Onizuka Jin
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Podía percibirlo, cómo contenía sus gemidos. No quería, quería seguir escuchando su voz, quería deleitarse en ella por cada suspiro, respiración, el latido de su corazón, el espasmo de su cuerpo. Todo lo de él tenía que pertenecerle de alguna u otra forma. Él tenía que ser suyo, en todos y cada uno de los aspectos, entregarse solo a él. Solo imaginar que otro asqueroso se atrevía a poner las manos encima de alguien como él lo enfurecía. Cuando separó sus labios de la marca, ahora sangrando, solo fue a por más, otra algo más arriba, otra más debajo de su nuez, otra más al lado opuesto de su cuello. Ahh, solo imaginar a alguien más tocándolo lo encendía en furia e ira. Tezca… no podía pertenecerle a nadie más. No podía ser de nadie más. Sus dedos se elevaron, tomando su mentón, descendiéndolo a la fuerza de modo que el contrario no pudiera hacer más que abrir los labios.
—Tezca… No contengas tu voz. Quiero escucharte.
No iba a perderse el más mínimo detalle, por mínimo que fuera. Además, sabiendo que parecía no ser doloroso para él lo relajaba, volviendo sus movimientos más erráticos, más insistentes. Hubo un punto en que apegó su pelvis y cesó la embestida, pero se movió con toda su extensión en el interior. Ahh, maldita fuera su idea, solo se sentía mejor. Su piel, su calor interior, su movimiento, todo su cuerpo completo. Maldición, no podía hacer más que volverse más y más adicto a él. Él mismo parecía jadear sin control, volviendo sus ojos a los ajenos, aceptando el beso que se le ofrecía, sin quejarse en lo absoluto por la invasión en su boca. Maldita sea… ¿Qué ocurría? ¿Por qué se sentía tan único y diferente? No podía poner nombre. Ahora no podía tener la excusa del alcohol… pero se sentía mejor que estar borracho, mejor que el cuerpo de una mujer, o de otro hombre. No. Se sentía así: se sentía como Tezca.
—Hazlo…
Su voz sonaba ronca, temblorosa. Su frente pegándose a la ajena. Podía sentirlo, cómo incluso su interior lo apretaba más. Ah, no, no… No quería terminar, pero se sentía endiabladamente bien. No era posible que con su experiencia y su normalmente durabilidad tuviera que caer allí. No podía más… No… debía soportarlo, debía hacerlo… Sus propios gemidos se volvieron más sonoros. Pudo sentir el fluido blanquecino mancharse, mezclarse entre su abdomen y el contrario, su cuerpo moviéndose ahora más frenéticamente, la respiración de Tezca al lado de su oído. Mierda, mierda… Mierda…
—¡AHHH! N-no aprietes… ¡HAAAH! Tant-… Harás que lo haga dentr-… Nnnngghh…
Ah, mierda. El rojo se marcaba, sus ojos se apretaban. El sonido de su cuerpo, su respiración, lo estaba volviendo loco. Sus manos se abrazaron firmemente a sus caderas, apretándolas, sus uñas clavándose en él sin cuidado. Tenía que sacarla, tenía que retirarse antes de eyacular en su interior, tenía que control-… Solo sintió que lo apretaba más, sus paredes internas parecían succionarlo, lo volvían loco. Ahora fueron sus dientes, clavándose en su hombro, firme, fuerte, sus ojos todavía cerrados, el rojo ascendiendo por todo su rostro, sintiendo de repente la explosión de placer. Sus caderas frenaron en el mismo instante que su pelvis estaba completamente apegada a él. Mierda, mierda… Lo había hecho, y dentro de él, pero no podía parar. Sus muslos temblaban, sus labios buscando los ajenos, solo tenía que disculparse… Sí, eso, disculparse… pero condenado fuera el momento que se estuviera sintiendo, no estaba teniendo pensamientos, ni razón. Ni siquiera quería separarse de él, no quería sacarla tan pronto… Se estaba sintiendo estúpido, pero terriblemente adicto.
Tezca Norova
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Y los gemidos se hicieron presentes: errática y ruidosamente al no tener opción, no se detenía continuaba con ese exhaustivo ritmo que solo provocaba que me sintiera sobreestimulado. Mierda ¿Hace cuánto no me sentía así? ¿Desde la última vez que nos vimos? ¿Desde Aleksei? Incluso cuando ya había terminado sabía que necesitaba más de él, así que si, le agradecía internamente por continuar con el mismo paso.
