[Pasado] The One from the Contract | [Privado]
#1
Desde luego la forma que todo finalizó la última vez, Jin estuvo al límite. De no ser por el médico que lo encontró inconsciente en ese estado, quién sabe cómo habría terminado. Alegría para la mayoría, rabia por algunos pocos. Sin embargo, ahora había pasado tiempo más que suficiente para poder retomar las riendas. Después de un tiempo con inactividad y falta de comunicación. Se acomodaba ahora su traje, como de costumbre. Ya había dado un aviso a quien debía hacerlo; el mismo médico. Del mismo modo que el contrato estaba a su favor, también tenía otra cosa por su parte. Las heridas casi estaban desvanecidas. Al menos las de su cuello y rostro ya no se apreciaban. De todas formas, quiso llevar algo de ropa con cuello por seguridad.
 
 
—Jefe. El Gran Jefe quiere hablar con usted. — allí estaba, otra vez. Ese condenado viejo. Elevó sus manos, frotando sus ojos con los dedos, dejando escapar el aire en sus pulmones. El tiempo no estaba a su favor, pero no podía seguir aplazando el encuentro con el médico. Elevó el cigarro entre sus labios, mientras cerraba la puerta del hotel con el guardaespaldas que le había mencionado dichas palabras y, en el interior de la habitación, a saber quién, solo sabía que estaría dormida después de la actividad nocturna.
 
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—Dile a ese viejo que mañana a primera hora estaré allí.
 
No dio paso a seguir hablando, solo siguió sus pasos. —Y que nadie me moleste esta tarde. Tengo asuntos que atender. — Porque no iba a atenderlo. Ahora tenía algo más importante. Sin embargo, debía evitar que el joven descubriera la conexión que había entre la muchacha por la que fluía ese contrato y él. Había acordado un encuentro con el joven, del mismo modo que con aquella muchacha, un lugar que rara vez frecuentaba. Un parque oculto, apartado. Fue directamente a por Kiyoshi, sin dar demasiadas explicaciones de a dónde se dirigían.
 
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—No le digas a ella a qué me dedico. Si lo sabe, que sea por su cuenta.
 
Lo único que había pronunciado en todo el viaje, en todo el recorrido. El sol de la tarde resplandecía mientras sus caros zapatos ahora pisaban el césped. Ahora se venía, la posible pesadilla de alguien como Kiyoshi. Una muchacha, observando un estanque de agua con algunos patos, cargada de pinceles y manchas de pintura en su ropa y parte de su mejilla. Por otro lado, un cuaderno frente a ella, donde estaba boceteando lo que se encontraba frente a ella. A su lado, una montaña de dibujos sin terminar, algunos con pinceladas más bruscas, otras con mucha más delicadeza. Varias técnicas distintas. A su alrededor, todo un caos de pinturas; acrílicas, al óleo, incluso acuarelas que estaban todas desorganizadas, al menos a ojos ajenos, no bajo los suyos.
 
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—Llegaste demasiado pronto.
 
La mujer elevó la mirada al escuchar las palabras de Jin, que sonaron sorprendentemente suaves. Ella solo sonrió, levantándose del propio césped (porque sí, se había sentado en el suelo) y se puso en pie, pasando sus manos por su ropa. La sonrisa, resplandeciente, se veía en la muchacha. Los ojos violetas cargados de vida, una forma redondeada en su rostro y el cabello albino con el toque negro.
 
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—No podía evitarlo. Es raro que quieras verme en un sitio tan apartado.
 
Se acomodó la fina tela con estampados florales, algo que adoraba claramente. Colores tan vivos como la propia muchacha. —Y encima estaba inspirada, ¿qué esperabas? Después del rega-… ¿Oh? — Inclinó ligeramente su cabeza a un lado, viendo al joven ahora al lado del propio Jin. El hombre, en cambio, pareció algo nervioso. Que le hubiera dado la advertencia no garantizaba que fuera a cumplirlo.
 
—Él es Kiyoshi Maeda. — No se atrevió a ver al joven directamente, mantener la compostura en ese momento se le estaba dificultando. —Kiyoshi, ella es…
 
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—¡Akura! ¡Me llamo Akura Takeda! ¡Es un placer!
 
Estiró la mano, viendo que estaba llena de manchas de pintura y, dejando escapar una risita divertida, solo estiró la tela que cubría su cuerpo junto a la camiseta y la estiró para no tocarlo directamente con la mano manchada, misma que le quedaba demasiado grande para ella misma. —¡Disculpa, disculpa! Soy desastrosa. Espero poder llevarnos bien.

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#2
Desconoce cuántos días han pasado desde ese fatídico día. La imagen del cadáver de Elena no ha desaparecido de su mente en ningún momento. La sangre, los muchos cuerpos sin vida adornando la escena, todo es horrible. Si ya de antemano le costaba dormir desde la muerte de sus padres, ahora lo es mucho peor. Pasa todo el día en cama recuperándose de sus heridas, pero ni en día ni en noche logra conciliar un sueño reparador. Es más, ni siquiera menciona alguna palabra con las personas que lo cuidan. Parece un muerto en vida.

¿Cómo puedo ser fuerte?
¿Moriré siendo débil?
¿Traeré conmigo el espíritu de la desgracia?
¿No nací para ser médico?
¿Debería haber muerto yo también?
¿Realmente soy un asesino?
¿Para qué están hechas mis manos?
¿Cuál es el propósito en mi vida?
¿Para qué vivo?


Son demasiadas las preguntas que flotan una y otra vez por su mente, sin cesar. Menos mal el resto ha acertado al dejarle solo en su cuarto la mayor parte del tiempo, pues así nadie es testigo cuando los mares de lágrimas se le escapan y es incapaz de controlarlo. El hombre sin alegría, aquel que siempre parece estar serio o molesto, hoy es un huracán de sentimientos negativos y autodestructivos. Realmente, llega un punto en el que ni siquiera sabe si quiere seguir vivo. ¿Para qué? Es lo que se cuestiona.

Quién diría que uno de los a priori culpables de que la situación sea esta, termina siendo una especie de salvador. La comunicación de Jin, ya pidiendo una nueva reunión, es un soplo de aire fresco. El obligarse a levantarse y salir al mundo exterior le ayuda a relajarse y a enfocarse en otras cosas que no sean su propio ser interior. Es importante aclarar que se encuentran en la misma isla que sus anteriores encuentros, así que no sale muy temprano desde casa en camino a la dirección indicada.

