Angels & Sailors (Pasado — Gwen)
#11
Pese a lo nuevo que le resultaba que Gwen tantease su rostro para entender sus facciones, buscó quedarse lo más estoico posible en pos de que ésta pudiese entender la geografía de su silueta. No obstante, no pudo esconder la sonrisa tímida y una ligera risita que se escapó cuando ella pensó que era mayor. — Tengo veintiocho años, soy un poco mayor que tú me imagino —Aclaró, pues era un poco más joven que Alana pero era la más cercana a su edad en toda la tripulación. Entonces con un último trago se terminó su termo de café, y dejo el mismo en el suelo para entonces asentir.

De verdad creía posible la recuperación de la vista, o mejor dicho, la obtención de la misma pues ella nunca había visto pero... De momento, Eros sabía que no se trataría de una fruta la que lo haría capaz. Pues las frutas parecían siempre venir con pegas en el camino, detalles particulares nunca milagros sino más bien maldiciones curiosas.

— Conque frio eh... —Odiaba el frío, pero no se lo dijo porque no la odiaba a ella y pensaba en ese punto que nunca podría hacerlo. — Te voy a mostrar la mía —Con timidez tomó las manos de la joven suavemente para levantarlas a la altura del pecho de la misma, las rodeó con las propias. — Cuando yo le diga baje las manos hasta el suelo ¿Si? —Era fundamental para poder entenderlo. Entonces, se convirtió en su forma completa.

Veinticinco centímetros en frente de ella, igual de ciego que ella. Con su pelaje oscuro, y su nariz olfateando el aire que ahora podía percibir con más detalle. — Aquí estoy... Cuando me convierto tampoco puedo ver, tengo que guiarme por el olfato y el tacto —Le explicaría finalmente moviendo sus bigotes a la vez que las palabras escapaban de su trompita.

Era un topo, y no le molestaba en lo absoluto pues en parte le ayudaba a entender el mundo de la misma manera que su amiga. Ciego y con una habilidad natural para cavar, parecía que el mismo Dios al que Gwen le rezaba se había burlado de él, o quizás la fruta había resonado de alguna manera buscándolo. Lo cierto era que el destino operaba de formas graciosas.
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#12
—Pues tengo veintidós, supongo que sí eres mayor que yo — pero también hay algo en la manera de vivir que indica que lo ha hecho más. Conoce más, sabe más, su mundo no es un oscuro pasillo lleno de obstáculos, además que su cuerpo no ha crecido de la mejor manera, siempre menudo, como si se fuese a romper — ¿Me veo mayor? — porque en realidad su apariencia siempre fue indiferente y la edad un número que nada más implica el tiempo que lleva queriendo a Dios. Pero ahora todo es tan distinto que no hizo nada más que suspirar, porque la vida ha dado tantas vueltas, que se sintió mareada en ese instante como para pensar más.

—¡Está bien! — juntó sus manos con suavidad, la punta de sus dedos, en una espera que la mantuvo sonriente. Se preguntó qué irá a sentir, qué es el secreto que Eros esconderá luego de tanto tiempo juntos, porque hasta ahora no le ha mostrado lo que es. Esperó la señal y como si fuese una carrera se agachó, usando sus manos para palpar aquello que le ha dicho.

Lo sintió, es algo suave que la hizo retirar la mano inicialmente, porque inicialmente eso no estaba ahí ¡Es Eros! Tiene otra forma y no es una estrella — ¿Qué eres ahora? — porque no conoce todos los animales, solo aquellos que ha podido tocar en el pueblo y un poco más — Así que tampoco puedes ver así… ¿Te angustia? — acarició el tomo con cuidado, como si se fuese a romper, cuando en realidad es al revés.

—¿No ver, da miedo? — porque la gente siempre habla como si fuese lo peor del mundo y para ella es una realidad. Es vivir en la pesadilla de otros, sin saber qué tan bueno sería el mundo de otra manera. — No es tan malo, porque a veces hay cosas que mejor sería si nunca las viéramos ¿No?

Intentó tomarlo con ambas manos, sintiendo como el peso para ella es mucho — Para ser tan chiquito estás algo pesado — lo dejó sobre la cubierta, resignándose, como si fuese una niña que no puede robarse la mascota del vecino — Al menos somos parecidos… me gustaría decir que me alivia — apretó los labios y sintió picazón en la nariz, porque ¿Es egoísta decir algo así? ¿O está bien? — Pero no quiero que nadie lo viva, es un peso que nadie debería cargar.

¿Por qué entonces cuando es ella está bien?

¿Por qué cuando las cosas le ocurren dan igual?

—¿Qué más puedes hacer? Sorprendente que te vuelvas un… un conejo sin orejas — porque no le ha dicho qué es o no lo recuerda. No se parece a un conejo, pero es más similar a eso que a un gato o a un perro ¡Ah ya recuerda! — O a un ratón. Como un ratón especial… ¿T-Te dije que no conozco mucho del mundo?

