Presento Absoluto / El bar sin pelo / T2
#1
Pueblo Baquella
Dia 28 de Invierno Año 16
10:27 PM - Luna Nueva


Los dias en el pueblo de baquella despues de la intervención de los soldados de la Marina en el incidente del pueblo habían retomado algo de tranquilidad, al menos en parte. Ya no se escuchaban noticias sobre pueblos de pescadores quemados, tiendas asaltadas, o destrozos.

Sin embargo, eso no quiere decir que la tranquilidad haya vuelto en su totalidad al pueblo, pues se rumoreaba de que, a la noche, algunas figuras encapuchadas custodiaban ciertos lugares, esquinas, bares, tiendas.

La marina no podia permitir esto, pero dos de sus nuevos y flamantes reclutas, los soldados Akira “Solaris” Raito y Juan “Pinza Roja” Sebastian, tenían la información que necesitaban sobre los alborotadores del pueblo de pescadores.  Estos se habían adentrado por las calles del pueblo en busca de más información ya que debían ubicar el bar Armando “El Pelon”. Durante esas caminatas nocturnas donde lograban pasar desapercibos, se dieron cuenta que los rumores eran ciertos y que varios adoradores del mal custodiaban calles.

Los soldados habían encontrado ademas de las figuras encapuchadas, 3 caminos que se dirigían al escondido bar, asi que con determinación escogieron una noche donde habia luna nueva y por lo tanto las calles carecían de luz natural a sabiendas de que seria un movimiento arriesgado pero perfecto, pues los adoradores del mal prefieren accionar custodiados por las sombras, pero la justicia y por sobre todo la ley, no deberia dejarse intimidar por esto.

Para avanzar con su búsqueda de respuestas y averiguar quién era el misterioso personaje que firmaba la carta “D.C.”  Debian llegar al bar, para esto los marines deben escoger cual sería el camino para andar. En ellos quedara decidir si se mueven juntos por el mismo camino o en su defecto, se separan para cubrir mayor terreno. Mientras se enfilaban a la decisión que solo ellos podían tomar, una frase no paraba de resonar en la cabeza de ambos. “Leales Siempre. Traidores Nunca”.

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#2
Muchas cosas habían pasado después de derrotar a aquellos maleantes en el pueblo, gracias al trabajo de ellos cuatro la paz volvía a reinar entre las gentes, pero no todo había sido de color de rosa. Develio murió y no se sabía nada de Cinder, pero no podían deprimirse y estancarse por ello, el camino de un marine... no, el camino para convertirse en un héroe era uno de sacrificios, y ahora sabía que cualquier error podría ser el último. Juan debería encargarse de cerrar este asunto junto con Akira, por el bien de la gente, por el bien del pueblo.

Salieron en una noche de luna nueva para cazar a los criminales en su terreno, con las manos en la masa. Era una idea atrevida, algo que caracterizaba a este dúo sin ninguna duda, además, desde entonces habían entrenado duramente, eran más fuertes que antes y si con eso no era suficiente, Juan había adquirido los poderes de una Akuma No Mi, estaba rebosante de energía y confianza. —¡¡Vamos a darle una lección a esos piratas-revolucionarios-socialistas o como se llamen!!— Le dijo a Akira mientras colgaba su pesado brazo sobre su hombro como si fuesen dos amigos borrachos de regreso a casa —Por cierto ¿Qué piensas de lo que ponía en esa carta? "Leales siempre, traidores nunca" Casi suena como una amenaza —

Se habían detectado actividades sospechosas, llevadas a cabo por unas figuras encapuchadas cerca de la ubicación que les fue indicada en la nota que llevaba el delincuente el bar Armando "El Pelón" Junto con Akira, estaban listos para ir a detener los asuntos que se traían entre manos antes de que escalase la situación como lo hizo en la anterior ocasión —¿Qué crees que nos encontraremos en el bar Akira? Me gustaría acabar pronto para poder dormir bien esta noche, si son tan débiles como los que derrotamos el mes pasado no será difícil, pero no creo que sea tan sencillo jajaja—. En la penumbra de la noche se encontraron con tres caminos para tomar. Daba la sensación de que cualquiera de los caminos llevaría a su destino, pero en la oscuridad no podían saber las posibles trampas que había en ellos. Su modo de actuar hasta ahora siempre había sido práctico, debían contemplar las diferentes posibilidades para tener éxito en su misión —¿Qué camino será más rápido para llegar al bar? Sea cual sea, creo que lo mejor será que nos separemos para cortar sus posibles rutas de escape, aunque igual es demasiado impudente ¿Tu qué piensas? A mi me da buenas sensaciones el camino de la derecha (2)— 

