[Presente Absoluto] Llegada a la isla, que la apuesta inicie.
#1
72 de Invierno, año 16
11:00AM





Habían transcurrido aproximadamente dos días desde que la pareja de piratas, Ryota Miyamoto y Runin Kitay, abordaron el crucero para abandonar la isla Karate.

Durante el viaje no lograron comunicarse con los demás miembros de su recién formada tripulación, quienes tal vez no se tomaron muy bien la pequeña nota que el chico de cabellos castaños había dejado sobre la cama de la posada donde se hospedaban.

“Ya los llamare cuando lleguemos a Sorbet” Decía Ryota en cada ocasión, pues no quería recibir el regaño que le esperaba.

De una forma u otra, los dos días transcurrieron entre apuestas, conversaciones, juegos y un par de noches en la habitación del camarote. La primera, en realidad, fue más un campamento, pues ambos durmieron en el suelo, uno sobre el otro, ya que ni siquiera lograron llegar a las camas antes de derrumbarse producto del alcohol.

Quien lo paso fantástico esa noche fue Cardan, que se apropió de la litera de arriba y se rehusó a regresarla la noche posterior, puesto que la había reclamado como su territorio.

Finalmente, en la mañana del ultimo día del viaje, los orbes del castaño se abrieron con lentitud anunciando un nuevo despertar. Su torso desprovisto de toda prenda estaba fuera de las sabanas sintiendo el frio aire matutino, pese a los hermosos rayos de luz que atravesaban el cuarto desde la ventana.


Con cuidado se levanto para no despertar a la señorita a su lado, ambos en la litera de abajo del camarote. Su expresión mostro una ligera sospecha, como si algo no estuviera bien o terminara de cuadrar en su cabeza. 



“Bro ¿Y mis calzones?”

Dijo cuando levanto las sábanas, pudiendo ver a su lado el despampanante cuerpo de Runin.



“Waos”

Fue su reacción más honesta ante tan increíble confección de un creador supremo que ama a sus fieles, otorgándoles el fino don de la apreciación. Fue por ese motivo que juntó las manos de manera solemne y agradeció a aquel que todo lo ve por darle la vida; a sus hermanos, madre y padre, a sus amigos, así como cada prueba que lo había llevado hasta ese momento.



“Gracias papito Dios.”

Tras sus conmovedoras palabras, se levantó de la cama para meterse en la ducha, acto que, por supuesto, despertó a la joven de cabellos negros al sentir la molestia del cuerpo del chico pasar por encima de ella para poder descender al suelo. “Buenos días.“ expresó con agrado, antes de caminar en dirección al baño del camarote.

Tras un buen baño, ambos se prepararon y tomaron sus cosas para el desembarco. En medio de conversaciones triviales, que demostraban una sorprendente normalidad entre ellos, fue durante el desayuno en el restaurante cuando Ryota quiso tocar un tema que sentía sumamente importante sobre lo ocurrido en su viaje. “¿Pantis de abuelita bombachas?” Comento en tono burlón. “¿Y con dibujitos de serpiente?” Continúo mofándose mientras llevaba a su boca el cubierto con algo de tocino y huevos.



“Kekeke la llamativa Runin con bombachas kekeke que tiernaaaaaa.”

Se reía al recordar las bombachas austeras que había tomado por equivocación del equipaje cuando le pidió que le pasara una toalla de su mochila. Un momento gracioso que no habia podido olvidar desde entonces y que probablemente no olvidaría en toda la aventura que estarían por tener.

Cuando por fin terminaron la comida, continuaron bromeando hasta que, por orden del capitán del crucero, salieron a la cubierta para presenciar la llegada a la isla. Allí, de pie junto a los demás pasajeros, vieron cómo a lo lejos se alzaba la isla de Sorbet. Un lugar conocido por su clara división social, ya que en una parte de la isla se asentaban los ricos y en otra los pobres. La zona que interesaba a la pareja era la acaudalada, pues allí se encargarían de quitarles todo el dinero que pudieran a esos ricachones en el circuito de peleas clandestinas.


La bomba de chicle se inflo desde sus labios, escondiendo una picara sonrisa tras ella, que evidenciaba sus deseos por estafar a esos idiotas. “¿Lista para hacernos notar?” Pregunto el castaño antes de que el barco continuara su avance para llegar al puerto.


Karmas
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#2

El constante y acostumbrado mecer de las olas acurruca a la perezosa fémina de largas hebras azabaches, quien se mueve ligeramente en la cama al percibir el rozar de la sábana contra su piel desnuda. La cálida sensación provoca una adormilada sonrisa que no abandona su rostro, como si estuviera soñando con algo menos mundano y más fantasioso; el cuerpo parece flotar, a veces no lo siente en absoluto, a veces da una impresión extraña de pesadez que fuera de resultar desesperante, se nota amena, peculiar, placentera.

