.
Estamos en el porche, entre escombros. Frente a nosotros, a varios metros de distancia, un gato. Un gato con pantalones y uniforme, sí. Pero un gato. Más o menos mide la mitad que mi compañero, siendo incluso considerablemente más pequeño que Yggdrasil. Le reconozco que tiene un cuerpo trabajado y definido, buenas tetas. Pero su mirada... Su mirada expresa ese miedo tan sabroso como el de todo aquel que se cruza conmigo. Eso explica la jugada rastrera de ponerme un cepo del chino en la salida. Sus palabras van llenas de coraje y determinación, pero se nota su temblar al hablar. Se sabe bien el discurso. Lo grita, para que todo aquel curioso y valiente que queda rezagado por los alrededores sea testigo de su justicia. sin embargo, al hacerlo, se ha condenado a morir.
Lo escucho atento, con una mirada fría y sería. Mientras lo hace y promete no hacernos daño si cedemos, doy un poderoso pisotón al suelo con el pié mordido, aplastando el mecanismo de presión y liberando mi pierna de la vulgar trampa. Respeto que termine y entonces me adelanto a mi compañero a tomar iniciativa en el conflicto. -Vaya vaya... Mira lo que tenemos aquí...- sonrío vacilón. -Un último rezagado que se las quiere dar de héroe.- miro a Ubbe un segundo, con una risa malévola y burlona. Entonces alzo la voz para que toda Drum me escuche. Un discurso a pleno pulmón que va a dejar claro al mundo que ya nadie está a salvo. -¡¡¿Detenernos??!! Que idea tan ridícula... ¡¡No hay poder en este mundo ni voluntad en los mares que pueda igualar nuestra existencia!!- extiendo los brazos en cruz, elevando el pecho y mostrando una envergadura digna de los dioses. La cicatriz que cruza mi pecho de lado a lado destaca sobre el resto. -¡¡No necesitamos demostrar nada, porque el Sol no compite con las sombras. Simplemente las consume!!- empiezo a caminar hacia él, con pasos lentos, cargados de poder y voluntad. La tierra sufre y tiembla ante el andar de Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero. -¡¡¡TÚ QUE OSAS DESAFIARME, COMPRENDERÁS QUE ANTE MI FUERZA TODA ESPERANZA SE DESVANECE!!!-

No hay nada más que decir. Es una declaración de guerra en toda regla. Que todos sepan que hay Buccaneers y cine para rato. Avanzo despacio. Aunque ya he empezado mi marcha, hay mucha distancia entre nosotros todavía, pero yo ya estoy listo para pelear. No he de correr, no he de ir con la masiva arma de destrucción que es Yggdrasil. Voy de frente, desarmado. Los martillos incluso descansan en el cinturón. Estoy listo para ser digno de heredar la fuerza. Y Ubbe... Ese si que es un tifón incontrolable. Que se prepare este Marine, porque se le viene encima la paliza de la tribu más fuerte del mundo.

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#12
Ubbe salió del local un par de pasos detrás de Sigurd, encorvándose apenas para no llevarse por delante el marco destrozado de la puerta. El olor a sangre reciente le golpeó igual que el aire frío y agresivo de Drum; aun así, su gesto se mantuvo sereno, esa mezcla extraña entre tranquilidad y amenaza que sólo un buccaneer de cuatro metros podía llevar con naturalidad peligrosa. La luz blanquecina del exterior se posó sobre su pecho descubierto, marcando las cicatrices como líneas de guerra vieja.
En cuanto asomó la cabeza al porche, escuchó el “click” y el leve quejido de Sigurd. Ubbe entornó los ojos, bajó la mirada hacia el cepo oxidado que mordía la pierna de su compañero y luego levantó la vista hacia el marine, como si estuviera viendo la broma más mala del mundo y no un intento real de emboscada.
-Menudo recibimiento de mierda, baby… -murmuró con voz grave, larga y cargada- Para un héroe de verdad, empezar así es de lo más triste que he visto nunca.
La indignación le subió por el pecho como un fogonazo.
-Mira que los Marines me dais por culo, ¿eh? Pero esto… esto ya me cabrea que flipas, tío -dijo señalando la trampa como si fuera una ofensa personal- ¿Cómo pones esa mierda ahí? Eso no es ni justo ni honorable, ¡Man!
Gesticuló con ambos brazos como un rapero cabreado de un barrio conflictivo de una ciudad que ni sabía señalar en un mapa con una estatua de la libertad, como si eso existiera, y terminó cruzando los brazos contra su pecho enorme.

