[Aventura T4][Presente Absoluto](+18) Construir destruyendo un pasado
#11
Después de mi técnica, hubo un instante de quietud. Tras la queja de mi enemigo por sus daños internos pude oír el oleaje rompiendo en la playa, el viento soplando entre las hojas de los árboles. Sin embargo, en esta isla, la calma no es más que una idea utópica, algún tipo de ensoñación de aquellos que sufren alucinaciones por el calor y el hambre. Ala izquierda de mi enemigo, a unos 30 metros, vi como Eros había salido desde el suelo tomando por sorpresa a su rival y golpeándolo. Pensé que podrían hacer frente a su enemigo sin complicaciones y en ese momento vi como el hombre fornido tomaba una postura peculiar; los brazos a sus costados y la cabeza inclinada hacía mi. Entonces, saltó mientras gritaba. No se si fue fruto de mi entrenamiento, o a causa de las habilidades de mi fruta, el caso es que pude ver a la perfección su movimiento, lo que me permitió anticiparme a su ataque. 

Mientras volaba en mi dirección, corrí hacia el flanco derecho de su barco, en un ángulo de unos 30 grados con la trayectoria de mi enemigo, con mi arma en alto. Giré mi cuerpo mientras terminaba mi carrera a los pies de la embarcación, para mantener a mi enemigo a la vista. Y en la mira de mi rifle. Un pensamiento fugaz atravesó mi mente. Uno que me traía recuerdos de lo que había sucedido en los Cabos Gemelos. Vi a Uoyon desaparecer ante mis ojos y los estragos que dejaba al moverse como un parpadeo. Supe que aquella sensación era la misma que debía estar sintiendo mi enemigo en estos momentos, pues era consciente del desconcierto que sentiría al aterrizar sin haber encontrado un obstáculo en su trayectoria.

Disparé en el mismo instante en el que sus manos y sus pies tocaron el suelo, a unos 11 metros de mi posición. El fogonazo al impactar mi munición produjo un destello, potente, cegador. El resplandor fue tal, que supe al instante que de haber estado más cerca, habría quedado desorientado, confuso envuelto en un manto brillante que no me permitiría saber ni dónde estaba.

Mi estómago rugió y entonces recordé la intención de nuestra incursión. Solo buscábamos algo de comer. Algo que nos permitiese seguir con vida hasta que encontrásemos la manera de salir de aquella isla. Me permití fantasear, tan solo un instante, con llevarme a la boca algo que no fuera fruta o carne de reptil. Si acaso pudiera disfrutar de un buen filete de hipopótamo... 

Mis instintos de ladrón se agudizaron y pensé que podría aprovechar mi superioridad para robar algo de comida del barco. Di un salto, potente, que me permitió subir hasta la cubierta del barco y ponerme de pie sobre la regala, sin dejar de mirar a mi enemigo. Cargué de nuevo mi rifle para estar preparado en caso de que mi enemigo no quisiera atender a las palabras. Previamente, había hecho caso omiso a mis advertencias, por lo que debía esperar que mis reflejos y velocidad no fuesen a provocar que cejase en su empeño. Alcé el cañón de mi rifle en dirección al hombre fornido y me cuadré.

—No vinimos buscando pelea, tan solo algo de comida —dije con seguridad—. No tendréis algo por aquí que podamos llevarnos a la boca, ¿verdad?

Aquella posición me hacía sentir seguro, confiado. Desde esta altura podía controlar tanto a mi enemigo como al que había atacado Eros. El temor aún no me abandonaba, pero lo mantenía por dentro. Notaba mi pulso acelerado, los pensamientos que me decían «coge tanto como puedas y huye, corre». Pero no podía ceder a ello. Formaba parte de una nueva tripulación y yo estaba allí para luchar junto a ellos. Conseguiríamos comida, nuevas provisiones y... ¿Quién sabe? Tal vez un buen barco como este.



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Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1547 + 0 = 1547
Energia: 1374 + 13 = 1387
Espiritu: 144 + 0 = 144
#12
Los enemigos tendían a cometer un craso error a la hora de luchar con Eros: Ignorarlo por su tamaño. Aunque en éste caso la opción del hombre de largos cabellos parecía basarse netamente en pragmatismo, por la feroz naturaleza del topo, depredador apex de Little Garden, no era quizás la idea más acertada. Con toda la potencia de sus pequeñas patas se lanzó impulsado hacia Setsu apenas sintió los disparos de Kiyoshi. No podía ver, pero podía sentir el aroma del enemigo y por supuesto el sonido por donde provenía la bala. Tenía una noción general, poco tiempo había pasado desde su previa separación, el enemigo no podía estar lejos de una trayectoria recta.

