Renacimiento [Pasado/Extraccion2]
#1
Atributos Personaje

32 de Otoño del año 16

La suave fragancia de la habitación se esparcía con delicadeza a través de un pequeño sahumerio de arcilla donde podríase apreciar en completa falta cualquier incienso o barra de cera que llegara a humar de aquellos aposentos, sin voluntad o todavía consciencia dispuesto él sobre la cama, apenas arropado del tenue frio de la madrugada en prendas distintas que debieron de haber sido cambiadas por otra persona y evidenciaban cuidado en su descanso, habiéndose apagado toda presencia o indicio del ser que alguna vez puede que os hubiera cansado con su manera irresponsable e inconsecuente de resolver, siempre arrogante, despreocupado y por lejos ahora, sin capacidades.

Más se había sobrepasado 24 horas de aquel incidente en cabos gemelos, en donde nos habíamos visto envueltos sin elección ni más opción que forzar una salida y nos encontrábamos todavía a mar abierto sobre Lucky Dawn, aunque para lo que respecta en compresión de nuestro protagonista, muy lejos de poder percatarse del incesante paso del tiempo o de su propia dolencia seguía atrapado en su cabeza desprovisto de mayor señal que sus latidos, la cicatriz todavía rojiza en su abdomen lejos de requerir tratamiento o brotar icor parecía inclusive cicatrizada a completo y la marca restante, característica y de 4 puntos formaban lo que parecía casi como una pata de animal.

La marca de la muerte o como podría parecer en un principio era la prueba irrefutable de que este hombre había aceptado una propuesta irracional que ninguno había escuchado antes y que pudiera incluso haber sido mentira, pero incluso aunque sonara absurdo, hubiera sido estafado por 1 millón de berries o lejos de ser la única perdida todavía fuera demasiado pronto para digerir completamente las muertes que habían ocurrido en inicio del viaje, había transcurrido tiempo más que suficiente para que la pequeña mujer tontatta hubiera compartido con todos que realmente nadie me había derrotado sino que yo mismo había buscado este estado bajo el sueño de renacer.

Por supuesto, resultaba completamente diferente escucharlo en persona y descubrir ante ustedes a este hombre arrogante destruido y sin voluntad luego de que tanto la pequeña como la humink tuvieran que arrastrarlo, regresándolo hacia el barco, regresando con grandes secretos y conocimientos que parecían ocultos para quien pudiera realmente apreciar la naturaleza oscura del mundo, pero sin el lujo de entender ni comprender esto, aunque valga la redundancia aquel aprendizaje había sido entregado en la torre y aquella pequeña mujer que había venido trayéndole era testigo de todo lo que el hombre no hubiera podido explicar para sus compañeros.

Más de momento continuaba tendido sin signos de que fuera a despertar pronto.

Off
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#2
Atributos Personaje


Él no era su problema.
De verdad que no.
Pero verlo ahí, inconsciente y espasmódico, con la respiración rota como si sus costillas no pudieran expandirse más… era algo que, en el pecho de Bai, se apretaba con fuerza hasta estrangularla.
«Joder», pensó. Y se arrodilló a su lado tan pronto como los dejaron solos
—Mira, no quiero que confundas esto—dijo, mientras le abría el la parte de arriba —No lo hago exclusivamente por ti. Lo hago porque sería una mierda dejarte tirado —continuó, al tiempo que con cuidado le quitaba las mangas para no hacerle más daño del que ya le habían hecho—. Y porque no pienso cargar con esa culpa, ¿me oyes?

Lo colocó de lado con delicadeza y con toda la precisión que pudo le terminó de quitar la parte de arriba.

—Mira que eres idiota —soltó de repente al doblar su ropa para después dejarla sobre una silla—Sales de una y te metes en otra...

Continuó caminando hasta acercarse al cuenco de agua que tenía en la habitación, cogió el paño de tela que había preparado y lo hundió en él.

