Cuando te pones coqueto es muy difícil para mí ponerme serio. Por mucho que quieras un trato diferente, no puedo dejar pasar que no me gustaría que esto que estás pasando te mate. Al mismo tiempo debo admitir que es complicado que yo te pudiera pasar por alto eso, pero ahora con lo que dices puedo entenderte un poco más. Se me fue una sonrisa sutil, hasta me crucé una pierna para disimular un poco la risa. —No era posible que creas que sería facil encontrarme en una isla. Siempre he trabajado en los campos de arroz y en los puertos, aunque la pesca no sea fuerte, puedo hacer lo básico con el timón. Siempre tengo chamba y deudas que pagar. —
Llegó la comida, salmón, jugoso salmón, cocinado con cuidado solo por el lado de la pie. Su carne tiene un sabor que es simple y a su vez adictivo. —Gracias…— Comí dándome el gusto de saborearlo bien hecho con un poco del aceite con el que se cocinó y unas muy pocas especias. Sin muchos contornos que le hagan compañía pues su sabor y su tamaño es suficiente para una ración humana promedio. Lo comí, lentamente, usando el cubierto con la gracia mínima con la gracia mínima de alguien con su nivel de educación. Bocado tras bocado llegué a la mitad de la misma. —Hmm…— Tragué. —Piensas que todas las personas que te hagan un favor pueden tener un poder sobre ti más adelante. Esa es una manera muy curiosa de ver la vida. Muy astuta, si, pero me parece complicada. —
Mi opinión es sincera, igual no es que espere cambiar algo en Tezca con mis palabras. —No tienes que pensar eso todo el tiempo, hay personas que son genuinamente buenas y simplemente no pueden dejar de ayudar. Cómo los que ponen sillas en las playas para que algunos puedan sentarse o los que se encargan de encender los candelabros de las plazas cuando comienza a ponerse oscuro. — Ejemplificó los trabajos menos pagados que pudieran existir. Cosa que hace la gente por que les apasionan por encima de lo que pueda remunerar y son favores que hacen a las comunidades. Igual y la manera de hacer llegar el mensaje no fue la mejor.
—Oh como tu, invitándome a comer. Lo haces como un favor sin esperar que yo tenga que pasar la noche contigo a cambio de eso. — Señalé de manera muy tranquila, luego volví a comer, esperar que las personas hagan el bien sin mirar a quien es algo inocente. Sin embargo ir por ahí pensando que otras personas van a querer cobrarte hasta la más mínima era una manera muy oscura e imprecisa de la vida. Es como si no conociese el espíritu de la camaradería. Lo pensé, ciertamente siempre tuve personas a mi alrededor, no fueron las mejores, pero en algún momento de la vida tendríamos un punto en común y ahí hacer amistad por conveniencia.
Miré a Tezca y le dediqué una mirada cruzada con la suya, la sostuve un instante, lo suficiente para ver a detalle sus ojos. Es esa mirada pirada que le habla y le dice que se acerque. Le puse la mano encima. —Igual luces como un tipo que tiene muchos negocios. Eres ¿Muy famoso en otras islas? Seguramente incluso estuvimos en otros lugares sin poder vernos. — Sería bueno que me contara un poco más de él. Jugaba con el tenedor al poner un poco de salmón en el cubierto y bañarlo en el aceite que tenía el plato.
Llegó la comida, salmón, jugoso salmón, cocinado con cuidado solo por el lado de la pie. Su carne tiene un sabor que es simple y a su vez adictivo. —Gracias…— Comí dándome el gusto de saborearlo bien hecho con un poco del aceite con el que se cocinó y unas muy pocas especias. Sin muchos contornos que le hagan compañía pues su sabor y su tamaño es suficiente para una ración humana promedio. Lo comí, lentamente, usando el cubierto con la gracia mínima con la gracia mínima de alguien con su nivel de educación. Bocado tras bocado llegué a la mitad de la misma. —Hmm…— Tragué. —Piensas que todas las personas que te hagan un favor pueden tener un poder sobre ti más adelante. Esa es una manera muy curiosa de ver la vida. Muy astuta, si, pero me parece complicada. —
Mi opinión es sincera, igual no es que espere cambiar algo en Tezca con mis palabras. —No tienes que pensar eso todo el tiempo, hay personas que son genuinamente buenas y simplemente no pueden dejar de ayudar. Cómo los que ponen sillas en las playas para que algunos puedan sentarse o los que se encargan de encender los candelabros de las plazas cuando comienza a ponerse oscuro. — Ejemplificó los trabajos menos pagados que pudieran existir. Cosa que hace la gente por que les apasionan por encima de lo que pueda remunerar y son favores que hacen a las comunidades. Igual y la manera de hacer llegar el mensaje no fue la mejor.
—Oh como tu, invitándome a comer. Lo haces como un favor sin esperar que yo tenga que pasar la noche contigo a cambio de eso. — Señalé de manera muy tranquila, luego volví a comer, esperar que las personas hagan el bien sin mirar a quien es algo inocente. Sin embargo ir por ahí pensando que otras personas van a querer cobrarte hasta la más mínima era una manera muy oscura e imprecisa de la vida. Es como si no conociese el espíritu de la camaradería. Lo pensé, ciertamente siempre tuve personas a mi alrededor, no fueron las mejores, pero en algún momento de la vida tendríamos un punto en común y ahí hacer amistad por conveniencia.
Miré a Tezca y le dediqué una mirada cruzada con la suya, la sostuve un instante, lo suficiente para ver a detalle sus ojos. Es esa mirada pirada que le habla y le dice que se acerque. Le puse la mano encima. —Igual luces como un tipo que tiene muchos negocios. Eres ¿Muy famoso en otras islas? Seguramente incluso estuvimos en otros lugares sin poder vernos. — Sería bueno que me contara un poco más de él. Jugaba con el tenedor al poner un poco de salmón en el cubierto y bañarlo en el aceite que tenía el plato.

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