Una vez llegado, vistiendo su clásico traje formal y el bolso con su rifle en la espalda —pues ahora menos que nunca confía en que el yakuza no hará nada en su contra luego de haberlo golpeado como lo hizo—, al poco tiempo aparece el más bajo de los dos. — Vaya, veo que un tonto como tú tiene bastantes vidas. Pensé que habrías muerto, ya estaba contento.. — Como acostumbra Kiyoshi con todo el mundo, su primera interacción es un pequeño insulto. A estas alturas, Jin ya debe estar acostumbrado.

— ¿Mmm? ¿De qué estás hablando, tonto? — No lo entiende de buenas a primeras, pues no está al tanto de que van a encontrarse con otra persona. Lo que sí tiene seguro es lo siguiente. — Solo te haré caso en lo que dice el contrato. Para el resto, tengo total libertad para actuar como me parezca. No vengas a aparentar ser mi jefe porque nunca sería el esbirro de un criminal como tú. — Si bien siempre es un hombre con poca paciencia, hoy parece especialmente sensible y desesperante, mucho más que lo normal. Y bueno, aquí influye directamente la última experiencia que los unió.

Es evidente que Kiyoshi aún no supera todo lo vivido. ¿Jin lo llevará mejor? ¿Estará acostumbrado a la muerte? ¿Qué tan común fue para él ver caer a todos a su alrededor? Dudas que le surgen al médico, pero que no las manifiesta en voz alta buscando respuesta.

Lo que sí se le responde es lo primero, a quién se refería Jin al comienzo. Una mujer aparece frente a ellos, o más bien, los varones emergen en donde ella estaba. Kiyoshi atina a ver el entorno, encontrándose con todo muy sucio debido al ejercicio de pintura, optando por mantenerse dos pasos por detrás de Jin para así no exponerse a la suciedad y al desorden. No dice ninguna palabra hasta que llega su turno.

Observa esa mano sucia que se le ofrece, aunque cubierta con la ropa, sigue siendo algo no agradable para él. Los ojos de Kiyoshi enseñan cierta molestia —recordemos que siempre lleva mascarilla, así que no se le ve nariz ni boca—, y antes de saludar de vuelta, saca desde un bolsillo interno de su chaqueta un par de guantes blancos. Se coloca ambos aunque solo necesite uno. Recién ahora estrecha la mano de la muchacha.

— Me molesta la gente desastrosa y tonta, así que asegúrate de que sea la última vez que me recibes con toda esta suciedad. — El tipo más amigable del mundo, sin duda.

Procede a pasar de largo y amenaza con tocar todos los instrumentos que utilizaba Akura hace pocos segundos. ¿Le asustará que un extraño va a tocar sus juguetes? Ojalá la tranquilice observar que Kiyoshi utiliza un pequeño frasco de desinfectante y un paño para limpiar pinceles y otras cosas, además de agrupar todo en una sola, limpiando un poco el desorden que hay. Lo hace por instinto, no necesita que nadie se lo pida.

— Preguntaría quién es la muchacha, Jin, pero creo saberlo. ¿Se lo dirás tú o puedo presentarme formalmente como su médico? — Lo dice mientras les da la espalda a ambos, producto que sigue en su labor de limpieza y ordenanza. — Será mejor que te acostumbres a mi presencia, tonta, al menos por ahora.

OFF ROL
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#3
No iba a ser el único feliz de verlo muerto, oh, desde luego que no. La lista era tan larga que posiblemente no tenía fin. Por ello no respondió. No era la primera vez que se había visto al borde de la muerte, y esa no era una de ellas ni por asomo… De no ser, claro, por la ayuda del contrario. Solo que él desconocía cómo el médico que lo atendió lo llegó a encontrar. No le había revelado la información y, realmente, no le importó demasiado ni insistió. No había razones ahora que estaba en pie. Cerró los ojos incluso cuando parecía criticar su petición. Incluso si, por una vez, no había resultado en orden.

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—Por favor. Solo… no le digas nada.

No pedía más. Un por favor que probablemente no iba a escuchar ninguno de los que conocían. No al menos de una forma tan sincera como aquella. No le importaba ser tachado de criminal, de ser odioso, o de ser odiado por el mundo entero, excepto por la muchacha que ahora mismo resplandecía frente a ellos.

Y allí estaba Akura, parpadeando confundida por no solo el comentario de Kiyoshi, sino mirando cómo alcanzaba a cubrirse los manos con unos guantes. No pudo evitarlo, riendo divertida pese a la situación. Le resultó gracioso pese a que no estaba siendo el chico más educado del mundo. Con la misma risa, aceptó igualmente el saludo por dentro de la tela. —Está bien, está bien. Intentaré tener las manitas limpias para ti si nos volvemos a ver. — Sonaba divertida, incluso traviesa, a la vez que elevaba la manga de la tela hasta regresar a su altura. Luego solo lo ve, parpadeando aún más confundida por no solo quitarle los pinceles de su otra mano, sino también por la increíble labor que hacía. Le pareció, sin duda, de lo más curioso, volviendo a dejar escapar una risita divertida.

—No hace falta, Kiyoshi. ¡En serio! Estoy acostumbrada a limpiarlos yo, me siento mal verte trabajar con mis materiales. — Sin embargo, no pudo dejar de observarlo con atención, acercando su rostro desde un lateral de sus manos, casi en cuclillas por pura curiosidad. —Madre mía, no solo eres increíblemente alto, sino encima también tienes una habilidad increíble.

—Y tú sigues siendo un desastre con patas, Akura. — La muchacha, al escuchar al adulto, frunció las cejas, claramente molesta por el comentario. Se acercó a él, con ambas manos en las caderas, sus cejas fruncidas.

—¡No soy una niña! ¿Cuántas veces os lo tengo que decir a Uker y a ti? — Jin solo sonrió de medio lado, ver a la chica le resultaba un soplo de aire fresco después de tanta tensión y tantos problemas que se le habían estado viniendo encima.

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—Siempre lo serás a mis ojos.

