El Norte de Sorbet es célebre por su población de élite: nobles, magnates y familias acaudaladas que viven rodeadas de lujo y comodidad. Su estilo de vida es tan ostentoso que, en comparación, el Sur de la isla parece poco más que un vertedero personal a los ojos de estos privilegiados. Entre todos los señores y aristócratas que residen en esta región, uno en particular ha llamado la atención recientemente. Se trata de un prominente noble que, tras regresar de uno de sus viajes, afirma haber obtenido un objeto de valor incalculable, algo tan extraordinario que ya se ha convertido en el tema de conversación en reuniones, banquetes y pasillos del Palacio Real. El más joven de la acaudalada familia Legrand, Christoph Legrand, había regresado recientemente de una isla del North Blue, cargando consigo el objeto más valioso obtenido en la subasta que motivó su viaje. Como era de esperarse de alguien de su posición, su ego no tardó en inflarse, y comenzó a presumir su adquisición dentro de sus círculos más íntimos, sin embargo, en Sorbet la información viaja con una velocidad sorprendente, bastaron apenas unas horas para que el rumor se esparciera por toda la isla, alcanzando no solo a los nobles curiosos, sino también a rateros, contrabandistas y delincuentes de toda clase, pronto, todos sabían que en la mansión Legrand reposaba un artefacto de enorme valor, una tentación demasiado grande para pasar desapercibida. Pero la familia Legrand no es ingenua. Ninguno de sus miembros lo es. Previendo que su nueva adquisición despertaría codicia, contrataron a una veintena de guardias de absoluta confianza para vigilar la mansión desde todos los flancos. Nadie podía entrar ni salir sin someterse antes a una inspección minuciosa, con semejante despliegue de seguridad, cualquiera que siquiera pensara en infiltrarse para robar el preciado artefacto estaría condenado al fracaso, a menos, claro, que fuese lo suficientemente astuto como para burlar a los Legrand. La imponente mansión se alzaba majestuosa en el corazón del Reino de Sorbet, destacando entre la blancura invernal como una joya arquitectónica. Sus tejados empinados y torres puntiagudas estaban cubiertos por una fina capa de nieve que brillaba suavemente bajo los tonos morados y anaranjados del crepúsculo. Las calles empedradas que la rodeaban reflejaban la luz menguante, mientras las casas vecinas también coronadas por nieve completaban un paisaje pintoresco, casi silencioso, donde el frío parecía envolverlo todo.
Mansión Legrand
En el centro de esta escena, la mansión imponía respeto con su porte noble. Las múltiples ventanas, enmarcadas con una elegancia sobria, coronaban una fachada impecable que culminaba en una gran puerta principal, tan robusta como refinada. Sobre ella, un escudo heráldico tallado con precisión exhibía el emblema de la familia: una “L” intrincadamente entrelazada con una rosa. Sus pétalos tallados y las espinas ocultas sugerían no solo linaje y belleza, sino también una advertencia: el poder de los Legrand no era meramente ornamental. Rodeando la propiedad, una veintena de guardias mantenía un perímetro casi impenetrable. Vestían impecables trajes negros de corte formal, y unas discretas, pero imponentes gafas de sol ocultaban sus ojos incluso en la tenue luz del atardecer, otorgándoles un aire enigmático y severo. Cada uno sostenía una larga lanza con la firmeza de quien no duda de su propósito. Sus expresiones eran pétreas; sus posturas, disciplinadas; su silencio, casi ritual. La mera visión del conjunto bastaba para dejar claro que la mansión Legrand no era un lugar fácil de acercarse, mucho menos de vulnerar.
En la entrada del sector norte de Sorbet, un pequeño grupo de ciudadanos de baja alcurnia murmuraba con entusiasmo. La conversación giraba, como era de esperarse, en torno al misterioso objeto traído por Christoph Legrand. Cada uno tenía su propia teoría: algunos aseguraban que se trataba de un collar único, otros hablaban de una reliquia antiquísima rescatada de un reino perdido, y no faltaban quienes afirmaban que era un artefacto científico capaz de curar incluso la peor de las enfermedades. En realidad, nadie sabía nada. Solo eran rumores, exageraciones y deseos disfrazados de certezas. Mientras las voces se entremezclan entre sí, tú, Ryan, pasas justo por ese lugar. ¿Qué te trae aquí? ¿Por qué caminas por la entrada del Norte, donde la nobleza y la vigilancia son constantes? Esa respuesta solo la puedes dar tú.
