Onizuka Jin
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Su rostro, al escucharlo mencionar semejantes palabras, cambió de expresión en apenas un momento. Ser comparado con una mujer no era algo ni que le hiciera especial gracia, ni mucho menos que lo hubieran comparado con una de ese modo. Ese hombre tenía demasiada valentía en las venas.
—¿Qué has dicho?
Sus palabras sonaron algo rudas y, sin embargo, apenas tenía tiempo de reaccionar o responder de otra forma. Todo se estaba dando de forma demasiado natural, su cuerpo reaccionando a los gestos que se le ofrecían y, a su vez, imponiéndose sobre él. Ni siquiera se permitía el lujo de verse por debajo pese a ser el pasivo en esa situación. —Siéntete afortunado, no muchos pueden ver eso, puedo sentir cuánto te gusta cuando creces así dentro de mí. — su mano se posicionó en el abdomen cuando lo señaló, sobre él, con una sonrisa maliciosa de oreja a oreja, cargada de ego. El beso era imposible de rechazarlo, el roce entre sus cuerpos. Toda la intensidad y la batalla de egos ahora con ambos batallando sin cesar. Solo ellos dos, ahora volviéndose una desesperación que no quería que terminara, al menos no pronto, ni siquiera después de lo que consideraría la “primera” ronda.
Sabía que no se había esperado ese gesto, y se divirtió, relamiéndose los labios desde arriba, contemplándolo con diversión, deleitándose en la sorpresa ajena y disfrutando del corto shock por el que padecía por esos escasos segundos, mientras sus propias caderas se aceleraban, moviéndose más rápido, sin darle demasiado tiempo a reaccionar. La picardía estaba marcada del mismo modo que su propio ego. Lo mejor fue escuchar su propio nombre de los labios ajenos, los cuales ya al fin parecían pronunciar lo prometido en el tono exacto que buscaba, ese tono ronco, cargado de placer. Justo como él lo deseaba. Su rostro dibujaba semejante expresión cargada de placer y él solo se excitaba más al verlo y escucharlo. Se sentía cerca, pero aguantaba con todas sus fuerzas, mientras aceleraba ahora los movimientos, que por culpa del rubio estaban siendo erráticos.
Descendió su rostro, cargado de placer, pero frenó en seco al sentir cómo la mano ajena volvía a prestar atención a un punto, justo entre sus piernas. La masturbación estaba consiguiendo el efecto que el contrario buscaba, acercarse cada vez más al orgasmo.
—Espera… si sigues… no podré aguantar…
Sí, estaba cada vez más cerca del límite, prácticamente desbordándose. Se tuvo que sujetar desde el abdomen ajeno, entre gemidos ahora algo más agudos, incluso con el tono grave que ya de por sí poseía, aunque no lo suficiente para simular ser demasiado elevado. No podía detenerse, no se podía permitir el lujo de perder esa batalla que ni siquiera sabía de dónde estaba saliendo. Solo movió más sus caderas, más rápido, su mano izquierda sosteniendo y siguiendo la que lo estaba masturbando.
—Estoy… cerca también…
En otra situación hubiera jugado un poco más con él, lo hubiera llevado más al límite incluso solo por diversión, pero ni siquiera él podía soportarlo más. El gemido se elevó, a la vez que el estallido salía de entre sus piernas, el fluido escapando, manchando no solo su propio abdomen, sino también la mano ajena y parte del abdomen también. Jadeaba, sus muslos temblaban.
—Tezca…
Lo último que había pronunciado al dejar escapar el orgasmo, descendiendo hasta donde se encontraba él, ya fuera que hubiera terminado, se siguiera moviendo o lo que fuera, acercándose a su rostro, finalizando aquello con un nuevo beso entre ambos. ¿Quería terminar? El que lo pensara, es que era de lo más estúpido. Apenas estaban comenzando…
Tezca Norova
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Eso era lo que esperaba, que no aguantara más, sentía su cuerpo sobre el mío y no había notado tanta calidez hasta ese preciso momento, me hundía en la seda de sus gemidos acompañándolo sinfónicamente con los míos, bajando la mirada a donde nuestros cuerpos se conectaban: Necesitaba concentrarme para continuar con el mismo ritmo, sobre todo al escuchar que estaba cerca: Mantuve el movimiento, enfocándome en sentirlo aún más sin poder vocalizar palabra alguna, hasta que sentí su cálido y espeso líquido en mi mano. Ese fue mi fin.