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Karmas


Akuma


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#3
La carta de aquel revolucionario era clara, “Firma: D.C.”, “LEALES SIEMPRE… TRAIDORES NUNCA”, “si hay que matar, se mata”, “bar Armando ‘El Pelón’”… El gran trabajo que habían hecho los tres marines y aquella cazadora había sido excelente. Habían logrado que cesaran los alborotos en el puerto, derrotando a aquel grupo de agitadores, por no llamarlos terroristas. Y habían conseguido la información que les acercaría, un poco más, al cabecilla de la operación.

¿Llegarían a la raíz? ¿Al núcleo más profundo de aquella trama? ¿O simplemente se acercarían un paso más a un cabecilla escondido entre las sombras? Un revolucionario que no mostraba su cara, que movía todo con hilos desde su escondite y que evitaba la primera línea de acción, no era un revolucionario, sino un agitador cobarde con delirios de profeta. Y una cara invisible capaz de provocar caos era algo muy peligroso.

Era de noche, rondaban las diez, casi once, y la luna no parecía querer que la vieran en el cielo. Apenas había luz más allá de las farolas. La gente ya estaba en sus casas descansando, la gente trabajadora, quizá alguno tomando algo o dando un paseo nocturno. Pero sus principales objetivos ahora mismo eran los encapuchados.

Juan y Akira esta vez se encontraban solos, aquella cazadora había desaparecido de la noche a la mañana, y su compañero Develio… Para desgracia de todos… Había fallecido. Algo que había provocado sentimientos de vacío y tristeza en Akira, y lo más probable que también en Juan. Acababan de completar una misión, de haber entrenado juntos y de haber puesto sus cartas sobre la mesa con la intención de formar una división… Y todo eso, de un día para otro, se había esfumado. Ahora solo quedaba el divertido binomio de alegres inconscientes. Y con toda la buena energía puesta en este nuevo reto, se dirigieron al bar Armando “El Pelón” buscando aquella célula terrorista.

Estaban prácticamente a un par de calles, y el peso del brazo del crustáceo sobre su hombro hacía que anduvieran balanceándose de un lado a otro. Ninguno conseguía medir el equilibrio del compañero, y era perfecto para que cualquiera que los viera no sospechara nada del camino que estaban siguiendo, en dirección al bar—. Suena a que te matan si no haces lo que quieren… Quizá es su lema… Aunque bueno el significado sería el mismo… ¡Te amenazo de la misma manera Juan! ¡Leales siempre, traidores nunca! —respondió a su compañero con energía y una mirada desafiante.

—Pff… No creo que sean tan débiles, acuérdate que el Andulfo ese dijo que con su jefe “no se jodía” —hizo el gesto de las comillas con los dedos de ambas manos, seguido de una carcajada al acordarse de aquel maravilloso nombre del agitador: Andulfo. No lo había escuchado nunca, sabía que no estaba bien hacer burla por un nombre, pero no podía evitar que le hiciera gracia cada vez que lo escuchaba. ¿Cómo se llamaría el “jefe? ¿Tendría otro nombre así de curioso?

