[Pasado] Recuerdos alegres y maldita pared humana
#1
La isla del karate no era, ni de cerca, el lugar más amigable del mundo para alguien que prefería el sonido de un arpa al de los huesos crujiendo. Elara caminaba por una de las calles, intentando que su presencia pasara lo más desapercibida posible, aunque sus alas por más que las encogiera siempre terminaban llamando la atención de algún curioso o de alguna curiosa. Llevaba horas intentando practicar su sentido de la orientación, algo que se le daba casi tan mal como mantener el equilibrio en superficies que eran más planas. Se suponía que debía encontrar un punto específico para una misión de la Armada revolucionaria, pero lamentablemente a estar alturas, ya no sabia si estaba en el sector comercial o si se había metido en el patio trasero de algún dojo de mala suerte.

— A ver... el mapa decía que debía girar donde está la estatua del puño... ¿o era el pie? ¡Ay, nee~! —susurró para sí misma, deteniéndose en seco y dándole vueltas al papel que sostenía con manos temblorosas.

La pobre Elara, estaba demasiado nerviosa. Cuando Elara se ponía así, su torpeza se multiplicaba por 100. Sus pies, parecían tener vida propia y decidir que el suelo era su enemigo para morir. Intentó retomar la marcha con un paso decidido, queriendo demostrar a si misma que podía ser esa aventurera valiente que sus padres imaginaban, pero en realidad ella era otra, muy diferente. Ella comenzó a mirar todas las cosas, y se distrajo con un puesto de dulces, y en un segundo de desconexión entre su cerbero y sus piernas, su pie izquierdo cho contra un pequeño desnivel en el suelo. Una torpeza que lamentablemente Elara estaba más que acostumbrada.

El resultado fue un impulso hacia adelante, un "vuelo" rasante que terminó de la manera más estrepitosa posible. No impactó contra el suelo, lo cual fue una suerte inicial, pero el choque fue seco, firme y... extrañamente cálido.

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— ¡Lo siento! ¡Perdón, perdón! ¡Nee~! —
exclamó antes de siquiera levantar la vista, con el rostro hundido en lo que parecía ser una pared de carne y hueso.

Sin embargo, al intentar retroceder para pedir disculpas como era debido, sus ojos verdes esmeralda se toparon con una visión que paralizó sus alas de inmediato. No era una pared. Era un hombre. Y no cualquier hombre; era alguien altísimo, de una presencia imponente y una piel tan blanca que parecía como si el ángel fuera él, y no ella. Elara, cuya estatura de 165 cm la dejaba en una posición de clara desventaja visual, levantó la mirada lentamente, pero sus ojos se detuvieron, traicioneros, en la zona donde su rostro había impactado hace apenas un segundo.

Debido a su fetichismo, el mundo se le veía a ella en una cámara lenta. El hombre, un albino de rasgos gélidos, llevaba la ropa lo suficientemente abierta como para dejar a la vista unos pectorales marcados y firmes, que bajo la luz del sol, parecían tener un relieve casi perfecto.

Elara sintió que su temperatura aumentó, mientras que sus mejillas se volvieron muy rojas. Sus alas se movían muy felices por lo que estaba viendo, pero eso lo más seguro que provocaba que estuviera en una situación que era un tanto incómoda. Pero no quería estar en una situación que fuese demasiado incómoda.

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— Yo... yo no... es decir... ¡la pared estaba muy blanda! ¡No! ¡Usted no es una pared! —
balbuceó, perdiendo por completo el hilo de la lógica debido a su honestidad impulsiva—. ¡Es que tiene unos... pectorales muy... muy sólidos! ¡Nee~ ✿!

Se tapó la boca con ambas manos en cuanto procesó lo que acababa de decir. Quería desaparecer, quería que el suelo se abriera y la devolviera a Skypiea de un solo golpe. Se quedó ahí, quietita, con las orejas puntiagudas vibrando de la vergüenza y los ojos bien abiertos, observando al albino con una mezcla de terror puro y una admiración que no podía ocultar. Su aura angelical la hacía ver como una criatura indefensa que acababa de cometer el crimen más tierno del mundo, pero por dentro, Elara solo podía pensar en una cosa: Owen la mataría si supiera que se había perdido... y que se había quedado embobada mirando el torso de un desconocido en medio de la calle.
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#2
Sus gafas de sol le protegían los ojos cuando elevaba la mirada. Ese día, un cielo azul gracias a la radiante estrella les era regalado en la isla Karate, donde artes marciales de diversos tipos eran enseñados, y en el fondo, aquello le instaba a sonreír aunque no estuviese precisamente de buen humor.