Un salto con toda potencia lo impulsó ésta vez cuando el médico había marcado la señal tras interrumpir la faena del saltarín guerrero de largos cabellos. La diestra de Eros conectó nuevamente contra la espalda del sujeto que se disponía previamente a avanzar hacia Kiyoshi por ende estando el funebrero ajeno a su rango de visión, pero éste ataque es más rápido que la técnica moviéndose como una bala con ayuda de sus patas traseras y a su seguiría instantáneamente con un segundo golpe de su zurda.

Cuando la segunda elegía impactó, Eros aprovecharía ese preciso instante para impulsarse usando la misma espalda del oponente como sostén retrocediendo nuevamente de un salto para posicionarse a una distancia de cinco metros de su posición inicial. La situación era compleja, ¿No eran acaso dos oponentes? Eso significaría que Varo estaba enfrentándose solo al rival. Chasqueó la lengua. En un segundo había aterrizado a espaldas del oponente nuevamente, pero debían tomar decisiones rápidas como un relámpago para vivir. — Ve a ayudar a Varo, Kiyoshi y ponte a rango... No voy a dejar que nadie les ponga un dedo encima —Aclaró con un tono firme el topo alzándose sobre sus dos patas traseras para levantar sus zarpas en posición de defensa por encima del suelo, sabiendo lo que se vendría.

Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1867 + 0 = 1867
Energia: 1150 + 6 = 1156
Espiritu: 390 + 0 = 390
#13
La batalla no ha hecho más que empezar y se encuentra al rojo vivo. Los nuevos piratas Sepultura habían tomado la iniciativa con éxito, en un ataque de emboscada que los colocaba en una posición más que ventajosa. Pero los luchadores no se quedarían de brazos cruzados y pagarían la sangre con represalias devastadoras. O esa era su intención.

Más inteligente que ninguno, Kiyoshi demuestra su ingenio bélico, pues no solo se había posicionado con anterioridad como la carnaza perfecta, sino que estaba preparando su estratégico ataque. De su cuerpo salen unas burbujas mágicas que se adhieren a Setsu, debilitándolo. Y la cosa no termina ahí, aprovechando que Eros acaba de acuchillar al peleador y se encuentra dolorido, fulmina la jugada con un disparo de su arma especial que lo condena a un dolor intenso que lo deja tieso en el sitio.
El hombre-topo no desperdicia la apertura que le ha dejado su compañero y arremete contra el pelilargo una vez más. Impulsándose con sus patas traseras, pega un segundo salto al aterrizar y ensarta al objetivo con su diminutas pero afiladas garras. Un par de puñaladas más que le dejan claro quien manda. Luego se reposiciona a una distancia prudencial y con determinación y liderazgo, le ordena al tirador ayudar a su compañero, pues él mismo piensa zanjar las cosas con el macabro adversario.

Varios metros alejado, mientras esto sucede, el mink sigue en su propia refriega contra Atikot. El tenebroso poder de la fruta de las enfermedades ha dejado en jaque al peleador, pero Varo demuestra tener un carácter pacífico y no aprovecha la oportunidad para rematarlo. Aprendiz de Hasshoken, el adversario salta para dar un cabezazo, pero el hurón es ampliamente superior en agilidad y lo evade sin dificultades. La idea es aprovechar el aterrizaje y distancia para asestar un disparo de advertencia, pero la experiencia hace al maestro, y los artistas marciales guardan muchos ases en la manga. Atikot no es tan compasivo como Varo y al aterrizar con la cebeza, empieza a rotar sobre la misma a gran velocidad y carga contra el explorador a una velocidad vertiginosa, como si fuera una peonza humana.

