Al paraíso - Social pasado
#11
—Owen es perfecto como es. No lo cambiaría por nada—

¿Por qué suena molesta si no ha dicho nada malo? Apretó los labios luego de decirlo, se sorprendió a sí misma incluso con esa reacción, porque siempre ha sido serena y sosegada, aun así sintió que ha tocado algo que no debe — No necesita… ser de otra manera — sintió como la reacción se apaciguó con los segundos, es un ardor que encuentra calma, porque no debió existir ¿Qué ha pasado ahí? Jugueteó con sus manos inicialmente, para luego tomar el objeto que le ha ofrecido a ella.

—Hablo del hombre como… conjunto, no como género, Jin. Lamento si no se entendió — se rió con suavidad, incómoda porque no le ha entendido — En la iglesia, todos aquellos que no pertenecían a la misma… eran inherentemente pecadores, por eso venían en busca del perdón — por eso es que ofrecían palabras de consuelo, aun así ¿Era por amor o por algo más? Tragó saliva, porque los rumores dicen cosas y ninguno de ellos le gusta ¡Y tampoco puede preguntarlos! La curiosidad no es bienvenida en la casa del señor.

—Su madre… no me ha hablado de ella — está bien así, porque ella tampoco tiene mucho que contarle al muchacho de cabellos rojos. Puede decir que la ha abandonado en un sitio que la han criado, no hay más.— Seguro lo hace en algún momento, cuando él quiera — o cuando la situación lo amerite, cualquier opción le pareció bien. Suficiente como para esperar con tranquilidad que llegue el momento.

Asintió ante su comentario, porque no es la primera vez que se lo dicen. — Me alegro que lo sepas — aunque en realidad ¿A qué se refiere? Seguro las palabras de ambos decantan en vertientes distintas, no piensan en lo mismo — Cuando lo sienta necesario te lo diré — se rió por lo bajo, dándole un sorbo a la bebida. Es un calor que entra con suavidad, se mueve desde los labios, hasta su estómago, mientras la propuesta sigue ahí.

¿Por qué no quiere decirlo?

¿Por qué no lo dice? ¿Por qué es un secreto? ¿Por qué debe jurar eso?

—No le escondería nada a Owen — mostró resistencia a la idea, porque tal vez de exponerla de otra manera, sería mejor, pero en ese momento le pareció más bien una sentencia que no quiso cargar. Una cruz que va a abandonar, como lo hizo con anterioridad con la iglesia — Si no puedo decírselo a él, entonces no puedes contar conmigo. Si te dijera que sí… estaría mintiendo — sus valores acallaron a la curiosidad, tan fuerte que no existió la duda o el arrepentimiento.

—Si entender es hacerlo a costa de fallar a alguien que aprecio mucho, entonces no lo quiero — apretó con suavidad la taza y se impulsó suavemente. Se acercó a Jin, no porque quiera, sino más bien porque está en el camino — Dímelo bajo tu propio riesgo.

Porque la verdad se le escapa, incluso si la mentira es más tentadora.

Quizás si fuese otro lo pensaría más, le daría vueltas ¡Cientos! En un vaivén que no la deja.

—Si algo he aprendido de la gente que se junta con Owen… es que son amantes de las apuestas — permaneció serena, aun así su rostro ha perdido esa sonrisa suave, siendo reemplazada por un sentimiento que no pudo describir, pero que está ahí — Podrías apostar porque tu verdad se quede escondida, aunque… temo decir que suena más a que usarías tus fichas en una causa perdida.

Porque…

La casa siempre gana.

¿Y ese quién es?


Para la suerte de ambos perdedores, no está presente.
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#12
¿Oh? Una reacción cuanto menos interesante. Solo mostrando más razones por las que el interés despertaría más en el yakuza. Defender una perfección que obviamente no existe ni en el mejor ser humano en la faz de la tierra. Su sonrisa, cargada de malicia, se volvió a dibujar en sus labios. Se mantuvo sereno pese al grito de la mujer, sus ojos sin dejar de contemplarla, dando un último sorbo a su café.

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—No he dicho que tenga que cambiar a nadie, señorita Gwen.

Elevó sus ojos, buscando los vacíos ojos de la muchacha. Sus dos manos se colocaron sobre la encimera, a la espera del efecto que ya llevaba rato esperando. Mantenía el mismo temple calmado, sin alteración alguna. —¿Acaso le preocupa eso? ¿O es que la asusta que Owen oculte más de lo que parece? — dejó que las preguntas fluyeran por la mente de la mujer, fijo en ella, en sus movimientos, sus gestos.

Volteó ligeramente su cuerpo, apoyándose en la encimera ahora con su espalda, o lo que llegara de ella, cruzándose de brazos. —Por supuesto, en algún momento tendrá que decirle quién es si se quiere casar con usted, señorita Gwen, igual que hablarle de su familia. — Quería ver más de ella, más reacciones que solo demostrasen los límites a los que pudiera llegar, sin alterarla, sin levantar sospechas.

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—Asumo que, entonces, habla como “ser humano”, no como “hombre”.

Elevó los hombros despreocupadamente. En su caso no es que tuviera creencias, había sido un superviviente toda su vida. —Dígame entonces, señorita Gwen. ¿No le parece un poco extremo que si solo no perteneces a una sola iglesia sea algo injusto para los que ni siquiera viven en esa isla? ¿Todos los no creyentes de esa iglesia irán al infierno por ello? — conversación filosófica que ni interés le tenía, pero sí la perspectiva de la mujer. —Porque en ese caso, estoy seguro de que estará al tanto de que Owen no era de esa isla. — ¿Qué tan extrema sería la fe de Gwendolyn? ¿Hasta dónde estaba dispuesta a llegar? Eso era lo que buscaba encontrar en esa pequeña conversación filosófica aburrida.

Apartó su cuerpo de la encimera, tomando la taza lentamente, dando un nuevo sorbo, esta vez más largo. Quedaba poco tiempo, lo sabía. Respiró, cerrando sus ojos, dejando ahora la taza vacía sobre la encimera, contemplando a la mujer desde su posición. —Entonces, sintiéndolo mucho, señorita, no puedo brindarle la confianza de contarle nada más. Igual que usted no traicionaría la confianza de Owen, yo no traiciono a nadie que busque mi confianza. — Dejó escapar una risita, cerrando los ojos unos segundos.

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—¿Apuestas? ¿Yo? Creo que me confundes.

Ahora sí, se acercó de nuevo a ella. Ya estaba cerca, lo sabía. —Le dejaré algo claro, señorita. No soy un apostador como su querido Owen. — su voz, nuevamente, sonaba profunda, seria, una silenciosa amenaza que salía involuntariamente. —No me hace falta eso para ganar un par de Berries. No es lo mío. Sin embargo… — su mano se elevó, dando un suave toque en la mejilla de la mujer.