—¡Jin! — Gemí en la última estocada, terminando dentro de él, limitado por el condón y cuando intenté recuperar mi respiración fui interrumpido con un beso, continuando con este de inmediato mientras subía mi mano nuevamente a su cicatriz, tocándola: Me daba mucha curiosidad, todas las cicatrices contaban historias, representaban algo de ellos. Temblando ligeramente continué moviéndome dentro de él, separándome del beso para gemir suavemente cerca de su oído. No podía terminar esto, no ahora. Una parte de mi me regañaba por, aunque sea no ir a limpiarme o cambiarme el condón, pero era casi imposible moverme de sus brazos.
Limpié mi mano derecha sobre mi abdomen, me encargaría de eso más tarde, abrazándolo por el cuello mientras lo miraba directamente a los ojos, finalmente saliendo de el con un gruñido y sentándome en su regazo ¿En que momento me había convertido en un maldito pasivo? Gimiendo por lo bajo y sentándome en el regazo de alguien, siempre me pasaba lo mismo después de terminar.
Esperé a que nos calmáramos un poco dejando algunos suaves besos sobre sus labios y jugando con su cabello mientras intentaba acostarlo poco a poco en el sofá, regalándole una última sonrisa antes de levantarme. Retiré el condón que había usado, tirándolo al bote de basura más cercano, comencé a tararear una canción, caminando desnudo como si fuera el dueño del lugar hasta quedar frente a las vitrinas, leyendo las etiquetas buscando algo de whisky, ah, ahí estaba.
Tomé uno de los vasos y me giré a la nevera por algunos hielos, vertiéndolos en el vaso para regresar al lado del hombre. —Vamos, bebe un poco, me decepcionarás si te quedas sin energía pronto ¿me entiendes?— Hablé en un tono condescendiente, sirviendo el whisky en el vaso antes de entregárselo. Tal como recordaba que había pedido en el bar, mientras tomaba un sorbo directo de la botella haciendo una ligera mueca de desagrado, mierda, era muy fuerte.
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No estaba habituado a una atención tan genuina en su propia cicatriz. No es que le molestara, ni que fuera la primera vez que le preguntaban, pero sí la primera en que existía cierta insistencia, y no de la pesada. No hubo palabras, solo ese gesto durante el beso y sencillamente lo dejó hacer. No aparentaba querer dañarlo, solo se mantuvo, besándolo hasta que finalmente liberó su entrada. Jadeó, respirando agitado, juntando su frente con la ajena al verlo gruñir. Era divertido, entretenido desde luego, apreciar ese gesto. Claramente había disfrutado del acto. ¿Habría sido uno de los mejores que hubiera tenido? Eso estaba por saberse. No dudaba que su experiencia lo había llevado a que mínimamente hubiera no solo una segunda ronda, sino incluso más encuentros. Eso sería algo que debería ver más adelante.
Lo vio sentarse en su regazo, lo dejó hacer, con una sonrisa divertida, colocando ambas manos ahora sobre el cabello del rubio, el cual por la ocurrido ahora mismo estaría muy posiblemente hecho un desastre. Apartó los mechones húmedos por el sudor, con una delicadeza poco característica viniendo de él, su mirada fija en el gesto que realizaba, lento, suave pero seguro. Fue tumbándose lentamente, aceptando todos los besos que estaban siendo regalados en ese momento, uno tras otro. Estaba preparado para más debido a su experiencia, aunque sí comprendía que no todos tuvieran el mismo ritmo. Estaba cómodo en su propia desnudez, algo que claramente el contrario también parecía disfrutar genuinamente. Ciertamente fue una lástima que se separase, pero verlo caminar con esa confianza... No podía evitar descubrir qué tanto lo estaba atrayendo, fantaseando una vez más en qué haría él cuando se viniera lo siguiente. Ahora para qué se había acercado a él parecía incluso lejano. Aprovechó que se acercaba a las vitrinas para elevar su mano, ahora tumbado boca arriba sobre el sofá, terminando de recuperar el aliento que le quedaba. Le parecía curioso que tardarease, la canción... ¿Podría ser familiar? Si era así, en ese momento no lograba conectar los puntos.