Y allí se quedó, quieto como un muro, mientras Sigurd rompía la trampa y comenzaba su discurso. Ubbe no intervino; simplemente dejó que la brisa helada agitara los pliegues de su chaleco abierto y permitió que su sombra cubriera parte del porche como si fuese un segundo edificio superpuesto.
Cada palabra de Sigurd retumbaba en la madera, en la nieve… y en él mismo. Ese odio a la Marina que llevaba pegado al alma desde niño ardía ahora con fuerza, chispeando en sus ojos amarillos. No podía evitarlo. Los uniformes azules le hervían la sangre, y aquel gato marine, pequeño para dos Buccaneers como ellos, pero vestido de autoridad, era un insulto viviente.
Cuando su compañero terminó la declaración de guerra, Ubbe parpadeó, sorprendido por la potencia del discurso, y soltó una exclamación explosiva:
- ¡UOH YEAH, bro! ¡Con esa entrada hasta mis bíceps se han motivado!
Y no era broma. Los flexionó ligeramente, y el chaleco crujió.
El ambiente se tensó. El aire helado pareció detenerse. La nieve dejó de caer durante un segundo, o tal vez simplemente fue la percepción distorsionada por la adrenalina. Ubbe dio un paso adelante, haciendo vibrar el porche entero. Miró al marine con un brillo peligroso en la mirada, deseando empezar la pelea. 
-Los Marines… siempre igual -escupió con desprecio- Siempre escondiéndose detrás de sus banderas, detrás de sus discursos, detrás de sus números… pero nunca delante para parar los golpes, baby. Acabas de mandar a morir a muchos pavos, solo por miedo, vaya parguela...
Otro paso.
Otro temblor.
Ubbe no era tonto, aunque a veces lo pareciera, quizá no sabría señalar a Drum en un mapa, pero lo que si podría intuir es que aquel tipo no era un marine cualquiera de los que habían despedazado, ese tío era alguien a tener en cuenta, y aunque fueran dos tremendos Buccaneers, la cosa iba a ponerse seria, esta pelea era algo que no había que tomarse a la ligera.
Sintió un sabor metálico en la boca, mezcla de rabia y aire frío.
Sintió sus venas tensarse y la respiración hacerse más profunda.
Y entonces se colocó a unos metros de Sigurd mirando fijamente al marine.
Abrió los brazos, cruzándolos al frente como si marcara un X gigantesca de pura fuerza, y tensó todo su cuerpo. Sus músculos se encordaron como cables de acero, las piernas firmes, las plantas clavadas en la madera, la sombra proyectándose como un demonio enorme sobre el hielo.
El buccaneer inhaló, generando aún más tensión en el ambiente. 
Con la postura preparada, llegaba la tormenta.
La Mole Negra estaba lista para pelear.

INFO
#13
El dúo dinámico emergió sin mayor problema y sobrepaso la trampa del marine como si estuvieran pisando pasto - sin inmutarse - 

El conflicto tensó el ambiente de la calle. Era increíble como los piratas eran capaces de hacer lo que quisieran, de rondar por el mundo como una plaga que no podía ser extinta, proliferaban en mugre y se multiplicaban con los setas bajo las lluvias. 

Y es no era lo peor de todo. Lo peor de todo era que se lo tenía creído. Todas estas ideas rondaron la mente de Khong mientras escuchaba a Sigrud. Los pelos del mink marine se crisparon a medida que sus palabras se mezclaban con un curioso zumbido eléctrico que empezaba a cargar el aire, el zumbido aumentó considerablemente y de las manos de Khong empezaron a emerger descargar de electricidad de un color azul pálido. Sus pelos se crisparon levantándose de manera puntiaguda y los músculos del animal se tensaron. 


 TODA ESPERANZA SE DESVANECE!!!-

El final de aquel discurso provocó la acción. Khong salió disparado en carrera, sus pasos rebotaron rápidos contra el pavimiento y con una celeridad aumentada gracias al electro, avanzó los diez metros que le separaban de los piratas. Atacó a Sigurd con un zarpazo en la cara, que la recorrió de oreja a oreja, khong abrió los ojos pues notó como sus garras afiladas y poderosas encontraban una resistencia sin igual en la piel de aquel mastodonte. Aquel golpe resonó de manera eléctrica. Después y sin pensarlo, entiendo que si le rodeaban acabarían con él y con el miedo de saber que debería golpear mucho más fuerte a aquel tipo saltó despedido sin dejarles tiempo a actuar. 