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—Parece usted un poco cansada. ¿No ha dormido bien?

OFF


Sí, el somnífero debería hacer efecto. El sabor, al menos con el café y el azúcar, no era algo que pudiera notar, igual que el olor, que era demasiado suave en comparación al café. Todo estaba preparado. Elevó sus brazos, preparándose para una posible caída. Por mucho que se tratara solo de unas pocas gotas, el somnífero era lo suficientemente fuerte para tumbar incluso al más drogadicto. Lo había visto cientas de veces. ¿Qué planeaba con ella? Nada fuera de su propia diversión. Esperar a Owen, mientras tomara a Gwen en brazos, que la viera inconsciente, y ver que era capaz de dañarla si solo él lo deseara. No planeaba tampoco dañarla. Así Gwen solo pensaría que es cansancio, o quizás lo asociaría a cualquier otra cosa que no fuera la bebida. Por supuesto, dejando caer que ella cayera inconsciente en sus brazos. Si era así, la llevaría al mismo sofá que habían compartido hacía instantes, caminando con calma, y la dejaría con cuidado sobre el mismo.

Él no apostaba. No le hacía falta.
Él era la casa.

Tomó de su bolsillo la cajetilla de metal, donde los cigarrillos estaban perfectamente alineados. Si la chica estaba inconsciente, tomaría uno de ellos para colocarla en sus labios, con los ojos fijos en la puerta principal. Owen podría llegar en cualquier momento, y estaba ansioso de ver qué reacción tendría. Podía incluso imaginar el odio y el terror dibujarse en el rostro de Owen. Al final, aceptar ese trabajo estaba siendo más divertido de lo que creía...
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#13
La respuesta es obvia, ninguno va a ceder. Es tirar sin aflojar, supuso que debe dejarlo ir, porque incluso si le interesa conocer el secreto que esconde Jin, lo que pide a cambio es algo de un costo muy alto. Por eso simplemente abrió las manos, esas que se han entretenido entre las cosas, que han jugueteado con lo que encuentran para mantener la calma.

—¿No eres apostador? — ¿No todos lo hacen? Cada elección a veces parece una puesta, en donde nadie quiere perder sus fichas. Se aferran a la esperanza que sea lo correcto, que salga el número o color — Oh, lamento haberte confundido — se disculpó, soltando una sonrisa suave, un gesto que intentó ser cálido, pero no sale del todo. Es una situación que la mantuvo quieta, congelada — ¿Y-Yo?

Pensó en decir que no, que está perfecto. Intentó dar un paso, cuando la tasa se deslizó de sus manos y le costó pensar. Es ese letargo luego de un día cansado, pero no ha hecho nada. Un paso atrás fue lo que pudo dedicar, mientras su mano derecha se movió en un gesto parecido a un saludo, como si se despidiera de Jin, porque pronto ya no estará despierta.

—¿Q u é    e s t á       p a s a n d o?

Jamás ha vivido algo así, no que pueda recordar ¿O sí lo hace? Porque se siente nostálgico. En realidad el cuerpo le dijo que sí, que ésto no es ajeno, por lo tanto se movió a un lado, como si quisiera alejarlo, entre balbuceos. — Aléjate. Aléjate, no me toques. No me toques — se resistió unos segundos, tanto como para chocar con uno de los muebles en un intento de avanzar a la salida, iniciando parte del espectáculo. Sus manos se aferraron a la madera, sin importar si hay algo en el camino. La decoración que nunca podrá ver terminó en el suelo, en un escándalo que rompe la tranquilidad que debería existir.

Se quejó los últimos segundos antes de terminar en el piso. Su respiración finalmente se calmó. Es una paz que no debería estar, no hay más conversación, no hay pelea, no hay derecho a reclamo.

Soñó con las campanas, con el pasillo, con los rezos a un Dios que no cuida de ella, porque si existe ¿Por qué ha permitido que ocurra?

Vivir una vez más lo mismo, a pesar de haber creído que puede escapar.
Tal vez no se ha ido suficientemente lejos. 
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#14
¡CLAC-IIIIK!

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-¡Gwenchi, te conseguí los Dang-

Abrió sus ojos, y allí observó una escena que le petrificó el corazón.

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-...Jin Onizuka?-

Sus cabellos se erizaron.

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-¿Qué haces?-

La mujer de su vida, su mujer favorita, desmayada y en brazos del tipo que, por activa y por pasiva, quería tenerlo atrapado entre sus manos.

-¿Qué cojones haces?-

¡PISH! Aquella bolsa que sostenía en su mano izquierda cayó por acción de la gravedad. A tres metros exactamente, allí yacían: La mujer que lo había cambiado, la mujer que lo mantenía en eje y que permitía que ese demonio que él afirmaba ser no existiese nunca más, indefensa, atrapada entre las manos del que sí quería que siguiese con esa interminable lucha para acabar con lo que había empezado.

Con la verdadera y primera razón del inicio de todo esto.

-¿Qué cojones estás haciendo?-

El rostro de Owen se desfiguró instantáneamente, eliminando total y completamente esa expresión y faceta de niño simpaticón, bueno y brillante que siempre había tenido en primera instancia. Su rostro se volvió oscuro, visceral, peligroso, uno que no demoró ni una décima de segundo (Ni dio derecho a réplica) a absolutamente nada más que reducir la distancia de tres metros a cero en un abrir y cerrar de ojos.

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-TE VOY A MATAR.-

No sabía si Gwen estaba bien, mal, viva o muerta. No confiaba en ese tipo, no prestó atención si respiraba, no sabía nada. En su ser, algo, por un solo segundo, se fracturó; Todas esas ilusiones, todo ese sueño de dejar de ser el demonio que ya no era, todo, todo se perdió. No quedaba nada. No le importaba Tamanegi, su madre, ni nadie.

Owen se lo avisó.

Un recuerdo de ambos, apareció, como el disparo de un revólver.

Recuerdo:


Esos ojos azules llenos de brillo, de alegría, de chispa, habían muerto por un segundo. Ese demonio que él había prometido ya no ser, también. El puño derecho de Owen viajó directamente hacia el rostro de un Jin que se encontraba ocupado sosteniendo a la muchachita. Su movimiento había sido lo suficientemente veloz como para que no la utilice como escudo humano, más aún que cargaba con un cigarrillo encendido en su boca y había tenido que elevarse un poco para impactar su puño cerrado directamente contra su rostro. Nada importaba ya, ni esa casa, ni la bolsa con cosas, nada. Su corazón latía diferente, errático, convulso, apenas podía vérselo pestañear. El golpe, si daba, tal vez sería capaz de empujarle aunque dudaba que fuese lo suficiente para que él la soltase.