Infobox
Resumen
Te indico un poco de la isla, tambien de la parte norte de la isla, sobre el objeto aun no te daré detalles pero conforme continuemos la aventura te iré diciendo. Mientras tanto puedes narrar el porqué estas en ese lugar, si es que acaso buscas algo o alguien, o si tu eres de aquellos que fue atraido por el misterio de ese artefacto.
Leeme
Para mi es todo un placer el narrarte una aventura y espero que te diviertas lo suficiente.
Al ser una tier 1, corregiré tus fallos y te comentaré como mejorar siempre que pueda.
09-12-2025, 05:31 AM (Última modificación: 09-12-2025, 05:39 AM por Ryan.)
Oh el reino de Sorbet, una mezcla de lujos y excesos para la clase elite, mientras que para los pobres imbéciles de los pobres no era más que una mezcla de culpa y de creencias, días atrás había sucedido un asesinato en aquella iglesia y aunque se había corrido la voz, jamás logre oír una sola palabra de parte de los ricos de aquella zona, ni un pio del tema. A lo cual sentía un asco terrible, había matado a alguien con mis propias palabras y sus pesares no eran más que una fría ráfaga de viento en mitad del bosque, que nadie jamás escucharía gritar… Es mas las noticias del mas joven de la familia Legrant habían ensuciado y terminado de sepultar aquellas noticias, como si una avalancha de aquella fría y asquerosa nieve que había votada en el jardín se tratase, a nadie le interesaban ya, como si fuese cosas del pasado y hubieran acabado ya conmigo el asesino, cosa que estaban lejos de hacer… Es más, a pesar de la nevada que había ocurrido hace unos días, mi determinación estaba férrea robar aquella extraña reliquia que tanto se divulgaba por el lugar, atrayendo miradas inescrupulosas como la mía, envueltas en una red de secretismos y misterios que pocos podían dilucidar, sería que me dirigiría entonces a aquella mansión, miles de espectadores esperando escuchar cual era ese semejante trofeo que resguardaban esa veintena de guardias.
-Si algo está claro, es que hay que trabajar para conseguirlo. – Me diría a mí mismo susurrándome mientras me servía distintos vasos de un ponche sin azúcar, después de todo, hoy día no seria el hombre libre que era, sino un simple niño rico que llevaba su extraño capa… El disfraz era simple y rudimentario, había comprado con anterioridad un conjunto de ropa elegante, un traje con esmoquin que me haría lucir como un auténtico ricachón, si es que alguna de las prendas no estuviese ya robada y falsificada. Sumado a que, mi antigua capa que, aunque bastante elegante y mortal, me hacia parecer extranjero, eran la cortada perfecta, hoy no seria pues Ryan, sino el dueño de una empresa de exploradores de Centaurea en busca de inversores… O bueno, el hijo de si es que se fijaban demasiado en mi maldita edad.
Con lo cual, había logrado inmiscuirme entre aquellos hombres ricachones que se encontraban igual de preocupados porque había dentro del lugar, mi objetivo sería hallar no solo como entrar a aquel lugar sin llamar la atención de la veintena de guardias, sino, además poder identificar quienes podrían comprar semejante reliquia, solía ser común que la gente tuviera enemigos, y no creo fuese diferente para los ricos.
Con eso dicho, empecé a caminar viendo los distintos aperitivos, pero aprovechando mi buen oído, sería que empezaría a escuchar las conversaciones ajenas, intentando aparentar que aun veía que alimentos llevarme rápidamente para no molestar, captando todo tipo de conversaciones en realidad, sería así como lograría oír a lo lejos a algunos de los ricos que enojado por no tener aquella reliquia en sus manos… Acercándome a hablarle con una sonrisa complaciente.