Por suerte o por desgracia, una vez se acercaron a la plaza más próxima al bar, se encontraron con tres caminos. En un principio, la mentalidad de Akira fue que no se separaran. No sabían a qué amenaza se enfrentaban, y el hecho de ir solo era más peligroso que ir acompañado, pero la decisión de su compañero y lo confiado que podía llegar a ser el rubio acabaron dándole la razón al cangrejo—. Bien, pues entonces yo iré al de la izquierda, pero antes debemos tener una señal. Grita como un indio, tengo buen oído, si te pasa algo lo sabré. Yo también gritaré, y sino podemos gritar, hacemos mucho, mucho ruido, pero siguiendo un ritmo, que podamos diferenciar que somos nosotros… Ah y antes de irnos… —cogió varias verjas de metal que habían apartadas a un lado de la entrada del primer camino, entre este y el tercero, y las apiló en este último cortando el paso de manera fácil. Si alguien intentaba escapar corriendo por allí, con la oscuridad de la noche se tragaría todas las verjas. Eso no solo haría ruido sin ritmo, sino que además haría tropezar a cualquiera. Una persona que no huye de nada, se fijaría dado que andaría con calma. Solo alguien que temiera ser descubierto o atacado escaparía corriendo de aquel bar.

—Nos vemos en la entrada del bar, te estaré esperando con un par de cervezas frías, tchakikikikiyah.

Una vez en aquel camino, y pudiendo diferenciar los quiebros que hacía cambiando de dirección, se llevo la mano a la frente. Había escogido el camino más largo, pero eso no hacía que dejara de ser el menos divertido. Las casas de aquella calle contaban con amplios balcones llenos de plantas, así que de un salto y una veloz dominada, su mente inquieta pensó que lo mejor sería avanzar de balcón en balcón. No porque buscara esconderse, sino para tener un rango de visión más amplio y desde las alturas. Aunque le descubrieran y se pensaran de él algo malo, el terreno elevado siempre daba una ventaja importante, ya lo decía Sun Tzu.



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Karmas

—Hablo —. ”Pienso”
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#4
Nuestros dos protagonistas, recordaron a sus compañeros caídos con nostalgia, sin embargo, haciendo gala de una férrea voluntad, no se dejaron entristecer por los hechos y decidieron seguir adelante con la misión de desentrañar aquello que perturbo a los pescadores del pueblo.

Su plan consistió en separarse. Juan tomaría el camino de la derecha y Akira el de la izquierda. No era una mala idea, hasta habían ideado una forma de comunicarse en caso de que las cosas salieran mal.

Al despedirse. Cada uno se adentró por donde decidió hacerlo sin saber, que estabas siendo esperados por aquellas figuras encapuchadas, estos mal hechores tambien tenían su red de información, sabían que los marines estaban tras ellos.

El alegre gyojin, camino 20 metros, cuando fue interceptado por 30 personas, armados con palos, hachas, pistolas. El jefe de estos se sacó la capucha y dijo. – Jajaja, Marine de mierda, caíste en la trampa, te estabamos esperando con ansias, a ti y tus compañeros, ATAQUEN MUCHACHOS... .! ¡LEALES SIEMPRES!, ¡TRAIDORES NUNCA! . Gritaron las 30 almas al unisonó y sin miramientos fueron a atacar al cangrejo, propinándole a este una ráfaga violenta de puñetazos, cortes, disparos, su misión era clara, matarlo.

Al mismo tiempo que la horda se apareció ante Juan, tambien lo hizo ante Akira, a nuestro rubio (y hermoso) marine, le cortaron el paso 20 personas, armadas y con caras de muy poco amigos, el de más delante de todo, hablo con un tono pastoso, parecía arrastrar las palabras. – JISJISJISJISJISJIS, TE LLEGO LA HORA RUBIECITO DE MIERDA, MATENLO MUCHACHOS, ¡LEALES SIEMPRE!, ¡TRAIDORES NUNCA! . Sin perder tiempo las 20 almas se lanzaron sobre el marine y empezaron a propinarle dolor, estos al igual que aquellos que asaltaron al cangrejo buscaban matarlo.

Los acontecimientos para nuestros dos protagonistas estaban sucediendo al mismo tiempo, que decisión tomarían los marines ahora que estaban siendo sobrepasados en número.

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#5
Finalmente acordamos tomar rutas separadas y encontrarnos en el bar, visto de cierta manera sería una carrera entre ambos —Seré yo quien te espere jejé. Soy la tortuga más rápida del mundo— Y entonces me puse en marcha por mi camino. De primeras me daba la sensación de que era un sitio solitario, algo normal a esas horas de la noche y la verdad que se me estaba haciendo largo —Akira es de esta isla ¿Será que conocía los caminos y escogió el más corto para él?— Pensé mientras bostezaba. Realmente no tenía ganas de correr, era un fastidio, pero todas esas ideas salieron de repente de mi cabeza en cuanto me vi rodeado por una turba liderada por un tipo encapuchado.