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-SUELTALA, AHORA.-

Estaba completamente enajenado. La locura le estaba carcomiendo. Ya nada importaba, absoluta y completamente nada más que ver al tipo que, bajo su perspectiva, le había arruinado su presente, su futuro y su oportunidad de poder ser feliz. De poder ver cómo este mundo cambia bajo el yugo de la persona que podría evitar que todos vuelvan a sufrir. Casa, hijos, familia, todo desaparecido de un plumazo. ¿Estaba exagerando? Tal vez demasiado, pero solo uno podría pensar en lo peor en una situación así, aunque...si él se detuviese a analizar la situación mínimamente, sería capaz de poder verla respirar todavía y sin ni un solo rasguño. ¿Podía verlo? No, en sus retinas todo lo que se veía era fuego, dolor, destrucción, daño, sangre -Dime que está viva.- su tono de voz pareció más normal. Inamovible, exactamente en el punto en el que se quedó -DIME QUE ESTA VIVA, ¡MALDITO RETRASADO, HIJO DE PUTA!- sus ojos estaban envueltos en una oscuridad que no habría querido revivir jamás. Si había que volver a ser el peor demonio que jamás conoció su isla, lo volvería a ser -Y como  no  este  viva, intercambiare  tu  vida- comenzó a caminar, aproximándose hasta ambos -por la de ella.- decidido a que, en esa habitación, al menos una persona no saldría con pulso -Moria Yang puede morirse ahora mismo.- Jamás creyó que diría algo así. Jamás pensó que podría estar tan lleno de rencor, pero era evidente...la fragilidad emocional de un muchacho que nunca tuvo la capacidad de sanar -Como te morirás hoy tú.-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#15
¿Inesperado? No, desde luego el que lo conocía no iba a pensar así, por eso aquella mujer había caído en la confianza. La tomó en brazos incluso antes de que su cuerpo cayera contra el suelo. Una cosa era eso, otra cosa era dañarla. Si quería aprovechar la situación, no podía permitirse el lujo de que hubiera heridas innecesarias. La tomó entre sus brazos, con un cuidado nada característico en él y sus pasos llevándolo hasta el sofá. El cigarrillo, todavía apagado, entre sus propios labios. Ahora sí se había ganado una buena calada. Planeaba dejar a la chica en el sofá, encender el cigarrillo y esperar al joven Owen y, sin embargo, a medio camino, el golpe de la puerta y la sonrisa del mismo lo azotó. Vaya, llegó antes de lo previsto, pequeños detalles que era mejor. No soltó a la mujer, dejarla en el suelo podría resultar peligroso… Escuchó su nombre completo y sus labios esbozaron una sonrisa cargada de malicia, de oreja a oreja.

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—Ah, bienvenido.

Su expresión gritaba todo lo que necesitaba saber. Al final, sí mereció la pena llegar hasta allí. Ese rostro no tenía precio. Ahora había encontrado ya no solo un nuevo punto débil del joven, sino algo que haría valorar más lo que tenía…

-¿Qué cojones haces?-

El sonido de la bolsa lo dejó tranquilo. Estaba viendo lo que se venía. Podría haberlo evitado, aquel duro puñetazo directo. De hecho estuvo a punto de soltar a la muchacha que tenía en brazos y, sin embargo, solo aguantó el golpe como si fuera nada. La comisura de sus labios comenzó a sangrar. Sus ojos, ahora cargados de seriedad, volvieron hacia él. El cigarrillo se aplastó entre sus dientes al apretarlos y evitar un daño mayor. Su mirada, ahora como una sentencia de muerte, se mantenía calmada pese a la agresión.

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—Owen.

Su voz sonó lenta, como una silenciosa amenaza, más profunda y lenta de la que debería haber salido. ¿La mujer la estaría escuchando? ¿O habría caído en un abismo en que solo estaría en un trasfondo? Su conocimiento respecto al somnífero llegaba hasta allí. —Sería una lástima que la señorita Gwen se lastimara por ser tan agresivo con un amigo suyo. — Su rostro se suavizó, pero con un rostro cargado de maldad, la malicia de pura satisfacción.

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—¿Qué pensaría ella si estuviera viendo esa cara ahora mismo? Pobrecita Gwendolyn.

Siguió su camino pese a los gritos de Owen, no se vio amedrentado, ni mucho menos amenazado. El miedo no estaba en él cuando ya tenía eso planeado. De hecho se esperaba una reacción así… Pero no que decidiera incluso mencionar la muerte de su propia madre. Cerró los ojos, ahora sí, dejando a la muchacha con cuidado en el sofá que habían compartido, cerca de los lirios blancos que había estado ordenando no hacía mucho antes. Su mano derecha se posicionó en uno de los mechones de la mujer, elevándolo lentamente. —Le romperías el corazón a tu madre si se enterase que prefieres verla a muerta por una mujer que apenas conoces de hace tan poco tiempo. — elevó lentamente su mano, dejando que el cabello de la mujer se deslizara de entre sus dedos lentamente por la inercia hasta que, finalmente, cayó por completo sobre ella. Su mano izquierda, en cambio, se había posicionado en el bolsillo de su abrigo del traje, retirando una daga de su interior, ahora con el arma en la mano, preparado para lo que fuera necesario. Se volteó para mirar directamente a Owen, retomando el cigarrillo que había desperdiciado, ahora habiéndose echado a perder. Elevó los hombros, despreocupado, contemplando al joven.

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—Deberías asegurarte primero del estado de la señorita antes de tomar acciones, Owen.

Su daga ahora se acercó a la garganta de la mujer. El filo, con el brillo intenso del hogar y el horario solo hicieron el brillo más intenso. —Qué frágil es la vida, ¿no crees? En un segundo, podría apagarse todo, desde ella, hasta su mundo... y el tuyo. — Si trataba de atacarlo de nuevo, ahora sí, sería más que suficiente para dañar la mujer. —Creo que estás perdiendo demasiado tu tiempo, y no me gusta. No olvides que tenemos un trato. Que hayas cambiado las preferencias no significa que estés eximido de tus responsabilidades. — Elevó la cabeza, sonriendo de nuevo con malicia. 

