Hiiragi Kaminari
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5to día la primavera del año 15
El reino Torino, una encantadora isla tropical donde se podía disfrutar de un ambiente poco industrializado sin dejar de lado los centros urbanos que a una le dan las oportunidades de negociar, conocer gente, hacer contactos o simplemente hacer turismo, así era como le habían vendido la idea de aquel lugar a Hiiragi -No recuerdo quien fue el que me recomendó venir a esta isla para conocer de la cultura local y expandir mi conocimiento de negocios, pero casi me come un pájaro gigante mientras venia en camino… Recordaré eso para la próxima, investigar mejor sobre la fauna local del lugar a donde me dirijo.- Se quejó para sí misma mientras empezaba a recorrer el pequeño pueblo en búsqueda de una posada o bar donde empezar a relajarse tras su largo viaje.
Para recorrer aquella isla aún no había seleccionado un atuendo similar al de los locales, eso lo dejaría para más tarde, así que por el momento los ciudadanos y todos aquellos con los que se cruzaba Hiiragi podían ver en ella a una mujer con orejas de conejo, pelo blanco como la nieve y ojos rojos, una piel que por suerte era saludable en lugar del pálido que había visto a otras personas de rasgos similares tener, de hombros para abajo llevaba lo que parecía ser alguna clase de capa sencilla que cubría casi la mitad de su cuerpo, aquella era una sencilla tela con solo un par de vetas rojizas en un patrón muy simple que se extendía cubriendo el cuerpo de la joven hasta llegar a la mitad de sus muslos, de allí para abajo estaba a vista de todo el mundo que tenía unas largas piernas que desde el muslo bajo parecía descender pelaje blanco que se escondía finalmente en unas botas aptas para atravesar prácticamente cualquier terreno con facilidad, en su espalda cargaba una mochila y un largo objeto envuelto en telas de harpillera que volvían indistinguible a simple vista que clase de objeto sería aquello que portaba, quizás fuera solo un montón de palos bien agarrados o quizás otra cosa, pero la gente del lugar parecía priorizar otras de las curiosidades de Hiiragi para enfocar sus miradas. A pesar de tener uno de sus brazos guardado dentro de su atuendo, el brazo derecho parecía bastante humano, tironeando de la correa de la mochila de forma despreocupada.
Finalmente la humink encontró un lugar que parecía ser adecuado para comprar comida, bebida y quizás escuchar sobre la cultura local o al menos algunas historias interesantes. Con una sonrisa encantadora en su rostro Hiiragi entró en la taberna de poca monta acercándose con un andar que la demostraba segura de si misma se sentó en una mesa que parecía estar ocupada por otra persona -Hola, buenas tardes- dijo sonriendo al desconocido -Si no le molesta mi compañía un y poco de platica, me gustaría invitarle a comer y beber compartiendo esta mesa.- agregó felizmente mientras levantaba su mano haciendo un gesto al encargado del establecimiento para llamarlo y ver de pedir la tan ansiada bebida además de algo para comer... y por supuesto una recarga o primera bebida si la persona que estaba en la mesa estaba dispuesta a compartir.
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Dashrath Rifenhardt
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Llegue a través de la puerta de madera principal, sin prisa ni búsqueda a nada especifico para su establecimiento ignorando sin interés la curiosidad reflejada sobre la atención de quienes observan mi entrada desde el principio, no es que ellos fueran pocos, pero tampoco iba buscando problemas y hasta cierto punto me había acostumbrado a la atención así que aunque sí conseguí un momento para compartir de mi entendimiento no busque detenerme, sin cesar o perder tiempo dirigí mi atención hacia la recepción pretendiendo eludir en mi avance a toda figura de madera tallada, tal y como eran las mesas, las sillas y alguna que otra barandilla, sopesándolas en sumo cuidado.