Jin retiró su ya famosa cajita metálica, donde se encontraban sus cigarrillos perfectamente alineados. Retiró uno de ellos, elevándolo para sus labios, con intenciones de cerrar la cajita, siendo interrumpido por los hábiles y veloces dedos de la muchacha, quien sin aviso le arrebató otro y lo colocó entre sus labios. La única respuesta, sorprendentemente, de Jin hacia ella fue un fruncimiento de cejas y una mirada acusatoria. No hubo regaños, ni palabras, solo extendió el mechero en dirección a la muchacha como si ya estuviera acostumbrado (que, de hecho, ese era el caso).

—Espera, ¿médico? ¿De qué estás hablando? — Akura ahora miró a Kiyoshi, con la llama del mechero en el aire, sin llegar a encender el cigarrillo, aprovechando Jin para agacharse y alcanzarla para encender el suyo propio en la distracción de la mujer.

—Te dejé caer que te iba a traer un médico privado después de la que liaste la última vez. — La chica, ahora, con el cigarrillo apagado entre sus dedos y el mechero manteniendo la llama soltó la misma, haciendo que se apagara, observando ahora al yakuza.

—¡Eso fue porque el imbécil se lo merecía!

—Y acabaste herida, magullada y con el tobillo roto, y por poco no terminas desangrada. ¿Tienes idea de lo difícil que fue conseguir un maldito médico que te atendiera en condiciones?

—¡Te preocupas demasiado! — Sus manos pasaron por su frente, suspirando con un cansancio mental con el que no quería lidiar en ese momento. —Lo siento, Kiyoshi, no estoy en contra de lo que haces, solo que el tonto del señor Jin siempre parece que me ve como a una cría.

Jin dio una larga calada. Ah, ahora la necesitaba, menos mal que lo había podido encender. Los pulmones se cargaron de la nicotina antes de hablar. —El joven Maeda es muy competente, te lo aseguro. Solo tienes que ver cómo te ha dejado los pinceles que siempre te dejas en cualquier parte. — Akura fue ahora la que posicionó, agotada, la mano sobre su cabeza.

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—En serio, no hay quién te entienda…

Volvió la mirada entonces a Kiyoshi, volviendo a una sonrisa que ahora estaba algo molesta, pero no pretendiendo molestar ni cargarlo en el más alto. —Bueno, como sea. No me molesta. Estoy segura de que tienes que ser un tipo increíble. Además, eres divertido, Kiyoshi. Lo siento por todo esto.
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#4
Es curioso. Kiyoshi tiende a ser un poco temperamental a veces, por lo que cualquiera pensaría que es alguien que le gusta la inmediatez, que todo ocurra de un momento a otro. Sin embargo, la imagen que muestra de sí mismo en este momento es totalmente distinto. Cada objeto utilizado en el acto de pintar es limpiado con suavidad y mucha paciencia. Se asegura de que la limpieza sea ejercida a la perfección, por lo que se toma su paciencia. Muestra un buen movimiento tanto de manos como de dedos, practicado no solo por el uso de armas de fuego y actos de limpieza, sino también en su labor de médico.

— ¿Trabajar? No te confundas, tonta. Hago esto porque detesto estar en sitios sucios. Limpio por mí, no por ti, así que no agradezcas nada. — Si bien estamos en un mundo donde existen gigantes, la verdad es que al menos entre los humanos sí podemos considerar a Kiyoshi un tipo alto. A estas personas muchas veces les ocurre que odian serlo debido a traumas de pequeño como ser molestado por compañeros o llamar la atención cuando es algo que no te gusta, por lo que rápidamente intenta salirse de ese halago. — No soy alto. Lo que pasa es que ese tonto es un enano. — Apunta directamente a Jin con el índice derecho. Pobre tipo, solo lo usa para zafar él, no es que quiera molestarlo de por sí.

Finalmente termina su labor y queda todo perfectamente limpio y ordenado. Utiliza una de sus toallas húmedas para secar el sudor de su frente causado por estar tanto tiempo agachado. Recordemos que la debilidad física es bastante seria, sobre todo en este momento pasado de su historia. Cualquier tipo de exigencia física le pasa la cuenta.

Se pierde o más bien ignora el momento cariñoso entre los otros dos, pero le es imposible no parar orejas cuando escucha lo de liosa. Esto sí que le preocupa, aun más haber recibido un ofrecimiento de saludo con las manos manchadas. — ¿No me digas que deberé relacionarme con otra persona problemática? ¿Qué parte de que soy un hombre decente no se ha entendido? — Aunque Jin tiene motivos de sobra para negar esto luego de verlo matar a tantas personas y golpearlo a él en reiteradas ocasiones. Kiyoshi decide hacer la vista gorda de todo eso.

— Escucha, tonta. — Se le acerca y con una cara de pocos amigos, quedando frente a frente con escasos centímetros de distancia, mirándola hacia abajo debido a la diferencia de estatura. — Lo que más odiamos los médicos es atender a personas que buscan lastimarse o arriesgarse a propósito. — Si nos fijamos específicamente en su casa, entra en shock cuando se encuentra con un paciente al que no puede curar y cuya vida se le escapa entre los dedos.

Lo mejor es prevenir, siempre lo dice.

— Así que más te vale que empieces a cuidarte desde ahora, ¿escuchaste? Nada de ir buscando pelea porque sí. — Pasa de mirarla a ella a mirar a Jin. — Puedes pedirle al tonto de Jin que vaya a por ti. Aunque también es mi paciente, puede ser un poco más desechable. — Que agradezca que no dice directamente que es porque se trata de un yakuza.

— Este solo es mi trabajo, no lo hago gratis. Si eres una niña o una adulta no cambia nada… Bueno, en medicamentos que puedo recetarte, y hay ciertos exámenes que podría necesitar la autorización de un autor. Espera, sí cambia mucho todo. — Ya retrocede unos pasos para darle su espacio a la muchacha, mientras posiciona la diestra en su mentón, pensando un momento. — Oye, tonto, ¿ella realmente es una niña o solo buscas avergonzarla? Es bastante incómodo atender a un niño que no tiene padres. — De dónde ha sacado la información de que no tiene padres, preguntarán. — Porque si los tuviera, de seguro no permitirían que se junte contigo.