—¿O acaso pensabas que realmente podías huir?
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La daga se movía, desde la zona inferior del mentón de la mujer hasta la clavícula, de arriba abajo, en una silenciosa amenaza clara. Estaba disfrutando ahora mismo del sufrimiento ajeno. Ahhh, esa agradable sensación de adrenalina que lo llenaba del mismo modo que el dolor propio... —No te preocupes, no está muerta, ni siquiera la he dañado. — Se sentó a los pies de la muchacha, cruzándose de piernas con la misma seguridad que en su primer encuentro, solo que ahora en un domicilio en el que el propio Owen vivía. —Deberías aprender a guardar secretos, jovencito. ¿Quién sabe quién más podría estar buscándola además de mí? — Inclinó ligeramente su espalda, observando el joven. Le dejó creer que quizás pudiera conocer más de lo que debería, siempre lo hacía, igual que lo había hecho con Gwen. —¿O pensabas que por ser ella sería capaz de defenderse de mí? — tonto consuelo de un inocente. Por supuesto que había estudiado a la chica mucho antes de que se presentara. No había pasado ese tiempo recopilando esa información solo por presentarse sin estar preparado. —Pero, por supuesto, ella estará a salvo si mantienes tu palabra. — Y ahora con mayores razones. Necesitaba conocer más de Uker y Maki… Ahora con mayor urgencia. Ambos habían traído sorpresas inesperadas. El conocimiento de Akura había hecho que acelerase el proceso. —Así que elije, Owen, porque yo no temo a la muerte y, si yo muero, ella también. Tengo tiempo de sobra para que mientras busques un arma o use tus puños, pueda abrirle la garganta. Y para cuando esté muerto, no te quedará absolutamente nada.— sí, estaba impacientándose y desde que lo envió, no había conseguido ni un pequeño detalle, o si había siquiera logrado adentrarse en la tripulación de Uker. Nada. —Por supuesto, puedo cambiar los términos y, en vez de brindarle esa protección a la madre que ya no pareces ni apreciar, a esta señorita de aquí. — Una nueva pausa, volviendo la mirada hacia él. ¿Dejaría que que estaba muerta, o ya habría captado que estaba a salvo? De momento solo quería alargar un poco más el momento antes de revelar que solo estaba dormida... Era más divertido si no sabía si estaba envenenada o si tenía tiempo límite. ¿Cuál de las opciones creería el pequeño Owen?

Karmas activados
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#16
—Le romperías el corazón a tu madre si se enterase que prefieres verla a muerta por una mujer que apenas conoces de hace tan poco tiempo. —

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-Suelta a Gwen.-

La actitud del pelirrojo se había tornado tan extremadamente sombría y oscura que, aquel puñetazo, solamente acentuó aún más la extrema ira imposible de controlar que, por activa y por pasiva, su mujer favorita había ayudado a aminorar, apaciguar, y domar en cierta parte. Ella representaba algo muchísimo más importante de lo que podría representar su madre, Moria: Representaba el futuro, el cambio, la posibilidad de un futuro personal y global muchísimo mejor, un proyecto a mediano-largo plazo que podría revolucionarlo todo. Su madre, sin embargo, significaban errores, pecados, incertidumbres y ataduras a cosas que solamente lo volverían a dejar en una casilla de salida que había creído que se había despegado ya.

Pudo divisar cómo el reflejo de un metal se apoyó justo sobre el cuello de aquella muchachita desmayada; Si aquel sujeto tomaba una decisión semejante significaba que, en efecto, Gwen todavía seguía con vida, sino, ¿Porqué amenazaría con un cuchillo? -Suéltala.- el sujeto buscaba intimidarle, pero era total y completamente incapaz de poder conseguirlo y mucho menos en el estado actual del pelirrojo tan cegado por una ira incontenible. No iba a permitir, bajo ni el más mínimo concepto, que el sujeto juegue con la mujer que era la representación fidedigna de un cambio real para si mismo. Parecía como si todo lo que Jin estuviese haciendo, ciertamente, buscase provocar algún tipo de reacción en Owen, una más sumisa, más mermada, pero el chico sintió una invasión total hacia el pacto previo que habían tenido anteriormente y...algo que no toleraba, bajo ningún concepto, era las personas que traicionaban o abusaban de los acuerdos.

Esto ya había pasado en su isla natal y, así, fue capturado y lanzado al océano sobre un bote, a su suerte.

Su mirada estaba oculta por ese extenso flequillo desarreglado que tanto le caracterizaba, en una diferencia de metros en el cual dejó al muchacho estático en el lugar, prestándole atención a sus palabras y aprovechando para desviar la mirada hacia la enorme cantidad de objetos que podría arrojarle, los cientos de maneras para derribarle y los trillones de puñetazos que le daría hasta desfigurarle. Su cabeza se estaba descalibrando y su cuerpo, explotado a hormonas y adrenalina, solo se mantenía estático por tener a la mujer de rehén entre sus brazos. Una frase demasiado ilusa, demasiado burda, se escapó de la boca de aquel mafioso de aspecto lúgubre y oscuro: "¿O acaso pensabas que por ser ella no podría defenderse de mi?" -...Ja.- una risa llena de soberbia se escapó de la boca del pelirrojo, uno que mantenía su ceño aún tan fruncido como iracundo, pero empezando a entrar en un estado de locura bastante más diferente al violento de antes -Ella te va a matar peor de lo que yo lo voy a hacer.- porque Owen no era especial, no tenía nada destacable, nada que lo hiciese único o diferente. Gwen sí, no solamente era capaz de cambiar los corazones de la gente mala o corrupta, sino, uno que literalmente podría ser verdaderamente letal -Cuando Gwen se asusta, cosas muy malas ocurren, muy.- elevó su vista, mientras proseguía escuchando la defensa del mafioso que, intentando desafiarle y "cambiar los términos y condiciones" de lo pactado en un principio entre ambos, ciertamente, provocó una respuesta completamente diferente a lo que, tal vez, podría esperarse el alto sujeto de ojos celeste-grisáceo -Parece que no estás entendiendo algo, Jin Onizuka.- la mirada del muchacho, ahora, se llenó de un cinismo propio de un corazón que había estado corrupto mucho tiempo, volviendo temporalmente a un estado que hasta él mismo creía haber olvidado.

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-Gwen me protege a mi, y no al revés.-

Porque si bien era una cuestión mutua, ciertamente, el poder de Gwen superaba con creces a cualquier cosa que el pelirrojo pudiese hacer; Era un humano mucho más fuerte de lo normal, particular. Su compañera, en cambio, era un individuo tan exageradamente distinto que ni el propio Jin Onizuka, alguien que parecía ser un especialista en la materia del control y la manipulación, todavía no estaba siendo capaz de comprender. Pese a aquella voz grave y profunda que tenía, en Owen no producía ni el más mínimo ápice de efecto. Esta vez las cosas eran diferentes, muy, mucho, incluso aunque el encuentro entre ambos en aquel casino había sido hacía no demasiado tiempo -Por tu bien, y por el de nuestro pacto, déjala tranquila. En el instante que vuelva a estar consciente te arrepentirás, te lo aseguro.- y el pelirrojo, pese a haber sido por mucho tiempo un mentiroso profesional, hablaba completamente en serio con respecto a las inmensas y aún desconocidas capacidades de la mujercita con aquel velo decorativo. Parecía delicada, débil físicamente, frágil como una porcelana debido a su impresionante belleza, pero...¿Fuerza? Le sobraba, en demasía -No me he comunicado contigo porque he estado ocupado, muy.- aquello era una vil mentira, había simplemente querido esperar para subirse al barco y, finalmente allí, dar los reportes suficientes para salir de aquella situación lo antes posible; No le agradaba él, nunca lo hizo, y ahora muchísimo menos.