En todo caso busque recorrer del amplio pasillo como si fuera mi propiedad, aunque no disponiendo arrogancia sino por el contrario completa naturalidad como sí inclusive aun cuando nadie jamás me habría visto alguna vez, brindara la sensación de regresar después de mucho tiempo, manteniendo una mirada profunda y contemplativa hasta encontrar con mucho gusto la figura de un borracho de mediana edad quien parecía abstraído con un vaso, entonces coloque sin prisa ni desafío de mi izquierdo sobre su mesa pesando de mis nudillos para detener de mi avance y fijar con una sonrisa a medias toda atención hacia quien a simple vista podía ser por su edad mi abuelo.
-¿No es muy temprano para beber?- pregunte con educación, llamando su atención con cuidado de manera que hubo suficiente tiempo en el rostro enrojecido del viejo para expresar intriga, agrado y también entendimiento, saludándome o apenas contemplando la idea en su cabeza con un sutil gesto que no concebía una decisión entre lo que alzaba con intriga la mitad de su entrecejo y dibujaba en su gesto de por sí risueño una pizca de agrado, entonces me tome la modestia de tomar una de las sillas libres sobre la mesa buscando algo de espacio mientras regresaba la mirada hacia la recepción, sin encontrar una pista del cantinero o de quien pudiera dar un servicio.
-Es leche de vaca!- explico el viejo uniformado con seguridad y contento.
-Es marron.- replique, haciendo hincapié sobre un tono verbal de obviedad mientras inevitablemente me tomaba mi tiempo para sentarme con una sonrisa cerrada entre los labios, a gusto con replicarle al viejo y de molestarle, sabiendo que se excusaría nuevamente diciendo algo absurdo sinsentido como “era una vaca fea” o algo parecido que justificara a su vicio por lo menos unos tragos más, pero esta vez nuestro viejo hizo una expresión diferente, sacudiendo el aire como sí estuviera demasiado agotado para buscar una excusa nueva, mientras buscaba de su bolsillo una carta blanca sellada todavía con el sello de cera que mi abuelo generalmente usaba por su capricho.
El viejo deslizo la carta por sobre la mesa arrojándola con el impulso de un dedo anular hasta mi extremo.
-Gracias Joe! en serio, no tenías que venir hasta aquí para entregarme la carta del abuelo.- razone, tomando un momento para con el hombre mayor quien claramente no estaba en sus cabales para expresar mi sinceridad, porque la ahorraba trabajo a mi abuelo de enviar algo, porque también era para echarme un ojo entre amigos y porque claro aunque no lo decían siempre había sido un chico problemático así que querían ver si seguía aquí, entonces simplemente me acomode, empecé a abrir la carta para leerla y aunque no habia nada interesante en esta el amigo del abuelo se levanto diciendo que iría al baño un minuto, despidiéndose como buen borracho.
Inevitablemente no me quedo de otra más que suspirar con agrado. Pero, no quería que el viaje del viejo fuera en vano así que mientras este se iba a tomar un paseo saque un lapiz usado que apenas tenia un poco de punta, voltee hacia atrás la hoja en donde mi abuelo me habia escrito alguna que otra tonteria y empecé a escribir así sobre la marcha y aprovechando que su amigo luego de terminar sus negocios portuarios seguro iba a regresar, para ahorrarme también algo de tiempo, entonces escribi cualquier tonteria y le dije que los instructores eran algo asi como un dolor en el trasero y entonces, repentinamente una chica joven de metro y medio me saludo.
-Disculpa, ehm ¿Qué dijiste?- pregunte sin haber prestado mucha atención a ella.
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Al parecer el hombre frente a Hiiragi no había escuchado lo que ella le decía, probablemente por estar más concentrado en la escritura de aquello que tenía entre sus manos o simplemente por estar con la mente en otra cosa distinta de su entorno, la humink no tomó ofensa a ello y simplemente siguió sonriendo -Decía que espero que este teniendo un muy buen día y me preguntaba si estaría dispuesto a compartir la mesa conmigo.- dijo cambiando ligeramente el enfoque de su acercamiento mientras dedicaba una mirada obvia pero respetuosa de arriba para abajo a su interlocutor -Y por supuesto que si está dispuesto a compartir la mesa y platica conmigo, yo invitaría la comida y bebida que usted prefiera.- agregó sin dejar de sonreír.