Sus pies despegaron del suelo y volaron por la calle hasta que se agarró con fuerza a la cornisa del tejado del bar en el que aquel combate había empezado, ahora con sus marines masacrados, bajo sus pies, recordándole su culpa y responsabilidad, treinta metros le separaban de los cadáveres y cuerpos inconscientes de sus compañeros.

Khong respiró de manera entrecortada, nerviosos y tensó y observó las calles, vio los callejones y pensó. Volvió a enfocarse en los piratas y se preparó. Se mentalizó que esta podría ser su última mentira, pero sería la mejor. 

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FICHA DEL NPC


Bélico
[Imagen: 51pnN8x.png]
#14
Outfit ---- Sigurd de Drum


El gato, harto de mis palabras, cae en el juego de la provocación. No le queda de otra, él mismo se ha expuesto públicamente y ya es tarde para huir. Todo Marine que se precie debe mantener su orgullo intacto y defender su honor. Un soldado tan bocazas como este no va a ser la excepción en absoluto.
Enfrentarlo directamente y desarmado ha sido la mejor estrategia. Lo ha incentivado a atacar de frente y en una acometida suicida. De seguro que este salto formidable le ha servido para cazar innumerables presas...
Lo que no sabe este mink, es que la experiencia hace al maestro. Y yo he tenido un mentor particular hace poco. Uno que me ha enseñado la virtud de la paciencia y la templanza, que la fuerza bruta no es nada sin control y destreza que la enfoquen. Esta situación... Este momento del duelo donde mi adversario se dirige hacia mii a máxima velocidad para asestar un golpe fatal. Esto ya lo he vivido y he aprendido de ello. El destino se repite, pero está vez...
B I L R Ö S T
... esta vez gano yo. A la velocidad del rayo, he agarrado con firmeza los mangos de los martillos gemelos. Fulminante, he desenvainado ambas armas y he interceptado al felino en mitad del vuelo aprovechando la descomunal diferencia de tamaños que hay entre nosotros. Las cabezas de ambos martillos aplastan desde izquierda y derecha para apresar el cuerpo del leopardo, como quien hace sonar unos platillos de percusión.
La mejor manera de defenderse, es un buen ataque, pero ahora me toca a mí, nos toca a nosotros. No pierdo un solo segundo mientras el soldado se desploma hacia el suelo, paralizado por el dolor. Alzo sobre mi cabeza ambos brazos, levantando los martillos hacia el cielo. Y con la fuerza del viento frío del norte, descargo en perfecta vertical un ataque doble demoledor.
 -¡¡¡AAAAAGGGHHHHH!!!-
El rugido hace templar los cimientos y vidrios de todos los edificios circundantes, mientras las mazas chocan contra el torso de mi adversario y lo empujan hasta estamparlo contra el suelo. El impacto es tan brutal que el suelo tiembla y se fractura bajo nuestros pies de forma sutil, creando un pequeño cráter a nuestro alrededor.

El marine está sometido bajo el dolor y la magnitud del ataque, pero todavía no es consciente de lo que le espera... Aún tiene cuentas pendientes que resolver con mi hermano de otra madre, que odia a los marines más que yo. Sin embargo, hoy es un día glorioso. Hoy toda la isla es testigo del poder infinito de Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero, Heredero de la verdadera fuerza y carnicero, pero no de Whisky Peak, sino de La Grand Line. 

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#15
Ubbe seguía con el cuerpo en tensión, la postura marcada y la respiración profunda. Not Today ardía por dentro, lista para recibir cualquier impacto que se atreviera a cruzar ese umbral invisible que marcaban sus brazos cruzados en X. Había preparado la técnica en silencio, sin anunciar nada, como quien afila un cuchillo a espaldas de un enemigo. El aire ya olía distinto; la electricidad flotaba alrededor del mink, el ambiente se cargaba, y Ubbe lo sintió como un zumbido caliente subiendo por la columna vertebral. Estaba preparado. Estaba listo. Estaba deseando que ese minino azul le viniera de frente.
Pero no fue a él a quien se lanzó.

El relámpago que era Khong salió disparado hacia Sigurd con una velocidad que deformaba la nieve a su paso. Ubbe apretó la mandíbula, sintió el impulso natural de avanzar, de parar el golpe que le venía, pero no fue capaz ni de ver hacia donde iba dirigido. Sigurd, si que fue capaz de verlo, y no esperó. Sigurd no reculó. Sigurd no retrocedió ni un milímetro. El gigante movió los brazos a una velocidad imposible para un cuerpo tan colosal y atrapó al mink en pleno vuelo, estampándolo entre sus martillos como si fuera una fruta blandita que había caído del árbol en mala hora. El sonido seco y contundente de ambos metales cerrándose contra el cuerpo del leopardo retumbó en la calle y levantó un pequeño temblor que recorrió toda la madera del porche. Ubbe sintió la vibración en los pies… y también sintió algo más: frustración.