Karmas usados y a tener en cuenta
Usados
-Sentidos aumentados: oido
A tener en cuenta:
-Trauma: miedo a morir congelado (Si me cae nieve cerca me asustare)
-Timido (Lo roleare siendo excesivamente directo)
-Valor sentimental (llevo una bufanda azul)
—Todos están hablando de eso. No hay un solo alma que no quiera saber qué es esa reliquia que trajo el más joven de los Legrand —comentó un hombre de gran estómago, vestido con ropas elegantes y luciendo un monóculo que brillaba con la luz del atardecer. —Dicen que costó una fortuna. Si pudiera ponerle las manos encima, yo mismo evaluaría su verdadero valor —añadió un anciano igualmente bien ataviado. Su bigote extravagante, acompañado de una barba perfectamente uniforme, le daba un aire de excéntrico coleccionista. El tercero de los presentes, apoyado con elegancia frente a la mesa del buffet, sonrió con una confianza casi insultante. Era joven, de poco más de veinte años, rostro casi perfecto y una delgada cicatriz en la mejilla izquierda que, lejos de restarle atractivo, parecía acentuarlo. —Pues yo sí me pondré manos a la obra. Esa reliquia será de la familia Gundalf, tarde o temprano. Ya lo verán y lo mejor de todo es que no tendré que mover ni un dedo —dijo con una seguridad que hacía evidente que tenía un plan o, al menos, creía tenerlo. Es en ese momento cuando tú entras en escena. Vestido con atuendos propios de un noble menor suficientemente elegantes para pasar desapercibido entre la élite, pero sin el prestigio que ostentan las grandes familias, te mezclas con el grupo como si fueses uno más. Desde esa posición privilegiada, alcanzas a captar cada palabra de la conversación. Todos han dicho algo relevante, cada cual, con sus propias teorías y deseos, pero hay algo que llama especialmente tu atención. El más joven del trío, el de la familia Gundalf, no solo hablaba con seguridad, sus ojos reflejaban la intención clara de alguien que ya tiene un plan trazado. No expresaba simples deseos o fantasías de poder; lo suyo sonaba a certeza. Mientras los demás especulan, él parece dispuesto a tomar la reliquia y, lo que es peor, sin mover un solo dedo. —Hohoho—El anciano del bigote excéntrico soltó una risa profunda, casi musical, ante el comentario del más joven. Su bigote se arqueó con elegancia cuando alzó el mentón para mirarlo desde arriba —Guillermo, sobrevaloras demasiado a esos ladronzuelos de poca monta que emplea la familia Gundalf. — Lo dijo con brevedad, sí, pero cada una de sus palabras cayó con la precisión cortante de una hoja bien afilada. —¡YAGAGAGAGA! —El hombre de la prominente panza estalló en carcajadas, como si las palabras del anciano hubieran golpeado directamente la caja de resonancia de su humor. Su risa reverberó entre los presentes antes de que recuperara el aliento para hablar—Antes de que uno de tus ladronzuelos ponga un pie frente a la mansión Legrand, ya estaría hecho trizas por sus guardias. — Había una seguridad aplastante en su tono. No era una exageración ni un simple rumor, ambos parecían estar plenamente al tanto del férreo sistema de protección que rodeaba la mansión Legrand.
Hombres hablando
Entonces comprendes que este es el momento perfecto para intervenir, permanecer demasiado tiempo de pie, escuchando tan de cerca, sería una torpeza imperdonable, estos nobles orgullosos, desconfiados y tan rápidos para juzgar como para condenar, no dudarían en señalarte como un intruso si notaran algo fuera de lugar y aquí, en el corazón del Norte de Sorbet, un solo paso en falso podría significar tu arresto o tu muerte.
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Resumen
Tras lo que narraste continue la escena, ahora con los dialogos de las personas que aparentemente hablan sobre la reliquia y sobre como robarla, obtenerla o quien sabe, tomarla prestada por un tiempo.
Observaciones
Primero que nada recuerda siempre poner un spoiler con el resumen
En segundo lugar que lo has hecho bien, poner un spoiler con los karmas y si hay alguno que sea largo, coloca su descripción para saber exactamente que hace, esto a tu criterio al menos en aventuras.
Instrucciones
Tienes total libertad de comunicarte no solo con ellos tres, sino con cualquier otro npc que consideres que aparece por ahi, solo recuerda que no eres de por ahí y el ser quizas demasiado familiarizado o demasiado alejado podria causar sospechas.