Y lo peor está por llegar. Cuando se declara una emboscada y una guerra abierta, lo peor que puedes hacer es andarte con rodeos innecesarios. El tiempo es oro, pues nunca sabes si van a llegar los refuerzos o no. Y en este caso... Llegan con todo.
Desde lo profundo de la selva, un poco más allá de donde el "Equipo sigilo" se escondía antes de iniciar la pelea, aparece un ser titánico arrancado vegetación y maleza. Su aspecto es duro y aterrador. Una montaña de músculos esculpidos por dioses y un rostro impasible forjado en mil batallas. Su temple y cicatrices reflejan la experiencia de una vida de combates. Y es en momentos así en los que uno se da cuenta de porqué a este lugar se le llama el Cementerio de Piratas. El mastodóntico Buccaneer observa la situación desde la distancia y su ceño fruncido parece predecir el futuro de los acontecimientos. -Maldita sea...- carraspea entre dientes, iracundo. -¡¡¿¿COMO OS ATREVÉIS A DAÑAR A MIS ALUMNOS??!!- ruge con furia mientras se pone en guardia en la lejanía. 
Maestro Marcial Kiroku, Lanza del Arcangel

La faena se acumula y la gran bestia está al caer. Sentenciad el destino de los aprendices o el poder de las artes marciales combinadas caerá sobre vosotros de forma implacable. Buena suerte, piratas de la Sepultura.

Datos de interés
#14
El combate dos contra uno frente a Setsu parece ir bien. Kiyoshi y Eros logran coordinarse para enseñarle al peleador fornido que un trabajo en equipo bien ejecutado puede superar la fuerza bruta. Básicamente, durante varios segundos, no lo han dejado de atacar mientras lo atacan sin cesar, dejándolo casi en jaque —al menos en la apreciación del médico—. Su rostro muestra cierto temor, pues le hace pensar que lo mejor será no poner al topo en su contra en algún momento, pues ser agarrado violentamente con esas pequeñas garras parece algo muy peligroso.

— ¿Mmm? — ¿Qué dice el topo? Kiyoshi se sorprende, mas no lo piensa. ¿Quién es él para oponerse a las órdenes del capitán en un momento donde sus vidas están en juego? Si siempre, o casi siempre, fue obediente con su anterior líder cuando ahí accedió a abordar el barco solo dejándose llevar por su emoción de lanzarse al mar, con más razón lo hará con el actual que ha decidido personalmente seguirlo al confiar en él tras los sucesos en los Cabos Gemelos. — Pero no te mueras, tonto. — Una petición fugaz es lo que deja en ese lado del campo de batalla.

A pesar de la instrucción de ir a ayudar al compañero Mink, tomemos en cuenta que estamos en presencia de un tirador especializado en los rifles de larga distancia. Podríamos decir, exagerando, que todo el campo de batalla es su terreno.

Solo gira su cuerpo en 180°, quedando ahora de frente a Atikot y Varo, dando la espalda a Setsu y Eros. No es conveniente entregar la retaguardia, menos en una pelea, pero aquí confiará en el rey de los topos. Observa ante sus ojos cómo el peleador fornido ataca a su amiguito Mink con una habilidad que le parece similar a la de Uosan, un viejo enemigo y bastante significante en su corto camino como pirata. Sin embargo, Kiyoshi no posee tanta experiencia de pelea ni conocimientos al respecto como para concluir si es la misma habilidad o no. Por lo tanto, solo es un detalle que llama su atención.

— Está en mi rango. — Lamentablemente, no posee aún la capacidad física necesaria como para utilizar demasiado sus mejores burbujas, por lo que se ve en la obligación de disparar una bala normal, a 19 metros, apuntando directamente Atikot. — No te pongas en frente de mi bala, por favor, Varo tonto. — Porque lo que menos querría es lastimar a su compañero, aquel que no dudó en saltar a ayudarlo apenas presintió que podía estar en peligro. Menos mal, la bala impacta en una zona del torso del enemigo.

Así como lo ven, Kiyoshi es alguien que valora a aquellos que se preocupan por él. Aunque, por su orgullo, tiende a decir que solo es un intercambio de servicios.

Aquí es donde se escucha el grito del recién llegado, como si dos enemigos no fueran suficientes. Si bien Kiyoshi no tiene un oído sobresaliente, no se necesita demasiada capacidad auditiva para darse cuenta de que proviene desde el sector de la selva, no del mar. Además, el barco está frente a sus ojos y no ha visto a nadie más descender. — ¡Otro tonto, Eros! ¡Cuidado!