Aún de pie en aquel lugar junto a la mesa la peliblanca pudo apreciar de forma más que evidente la diferencia de tamaño entre ella y aquel individuo que aunque no le duplicaba la altura probablemente sí que duplicaba la de más de una persona con facilidad, pero más imponente que la altura del peli-cobrizo era la imponente musculatura que tenía, incluso si solo se miraba el cuello del mismo se podían apreciar líneas musculares que eran probablemente el resultado de entrenamiento constante o de una vida laboral extremadamente exigente -Por cierto, mi nombre es Hiiragi y soy una humilde viajera que recorre este encantador blue para aprender más del mundo buscando oportunidades comerciales, pero sobre todo disfrutar de la libertad que este mundo puede ofrecer a quienes saben comportarse.- agrego mientras se sentaba en la mesa frente al hombre de ojos amarillentos que había captado la atención de la peliblanca.
-Además, si me permite decirlo, usted parece una personas con la cual me encantará platicar y compartir... tiempo, claro, si le interesa por supuesto.- agregó finalmente intentando no sonar demasiado agresiva en su deseo de saciar la curiosidad que le daba un individuo, a simple vista, muy particular.
Pero antes de continuar con la conversación finalmente llegó el encargado del lugar para recibir el pedido de quienes quisieran pedir algo en aquella mesa -Yo vengo en búsqueda del buen sustento, así que le pediré el menú del día y una gran jarra de agua además de un vaso de cualquier jugo vegetal o de fruta que tenga buen señor... Y el aquí presente quiere pedir algo, sepa que yo cubriré su comida y bebida- agregó para asegurarse de que estuviera completamente clara la intención de la Humink y que aquello no era alguna clase de acercamiento para estafarlo ni nada por el estilo.
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Dashrath Rifenhardt
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28-12-2025, 04:55 AM
(Última modificación: 28-12-2025, 05:30 AM por Dashrath Rifenhardt.)
Esta vez hice una pequeña pausa de la lectura o escritura, como un gesto de respeto hacia su persona mientras deslizando la figura de la carta contra la mesa intentaba enfocar mi atención a su mirada para poder apreciarle, impresionado en secreto por la oferta, permitiéndome saborear la idea que me resultaba incomprensible por lo menos hasta que llegue a reaccionar sobre una expresión mayor que del gusto de mi perplejidad o desasosiego, entreabriendo la comisura de mis labios sin realmente saber qué poder opinar, naturalmente risueño como es de costumbre entre lo que ensanchaba con el gesto de una sonrisa avergonzada la comisura de 2 hoyuelos sutiles.
- Lo que tú digas bombón pero debes saber que estoy casado.- advertí sagaz, permitiéndome su buena oferta que tal vez era sin malas intenciones pero a su vez negando la inspiración romántica que siquiera pudiera confundir, rechazando no su belleza sino mi interés con aceptar, trazando educadamente en la mentira agradable un límite no siempre evidente para quienes llegan a embriagarse hacia la idea equivocada de lo que pudiera ser aceptado, porque simplemente no era el tipo de hombre interesado en una cita a ciegas, entonces regrese mi mirada sobre la hoja de papel y plante nuevamente mi interés en sacudir del extremo casi puntiagudo del lápiz sobre la carta.
- ¿Hiiragi? me gusta tu nombre. Digo, creo que es la primera vez que escucho tu nombre, es bastante exótico.- comente pensando en voz alta lo que pudiera ser quizás impropio, permitiéndome un pequeño gesto hacia ella buscando inclinar la cabeza apenas lo suficiente para brindar una idea de saludo o afirmación en intermedios, realmente sin buscar sobrepensar su afirmación hasta que tal vez uno o dos segundos después de haber podido escuchar su palabra entender con lentitud y algo de torpeza entre líneas como también debía de ser educado, presentarme, hablar de mí o algo como eso, razón por la qué regrese mi mirada hacia ella sin saber que decir.