13-12-2025, 03:19 AM (Última modificación: 13-12-2025, 03:23 AM por Ryan.)
Mis oídos nunca fallaban y lo sabía, aquellos sujetos estaban confabulando como solo ellos podían hacerlo… Sino fuese, porque yo ya había estado dentro de círculos así en mi situación de pirata estaría asqueado de lo que estaba mirando ¡Casi tanto como ellos lo estuvieron de mí! ¡Jaja! Sabia lo que gente como ellos hacían, y aun así ahí estaba. Asqueado como cualquier otro, pero sabia que mi papel no era ser el bueno de la película, en especial sabiendo que ya habría matado gente inocente, pero no era momento de pensar en aquello.
-Disculpen señores. – Les diría en cuanto fue el momento de actuar idóneo, mientras tocaba mi hombro en un impulso de mi recurrente tic por mantener la calma - ¿Acaso usted sabe que aquellos guardias se ven fuertes no? – Expresaría haciéndome el idiota acerca de lo que habría escuchado o no, pareciendo un simple cotilla de los tantos que había por aquí a primera mano - Porque parece tener un plan bastante solido de cómo conseguirla – Empresaria con una cara seria la cual demostraba parte de mi extraño humor, cambiando para mirar a todos los presentes con una leve sonrisa juguetona que añadiría -Mi nombre no será importante, pero puedo asegurarle que la consiga lo antes posible. – expresaría ajustándome aquella bufanda que tanto amaba.
Sabía que, sus respuestas serian variadas, por lo que les daría unos segundos para que todos puedan responder en unos segundos, tal vez empezarían a cuestionarme a que me refería, que, hacia aquí, o simplemente quien mierda era… Pero, los volvería a interrumpir dirigiendo mis dos ojos a aquel hombre de la cicatriz -Les propongo un trato, puedo eliminar a los guardias y desaparecer como un muerto tirado en el bosque… Molestando a Los Legrants mientras ustedes se reparten el botín. – Les explicaría sonriente con un tono lo suficientemente convencido para que se lo creyesen en cierta parte -Pero, quiero un pago por adelantado. – Les sonreiría mirando ahora a todos los presentes -Total, si muero… Soy un hombre prescindible que se ha colado donde no debía… ¿Verdad? – Les diría paseándome por el lugar, caminando por alrededor de la mesa tocándome de nuevo incomodo aquel hombro, pero que mezclado de una buena cara de molestia les diría -Además señores, pueden apostar de cuanto duran, será todo un espectáculo… Y desapareceré dejando nada mas que una leve brisa ¿Tenemos un trato? – Les diría esperando respuesta de aquel hombre de los Gundalf fuese aunque fría, lo suficientemente útil como para trabajar...
De ser asi, simplemente iria a por el primer guardia.
resumen
Ryan se hacerca a la mesa metiendo el dedo en la yaga de que estaba escuchando, para mas tarde dependiendo de su respuesta, seguir laa charla y pedir un pago adelantado por la ayuda.
Los señores acaudalados posaron sus miradas sobre ti en cuanto te acercaste, evaluándote de arriba abajo con la frialdad de quienes están acostumbrados a juzgar el valor de una persona en cuestión de segundos. Habías tenido la osadía de inmiscuirte, sin invitación alguna, en su conversación sobre la reliquia y eso no pasó desapercibido. —Disculpe, jovencito —intervino el más anciano, con una sonrisa tan afilada como falsa —¿no cree usted que es de muy mala educación entrometerse en conversaciones ajenas? —Su tono fue cortés solo en apariencia, la advertencia estaba clara. Habías cruzado una línea invisible, y ahora todos esperaban tu respuesta.
—Creo que todos sabemos lo formidables que pueden llegar a ser esos guardias —intervino el más joven, con una calma que denotaba una seguridad peligrosa —Si tienes alguna información que aportar, toma asiento. — Sus ojos se clavaron en ti durante un instante, evaluándote. —No he tenido el gusto de escuchar tu nombre —añadió, mientras el hombre de la prominente panza seguía devorando los aperitivos con total indiferencia, como si la tensión de la escena no fuera con él.