![[Imagen: QOkilXg.jpg]](https://i.imgur.com/QOkilXg.jpg)
—¿Qué tarareas?
Curiosidad, de la misma forma que el contrario se la había dedicado a su cicatriz, aunque en su caso no existiría insistencia. Se incorporó, sentándose en el sofá, con ambas piernas abiertas para descansar ligeramente su cuerpo, con los codos sobre sus propios muslos. Ahora, sí, el joven rubio, si prestaba atención, podría ver tras su espalda el tatuaje con unos kanjis, "Onizuka". Las mismas estaban grabadas por toda su espalda, otro pequeño detalle que, al menos de momento a simple vista nadie podría lograr ver.
No existían palabras, el único gesto del pálido hombre eran el de sus ojos siguiendo el camino de Tezca, viendo cómo servía una copa, de la misma forma exacta que la solicitada al camarero cuando pidió su copa. Elevó ambas cejas con cierta sorpresa.
—Veo que no pasas nada por alto.
Aceptó la copa, él mismo había visto cómo había sido preparada, se había fijado en los gestos, dudaba que hubiera metido nada en la bebida. Dio un sorbo, viendo que el contrario hacía lo mismo, directamente de su botella. Su gesto le resultó divertido, descendiendo la copa de whisky después de tomar él su primer trago, con una sonrisita divertida, y lo miró. —Agarraste uno de los más fuertes.
Y más caros, pero eso lo dejaría en el aire. Solo se divirtió al verlo. ¿Qué pasaría si se emborrachaba? ¿Sería más atrevido en la cama, más tímido...? Cuestiones que se le ocurrían a medida que transcurría todo.
Se puso en pie, sin soltar la copa que tenía en la mano y, del mismo modo que el contrario, sin pudor alguno de su propia desnudez. Elevó su propia copa, tomando con su otra mano la botella del contrario. Una sonrisita amable, de nuevo, un gesto raramente visible en él.
—Los hielos, con el agua, suavizan el sabor. Deberías probarlo así.
Dio un nuevo trago a la copa, esta vez un poco más largo, acercándose directamente a besarlo, paseando el contenido entre su propia boca y la del contrario. El líquido quizás se derramaba un poco por la comisura de sus propios labios, pero quiso ver más de aquella reacción divertida, o cualquier sorpresa que pudiera llevarse. Se relamió una vez separó sus labios, ahora divertido, sus dedos paseándose por el pecho ajeno, con calma. —No te preocupes por mi cansancio, apenas estoy calentando.
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—Una canción ♪— Respondí vagamente como si mis palabras se fueran con el viento, estaba feliz, el hombre podía percibirlo en el tono de mi voz, tal y como si hubiera bajado el orgullo ligeramente, dejándome llevar por la corriente y entonces algo en el me llamó la atención ¿una marca? No, parecía muy detallado aunque desde mi percepción no era tan evidentes los trazos…¿Un tatuaje?
Eso era mucho más interesante de lo que esperaba.
Tal vez lo traería a la conversación; Podría soltar nada, era lo más probable, parecía que su cuerpo me daba más información que sus palabras; Si el quería que lo interpretara, podía hacerlo. Su comentario me hizo soltar una carcajada ¿Esperaba menos? Uno no llega hasta esta situación sin ser observador, por supuesto que el no sabía nada de eso. De mí.
Lucía extremadamente elegante mientras tomaba la copa, aún estando desnudo y bastante sudado, ciertamente su belleza me hacía desear otra ronda más y no precisamente de alcohol, al parecer no era el único. Aunque escuché su recomendación no esperaba probarlo en ese preciso momento y mucho menos de su boca, con sorpresa: Bebí cada gota que me dejó consumir casi atragantándome en el proceso, separándome abruptamente para toser, cubriéndome la boca con el torso de la mano para posteriormente, ante la calma, mirarlo. Tenía razón; Este alcohol era fuerte y yo tengo una pésima resistencia, dicen que los ojos son la ventana del alma ¿verdad? Creo que lo siguiente que podrían expresar los míos es que aquella bebida no tardó en subir; Tal vez no estaba borracho, pero claramente no era mi costumbre tomar algo tan de golpe. Sentía las mejillas hirviendo ¿Es el efecto del mismo alcohol o la vulnerabilidad por casi atragantarme con este frente a él?