Algunos recuerdos, pesados e indiscretos, lo atacaban. Memorias que se bañaban en los mismos rayos de luz que lo cubrían en dicho instante, atados cual hilo rojo a sus cimentos en el Reino Sorbet y cómo se destruyó su vida para siempre desde ese entonces, todo por haber elegido la profesión en la cual se desenvolvía ahora, y por supuesto, la cual se había jurado proteger ante todo, junto a los débiles que se cruzasen en su camino.

Heridas de batalla lo aminoraban físicamente, algunos traumas y miradas fantasma lo perseguían, como sombras bajo un foco eterno. Así y todo, decidía continuar, aunque cueste y cada día pareciese cuesta arriba, porque pese a lo que actualmente representaba su familia, los clanes, la marina se ofreció como refugio para un desamparado que por instantes dejó de verle sentido a todo, y se prometió entregarse al deber.

Entre pensamientos, paseaba, esta vez sin su uniforme porque no estaba prestando servicio pese a que siempre ayudaría a quien lo necesite independientemente del contexto. Se ajustó las gafas y decidió quitárselas, guardándolas en el interior de su haori blanco, cubriendo las telas negras de su prenda superior, ese día planeaba hacer algunas compras y volver a casa en lo que representaba un turno libre del trabajo, sin embargo, parecía que la vida le deparaba otros planes considerando lo que terminó ocurriendo en esa pequeña fracción de segundos donde su vista se vio entorpecida por el cambio de ambiente que percibían, chocándose contra otra presencia a quien identificó de inmediato.

Hasegawa ni siquiera se movió un ápice, pero la chica desconocida rebotó contra su pecho y pareció levemente descolocada cuando se percató de lo sucedido. Ruborizada, quizás la vergüenza de semejante encuentro, y visiblemente confusa, activaron el reflejo protector del marine, quien se inclinó ligeramente hacia ella, intentando inspeccionar que se encuentre bien y no haya recibido ningún tipo de daño serio.

Fue donde señalizó lo de sus pectorales, cubriéndose la boca casi de inmediato tras ello, algo que hizo reír al albino. —No hace falta que te disculpes, de hecho, el descuidado fui yo. —indicaría, dándole una suave palmada en la cabecita. A primera vista, parecía una persona de lo más amable y comprensiva, hasta que claro, su ego desmesurado y la picardía que lo caracteriza entrarían en acción —¡Y tienes razón! Son muy sólidos. —resaltó en tono cantarín, abriendo el haori para lucirlos aún más. Casi que parecían aparecer estrellitas con la pose que utilizó, cómica y caricaturesca, con un gesto bastante soberbio.

Mucho orgullo para un donnadie, pero así vivía feliz.

—¿Te perdiste? ¿Cómo es tu nombre? —Con cada pregunta se movió a los laterales de la desconocida, abruptamente y sin pedir permiso, invadiéndole el espacio personal como si no representase nada y ampliando la sonrisa que ya estaba colocada en su rostro. —Afortunadamente te topaste con el mejor marine de Isla Karate, si necesitas ayuda, ¡Hasegawa Shin lo hará! —remató, aunque semejante afirmación careciese de veracidad o fuentes que lo confirmen. De nuevo, su felicidad no dependía de verdades absolutas.
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#3
Si antes la pobre Elara se encontraba roja, ahora sentía que su cuerpo iba a echar humito de lo avergonzada que estaba. Al ver que el hermoso hombre no solo no se enfadaba, sino que también además abría su ropa para así presumir su tonificado cuerpo, la pobre angelito sintió que sus alas se tensaron solamente por ver lo que estaban viendo ahora sus lindos ojitos. Se quedaron ahí, aleteando rápido, como si intentaran darle aire para que no se desmayara ante semejante muestra de... solidez, fuerza y también un atractivo físico que a ella la tenía completamente enamorada y también casi avergonzada. Era demasiado para ella, pero al menos intentaría tranquilizarse, cosa de no tener ningun tipo de preocupación que pueda ser... de algún modo, complicada.

— ¡Ah! ¡Nee~ ! —soltó un ruidito agudo cuando sintió la palmada en su cabeza. Le dio muchísima verguenza. Pero al menos no lo tomó como algo demasiado complicado. Todo lo contrario, estaba realmente emocionada por lo cómo él la estaba tratando en ese momento.

Era un gesto amable, pero cuando él desprendía ese aura de hombre hermoso, aunque quizás también era un poco soberbio, la pobre Elara estaba a punto de colapsar por las emociones vividas que sentía en estos momentos ella. Cuando él comenzaba a moverse a su alrededor, invadiendo así su espacio de una manera tan repentina, ella giraba sobre su propio eje, un poquito torpe, intentando seguirle el ritmo para no darle la espalda, ya que le daba algo de vergüenza. Sus pies temblaban un poco, pero por milagro... o quién sabe quién estaba ayudandola, no se tropezó y no cayó al suelo otra vez.