El silencio que siguió a las palabras del joven Gundalf se volvió pesado, casi sofocante. El anciano del bigote excéntrico entrecerró los ojos, claramente interesado, aunque sin ocultar su desconfianza. No todos los días un desconocido se acercaba a su mesa con la audacia suficiente como para insinuar que tenía algo que aportar a una conversación tan delicada. —Hm… —murmuró el anciano, dando un sorbo a su copa —Si ha decidido sentarse, espero que al menos tenga algo más que simple curiosidad. En este círculo, la información inútil es una pérdida de tiempo y de paciencia. — El hombre del monóculo, por su parte, se limitó a observarte mientras masticaba con lentitud exagerada, como si cada bocado le sirviera para analizarte mejor. Su risa había desaparecido, en su lugar, una mirada astuta y calculadora se escondía tras el vidrio del monóculo.
El joven Gundalf apoyó un codo sobre la mesa, entrelazando los dedos con naturalidad y su expresión seguía siendo serena, pero había en ella una expectativa silenciosa, casi expectante. —Habla —dijo finalmente —Si te has acercado hasta aquí, será mejor que valga la pena. —
Durante unos segundos, ninguno de los tres habló. El anciano del bigote excéntrico fue el primero en romper el silencio, sus dedos tamborilearon suavemente sobre la mesa mientras te observaba con una mezcla de diversión y escepticismo. —Qué propuesta tan pintoresca —murmuró —Un desconocido aparece de la nada y nos promete lo imposible, a cambio de dinero por adelantado. Suena más a una mala comedia que a un negocio. — El hombre del monóculo soltó una breve risa nasal, inclinándose hacia atrás en su asiento.
—Y si fallas —añadió —no solo perderíamos el dinero, sino que además atraerías la atención de los Legrand sobre nosotros. Eso no es un riesgo menor, muchacho. — Finalmente, el joven de la familia Gundalf habló, no alzó la voz, no sonrió, simplemente te observó como quien mide el filo de una hoja antes de empuñarla. —Eliminar a los guardias es imposible —dijo con frialdad —Pero distraerlos, dividirlos, crear el caos suficiente eso ya es otra cosa. — Se levantó lentamente, apoyando ambas manos sobre la mesa.
—Si lo que dices es cierto, y puedes convertirte en un problema tan grande como prometes, entonces quizás valga la pena apostar. — Sus ojos se encontraron con los tuyos. —Pero no te daremos nada por adelantado —continuó—Tu pago dependerá de una sola cosa, que sobrevivas. — El anciano sonrió con satisfacción. —Y si mueres —añadió con ligereza —entonces tendrás razón, solo fuiste un hombre prescindible que se metió donde no debía. — El trato aún no estaba cerrado, pero la puerta acababa de abrirse.
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Resumen
Tienes la atención de estos tres hombres, al parecer tienen intriga si lo que dices es verdad, intenta terminar de convencerlos de que eres el indicado para esto y pronto te pondras manos a la obra.
18-12-2025, 04:09 PM (Última modificación: 18-12-2025, 04:15 PM por Ryan.)
Entonces cuando interferí en la cena de aquellos sujetos, como si se tratase de la conversación más cotidiana del día a día, en lo cual muchos se preguntarían ¿Qué clase de loco era yo? Interferir en la mesa de unos ricachones conversando cualquier cosa turbia era por lo menos mala idea ¡Pero sé que yo no era un cualquiera! Podía con cada uno de esos hombres sin sufrir ni un solo daño y aunque prefería mantener cierto misticismo en mis habilidades… También era cierto que debía demostrar lo que era, pero primero debía contestarle a aquel hombre -Soy un hombre libre de ir donde me lleve el viento… - Explicaría con la cara de pocos amigos típica de mí mismo, pero que iba mesclada con una leve mueca confiada que me haría añadir -Aunque, supongo ya saben que lo realmente importante es las apariencias y yo… Puedo aparentar como ustedes si es lo que desean. – Tomaría asiento comportándome como un niño bueno sentado en aquella mesa junto a sus familiares más viejos.