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1183 + 0 = 1183
Energia: 845 + 10 = 855
Espiritu: 255 + 0 = 255
#15
Desde los siete metros de distancia hacia Setsu, Eros aprovecharía la confusión del oponente para meterse treinta centímetros bajo tierra avanzando en sentido diagonal seis metros hacia el flanco derecho nuevamente demostrando la ferocidad no de un guerrero, sino de un sepulturero y verdugo dispuesto a llevarse a un rival digno al descanso eterno; donde poder cuidarlo. Aceleró con un salto a toda velocidad desde la arena encajando nuevamente un zarpazo con cada garra en el cuello del mismo al impactar contra él, finalmente usando las patas traseras que se aferraban una vez hubo impactado para saltar nuevamente hasta el punto de retirada que lo hacía triangular una posición donde los tres se pudiesen cubrir la espalda.

Entonces llegó el que parecía ser el maestro. No necesitaba tener buenos sentidos para escuchar el vozarrón con el que clamaba por sus alumnos ¿Alumnos de artes marciales quizás? Un digno oponente había llegado, y entonces Eros aclaró su garganta aun en forma de topo. Seguía en guardia si, concentrado en el joven frente a él cuyo aroma a sangre ya muy bien entendía tras un ida y vuelta de gran castigo.

Entendía a la perfección que los había inocentes en ese mundo, pero también sabía que la muerte era inevitable para todos. Si bien no hubo remordimiento, o duda ante la discrepancia en el pecho del sepulturero solamente ardía el deber y esa propia sed de sangre que, de tanto en tanto, podía escapar contra aquellos que como él sabían flagelarse por un buen combate. — Mi nombre es Eros Focalor, soy el responsable de ésta gente... Vamos a hacer lo que sea necesario para vivir —Exclamó el topo dejándoles en claro que, si abogaban a la paz, aun no era tarde pero haciéndoles entender con su tono solemne, sin una mona de desprecio o furia, que estaba luchando por necesidad. Por supervivencia.


Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1867 + 0 = 1867
Energia: 1156 - 14 = 1142
Espiritu: 390 + 0 = 390
#16
El viento marino acompañaba el baile de nuestra nueva tripulación, acompasado, como si fuera el director de orquesta que daba las órdenes a nuestros movimientos. Nuestros enemigos parecían haberse visto sobrepasados por nuestras capacidades, unos más que otros, sin embargo no pretendían darse por vencidos. Las olas continuaban golpeando el casco del barco, como quien llama a una puerta que espera que se abra, sin pararse a pensar que esa puerta solo se abriría para nosotros.

Mi enemigo debía ser un maestro marcial, pues sus movimientos no parecían los de un novato. Tan pronto como su ataque anterior hubo fallado, justo cuando su cuerpo tocó el suelo, comenzó a girar sobre su cabeza, a gran velocidad, como los trompos que hacían girar los niños de las calles de Samba. Con una rapidez sorprendente, se lanzó de nuevo hacia mi, en un tornado de piernas y puños. Su movimiento era tan ágil que supe al instante que no sería posible para mi dispararle, al menos no con precisión. Se movía en un ataque enérgico, lleno de fuerza. Si impactaba contra mi de esa manera me causaría mucho daño. Recordé la última vez que había recibido un dolor tal, durante mi combate grupal en los cabos gemelos, cuando aquella lagartija me tenía cogido por el cuello y una deflagración nos envolvió a los dos. También vino a mi mente cómo perdí mis fuerzas, cómo quedé unos instantes a merced de mi enemigo y la sensación de impotencia que me quedó al verme a sus pies. También recordé que solo unos segundos después, todo se volvió oscuro. Pudo haber sido el fin, de no ser por alguno de mis compañeros allí recluidos, pues alguien debió salvarme, y mi antigua tripulación no sabía nada al respecto. 

Supe enseguida que no podía dejar que su ataque me alcanzase, así que flexioné mis piernas y salté veloz. Justo en la dirección donde se encontraban mis compañeros. Ellos parecían apañarse bien con su contrincante. Yo superaba al mío en agilidad y reflejos, pero algo me hacía saber que en términos de fuerza no éramos comparables. Sin embargo, con ayuda de Eros y el doctor podríamos ocuparnos de él sin problema. Oí un estallido, sin duda el del rifle de Kiyoshi, y salté a ras de suelo, girando en el aire para poder mantener mi vista fijada en mi rival, levantando mi rifle en su dirección. Mi espalda avanzaba a escasos centímetros del suelo. Entonces, disparé. Mi disparo buscaba el costado de mi presa. Un resplandor cubrió la zona cuando mi disparo impactó.