— ¿M-marine? —repitió ella, abriendo mucho los ojos. Debido a que de por sí, al ser de ese grupo era inevitable que no pensara que fuesen enemigos. Pero al menos en estos momentos ellos no se encontraban en una situación compleja. Así que eso hacía que pueda estar un poco más... tranquila.

Esa palabra debería haberse sentido una alarma o una preocupación en su cabeza. Ella era parte de la Armada Revolucionaria, se suponía que los marines eran... bueno, el enemigo, o al menos gente de la que alejarse para no tener problemas, aunque bueno también eran ambos enemigos naturales, lo que la hacía preocuparse un poco. Pero Shin tenía una sonrisa tan brillante y era tan amable que a Elara le costaba procesar el peligro. Además, su honestidad era un rasgo que no podía apagar, ni aunque su vida dependiera de ello. Por eso mismo, tenía que saber qué hacer o qué decir, tenía que controlarse un poco. No podía dejar que las cosas puedan salirse para un ambiente malo. De alguna manera.

— Me llamo Elara... y sí, creo que me perdí hace como tres calles. O quizás cuatro. Es que los mapas no tienen sentido cuando las estatuas se parecen tanto, nee~ —admitió, bajando la mirada hacia sus manos, que aún temblaban un poco. Debido a que no podía mirarlo fijamente a los ojos, ni mucho menos a su pecho, pero al menos el albino tenía toda la intención, aunque sea la más mínima, de poder seducirla con solamente su existencia. Elara estaba algo avergonzada.

Y no sabía cuanto tiempo más podría aguantar el no tener una situación que dependiera de que ella no esté nerviosa. Le incomodaba un poco eso, pero no podía hacer mucho más. Solamente tenía que... ser fuerte.

Intentó recuperar la compostura, acomodándose un mechón de pelo rojo rosado que se le había escapado de uno de sus picos capilares. Pero claro, al levantar la vista, se volvió a topar con la figura de Shin. Él se había presentado con muchísima confianza, casi como un héroe de esos cuentos que escuchaba en los Blues. Y eso la hizo estar mucho más roja que antes, debido a que solamente la basta presencia de él, ocasionaba que ella pueda estar bastante avergonzada.

— Señor Hasegawa... —murmuró en voz baja, tratando de sonar educada pero fallando por los nervios. — Es usted muy... luminoso. Y muy amable por no arrestarme por chocar contra usted. Es que... de donde yo vengo las paredes no suelen ser tan... —se detuvo antes de volver a decir "sólidas", apretando los labios con fuerza—... tan simpáticas. —se quedó mirando el suelo un segundo, debatiéndose internamente. Tenía una misión, sí, pero no tenía ni idea de a dónde ir y aquel marine parecía conocerse la isla de memoria. ¿Así que estaría malo el que ella pueda confiar en él? No lo veía como nada malo, siempre y cuando él no esté realizando cosas que no sean buenas. Estaba nerviosa por ello.
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— ¿De verdad me ayudaría? Busco un lugar... un lugar tranquilo. Cerca de la zona de suministros. Es que tengo que... —se quedó callada un segundo, buscando una excusa que no fuera mentira porque no sabía mentir— ¡Tengo que comprar cuerdas nuevas para mi arpa! ¡Sí, eso! Nee~ .

Señaló su instrumento con una sonrisa nerviosa, esperando que el "mejor marine de la isla" no notara lo sospechosa que era su falta de sentido de la orientación. Y que bueno, el hecho de mirar aquellos pectorales, no sean su enemigo mortal en el día de hoy, aunque ella estaba temblando mucho... incluso tenía las mejillas rojas. De seguro que el propio “mejor marine” pensaría que ella estaba enferma.
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#4
Los pequeños sonidos que la chica realizaba consiguieron llamar la atención del marine, aunque no lo suficiente como para realizar algún comentario al respecto con el que picase su presunta timidez o resaltase exageradamente aquello que producía su estado de ánimo actual. Los motivos podían ser diversos, y aunque reconocía su belleza, tenía tanto ego y confianza en sí mismo que salvo excepciones, el simple aspecto físico de otras personas no llevaba al albino a ser seducido.

Como no estaba de servicio en ese preciso instante, podía tomarse desvíos de su ruta o derivados, así que no tendría problemas en darle una mano a la recién presentada Elara, persona que comenzaba a caerle bien por los gestos de sus alas y claro, las reacciones y el escaso contacto visual, en cuanto comenzase otro tipo de interacción por supuesto que iba a molestarla, estaba en su naturaleza meterse con gente tímida y llevarlas a extremos de diversas finalidades.

—Ya veo, ya veo. —asiente repetidas veces al confirmar que estaba perdida, cruzado de brazos —¡Bueno! Eso ya no será un problema, te llevaré a donde necesites. —confirmó, con una sonrisa entre la soberbia y la buena voluntad. Que es alguien repleto de confianza ya saltaba a simple vista.