-Lo siento estoy algo distraído.- confese con sinceridad, disculpándome de mi error entrecerrando la mirada como un gesto de pena entre lo que regresando hacia ella intente pensar por un momento sobre quien era yo, que buscaba en este blue o sí tenia algo de lo cual enorgullecerme, debo de haber realizado una expresión de reflexión profunda mientras empujaba por debajo de mi boca el peso de mi lengua relamiendo mis pensares, buscando distraerme sin sentido, fijándome sobre la madera de mesa y entonces encontrando algo parecido a una idea que no estaba del todo seguro de decir. - Yo probablemente muera intentando ser el hombre más fuerte-
-Lo sé. No es una respuesta convencional, pero me enliste en la marina hace poco dan entrenamiento gratis a cualquiera que esté dispuesto a ser carne de cañón así que es un primer paso.- agregue, encarnando un gesto que únicamente podría imaginarse como sonrisa de bastardo mientras justificaba a todo con asombrosa indiferencia, entonces encontré con sorpresa el comentario halagador, llegando a sorprenderme lo suficiente como para otra vez no saber que decir y esta vez sin entender lo que se supone debía de compartir, sin siquiera poder imaginar, tentado a decir con simpleza que su compañía era también agradable pero, interrumpido con la llegada oportuna del encargado y la pregunta sobre lo que podía ser cualquier cosa del menú según me llegara a plantar el gusto.
-Tomare lo mismo.- sentencie con confianza.
• Mentiroso compulsivo: Tienes un grave problema, no puedes evitar mentir. Es probable que incluso te creas tus propias mentiras. Cada tema deberás intentar colar dos o más mentiras. [Requiere el Karma “Mentiroso”]
Karma -3
primera mentira: estoy casado.
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Al parecer el enorme individuo que tenía frente a ella no era de tantas palabras, o al menos esa fue la impresión inicial que tuvo de él al escuchar su forma de explicar que estaba casado -oh, no me sorprende, ciertamente muchas personas estarían más que encantadas de casarse con una personas tan atractiva como usted caballero.- comentó de forma tranquila -Espero que a su pareja no le moleste que pasemos algo de tiempo de calidad simplemente platicando y compartiendo la mesa, no se preocupe, no intentaré hacer ningún avance con usted intencionalmente.- declaró de forma alegre pues, expresando la misma tranquilidad que muchas mujeres sienten al saber que pueden interactuar con un hombre sin tener que preocuparse de que venga con segunda o tercera intenciones, especialmente porque el muchacho parecía ser un individuo respetable.
-Muchas gracias, ciertamente puede sonar exótico, pero es bastante común dependiendo de donde busquemos.- dijo respondiendo al halago de hombre de pelo cobrizo. -"El hombre más fuerte"...- citó la peliblanca mientras pensaba por un momento, recordando a cuanta gente había escuchado decir que tenía sueños similares, "ser el más fuerte2, "convertirse en rey de los piratas", "ser el más importante almirante de la marina", para otras persona podía sonar como un deseo infantil o arrogante, pero Hiiragi sabía que la gente que deseaba alcanzar las cimas más altas era porque realmente planeaban alcanzar dichas cumbres o porque estaban cegados en su propia autoconfianza y arrogancia y aún era muy temprano para juzgar el carácter de su interlocutor así que ella prefirió no agregar más al respecto en ese momento.
La joven sonrió con genuina diversión ante los motivos de muchacho para unirse a la marina y estaba encantada de poder platicar con un hombre que sabía que era y lo que deseaba lograr por los medios a su disposición en lugar de hablar y no hacer nada para conseguir sus deseados títulos -En ese caso, muchas gracias por el servicio que hace al mundo protegiendo el orden mientras recorres tu camino para convertirte en el hombre más fuerte de todo el mundo.- agregó felizmente.
La conversasión de vio ligeramente interrumpida con la llegada del encargado que recibía los pedidos pero Hiiragi lo tomo como una oportunidad de dejar a su interlocutor terminar con lo que sea que estuviese haciendo para permitirle luego concentrarse en ella -Creo que debería dejarte terminar de escribir eso antes de que llegue la comida para que podamos seguir platicando sin más distracciones o asuntos pendientes que le quiten concentración o diversión a nuestra encantadora conversación...- dijo de forma risueño antes de agregar -Además para entonces quizás, me digas tu nombre, "Futuro Hombre más fuerte del mundo"- agrego burlándose un poco de la falta de etiqueta del marine por no presentarse aún.