Retrocedí algunos pasos, hasta situarme a unos 5 metros de dónde había caído de mi salto. Y entonces, oí un retumbar proveniente de mi espalda, como el que produce una criatura de gran tamaño al avanzar por la selva. Supuse que era uno de los muchos reptiles gigantes que poblaban la isla. Sin embargo, esa idea se diluyó rápido al oír el grito que soltó. Parecía conocer a nuestros enemigos, pues decía que eran sus alumnos. Pensaba que la batalla estaba por concluir, cuando no había hecho nada más que empezar.



INFO
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1547 + 0 = 1547
Energia: 1387 + 13 = 1400
Espiritu: 144 + 0 = 144
#17
La situación está, aparentemente, bajo control. Aún así, la aparición y amenaza latente del maestro del grupo enemigo, era algo a tener en cuenta. No solo tenía el título de capitán y, por ende, era probablemente más fuerte que ambos adversarios, sino que su tamaño y musculatura demostraban que el rival estaría a la altura de las expectativas. Pero las prioridades eran evidentes. Un tres contra uno es una batalla asequible. Un tres contra tres, es una sentencia. Los piratas Sepultura lo saben.

El médico obedece a su nuevo capitán y se suma a Varo para formar una dupla de tiradores letal. El hurón evade el ataque de Atikot, que es puesto bajo control con una supresión de fuego y disparos. La piel del joven luchador resiste de forma super humana las balas, que se le clavan en la piel pero no merman su voluntad de seguir peleando. Sin embargo, el perro viejo del mink, que ya está acostumbrado a pelear con oponentes más formidables físicamente que él, opta por una estrategia que ya conoce, una que aprendió en sus días como Vicecapitán del Cabaret. Una bala de luz que, aunque no produce daño masivo, ciega a su adversario y lo pone en clara desventaja. Puede que este dueto no sea el más letal, pero si les das una apertura, la aprovechan a la perfección para dirigir el combate como directores de orquesta. Atikot, luchador fornido, se detiene en seco, no superado por el dolor, pero cegado por completo. Se cubre el rostro con ambas manos mientras se lamenta y grita desesperado, dando tumbos. Ni con esas cede, sigue en pié, dispuesto a morir por defender su barco.

Por su lado, Eros cumpliría con lo prometido. Decidido a tomar la victoria por su mano, volvería a atacar a su oponente con un ataque diminuto pero mortífero. Puede que su aspecto no sea intimidante o que su poder sea simple, pero el dominio del mismo lo han convertido en un asesino formidable y en un peleador de cortas distancias a tener en cuenta. 
Las perforaciones consecutivas repercuten negativamente en el cuerpo de Setsu, que se va desangrando lentamente. Las puñaladas pesan y el muchacho de largos cabellos cede y cae derrotado, incapaz de seguir luchando. Siente como poco a poco se apaga, su cuerpo no responde como debería y se desploma. Aún con sus ojos entreabiertos se resiste a desmayarse o perder la vida, pero está completamente fuera de combate, ahora no es más que un saco de carne desinflándose, inútil. 

Todo esto lo ha visto el Buccaneer, Kiroku. La montaña de músculos corre tan rápido como puede, dispuesto a impedir lo que ya es inevitable. Pero si no puede salvarlos, por lo menos vengará a sus alumnos. Eros lo encara con determinación, aunque su voz de pito y su nula envergadura consiguen lo opuesto a lo que pretende conseguir. Sus palabras se las lleva el viento y solo la muerte frenará esta guerra abierta. El monstruo se encuentra a escasos metros del roedor y la verdadera contienda está a punto de estallar.

En efecto, cajita feliz
#18
No hubo respuesta por parte del luchador de largos cabellos que ahora yacía convulso en un charco de su propia sangre contra la arena, estaba muriendo seguramente pero alguien que ya no se podía poner de pie no era un enemigo, ni un objetivo para el topo guerrero. Sintió el avance del maestro, cada paso se sentía como el rugido de un león acercándose con violencia metro a metro. Podía sentir el movimiento de la arena bajo sus patas con su sentido aumentado del tacto y eso le permitía tener una noción del tamaño de aquel guerrero, despues de todo era la primera vez que el joven Focalor se enfrentaba a un buccaneer y, aunque no supiese nada de aquella raza, podía darse cuenta que éste hombre era al menos gigante para sus estándares y eso podía significar que también sería un hueso duro de roer.