Entonces hablaría el más joven de ellos que tenía a mi lado, diría varias cosas como que al parecer esos guardias eran bastante formidables y que además parecían ser poderosos, pero viéndolos por encima si me daban un golpe que otro, pasaría desapercibido con lo que conocía… Ja… Pobres imbéciles…
-Pues mi nombre es Ryan… - Explicaría ante las insinuaciones de que no habrían oído nada de mi nombre mientras me ajustaba la bufanda y empezaba a rebuscar entre la comida con la mirada, sacando un pedazo de pollo que pondría en mi plato, hace mucho tiempo no comía… Y jamás me podía dar un lujo tan exquisito como este -Y en cuanto pongan mi se busca quiero sea en grande... – Comería tranquilamente un poco de la comida, con unos modales elegantes, pero aun así digno de un niño de mi edad que rompían un poco la elegancia… ¿Total que más daba? Lo que importaba es que demostrase que les podría ayudar -He estado en una que otra banda que podrían o no conocer… Y aunque no fuese así, aquellos hombres no me tocarían igualmente. – Les explicaría en voz baja mirando el lugar, había unos baños más allá que me permitirían quitarme el apestoso disfraz.
Entonces reinaría un silencio sepulcral solamente interrumpido porque aquel hombre del monóculo se atrevería a romper, al parecer pensaba que yo tenía información para darle, pero no… Yo solo quería ser una molestia en los zapatos de alguien más para que estos hombres me pagasen -Si estaban tan seguros de que podrían robarlo, significa que su único problema es la seguridad… Y como dije puedo no solo encargarme de ellos, sino vencerlos y dejar tan asustado a ese hombre, que cuando note no este... Sera muy tarde. – Diría limpiándome con una servilleta la comida que había comida que habría saboreado gustoso.
-Y te lo valdrá… Seré tan molesto que cuando la marine llegue… Ni podrán preguntarles a los guardias que paso. – Le hablaría en un tono serio, pero tan confiado en mis habilidades que podrían incluso pensar que podría ser un farol… Pero, si algo era cierto… Es que, aunque no pudiese vencerlos iba a ser su mosquito en el oído. Y seria por ello mismo, que aquel hombre más elegante estaba tan dudoso de mis habilidades, se notaba no quería perder un solo Berry que podría ganar, por lo que sonreiría a ver que el hombre no tenía ni un pelo de tonto.
-Si tanto le interesa la información y no las acciones, pues he hecho varios desmadres en otros lugares, aunque estuvieron al nombre de una vieja banda. – suspiraría viendo que aún se encontraban escépticos de lo que iba a hacer, mientras aquel hombre del bigote seguía insistente de que era mala idea pagarme y añadiendo de que parecía más una extraña comedia, por lo cual sonreiría y sonriente les respondería una vez -Pues prepárense que me verán hacer un espectáculo ante los ojos del público. – Asentiría confiado parándome de aquella silla añadiendo -Espero sus pagas sean buenas, pues hare más de que esperan. – Sabia que una simple acción podía equivaler a mas de mil palabras, por lo que me dirigí al baño quitándome esas apestosas ropas de ricachones, y saliendo con mis ropas de siempre, con la capucha mostrando cada daga que correspondía traer, poniéndome directamente en una de las mesas del espectáculo y gritando a todo pulmón -¡MI NOMBRE ES RYAN! EX TRIPULANTE DE LOS CUERVOS… ¡Y HE VENIDO A POR EL PREMIO GRANDE! - Diría saltando entre las mesas para ir jodiendo a los comensales y atrayendo unos cuantos guardias del grupo de Legrant, con un par funcionaria, pero si los iba venciendo uno, a uno… Podrían caer todos aún más fácil de lo que quería, después de todo, sabía que no eran rivales para mí.
resumen
En cuanto veo que las discuciones no llegaran a mucho, voy a cambiarme las ropas y monto un desmadre en el lugar llamando la atencion de los primeros guardias de la puertas.