Sí, Bai estaba molesta.
Pero no con él en realidad, sino con  el universo que la obligaba a admitir que él no era un polvo sin más.
Porque si hubiera sido cualquier otro, se habría limitado a hacer lo justo y seguir adelante.
Pero Dong no era «cualquier otro».

Escurrió la tela.
El sonido de las gotas al golpear contra la superficie del agua la sacó de su ensimismamiento.

—Te juro que —las palabras murieron en su boca al darse la vuelta y verlo tirado sobre la cama convaleciendo.

Y aún así, la molestia seguía latiendo bajo su piel.
¿Por qué tenía que ser él?
¿Por qué tenía que ser precisamente él quien estaba ahí, haciéndola sentirse responsable, haciéndola reconocer que le importaba demasiado?

Suspiró y volvió a su lado.
Porque aunque no quisiera quererlo, le quería…
Lo cuidaba igual.
Porque era Dong.
Y porque, le gustara o no, siempre iba a importarle más que los demás.

—Te juro que vas a pagarme el mal trago —dijo finalmente mientras limpiaba su abdomen con la marca enrojecida.

***

Bai no se había separado de Dong en ningún momento.
Vale, técnicamente sí: había salido un par de veces a respirar, a comer algo, a no volverse loca.
Pero nunca por mucho tiempo.
Pues, incluso cuando necesitaba asearse, lo hacía ahí mismo, en la misma habitación, sin molestarse en guardar una distancia que hacía tiempo que habían perdido. Ya que, después de lo que habían visto —y sentido— el uno del otro, la desnudez ya no era un límite.

Pero algo había cambiado ahora.

Después de acomodarlo en una posición cómoda, tras horas de silencio pesado, por primera vez Bai se permitió reconocerlo: no solo lo cuidaba por reflejo o porque la situación lo exigía… lo hacía porque quería hacerlo, aunque no quisiera amar ni sentir más que irritación y responsabilidad.

Pero no quería pensar en ello.

Así que abrió el libro que tenía en la mesilla y empezó a leer en voz alta.
Sin intención de ser dulce.
Sin intentar imitar a nadie pese a que pronto la escena tomo un cáriz  extrañamente maternal, como una madre contándole un cuento a su hijo para que no se asuste en la noche.

Y sí, aún quedaba un rastro de molestia en su pecho —una sombra tenue, el recuerdo de haber querido mantener distancia y haber fracasado—, pero ya no ardía.
Ahora solo latía, cansada y resignada.

Por eso prefería mantenerse centrada en la lectura e intentar cuidarse también a sí misma. Porque, si no hubiera sido por ese resquicio de lógica que le quedaba tras todo lo que había ocurrido en Cabos Gemelos, se había incluso olvidado de que, para tener cuidado del otro uno debe cuidarse también a sí. Y ese cuidarse, en ese instante, tras la cena y el aseo, pasaba principalmente por hidratarse e hidratarlo.
Así que, cuando eso ocurría, cuando ella bebía, después, tomaba uno de los paños limpios y lo empapaba con un poco de su propia agua para mojarle los labios y así evitar atragantarlo.
Sí, era un proceso lento y tedioso pero, en cualquier caso, era lo mejor para él.
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#3
El cuerpo físico continuo sin signos de su regreso. No obstante, inclusive estando atrapado en el extenso páramo de la inacción o sobrentiéndase en mismo pesar e incertidumbre como la inconfundible cárcel de lo inconsciente, transitaba en condena un viaje único a su propia epopeya imaginaria que lejos del presente o cualquier localidad remonta con salvajismo y cautela recuerdos abstractos de carácter descifrable como consecuencia a sus sombras, siendo incluso que cuando no blandía un arma o diezmaba ejércitos contra demonios para escapar de las cadenas a su despertar igual afrontaba su estado deplorable, negándose a mantener postrado inclusive sin otras opciones.