Instantáneamente se dispuso a cavar bajo su posición desplazándose seis metros bajo tierra para avanzar entonces tres metros en dirección a la posición de donde sintió provenir las pisadas del guerrero. Tenía que respirar, reposicionarse y esperar por la oportunidad para atacar. El otro era un enemigo seguramente mucho más poderoso que él en combate singular, y cómo tal debía usar todas las técnicas y tácticas que estuviesen en su disposición para poder enfrentarlo. Por dentro, la mente del capitán rogaba por que sus tripulantes pudiesen mantener una distancia prudente de la bestia aun consciente de que también tenían que lidiar con otro de sus alumnos. La venganza podía ser una emoción poderosa, una emoción que enceguecía.

Por debajo de la tierra se propuso a sentir el movimiento de los granos de arena que cubrían su cuerpo, esperaría el avance del gigante dispuesto a emboscar como un cazador posteriormente. No le importaba si el contrario intentaba perseguirlo bajo tierra, o pensaba que éste había huido, ignorar al capitán despues de todo tendía a ser un error letal para muchos.

Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1867 + 0 = 1867
Energia: 1142 - 14 = 1128
Espiritu: 390 + 0 = 390
#19
La playa paradisíaca se había convertido en un feroz campo de batalla. Los disparos y golpes se sucedían a mi alrededor, rompiendo la calma que había tan solo hacía unos minutos, antes de que aquel barco llegase a la costa. El sudor corría entre mi piel y mi pelaje como hubiese hecho en un día de playa. Sin embargo, esta vez se producía por las carreras y saltos que me había visto obligado a hacer para apartarme de los ataques furibundos de mi enemigo. 

El ataque de Kiyoshi había conseguido golpear a nuestro rival, y mi munición lumínica lo había cegado durante unos instantes, frenando así su arremetida y dándonos un instante de paz antes de que la batalla encarase un nuevo tramo más brutal. Giré mi mirada, apartando mi vista por un momento de mi enemigo, para ver el terror convertido en persona. Si es que acaso podía llamarse humano a aquello que había aparecido tras nosotros. Mi mirada comenzó a recorrerlo de pies a cabeza. Sus pies descalzos golpeaban con toda fuerza el suelo. Sus piernas parecían dos columnas cubiertas por la ropa de algún artista marcial de los que hablaban las historias de países lejanos. Me estremecí al ver sus poderosos brazos dispuestos en posición de ataque aún mientras corría sus palmas extendidas como si pretendiese dar forma de espada a sus extremidades. En medio de su cara, la boca, que parecía un valle entre su barba tupida, espetaba palabras y maldiciones hacia nosotros.

Noté por un instante como las fuerzas abandonaban mis piernas, cómo un escalofrío recorría mi espalda hasta la nuca, erizando cada vello que encontraba a su paso. Vi a Eros desaparecer bajo tierra y me asaltaron las dudas. ¿Estaría intentando huir? No era propio de lo que había visto de su capitán, pero nadie podría juzgarle por sentirse atemorizado de enfrentar aquella montaña de músculos que parecía traer una buena remesa de golpes listos para ser servidos. Miré de nuevo a Kiyoshi, antes de que nuestro rival recobrase su visión, a la vez que intentaba cargar un nuevo cartucho en mi rifle, mis manos temblorosas. Me encontraba dubitativo, pensando en nuestras posibilidades de victoria si seguíamos enfrentándonos a nuestros enemigos, cuando una idea surgió en mi cabeza, como una antorcha que se enciende en mitad de la penumbra. Una chispa se encendió dentro de mi y la energía recorrió de nuevo mi cuerpo.

—Lo siento, Kiyoshi. Siento no poder ser de más ayuda. Ocúpate de ese bruto.

Entonces, salté. No hacía el que había sido nuestro rival hasta ahora. Tampoco hacia el gigante que parecía dispuesto a matarnos. No. Avancé directo hacia la selva; un lugar que me serviría de ayuda en caso de que el maestro de nuestros enemigos decidiese seguirme. Una zona llena de coberturas, de recovecos tras los que poder escurrirme y desaparecer de la vista de aquel gigante. Me había jurado que me convertiría en un gran guerrero, alguien fuerte y temible, pero para llegar a ser algo así, primero debería permanecer con vida. Mis pies tocaron el suelo y entonces viré antes de comenzar mi carrera. Seguía con un mismo objetivo, debía llegar al bosque. Sin embargo, si lo hacía buscando la espalda de aquel rival sería mucho mejor para mi.