E incluso empeorar. Apenas registré lo que decía ¿Iba a terminar dentro mío? Eso… era nuevo. No lo alejaría, no podía tampoco, tensándome cuando sentí la mordida sobre mi hombro y quejándome ligeramente al sentir el cálido líquido en mi interior, giré la cabeza mirando al costado, avergonzado hasta que sentí como buscaba mis labios y no pude hacer más que corresponderlo.
Me separé después de unos segundos, mirándolo con el rostro enrojecido, respirando con dificultad. Quería decirle algo, incluso bromear, pero era muy difícil hacerlo mientras continuaba sintiéndolo en el interior. Quería que continuara, suplicarle y decirle lo mucho que lo necesitaba en ese momento. — Eso fue nuevo… bastante nuevo, si te soy honesto ¿me… entiendes?—murmuré como si fuera un virgen inexperto, fallando por tomarle poca importancia a la situación, sobretodo cuando sentía como mi mente se concentraba en la sensación de tenerlo dentro, provocando que me moviera ligeramente, soltando un jadeo de sensibilidad. —Mierda, Jin, sal antes que me arrepienta.— Remoté la clásica Tezcactitud, chasqueando la lengua para intentar sentarme. Anhelaba una segunda ronda, por supuesto, pero al igual me apetecía darme una ducha antes. Esta situación era muy muy vergonzosa ¿en serio estaba lleno del semen de otro hombre? Era difícil de creer que yo hubiera permitido eso… y que me gustara tanto.
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Sus ojos se abrieron lentamente, fijos en los ajenos cuando el beso finalizaba. No quería terminar, sentía que no había tenido suficiente de él, que necesitaba más de él y, a su vez, ver su expresión, el sudor perlando su cuerpo, todas las marcas que claramente había dejado, ahora sin rastro de la anterior. Sí, así debía ser… Sus ojos volvieron a verse calmados, tiernos incluso, expresión que no podía ni ver él mismo. Su media sonrisa, esta vez genuina, también lo iba acompañando sin poder separar sus ojos del contrario.
—También fue nuevo para mí…
Su voz sonó en un susurro. Deseaba pedir más, más de su cuerpo, más de su olor, suplicarle que por esa noche se quedara con él. No quería despertarse y verlo desaparecido, sino entre sus brazos. Qué sensación más extraña e inesperada. No recordaba haber pedido ese gesto ante nadie.
—…sal antes de que me arrepienta.
Maldición, había estado tan cómodo que ni siquiera se dio cuenta de que todavía se había mantenido dentro. Deseaba quedarse así un poco más, disfrutar más de su calor. Aún así mordió su labio inferior, cerró sus ojos, retirándose lentamente del calor de su interior. Debía hacerlo. Jadeó, respirando, abriendo lentamente los ojos cuando finalmente pudo lograrlo. Solo se lamentó internamente, respirando, solo para volver a abrir lentamente los ojos. ¿Qué había hecho? Solo podía ver cómo el contrario se sentaba frente a él y, pese a todo, su propio fluido parecía salir de él. Tuvo que tragar saliva, el sudor frío corriendo por un lateral de su frente. El deseo de volver a poseerlo volvió a incrementar… Pero cerró nuevamente los ojos, elevando la mirada y buscando el rostro ajeno. —Debería haberlo hecho fuera… — apenas su voz ahora sonaba como un susurro, un leve y tenue rubor que camuflaba bajo su capa de orgullo y desviando su mirada de forma nerviosa. Esas palabras eran también una forma de disculpa dentro de su propio orgullo, aunque no fuera capaz de decir directamente de pedir "perdón".
—Deja que te ayude a limpiarte.
Sus ojos volvieron a él, todavía con el pequeño rojo dibujado en sus mejillas. ¿Lo dejaría? ¿Preferiría hacerlo solo? Fuera cual fuese su respuesta, no importaba, porque gatearía hasta él para besarlo, pero esta vez no en los labios, sino en la frente. Quería hacerle notar que no lo estaba viendo por debajo de nada, quería que comprendiera que había confianza y que él mismo no le importaba la situación. —O si prefieres, puedo ayudarte en el baño. Hay espacio de sobra.