El repentino movimiento agita la cómoda nube en la que parece flotar, esta se disipa cuando la fémina abre los ojos, demostrando confusión hasta que la realidad acaricia su conciencia. El mar, el crucero, el camarote, la cama, su desnudez y la de aquel que pasa por encima dándole los buenos días. Runin vuelve a acurrucarse, esta vez observando a Ryota. Parece estar a punto de contradecirlo hasta que una ligera sonrisa atontada por el despertar, escapa.

—Buen día, cariño. —Responde al fin, trata de quitarse la pereza, se estira exageradamente cual gato y sin pedir perdón ni permiso decide hacer lo que se le plazca, y lo que se le place es comenzar el día de la mejor manera posible. Las blancas sábanas se deslizan delineando la morena piel cuando decide eludir la comodidad de su lecho para encaminar sus gráciles pasos hacia el verdadero objetivo. La vergüenza no es sinónimo de belleza, la desnudez no amerita juicio, la intimidad no nace del pecado y una vez encendido el deseo, difícilmente logra extinguir la llama.

—Guárdame algo de espacio, cariño. —Susurra cual secreto, envuelto en una fina capa de dulzura disfrazada de insinuación, cuando su cuerpo presiona la espalda de aquel quien la ha despertado y acaricia cada ápice de piel expuesta…  todo está expuesto en ese momento.



—Hace frío, caliéntame…

¿Pide? ¿Exige? ¿Ruega? Todo es relativo cuando deja de querer entender en dónde inicia ella y dónde termina él, cuando el sonido del agua queda opacado ante el vibrar de la dulzura en su voz. La ducha fría se transforma en tibieza, en sensaciones de ligereza, en el aumento del calor antes de transformarse en la frescura del agua que limpia desde el último rastro de la noche anterior hasta eliminar cualquier indicio de actividad matutina.

Fresca, sonriente y después de bañarse en perfume, decide tener un ominoso desayuno acompañado de jugo de naranja fresco, un vaso grande de agua y una pequeña copa de vino que bebe cada tanto para sentir el sabor más que por la sensación de alcohol en vena. Todo es perfecto hasta que aquella pregunta ingresa por un oído y lamentablemente no sale por el otro.

¡¿Es que ese hijo de su hermosa madre no es capaz de vivir cinco segundos sin hacerle perder los estribos?! Empieza a creer que trata de romper algún tipo de récord mundial o que simplemente es un masoquista adicto a los golpes de la amazona. ¿Tendrá algún tipo de fetiche inspirado en el maltrato? No, sabe bien cuál es su gusto particular. Simplemente Ryota carece de sentido de supervivencia y Runin disfruta de ello y se enerva en igual medida.

—Exclamó el del boxer parchado con osos afelpados en el trasero. —Runin no es el tipo de personas que se avergüenzan aunque jugar con sus gustos particulares y poco sensuales ha logrado tocar una fibra en ella. —¡Dame eso acá! ¡No mereces tocino! —La risa del castaño se escucha más fuerte mientras Runin mastica el cárnico, cuando quiere darse cuenta, ella también se está carcajeando.



—Fufufufu, al menos mis bombachas son encantadoras, no como tus calzones ahuecados fufufufuf

Porque desde que se conocen se han visto en más de una forma. Desde la comodidad hasta la elegancia, de la casualidad al desencanto. Algunas veces el blanco de burlas es el castaño, otras veces la pelinegra, aunque esto último normalmente no sale bien si hay más personas presentes.

Con el estómago lleno, el cuerpo ligero, el plácido ambiente entre ellos y las voces del capitán del crucero dando nuevas indicaciones, ambos deciden que el encanto de su burbuja debe romperse para iniciar una nueva aventura. La emoción se transforma en sonrisas, en confianza, en esa faceta necesitada de atención, del mundo, de la vida.

¿Sorbet seguiría siendo tan dividida como siempre? ¿Realmente encontrarán algo de esparcimiento en aquella isla que huele a miseria y a vanidad por igual?

Los pasos de la fémina golpean la madera provocando el escándalo necesario como para capturar curiosas miradas. Cruza los brazos mientras ambos contemplan su destino desde la cubierta del navío. Runin se relame los labios con una lentitud calculada, saboreando el instante: los recuerdos, el presente, la compañía.



—La pregunta ofende, cariño. Yo siempre estoy lista.

La emoción bulle bajo la piel; los brazos se relajan y la mano izquierda de Runin se posa con naturalidad sobre el hombro de Ryota. Se inclina hacia él, ejerciendo el peso justo para que el calor de su cuerpo y el suave roce de su pecho, acaricien el abrigo de su compañero. El cálido hálito de la mujer acaricia el oído del castaño; seguramente Ryota es capaz de percibir la sonrisa en los labios de Runin cuando, por fin, le habla a él y solo a él.