El chico, sin siquiera moverse de su posición pero ligeramente más calmado que cuando entró, mantuvo su cuerpo ligeramente encorvado y los puños apretados, firme, decidido, y prestándole especial atención a aquel cuchillo amenazante sobre el cuello de su mujer favorita en todo el mundo -Sin embargo, conseguí tanto a Uker como a Maki. Van a viajar en un barco llamado Last Whisper con un tipo llamado Jensen Valentine. Al parecer, Uker, también,- respiró profundamente, mientras cerraba sus ojos, exhalando con mucha fuerza -va a traer a alguien más. Si no me equivoco, es para cubrir el puesto de médico de la tripulación. Ninguno se ve especialmente mala gente, pero tú sí, demasiado, así que no me gusta estar del lado equivocado de la historia.- y con historia Owen se refería, claramente, a "Los malos vs los buenos".

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-Voy a darte un consejo para el futuro: Nunca más vuelvas a amenazarme con Gwen. No por lo que te haga yo, sino, por lo que pueda hacerte ella, que será muchísimo peor.-

Su mirada se veía serena, pero mortal. Owen tenía los ojos grandes, luminosos y muy expresivos. Sus pupilas solo transmitían odio visceral, deseos irrefrenables de arrancarle las manos, sus cigarrillos y metérselos por cualquier orificio del cuerpo, encendidos -Si has investigado como te corresponde, habrás sabido que yo soy un humano normal. Ella no lo es.- seguía en una situación delicada, por lo que iba a mantener la sugerencia -Baja el cuchillo, ahora.-.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#17

Pudo apreciar cómo el rostro ajeno pasaba de la pura ira a la excesiva confianza. Aquello era algo que no disfrutaba, simbolizaba que el control se estaba escapando de entre sus manos. Sin embargo, su propia expresión se mantuvo intacta, del mismo modo que el cuchillo en la garganta de la mujer, que seguía bailando entre la zona inferior de su mentón y la clavícula, cada vez más cerca de su piel. Parecerían movimientos aleatorios, pero todo estaba perfectamente calculado, momentos en que el filo estaba casi al borde del roce, otros en los que estaba lejos. Ahora mismo, aprovecharía que se encontraba en ventaja. No planeaba dejarla sola pronto, sabía que el efecto duraría un largo tiempo y seguía con la ventaja de saber que él desconocía qué tipo de droga pudiera tener, o siquiera que la hubiera drogado. Su primer pensamiento, por supuesto, había resultado en un impulso de creer que la muchacha estaba muerta. ¿Qué más se le iba a pasar por la cabeza? Por supuesto, tenía planes. No iba a quedar todo allí.

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—Dependerá de ti si la suelto o no.

Su tono ahora se había vuelto firme, elevando ligeramente su rostro, sin apartar ni por un segundo la mirada del pelirrojo. Sin embargo, sí fue sorpresiva una nueva reacción; risa. ¿Por qué? Su mano apretó más la daga, ahora a duras penas con una nueva amenaza, silenciosa, pero suficiente para que apreciaba que iba completamente en serio con ese gesto. Su mirada, ahora seria, se acercaba más al estado sombrío que realmente reflejada, su sonrisa incluso habiéndose desvanecido.

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—Parece que hay algo que no entiendes, Owen.

Esta vez, su mano volvió a bailar, de arriba abajo, con la daga, con el mismo ímpetu que en el inicio. —Nunca subestimo a nadie, mujer, hombre, niño… Nunca. — su mano ahora sujetó el mango de la daga con más firmeza, frenando en seco una vez más. —Asustada o no, ha bajado la guardia. ¿Crees que no he visto cosas en mi vida? No eres más que un niño que ahora mismo solo está jugando a las casitas felices, pero tarde o temprano te darás cuenta de lo que es la vida misma, muchacho. Ha pasado demasiado tiempo, hicimos un trato, y no lo estás cumpliendo. — Sus piernas se cruzaron, su mano libre, ahora, rebuscando algo en uno de los bolsillos del abrigo de su traje, retirándolo lentamente. Lo bueno era que, sin darse cuenta, acababa de revelar que debía tener cuidado con las emociones de la muchacha, algo que claramente tendría en cuenta. —Si tanto dices que te protege, ahora mismo no la veo en esas condiciones. — Su mano libre ahora viajó hasta su bolsillo, retirando la característica pequeña caja de metal que había traído consigo, donde siempre llevaba la cuenta de sus cigarrillos, donde siempre tenía todo perfectamente alineado, pensativo. Pronto lo reacomodó de vuelta —Y su vida está en mis manos. Y ya te lo he dicho, el tiempo corre, Owen.  Así que no hables del bien de ningún pacto. — Retrocedió ligeramente su espalda, manteniendo la mirada fija en el joven. —Además, si mañana traigo la cabeza de tu querida madre, no podrás decirme que no es algo que no hubieras dicho tú mismo por tu propia boca. Todos se acaban arrepintiendo de sus palabras, Owen.

No iba a apartar el arma, no al menos mientras estaba viendo la amenaza en el contrario. Por el contrario, seguiría jugando con los dedos usando la daga, para que pudiera apreciar el peligro inminente, que cuando él quisiera podría terminarlo. No temía, no era alguien a quien tuviera aprecio. —Es irónico que haya tenido que descubrir el contacto con Uker mediante tu querida… ¿prometida? — la sola palabra le repugnaba. Volvió la mirada hacia la muchacha, inconsciente. Belleza no era algo de lo que careciera, desde luego, pero nunca podría comprender esa cosa… eso que algunas personas parecían cuidar tanto. ¿Amor, se llamaba? La sola palabra le provocaba arcadas. Solo lo tenía como otra forma de debilidad.

—Jensen Valentine, al fin algo nuevo. — volvió la mirada hacia Owen, ahora sí, retirando el arma. No por la petición del pelirrojo, sino porque a él mismo ya no le apetecía seguir poniendo bajo amenaza de un arma blanca a la muchacha. —Ocupado has estado perdiendo el tiempo con cosas estúpidas, y no es algo que planteamos cuando hicimos el trato. — En ese momento, al menos bajo su conocimiento, la muchacha no parecía existir en la vida del joven. Elevó la daga, en alto, solo para reacomodarla de nuevo en el mismo bolsillo de su abrigo que lo tenía oculto, el lado izquierdo. —Sin embargo, te pedí encontrar debilidades, de Maki y de Uker, pero es mejor eso que nada.  — Sus ojos se elevaron, poniéndose en pie, ahora dejando a la muchacha tranquila, sin más amenazas, pero terminando de reacomodar mejor el arma en el bolsillo. Por supuesto, tenía la guardia alta, no esperaba que el chico no fuera a reaccionar una vez más con agresividad.