Habiéndose percatado de su estado inconsciente más todavía ubicado sobre aquel plano onírico que reflejaba con cuidadoso detalle un equivalente del hogar en donde fue criado por sus padres se encontraba frente a una puerta, símbolo identificable del pasado que representaba un inicio y le obligaba a recordar manifestándose igual que ese lejano tiempo y mal pasado en que había decidido abandonar el nido incluso a implicar el romper lazos queridos, entonces frente esta entrada imaginaba su salida y sin titubear había colocado su diestra sobre pomo de la puerta buscando girar la perilla, buscando encontrarse hacia el presente y aunque en un principio costo, el pomo si giro.

La gran puerta escondía detrás de su ornamentado arco una luz blanca enceguecedora que avanzo sobre el resto del corredor devorando los detalles en donde había estado rodeado de fotos familiares y todo tipo de recuerdos, entonces el escenario empezó a desaparecer e incluso la luz blanca que parecía una manifestación conceptual de la nada empezó a difuminarse hasta ningún color o percepción en donde incluso imaginar resultaba complicado, entonces incapaz de percatarse a sí mismo en este lugar encontró primero que nada una sensación de debilidad y cansancio que gritaba en su cuerpo silenciosamente pero lejos de poder moverse la sensación ahora era distinta.

El cuerpo en los sueños no se mueve igual que en la realidad. Pero, era capaz de reconocer en su estado el aroma que desprendía el sudor de Bai Mudan y buscando entreabrir sus ojos no le encontró en el techo o sobre a su luz, pero tampoco se sentía capaz de girar la cabeza, sabia que si lo hacia seria incapaz de soportar la sensación de los mareos y convaleciente en un estado de debilidad que reconoce por primera vez el dolor que marcaba su vientre, escuchaba eco incluso donde no había, reconociendo incluso de sonar lejana, aquella voz inentendible de la dama y por tanto rindiéndose en el intento que había apenas entreabierto su vista para cerrarse por completo en nada.

Estaba despierto ahora pero no con las fuerzas para intentar levantarse.
Y todo parecía bien ¿no es así?
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#4
Su garganta raspaba por la sequedad y las horas de lectura. Pero, ¿podía dejar de leer? Bai terminó la frase del libro y descubrió que no, que necesitaba un poco más de aquella historia.

—...Me apretaba más contra su corazón tembloroso, respiraba tan rápido que su aliento salía como un breve sollozo después de cada frase; y a veces—leyó mientras carraspeaba por el dolor —, casi en el mismo instante, enterraba su rostro en mi cuello, sus suaves labios se aferraban a los míos y susurraba: «Eres mía, serás mía, tú y yo somos una para siempre».

Bai tosió descubriendo, de malas formas, que debía parar si quería conservar la voz. Así que, perezosa por dejar la escena a medias, colocó la pluma que usaba como punto de libro, lo cerró y lo dejó sobre la mesilla antes de ir a por algo más de agua.

Miró el cuenco, con agua ligeramente enturbiada, y la toalla que yacía a su lado plegada con cuidado.

Se sirvió un vaso, volteó a ver a Dong y le dio un trago mientras pensaba en si sería prudente volverlo a limpiar. La respuesta era sí. Así que tan pronto como terminó de beber, tomó la toalla y mojó una parte de ella que todavía se encontraba limpia evitando así ensuciar el agua. Después, fue hasta él y con cuidado le limpió el rostro y tocó su frente.

—Entonces se apartaba de mí, con un suspiro, y me miraba a la cara—recitó la mujer de cabello blanco y castaño al tiempo que le apartaba unos mechones rebeldes de cabello y se apartaba —. Tomando mi mano entre las suyas —continuó al tiempo que su mirada descendia hacia la apertura de su ropa y se la abría para comprobar el estado de la herida —Y la sostenía con una presión cariñosa, medio sonriendo.

Al principio solamente la había lavado, prefiriendo dejarla al descubierto para que respirase e iniciara su cuerpo por sí mismo la auto regeneración. Pero ahora, que la rojez parecía haber dado paso a una delgada película de un líquido viscoso, consideraba que lo mejor era recubrirla con algún tipo de cataplasma pues, si su cuerpo no estaba siendo capaz de hacerlo por sí mismo, ella le ayudaría.