Y justo antes de voltearse para comenzar a caminar y llevarla a donde le solicitase, la pelirroja se refirió a él, nuevamente desde la vergüenza casi extrema. Volvió a referirse a él utilizando el término "pared", lo cual le hizo reír con ligereza, y observó su instrumento musical inclinándose hacia ella, asintiendo posteriormente.

—¡Claro que sí! No me gusta hablar en vano... —vil mentira, por supuesto, considerando que escupía palabras hasta por los codos —¡Y genial! Espero que cuando termines tus compras, toques una canción para mí. Me encanta la música. —acto seguido, volvió a irrumpir en su espacio físico, esta vez buscando mirarla directamente a los ojos, instante donde sus iris cerúleas brillaron con sumo detalle, pareciendo colores divinos.

—Esa será tu forma de pago por mi amabilidad. ~ —confirmó, en tono cantarín, volviendo a alejarse y esta vez sí, dándose la vuelta al mismo tiempo en que su haori ondeaba al aire por sus movimientos. —¡En marcha! —exclamó, iniciando la caminata en dirección al lugar que le había solicitado.

Los pasos comenzaron a contarse a medida que guiaba a Elara. Pronto, salieron del sitio donde se encontraron y se apreciaron numerosos dojos de los varios distinguibles en Isla Karate, ciertamente no estaban demasiado lejos del lugar buscado por la chica, y se lo haría saber —Por suerte, no fallaste por tanta diferencia. —asintió, con la vista puesta en el sendero, caminando con su confianza característica y suma tranquilidad.

—Y por más suerte aún, me dará el suficiente tiempo para interrogarte. —usó deliberadamente su labor como marine para intimidarla durante escasos segundos en un tono dominante y demandante, claro que se trataba de una broma pesada sin más, en la cual rompería el acting casi de inmediato. —Sólo bromeo. Aunque en realidad sí quería preguntarte algo. —repentinamente, se voltea otra vez.

—¿Por qué eres tan tímida, Elaaa-chan? ~ —se atrevió a usar un apodo con la completa desconocida, y su sonrisa algo traviesa delataba intenciones. Provocar, molestar, incomodar adrede por el simple placer de hacerlo, Hasegawa era una persona de pasatiempos curiosos, y aprovecharse de su carisma era uno de ellos.

¿Lo soportaría Elara? ¿U optaría por continuar su rumbo en soledad a riesgo de volver a perderse? Con Shin nunca hay grises, o se lo quiere o se le odia, pero su personalidad magnética rara vez le hace pasar desapercibido en interacciones sociales.
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#5
Elara sentía que caminaba sobre nubes, pero no de las de Skypiea, sino de esas que te hacen sentir que en cualquier momento te vas a hundir. La confianza de Shin era tan... ¡tan DEMANDANTE! Cada vez que él sonreía con esa mezcla de soberbia y bondad, ella tenía que recordarse a sí misma cómo respirar, y eso para ella ya era mucho.

Cuando él se acercó tanto que la hizo sonrojarse más, Elara simplemente se quedó congelada, con las alas aleteando a una velocidad que seguramente estaba haciendo un ruidito de motor estropeado.

— ¿U-Una canción...? —repitió, sintiendo que el corazón le daba un vuelco.

No sabía si era una buena idea tocar para un marine, pero ante esa mirada, decirle que no era físicamente imposible para ella. Además, eso de que fuera su "forma de pago" sonaba extrañamente... ¿atractivo? Sacudió la cabeza rápido para espantar esos pensamientos pecaminosos.

No podía dejarse llevar solo porque él tuviera unos ojos preciosos y un torso que parecía esculpido por los dioses, Elara obviamente tenía que demostrar que era fuerte, y que no se iba a dejar llevar por situaciones como estas.

Caminó tras él, intentando mantener una distancia prudente para no volver a chocar contra su espalda (aunque una parte de ella no se quejaría), mirando de reojo los dojos que pasaban a su alrededor.

Estaba tan concentrada en no tropezar con sus propios pies que cuando Shin mencionó lo de "interrogarla", Elara se puso más blanca que las alas de un ángel. Sus plumas se erizaron por completo y se detuvo en seco, con el alma saliéndole por la boca, es que ella jamás pensó que pasaría algo como eso.

— ¡¿I-Interrogarme?! —exclamó con un hilo de voz, apretando el arpa contra su pecho como si fuera un escudo, aunque claramente todo lo que pasaba era una situación que ni la misma Elara podría saber como diferenciarlo de una manera buena — ¡Y-Yo no he hecho nada! ¡Lo juro por mi vida! ¡Solo buscaba cuerdas! ¡Nee~ ! — Estaba a punto de confesar hasta lo que había desayunado por puro pánico, cuando él soltó que era una broma. Elara soltó un suspiro de alivio tan largo que casi se desinfla ahí mismo.
 