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—Otro consejo para ti. No finjas saber más de lo que no sabes.

Apartó su mano, elevando la mirada de nuevo hacia el joven, con calma. —Porque por mucho que parezca desconocer de ella, tú tampoco lo haces. ¿O acaso crees que todo es tal y como te muestra? ¿Crees que, igual que tú, no tiene secretos? — obviamente, hablaba como si conociera, como si supiera. Había investigado antes de aparecerse delante de ella, pero no iba a brindarle la opción de saber qué conocía o qué no, del mismo modo que no lo había hecho con la muchacha. Solo conseguiría la misma sensación; hacer creer que conocía a la persona más de lo que aparentaba. —¿Qué tal si tú también investigas un poco sobre esta chica por la que tanto estás dispuesto a vender la vida de Moira? Ni siquiera pareces ser capaz de hablarle de tu familia si tanto "la quieres". — Sus pasos se acercaron ahora al joven. A la vez que había guardado el cuchillo, había retirado un pequeño frasco con un líquido en un tono rojizo. —Por lo que a mí respecta, ni ella se ha podido proteger de mí, ni tú la has podido proteger a ella. Tengo muchas formas de dañarla que ni te podrías imaginar en tus peores pesadillas. Ni siquiera sabes cómo la dejé inconsciente, o si el veneno podría estar matándola ahora mismo poco a poco mientras pierdes tu tiempo con charlas innecesarias. ¿O no quieres saber qué tiene este frasco? ¿Hm?

Sus ojos ahora lo miraban con mayor amenaza. ¿Qué contenía ese frasco? Lo dejaría bajo la imaginación de Owen, pero quería darle claramente a entender que podría ser un “antídoto”. Era pequeño, suficiente para poder tomar la zona cubierta por una tapa con los dedos índice y corazón. Jugueteó con el pequeño frasquito, como si lo fuera a soltar, solo para sujetarlo en el aire en apenas segundos, ocultarlo en su propia mano. La amenaza se dibujaba en sus ojos normalmente apagados.

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—No te atrevas a desobedecerme, ni jugar con nuestro trato de nuevo, Owen.

Apretó más la mano que contenía dicho frasco, como si lo pudiera romper en ese mismo instante, calculando la fuerza justa para no destruirla. —Igual que ella tendrá secretos sobre ti, tú no dejarás de ser el mismo crío inocente y malcriado que cayó bajo una estúpida trampa. Una, y otra vez. ¿Crees que la bondad que muestra la señorita Gwendolyn es genuina? ¿Realmente crees que todo son flores y rosas? A estas alturas ya deberías haber aprendido algo, y más cuando te lanzaron como a basura en el mar, pero no aprendes. — una pequeña lección de vida. Que hiciera lo que quisiera, por supuesto, pero precisamente por no conocer suficiente a la muchacha, era que su propio trato con Moira se estaba viendo afectado. —Ten cuidado de los pasos que das, Owen. No siempre pueden garantizarte que vas por el buen camino. Si has estado dispuesto a dejar morir a tu madre, mañana podrías ser tú el que decida recurrir al suicidio si ella lo deseara. — descendió entonces la mano que contenía el pequeño frasquito, sin apartar la vista del contrario. —Si quieres que te lo dé, tendrás que prometer que fingirás no saber qué ocurrió aquí. Gwendolyn creerá que será un cansancio, y tú no tendrás que tener el miedo de saber que en unos minutos deje de respirar. — Porque si había algo que no le gustara era no tener el control de las cosas.
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#18
—Además, si mañana traigo la cabeza de tu querida madre, no podrás decirme que no es algo que no hubieras dicho tú mismo por tu propia boca. Todos se acaban arrepintiendo de sus palabras, Owen.

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-Eres un cínico, ¿Lo sabías, no?-

La mirada del pelirrojo no dudó en desviarse. Al mafioso, ciertamente, parecía encantarle mantener esta situación de rehén donde Owen no tuviese más opciones que subyugarse a un orden al que lo había hecho con antelación; Sí, es verdad que la vida de Gwen pendía de un hilo con esa navaja que podía escaparse en un instante sobre su garganta, pero el chico sentía tener un poco más de control en la situación al saber todos los nuevos acontecimientos que habían ocurrido.

Sin más dilación, el hombretón de mirada fría creía que no tenía al muchacho atado de pies y brazos cuando, ciertamente, una de sus mayores frustraciones eran la inminente despedida con la que era, en su corazón, la mujer que más quiso en lo que él recuerda. Inclusive el hombre colocaba sal en la herida, diciendo que los conocimientos que pudiese haber adquirido de Uker Rackham no hubiesen sido obtenidos por el propio Owen, sino, "de su prometida" -...maldito cabrón.- porque tal vez no supiese exactamente lo que Gwen pudiese hacer, pero sí parecía haber estado investigando qué nexo tenían ambos. Los puños del chico se apretujaron, al igual que una expresión en la que fruncía su ceño, se marcaba al seguir siendo "castigado" por "su ineficiencia". Aunque sea, el dato de la existencia de Jensen Valentine si era nuevo y relevante (Y cierto) -¿No te basta con que pierda una vida feliz,- levantó el brazo, acusadoramente, señalando a la mujercita desmayada -con ella, por tu caprichito?- el pelirrojo siempre había sido contestador y desafiante, pero lo que le estaba sacando de quicio era la falta de palabra de alguien que parecía querer aprovechar el agarrar su punto débil en presente en su contra simple y llanamente "para demostrar algo". Era desagradable y rastrero, pero hasta que no soltase el filo, ciertamente, no podría hacer demasiado más que simplemente mantenerse como observador y oyente de la extorsión presente.

—Por lo que a mí respecta, ni ella se ha podido proteger de mí, ni tú la has podido proteger a ella. Tengo muchas formas de dañarla que ni te podrías imaginar en tus peores pesadillas. Ni siquiera sabes cómo la dejé inconsciente, o si el veneno podría estar matándola ahora mismo poco a poco mientras pierdes tu tiempo con charlas innecesarias. ¿O no quieres saber qué tiene este frasco? ¿Hm?