Había estado preparado. Había estado listo para comerse el golpe y devolverlo con creces. Él quería ese impacto. Él quería esa entrada. Él quería partir la cara del marine antes de que este siquiera entendiera lo que había pasado. Pero su hermano de otra sangre se le había adelantado. Y aunque una parte de él se enorgullecía de ver a Sigurd aplastar a un oficial de la Marina como si fuera un juguete, otra parte ardía con rabia por dentro. Esa rabia que solo sale cuando uno no ha podido soltar la fuerza que llevaba acumulando.
Khong cayó al suelo, malherido, retorcido, hundido en un cráter improvisado. Ubbe vio cómo el cuerpo rebotaba apenas una vez antes de quedar inmóvil. La nieve alrededor se manchó con el polvo gris y el hielo quebrado. No esperó. No preguntó. No dijo nada. En cuanto el cuerpo del mink empezó a caer, Ubbe se lanzó.
Flexionó las piernas y saltó como un meteorito liberado del cielo. El porche explotó bajo sus pies, astillas volando hacia atrás, y la figura gigantesca del buccaneer fue directa hacia el marine. El aire silbó a su alrededor, no por velocidad, sino por pura masa en movimiento. Ubbe cargó sus puños antes de impactar, primero soltando uno, y luego el otro.
El primer puñetazo cayó como un rayo, siendo uno de los impactos más veloces que podía hacer el Buccaneer.
-¡Hit, baby!—gruñó entre dientes mientras sentía el impacto.
El golpe sucedió a la vez que el segundo impacto de Sigurd, lo cual fue algo devastador, levantando una nube de polvo y nieve. 
El segundo, fue instantaneo, sin pausa, casi a la vez que el primero, fue una sentencia cargada de rabia, furia y enemistad.
-And... ¡C'MON, BABY!
El sonido no fue estruendoso. Fue breve, contundente, definitivo. Un chasquido apagado que dejó claro que ya no quedaba nada que romper ahí dentro. La vida del marine se apagó en un suspiro sin sonido.
Ubbe se incorporó, con la respiración fuerte y el vapor saliendo de su boca al ritmo de unos pulmones gigantes. La sangre caliente le manchaba los nudillos y aún sentía el temblor de sus brazos por el segundo impacto. Levantó la vista hacia Sigurd, intercambiando una mirada que no necesitaba palabras. Luego volvió a observar el cadáver destrozado bajo sus pies, un uniforme azul convertido en una mancha oscura y sin forma.
Chasqueó los dedos una sola vez señalando el cuerpo del suelo
- Damn... - Ubbe se quedó pensativo mirando el cuerpo en el suelo con cierta curiosidad - ¿Oye, alguna vez has probado la carne de mink? ¿Estara rica?

INFO
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#16
Cuando los sueños se desvanecen, las pesadillas toman forma. 
Khong se lanzó hacia el primero de sus oponentes con dudas, de alguna manera sabía que había inflado su historial y que estaba siendo sobrepasado por las últimas misiones que había recibido, pero eso no le imposibilitaba seguir con la inercia que ya había tomado, enaltecer sus mediocres logros para ascender y llegar rápidamente a ser un Zodiacool. Pero las mentiras tienen las patas cortas, y la verdad se mostró ante el en forma de martillos sujetados por un pirata cachondo. 
Lo primero fue, ver como paraba su golpe sin, como si su velocidad felina no tuviera nada que ver con el combate, aquel hombre de martillos en mano se había conseguido enfocar los suficiente como para seguirle el ritmo.
La manera en la que cortó el movimiento del mink lo paró en seco, dejándole clavado en el suelo, a la par que un dolor, parecido al que aquel vagabundo le había realizado, le recorrió el cuerpo haciendo que casi perdiera la consciencia.
Pero eso, no fue suficiente, aquel golpe ya le había apabullado demasiado como para seguir con el combate, si hubiera sido capaz hubiera salido corriendo, se hubiera retirado y hubiera fabricado una mentira con la que engrandecerse y justificar su huida, pero aquellos infames piratas tenían unos planes muy distintos.