—Cabrón…— Me quejé, carraspeando un poco para recomponerme, pasando un mano por mi cabello mientras sentía el veneno del alcohol, antes de levantarme también, era más alto que yo pero tenía otras formas de provocarlo. —Si quieres dejarme sin aire tienes muchas otras formas ¿me entiendes? Veamos si dejas alguna marca, imbécil…— No podía admitir lo mucho que imaginar eso me hacía sentir, pero mis manos fueron mucho más rápidas en delatarme, llevando sus manos a mi cuello mientras lo miraba: Era una estupidez, lo reconocía, un pensamiento que no pasó por el sentido común, podría decirme cualquier indicación o tontería y me dejaría llevar por él, me acerqué peligrosamente llevando mi mano a la parte central de su espalda donde había visto que estaba el tatuaje, acariciando su piel con suavidad: Quería que supiera que me fijaba en el más insignificante detalle suyo, me sentí ligeramente distraído por su piel dejando un par de suaves besos en su hombro: Tiernos a diferencia de mis palabras.
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02-12-2025, 12:34 PM
(Última modificación: 02-12-2025, 12:35 PM por Onizuka Jin.)
Desde luego su respuesta no era específica, pero ya podía apreciar la felicidad en su expresión y forma de hablar. Quién iba a decir que antes del encuentro parecía poseer un rostro completamente opuesto a esa felicidad que irradiaba ahora. No hacía falta ser un genio para saber quién era el causante de aquella felicidad, sin embargo, solo sonrió de medio lado y lo dejó ser. Sus ojos lo seguían, ahora satisfecho por lo que consideraba un trabajo bien hecho. Se planteó la idea de ofrecerle un trabajo para mayor cercanía, para más encuentros... Pero sacar el tema ahora también estaba resultando en una posible muy mala idea. Lo mejor era esperar, plantearse mejor la situación y, ¿por qué no? Quizás podría serle de utilidad más adelante.
—No sé quien otorgó servicios a quién hoy. Pareces de mejor humor.
Lo hizo a propósito, palabras que volaron mientras su sonrisa cargada de malicia volvía en su rostro, incluso cierta arrogancia. No había nada que lo llenara más que saber que tenía la capacidad de satisfacer a ese nivel. Por supuesto, desconocía por completo los pensamientos del contrario, mucho menos que se estuviera fijando en las marcas que poseía en su propio cuerpo, dos historias total y completamente distintas que solo unos pocos… si es que de momento solo uno, conocían por completo.
—Cabrón…
Su sonrisa no hizo más que ampliarse a medida que sus ojos se clavaban en el contrario. Esa expresión, justo eso era lo que buscaba ver en el rubio de cabello largo. Estaba claro que no se lo esperaba.
—Tus labios dicen una cosa, pero esa expresión me grita cuánto me deseas de nuevo, Tezca.
Se estaba divirtiendo, más de lo que esperaba. No podía evitar desearlo todavía más. Incluso se planteó la deliciosa idea de desesperarlo de nuevo, esta vez buscando que quien suplicara fuera él, de una forma más intensa que la primera vez… Y cómo buscaba no solo el toque de su propio tatuaje, sino también sentir sus labios en su hombro, sus propias manos siendo guiadas en el cuello ajeno. Tragó saliva. Un consejo, para todos nuestros queridos espectadores; nunca, jamás inciten a un hombre que tiene el mismo nivel de sadismo que de masoquismo. Lo agarró con firmeza, apretando la zona de su cuello, casi al punto de poder cortar su respiración. Ahh, justo algo así, deseaba ver cómo rodaba esos ojos, suplicar por un poco de aire, incluso la saliva que tantas de sus víctimas de había llevado… Asfixia erótica podrían llegar a llamarla quizás… pero él se deleitaba en la expresión de dolor, la súplica, incluso si le arañaba las manos o la propia espalda del tatuaje, no importaba, el dolor era parte de su propia satisfacción. Sus ojos se dilataron, cargados de placer, de la satisfacción del gesto, antes de volver a aflojar lentamente el agarre, dejándole de nuevo el espacio para respirar. Una sola mano fue suficiente para ese gesto.
![[Imagen: HxXE2Yi.png]](https://i.imgur.com/HxXE2Yi.png)
—Te lo dije, no soy especialmente suave.