El grito resonó con una fuerza impropia de un simple evento social. Durante un instante que pareció eterno, el sector norte de Sorbet quedó suspendido en una quietud antinatural. Copas alzadas se detuvieron a medio camino, conversaciones murieron en los labios de los invitados y decenas de miradas convergieron en el punto desde el cual aquella voz había irrumpido sin permiso alguno. El nombre proclamado, acompañado de una declaración tan descarada como peligrosa, se propagó entre los asistentes como una onda expansiva. El murmullo que siguió fue inmediato. Algunos retrocedieron instintivamente, otros buscaron refugio tras mesas o columnas, y no pocos comenzaron a abandonar el lugar con prisas mal disimuladas. La música se interrumpió de golpe, el aire, antes cargado de aromas dulces y risas contenidas, se tornó denso, casi cortante. Los guardias de la familia Legrand reaccionaron sin vacilar. Varias figuras vestidas de negro se desplazaron al unísono, lanzas descendiendo para formar líneas defensivas mientras otros abrían paso entre los invitados, empujando sin miramientos a ricachones aterrados. No hubo advertencias ni negociaciones, su protocolo era claro, aquello ya no era una simple alteración del orden, sino una amenaza directa en territorio controlado. Desde la mesa del buffet, los tres ricos observaban la escena con expresiones muy distintas. El hombre del monóculo había dejado de reír. Su mirada seguía cada movimiento con atención clínica, como si intentara medir el alcance real de lo que estaba ocurriendo. El anciano del bigote extravagante apretaba los labios, su habitual aire burlón sustituido por una cautela evidente. El más joven, el de la cicatriz en la mejilla, permanecía en pie, inmóvil, analizando el desarrollo de los acontecimientos con una calma inquietante. La reacción del público no tardó en convertirse en caos. Mesas desplazadas, bandejas volcadas, gritos de alarma que se mezclaban con órdenes cortas y secas de los guardias. El evento social se descomponía ante los ojos de todos, y cada segundo que pasaba atraía más atención de la que los organizadores hubieran deseado jamás. Sin embargo, algo resultaba evidente incluso para los observadores menos experimentados, aquella situación estaba superando el nivel de una simple distracción, la cantidad de movimiento, la ruptura del orden y la necesidad de redistribuir a los guardias comenzaban a afectar al perímetro general del sector controlado por los Legrand. Entonces, desde lo alto de una de las torres cercanas, un cuerno resonó, no era una señal común. Su sonido, grave y prolongado, atravesó las calles como una advertencia inequívoca. Varias cabezas se alzaron al instante, algunos guardias se detuvieron brevemente, recibiendo nuevas órdenes mientras otros cambiaron de posición, retrocediendo hacia puntos estratégicos, aquella señal indicaba que la situación había sido elevada a un nivel superior de respuesta. Algo más estaba entrando en juego. En la distancia, luces comenzaron a encenderse en edificios cercanos, ventanas se abrieron y siluetas se asomaron desde balcones y tejados. El rumor se extendía con rapidez por el norte de Sorbet, no solo había un alborotador, sino alguien lo suficientemente osado como para provocar un despliegue de seguridad real en pleno corazón noble. En la mesa del buffet, el silencio se impuso entre los tres hombres. —Esto ya no es un juego —murmuró finalmente el hombre del monóculo, sin apartar la vista del caos —El muchacho cumplió lo que prometió, pero Los Legrand no dejarán pasar algo así. — El anciano del bigote excéntrico asintió lentamente. —Sea quien sea en realidad, acaba de llamar la atención de gente que no suele perdonar, pero al menos si cumplió lo que dijo. — El joven de la familia Gundalf no respondió de inmediato. Sus ojos seguían la escena con una intensidad calculadora, como si cada movimiento de los guardias y cada reacción del público fuesen piezas de un tablero más grande. —Y aun así —dijo al fin — El cumplió con su parte, ahora es nuestro turno. — No era una afirmación optimista. Era un hecho. La seguridad de la familia Legrand había sido expuesta, forzada a reaccionar, redistribuida. Los Legrand tendrían que explicar lo ocurrido. Los rumores no tardarían en multiplicarse y, lo más peligroso de todo, las autoridades no podrían ignorar semejante alteración del orden en una zona que presumía de control absoluto. En algún punto del sector norte, la situación continuaba desarrollándose. Guardias se movían, órdenes se gritaban, y la tensión no hacía más que aumentar, nadie podía decir con certeza cómo terminaría aquello ni quién saldría beneficiado o perjudicado, pero una cosa era segura. Sorbet no olvidaría lo que ocurriría esa noche y mucho menos los nombres implicados los Legrand, los Gundalf, y aquel individuo que había tenido la osadía de desafiar el orden establecido comenzarían a circular con más fuerza que nunca y con ellos, vendrían consecuencias, oportunidades y peligros que trascendían con creces un simple evento social. Lo que había comenzado como un rumor sobre una reliquia se había transformado en algo mucho mayor y el norte de Sorbet, hasta entonces símbolo de estabilidad y poder, acababa de demostrar que incluso los muros más sólidos podían resquebrajarse y el desenlace aún estaba por escribirse.