Realmente no tiene una buena opinión de Jin, incluso después de haber estado en el mismo bando el día de la muerte de Elena. Y es que, a pesar de haber pasado ya un buen tiempo, sigue considerándolo un poco culpable, pero la verdad es que lo hace para no culparse a sí mismo y así experimentar un dolor mucho mayor.

También podría fijarse en la apariencia de ella para calcular más o menos su edad, pero Kiyoshi es un profesional de tomo y lomo. Prefiere una confirmación certera para así saber bajo qué parámetros deberá desempeñar su trabajo. Él no hace las cosas a medias, siempre busca la perfección en su profesión. Verdaderamente han conseguido un buen médico personal.

— No creo que me hayas hecho venir solo para conocerla. ¿Hay algo en particular que quieras decir? Dudo que siga con el tobillo roto o algo así, pues no podría caminar.
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#5
Los ojos de Akura se elevaron entonces hasta el rostro de Kiyoshi, elevando ambas cejas con curiosidad. Parpadeó un par de veces. —Bueno… sí, estoy notando que tienes un problema con la obsesión a los gérmenes, pero no creo que sea buena idea que te pongas a limpiar las cosas de todos. — sus ojos, ahora, observaban los pinceles, increíblemente impecables, impolutos, como si a duras penas se hubieran usado. Su dedo pulgar paseó entre el pelo de los mismos, revisando que incluso la calidad no se había dañado pese a los productos usados. —No me confundas, estoy seriamente agradecida por esto, me has ahorrado mucho tiempo y trabajo extra pero, ¿no crees que la gente podría aprovecharse de ti por eso? — sus ojos volvieron a elevarse ante él, ahora revisando mejor al contrario. —Y no pareces mala persona aunque seas un poco… bueno… directo.

Entonces, la bomba. “Enano”. Jin solo arqueó una ceja, pero Akura solo vio la mano que lo señalaba, sus manos se dirigieron a su estómago y de su garganta salió un estallido de risa. —¡N-no puedo! ¡Ahhhjajaja! — Jin solo volteó la mirada, ahora sintiéndose extrañamente intimidado pese a no haber verdadera razón. —Eres… Ay… perdón perdón. Ja-ja… — Akura, ahora tratando de calmarse (aunque irónicamente era la más baja de las tres) ahora se secaba una lágrima de los ojos, respirando con calma.

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—Sabes que no soy bajo… 

Casi parecía una queja. Oh, sí, señoras y señores, sí que lo estaba siendo. —Lo sé, lo sé pero, siempre te tienen tanto miedo y nunca se atreven a decirte nada. Este chico me cae increíble. — Dejó escapar un suspiro, teniendo que elevar su cabeza para dejar de reírse, respirando profundamente. Tuvieron que pasar algunos segundos más antes de que pudiera volver en sí, respirar de nuevo. Jin por fortuna fue quien prestó atención a las palabras de Kiyoshi, frunciendo las cejas.

—No suele ser tan agresiva. — Ay, ese “suele”, si supieran lo que había oculto en una sola palabra probablemente el propio Kiyoshi lo estrangularía… por segunda vez. De no ser por el estado que la droga lo dejó, y las manos del propio Kiyoshi, ni siquiera sabría que habría sido estrangulado, qué ironía. Todo había resultado borroso en ese incidente.

—¡No te preocupes! — la muchacha fue quien afortunadamente frenó el pensamiento del hombre, incluso con las acusaciones del más alto, ella parecía mantener aquella actitud positiva, casi inquebrantable. ¿Era siquiera lograr que se molestara? Mejor no lo descubran. —Bueno, al señor Jin nunca le he visto herido… No entiendo por qué contrataría al mismo médico para él que para mí. — el dedo se elevó, posicionándose a un lado de su mentón, elevando su mirada.

—No solo necesito que sanen tus heridas… — su voz sonó algo más firme, ahora volviendo la mirada hacia el joven. —Quiero también que veas que su salud esté en las mejores condiciones posibles. — Dudaba de la inocencia de la mujer, quería un análisis, ver que en su sangre, su organismo, todo lo que fuera ella estuviera en las condiciones más óptimas. Sus ojos regresaron hacia la muchacha, elevando su mano, en un aire más serio, incluso si estaba más suavizado de lo que habituaba a ser el propio Jin. —Y tú, ni se te ocurra escaquearte.

La chica suspiró. Ya no solo había sido Jin, también parecía ser el joven quien le hablaba de ese modo. Elevó su mano, despeinándose un lateral de su cabello. —Está bien, está bien. Intentaré no salir herida… Pero no pude evitarlo la última vez. Tú eres médico. ¿Acaso dejarías que acosaran a alguien y la golpearan hasta casi matarla? Un uno contra cinco, condenados… cobardes… No podía ver cómo me suplicaban por ayuda y no hacer nada. Pero no es lo habitual.

Un arqueo de ceja. Oh, exactamente igual que el del propio Jin cuando estaba confundida. —¡No soy una niña! ¡Tengo veintidós años! — sus ojos miraron a Jin, señalando ahora al más alto. —¿VES? ¿LO VES? ¡ESTO ES CULPA TUYA SEÑOR JIN! — El rostro de la chica, ahora sí, por primera vez, mostró molestia. Sus ojos ahora contemplándolo con más furia. ¿Por qué? Por la mención de la falta de padres, una que sintió despreciable, como si se mofara de ella. Sus ojos tomaron un brillo cargado de amenaza silenciosa, fijos en el hombre, sin sentirse abrumada por su altura en lo más mínimo.

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—Escúchame bien, médico de boca sucia.

Porque sí, por muy obsesivo que fuera con la limpieza, esa boca a veces tenía que aprender a silenciarla. —No te atrevas a hablar de padres que no tengo cuando no sabes nada. — Sus pasos se acercaron más, apenas a centímetros de él, teniendo que ponerse en cuclillas para acercarse a su rostro en aire amenazante, hasta que el propio Jin la tomó de los hombros, alejándola un par de pasos.

—Tranquila. No lo dice para ofenderte, Akura. Él no sabe. — Ella apretaba los puños, pero cerró los ojos, respirando. Inhaló, exhaló, repitió el proceso un par de veces para calmarse. Jin no la soltó en ningún momento, al menos hasta que sintió que ella se calmaba y volteaba la mirada hacia Jin.