Parecía que olvidaba sus palabras, pero estaba seguro de que no había perdido ese detalle, los dos lo sabían. Si se había fijado tanto en su cicatriz y el tatuaje al punto de desear tanto tocarlo, claramente sus palabras no se las había llevado el viento. —Pero… me gustaría ser un poco más suave contigo, porque cuando te tome esta noche… — su mano descendió, dejando la copa a un lado del mueble de donde había previamente sacado el lubricante el contrario, antes de tomar su mentón, forzándolo a alzar su mirada hasta mirarlo directamente.
—Haré que me recuerdes cada maldito segundo de tu vida.
Ahora la mano descendió hasta una de las nalgas ajenas, apretándolo hacia sí, pegando cuerpo con cuerpo, pelvis con pelvis. —Y créeme, no me gusta que se me escape nadie de las manos. — Allí estaba, su lado sádico, la locura dentro de la cama, y en su propio trabajo cuando tenía que hacerse cargo de los asuntos. Sin embargo, por ahora, solo besó su frente, con algo más de cuidado, dulzura. —Quizás si te lo ganas, pueda contarte algo sobre mí… Sólo si siento que te lo has ganado.
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La presión en el cuello y por instinto llevé una de mis manos a su muñeca porque incluso en este consensuado momento no dejaría de dar pelea, pero solo fue instinto, pues en realidad no pretendía detenerlo. La falta de aire hizo que mi corazón latiera con fuerza, oh, la adrenalina. Lo miré con cierto desafío, cambiando mi agarre a uno que lo provocara a no soltarme, por infortunio este era menos fuerte: El instinto de supervivencia latía con fuerza a la par del deseo, a la par de la adrenalina… Hasta que me soltó y me quejé en alivio al sentir nuevamente el aire en mis pulmones, acariciando el área donde aquel rojo agarre se hacía presente, observé su placer en mi dolor y supe que esa era la emoción de buscaba.
Un brillo peligroso se hizo visible en mis ojos al escucharlo, soltando una ligera risa al verlo a los ojos. —Entonces tienes suerte de encontrar a alguien tan resistente como yo ¿me entiendes? — Quería que reconociera lo afortunado que era en este preciso momento; No solía prestar atención, no solía verme tan vulnerable frente a nadie, menos llenarlos de tantas rosas, yo era el que debería ser adorado y entonces sus deseos me hicieron escucharlo un poco más, Suave no era una palabra que esperaba en esta situación ¿se me había salido de las manos?
Por supuesto, el había tomado el control, la forma en la que alzaba mi mentón sin que opusiera resistencia me hizo notarlo ¿Qué mierda había puesto en la bebida? ¿Me conocía de antes? ¿Quería algo de mí? No… Imposible, podía olerme los problemas a distancia y justo ahora solo quería sentirlo mucho más cerca.
Su tacto era especias y azúcar: Me confundía, me acercaba como si fuera su propiedad y me besaba en la frente como si hubiera algo más, suavidad que no conocía tanto como la amargura. Claro, ese era su plan, confundirme para… ¿para qué? Mierda, el instinto me dictaba correr, que me estaba ahogando en aguas profundas ¿Cuándo le he escuchado? —¿Ganármelo? ¿Por qué eres el premio? ¿Por qué averiguar sobre un amante de una noche? ¿Por qué interesarme en la vida de alguien que solo le interesa... esto? Mierda... a los dos nos interesa esto ¿Qué estoy diciendo? Puto alcohol... Follemos, hagámonos trizas. — Sonreí con amargura, negando la dulzura que crecía en mí, la necesidad de abrazarlo con la ternura que me entregaba: Quería moverme, hacer algo más pero quería que me escuchara a la par. Qué mal mentiroso era: Desviando la mirada mientras soltaba esas palabras como si realmente las sintiera.
Finalmente reaccioné, dejándome caer sobre el sofá y jalándolo conmigo, mirándolo como si fuera lo único que existiera en el mundo y sentía que lo odiaba por eso, instintivamente, volví a acariciar la cicatriz de su frente: Mi mano ligeramente temblorosa, mientras volvía a mirarlo a los ojos, sin poder decir nada más… Hasta guiar su rostro al mío y besarlo con la ternura que creí que no existía en mí, quería complacerlo, pero sentí que eso no era todo, aún así lo escondí al dejar de besarlo con cierta agresividad, dejando un ligero beso en su cuello en el cual terminé clavando mis dientes sobre su piel.