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Mierda, ahora me sentía culpable por ensuciar su cama y cuerpo, escuché sus palabras, si, claro, pero estaba ligeramente distraído ante la vulnerabilidad del momento ¿me estaba involucrando demasiado? El hombre parecía certero, yo también quería tenerlo cerca, pero algo no terminaba de asegurarme sobre esta situación ¿era la brevedad de nuestros nuestros encuentros? ¿La intensidad de estos? Como si fuera una llama que tan pronto como se encendió se apagaría. Ni siquiera estaba seguro de lo que sentía por él, quería estar con él pero… ¿Cuánto podría durar el deseo?
El beso sobre mi frente me distrajo, mirándolo a los ojos sin sonreir mientras mi mano de forma automática acariciaba su mejilla. — ¿Qué…? Estuvo bien, fue diferente, No me… molesta. Solo fue un tanto extraño ¿me entiendes?— murmuré abrazándolo por la nuca. — Si, claro, un baño y si, podrías ayudarme— Finalmente hablé tomando el usual tono pero acercándome a besar sus labios con suavidad, acercándolo aún más mientras volvía a acostarme en su cama.
¿Qué podía decir? ¿Qué podía hacer más que esta eterna contradicción en la que mientras más pasaba el tiempo lograba resolver a favor de lo que deseaba en lugar de lo que debía? Me separé del beso mirándolo con la respiración agitada para alejarlo poco a poco, hasta que pudiera levantarme de la cama. —Iré a ducharme… He estada aquí un par de veces, conozco un buen bar si quieres acompañarme.— Sentí el ardor avergonzado en mi rostro, buscando la primera puerta que parecía ser la del baño para abrirla.
Una vez al interior del baño cerré la puerta con cuidado, dejando que el pestillo encajara con un sonido seco. Exhalé al fin, largo y cansado, agradeciendo ese breve instante de soledad que parecía un lujo. El vapor comenzó a elevarse apenas giré la llave, el murmullo constante del agua cayendo ahogando mis pensamientos, dándome una excusa perfecta para desconectarme de todo.
Me quedé ahí unos segundos, con la espalda apoyada en la pared fría, pasando una mano por el rostro como si así pudiera ordenar el desastre mental que llevaba encima. Entonces cayó la cuenta, tarde, como siempre: no había preguntado por una toalla. Ni una. Y peor aún, con toda la seguridad del mundo, le había dicho que podía ayudarme. ¿En qué estaba pensando?
Negué con una risa muda, más resignada que divertida, mientras me deshacía de la ropa y la dejaba doblada de cualquier manera sobre el lavabo. Ya era tarde para arrepentimientos; ahora solo quedaba improvisar. Me metí bajo el chorro caliente dejando que el agua recorriera mi piel, llevándose consigo la tensión de los hombros y, con suerte, un poco de mi torpeza ahora habitual... Espera ¿Le había invitado a salir?
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Su tacto, tan único, tan diferente. Sus ojos se cerraron al sentir el tacto en su mejilla, acomodándose en su mano, elevando la propia para que no la separase pronto. La deseaba un tiempo más, solo quedarse así un poco más. Sus ojos se abrieron solo para poder aceptar sus palabras. No entendía la situación, no comprendía cómo todavía lo seguía deseando, cómo aún quería estar a su lado incluso después de lo que parecía ser una simple noche de pasión.
—Entonces te ayudaré.
Una nueva sonrisa, genuina, que salía de forma inconsciente de sus labios. Lo notó separar su mano, sintió sus labios, disfrutándolos, deleitándose en ellos. Le pareció demasiado breve, corto… Sus ojos no podían dejar de verlo, su calma habitual regresando… O eso creía. Su corazón, una vez más, sentía que le apretaba el pecho. Solo lo pudo ver levantarse. Tragó saliva no solo por cómo caminaba hasta el baño privado de su propio dormitorio, también sus ojos no podían evitar verlo, y ver el resultado de lo que había hecho, al menos hasta que se desvaneció detrás de la puerta. Solo entonces pasó su mano por su rostro, elevándolo. ¿En qué diantres se estaba metiendo? ¿Lo había invitado realmente a salir? Ni siquiera había tenido tiempo a responderle por el shock. No era una cita, ¿o lo era? ¿Quizás estaba sobrepensando cosas sin sentido? Tenía que poner en orden sus pensamientos. Descendió su rostro, ahora algo frustrado. No se solía involucrar tanto en ese tipo de asuntos, no debería hacerlo, lo sabía pero…
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—¿Qué diantres me pasa…?