—También averigüé que las peleas clandestinas no son exclusivas de la isla Karate, cariño… ¿Pensabas dejarme fuera de la diversión? —Las palabras quedan suspendidas en el aire cuando la nariz de la fémina desciende, capturando el aroma ajeno. Juega con la sensibilidad de su cuello, subiendo y bajando con lentitud deliberada, alternando cálidas respiraciones y el roce de labios carnosos que se convierten en caricias ambiguas: a veces parecen besos, otras la silenciosa promesa de morder o probar. Siempre se detiene antes de cruzar la línea, ascendiendo de nuevo, despacio, hacia su oído.

—No solo soy divertida en la cama o en la ducha, cariño. Déjame demostrártelo. —El roce de su labio inferior perdura tan solo un instante en el lóbulo de su oreja antes de retirarse, justo cuando Cardan aparece forcejeando con el equipaje.  —Me atrae más de un tipo de acción, además, soy fuerte, cariño. Salvaré tu trasero cuando empieces a perder en las peleas, fufufufu. —Le dedica un guiño cargado de intención y gracia, antes de tomar sus cosas, regalándole un beso en la cabeza a su serpiente.

—Ryota. —Casi no pronuncia su nombre a secas, pero lo hace cuando regresa a mirarlo y el crucero pide cuidado porque desembarcarán.



—Aprende a confiar un poco más en mí.

El característico sonido de la sirena de la embarcación llena el ambiente y ella vuelve a reír. Cardan repta hasta los hombros del castaño, haciéndole peso y apretándole con confianza, como si le estuviera animando. Claro, como si alguien pudiera patear el trasero de Ryota más de lo que suele hacerlo Runin. Imposible ¿O no?


Karmas
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#3

El suave tacto acompañó a una imperiosa orden, transformando aquel buen baño en algo difícil de encerrar en un solo adjetivo. Sublime, maravilloso, majestuoso… palabras que se quedan cortas frente a esos instantes en los que la vida, por fin, parece tener sentido.

La sonrisa dio paso al anhelo de dos almas caprichosas, quienes correspondieron en un delicado baile al ritmo de las gotas, que tras recorrer sus cuerpos se estrellaban contra el suelo, adornando el momento con su fulgor cristalino.

Lo que en un principio fue frío se transformó en tibio, alimentado por la energía de un deseo compartido. Dos almas entrelazadas, hallando en la frescura del baño matutino la saciedad que sus corazones reclamaban. 

El final no marcó el ocaso de aquella necesidad, pues continuaron complaciendo su capricho compartido incluso durante el desayuno. En medio de risas y bromas, encontraban en el otro una significativa compañía, de esas que rara vez se experimentan y difícilmente se olvidan.


”Kekeke ya te dije que son los guerreros, han aguantado muchas batallas para dejarlos de lado.” 

Las palabras iban y venían, provocando risas, comentarios y bromas que evidenciaban su innegable química. Como si el tiempo no pasara para ellos, mantenían todo tal y como quedó antes de separarse y volver a reencontrarse. 

Era un secreto mutuo, uno que ninguno negaba, ni admitían, pero sabían. 

Una vez de pie en la cubierta, mientras observaban su próximo destino, la diestra de la hermosa morena se apoyó en su hombro, inclinándolo ligeramente para recostarse con comodidad y permitir que su cálido aliento le acariciara el oído.

El suave pop de la burbuja de chicle al reventar fue el preludio de las palabras que revelarían cuánto sabía Runin sobre el circuito de peleas clandestinas.


”No, claro que no, jamás haría algo como eso… bueno, quizás no te conté, pero no fue con mala intencion…”

Contestó mientras sentía las suaves caricias de aquellos labios recorrer su cuello. No era de piedra, y cualquier mentira que pudiera intentar, se desvanecía por sí sola ante ese dulce tacto; por lo que a esas alturas, guardarse algo ya no tenía sentido.

Antes de poder explicarse, la llegada de Cardan lo sorprendió, ya no por el suave jugueteo de aquellas caricias que solo quedaron como un ligero hormigueo en su piel; si no por la petición de la morena, quien revelaba algo tan importante como inesperado. 

Runin… Susurro al observar el beso a la fiel serpiente. Tienes razon. Concluyó mostrando media sonrisa. No había forma de negarse a ello tras entender que la joven poseía toda la razón. 


Cuento contigo para que salves mi trasero. 

Dijo, sintiendo con ello un ligero alivio, y luego avanzó para estrecharla entre sus brazos en un abrazo cálido, al que Cardan no tardó en unirse.

Ese abrazo fue la muestra de afecto que confirmó no solo los deseos de Runin, sino también el compromiso del castaño por confiar en ella, permitiendo que a partir de ese momento ambos decidieran terminar de confiar plenamente el uno con el otro. Sin importar que altibajos pudiera traerles.