Pero entonces llegó el golpe final: el apodo. Elaaa-chan.
 
— ¿E-Ela-chan? —susurró, sintiendo que el calor regresaba a sus mejillas con una fuerza renovada, pintándolas de un rojo carmesí. — N-No soy... es decir... ¡no es que sea tímida! Es que usted es... usted es muy... —se quedó callada, buscando una palabra que no fuera "guapo" o "luminoso"—... ¡Usted es muy maravilloso, señor Hasegawa! — más que ella no podía mentir, así que simplemente se quedó expuesta ante la pregunta que le mencionó el hombre.

Se acomodó un mechón de pelo, tratando de ocultar sus orejas puntiagudas que no paraban de vibrar por el nerviosismo que ella sentía en estos momentos.

— En mi hogar todo es más... tranquilo. Nadie te interroga de broma ni te pone apodos a los cinco minutos de conocerte... nee~ . Pero... —lo miró de reojo, con una mezcla de curiosidad y esa honestidad que no podía frenar—... supongo que no me disgusta del todo. Aunque me va a dar un ataque al corazón si sigue haciendo esas bromas, señor Hasegawa. ¿A todos los que se pierden los trata así de bien o es que hoy se siente especialmente caritativo? — preguntó de curiosa solamente. Sin saber qué cosas podrían pasar de ahora en adelante. No lo sabía del todo muy bien. Pero al menos, intentaría tomárselo de curiosa.
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#6
El nerviosismo de Elara le resultaba en cierta forma, atractivo, porque le daba el control de la situación a él, y por Dios, claro que Hasegawa Shin disfrutaba de dominar cada escena en la que se encuentra con su alocado carisma nato. Iba a cobrarse esa canción, de una forma u otra, pero esperaba a que para ese entonces se encontrase más tranquila, y no precisamente por empatizar con su timidez, sino, porque así sería más divertido volver a romperla.

¿O es acaso su culpa que en momentos como el comentario de interrogarla ella reaccionase tan asustadiza? Como si tuviese algo que ocultar. Desafortunadamente, Shin estaba demasiado entretenido en las pintorescas actitudes de la pequeña angelita que no se fijaba en los detalles que podían surgir en el trasfondo de la interacción, quizás un gran error para alguien en su rol, ¿y quién podría culparlo? Su ego lo estaba dominando, la asfixiante sensación de ser halagado por personas como ella, que con un poco de presión soltaban inenarrables frases que lo acariciaban desde lo más profundo de su narcisismo.

"Maravilloso", ah, esa palabra tan brillante... su sonrisa no pudo ser ocultada ni aunque quisiese, porque claro, escucharla le hizo poner un gesto en completo acuerdo con lo dicho por Elara, en el que hasta se podían imaginar brillitos emergiendo de sus ojos. —¡Continúa, continúa! —exclamó, asintiendo múltiples veces en completo acuerdo con lo que la alada le hizo saber.

La pregunta final se le hizo graciosa, y no iba a escatimar en gastos sobre cómo le contestaría, más considerando que se había servido ella misma en bandeja de plata. —Es por ti, Ela-chan. ¿Cómo no tratarte bien, si pareces salida de un cuento de hadas? ~ —dijo en tono casi susurrante, rozando lo seductor. Acompañando a sus palabras, volvió a invadir el espacio personal ajeno, inclinándose hacia ella, mirándola fijamente a los ojos, como si pudiese ver a través de su alma, o deducir cualquier verdad que pudiese estar ocultando.

—Creo que al final, fui yo quien tuvo suerte en este encuentro fortuito. —con el dorso de su mano, le regaló una suave caricia en la mejilla, antes de pegar un salto hacia atrás y volver a su posición inicial, dándole la espalda, como si nada hubiese pasado, literalmente.

—¡A ver, a ver! ¡La zona de suministros! Hmmm... —se colocó la palma encima de los ojos, "amplificando" su visión, y finalmente decidió la trayectoria que seguirían. Aunque en realidad fue todo show, parte de su exageración constante de las cosas.

—¿Qué más puedes contarme de tu lugar de procedencia? Me suena a que nunca estuve allí. Pasé toda mi vida en Sorbet, hasta que me asignaron como marine aquí. —mientras volvía a caminar, dirigiendo la marcha y casi que llegando al destino, sacó otro tema de conversación, intentando "relajar" un poco el ambiente tras excederse con lo de antes.
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#7
Elara sentía que el cerebro se le iba a derretir en cualquier momento. Cuando Shin le dijo "¡Continúa, continúa!" con esa sonrisa de quien se sabe el rey del mundo, ella se quedó parpadeando como una tonta, nee~ . Es que su Honestidad era un problema muy grave, porque no podía callarse lo que pensaba aunque supiera que él se estaba aprovechando de ella.