—Igualmente, no entiendo por qué si tuviera no me iban a dejar estar con el señor Jin. Ha sido bueno. Es verdad que es algo intimidante y tiene aspecto de que vaya a apuñalarte solo con la mirada, pero no es mal hombre. — Silencio, ahora sí, Jin separó sus manos de los hombros de la joven. Deseó, con todas sus fuerzas, que no se fuera de la lengua.

—No te preocupes por eso, Akura. — Ella lo miró, confundida, pero ahora visiblemente más calmada, ahora que Jin se dirigía al contrario. —Quiero que la examines. Sangre, cuerpo, lo que haga falta para descartar que pueda padecer cualquier enfermedad, que se mantenga sana. Alimentos, ejercicio. Todo.
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#6
Todo parece ir relativamente tranquilo, pero el ambiente que desprende paz y armonía, de pronto se ve cargado por una influencia negativa proveniente de la reacción de aquella chica. Para Kiyoshi no pasa inadvertida el aura agresiva que emana de su cuerpo, pero, como es debido, él no se achica ni se aleja. De hecho, ante la cercanía que ella misma propone, el médico da un pazo más allá al llegar a presionar pecho con pecho. Esto no es muy común al no ser un tipo que busque el enfrentamiento directo con el resto, pero la verdad es que tal como él tocó un punto sensible en ella, al revés fue lo mismo.

— ¿Cómo que boca sucia, mocosa tonta? Tengo una rutina de limpieza que ya quisieras tú conocer. — Sí, se ha tomado de forma literal lo de ser sucio, lo que obviamente no va a permitir que diga ni ella ni nadie. Menos mal Jin se avispa a alejarla y calmarla, porque quién sabe qué cosas más podría decir Kiyoshi. Lo conocemos, es un tipo que dice lo que piensa por mucho que de buenas a primeras pareciera ser el tipo más tranquilo del mundo. — Parece que estás acostumbrado a lidiar con personas sin padres, tonto. No me digas que tienes un fetiche con nosotros o algo así, porque me daría asco. — De esta manera, le da a entender a la niñita que ambos están en la misma situación.

A pesar de que todo parece calmarse, Kiyoshi quita el bolso que carga en su espalda y lo deja caer al suelo, afirmándolo desde la parte de arriba para así quitar el cierre y abrir, enseñando el increíble arma que ahí yacía oculto. ¿Asustará este gesto al yakuza considerando lo que pasó la última vez que lo vio?

Sin pensárselo mucho, el médico lo sostiene y dispara a uno dos metros a la izquierda de Jin, asegurándose de que nadie salga herido. Tampoco es que sea un disparo de advertencia, esto no tiene intenciones ocultas ni agresivas. Solo lo hace para retomar un tema anterior.

— No tienes que arriesgar tu salud cuando te enfrentes a esos tontos acosadores, ¿es que acaso ese tonto no te ha enseñado nada? No vale la pena ensuciarse las manos con basura. — Pregunta, apuntando acusadoramente a Jin con el índice derecho. — Ah, cierto que también te gusta conseguir heridas de gratis. Bueno, dicen que los tontos solo se curan muriéndose. — Posiciona el rifle de tal forma que el cañón apunta hacia arriba, así nadie se siente amenazado. — Usa un arma y así puedes realizar tu papel de heroína sin arriesgarte. Desde este momento, no quiero enterarme de que saliste herida pudiendo evitarlo. — Procede a tocarse la sien con un dedo. — Sé inteligente.

Ya habiendo dado una cátedra de cómo encargarse de esos asuntos que requieren violencia sin poner la salud en juego, se toma su tiempo para guardar el arma en donde la trae todo el tiempo, mas no sin antes encargarse de un usar paño para limpiar el cañón que recientemente disparó. Por anda del mundo guardaría a su bebé con un mínimo de suciedad. Quién diría que en el futuro ni siquiera tendrá bolso para mantenerlo guardado y limpio. Debe aprovechar mientras pueda.

— También tengo otra condición… — ¿Podrán adivinar de qué se trata? Seguro que no. Desde hace unos minutos, algo en las palabras de Akura le tiene incómodo, provoca que un escalofrío bastante molesto le recorra la espalda. Es como si supiera que algo no encaja en la ecuación, pero le ha costado descifrar cuál es esa incógnita. Parece que al fin da con la respuesta si juzgamos la expresión tímida que enseña su rostro, distando mucho de la agresividad que mostró recién en el choque de pechos amenazante. — No vuelvas a llamar señor a ese tipo en mi presencia. — Nuevamente apunta a Jin con el dedo. Para ser de buena familia, parece que desconoce que eso es de mala educación.

No le importa.

Puede que hayan trabajado juntos antes, o que se puedan considerar “en el mismo bando” en ciertos casos, pero eso no quita que siga teniendo una mala opinión de él. Acatará la petición de no revelar su identidad como yakuza, pero de eso a aceptar que se le trate como si fuese un hombre decente hay una enorme distancia que muy dudosamente se recorrerá en solo este encuentro. Lamentablemente, Jin y Kiyoshi son de mundos totalmente distintos. El que ahora puedan dialogar como si no fuesen enemigos es simplemente una casualidad.

— Dile tonto, o solamente Jin. Señor es… No, no, no quiero escucharlo. Es una regla impuesta por tu superior, así que debes obedecer, ¿te queda claro? Y no, no te estoy pidiendo tu opinión. — Reveló que tiene 22, así que Kiyoshi es mayor. Le debe respeto. ¿Le habrán enseñado esas normas? Si no, pues que Jin se ponga a trabajar y haga algo por ella. No todo pueden ser peleas, sangre, sexo y esas cosas que hacen los yakuzas de dudosa procedencia.

Ya adentrándonos en los temas médicos —y considerando que ya no hay rifle a la vista—, sitúa la mano derecha en su mentón, adoptando una pose de meditación. También mueve las piernas para iniciar una caminata alrededor de la figura femenina, no apartando los ojos de ella. No nos confundamos, no hay ninguna mala intención en esta revisión, solo busca echar una mirada superficial y sacar una primera conclusión de su forma actual. — Parece estar sana y fuerte físicamente, supongo que te has encargado de que no sea una debilucha como yo. Pero eso también hace que sean más tontos y no se cuiden. — Cuando conoces tus debilidades, eres precavido. En cambio, si tienes plena confianza en tu fuerza, puedes cometer errores en los que jamás pensaste caer. Aunque no lo parezca, es un comentario bastante acertado de Kiyoshi. No lo dice solo para molestar.