No, solo le estaba dando vueltas a algo innecesario. Se puso en pie, así aprovecharía para terminar lo que empezó. La ducha antes de la aparición de Tezca seguía allí. Respiró con calma, poniéndose en pie y fue hasta al baño. Esperó algunos segundos, recordando que quizás requeriría de toallas. Miró su propio armario a un lado y sacó dos del interior. Quién sabe, quizás sería divertido si la cosa avanzaba a una segunda ronda allí dentro.
Dio dos toques antes de entrar, con las toallas en una mano, su kimono abierto al completo. Dejó las toallas a un lado, pudiendo apreciar tras el cristal la hermosa figura del hombre, siendo empapado por el agua de su propia ducha. Incluso de ese modo se veía apetecible. Dejó las toallas a un lado, retiró su kimono y se adentró, abriendo el cristal a un lado, posicionándose con cuidado a sus espaldas, abrazándolo desde esa posición. Sintió el agua sobre su cuerpo, pero sus manos y el cuerpo ajeno lograban relajarlo.
—Mañana… Podemos ir a ese bar. Cuando despertemos.
Quería disfrutar un poco más, no quería terminar la noche allí. Quería asegurarse de que aquel lapsus no fuera a volverse real, mantenerlo cerca de él. Sus dedos descendieron, sus ojos ahora apreciando su cabello rubio empapado. La otra mano ascendió, apartando a un lateral su cabello, pudiendo no solo que la marca ajena a duras penas se apreciaba, sino las marcas que él mismo había dibujado como un lienzo en ese hermoso cuerpo. No pudo apartar sus ojos de las mismas, sus dedos acariciándolas ahora con una delicadeza que no existía cuando estaban en el acto. —Prometí ayudarte. — apenas susurró esas palabras en el oído ajeno, su otra mano ya se encontraba en uno de los glúteos ajenos. —Espero que no te moleste, Tezca… — Su voz sonó suave, baja incluso bajo el agua de la ducha, con cuidado, introduciendo su dedo corazón en la entrada del hombre.
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El toque de la puerta me asustó ligeramente, volteándome mientras terminaba de enjuagar con tanto cuidado mi cabello para visualizar la figura de Jin sosteniendo dos toallas, genial, me había leído la mente: justo lo que buscaba en una pareja no ocasional jajajaja… ya mátenme mejor. Eso sería mucho más fácil. Mi atención regresó a él mientras se quitaba el kimono: la pálida piel en contraste a la tela negra mientras se movía ligeramente para retirar esta… mierda, realmente estaba follando con una obra de arte. Cool. Aunque yo estaba igual de bueno.
Sentí su abrazo mientras la cálida agua nos mojaba al estar debajo de la llave y solo pude acercarme más, sintiendo mi espalda contra su pecho y mi trasero contra su intimidad. —¿Despertemos? ¿Es tu forma de pedir que me quede a dormir? ¿Para que vuelvas a dejarme abandonado? Las noches son tan frías…— Raspé el tono de mi voz de forma seductora, sonriéndole con travesura, mientras apoyaba mi cabeza ligeramente en su hombro para poder acariciar su mejilla con mano derecha. Si había algo que disfrutaba era tentarlo, volverlo loco una vez más. — Supongo que hay muchas formas de ayudar… ¿me entiendes?— murmuré mordiendo mi propio labio con deseo al sentir su dígito en mi interior, cerrando los ojos en un gesto excitación. — mierda… otra vez…—. Parecía una queja muy a la ligera, mientras me separaba de su cuerpo para apoyar ambas manos contra la pared del frente, arqueando la espalda. — Eres mucho mejor que esto, Jin, pero sabes que… yo también lo soy.—
Y entonces sentí que lo había dejado ganar demasiado. Habría que equilibrar la situación. Pero tenía un ligero problema; me estaba volviendo adicto a él.
Si. Me encantaba sentirlo, pero no podía permitir que se aburriera de lo mismo, por supuesto, sobretodo situación estás escapada iban a convertirse en una dulce y amarga costumbre ahora que trabajaba para el. — Creí que me ayudarías.— lo molesté un poco, volteando la cabeza para mirarle, sintiendo las gotas de agua contra mi espalda. Aproveché que tendría mejor vista para esto, abriendo las piernas y bajando las manos para abrir mis gluteos ¿era yo o me estaba volviendo demasiado complaciente cuando se trataba de él?