— ¡Es que es verdad! ¡Nee~! Es usted... muy brillante, como si tuviera un sol dentro. ¡Y muy seguro! En mi casa los chicos son más... normales, no caminan como si fueran dueños de la calle — soltó ella, moviendo las alas con un nerviosismo que ya era de otro planeta.

Pero cuando él se acercó otra vez con ese tono susurrante y le dijo lo del cuento de hadas, Elara sintió que las piernas se le ponían como gelatina. Y luego... ¡la caricia! La mano de Shin en su mejilla fue como un choque eléctrico que la dejó paralizada. Se quedó con la boca un poco abierta, sintiendo el calor de su piel donde él la había tocado, y su corazón empezó a martillarle las costillas. Estaba cayendo redondita, se estaba enamorando de un Marine y eso era lo más peligroso que le podía pasar, pero no podía evitarlo, nee~ .

— ¿S-suerte usted? — susurró ella cuando él saltó hacia atrás. — Yo creo que la suerte es mía... aunque me asuste un poquito. Es que usted es muy... muy... — se mordió el labio, peleando contra su propio Fetichismo que la obligaba a mirar el cuerpo de Shin una y otra vez.

Cuando él empezó a caminar de nuevo preguntando por Skypiea y mencionando Sorbet, Elara lo siguió casi por inercia, tropezando un par de veces con una piedra pequeña porque no podía dejar de mirarle la espalda.

— Skypiea es... es blanco. Todo es blanco y azul. No hay tierra de verdad, solo nubes que puedes tocar y que son suaves. No hay gente tan... tan llamativa como usted allí. Es un lugar aburrido si lo comparas con este sitio, nee~ — decía ella, intentando concentrarse pero fallando totalmente.

Entonces, su Honestidad y su deseo por ver más de él se juntaron y le jugaron una mala pasada. Se puso justo a su lado, caminando casi pegada a su brazo, con la cara roja como un tomate.

— Señor Hasegawa... Shin... — dijo su nombre con timidez, sintiendo que se moría de la vergüenza. — Usted dice que soy de un cuento de hadas, pero... pero usted parece un guerrero de leyenda. Y... y... ¡ay, no sé cómo decir esto sin sonar como una loca! ¡Nee~! — se tapó la cara un segundo pero luego lo miró a los ojos con determinación.

— ¿Podría... podría enseñarme sus pectorales otra vez? ¡Solo un poquito! Es que antes no pude verlos bien por el susto y... y me quedé con la duda de si de verdad son tan... tan sólidos como parecen — soltó todo de golpe, casi sin respirar. — ¡Es por una duda científica! ¡Lo juro! Es que en las nubes no tenemos marines tan... tan bien formados... nee~ . ¡Por favor! — le daba muchísima verguenza el tener que hacer algo así, o mencionárselo. Pero al menos de algún modo, ella intentaba mantenerse concuerda de todo ésto.

Se quedó mirándolo con los ojos brillantes, esperando que Shin, con ese ego gigante que tenía, no le dijera que no. Estaba completamente expuesta, enamorada hasta las alas y demostrando que era la persona más fácil de convencer de toda la Grand Line. Aunque bueno, todo dependía de algún modo lo que pensaría ahora mismo él. Ella estaba entregada... y dependía de él, exclusivamente, que haría para demostrar lo contrario.
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#8
¡Que maravilla! Hasegawa no puede estar más encantado con la situación que se alza frente a sus ojos, tiene a una joven y atractiva muchacha rellenando todos los espacios vacíos de adulación que diariamente le reclama su ego y encima ¡en tiempo récord! ¿Qué clase de buena acción hizo como para ser bendecido con esta situación? Hasta iba a comenzar a creerse la mentira de que verdaderamente él fue el afortunado en ese milagroso choque de cuerpos.

Cada palabra era un obsequio nuevo, y lo disfrutaba con una sonrisa muy presumida. ¿Podía adoptarla? Esperaba que sí, Elara se estaba ganando todas las garantías para llevarlo hacia esa decisión, prácticamente que planteándoselo de verdad, y cuando a Shin se le ocurrían esas locuras habían pocas cosas capaces de frenarlo.

Vio como se mordía el labio, le pareció un gesto de lo más bonito e incluso sensual, pero lo pasó por alto al hacerse el tonto y darle la espalda súbitamente, cambiando el tópico mientras siguen caminando en dirección a la zona buscada por la jovencita. Precisamente quería saber de Skypiea, un lugar que nunca imaginó visitar y que sólo algunas personas le han mencionado sin nada de profundidad en sus relatos, y fue entonces que la historia de Vangrim pasó a poner en palabras la mismísima sensación de estar sobre los cielos.