Así que en medio de aquellos pensamientos -más bien centrados en volver a su lectura-, le bajó ligeramente el pantalón para que este no le molestara a la hora de manipular su cuerpo. Y en ello estaba cuando, de repente, tuvo la sensación de ver a Dong moverse. Se quedó quieta, lo observó por un instante reprimiendo incluso su hálito y, tras varios segundos, concluyó que debía haber visto mal.

—Hm— murmuró torciendo el gesto en una mueca reflexiva para luego separarse de él e ir hasta el cajón dónde guardaba sus medicinas más tradicionales.

Allí, buscó un pequeño pañuelo de seda que resguardaba, como un tesoro, varios gramos del polvo rojo. Lo desplegó con suavidad sobre el tocador, dejando que los granos carmesí destellaran a la luz de la lámpara. Luego se inclinó hacia su modesta colección de frascos —demasiado humilde para llamarla cosméticos— y encontró el ungüento de aloe que siempre llevaba consigo para aliviar la sequedad de sus manos.

Con gesto paciente abrió el tarro metálico y plano; un tenue aroma vegetal se elevó al instante. Introdujo la yema de los dedos y tomó una pequeña porción del gel, que depositó junto al polvo rojizo. Entonces, con movimientos lentos, comenzó a mezclar ambas sustancias hasta que la mezcla cobró una textura suave y uniforme, como si despertara a la vida bajo la presión de sus dedos.

Hecho esto, y solamente tras haberse cerciorado de crear una mezcla homogénea, volvió junto al hombre para, con cuidado, esparcir sobre la marca el cataplasma que le ayudaría a cicatrizar con rapidez.
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#5
Una vez habiendo descendido de regreso a mí ser, busque refugio del malestar, implorando silencio, inhalando con calma y preservando mi propia quietud sobre la cama mientras que ahora capaz de entender a mi entorno, inevitablemente fruncia con agrado de mi entrecejo hacia su caricia dispuesta con la prenda húmeda encima de mi rostro que de haber tenido mayor nitidez habría apreciado mejor en una sonrisa o algún comentario jocoso, pero seguía despertándome, invadido por un dolor posoperatorio y por tanto habría sido imposible ser risueño como siempre mientras cuanto mucho volvía a intentar abrir uno de mis ojos para al fin poder ver a mi mujer.

Era imposible confundir las caricias de Bai. Pero, debo admitir que luego de haber follado nos habíamos alejado suficiente como para que incluso ahora hubiera entendido un mensaje completamente distinto de sus cuidados, ¿realmente le importaba eh? tal vez todavia era capaz de burlarme con una sonrisa a medias, pero incluso aún de intentarlo estaba demasiado conmovido y literalmente mareado, por lo cual solo aprecie su figura con silencio, entonces note que en algún momento había terminado de limpiar mi rostro con aquella toalla de color blanco y poco después sujetaba mi debilitada mano, cosa extraña porque a ella no le gustaba mucho el contacto con otros.

Lo había aprendido de todos sus regaños sí. Lo admito, me hubiera gustado fingir seguir inconsciente más quise todavia más apretar los dedos de mi mano sobre la suya mientras me sujetaba indicándole que estaba presente, aunque realmente no estuviera bien, estaba ahí con ella en ese momento, entonces una punzada de dolor también presente me hizo temblar con frio desde los huesos y mi mirada apenas sobre un ojo abierto empezó a nublarse, entonces regrese a cerrar por completo mi mirada mientras me veía obligado a fruncir el ceño con disgusto más no por el dolor en sí sino porque en aquel momento hubiera querido hacer más, no preocupar a mi querida Bai.