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Sintió una leve punzada. ¿En serio? ¿Se sentía culpable? Sí, lo hacía. Maldición… Y no quería admitirlo, pero sí era el caso. Se había preocupado de dejarle ropa, de cubrir su cuerpo… Pero de no ser por…
—Tuve asuntos que atender… Y dormías demasiado a gusto.
Se sintió molesto consigo mismo, por aquel reproche que era cierto pero… sí tenía excusa, solo que no la compartiría en ese momento. Cerró los ojos ante su tacto, sus dedos invadiendo su interior con más cuidado. Podía sentirlo, el fluido que había dejado en su interior y… su propia erección volviendo a tomar fuerza. ¿Cómo era posible que no pudiera de cansarse de él? No importaba el momento, lugar, ropa… solo era él. Sus ojos volvían a fijarse en su expresión, aquella llena de picardía que lo comenzó a contagiar, sonriendo con la misma afección divertida. Lo estaba provocando, lo sabía y, oh demonios, no podía evitar sentirse así, y tan tentado de poseerlo de nuevo, las ganas que había contenido hasta entonces parecía que ahora volaban en el aire. Elevó su mano ahora hasta el mentón ajeno, besándolo desde esa posición, cerrando sus ojos, sus caderas ansiosamente moviéndose entre su mano y los glúteos ajenos. Se separó unos milímetros, en una sonrisa, cada vez más clara, llena de picardía y maldad. Sí, había sido provocado, lo había conseguido.
![[Imagen: HlkRcap.png]](https://i.imgur.com/HlkRcap.png)
—No dudes que te ayudaré…
Ah mierda, verlo así ahora, de espaldas, su cabello húmedo, el cuerpo mojado por el agua de su propia ducha, sus manos posicionadas de forma tan perfecta. No podía no sentirse provocado. Olvidó ahora incluso tener que salir del baño a por algún tipo de preservativo. De todas formas, ya lo habían hecho sin él. ¿Qué más daba una segunda vez más así? Soltó su mentón, sus labios besando su nuca, su hombro… Su frente se posicionó en el mismo hombro, todavía marcado por sus propios dientes. Su dedo se retiró, sosteniendo su miembro de nuevo en su entrada, sin esperar una petición.
—Que conste que quien me provoca eres tú.
No podía evitarlo, incluso si tenía que darle el beneficio. Tan bello, tan único y especial. Pensaba que se volvería loco si se separaba un solo segundo más de él. Sintió su propio glande entrar en su interior. El calor único y especial volviendo a invadirlo. Sus propios muslos temblaron en un espasmo al volver a sentirlo. Un momento, ¿había retirado lo que había quedado dentro de él? Ah, mierda, no podía esperar. ¿Importaba ahora? Debería, tenía que… Pero su calidez lo atormentaba, debatiéndose. Su otra mano descendió hasta el miembro ajeno, masturbándolo de forma veloz, ansiosa. Quería excitarlo tanto como lo estaba él. —Mierda… — sus labios dejaron escapar esa palabra, cerrando los ojos a medida que su miembro volvía a entrar, su mano aceleraba. —No puedo… cansarme de ti. Maldita sea… eres adictivo… — Lo atraía, de todas las formas posibles. Elevó su frente, ascendiendo sus labios hasta el lóbulo de la oreja ajena, paseando su lengua, suspirando en su oreja de placer, el sonido húmedo de sus labios mezclándose con el agua. —No sé qué mierda tienes, eres tan jodidamente perfecto… — Sonó ronco, ansioso, temblando y, aún así, en un susurro suave en ese mismo oído, ahora paseando su lengua antes de dar un mordisco. A este paso iba a arruinar esa perfección.
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“—Tuve asuntos que atender… Y dormías demasiado a gusto.”
Conocía casi todos los malos pretextos que podría imaginar, por lo que al escuchar sus palabras solo lo miré con incredulidad ¿Quién creía que era? ¿Un ingenuo? Mordí su labio con fuerza al sentir el beso, lamiendo la sangre que salía de este, un ligero castigo por intentar engañarme y sobretodo fracasar.