Por lo que dijo el encapuchado, me estaban esperando, todo había sido parte de una trampa meticulosamente planeada. Antes de ser capaz de reaccionar, los treinta bandidos se abalanzaron sobre mi, la gran mayoría rodeándome y cortándome con espadas y hachas, mientras que unos pocos mantuvieron la distancia. Eran muchos más que los cinco con los que tuvo que lidiar la otra vez, pero tuvieron dos grandes errores de cálculo. En primer lugar ahora era mucho más fuerte que entonces y en segundo lugar si varios mierdas se agrupan no lograrán ser más que una mierda enorme. 

Así pues y aprovechando una pequeña apertura en medio de todo ese caos, me abrí paso con un placaje hacía mi derecha, aplastando a varios de ellos contra la pared. Esto hizo dudar a los que estaban más cerca de mi, pero no a los tiradores, por lo que mientras algunos intentaban agarrarme para evitarlo, me lancé hacia ellos y los aplasté a todos con una sucesión de golpes mientras usaba a sus compañeros como escudos, evitando que me disparasen en el proceso. 

Con estos dos envites pude acabar con diez de ellos, solo faltaban 20 que estaban dudosos de atacar, tras ver el destrozo que hice con sus compañeros ninguno quería ser el primero en cargar contra mi. Con la intención de provocarlos y mientras tomaba un respiro les provoqué diciendo —¿Leales siempre y que más era? Venid, que no he tenido suficiente jajajaja— Al terminar mi provocación, uno que estaba aún en el balcón saltó sobre mi y me agarró del cuello, acción que el resto de ellos aprovechó para atacarme, me pasaba por imbécil, para variar. Después de llevarme varios cortes mientras me intentaba zafar del agarre, conseguí agarrarle del cuello con mi pinza y lanzarlo contra los tipos que tenía delante —¡¡Sois como cucarachas!!— Dije antes de cargar contra ellos de nuevo. Tras una intensa pelea que se fue volviendo rápidamente más desigual a mi favor, pude acabar con el último de ellos y retomé mi marcha. 

—Si me han tendido una trampa es posible que a Akira también... Bah, seguro que se las apañará.— Murmullé mientras avanzaba algo dolorido. Esos malditos... No era fácil pelear solo contra muchas personas por más débiles que fuesen, al menos ahora sabía que lo esperaban, así que no bajaría la guardia. Finalmente, no mucho después del altercado, logró llegar a la puerta del bar, no había rastro de Akira y a juzgar por la falta de cristales rotos, no parecía estar adentro —¡Ja, la tortuga vuelve a ser la más rápida!— Pensé mientras adoptaba la forma híbrida de la Kame Kame, convirtiéndome en un enorme híbrido Tortuga-Hombre-Crustáceo, justo antes de abrir la puerta de una fuerte patada al momento que decía, con una fuerte voz —¡¡Buenas noches!! ¡¿Dónde está la persona conocida como D.C?!—

—Hablo—
—Pienso—
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Bélico
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#6
Poco a poco iba avanzando por aquellas terrazas, sorprendiendo a algún vecino que estaba leyendo en el salón, o alguno que todavía estaba terminando de cenar. Akira era alguien que llevaba toda su vida en la isla, y los pueblerinos le conocían ya que desde que era niño siempre había estado saltando por los tejados. Las broncas que se llevaba de pequeño, ahora no eran más que miradas curiosas por saber qué hacía si es que llevaba el uniforme puesto. Y por el poco ruido que estaba haciendo al avanzar, aquellos que notaban que estaba en su balcón únicamente le lanzaban un saludo con la mano levantada al aire acompañado de una sonrisa. Baterilla y sus gentes eran increíbles, pensaba el rubio mientras les devolvía la sonrisa.