Otro golpe rompió sus pensamientos, un golpe de manera doble que reventó contra sus huesos, el dolor superó al anterior y se interpuso en su nervios receptores, haciendo que sus oídos pitasen por la tensión arterial.
Confundido intentó moverse, pero sus ojos no fueron capaces de ver lo siguiente que acontecía, el compañero moreno, aprovechó la ocasión para dar fin a la vida del mentiroso marine antes de que pudiera hacer nada para evitarlos.
Con gritos en un idioma que desconoció, Khong sintió como el dolor de los martillos se acompañaba con el dolor de unos puños que se asemejaban a la fuerza de estos. El primero de la consecución lo dejo fuera de combate, haciendo que aquel dolor efímero que sintió en su ser se desvaneciera y después.
 
Nada.
 
Un silencio sepulcral se escuchó en la calle, todos los viandantes que miraban desde lejos se quedaron mudos, hasta que sus patéticas cabezas analizaron la situación.
El cuerpo del marine que momentos antes les aseguraba su victoria yacía sin vida frente al de los dos gigantes que intentaba frenar. Los gritos empezaron a sonar y el caos se esparció como el polvo en una casi inhabitada.
Todos allí salieron corriendo, incluso los hombres que quedaban con vida en el bar, que salieron tras los bucaneros con pies prestos y rápidos. La victoria había sido total, acababan de barrer todo un grupo de marines que habían sido enviados para frenarles, los intentos institucionales por cortar su vuelo habían sido inocuos.
Y así fue como la calle se quedo sin vida, en el bar quedaban los hombres muertos de la escaramuza, la división que se lanzó hacia ellos en primar instancia, y el suelo, de aquella calle, el cuerpo sin vida del capitán Khong, que le había valido un suspiro al dúo dinámico que ascendía en el Grand Line.


En otro punto de la isla.


Gatcha.
-¿Sí?-
-¿Señor Viruta? Esto es terrible, la división marine destacada para parar a los piratas ha sido masacrada, Khong ha muerto-

El silencio se transformo en respuesta. Un silencio incómodo. Seguido de una maldición. Después otra vez de otro silencio.

-¿Y ahora qué hacemos? –
-Es una buena pregunta- la respuesta viene con un traqueteo de dedos sobre la mesa, nervioso… Sabe que solo existe una manera de pararles para que no arrasen la isla.


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#17
Que predecible. El soldado peludo cae en sus instintos más básicos y se lanza con todo a por mí. Y cuando encaras a muerte a un Buccaner, ya no hay marcha atrás, por eso somos la raza más poderosa del mundo. Con mi técnica de desenvainado freno en seco su acometida, aplastándolo entre ambos martillos gemelos. Y con una crudeza inhumana lo mando al Helheim de un golpe combinado que impacta como una bala de cañón en barco mercante. El rugido que nace de mi interior amedrenta al más valiente y el suelo sucumbe ante mi fuerza desmedida .
Pero las desgracias no terminan para aquel que se quiso hacer el héroe frente a todos. La tormenta llama a su puerta y no le permite recuperarse. Como un rayo, Ubbe, que estaba tras de mi, arremete con pura violencia y ferocidad para rematar la jugada. ¿Y que viene después del relámpago? El trueno. Su primer puñetazo se acompasa con Vanaheim para maximizar el daño al máximo, casi como si lo hubiéramos ensayado antes. Pero el segundo ya viene por cuenta de la casa. Un fulminante directo, cargado de ira, que estalla como una bomba y consume la vida del Marine.
Un combate fugaz, breve pero intenso. Nuestra hermandad es tan fuerte que puede con todo, y nuestra destreza en batalla ha sido más que demostrada. Para ser la primera vez que peleamos codo con codo contra un enemigo común, ha sido memorable. La coordinación, el momentum, lo masivo y letal de nuestros ataques. Un combo perfecto. Ubbe y Sigurd, orgullosos Bucaneros.
La tensión se desvanece y todo vuelve a la tranquilidad. La poca gente que queda observa con horror lo que ha sucedido, como todo un destacamento de Marines ha sucumbido a nuestros pies. La mayoría tan solo han decidido escapar con el miedo de que les pongamos una mano encima. Nada más lejos de la realidad. Nosotros solo queremos beber tranquilos y pasarla bien, no nos apetece destruir la isla... Bueno, no por ahora.
Ubbe me observa con el cadáver del mink a sus pies. Nos intercambiamos miradas que no requieren palabras, aunque la broma y la curiosidad se apoderan pronto de nosotros. Mi pana me pregunta si alguna vez he probado la carne de mink. Ahí me gana el lado infantil. -Ostia... Pues no.- respondo. Tamborileo con los martillos y los guardo en el cinto de vuelta. -Nunca me he comido uno de estos...- las ganas de averiguar a qué sabe me pueden más que la formalidad frente al escaso público que queda. Me adelanto y doy un pequeño paso al frente. Agarro al soldado con la mano izquierda por el cuello y lo levanto hasta la altura de mi cabeza, para maniobrar bien. -Vamos a ver qué tal, ¡JARUL JUL JUL JUL...!- coloco la mano derecha sobre la cabeza y agarro el cráneo sin vida vigorosamente. Luego tan solo queda estirar el cuerpo hacia abajo.
Sin mucha dificultad, la carne del cuello se desgarra y el torso empieza a desprenderse. La cabeza arrastra consigo la columna vertebral, que se despega junto a esta hasta quedar dos piezas. Cabeza con columna y el resto del cuerpo con un boquete sangrante en la zona superior. Ubbe tiene su trozo. Tras manipularlo al gusto, nos disponemos al mismo tiempo para comer con el grito guerrero. -¡¡¡VIVE CON HONOR...!!!- y cuando termina la frase, le meto un muerdo a la carne pegada a los huesos cervicales. Frente a todos, nos damos un pequeño festín del cuerpo sin vida de nuestro enemigo. -¡Mira, no sé tú, pero a mí sabe a culo...- y escupo los trozos de carne mal masticados.
Ayuda visual de cabeza arrancada(+18)