Entonces, de pronto sentí la mezcla homogénea, pues mis nociones del tiempo seguían tan difusas como el dolor invadiendo a mi cuerpo así que ni siquiera me percataba del todo cuando había soltado la mano de aquella mujer, pero me lamentaba de no haberla podido sujetar por un poco más de tiempo, rindiéndome un poco ante su nueva caricia sobre mi abdomen pero no con gusto sino por el contrario debiendo extender de mis colmillos inferiores, aguantando el ardor entremezclando con el gusto de su atención mientras no podía sino seguir frunciendo de mi entrecejo y aguantar la respiración por un momento que, sin percibir el tiempo del todo, parecía un poco eterno.
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#6
Tan pronto como hubo terminado, Bai pasó la parte aún húmeda de la toalla por sus manos. La mezcla que había preparado hacía apenas minutos seguía pegándose a sus dedos, espesa y tibia, como si se resistiera a abandonarla o se tratara de pegamento.
—Vamos... —murmuró entre dientes frotándose también las uñas y repasándolas con gran precisión. Pues, si algo había aprendido era que no debía volver a tocar a un herido con restos de nada que pudiera infectar heridas.

Y después, aún murmurando algo sobre lo difícil que era limpiarse con aquella toalla vieja, se dispuso a reunir las gasas y vendas que le quedaban.
Aunque, a decir verdad, para tener conocimientos básicos de medicina apenas tenía nada que pudiera ayudarla en dicha empresa. Al fin y al cabo era una profesión que obviaba en su currículum a no ser que tuviera que asistir a algun herido —como era el caso de Dong— o hacer alguna de las suyas.
Así que acercándose al zurrón que había encontrado tras caer del barco, cuyo interior conservaba una pequeña caja de madera con material médico, extrajo lo que necesitaba para después cerrarlo. Hecho esto, tomó la caja y la  abrió obligándola a escupir un crujido leve más parecido a un suspiro viejo que a una queja.
Y ahí estaban: un puñado de gasas nuevas y una venda más.

Ahora sólo tenía que empapalas con los restos de aloe sobrantes.
Vertió con cuidado los restos del ungüento sobre ellas; el aroma fresco se elevó entre sus dedos como un pequeño bálsamo. Después regresó a Dong, inclinándose sobre él con una suavidad que casi no parecía venir de ella.

—Voy a necesitar que me ayudes —Le habló en un intento por mantenerlo despierto.

Y, mientras lo hacía, con cuidado de no mancharse demasiado, se las colocó por encima buscando mantener aquella mezcla pegada a su piel.

—Espero tengas energía para eso... —Añadió al tiempo que movía su mirada hacia el rostro ajeno y comprovaba, una vez más, que no se quejara por sus cuidados.

Después, con el mismo cuidado que había tenido anteriormente, se puso a vendarlo con movimientos lentos mientras le daba pequeños toques de atención para que intentara levantar la espalda y no tener así ella que moverlo o causarle dolor.

—Perfecto—. Hizo una pausa–. Está perfecto —le informó cuando por fin terminó.
Y, de golpe, el peso del cansancio le bajó por los hombros como una manta húmeda y pesada.
–No te muevas —añadió para luego darle la espalda y acercar tanto la silla como el libro —.Bueno, tampoco es como que pudieras hacerlo... —continuó intentándo guardarse una risa burlesca para sí.

Luego, se dejó caer con un suspiro largo, tomó el libro con la izquierda, encontró la pluma que hacía de marcador y retomó la lectura mientras que, con la diestra, le tomaba de la mano tal y como Dong había hecho antes.

Sí, deseaba volver a sumergirse en aquel extraño romance entre las dos protagonistas, pero no por ello iba a abandonarlo.
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#7
El aumento de temperatura era palpable sobre mi cabeza, cuello y orejas, consecuencia de mi estado debilitado postoperatorio o tal vez del sobreesfuerzo que había dirigido sobre mi cuerpo para poder alcanzar a la victoria, cual sea fuera la verdad incluso por más terco que resultara mi carácter debía de reconocer para este punto que seguía en mi estado más susceptible y esta vez no seria capaz de recuperarme inmediatamente tras un descanso, condenado a resistir el frio de la habitación como sí lo soportara mientras que intentaba comprender el mensaje indescifrable de mi amada buscando sobre su mirada una pista de intención, encontrando solo a su metodología.