Una vez estaba próximo al primer cambio de dirección de aquella calle iluminada únicamente por la luz de las velas de las farolas, y rompiendo la confianza que el joven marine tenía en su estrategia de andar por los balcones para tener una visión más clara de la entrada al bar, aquellos encapuchados hicieron acto de presencia. Bloqueando por completo el próximo salto que estaba a punto de dar, Akira se mantuvo inmóvil mientras escuchaba las palabras de aquel hombre que encabezaba a un grupo de unos quince encapuchados.

Y no fue hasta que gritó aquella frase: “Leales siempre, traidores nunca”, que del interior de la casa en la que se encontraba subido al balcón salieron otros cinco encapuchados, reventando la puerta y los cristales que conectaban el balcón con el interior del hogar, dejando la fachada destrozada y tirando abajo tanto la barandilla como a Akira, y todos ellos detrás de él. Un rápido movimiento visual pudo entender que era lo que hacían allí dentro. La puerta de entrada estaba forzada, y atados y amordazados en una esquina del salón la pareja de ancianos del Soto, un matrimonio de abuelitos que siempre daban consejos a los jóvenes pueblerinos y que siempre estaban dispuestos a ayudar, con unos valores increíblemente envidiables. Gente que se había dejado el lomo toda su vida, gente de su tierra, y que ahora, por culpa de unos sádicos y cobardes encapuchados, habían visto su hogar destrozado y carente de seguridad.

Tan pronto como aquellos saltaron contra Akira, los abuelitos se levantaron lo más rápido que su cuerpo les permitió, con cara de sorpresa y agradecimiento, pero el rostro que adoptó Akira fue todo lo contrario. Sus ojos se abrieron y de manera metafórica se tiñeron en sangre. Una cosa era sembrar el miedo como hicieron con los pescadores, pero invadir una casa ajena y hacerles lo que les habían hecho a aquellos abuelitos no. Solo de imaginarse el miedo que hubieran podido sentir en este pequeño intervalo de tiempo, en el que estaban esperando a que llegaran los marines, se le aceleraba el corazón a mil pulsaciones por segundo.

Tal era el estado de psicosis en el que había entrado Akira, que los cortes y puñetazos que había recibido al abalanzarse aquel pequeño grupo desde el balcón apenas los había sentido. No le dio tiempo a reaccionar, se había quedado pillado y con la mente fija en la mirada de los ancianos. Estaba recibiendo patadas y puñetazos en todo el cuerpo, pero un ligero destello de sus pendientes, que casi le ciega al hacer reflejo en la espada afilada de uno de aquellos encapuchados, hizo que diera un barrido, tirando al suelo a cinco de ellos, para después abrirse espacio suficiente como para saltar hacia atrás y tomar distancia. Con rabia y decisión incontrolada, saltó hecho una furia contra la turba de parásitos sociales y a base de puñetazos y cabezazos consiguió quitarse de encima a otros diez. Los cinco que le quedaban habían sido derrotados gracias a la ayuda del resto de vecinos que, al escuchar el fuerte ruido provocado por los criminales, no dudaron en empezar a lanzar los tarros de arcilla duros de sus balcones, los tarros tenían plantas, obligándoles a estar más pendientes de las alturas que del propio marine, quien continúo repartiendo hostias como panes hasta que no quedo ninguno de ellos en pie.

Con la boca sangrando y algo de fatiga, levantó el puño en alto en señal de victoria, pero acompañando el gesto con su dedo índice levantado verticalmente sobre sus labios advirtiendo de guardar silencio. Si gritaban Marina, estaban vendidos. Aquellos revolucionarios les estaban esperando, pero todavía no sabían que uno de sus grupos de escolta había sido derrotado—. Espero que Juan no haya tenido la misma suerte… —y con un último esfuerzo, saltó de nuevo a la casa de los ancianos del Soto para liberarlos de sus ataduras, advirtiéndoles al resto de vecinos que los acompañaran a la enfermería mientras el resto hiciera guardia en su casa, ya que ahora no tenían cerradura y tenían el balcón destrozado.

—La Marina está al tanto de esto, pero agradecería si alguno hiciera llegar el mensaje al cuartel de que estos veinte delincuentes están esperando un juicio justo —con cuerdas que le habían facilitado los vecinos y mucha maña, ató al grupo de manera individual, haciendo que mantuvieran distancia suficiente para no poder ayudarse los unos a los otros en caso poder. Y confiando ciegamente en la gente del pueblo de Baquella, le quitó una capucha a uno de ellos y retomó su camino en dirección al bar, con paso decidido.