— Si quieres que le haga exámenes más a fondo, necesito un lugar con mesas y sillas para trabajar. Si nos reuniste aquí es porque tienes un lugar cercano que cumple con esas características, ¿no? — Porque se niega a desplegar instrumentos médicos aquí, en un parque… No, no es profesional. — No perdamos más el tiempo y guíanos. Cada segundo que perdemos es un momento en donde ella puede decirte señor y hacerme vomitar. Ahorrémonos el disgusto.

Tose y, aunque posee mascarilla, también usa una mano para taparse.

— Andando tú también, tonta.
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#7
Ante el desafío del hombre, sus cejas se mantenían fruncidas, ella con las manos en la cintura. No se vio amenazada siquiera por la altura ajena, solo posicionó sus manos entre sus caderas, manteniéndole la mirada, sin apartarla. —Parece que además de eso no sabes captar indirectas. Que seas limpio físicamente no te convierte en alguien que use bien las palabras. Seguro que ni siquiera eres capaz de ligar con una bocaza como la tuya. — La mano de Jin se posicionó sobre un lateral de su frente, suspirando largamente. Eso iba a ser más difícil de lo que pensaba. Conocía de sobra el comportamiento del Maeda, pero no esperaba que fuera a tocar directamente un tema sensible con la muchacha. Al menos, lejos de eso, Jin tomó la iniciativa de que ambos rompieran distancias, buscando calmar el ambiente.

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—Le haría gracia saber que tampoco los tengo, joven Maeda.

No era tampoco un secreto, ambos hermanos huérfanos, lo que sí lo era sin embargo fue la forma en la que ambos quedaron huérfanos. Akura trató de calmarse, respirando profundamente, cerrando sus ojos. Una, dos, tres inhalaciones. En ese momento es que se da cuenta de lo que ocurre. De repente el rifle, apuntando directamente al yakuza. Ella tembló, con los ojos abiertos como platos. Jin, sin embargo, no se movió, solo observó la boca del arma en su dirección. Sus ojos se apagan, en su estado de instinto de supervivencia, los ojos revisan sus dedos, el movimiento de sus manos. Lo que sí hace es retirar el cigarrillo de entre sus labios, mirándolo con firmeza.

¡BANG!
—¡JIN!

El disparo hace eco en el parque, la bala perdiéndose a saber dónde, junto al grito de la muchacha, quien jadeaba ahora, como si acabara de ver un fantasma. De repente, comenzó a jadear, el aire comenzó a fallarle y, del mismo modo, sus piernas, dejando caer sus rodillas hasta el suelo. Lluvias de emociones recorrieron a la muchacha, que de repente estaba comenzando a sufrir de un ataque de asma. Ella nunca había visto morir a nadie, odiaba la sangre sin sentido. Los pinceles cayeron entre el césped, del mismo modo que sus rodillas. Sus labios se encontraban entreabiertos, buscando respirar, como si realmente hubieran fallado sus pulmones.

—¿Akura? — Los ojos de Jin fueron a la menor de los tres, viéndola agarrarse del cuello de su ropa, apretándola con firmeza, luchando por respirar. —Eh, eh. Akura, cálmate. ¡Akura! — Se apartó de la mira del joven, arrodillándose al lado de la chica, quien comenzaba a temblar violentamente. El abrazo de Jin no tardó en llegar, apretándola con sumo cuidado contra él, con una mano sobre la nuca de la muchacha. —Sh, sh, ya. Ya pasó. Sh. Está todo bien, cálmate. Recuerda respirar. — Le resultaba frustrante encontrarse con semejante episodio, uno que no esperaba en ella, también siendo nuevo para él. —Akura. — No iba a perderla. Sus ojos se elevaron, buscando con súplica la mirada del joven. —Ayúdala. Por lo que más quieras, ayúdala. No respira. No… no respira. No está respirando… — Él mismo estaba comenzando a entrar en pánico. Sus manos temblaban, sosteniendo a la muchacha. En algún momento escuchó su conversación, en alguno. Un lugar, sí, por un momento olvidó por qué había llevado a Kiyoshi. Elevó una de sus manos, temblando, tratando de ordenar sus pensamientos.

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—Una casa… Cerca…

Tenía que calmarse, él mismo estaba entrando en pánico. Apartó a la muchacha de sus brazos con cuidado. Los sonidos ahogados persistían, ahora más sonoros, como si hubiera algo en su interior que la estuviera ahogando. —Akura, te pondrás bien. Te pondrás bien. ¿De acuerdo? Mírame. — Tomó las mejillas de la muchacha, con cuidado, pero no parecía estar concentrada. Volvió la mirada hacia el médico, ahora tomando a la muchacha en brazos. No podía perder tiempo.

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—Ven conmigo. Si quieres un maldito lugar, lo tengo preparado para ti, pero primero ayúdala.

Trató de acomodarla, buscando que el joven aplicara los primeros auxilios, o lo que fuera que el médico pudiera hacer para que la muchacha volviera a respirar de nuevo.
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#8
— ¿Mmm? — Su cara no sabe cómo reacciona ante la escena que se presenta ante él. Un inofensivo disparo ha causado un problema que Kiyoshi desearía haberse evitado. A diferencia de Jin, él mantiene la calma en todo momento. De hecho, si el Onizuka se fija en él un segundo, por la forma en que está de pie observando la escena, podría concluir que no le importa en lo más mínimo lo que le pasa a la muchacha.

Sin embargo, no es así. Como buen médico y profesional de la salud, entrar en pánico ante un accidente es lo peor que podría hacer. Intenta ver los síntomas que presenta Akura y llegar a una conclusión. — Ya veo… Qué coincidencia. — Las vueltas que da la vida logran que Kiyoshi considere esto un caso bastante simple de tratar debido a la familiaridad que tiene con el diagnóstico al que llega.