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Su sonrisa se amplió todavía más, con claro orgullo, satisfecho por las palabras del rubio. Ah... Mierda... Ahora solo lo deseaba más, poseerlo más, penetrarlo, hacerlo entera y completamente suyo. Había dado en el botón exacto, donde no debía dar. No lo había apartado, su deleite era mayor, su parte inferior solo mostraba la alegría que ya de por sí estaba disfrutando. La mirada, el gesto, su mano en la propia cuando era por instinto. Ahh... Mierda. Hacía tiempo que no se había sentido así. La adrenalina, el calor, la desesperación de agarrarlo, hacerlo suplicar, limpiar sus lágrimas con la lengua. Tragó saliva, el sudor frío corriendo por su frente. El deseo estaba en el pico una vez más.
—Más te vale no arrepentirte de esas palabras.
No, desde luego que no. Ni siquiera esperó a que fuera él quien lo empujara sobre el sofá, por el contrario, tomó ambos muslos, tirando de ellos en el momento que lo vio sentarse, lanzándose prácticamente sobre él. Sus labios buscaron el cuello ajeno y, sin embargo, esta vez sí fue él quien se le adelantó. Eso no lo frenó, su propio miembro se frotaba contra el ajeno, buscando nuevamente la fricción, el calor de ambos cuerpos.
Ah mierda... Deseaba torturarlo, quería hacerlo suplicar, pero era él quien se estaba desesperando. No era el plan inicial, pero la respiración agitada, junto al mordisco que le regalaba, lo hizo gemir en el éxtasis.
—Estoy seguro de que el interés está allí, o no me tocarías tanto.
No especificó el qué, ni el cómo, pero había percibido el claro interés en las marcas de su cuerpo, más cuando sus dedos volvieron a recorrer su cicatriz.
Ahh... Lo quería tanto tanto... ¿Cómo lograba volver a excitarlo cuando apenas se estaban explorando? A la mierda con la razón, ahora mismo sabía que existía esa atracción, era mutua... Pero el cuidado que había tenido previamente parecía estar desvaneciéndose. Su mano izquierda tomó repentinamente ambas muñecas ajenas, colocándolas sobre su cabeza. Su rostro ahora más serio sobre el rubio, sus movimientos no cesaban. Era demasiado apetecible, demasiado... Delicioso... Y aún así, no era suficiente. Sentía el escozor del mordisco en su cuello, la sangre correr y descender por su cuerpo, y aquello solo lo encendía más.
Su mano libre descendió a la vez que su cuerpo, sus dedos palpando el suelo, entre las prendas de ropa que se había retirado hasta alcanzar exactamente lo que buscaba, con una idea muy clara en mente. Sus dedos alcanzaron la tela, reconocible al tacto y por el tamaño, y lo elevó lentamente, con una sonrisa burlona. ¿Qué era? Obviamente su corbata oscura, la misma que ahora utilizaba para atar las muñecas de su acompañante nocturno. Ahora se veía incluso más sexy de esa forma, sin más posibilidad que mantener sus brazos tras su espalda, o sobre la cabeza, dependiendo de qué tanto hubiera forcejeando el contrario.
—Por supuesto, dependerá de ti si quieres saber de mí o no, Tezca.
No lo dejaría pensar, no quería darle tiempo. Su mano, ahora libre, se posicionó entre ambos miembros, juntándolos, masturbándolos a la vez, frotándose uno con el otro. El deseo de escucharlo incrementó del mismo modo que la dureza que había perdido hasta entonces. El sonido de su propia respiración... Podía escucharlo incluso él mismo, el calor, la adrenalina. Apretó con algo más de fuerza, sintiendo el dolor, y cómo el mismo se juntaba con el placer. Su otra mano, en cambio, ahora estiraba uno de los pezones del varón, sus labios descendiendo hasta el otro, mordiendo su alrededor, lamiéndolo poco después. Debía admitirlo, ese hombre le provocaba un hambre insaciable.