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Karmas

Bélico
—Hablo —. ”Pienso”
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#7
Nuestra cangretuga haciendo gala de su resistencia, recibió los golpes de las 30 almas sin problema, estas no midieron su ataque sobre él, sin embargo, este contraataco de manera magistral barriendo con cuanto enemigo puedo, hasta pudo darse el lujo de insultarlos, era evidente que el marine se habia fortalecido pues, a pesar de verse superado ampliamente, logro salir airoso.

Este intuyo de manera de correcta el hecho de que quizás le habían tendido u na trampa al rubio (y de buen mirar) marine, pero este estaba enfrascado en su propia pelea. Así pues, una vez derrotados sus enemigos, puso sus pinzas o patas, en polvorosa y como aquella fabula para niños, llego primero a la meta, pero la meta en este caso era el tan esperado y deseado bar Armando “El Pelon”. Sin dudarlo ni un segundo, Juan “El loco” Sebatian, golpe la puerta del bar, derribándola, saludo dando las buenas noches y pregunto sin miramiento por la persona conocida como D.C.

Juan estaba en el marco de la puerta del bar, cuando todas las personas dentro del mismo voltearon a verle, 40 pares de ojos se posaron sobre él. El camarero que estaba muy cerca de la puerta, se acerco a el y le dijo. – Pedazo de engendro de mierda y escupió a los pies de Juan y prosiguió – Aquí no conocemos a ningún D.C. lárgate, pero primero tienes que pagarme la puerta, maldito marine de segunda, son 35mil berries. Y le extendió la mano a la espera de que el marine pagara el daño.

Mientras esto sucedía, Akira “El Buemozo Raito, habia derrotado a sus enemigos con la ayuda de aquellos que Vivian en las casas cercanas al callejón, los habia atado y les habia pedido a dos viejitos que hicieran el llamado a la marina para llevarse a los mal hechores, sin embargo, cuando empezó a caminar por el callejón, un señor mayor con cara de mal humorado dijo.

 – JA! Es increible lo de estos mierdas, ya los mantenemos con nuestros impuestos y de paso tenemos que hacerles el trabajo, que te den rubio. Y le hizo un gesto muy grosero, que implicaba no solo sacarle el dedo del medio sino tocarse sus partes íntimas.

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Belico


Para Akira


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#8
Al patear la puerta la rompí ¿Era mi culpa? Puede que sí o puede que no, no tenía sentido ponerse a buscar culpables. Marine de segunda me dijo, claramente la rabia por romperle la puerta estaba hablando por él, no se lo tendría en cuenta por esta vez —Lo siento por eso amigo, pero pagarte no va a "desromper" la puerta ¿Verdad? Deja de mirar al pasado y ve a esconderte, tengo unos asuntos que atender con estos caballeros — Mientras hablaba con el camarero podía ver como los tipos se preparaban para una pelea y por supuesto que la tendrían —Habla con mis superiores sobre los daños ocasionados, estoy de servicio y va a ser algo más de una puerta—.

Los que estaban más cercanos a mi se abalanzaron rápidamente sobre mi, pero ahora que estaba en mi forma híbrida, no tenía nada que temer, me sentía invencible, capaz de hacer lo que sea. Cuando ya los tenía encima me deshice de ellos con un coletazo que pude dar al dar una vuelta completa sobre mi cuerpo, ser más grande me ayudaba a acabar con grandes números con mayor facilidad pero esto no mermó la moral del resto de bandidos, su ventaja numérica era abrumadora así que tendría que esforzarme al límite. Se me acercaron los que estaban sentados a la derecha, cerca de la puerta, así que usando la mesa que tenía enfrente, donde estaban sentados a los que barrí con mi cola, los estampé a todos contra la la cristalera, acabando con ellos de un solo golpe y sacándolos del bar.