-Debes estar insultándome por haber sido tan imprudente ¿cierto?- cuestione con orgullo, permitiendo una línea de agrado y picardía dibujarse en la comisura de mis labios luego de atenuarse su tacto por encima de mi marca, incapaz de resistirme a la pregunta de sí para su criterio había sido herido y derrotado como algún día ocurrirá o peor aún incapaz de saber si hasta ahora solo había venido a cuidarme fijando que era algo así como su mascota, seguido así por el ardor todavía presente, obligado a dibujar una mueca de disgusto y frio antinatural que venia mismamente sobre el cuidado de las gasas nuevas que era acompañado por nuevas palabras imposibles de saber.

Esta vez permitiéndome conectar mi mirada con la suya de manera que lejos de permitir un descanso para ella o siquiera para mí mismo busque haciendo pleno uso de mi zurda hasta conseguir palpar con mi mano a su cuello, rozando débilmente sobre su clavícula, flexionando sin peso de aquel agarre y aunque ni siquiera tenia la fuerza suficiente para dirigirla hasta mí en ese momento o mi vista empezaba a hacerse entre muy borrosa o mareada, hice todo lo que era posible para que mantuviera su fijación sobre mi, queriendo disfrutar del brillo de sus ojos y de las caricias de sus hebras de cabello descender sobre mi como un ángel que por esta vez disfrutaba cuidarme.

-Bai. Acércate, Bai, sé que no me entiendes, pero, si sigo diciendo tu nombre, Bai, ¿vendrás? ¿tendrás intrigas?- pregunte consciente de que no me entendía, repitiendo su nombre tanto como para llamar su atención mientras que lejos de permitirle sentarse sobre su silla o seguir leyendo le interrumpía sobreesforzandome en mi miseria.
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#8
Apenas había avanzado un par de parágrafos cuando la voz de Dong se reptó por las viejas y maltrechas páginas buscando llamarle la atención.
Bai no se movió.
No quería hacerlo.
Pues sólo pedía terminar el capítulo que había dejado a medias o, como mínimo, terminar la ardiente escena que, de haberla leído de corrido, habría agitado su pulso y elevado sus colores. Sin embargo, el hombre era insistente cuando quería y, como ella hacía ver que no se enteraba, él continuó hablándole.

Y ahora sí que no podía evitarlo. Sobre todo, porque, en un determinado momento, su vista se había desviado sin querer hacia él -y por vista entendamos que hizo un movimiento brusco de cabeza hasta que ambos se encontraron. Así que ahí estaba ella, observándolo sin acabar de entender qué necesitaba, pero escuchándolo con atención.
Incluso, por un instante, hizo el ademán de levantarse por si estaba pidiendo agua o comida.
Pero tan pronto como lo hizo, Dong extendió el brazo hacia ella con pesadez y le acarició parte del cuello y clavícula.

-Debes estar febril...
Fue lo único que atinó a decir pues, con aquella sonrisa fatigada y tras tantas horas de larga inconsciencia, era el único motivo por el que se le ocurría que le necesitara de aquella manera.

-Ha sido mi culpa, lo siento -se disculpó para luego negar con la cabeza y acariciar su mano con suavidad recordando que hacía rato que no le tomaba la temperatura.

Y entonces, presa de la molestia consigo misma, se levantó y dejó el libro donde ella antes se había sentado no sin antes memorizar la página. Luego, se acercó hasta donde tenía el paño que había usado a lo largo de las horas para rebajar el calor del cuerpo de Dong y, mientras escuchaba al hombre repetir su nombre, lo hundió en el agua.

Cloc. Cloc. Cloc.
El sonido de las gotas podía indicarle al moreno que Bai se encontraba trasteando con algo.
Cloc, cloc, cloc, cloc.
Bai escurrió el trapo con fuerza y volvió junto a Dong.

- ¿Qué ocurre, Dong? - preguntó con la misma curiosidad que había sentido al escuchar su reclamo.

A continuación, se inclinó sobre él, le retiró varios mechones que cubrían su frente y colocó el paño doblado sobre ella. Al hacerlo, un par de gotas cayeron por el costado izquierdo de su cráneo y, Bai, al percatarse le limpió con ternura casi maternal.