Poco más nos queda hacer por aquí. Hay que moverse, pues con la caída de un destacamento entero, no tardará en llegar otro. Y no somos tampoco invencibles. Camino a los pies del bar, que apenas se sostiene en pie. Recojo mi hacha Yggdrasil y la cargo sobre mi hombro. -Nada Ubbe, vámonos. No deben de estar al caer más pesados. Y me apetece comer algo más jugoso. Y follar. Sobretodo follar, ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me río mientras avanzamos juntos. Me guardo la columna vertebral con cabeza en el cinturón. Me lo llevaré y lo dejaré en mi camarote junto al huevo de dinosaurio y la bandera del gremio de cazadores. Un buen recuerdo de la isla y del primer Marine que matamos juntos.

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#18
La calle quedó sumida en un silencio extraño, como si incluso el viento se hubiese quedado sin palabras. El cuerpo del mink seguía ahí, hundido en el cráter que él y Sigurd habían creado a golpes, convertido en un amasijo de huesos rotos y carne sin forma. Ubbe respiraba hondo, sintiendo cómo la adrenalina que había estado acumulando desde que activó Not Today se desinflaba poco a poco dentro del pecho. Había querido entrar él primero, había querido absorber ese impacto y devolvérselo multiplicado por diez, pero Sigurd se adelantó como un maldito relámpago, y él lo remató con la precisión de un martillo divino. La frustración se mezclaba con un orgullo áspero, uno de esos sentimientos encontrados que solo se dan cuando luchas codo con codo con alguien a quien respetas.
Tras lo que comentó Ubbe, Sigurd levantó el cadáver como si fuera un animal recién cazado y le tendió una parte del cuello con la columna colgando. Ubbe lo observó, y una sonrisa torpe se le escapó al ver el regalo. Qué cojones, si él mismo había preguntado antes si estaban ricos, no iba a echarse atrás ahora. Aceptó el trozo, lo miró un instante, y compañando la frase de su hermano, como si de un "que aproveche" se tratase, le hincó un bocado firme. - ...MUERE CON GLORIA!! - La textura era densa, fibrosa y amarga. La tragó igual, casi por orgullo, aunque la mitad del sabor le pidió suicidarse. Luego escupió un par de huesos que habían venido de regalo.
-Puaj… está asqueroso, baby -bufó limpiándose la boca con el dorso de la mano- Pero bien cocinado seguro que gana, ¿eh? Un guisito de mink… eso tiene pinta de que entra mejor.
El dúo ya había dicho todo lo que había que decir.
Sigurd soltó una carcajada poderosa, y Ubbe lo siguió con un -GAHAHAHAHA- que retumbó en los edificios cercanos. Esa risa, esa manera de romper el aire con puro músculo, le quitó el peso del pecho. La tensión se transformó en algo más ligero: satisfacción, rabia resuelta, hambre de seguir moviéndose. El hombre gigante se recolocó el chaleco abierto y dio un par de pasos hacia su hermano de otra sangre.
-Venga, vámonos de aquí antes de que lleguen más pringados vestidos de azul. Este sitio ya lo hemos reventado bastante, baby -dijo sacudiéndose la nieve de la mano mientras la calle seguía desierta- Y sí, yo también quiero algo más jugoso. Y caliente. Y que no sea un puto gato.
Se echó a andar junto a Sigurd, dejando atrás el cráter, los cuerpos y el frío.
La Mole Negra avanzaba, y Drum tendría que rezar para que no se les antojara quedarse más tiempo.