Por un momento me asomé por la ventana que ahora estaba rota, para comprobar que no había dañado a nadie que pasara por allí, al hacerlo me percaté del cubo de la basura —Muy propicio— Pensé. Agarre el cubo antes de percatarme que varios de ellos estaban golpeando mi espalda que ahora estaba reforzada por mi caparazón Un intento inútil de hacerme daño —Casi me hacéis daño ¡¡Basurillas!!— Les dije antes de embutir a uno de ellos en el cubo de la basura y usarlo como si fuese una bola de bolos para derribar a varios de ellos contra la barra del bar.

Tras esto los restantes fueron viniendo hacia mi con más dudas, por mi parte decidí esperarles pegado a la puerta (O el agujero donde debería estar la puerta) para evitar ser rodeado y fui acabando con todos ellos conforme venían, no eran muy fuertes de forma individual, pero sus números no eran su única fortaleza, ahora entendía mejor eso de "¡Leales siempre! ¡Traidores nunca!" A pesar de que en ese punto no tenían oportunidad de ganar contra mi ellos seguían viniendo uno tras otro ¿Estaban tan convencidos de su causa? ¿O quizás lo que les pasaba a los traidores era peor que la paliza que se estaban llevando? 

Cuando solo quedó uno, me aseguré de no dejarlo inconsciente —¡Estás solo ahora! Dime ¿Quién es D.C? ¿Qué pretende? ¿Y dónde está?— Ahora que había acabado con todos necesitaba respuestas, si mis superiores se enteraban de que había destrozado el bar por nada me llevaría una bronca... Me dolía la cabeza solo de imaginar sus gritos. A todo esto —¿Dónde está Akira?— Pensé, empezaba a estar preocupado por mi compañero, ¿Habría tenido un problema mayor del que imaginaba de camino?

—Hablo—
—Pienso—

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Bélico

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Energia: 624 - 395 = 229
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#9
Akira había conseguido hacerse con una túnica de los encapuchados, y colocándosela para que le cubriera la cabeza, y con aquel lema repitiéndose en su cabeza, decidió retomar el camino en dirección al bar, donde esperaba que le esperara Juan sin haber tenido muchos problemas, al fin y al cabo, esta gente no eran “piratas” como tal, así que no tenía mucho sentido que su amigo reaccionara de manera psicótica y empezara a golpearles sin mediar palabra. O al menos, eso creía. A no ser que le provocaran… ¿No?

Estaba avanzando con paso decidido cuando antes de dar el primer giro de calle, giro que le dejaría con la vista fija en el bar, que ya por fin se encontraba al final, cuando un señor de avanzada edad, este para nada agradecido sino todo lo contrario, le insultó de manera directa.

—¿Perdone? ¿Qué es lo que acaba de decir? —si había algo que Akira no aguantaba eran las faltas de respeto. Por mucha edad que tuviera aquel hombre, le había hecho una peineta y se había frotado sus partes. O era un tipo con poca cabeza, o de verdad que era una mierda andante—. ¡Tchakikikikiyah! ¡Huéletela la ahora! ¡Viejo podrido! —se rio confiado mientras le señalaba con el dedo índice de una mano y con la otra se sujetaba el estómago, inclinando un poco el cuerpo hacia atrás, haciéndole ver que más que una ofensa, aquello lo que le había provocado era gracia. Y más que risa, estaba casi llorando sin poder parar de reír—. Ande usted a la mierda, con permiso —y pasando de largo, lo dejó atrás, avanzando por el callejón hasta por fin llegar al bar.

Si aquel viejo maleducado estaba con los delincuentes, de su cara se iba a acordar, suerte que no del olor de su mano, que seguramente sería mucho más horrible que el de ese careto de imbécil. El que avisara o no por den den le importaba bastante poco, si hasta se habían colado en una casa con intención de disuadir al que pasara por la calle, estaba seguro de que les estaban esperando en el bar.