— Relájate, Jin. — Ni siquiera será necesario irse de la zona, al menos no por ahora. Toma su bolso con el equipo médico. Lo abre, saca primero una pequeña manta y la sitúa sobre el césped. Acto seguido, se arrodilla sobre la misma y lo siguiente que extrae es un pequeño inhalador. — Lamento que no sea nuevo, es el de mi uso privado. — Aun así, usa sus instrumentos de limpieza para desinfectarlo y dejarlo brillante como si fuera nuevo.

Extiende el brazo derecho en forma de gesto para el Yakuza. — Dale espacio, tonto, no te le apegues tanto. Necesita respirar, por lo que no le quites el aire. — Por mucho que pueda llegar a entender la preocupación, es contraproducente que quiera estar pegado. En virtud de la salud de la paciente, Kiyoshi opta por empujar directamente a Jin, demostrando más fuerza que siempre. Y es que este empujón no proviene solo de su fuerza física, sino de la fuerza de su voluntad.

Al momento de trabajar como médico, Kiyoshi se convierte en una persona muy diferente. No por nada, a su corta edad —considerando los muchos años que se toman los médicos para estudiar—, ya es un profesional muy destacado en su rubro, al menos en el South Blue.

La mano que antes empujó a Jin, ahora se desliza por debajo de la nuca de Akura, ayudándola a levantar la cabeza un poco. — Necesito que te relajes y abras la boca. Todo estará bien; después de todo, tu tonto amiguito contrató al hombre indicado. — Además, se lo toma muy personal. No obvia el hecho de sentirse culpable por lo que está ocurriendo.

La mano restante sujeta el inhalador y lo acerca a los labios ajenos, introduciendo la boquilla. Cabe recalcar que delante del pequeño inhalador, se encuentra una cámara transparente —que es la que tiene la boquilla desinfectada previamente—-, la cual permite que el medicamento llegue de mejor forma a los pulmones, evitando así problemas secundarios. Ayuda también al paciente, en un estado de ataque asmático, a inhalar más lento y profundo, permitiendo que el remedio llegue a los bronquios y no se quede en la boca.

— No te esfuerces, déjamelo a mí. Estás en las manos limpias y correctas. — Presiona el inhalador y aplica el primer puff. Mentalmente, cuenta 30 segundos que para Jin podrían parecer infinitos debido a la presión por ver a su hermana mejor. Una vez pasado el tiempo, el segundo puff entra en escena y, tras un breve tiempo más de espera, aparta la cámara. Para este momento, Akura ya debe sentirse mejor.

Kiyoshi vuelve a desinfectar su equipo y procede a guardar todo. — No te desesperes, no es nada grave, no mientras yo esté aquí. — Usa un tono de voz con el que transmite mucha confianza. — Sí haz el meaculpa de haber contratado a un médico francotirador y no mencionar su problema con los disparos. ¿Te das cuenta de lo tonto que eres? — Ahora sí se le escucha molesto, pero aunque pareciera que el enojo es con Jin, realmente es consigo mismo. Se siente afligido por ser el culpable, así que solo expresa su frustración en base a reclamos.

Tras levantarse, guarda también la mantita, no sin antes haberle sacudido bastante. — Debería poder caminar, pero puedes cargarla hasta el lugar que dices tener reservado para observarla. No perdamos más el tiempo, Tontojin.

Curioso es que, durante el trayecto, camine siempre desde la retaguardia del Yakuza, esto para así tener una mejor visión de Akura, estando atento a ella todo el tiempo. Además, se quedó más atrás un momento para recoger el equipo de pintura de que cayó antes.

— ¿Cómo te sientes? Necesito que me digas cualquier malestar que tengas. Es importante que tengas confianza para hablar con tu doctor, ¿lo entiendes? No somos adivinos, así que dependemos de la información que nos entregue el paciente.
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Hablo | Pienso
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#9
Los ojos de Jin no podían apartar la mirada de la muchacha. No le importó ser empujado, ni siquiera prestaba atención a si necesitara o no fumar un cigarrillo. Sus ojos solo observaban a la muchacha, la forma de trabajar de Kiyoshi. Llegó un punto en que incluso se encontró a sí mismo mordiéndose la uña del pulgar debido al propio nerviosismo. A duras penas parpadeaba, el sudor frío lo acompañaba con la preocupación y más al no comprender qué diantres acababa de ocurrir. 

Akura, por otro lado, en un inicio no parece encontrar reacción, hasta que el inhalador hace su función. En efecto, esos treinta segundos le resultan infinitamente largos a medida que la chica parece tener dificultades para responder correctamente y, sin embargo, el trabajo que aplica parece funcionar. Los ojos de Jin se centran en la muchacha, que muy lentamente va retomando su tono de piel. Los segundos pasan, y claramente la muchacha lentamente va volviendo a respirar, primero con agitación, luego despacio, a un ritmo constante y más normal. El alivio llegó en forma de torbellino en el propio Jin, descendiendo su cuerpo hasta casi encontrarse de rodillas, observando a la muchacha. Sus manos temblaban mientras ella poco a poco parecía retomar el aliento. El reproche de Kiyoshi le llegó como un jarro de agua fría. No mencionarle su problema con los disparos decía... Por dios...

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—No lo... No lo sabía... Es la primera vez que la veo reaccionar así...

Su mano temblaba, volviendo a elevarse sobre un lado de su rostro, tratando de buscar encajar piezas en sus recuerdos. No recordaba un episodio así, no sabía siquiera de dónde venía un ataque así. ¿Miedo? ¿Guardia baja? ¿Algún tipo de trauma que desconocía? Pero sí, efectivamente, cargó por completo el “meaculpa”. Conociendo los impulsos (bajo su experiencia) de Kiyoshi con su afán de disparar, de haber sabido que eso povocaría algo así en Akura, no habría ni intentado contratarlo... Pero era tarde para deshacer ese contrato. No se había percatado de que el cigarrillo seguía entre sus dedos hasta que separó la mano de entre su rostro, encontrándose con la muchacha incorporándose, respirando ya mucho más tranquila y normalmente. La tomó en sus brazos, con cuidado, caminando hasta la zona que había planeado inicialmente. Guió a Kiyoshi, sin apartar su mirada del camino. —Jin... puedo camina-...

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—Cállate hasta que te hagan las pruebas, Akura. Casi me das un infarto.