Sus besos me distraían, oh pero que dulce engaño, tortuoso al no poder mirarlo sin sufrir cierta molestia en el cuello al estar de espalda, me dejaba guiar solo por las sensaciones, mis jadeos callados por el agua caer mientras apoyaba mi frente contra la humedad y fría pared de la ducha. Ni siquiera me había recuperado del todo cuando lo sentí nuevamente en mi interior, gimiendo suavemente mientras sentía que mis piernas flaqueaban, mierda, esperaba que el me sostuviera. —Claro… porque llegar tocándome no es provocarme ¿me entiendes?— Me quejé ante sus palabras, siendo completamente interrumpido por el resto de gemidos que se escapaba de mis labios al sentir como me estimulaba. Era la segunda vez en la noche que me hacía derrumbar, cerré el puño sobre la pared en un agudo gemido al sentir la presión, sonriendo ladinamente al escuchar sus palabras aunque no podía verme. —Sé que lo soy. Déjame aclarar tus dudas: Soy más una perfecta escultura que hombre.— Jugué entre el peligro de soltar algo importante y esperar que ignorara aquello, podría ser simple arrogancia. Me convencí, atrayendo aquello que no quería; revelarme ante él.
Sentí que estaba cerca una vez más, ciertamente menos activo que hace unos minutos, estirando el brazo para mover la llave del agua caliente esperando el progresivo cambio de temperatura; jadeando y gimiendo mientras sentía como comenzaba a terminar en su mano. — carajo… no te… detengas… mierda.— Lloriqueé ante la sensibilidad que sentía, colocando mi mano sobre la suya para asegurarme que no dejara de tocarme, guiándolo en un tortuoso y lento movimiento.
Cerré los ojos mientras mis palabras se convertían en un sinsentido, respirando agitadamente con los labio entreabiertos, no quería que se detuviera pero tampoco sabía cuanto podría mantener esta posición.
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Pudo sentir su mordisco. Ah, mierda, el dolor, ese delicioso escozor que lo estaba cegando, volviéndolo loco, incapaz de pensar con claridad. Su labio sangrando y siendo él el responsable solo lo volvía cada vez más y más loco. El jadeo escapaba de entre sus labios, ciego de puro placer, su mano acelerando más en el miembro ajeno. Se iba a volver loco solo con ese detalle. Maldita fuera su parte masoquista… y la parte sádica que lograba ver las marcas que había dejado en su piel. No lo soltó, de hecho ni siquiera se percató de que perdía fuerzas por la firmeza en que lo agarraba, apretándole el pecho contra la pared al mover sus caderas y penetrarlo incluso más. Lo necesitaba, lo ansiaba, lo deseaba. Maldición… Deseaba ver su rostro, escuchar más fuerte sus gemidos, hacerlo enteramente suyo. —No puedo entrar sin abrazarte, solo sería un desperdicio no aprovechar tocar esta piel. — Su respuesta salió con voz ronca. Sentía la calidez inundándolo, él no estaba cerca de terminar, ni de broma. Iba a exprimirlo si era necesario.
Sus ojos se entreabrieron, sus palabras habían llegado a él, incluso en su situación, cargada de excitación. Buscó su mirada, elevándola de su hombro, y solo podía ver parte de su oreja y mejilla. Quería verlo. Mierda… Quería ver su rostro. Necesitaba ver su rostro. Sus caderas golpearon incluso más profundo, el sonido del agua salpicando se hacía cada vez más claro. Escuchaba sus palabras, sus ojos se fijaban en él dentro de lo que sus ojos podían permitirle. El puño ajeno cerrándose, su cuerpo estremeciéndose a su tacto. Pensó en un inicio que lo rechazaría, más cuando solo iba a “limpiarlo”, pero verlo tan receptivo era de lo más satisfactorio.
—Entonces, soy de los afortunados de disfrutar semejante escultura.
Ojalá pudiera decir que pudiera ser solo para él. Estuvo a punto de dejarlo escapar de entre sus labios, pero pudo frenar a tiempo. Ah, sí. Solo él… No sonaba tan mal. Solo recordar cómo aquella marca, ya prácticamente “desaparecida” estaba en ese perfecto cuello lo volvía loco. ¿Quizás no podría tener ese privilegio? ¿Incluso si ahora trabajaba para él? Su cuerpo se apretó más a él, pudo sentir el fluido cálido en su mano, pero sus caderas no podían frenar. En bucle, dentro de su mente, solo se repetía una sola frase;
“Sé mío.”