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#19
Aquel par de maleantes habían sobrepasado a la justicia como si no importara, pero aún así, eran una amenaza que estaba suelta en aquella isla de cerezos, ahora manchados por la sangre de la marina. Todo el destacamento que buscaba pararle los pies había muerto y en aquella isla, solo quedaban las defensas locales para hacerle frente... Pero, estas mismas pasaron de los mismo, fue por eso que un hombre, que buscaba hacer de ese lugar una mina de oro y hacerse con el dinero de la gente local se le ocurrió una idea. 

El señor viruta, quien había avisado de la llegada de ambos y había mandado a Khong a su muerte sin miramientos, no solo esperaba que aquel marine salvará la ciudad de dos forajidos que empezaban a ser intratables para él o para el gobierno, si no que busca forjar lazos con aquel marine mentiroso, para que su posición de capitán le favoreciese en ciertos aspectos políticos que la isla vería más pronto que tarde. 

Salió de su mansión emplazada nada más contestar al den den mushi y se fue en busca de los piratas. 

No tardó encontrarlos, pues de todos modos, la fuerza llamaba la atención, y aunque en esta ocasión habían salido poderosos, el duo de buccaners corría el riesgo de invocar fuerzas mucho más peligrosas, de hacer que la marine destacas miembros mucho más valiosos para acabar con sus vidas, pues era cierto y una verdad innegable que ambos estaban muy por encima de lo esperado de los piratas que empezaban a recorrer el Grand line, en esta tercera isla, ellos eran una punta de poder que pocos podrían pasar por alto y aún que Sigurd ya había probado la derrota por enfrentar peleas mucho más altas que sus expectativas, todavía corrían el riesgo de cometer el mismo error. 

Viruta salió a su paso y les esperó en medio de una de las calles por las que presupondría que pasarían, allí, junto a su brigada personal, un grupo de 10 hombres que no podría rivalizar con la fuerza de los buccaners pero aún así era mucho mejor que ir solo. 

Sigurd y Ubbe se los encontraron después de una caminata saliendo del pueblo, en medio de un camino de verdes tonos en los bordes y dorada arena por el que los mercaderes y paisanos salían del reino para acercarse a los puertos. Pudieron ver al grupo a lo lejos esperándoles para cortarle el paso, los hombres que defendían a viruta iban armados, algunos con pistolas, otros con espadas... 

- Señores... - La voz de Viruta sonaba relajaba, pero escondía el miedo a la muerte, aún qué... ¿qué más le quedaba por hacer para defender aquel lugar? - Tengo constancia de lo que ha pasado esta tarde... Habéis matado a un capitán. Eso traerá repercusiones - dijo mientras aguantaba una ahorcada al ver la columna vertebral del mink con el que escasas horas antes había estado compartiendo el café - No muy lejos de aquí hay un cuartel de la marina y seguro que tarde o temprano llamaran a alguien para que os pare los pies - amenazarles no era la mejor opción, pero recordarles que debían tener límites sí - pero para eso debe de haber una llamada... Yo tengo un asunto que resolver y vuestras manos manchadas me vendría de lujo, y así podría evitar que las noticias salieran tan rápido de este reino, como para que no os diera tiempo a prepararos mejor para los siguientes combates... Claro todo tiene un pago: mi silencio a cambio de un pequeño favor - El señor Viruta había caído bajo, pero tenía un plan, salvaría al reino de esos bárbaros y de paso se quitaría de en medio a cierta persona que le estaba haciendo la vida imposible. 

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#20
Outfit ---- Sigurd de Drum

La cata del Marine se nos hace bastante asquerosa para ambos. No por el hecho de haber despedazado a un mink, sino por el propio sabor del mismo. Su carne es bastante fibrosa y repulsiva, y aún más sin unas buenas brasas que le den sustancia y jugosidad. Lástima, una vida de dedicación al entrenamiento y a la justicia para acabar siendo un escupitajo a medio masticar. Yo que sé, si te enfrentas a los más fuertes es lo que hay. Haber sido churrero, o algo...
Recogemos nuestras cosas y, algo más mustios, nos retiramos con todo el trabajo bien hecho. A mí hermano le ha entrado hambre y a mí ganas de follar. Ninguno se va a quedar con las ganas de nada. -¿Caliente dices?- le respondo mientras nos retiramos. -Conozco un pueblo entre las montañas con un local que te va a encantar. Aunque bueno, vamos donde digas tío.- le propongo, charlando como si no hubiera pasado nada. Matar oleadas de enemigos, el pan de cada día. -Lo llevan unos amarillos de ojos muy cerrados, y tú metes lo que quieras en un bol y te cobran a peso tío. Está de locos...- 