La muchacha guardó silencio, apretando sus labios. Agradeció en silencio que Kiyoshi hubiera tomado el material de la muchacha. Afortunadamente no se encontraba demasiado lejos el lugar al que había planeado llevarlo en un inicio. Una caseta sencilla, pequeña, justo a un lado del parque, algo apartado de otros centros, casas habitables entre otras cosas. Parecía casi desierto, ni siquiera había seguridad, no visualmente al menos. Tomó una llave del bolsillo, abriendo la puerta principal en un clic, y abrió la puerta. El interior estaba impecable, omitiendo que estaba claro que hacía algún tiempo que no había sido habitado y que la limpieza había sido reciente. Sin embargo, había equipo médico básico; una camilla, estanterías con algunos escasos productos, mesa metálica para los objetos médicos... Todo preparado previamente para ese momento. 

Jin dejó a la muchacha sobre la camilla, con cuidado, y la miró con un gesto serio. La muchacha solo evitó la mirada del hombre. Él se apartó de ella, escuchando a Kiyoshi hablar una vez más. Se apartó, dándoles el espacio que necesitaba, cruzándose de brazos y apagando el cigarrillo. Akura, por su parte, solo miró de reojo a Jin ante la pregunta de Kiyoshi, insegura. El silencio se volvió largo, Jin sabía qué buscaba ella, pero no planeaba abandonar la estancia. —Si me van a hacer pruebas exahustivas, no creo que sea buena idea desvestirme delante de ti. — Mierda... tenía un punto. Cerró los ojos, dejando escapar el aire desde su nariz, claramente molesto. —Luego espero los resultados, joven Maeda. — y salió de allí, cerrando la puerta tras de sí, esperando fuera de aquella habitación, caminando hasta donde se encontraba la sala de estar. 

Akura, con algo más de confianza, observó al médico. —Lo siento... Pensé... Pensé que le harías daño... y me asusté. — Su voz sonaba más débil y cansada, aún dificultándose la recuperación de la joven. —Aún siento un poco de molestia en el pecho. Esto no es la primera vez que me pasa, pero lo intento guardar en secreto. Normalmente lo tengo bajo control, pero en situaciones inesperadas como antes, puedo llegar a tener algún ataque de asma... — Sus dedos se apretaron entre sí, uña con uña, una mala costumbre que tenía desde niña que solo lograba desgastar las mismas, siendo siempre el índice y el pulgar. —No se lo digas... No quiero que lo sepa.
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#10
Un nuevo escenario se postra ante nuestros personajes. Un lugar pequeño, pero acogedor. En lo que Jin recuesta a su hermana en la camilla, Kiyoshi toca las paredes y muebles que hay dentro, asegurándose de que todo esté limpio. Para su sorpresa, no tendrá que gastar minutos en higienizar el lugar de trabajo. — No está mal. — Comenta en voz alta, ya dejando su bolso sobre una silla y abriéndolo. — Podría estar mejor, pero estoy conforme. — Llama su atención que la paciente quiera al otro tipo fuera cuando es su hombre de confianza, mas no es algo que en lo que él deba intervenir. La comodidad del paciente es importante en estos casos. — Sí, sí, sabes que es a ti a quien debo rendirle cuentas.

Una vez solos, Kiyoshi no tarda en negar con la cabeza ante la petición de Akura. En estos casos, guardar silencio sería una falla en la ética que alguien como él no puede permitirse. — Por supuesto que se lo diré. Es él quien me ha contratado, no tú. — Es directo al hablar, bastante seco. Pareciera incluso que la está regañando. — Si callo y sucede algo en mi ausencia para lo que él no está preparado, quien estará en problemas contractuales seré yo. — Y eso es algo que no se puede permitir.

Se toma unos segundos en elegir todos los instrumentos que necesita. No se muestra apurado ni nervioso, sino que transmite mucha calma con sus movimientos. Normalmente, luego de tal incidente, los implicados se mostrarían preocupados, pero Kiyoshi es totalmente distinto. Ya lo dijo, no pasa nada grave si él está presente.

— No sabes la cantidad de pacientes que han llegado graves a mis manos y el principal motivo es que quisieron ocultarlo al resto. La salud es importante, por lo que siempre debes comentárselo a los que te rodean, o buscar por tu cuenta un médico que te atienda. — Ya frente a ella y, tras ayudarla a quedar sentada en la camilla y no acostada, le da varios golpecitos en la frente con el dedo índice, castigándola. — Solo eres una muchacha, no una persona invencible. Sé realista y no tonta, ¿te queda claro?

Es curioso, aunque sean solo regaños, esta es su forma de demostrar que se preocupa por su salud. Aunque sea una persona completamente extraña a la que acaba de conocer, es su paciente, por lo que si bienestar hoy en día también es preocupación para Kiyoshi.

Para empezar con el análisis, comienza por apoyar la diestra en su hombro y posiciona la zurda a la altura de su propio pecho. — Obsérvame, fíjate en mi mano. Respirarás tranquila siguiendo el ritmo que te muestra. Tómatelo con calma. — Realiza un ejercicio de respiración junto a ella. Al terminar, le toma una mano para medir su pulso.

— De acuerdo. Ahora… — Rodea la camilla para situarse detrás de Akura y, tras colocarse el estetoscopio, comienza a subir su ropa solo por la parte de atrás, para dejar liberada su espalda. — Permíteme. Ve respirando de forma profunda. — Durante cierto tiempo se dedica a escuchar su respiración por si encuentro ruidos asmáticos residuales.

Al terminar, coloca su ropa de forma normal. — Me comentabas que te ha pasado antes. ¿Puedes comentarme si has identificado todos los motivos? ¿Es siempre el mismo? Ya que lo ocultas de Jin, no siempre es por verlo en peligro, ¿o me equivoco? Necesito que seas franca conmigo. Si me ayudas a ayudarte, él estará tranquilo. Ustedes dos lo estarán, y eso es lo que debes querer, ¿o me equivoco?

Toma una silla que hay presente y la sitúa frente a la camilla en donde está ella, sentándose. Cruza los brazos y también sitúa una pierna sobre la otra, quedando en una postura que es cómoda para él al hablar. De hecho, también baja su mascarilla para que su voz se oiga mejor y se realice una mejor charla entre médico y paciente.
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