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-El que se metió a sí mismo de rehén en esta situación has sido tú. Si ella muere, yo te voy a matar. Si ella se despierta, te matará ella. Gwen es demasiado poderosa, no es normal. Te lo estoy avisando.-

Había algo dentro de Owen que comenzaba a florecer; El muchacho tenía una capacidad intrínseca para poder observar las mentiras. Pequeños gestos, mínimos movimientos de la ceja, algún desvío de vista tan imperceptible como si fuese de un solo fotograma, algo le hacía creer que habían ciertas amenazas vacías con respecto al contenido del líquido, queriendo dar opciones que eran meramente inexistentes. No es que el muchacho tuviese el control de la situación, es que, con Gwen en brazos, ESTABA controlando la situación, y más cuando sus ojos celeste brillante veían el jugueteo con aquel frasquito con el que continuaba el apriete hacia el pelirrojo -¿Quién te está desobedeciendo?- le gustó decirle "cabrón", pero se mordió la lengua al final mientras se quedó erguido y fruncía el ceño, observando cómo la mano pálida y masculina del mafioso marcaba sus músculos y venas. Parecía estar molesto, más por ver como Owen, sin tapujos, no parecía ceder -Si tu objetivo desde siempre fue ser mi padre,- le contestó casi de manera automática a la primera sentencia del mafioso, dando un peso hacia adelante con muchísima firmeza -y darme sermones, ten por seguro que no funcionarán conmigo.- sus ojos brillantes, despiertos, aún molestos, viajaron hacia el rostro de la chica de la que estaba total y profundamente enamorado -Antes sí, hace semanas. Ahora, ya no.- porque su corazón ya posaba tranquilo. Él, incluso, había asumido su sentencia de persecución a aquellos dos de los cuales no les interesaba ni en lo más mínimo su bienestar: Uker y Maki, pero cumpliría, incluso, por su madre aunque ella nunca lo hubiese querido.

—Si quieres que te lo dé, tendrás que prometer que fingirás no saber qué ocurrió aquí. Gwendolyn creerá que será un cansancio, y tú no tendrás que tener el miedo de saber que en unos minutos deje de respirar. —

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-Deberías dejar de subestimarla, y de subestimarme.-

Su respuesta fue determinante, casi instantánea, no cedía su expresividad firme pero totalmente molesta -Sé que, en el fondo, estás mintiendo. Estás intentando intimidarme para que me sienta más atado a ti. En cuanto suba al barco me comunicaré contigo para contarte cada paso,- empezó a caminar hacia adelante, muy lentamente, sin quitar el contacto visual y teniendo que elevar ligeramente la vista por la diferencia de altura de manera progresiva -cada respiración,- hasta quedar a menos de medio metro del mafioso, estático, con ambos puños cerrados y listos para que vuelen en la dirección que sea necesaria -y cada movimiento que hagan esos dos. Así que, suéltala. Es la cuarta vez que te lo repito.- y, casi sin siquiera pestañear, concluyó.

-Porque parece que en cualquier momento va a despertar por sí misma.-
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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#19
Se escuchan las campanas de la tarde, el aroma del desinfectante y los antisépticos, el sonido de gente distante, que habla de algo. Una charla que escuchó por un segundo antes de volver a quedarse dormida. Todo le pareció tan conocido que se dejó llevar, porque es un día más, un despertar en una cama que tiene aroma a detergente barato, mientras el incienso lo acompaña.

¿Dónde estaba entonces?

En la camilla fría, en la sala que tiene aroma que no llega nunca el sol. En un sitio que solo aparece luego de dormir en las noches y que desaparece por las mañanas. Como si nunca hubiese existido.

Pero no le gusta.

Abrió los ojos con suavidad y no vio nada, solo sintió el calor de alguien más. En una pose extraña, incómoda, tanto como para asustarla. No recordó lo ocurrido antes, no recordó los meses en Karate o la compañía nueva. Simplemente tomó una bocanada de aire, notando como el cuerpo reacciona a lo sucedido.

—Me quiero ir.

Es la primera oración que sale casi como un susurro, que habría sido una súplica en el pasado, pero ésta vez no fue más que una frase que le avisó al cuerpo que ha despertado, en una costumbre que no le gusta a nadie. Seguro no le agrada ni a Jin o al desconocido del pasado.

—¿Es un sueño, no?

No pudo oírlos, sus sentidos se encontraron confundidos. Por lo tanto no hizo nada más que alzar las manos, encontrándose con la piel de alguien más. La apretó, incrustando las uñas en la piel. Incluso si quiso despertar ella, agarró a alguien más, como si eso fuese a funcionar.

—¡¿YA TERMINÓ DOCTOR?! ¡¿YA TERMINÓ?!

¿Terminar qué? Siempre la hacen esperar a que todo finalice, sin saber lo que ha pasado, pero lo que aparecen son una indicación de que no haga nada hasta la indicación. Que ya despertará y estará mejor.

 —¿Por qué no está rezando doctor?  ¿No va a pedir por mi, como siempre? ¿Se olvidó? ¿Ya no se arrepiente? Pero si la última vez lloró, y tuve que perdonarlo ¿Se acuerda que no me dejó ir hasta que le di el perdón? Pero no recuerdo por qué, haha.  —¿O no lo está escuchando bien? Sus sentidos no se aclararon, por lo tanto no supo quiénes son ¿No va a pedir porque Dios le traiga el perdón? Porque siempre lo escucha entre plegarias, aunque en realidad no siente nada. — ¿Por qué lo tenía que perdonar? ¿Por los demás? ¿Por usted? ¿Por lo que hizo? ¿Por lo que hará?

Usted pida y quizás Dios lo escuchará o tal vez atraiga a algo más, a algo peor.

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—¿SE OLVIDÓ DE PEDIR PERDÓN, DOCTOR? ¡SI ME DEJA IR SE LO DOY YO! 
HAHA

Suena a rabia, la frustración en sus palabras, como si quisiera escucharlo arrepentirse, para encontrar calma en que si algo ha ocurrido, no ha sido por maldad, sino que no existió nunca otra opción.

El frío salió de su cuerpo, es uno que la hizo reír como si hubiese dicho una buena broma, cuando en realidad, nada causa gracia en ese salón. La risa aumentó, es como si le pareciera gracioso, porque lo es.

—Ya no soy la primavera o el sol, doctor ¿Ahora sí me va a abandonar?

¿Ahora sí no servirá más?

No lo soltó, pero su fuerza no fue lo suficiente como para mantenerse aferrada a él. Un tirón es suficiente para que ya no esté junto a él. Aunque en realidad no lo necesitó, rodó con suavidad, soltándose, cayendo al suelo y comenzando a soltar por los labios una sustancia que no pudo ver, quizás es café, tal vez es la medicación.

[Imagen: LZWgswmL_o.png]

— Lo oí doctor, lo oí. Que Dios lo va a matar ¿Quiere saber cuándo será? Pídamelo y se lo diré.

Limpió sus labios con el dorso de su mano, antes de que su cuerpo intentara expulsar una vez más lo que tiene dentro, en una conversación que tal vez ya ocurrió o quizás no.

Y si no es él, seré yo ¿No?