—Iré algún día, sí. ¡Decidido! Sólo tengo que encontrar una división acorde, conseguir un barco lo suficientemente fuerte y... —lo siguiente son murmullos que planifican su osada odisea de cara a semejante reto siendo... un simple soldado raso de la marina, completamente desconocido y asentado en un lugar sin base proveniente de los de su facción. Lo tenía difícil para escalar, pero si algo definía el carácter de Hasegawa era su incansable voluntad para seguir adelante.

Las ideas del albino desistieron cuando escuchó su nombre ser llamado, junto a una pequeña vorágine de duda que alimentaba su propia confusión. Es decir, ¿cómo sonaría como una loca cuando el propio marine desdibujó las líneas de la cordura en esos cortos segundos de interacción? Se volteó entonces, casi que ladeando la cabeza bajo la consideración de que quizás le pediría algo VERDADERAMENTE alocado, pero al final... fue muy sencillo, incluso ligado a la perversión, en ese terreno, Shin podía darse el lujo de hacerse un festín.

—¡Vaaaaya, vaaaaya! Así que eres de esas, Elaaaa-chan. —la miró con una sonrisa implacable, acercándose a la chica nuevamente aunque sin invadir demasiado su espacio personal. Se puso a un costado, luego al otro, y terminó frente a la joven, haciendo contacto visual directo —Y con lo inocente que parecías... —concluyó, haciendo un gesto mínimo de desdén, echando por la borda el concepto de chica tímida y muerta de nervios para transformarla en: Chica tímida llena de lujuria.

—¿Y yo qué gano a cambio, hm? Debes saber que con un agradecimiento no me basta, jovencita. —se inclinó hacia ella, con el dedo índice negando a la altura de su mentón. —Reconozco, de todas formas, que me pareces muy divertida. Siempre estás subiéndome el ego y lo adoro, ¿por qué no hacemos un trato? —se le encendió la lamparita, y sí, iba a exteriorizar la idea intrusiva que tuvo hace escasos minutos.

—Conviértete en mi mascota, sígueme a todos lados y quizás te deje ver mi dulce, casto, puro e inocente cuerpo. Necesito a alguien como tú halagándome todo el día. —sentenció. —Aunque... si tienes trabajo eso sería complicado. ¿A qué te dedicas, Elaaa-chan? —cuestionó al final, mirándola con una ternura casi especial, y con la apariencia de volver a la normalidad y medio desistir de esa idea al pensar con un poco de lógica.
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#9
Elara sintió que el mundo se le caía encima, se le caía totalmente y de forma muy pesada cuando Shin la llamó "Ela-chan" y le dijo que era "de esas". Se puso roja, muy roja, ¡roja como una fruta madura que está a punto de explotar! Sus alas dieron un sacudón tan fuerte que un montón de plumas rosadas salieron volando, como si hubiera estallado un cojín en mitad de la calle. Estaba muy avergonzada, sentía una vergüenza que le recorría desde las puntas de las orejas hasta los dedos de los pies, nee~ .

— ¡N-no! ¡O sea, sí! ¡Pero no es lujuria! ¡Nee~! Es... ¡es curiosidad científica! ¡De verdad! — exclamó ella, moviendo las manos de forma muy loca y muy rápida, intentando defender su honor aunque su honestidad le decía por dentro que, bueno, quizás un poquito de lujuria sí que había. — Es que usted es muy... muy... ¡ay! — se tapó la cara con las manos porque sentía que si seguía mirándolo a los ojos se iba a desmayar ahí mismo de la pura impresión.

Pero cuando Shin propuso lo del "trato" y dijo esa palabra... ¡mascota! Elara se quedó de piedra, muy quieta y muy tiesa, como si le hubiera caído un rayo de los suyos pero por dentro. ¿Ser su mascota? ¿Seguirlo a todos lados y decirle lo guapo que es? Su mente de pajarito empezó a dar vueltas y vueltas. Por un lado, sabía que eso sonaba muy raro, muy extraño y que a Owen no le gustaría nada de nada. Pero por otro lado... ¡podría ver su cuerpo "puro e inocente" todos los días! Su fetichismo le dio un empujón tan fuerte que casi se cae de lado, nee~ .

— ¿M-mascota? ¡Nee~! Eso es... eso es muy... ¡muy atrevido! — balbuceó ella, dejando un huequito entre sus dedos para mirarlo con esos ojos brillantes. — Pero... pero si eso significa que puedo estar cerca de usted y ver sus entrenamientos... y sus... sus pectorales... ¡creo que podría aceptarlo! ¡Soy muy buena siguiendo órdenes! ¡De verdad que sí! — confesó con una sinceridad que le quemaba la lengua, porque no sabía decir que no a algo que deseaba tanto.

Entonces él preguntó a qué se dedicaba y Elara sintió un pinchazo de miedo, un miedo muy frío. ¿Cómo le iba a decir a un Marine tan radiante y tan perfecto que ella era una Revolucionaria? ¡Sería el fin de su cuento de hadas antes de empezar! Se puso muy nerviosa, se puso tan con maripositas en el estómago que empezó a juguetear con los botones de su túnica de forma muy torpe, nee~ .