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Sentí la tela sobre mi piel, mi inmovilidad, forcejeé por un par de segundos para probar el nudo: Saber que tanto podía hacer, muy poco y no pude evitar mirarlo con cierta frustración: Necesitaba tocarlo, demasiado, tocarlo me daba sensación de control, de poder joderlo si comenzaba a pasarse, pero esto no. Claro, podía desatarme, pero le haría creer que no tenía más remedio que estar a su merced. Quería saber que haría si me soltaba.
Sentí mis músculos tensarse mientras arqueaba la espalda buscando aún más de su tacto: Me sentía ciertamente patético, parecía una señorita gimiendo indefensa ante el placer que el contrario me brindaba y eso comenzaba a excitarme. —Carajo…— Murmuré entre gemidos al sentir sus labios sobre mi rosado botón, desesperadamente moviendo mi pelvis en un vaivén, intentando expresarle lo mucho que lo necesitaba. Me estremecí ante la presión, soltando un gemido mucho más agudo que los anteriores, mucho más ruidoso, tanto que sentí un mayor rubor en las mejillas de total vergüenza, esperaba que no se diera cuenta como comencé a lloriquear de placer, cerrando ligeramente los ojos mientras sentía como el frio metal del medallón tocaba mi piel y la suya, volviéndolo rápidamente tibio: Lo usual era que ese medallón me regresaba a la realidad, pero en este caso ni siquiera en eso podía pensar.
Mi respiración se aceleraba, incluso sentí que el mero acto de inhalar y exhalar se volvía ciertamente una tarea que los gemidos optaban por interrumpir, las lagrimas, quería sentirlo más, que me invadiera por completo, cuando…
—¡hip! — Ese fue el primero entre los lloriqueos, mientras sentía como sus hábiles dedos presionaban mi pezón, mierda, era demasiado: Si seguía así iba a terminar antes de lo que quería. —Jin… terminaré si sigues así… ¡hip! ¿me entiendes? Yo… ah… No puedo más, te necesito dentro… por… ¡hip! Favor. — Lo miré en desesperación, no podía verme, pero estaba seguro que era un completo desastre, algo me decía que incluso mis palabras eran completamente inadecuadas. Enredé mis piernas tras su espalda, apretando su torso. —Haré lo que quieras… solo… por favor…— Comencé a suplicar, sintiendo un ligero cosquilleo en la parte baja de mi abdomen, había olvidado por completo lo de antes pasando a retorcerme sobre la cama por el placer.
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Esa mirada de frustración en el rubio era justo lo que necesitaba, se deleitaba en cada mínimo gesto ajeno. Se había asegurado de que la atadura de su corbata hubiera sido lo suficientemente firme para no soltarse. Quería disfrutarlo, hacerlo desesperar al máximo posible, torturarlo hasta que suplicara. Todo estaba saliendo tal y como esperaba… O no tanto. Percibió la agudez de su voz, justo cuando parecía que sus labios y dedos alcanzaban el botón rosado de su pecho. Sonrió con mayor malicia, observándolo como si hubiera descubierto un gran tesoro… Y de hecho así era, sospechó que estaba siendo un punto débil, algo que todavía lo iba a divertir más a medida que lo fuera torturando lentamente un poco más. Solo un poco más… Pudo sentir el medallón impedir que su pecho se pegara por completo al suyo, probablemente quedaría la marca si apretaba todo su cuerpo sobre él, no le importaba.
Sus ojos mostraron cierta sorpresa al escuchar su hipo. La súplica había llegado antes de lo previsto. ¿Lo divertido? Apenas estaba calentando motores, pero decidió apartar sus labios y el foco de concentración en sus pezones y… le fue imposible. Las piernas ajenas lo aprisionaron al momento, sin posibilidad de alejar su propia dureza, solo consiguiendo que la suya propia se rozara con la ajena y parte de la pelvis. Apretó sus propios dientes, cerrando los ojos para poder soportar el placer. No hacía demasiado que había sentido la eyaculación, pero escucharlo suplicar de ese modo lo hizo desear estar dentro de él, poseerlo con mayor intensidad que con la que el contrario lo hizo. Trató de tranquilizarse, primero cerrando los ojos por el placer, el sonrojo de soportar aquella sensación lo hizo incluso elevar su rostro, respirar profundamente. Ese hombre lo estaba sacando completamente de su propia cordura…
—Tezca…
Maldita sea, tenía que calmarse, o lo destrozaría sin siquiera pensarlo. Respiró un poco, acercando sus labios hasta los ajenos, besándolo con pasión, poco a poco aliviando el estrés del deseo. Su mano derecha ahora sujetando las muñecas, las mismas por las que su propia corbata ahora lo mantenía atado. Sintió sus músculos tensarse en la sensación, el sudor perlando su cuerpo, su respiración agitada y, aún así, brindó una sonrisa divertida, buscando la mirada del rubio tras romper el beso por unos segundos.