Porque nadie puede vivir un invierno eterno.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#20
Sus ojos, fijos en el contrario, se mantenían igual. No hubo cambio en su expresión, mas sí internamente. Esa confianza era molesta, cargante, repugnante. Desde luego se había cegado de amor ese niñito. ¿Quizás debería ir más en serio la próxima vez que se encontrase con la muchacha? Tal vez arrebatarle un brazo o una pierna lo haría ver qué tan en serio iba él con sus amenazas. No solo las soltaba aleatoriamente, no, desde luego que no. Eso quedaría en lo más profundo de sus pensamientos.

[Imagen: Fa7m6Lo.png]
—Te lo dije la última vez. Miedo a la muerte no le tengo en absoluto.

Ya la había visto de frente varias veces, convivía con la misma de hecho, esperando que en cualquier momento fuera él quien terminara bajo tierra, aunque ciertamente no planeaba morir a menos que fuera después de cumplir con sus propios asuntos. —No digas que no te lo advertí cuando traiga la cabeza de Moira mañana. — su tono era serio, firme. —Y no puedes decirme que no pued-…

—Me quiero ir.

Sus ojos se desviaron hacia la mujer, ¿acaso la dosis del somnífero no había funcionado? No podía ser, estaba seguro que le había dado la correcta. Sus cejas se fruncieron, ¿estaba quizás atrapado? No, requería de algo más para eso. Sintió las uñas de la mujer incrustarse en su propia muñeca. Podía sentir el dolor, el escozor, pero eso no era algo que al yakuza le molestara, por supuesto. Podía ver claramente que esa muchacha estaba ida, no parecía siquiera saber dónde estaba, menos por todo lo que estaba despotricando.

Doctor…

Una pequeña imagen, él en la inmundicia, con ropa rasgada, prácticamente al borde de la desnutrición, una niña a la que ya no recordaba ni siquiera su rostro, tampoco su nombre, una actitud y una mirada tan perdida como la de esa misma mujer, ahora adulta. Sus ojos se abrieron con sorpresa. No podía ser ella… no, ¿Verdad? Ahora era otro tipo de hombre, no aquel niño muerto en vida, no aquel joven que tenía que recurrir al robo, a una iglesia en medio de la nada, a vender su propia humillación. También sintió el brusco cambio de temperatura, el vaho saliendo de sus labios. Estaba paralizado, y no por el frío precisamente, aunque en parte sí que provocaba una reacción en su propio cuerpo. Tiritaba, incluso con su propio traje, por la repentina baja temperatura. Apretó su mandíbula. Cuanto más escuchaba a la mujer, más nítido se volvía el recuerdo, por mucho que odiara admitir algo semejante. Ahora… no podía verla igual. No podía volver a dañarla, no por Owen, no por miedo, sino por aquel recuerdo que poco a poco parecía hacer un eco en su mente. Esa época que, antes de unirse al clan, se había propuesto no volver a recordar nunca más. Su rostro, cargado de confianza, se suavizó. Podía sentir la sangre en su propia mano, cómo la misma posiblemente como siguiera así se iba a congelar. No. Ahora las cosas habían cambiado.

[Imagen: 5cftYKd.jpg]
—El doctor ya no está aquí, señorita.

No dijo su nombre esta vez y aunque lo pronunciara… ¿siquiera sus palabras llegarían a ella? Lo dudaba. Los dos habían cambiado, uno para mal, otra… ni él mismo lo sabía ahora mismo. Instintivamente la vio descender, caer de nuevo y él mismo la ayudó, lejos de la falta de la preocupación inicial, ahora sí la ayudó. Comprendió que la sustancia no había funcionado porque no le dio tiempo a activar todo el sistema completo, aunque la mente sí parecía estar suficientemente difusa. —Dios necesita que descanse, señorita. Dios va a cuidar de usted. — Frase que quizás hubiera mencionado en esa época, quizás no. En aquel momento no poseía ni siquiera un apellido, solo un nombre, incluso si manchaba los zapatos que costaban más que cualquier paga mensual.

Elevó su mano, ahora con su propia mente más confundida. Estaba claro que el brusco cambio de temperatura no era algo que se hubiera dado por casualidad. Por suerte, todavía estaba demasiado débil para controlarlo, o quizás todavía ni controlaba aquella magia. ¿Una fruta? Tomó la mano que lo sujetaba con tanta firmeza, su muñeca ahora sangrando, pero no hubo reacción negativa, siquiera se llegó a apartar, demostrando a Owen por qué no temía al dolor ni a la muerte. Él mismo usó su otra mano para sostener la ajena, apartándola de la muñeca donde sus uñas se incrustaban, como si estuviera verdaderamente acostumbrado a ello.

[Imagen: MjqUPZK.jpg]
—Owen.

No lo miraba directamente, solo a la chica, mientras terminaba de ponerse en pie. El frío sí lo estaba afectando, posiblemente incluso si atacara sus movimientos se verían relentizados, pero ahora no buscaba ser hostil. Aquello estaba muriendo por el vago recuerdo del pasado. —No volveré a tocarla. Puedes estar seguro de ello. — ¿Siquiera tendría el valor de acercarse a ella de nuevo? No lo sabía, eso sería una respuesta que el propio tiempo iba a revelar. Se puso en pie, tomando a la mujer con cuidado, acomodándola de nuevo en el sofá, tomando un pañuelo, uno viejo, mucho más de lo que quería revelar, para limpiar sus labios. Ella no lo vería, pero él sí. Se puso en pie, su cuerpo todavía temblando, y pasó de largo incluso con Owen. No le gustaba revivir el pasado, asuntos que pensaba que había zanjado. Se acercó a la puerta principal, abriéndola, sintiendo el sol exterior brindarle un poco del calor que había perdido, mas no el suficiente para retomar su temperatura, eso quizás lo llevara más tiempo. —Cumple tu maldito trabajo, y no sigas perdiendo el tiempo. — Su voz ahora sonaba más suave, pese a que la amenaza estaba claramente implícita. —Tienes razón, solo es un somnífero. Cuando despierte ella se sentirá descansada. No está herida, no es perjudicial. — Ni siquiera se molestó en revelar el contenido del frasco que le había mostrado, ahora no estaba para esas cosas. Sabía que tenía que poner su propia cabeza en orden. Salió dando un portazo. Su mano, ahora temblando por el frío, o lo que podría creerse frío, buscó la cajita de metal, abriéndola. Observó en silencio la línea de cigarrillos una vez más. El anterior se habría perdido por la casa tras el golpe que había recibido. No lo pensó, tomó uno, lo encendió, dejando atrás esa casa, el jardín, las flores y, ahora con peor humor, su propia cordura.

No podía ser la misma persona. Solo conectaba hilos innecesarios. ¿Verdad?

¿Verdad?
[Imagen: bTjgVIr.png]
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