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Dashrath Rifenhardt
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Debo admitir, únicamente sería capaz de imaginar su cumplido como una completa exageración por lo qué esforzadamente busque resistirme haciendo el esfuerzo de una falsa severidad que no podría ceder a la risa, obligándome a relamer mi incisivo izquierdo con indecisión, apenas permitiendo mostrar en la comisura de labios torcidos una sonrisa entreabierta que parecía apuntar un poco de incredulidad y agrado a su palabra, manteniendo en todo momento un lenguaje sutil que tal vez podría percatarse con mucha más facilidad en cuanto marque casi como un interrogante no verbal del fruncir de mi entrecejo a su referencia de mi pareja.
-Bien. Me alegra que no seas del tipo de chica que se enoja cuando se entera que uno ya está bien reservado.- puntualizaría con sinceridad, manteniendo la mentira como si fuera la verdad pero a su vez muy agradecido del poder seguir haciendo uso de la farsa una oportunidad para entendimiento de quien parecía estar interesada, incapaz de comprender sí incluso había razones, más agradecido en todo sentido de que su reacción fuera un gesto dulce y considerado que podría incluso haber estado siguiéndome en un desvarió solo por reír y jugar, nada aseguraba que la joven realmente me considerase atractivo, pero, no importaba ni era el punto principal.
-No te rías! es en serio: ¿sabes cuantas veces una patán se cree que soy un hombre fácil?- advertía como broma haciendo una parodia que irónicamente sugería severidad en un contexto que claramente no podía ser sincero, porque incluso aunque no era particularmente guapo, me gustaba fingir y seguir las palabras exageradas que también habían sido pronunciadas sobre cuan afortunada había sido mi mujer, entonces actúe como sí fuera así, me despreocupe tal y como debe ser, dejándola construir la imagen imaginaria y esperando que de esta querida nueva amiga no se desperdiciara o perdiera en palabras vacías, no mintiendo, simplemente siendo muy absurdo.
No pretendí siquiera confundir la broma con verdad. De hecho, esperaba conseguir una sonrisa de su boca con aquella broma que ensalzaba mi figura e incluso me tome la modestia de abanicarme con la zurda aún dispuesta, jugando con la carta de padre, encarnando todavía una expresión risueña e intentando rechazar con un ademan que resultaba arrojadizo casi brusco hacia su gratitud por los servicios que ni siquiera significaban algo para mí. -Basta! hasta ahora el mayor servicio que recuerdo haber hecho es bajar gatitos de los árboles, trasnocharme de 24 o 48 hrs y golpear a algún imbécil que probablemente se lo merecía. Probablemente.- resaltaría con picardía.
-Ah ¿por eso te estabas burlando eh?- regañe, sonriente y todavía con gusto, apuntando que buscaba mi nombre mientras me tomaba un momento para pensar sí era necesario. -Prometiste que no buscarías avance ¿no es así?- cuestione todavía con la sonrisa más esta vez apartando la mirada regresando mi atención hacia la carta en mis manos por ignorarle sino para bajar la acusación en un tono más de intriga y de inquietud que de malos gestos.
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-Le aseguro querido galán sin nombre, que conozco muy bien la experiencia de que se te acerquen con intenciones lascivas simplemente por tener un rostro y un buen par de razones adicionales en otras partes del cuerpo.- comentó, hablando desde la experiencia, incluso si era un tema asumido no pudo evitar dejar de sonreír mientras decía aquello, por varios años de su vida había estado atrapada en una tripulación malvada que la había retenido sin oportunidad de resistirse a sus miradas, sus vejaciones o interacciones.