— ¿Y-yo? ¡Nee~! Pues... yo soy... ¡soy una mensajera! ¡Eso! — intentó decir, pero su honestidad era como una piedra en el zapato que no la dejaba mentir en paz. — Bueno... en realidad trabajo ayudando a la gente... a cambiar cosas... cosas del mundo... ¡soy una Revolucionaria, Shin! ¡Nee~! — soltó de golpe, cerrando los ojos muy fuerte y esperando que no la arrestara o que no dejara de querer que fuera su mascota por ser "del bando contrario".

— ¡Pero soy una Revolucionaria muy pacífica! ¡Y muy limpia! ¡Y muy buena halagando! — añadió rápido, dando un paso hacia él y casi tropezando con su propia bota. — ¡No deje que eso arruine nuestro trato! Puedo ser su mascota revolucionaria... si usted quiere... nee~. ¡Por favor! — se quedó ahí, mirándolo con una mezcla de súplica y esperanza, con las alas caídas de la pura angustia de haber confesado su secreto más grande.
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#10
El don de la palabra le fue adjudicado, o al menos, el don para saber cómo saturar de tonterías a las personas en tiempo récord, y claro, aunque el juego de lujuria y timidez que proponía Elara era tomado a broma por Hasegawa, pronto vería entre las hendiduras de su comportamiento una verdad inesperada, pero que tenía lógica en relación al mundo lleno de peligros que habitan.

El camino a esa confesión se vio envuelto en plumas volando a lo loco gracias a los nervios de Elara y por supuesto, sus palabras algo torpes, confesando sin hacerlo, y mirándolo entre los dedos de las manos que le tapaban el rostro. Shin no pudo evitar reír, al fin y al cabo, esa excusa de la curiosidad científica plantó la semilla perfecta para preguntarle su profesión instantes después.

Cuando menciona que es demasiado atrevido, el albino se cruzó de brazos y asintió varias veces, orgulloso de que utilice esa etiqueta con lo que le dijo, mientras por dentro le veía la gracia al concepto que propuso, ya que estaba claro que no iba a llevarlo a cabo, al menos en un principio...

Entonces llegó el momento, la pregunta de Hasegawa sobre su profesión, ocasionando un tipo de nervios diferente en la pobre Vangrim, quien comenzó a juguetear con los botones de su túnica a medida que parecía estar dando con una respuesta acorde a la pregunta. Eso fue lo que pensó Shin, llevados a la realidad, predecir que sería una revolucionaria y que además, confesaría esa "profesión" sin más le hizo abrir los ojos con una absoluta muestra de sorpresa.

Aún así, seguía ofreciéndose a ser su mascota, como si estuviesen protagonizando una de esas lujuriosas novelas para adultos que venden en algunos sitios. Sin embargo, había algo que no podía negar, esa mirada suplicante, los muslos a la vista en la pequeña Elara y todo en su actitud tan complaciente lo hacían sentir... intrigado, curioso de hasta qué punto se podía llevar aquella situación, como si un sadismo oculto en su interior se manifestara de pronto, basado en la naturaleza carnal más instintiva del ser humano.

Por ello, y de un movimiento veloz, Shin se colocó detrás de la revolucionaria y aprovechándose de su altura, sujetó al mismo tiempo con su mano izquierda las dos muñecas de la chica, elevándolas hasta el máximo de su capacidad y dejándola atrapada, con ambos brazos elevados mientras el rostro del marine se colocaba a la altura del contrario, casi que en su oído, observando desde esa privilegiada posición el cuerpo de Elara, y obvio, su rostro, totalmente inmovilizada gracias a la pose que forzó.

—Así que revolucionaria, me lo ocultaste bien todo este rato... —el tono de Shin pasó a ser más dominante, como si estuviese reclamando la autoridad que su posición como marine le obliga a ejercer —Tendré que comprobar si no tienes armas entre tu ropa. —se veía tentado, realmente creía que Vangrim era inofensiva y eso capaba su sentido justiciero, llevándolo a terrenos más atrevidos, como ella misma había dicho. Y guiado por esa sensación, empezó a palpar entre los ropajes de la joven revolucionaria, sin tocar (aún) ninguna zona comprometida.

—Y aún así querías ser mi mascota, que cosas... —suspiró, justo en el oído de Elara, antes de soltar algunas palabras adicionales, con su diestra en la cintura ajena —¿Qué debería hacer contigo, Ela-chan? —susurró, entrecerrando los ojos y relamiéndose, disfrutando cada segundo, pues ese nivel de obediencia y predisposición le terminaron gustando bastante.
[Imagen: vEBNZb3.png]
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