—Cálmate, si entro ahora te destruiría. Agradece que estoy siendo amable.
Oh, y tanto si lo haría. Su propio miembro era mayor al contrario. Estaba claro que ni de broma iban a usar el mismo tamaño del preservativo. Pese a todo, apartó la mano que había agarrado la sujeción ajena, palpando con su mano el lubricante. Lo mejor era prepararse. No, no planeaba ser suave, pero tampoco destrozarlo nada más empezar. ¿Quién quería que una joya como él se fuera por patas después de su primer encuentro? Oh, claro que planeaba más que ese encuentro. No solo se llenó los dedos, también la entrada y su propio pene. Sus labios fueron al cuello ajeno esta vez. Inició con un solo dedo, pero no esperó demasiado antes de introducir el segundo, con un movimiento primero lento, constante, seguro y firme. Sus ojos lo observaban con la misma malicia, sus labios descendiendo por su abdomen, relamiéndose al alcanzar el miembro ajeno. Sus dedos, a su vez, hicieron un movimiento en forma de gancho, elevándose ligeramente, buscando el punto G que sabía que se encontraba en la próstata. Esperaba encontrarlo, a la vez que su lengua paseaba desde el inicio de su pelvis hasta la punta del glande, relamiéndose con malicia.
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C. de Akuma
Dos cosas importantes: A Tezca Norova no se le dice que se calme y tampoco agradece, Eso era algo que me gustaría enseñarle… Pero no ahora, me resultaba muy difícil. El era magia pura, sin dudarlo, cada vez convenciéndome más de que se trataba de una especie de demonio o ser sobrenatural: Lograr esta dominancia sobre mi no era normal. —¿Agradecer…?Yo… No… hago eso ¿me entiendes…? Hijo de… ¡Hip! — murmuré, mientras forcejeaba contra su mano intentando liberarme, donde al parecer me había leído la mente. Bingo.
Oh, quería decirle que fuera tan agresivo como quisiera, que todo lo recibiría como me lo diera, sin embargo, las pulsaciones en mi miembro, lo maldita cerca que estaba me volvían un idiota en potencia: Quería que me destruyera, explicarle que he sentido dolor antes y que era más una constante que nada pero todavía sentía el fantasma de sus labios sobre los míos y solo quería que me besara hasta sangrar. Entonces comenzó a bajar, primero al cuello mientras sentía como me invadía, mis piernas soltándolo ante la falta de fuerza: Primero uno y me sentí ligeramente relajado, pero claramente no era suficiente: Con cierta desesperación comencé a mover los brazos esperando liberarme, sentí el segundo, moviéndose en mi interior mientras soltaba algunos suspiros, cerrando los ojos con fuerza hasta finalmente lograr desatar el agarre de mis manos, carajo, sentía la piel de mi muñecas arder ligeramente por la fricción y al sentir su húmeda lengua por mi intimidad solté un agudo gemido, temblando ligeramente mientras la corbata caía sobre la cama, encima de mi cabeza. — No tengas miedo… ¡Hip!... Me gusta un poco más brusco que solo eso…— Repetí esas palabras ahora en su contra, encorvándome ligeramente ante el placer.
Me incliné con cierta dificultad, intentando no estorbarle para poder alcanzar su rostro, acariciando ligeramente su cabeza, antes de jalarlo bruscamente del cabello, intentando separarlo de mi pelvis, mirándolo con cierta molestia y extremo placer. —¿A dónde vas…? ¿Me atas y no dejas que te toque mientras me deshaces? ¿Crees que te saldrá con la tuya? — Ya lo hacía, eso era obvio, pero pretendía que le costara más. Tomé la corbata con mucha torpeza, colocándola alrededor del cuello del hombre como quien laza un caballo e intentando halarlo de regreso a mis labios.
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