Tan pronto como la sonrisa desapareció una nueva se manifestó entre los labios de la oji-rubí. -Cada gatito rescatado es un dueño relajado y cada patán pateado... pues no tengo rima para eso pero seguramente es un servicio que muchas agradeceríamos recibir en un sin fin de ocasiones.- comentó entonces si bromeando con levedad antes de mirar con un poco de sorpresa al peli-cobrizo preguntando por el intento de "avance" de parte de la Humink, aquello sin lugar a dudas le hablaba de la diferencia cultura entre ambos, lo cual tenía bastante sentido siendo que ella prácticamente se había criado los últimos años de su adolescencia con la peor calaña que los mares podían agrupar.
Con un gesto sincero Hiiragi cero los ojos, junto las manos en la mesa, apoyando ambas palmas contra la misma y agacho levemente su cabeza en un formal y respetuoso gesto de disculpa -Lo lamento mucho si lo he incomodado o me he propasado, me disculpo pues estoy muy mal acostumbrada y no he considerado que tal vez compartir la identidad de uno sea considerado algo tan valioso para usted o atrevido de mi parte, espero que sepa disculpar este Faux Pas de etiqueta por mi parte.- expresó con serenidad y formalidad abundantes, como un comerciante que accidentalmente había roto un contrato con uno de los camaradas de gremio que respetaba o admiraba, se tomó unos cinco segundos con la cabeza baja antes de alzarla, suspirar y sonreír con mucha menor intensidad una vez más.
Tras un momento de ver la reacción de su interlocutor la coneja volvió a sonreír más relajadamente y afirmó -De todas formas, héroe de la marina o marine misterioso siguen siendo formas validad de referirme a usted así que en tanto pueda soportar los apodos que le imponga galante marine, no hay problema por mi parte en desconocer su identidad.-
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- Uhm.- razone en silencio, pensando con cuidado que tal vez me había tropezado sin querer en un abismo de emociones e historias que regresaban de mi querida desconocida en experiencias que no resultan agradables, lamentablemente no había manera de preguntar directamente sobre su pasado no en ese momento pero claro resultaba imposible ignorar de su confesión y viejo dolor que se abre en recuerdos indeseados como la culpa, pero ella estaba equivocada sí pensaba que me llegue a sentir igual, por lo que escuchando pero ignorando su dolor por ser bella o tener pechos o repetir a distintas maneras qué a su gusto parecía, atractivo, galán o/y así.
Mi cuello debe haberse inclinado hacia adelante con rendición. La verdad ni siquiera logré percatarme en sus argumentos porque todavía me costaba pensar, que, en estos desvaríos, hubiera verdad, temores y recuerdos, pero comprendí en medio de la gran duda que únicamente puede permitirse quien no busca herir un corazón como cada refrán y cada disculpa era reflejo de sus heridas, por lo que aunque mantuve un rol de espectador, estudiando con precisión clínica su comportamiento casi de manera separada a la realidad, espere paciente en que terminara sus pesares rodeando mi atención ligeramente sobre mis manos, sus hombros y de sus gestos.
No sabía de ser plenamente honesto, sí nuestra dama hablaba de más porque había caído en arrepentimiento o porque estaba nerviosa, pero estaba seguro de que le mataba la vergüenza de haberse atrevido en acercárseme, seguro de que únicamente estaba burlándose de no ser así, pero en todo caso no era quien permitiera que una mujer sufriera por tomar el valor de acercarse a alguien y hacerle sufrir de forma innecesaria en sus pensares, razón por la que en vez de desperdiciar tiempo con palabras busque deslizar mi izquierda hasta su mano pero claro no para tocar su piel o cruzar nuestros dedos sino para disponer debajo de su palma la carta de mi padre.
No había más necesidad de pronunciar mi nombre porque este estaba escrito sobre la hoja junto con reclamos paternales que realzaban mi mal comportamiento en el entrenamiento, porque era difícil y bastante contestón. No obstante, leyendo la carta percibirías el apoyo de una figura paterna que se preocupa por la vida de su hijo recordando a esté de tareas básicas, rutinarias y de limpieza, todo escrito en una letra de muy buena caligrafía, aunque detrás de la carta también estaba algo escrito a medias, sin sentido, la mitad de un inicio o saludo que siquiera parecía expresar más que, un “¡hola viejo! todo bien”, pero no por pereza, teniendo un lápiz en manos.