-Dime, Dong. ¿Por qué dices tanto Bai? -inquirió mientras sus dedos continuaron acariciándolo hasta recorrer su mandíbula y terminar en el mentón.

Se le veía tan apagado... Una sombra del hombre que normalmente era.
De nuevo volvió a inclinarse sobre él, esta vez con intenciones completamente distintas, y sin mediar palabra buscó su mejilla para besarlo con ternura.

-Te vas a poner bien - le susurró tan pronto como sus labios se despegaron de su piel -. Te lo prometo. - Añadió poco antes de intentar separarse —. Y yo... Yo no prometo en vano, Dong.
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#9
Luego de conseguir que mi anhelada cuidadora enfocara su atención nuevamente a mí debo haberme paralizado sin entender ni saber deshacer la molestia, del cansancio, aquel gesto de su rostro o triste caricia de consolación, entonces la emoción que tenia buscando su nombre acabo convirtiéndose en un nudo incomodo sobre mi cuello qué incapaz de poder pronunciar siquiera un barbullo sinsentido me obligaba a reflexionar del ahora en silencio, boquiabierto y con el ceño triste, me obligue a preguntarme con amargura sí tan solo estaba cansada de este día o sí por el contrario ahora que no era un gato había perdido todo el valor que alguna vez me hubiera entregado.

No podía descartar que para ella fuera solo una mascota con quien jugar. No obstante, una vez que por fin puso sobre mi su celeste mirada y aunque no parecía sino demostrar un autentico gesto de curiosidad en mi llamada, tal vez porque seguía incapaz de enfocar por completo su silueta en medio del dolor o de los constantes mareos o del entender cualquier otra cosa que no fuera la repetición de mi nombre en la boca de aquella mujer anhelada, entonces mi mirada de alguna manera apago su brillo, sintiéndose un peso, una carga que cuidar y aunque había una parte que deseaba retirar el paño húmedo que disponía con dulzura a su piel, me resigne cerrando mis ojos.

No es que me molestara ser cuidado por esta hermosa persona.
Era recobrar la idea de que habría quienes solo veían a un gato,
Entender mi decisión iría a alejar de quienes me preferían gato,
Digerir que tal vez me afectaba más de lo que creía siendo ella.

Había querido replantear completamente la intención por cual acabe llamándola hasta mí, pero parece imposible o sencillamente absurdo, no tenia excusa razones ahora, las había perdido tras notar a la decepción en su mirada. Pero, no es fuera incapaz de comprender mis propias emociones o siquiera ella pudiera entender si lo confesaba entonces cuando termino de preguntar, luego de regalarme un beso en la milla y solo en el final de sus palabras. -Eres un desastre ¿sabes?, follas y me alejas, me cuidas y me besas, pero quizás lo mejor es que no sepas que en realidad no hay día en que deje de pensar en ti imbécil, me gustas, me gustas mucho, pero, no seré más tu gato.-

Ambos de mis ojos empezaron a lagrimear de forma involuntaria entremezclándose con la humedad del paño húmedo con que me había cuidado la dama, no estaba llorando, pero estaba afligido y todavía con ojos cerrados, descansando sobre la cama de la cual no me había levantado en ningún momento, decidí que no podía aguantar ni un segundo más sobre la miseria de ideas sinsentido, convenciéndome de que había ido a la opción correcta, abandonando cualquier otra cosa que resultara un retraso para mi vivido deseo de convertirme en el hombre más poderoso que alguna vez hubiera existido, tal vez infantil y necio pero buscando así sentido y dirección.

Entonces erguí mi espalda hacia adelante, intentando levantarme a medias, lo suficiente por lo menos para que estuviera sentado sobre mi propia cama pero no era tan fácil, el esfuerzo habia consumido demasiado de mi, entonces perdi el equilibrio fácilmente empezando a inclinarme de manera incontrolable sin medición o poder de freno hacia la izquierda, pronto para caer, casi dispuesto a fracasar, todavía con una expresión casi carcomida.
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