Es obvio que gran parte no lo ha visto, pero el resto del mismo no se lo han dicho.

—Pero he estado aprendiendo. Espero en algún momento no tener que consultar cosas simples, antes la ignorancia no me avergonzaba, pero ahora…

Dejó un silencio, uno que la hizo abrir los ojos, unos que no tienen brillo o ven nada.

—Ahora me hace sentir más incompleta que antes.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#13
Eros dejó escapar una risita en respuesta a la reacción de la muchacha. Entonces volvió a su forma humana, haciendo sonar los huesos de su columna con un movimiento redondeado de su cadera y finalmente hizo sonar sus nudillos. Siempre que cambiaba de forma ahora le gustaba hacer eso, sentía que era una pequeña manía que ahora tenía, y le resultaba curioso cuan fácil uno podía adoptar hábitos. — Un topo, soy un topo —explicó en respuesta, pero ser un conejo sin orejas le resultaba peculiar y hasta acertado. En muchos aspectos se sentía uno, brincando de un lado a otro, nervioso y atento. Perder las orejas podrían ser el gaje de muchas batallas, de muchas noches.

— No me dio miedo no ver, me permite olfatear el mundo y sentir las vibraciones debajo mío. Cuando pierdo un sentido puedo entender otros con más atención, supongo... No se si te pase lo mismo, o sea solamente un detalle de ser un topo pero... Me resulta irónico —Su mano se posó sobre la cabeza de la muchacha, era la primera vez en su vida que Eros tocaba a alguien que no fuese un familiar por voluntad propia y sin ningún ápice de violencia. Entregó una palmada suave en su flequillo, una caricia tierna. — El destino quería que nos parezcamos un poquito, y eso me alegra, se que no lo deseas pero todo lo que me permita entender el mundo como tú... Lo agradezco —Asintió antes de bostezar con profundidad, entonces caminó por la cubierta para tomar su ataúd.

Lo arrastró hasta ellos, tomó asiento en el centro tomando la tapa del mismo con la zurda. — Bueno... Creo que debería dormir un rato... En los sueños no nos da sueño, pero al menos eso nos indica que efectivamente no estábamos soñando, ¿Eh? —Era bueno poder confirmarlo despues de todo. Nuevamente dejo salir una risa tímida. El sol estaba apareciendo en el horizonte, y era señal de que su momento de descansar había llegado, una de sus tantas siestas. Era el único de la tripulación que dormía a base de siestas de dos o tres horas, sin ocupar ocho horas de descanso de corrido. A sus propias palabras, era una forma de optimizar el tiempo del día ¿Ante el entendimiento del mundo? Solamente un loco más.

—Buenos días Gwen, y buenas noches. Gracias por compartir la noche conmigo, si me cruzo a Gwen de mis sueños... Le voy a dejar tus saludos —Entonces cerró el ataúd anunciando su momento de irse a la cama.
[Imagen: xNGUFie.png]
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#14
Un topo, un animal del cual jamás ha oído y que por primera vez escuchó, incluso lo tocó. Sonrió con suavidad, en un gesto divertido — Podrías enseñarme más animales a futuro — para no hablar a medias, inventando cosas que no son, en un intento de comunicarse con los demás. No hizo nada más que permanecer en la espera de una respuesta que llega.

No le da miedo.

No es abrumador a pesar que debería. No hay angustia, como si solo probara un poco de lo que siente, lo justo como para saber que en algún momento la luz y los colores volverán ¡Qué perfecto debe ser eso! Es cerrar los ojos un largo tiempo, esperando que cuando los vuelva a abrir, no exista nada más que un cielo azul, sin nubes y buen clima. — No, yo no puedo hacer eso, lo siento — movió su mano derecha, la acercó a su propio oído — Pero puedo escuchar bastante bien. Algo es algo ¿No? — se reconfortó en que quizás si le falta algo, puede compensarlo con otra cosa, como si fuesen equivalentes, cuando en realidad nunca lo será. — De todas maneras, creo que… me puedas entender me hace un poco feliz — escondió la sonrisa detrás de un gesto que intentó ser solemne, pero que terminó con ella tapándose los labios con su mano para no demostrar la alegría que viene con la oscuridad de alguien más.

El gesto cariñoso no le fue indiferente, pero no hizo nada al respecto, simplemente se quedó quieta esperando que termine en algún momento. Guardó la sensación, la escondió en un sitio que tal vez en un momento pueda traer al presente en sus recuerdos, un consuelo para tontos, pero que ahí se lo encontró.

—Buenas noche Eros — buscó algo para ubicarse en el barco, cuando su mano finalmente tocó la baranda no hizo nada más que palparla — Espero que la Gwen de tus sueños no quiera tirarse al mar también — una risa aligeró el ambiente, uno que no tomó densidad, pero sí un poco de tensión — O estoy segura que saltarías ¿O me quivoco?

La pregunta es ¿Se hundirá en sus sueños o será libre en ellos?

—Duerme bien.

Y dulces sueños.

Pero no tan dulces como para que no quieras volver.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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