Sintió cómo de nuevo lo apretaba, haciéndole morder su labio inferior con fuerza, percibiendo entonces el corte previo, haciéndolo sangrar inconscientemente por el placer. Ah, cuando se contraía así era exquisito. Elevó su cabeza, dejando escapar el aire, manteniendo sus ojos cerrados a causa de la mezcla de placer y el agua de la ducha. El rojo incrementaba entre sus mejillas, el placer lo estaba cegando, volviendo poco a poco más y más loco. Por un momento se planteó apartar su mano, al menos para no torturarlo demasiado, pero tuvo que hablar, mantener su mano con la de él. ¿Cómo diablos estaba siendo tan sexy? Maldición. No lo dejó en paz, lo apretó más contra la pared, su mano moviéndose todavía más deprisa. ¿Le dolería? No podía pensar con claridad. Solo entreabrió sus ojos, buscando la mirada ajena, de nuevo, por la espalda, imposible de encontrarla. Apretó la mandíbula, apartándose sin avisar, retirando su miembro. No podía. No esperó respuesta, solo lo volteó, tomándolo de detrás de sus rodillas, elevándolo del suelo y haciendo chocar su espalda contra la pared de la ducha, sintiendo todavía más el agua sobre ellos. Sus ojos volvieron a mirarlo, jadeando. El vaho escapaba de entre sus labios, sus ojos se elevaron, ya que, en ese momento, debido a la nueva postura, él parecía algo más alto.
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—Necesito verte… esa cara…
Sin aviso alguno, volvió a penetrarlo de golpe, de una sola estocada. —Sujétate bien. — Porque no planeaba parar pronto. Sus caderas lo empujaban más contra el mármol, su mano se elevaba, deseando que ahora rodeara sus piernas a su alrededor, para buscar de nuevo su miembro, buscando masturbarlo, elevando su rostro y besándolo de nuevo, cargado de hambre, más que antes incluso.
—No me sueltes…
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No se detenía, el hombre era imparable, pero eso ni siquiera me sorprendía. Sentía como me sobre estimulaba, mi cuerpo ardiendo en llamas mientras el frio y rítmico chocar de mi pecho contra la pared me hacía jadear. Adentro, afuera, adentro… Me intentaba enfocar en el ritmo de sus estocadas para aferrarme al ligero atisbo de cordura que quedaba. No podía pensar, solo sentirlo y desgastar mi garganta entre gemidos ¿Qué tanta estamina tenía? Claramente más que la mía y era raro ver aquello, los movimientos del pelinegro no parecía que bajara el ritmo que llevaba y era un poco sorprendente.
Al sentir el repentino vacío me quejé, aferrándome con fuerza a la pared al sentir como mis piernas casi fallaban por completo, esa mierda era bastante injusta ¡fue tan desprovisto que no pude evitar sorprenderme! Y estaba a punto de reclamarle cuando sentí como volvía a sostenerme, quedando frente a él. Mi espalda chocó contra la fría pared, provocando que la arqueara y en el momento de la expectativa sentí como mi membro volvía a endurecerse ¿Cuántas rondas más anhelaba el yakuza? ¿Hasta desmayarnos del cansancio? Sentía que era mejor no preguntarle y averiguarlo con otros y mucho más interesantes métodos.

Lo miré con deseo desde ligeramente arriba, llevando mis manos a sus hombros para sostenerme mantiendo distancia para observar unos segundos más sus facciones… y entonces lo sentí llenarme una vez más; gemí en casi agradecimiento mientras su mano volvía a tomarme y tocarme, mi nuca chocando contra la pared, lo que no duró mucho al sentir su beso, devorándolo con furia y hambruna mientras mi cuerpo temblaba ligeramente: Era demasiado y me encantaba ello, apretando su torso entre mis piernas casi con ganas de absorberlo. Mis uñas se clavaron en sus hombros hasta marcarlos, no podía más y aguantaría mucho menos.

No estoy seguro de si escuché sus palabras o solo las imaginé en mi delirio, soltando uno de sus hombros para tomar la mano que continuaba masturbándome, abriéndola y llevándola a mis labios para introducir su índice y corazón al interior de mi boca una vez el beso terminó, lamiéndolos con desesperación y mirándolo con total sumisión mientras la concentración en sus falanges acallaba mis gemidos. Al sentir como chocaba contra mi alto placer, mordí ambos dedos por unos segundos, volviendo a lamerlos con fiereza mientras miraba al hombre directamente a los ojos. Quería probarlo una vez más, que me pidiera que lo probara.
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