- Es tan raro que me digas galán a todo momento ¿es una manera a la que sueles referirte a todos los hombres?- pregunte con curiosidad, buscando deshacerme de la idea innecesaria que había formado sobre la joven mujer mientras me tomaba un momento para abandonar el lápiz sobre la mesa, cruzando los dedos de ambas manos, estirando cada dedo hacia mi pecho, tronando levemente las articulaciones y estirando de estas como muestra practica de que tomaba un ligero descanso de la escritura, aunque no tuviera manos de escriba sino de soldado.
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Hiiragi quedo extremadamente confundida durante un largo periodo de tiempo, tiempo en el hombre de ojos amarillos como el puro ámbar utilizado en joyería, de gran musculatura y magnifica mandíbula la dejó sufriendo en silencio. Sin afirmar o negar si aceptaba las disculpas dadas, hasta que finalmente emitió un sonido y luego le puso la carta que había estado escribiendo en las manos de la mujer conejo que de repente se encontró a si misma alzando el rostro un momento con a que debía ser la expresión más confundida que había hecho en toda su vida antes de regresar a leer el contendió de la carta aún en un estado de estupor que le hacia difícil tan siquiera entender porque estaba leyendo el contenido de aquel documento cotidiano pero hasta cierto punto privado de Dashrath Rifenhardt -Eh... ¿Encantada de conocerte Sashrath? Soy Hiiragi...- dijo, repitiendo su presentación acompañada esta vez de un nivel de confusión que llamaba su propia atención ante el tono de voz que usaba.
La muchacha devolvió el trozo de papel a su legítimo dueño para luego quedársele mirando confundida durante un largo rato como buscando el motivo para que pero solo llego a musitar -Se ve que tu Mentor te aprecia mucho... me alegro de que haya alguien que se preocupe por ti...- Y entonces vino el punto de quiebre psicológico para la Humink, el hombre simplemente prosiguió a preguntarle porque lo llamaba Galán y si era una forma normal de referirse a todos los hombres.
Hiiragi se levantó de la silla y sujeto su cabeza como si tuviera un dolor de cabeza similar a que un martillo de guerra aterrice con furia en su cráneo -¿Estas preguntando en serio?- en caso de que hubiera tenido un sombrero o gorra lo hubiera lanzado al suelo con fuerza para luego pisotearlo, pero no lo tenía y por lo mismo haría lo más parecido que tenía a eso.
-¡¿Acaso no tienen espejos en la marina?!- gritó furiosa antes de quitarse la capa que cubría su cuerpo, revelando que bajo la misma estaba vestida únicamente con un conjunto de ropa interior celeste -¿Has visto las facciones de tu rostro y las haz comparado con otro hombre?- Exigió saber la comerciante mientras pisoteaba su capa y al parecer iniciaba un pequeño escandalo -¿Acaso no te das cuenta?
Tienes hombros anchos que te dan un porte hercúleo, tu rostro es anguloso y tallado como para modelar, tu pelo parece representar el espíritu del otoño y según con que luz se miren tus ojos son estanques de oro fundido o un par de cristales de ámbar bien iluminados...- Afirmo con vehemencia mientras señalaba cada uno de los puntos en el cuerpo de su interlocutor con una frustración nunca antes vista en ella desde que había recuperado su libertad.
Tras respirar agitadamente por un momento Hiiragi dio otra patada a la capa del suelo antes de levantarla y volver a ponérsela, ahora con sus mejillas hinchadas de frustración y sus orejas rodeando su rostro dándole un aspecto aún más redondo e infantil -No, no le digo así a todos los hombres, solo a los guapos o a los que trato de venderles algo ¡Y te estoy invitando la comida, eso es lo contrario a vender nada!- gritó frustrada antes de mirar frustrada la mesa y tomar un vaso de agua sin poder decir más nada de momento.