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Resumen
Es sencillo, todo se vuelve un caos por tu ultima actuación, y sobre todo, hay guardias que procederan atacarte en cuanto dejes de moverte o lleguen alcanzarte, aunque desafortunadamente esta aventura llegó a su final, le daremos continuidad en una tier 2 donde si habrá bélico real, espero estes preparado.
[spoiler=Extra] Un placer total el narrarte y espero en la siguiente tier 2 enseñarte lo basico del bélico para futuras situaciones, cuenta conmigo para lo que necesites.
Entonces empezaría la verdadera fiesta, una que los ricos no podrían olvidar probablemente, una en la que me empezaría a forjar mi nombre y reputación en estos mares, una que resonase ahora que estaba ya listo para afrontar aquello que me asola, quería que mi nombre se escuchase para medir que tan poderoso podría ser el rugido del mismo bosque que me esperaba unirme al final de mi travesía.
Así pues, el silencio inicial pararía y el pánico empezaría sin que ni si quiera tuviese que realmente atacar a alguien, empezar a caminar por encima de aquellas tazas y plantos que antes habrían llenado mi boca y que ahora serian arrojados al suelo por mis pies, en los cuales, entre salto y salto de mesa, por fin empezarían a atraer a los primeros guardias y alejar despavoridos los primeros comensales, que entre gritos y pánicos irían difundiendo el rumor probablemente de que un tal Ryan andaba atacando a la familia Legrand que entre el pánico y el desorden probablemente difundirían toda clase de dichos…
-Ja no han visto nada… - Me diría entonces viendo que el primer guardia había alcanzado un buen rango tanto para atacarme como para que yo lo remate, el cual se encontraba tan obstruido empujando gente que, para variar al intentar empalarme, solo conseguiría golpear al aire. Mis movimientos serian rápidos y certeros para el pobre guardia lanzándole con un movimiento de mano como si fuese una daga arrojadiza una de las dagas de la capa, la cual se clavaria en su brazo desestabilizándolo, para yo saltar a el y darle otro buen puñetazo que iría dejándolo en el suelo.
Así pues debido a la problemática de la gente en un inicio los tipos me estarían llegando de uno en uno, durante unos segundos, evitando el uso de todos mis trucos, sería que iría dando remates certeros por aquí y por allá, hasta que uno de aquellos sujetos, toco la alarma del lugar, haciéndome ver que para variar llegarían mas y mas sujetos o lo que era peor, alguien que si pudiese pelear en mi contra, por lo que con una leve sonrisa y el tono aireado mientras escuchaba los dichos de aquellos viejos a lo lejos…
Sería que procedería a huir.
Lo cual para muchos tal vez no seria una tarea fácil, yo simplemente use mi capa con una habilidad suficiente, para subirme a unas de las rejas algo nevadas y encaramarme encima de ella (No sin antes hacer un movimiento para quitarla con el látigo que tenía por capa), el miedo se iba a apoderar pronto de mi cuerpo si es que empezaba otra nevada, con lo cual de un salto de alrededor de un metro y aprovechando mi arma para subirme como si fuese una cuerda. Cosa que, al estar arriba en un par de segundos saltaría desenredándome para correr a toda prisa y escabullirme del lugar, metiéndome entre los recovecos de las casas y rematando a quien debiese por el camino.
Seria entonces que habiendo por fin escapado después de un buen rato de huida que esperaría un par de horas a que todo pasase… Pero, parecía que las cosas mas grandes estaban por venir.