Aunque para sorpresa de Akira, al llegar, todo estaba destrozado—. ¡¿Juan?! —pensó al tiempo que entró corriendo en el interior al ver los cristales rotos y algún cuerpo tirado por el suelo sin poder moverse. La puerta estaba arrancada, las mesas y las sillas amontonadas, varios “delincuentes” agonizando por mantener la conciencia activa y el pobre camarero flipando con la situación—. ¡¿Qué ha pasado aquí?! —levantó la voz desde la entrada, observando como su amigo increpaba a uno de aquellos malhechores esperando que le dijera quién era D.C. Akira, por su parte, todavía iba encapuchado y no había dado pie a que nadie supiera la relación que tenía con el gyojin, que ahora se encontraba transformado en su forma híbrida de tortuga.

La capucha le dejaba ver, pero le cubría el pelo y la parte superior de la cara, así que Juan tendría que reconocerlo por la voz y entender que iba “camuflado”, tal vez eso podrían usarlo a su favor—. Hostia… Espero que D.C. no sea aquel señor que se rascaba los huevos —se acarició el cogote y sonrió de manera nerviosa, mirando al suelo, y soltó un leve suspiro achinando los ojos—. Eso sería un problema… Le habría dejado escapar… —pensó mientras esperaba que Juan obtuviera sus respuestas por parte de aquel que seguía consciente, para que después le explicara que era lo que había sucedido dentro del bar.

Si su amigo conseguía obtener respuesta de aquel tipo, todo sería perfecto, si no, el plan de Akira era abalanzarse sobre Juan al grito de “leales siempre, traidores nunca”. Claro que le susurraría el plan una vez estuviera encima de él, o esperaría que lo entendiera sin mediar palabra. Juan tenía que dejarse “derrotar” para después poder seguir a Akira a donde quiera que le acercara aquel tipo. Tal vez de esa forma, si no funcionaban ni el amedrentamiento ni las preguntas, conseguían acercarse algo más a ese tal D.C.



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#10
Juan “No pago lo que rompo” Sebastian. Habia atacado la horda sin miramientos, haciendo gala de unos movimientos terrible, el marine apaleo, golpeo y maltrato a 40 personas que estaban en el bar, la ferocidad del marine seria recordada por el camarero, quien estaba boquiabierto, el cangrejo-tortuga, habia destrozado el fruto de su trabajo, su bar.

Juan tomo a uno de los 40 y le pregunto por D.C una vez más sin importarle ser prudente. Pero antes de que el pobre individuo pudiera siquiera contestar, juan sintió como un vaso de vidrio se explotaba contra su caparazón y quien hablo fue el camarero, que le grito. - ¡PERO QUIEN MIERDA SE CREEN USTEDES LOS MARINES!, PEDAZO DE HIJO DE PUTA, ME DESTRUISTE EL BAR ¿DE QUE MIERDA VOY A VIVIR?... Vas a pagar todo lo que me debes, tú y tu maldita marina, me tienen hasta lo cojones, no dejan trabajar, los odio. La molestia del camarero era evidente, quien volvio a lanzarle otro vaso a juan, que esta vez exploto contra su cara, el pobre hombre que seguía preso del marine, intento soltarse, pero era inútil, el agarre de Juan era firme.

En ese instante entro Akira, quien sorprendido pregunto qué pasaba aquí, el camarero se voltio a verlo y le dijo. ¿Acaso eres estúpido rubio?, el mierda de tu amigo, destrozo mi bar y seguramente tu vienes a lo mismo, ya me cansé de la maldita marina, que les den a los dos, en especial a ti, maldito engendro – Dijo señalando a Juan – jodanse. Y salio del bar, cuando paso por el lado de Akira, escupió al suelo al lado de este.

En el preciso instante en el que el camarero dejaba la escena, salio una figura del baño, de barba blanca, y con una prominente calvicie. Este miro a Juan y sin miramiento se lanzó sobre el golpeándolo en la cara, el impacto de aquel extraño fue terrible para el Marine, quien no solo soltó al hombre que tenia apresado, sino que este perdio su transformación, el hombre misterioso se aclaró la garganta y dijo. Bueno cual es el alboroto… Te escuche desde baño preguntar por D.C, yo soy D.C. Diosdado Caballo, exijo que me digan que mierda quieren conmigo. Los ojos de Diosdado Caballo, estaban mirando tanto a Juan como a Akira a la espera que estos le dieran una respuesta, mientras se desplazaba 2 metros en dirección al baño, por lo que del Rubio lo separaban 7 metros.

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