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La comisura izquierda del labio se arrugo con sorpresa, pronunciando un gesto risueño que era también debido claro a su propia resistencia de romperse en risa con escuchar a su nombre ser deformado hasta no reconocerlo, formándose y arraigándose un poco de agrado sobre su extraña persona, reaccionando de forma inmediata a su gentil presentación brindando sin pesar ni temor, buscando asentir la mirada con la intención de sus emociones, ignorando en todo caso cualquiera fuera la manera en la que era buscado mientras fijaba su atención al por qué simplemente fascinado en la distancia del silencio mientras me tomaba un momento para mostrar mis respetos.
- El placer es todo mío Hiiragi.- asegure con sencillez, irrelevante, cotidiano y además tomando mi tiempo para permitirme saborear su nombre como sí buscara como excusa la etiqueta que nunca me interesaba para decirlo, haciendo un esfuerzo irregular para recordar lo que normalmente hubiera sido indiferente, entonces regrese de manera despreocupada ambos brazos sobre la mesa afincando el codo izquierdo mientras rascaba tras mi oreja, ensanchando la sombra de mis hoyuelos con gusto a manera que llegaría a reflejarse por un instante mis dientes mientras bajaba la mirada con respeto, agradecido y conmovido por su reflexión con quien leía como mi mentor.
No pensaba en detenerme a hablar de mi querido padre adoptivo. Por supuesto, había sido bastante vergonzoso como en primer lugar tomara la carta pero me gustaba sentirme como una persona completa con toda su familia, incluso cuando no fuera del todo cierto, por lo qué me limite en asentir agradecido por sus comentarios esta vez ladeando con inseguridad mi cabeza debido claro a las relaciones paternales nunca podían ser del todo perfectas, entonces llegue a escuchar el ruido de la silla arrastrándose hacia atrás chirriando la madera repentinamente en lo que observaba a la mujer levantarse con preocupación mientras refugiaba sus manos alrededor de su cabeza.
No imaginaba que, reclamaría, exclamaría y reprendería mi pregunta, limitándome a un estado perplejo que en primera instancia me hacia conocer un lado más salvaje pero agradable y sincero que era difícil ver con alguien, entonces intente pensar, busque absorto en mi cabeza, viendo sus reclamaciones y exaltaciones sin saber mucho hasta que ella grito frustrada en medio del local e inevitablemente todas las miradas se detuvieron en nosotros, pero nunca me importo llamar la atención, por lo qué indiferente a las personas o sus murmullos deslice de mi mano libre (la diestra) buscando alcanzar apenas con un roce los dedos ajenos, buscándole una vez ya decidido.
- Uhm, entiendo ¿me permites confesarte 2 cosas?- pregunte con precaución, dirigiéndome con dulzura en todo momento mientras entrelazaba los dedos de mi mano diestra sobre los suyos esperando algo de su paciencia, intentando alcanzar su postura, de manera que me vi obligado en flexionar ambas rodillas sobre la silla para alcanzar a la mujer claramente parada y de alguna u otra manera debía de corregir mi postura buscándola, abandonando la mano zurda mi oreja para afincar con el peso de su palma la madera, claramente buscando sobre todo su paciencia, sobre todo hacia ella y suspirando todavía en la misma sonrisa que había comenzado.
- La primera es que no estoy casado, ni siquiera salgo con alguien! simplemente a pesar de como luzco no soy realmente fanático de ligar en lugares casuales como tabernas o bares porque en estos solo buscan aventuras.- razone a medias, intentando justificar mi presentación mientras apuntaba con la mirada la carta que ella había estado leyendo señalando la distancia enorme que podría tener con alguien que tuviera una vida matrimonial, - Claro que me ha pasado.- reconocí, haciendo hincapié en como en cierta medida reconocía el interés sexual que podría despertar en otras personas pero en su misma medida planteando mi desinterés completo sobre esto.
- Aunque nunca antes una chica estuvo tan cerca de confesárseme sentimentalmente como tú.- apunte sincero, directo y tal vez algo burlesco, esperando que negara la idea con otro grito o algo similar para aquel punto pero igual decidido en hablar con sinceridad a razón de su paciencia conmigo.
• Muletilla: (Uhm)
• Desden
• Egocentrico (sobretodo el ultimo comentario)
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