La conversación fluye, la hermandad crece y el paseo se hace ameno. Siento mucha felicidad y orgullo de haber encontrado a un tío tan increíble en el viaje. Con tíos así, uno se ve capaz de todo. Con él tengo más que suficiente, aunque no diría que no a montarme un grupo variopinto de pena de puta madre. Aunque ahora mismo hay prioridades, porque tengo la polla a punto de explotar y este es capaz de comerse a un random de la calle como tenga que esperar muchas horas más sin echarse nada al buche. Pero parece que el día tiene algo más reservado para nosotros.
Nuestros actos tienen consecuencias, eso ya lo sabía yo. Pero no intuyo que van a aparecer tan pronto. A la salida del pueblo, un hombre se interpone entre nosotros y nuestras necesidades primarias. Él y sus amigos con armas de juguete. Yo miro a Ubbe de reojo y me tengo que esforzar para que no se me escape una risa estruendosa de lo chistoso que resulta. -Vamos a ver qué quiere este...- susurro, en voz baja casi para mí mismo, mientras suelto un leve suspiro. 
Nos detenemos a una distancia de unos diez metros. Si lo que buscan es una pelea, cualquiera está a tiro de un doble puñetazo bucaneer a la velocidad del rayo negro. Sin embargo, me tiene intrigado el que parece más mayor que el resto y ocupa una posición central. Parece consciente de a lo que se enfrenta, y más llevando un cráneo y columna vertebral de un tipo que le dobla en tamaño, pues se le escapa la mirada de vez en cuando y se nota cierto nerviosismo. Aún así tiene la valentía de cortar el camino. Eso lo respeto. 
Él mismo da pie a una negociación de lo más interesante. Es tan consciente como yo de que enfrentar al Gobierno Mundial de cara es un suicidio, pero que para una intervención a gran escala, hay que dar un aviso. Responsabilidad que se autoproclama y lo delata como un mandatario de reconocido. Con esas, el tipo prefiere ser un corrupto y tenernos de aliados antes que de enemigos. Tipo listo, pero creo que no ha entendido la dinámica de los Bucaneros. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- me río poderosamente dándome golpes en el pecho con la mano libre. Estas ceden rápido al mismo tiempo que dejo caer a Yggdrasil con un golpe veloz de muñeca. El hacha se clava en el suelo como si este fuera de mantequilla. Con una sonrisa macabra en el rostro, doy unos pasos lentos, recortando la distancia. No le quito la mirada de encima, pero él tampoco me la retira a mi. Cuando lo tengo a tiro, doblo las rodillas y me coloco de cuclillas frente a él. La diferencia de tamaños es desproporcionada, aunque si es avispado verá que no tengo malas intenciones, que yo fulmino en un segundo y si quisiera, ya estaría muerto. Sonriente, lo señalo con el dedo. -Tienes agallas, amigo. ¡Eso me gusta!- me vuelvo a levantar. Le doy la espalda relajado y camino a recuperar mi posición y mi arma. Mientras lo hago, sigo con la respuesta. -Todavía no te has presentado, aunque fijo que tú sí sabes nuestros nombre... Pese a tu falta de educación, aceptamos el trabajo.- vuelvo a girarme y a mirarlo de frente. La mano derecha agarra el masivo mango del hacha y la levanta hasta dejarla reposar en mi hombro derecho. -Pero no te confundas. Pero no te confundas, no queremos tú silencio, al contrario...- mis ojos se llenan de orgullo y una mueca tétrica revelan un ansia de sangre y reconocimiento perturbador. -Queremos que al final del favor, nos recompenses con la llamada de alerta más grande de la historia de la isla, que no todos los días se matan a un destacamento entero de perros del Gobierno, ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!-
Negociando con Sr. Viruta

¿Qué se ha creído, que trata con mercenarios de segunda? Somos la tribu más fuerte del mundo y allá por donde vamos, hacemos ruido. No queremos silencio, no queremos pasar desapercibidos. Vivimos con honor y morimos con gloria. Leyendas crecientes en la Gran Line.

En efecto, cajita feliz


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