Pasados unos segundos, el abrazo se deshizo, aunque sus miradas se mantuvieron entrelazadas por un breve instante. Fue entonces cuando Cardan aprovechó la ocasión para reptar por la espada del castaño y arruinarles el momento, lamiéndole la mejilla con su lengua viperina. Vale, vale, tú también estás dentro del equipo Ryota bro kekeke una ligera carcajada emergió de èl mientras espero junto a Runin y a la serpiente a que el barco encallara. 

Una vez el barco se detuvo en el puerto de la ciudad de sorbet, la pareja descendió por la rampa de desembarco. No ha cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí, bueno, será mejor que busquemos información. Te apuesto 100 berries a qué encuentro información más rápido que tú. Porque aunque confiara en Runin, la competencia era algo que siempre definiría su relación.

Karmas
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#4

La honesta expresión de quien le da la razón dibuja una leve sonrisa en el rostro de la fémina. No hay necesidad de indagar, dudar o cuestionar, no, Runin comprende a la perfección que Ryota no coincide con ella para apaciguar las aguas, tampoco para aparentar complacencia o para restarle importancia; lo hace con auténtica sinceridad, aceptando errores, accediendo a recibir posible ayuda futura, confiando en aquella que estira los brazos esperando lo inevitable.

El tiempo se torna relativo en medio del cálido abrazo. El abrazo dura segundos que se tornan tan eternos como fugaces, ¿Cuántos son los segundos apropiados para mantener el contacto? ¿Cuándo es necesario cortar el lazo para sentir que el mundo vuelve a girar al típico ritmo vertiginoso que todo lo cambia? Las miradas se cruzan y las expresiones se complementan, el rostro de la fémina se acerca y Cardar sisea buscando ser parte del encuentro.

Como una bola de cristal que cae a una superficie de mármol, el momento se rompe. La ignorante serpiente muestra cariño y su dueña respira deshaciéndose de un suspiro. ¿Cómo enfadarse si las cosas se parecen a su dueño? O, bueno, en esta ocasión no se trata de objetos pero la finalidad de la acotación da a entenderse. Cardan y ella son iguales, siempre necesitados de atención, de algo más que no siempre logran identificar pero que existe.



—¿Otra vez lo del equipo Ryota? Fufufufu. ¿No has aprendido tu lección?

Runin bromea golpeando tenuemente el hombro del castaño cuando decide colocarse a su costado derecho de nueva cuenta. —La última vez no tuviste oportunidad contra mi, cariño. Quizá cambiarle el nombre te dé algo más de suerte, eso o dejar de apostar en mi contra. —El aspecto jocoso permanece entre ellos hasta que el barco encalla y cada perspectiva cambia.

Ya no están en isla Karate; no existen los grandes campos de arroz y los dojos en cada esquina, los altos árboles de bambú distribuidos en amplios bosques, atrás quedaron las bolas de arroz y los dumplings, el sake y el sudor de los maestros al luchar. Todo se rezaga dando paso a una nueva aventura, una que conoce con antelación pero que esta vez es… diferente. Esta vez existe un motivo. En esta ocasión no está sola.

La mirada se desvía hacia él, su acompañante, su capitán. ¿La última vez que estuvo ahí? Sonríe de medio lado. ¿Visitó la misma isla de la que alguna vez le comentó cuando se conocieron? Cuando la salvó de la deshidratación e inanición, cuando le ofreció su casa, su cama y la amabilidad de su familia. Una calidez extraña se instaura en el pecho de la fémina, es cierto, han vuelto a Sorbet, cada uno habrá tenido experiencias diferentes pero esa isla siempre parece ser lo que es. ¿O no? ¿El blanco y negro habrá cambiado? ¿La falsedad se habrá aclarado?

Aún si el escenario llega a ser el mismo, esta vez los colores serán distintos; porque es ella quien pintará los días que vivan su nueva aventura, a su manera, a su ritmo. Los pulmones se llenan de aire y las nubes se mueven oscuras en el cielo, el puerto sigue igual, nada parece cambiar. No es un aspecto negativo al final del día.

—A esos 100 berries agrégale una cena. Quiero pizza esta noche. —Los sonoros pasos abandonan la madera del muelle y el puerto.



—Mueve el paso, cariño. ¡No querrás perder contra mí, como siempre! Fufufufu.

El paso se acelera y nuevamente la sensación de libertad la embriaga. ¿Se trata de Ryota o la idea de vivir algo diferente con un grupo de personas que buscan su egoísta libertad? O más bien… Se trata de ella y la imperiosa necesidad de vivir más allá del recuerdo y de un objetivo que aún es lejano.

Paso a paso.

La vida se vive paso a paso.

Y el nuevo paso a seguir es ganarle al castaño en cada apuesta que hagan.
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#5
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TEMA: CERRADO

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