Di un paso tras otro, a toda la velocidad a la que eran capaces mis piernas. Mi cabeza no dejó de mirar al gigante en ningún momento. Llegué hasta el inicio de la selva y me deslicé detrás de un tronco. Mi pecho saltaba siguiendo el ritmo de mi respiración acelerada. Permanecí escondido, agazapado en las sombras. Esas mismas sombras que siempre me habían guiado, las que me permitían permanecer oculto. Corrí entre las ramas, las hojas golpeaban mi cara mientras continuaba avanzando en paralelo a la playa. Debía ponerme a salvo. No podía hacer nada más por ellos. No podía... no. ¿Era eso todo lo que podía hacer? ¿En eso me había convertido?

No soy más que un cobarde





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Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1547 + 0 = 1547
Energia: 1400 - 204 = 1196
Espiritu: 144 + 0 = 144
#20
Kiyoshi está preocupado por Varo, pero se mantiene en su sitio. Su compañero Mink enseña habilidades físicas que despiertan cierta envidia el médico, pero este pensamiento rápidamente se va de su cabeza cuando ve que el primer disparo da en el blanco. Aunque, tal como ocurrió en los Cabos Gemelos, no ejerce un daño importante. Atrás quedaron las islas en donde una sola bala puede ser letal. — Tontos, ¿de qué diablos están hechos sus cuerpos? — Ya quisiera estudiarlos para dar con la respuesta y así mejorar el suyo propio, pero ahora mismo no tiempo de ello.

Varo se encarga de cegar al enemigo, y justo aquí es donde el pelinegro, quien en ningún momento ha bajado su arma, jala el gatillo nuevamente para que otra bala salga disparada hacia Atikot, esta vez clavándose en la rodilla derecha. — Tal vez de a poco pueda ir impidiendo que se mueva tan rápido. Yo no soy tan veloz como Varo o Eros.

Llega un momento en donde los tres compañeros se encuentran casi al lado del otro, siendo curioso. — Oigan, us… — Ni alcanza a hablar, pues todos se encargan de marcharse y dejarlo totalmente solo. Kiyoshi giró su cuello un poco para ver a Eros meterse bajo tierra y hacer sus cosas de topo, lo típico, pero en cuanto a Varo, él simplemente se va…

— ¿Qué?

Sí, aquel otro tirador que tan hábiles movimientos ha mostrado hasta ahora, ha decidido irse a quién sabe dónde y dejar a Kiyoshi a solas con el enemigo. — Tonto… — Menciona en un susurro, y acto seguido traga saliva.

Afila la mirada, intentando ocultar cualquier miedo que pueda azotar su cuerpo en este instante, y decide moverse. Si bien no posee un oído espectacular, las pisadas de aquel musculoso maestro se escuchan cada vez más cerca sobre la arena, por lo que viéndose rodeado, opta por buscar una posición en donde sus ojos puedan tener a la vista a los dos tipos que podrían romperle los huesos si lo involucran en una pelea a corto rango.

Consideremos que Kiyoshi sigue de frente a Aikot, por lo que se mueve hacia la derecha, en dirección al mar. Esto es peligroso para un usuario de fruta del diablo, pero si se va hacia la izquierda estaría reduciendo distancia con el último enemigo en llegar, lo cual considera demasiado arriesgado. Elija lo que elija, cree que la pasará mal, por lo que solo le queda aceptar su destino y pelear hasta el final.

El movimiento de Kiyoshi es de ocho metros, el máximo posible para sus condiciones físicas —tiene asma el pobre—, escuchándosele una respiración agitada al momento de finalizar el sprint, quedando a cuatro metros del agua que vendría a ser el mar.

Tal como hizo en un inicio, se gira para quedar de cara a la selva, pudiendo ver hacia su derecha a Atikot (19 metros/no estoy seguro), y a su izquierda a Kiroku (27metros/no estoy seguro).

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1183 + 0 = 1183
Energia: 855 + 10 = 865
Espiritu: 255 + 0 = 255


Salto de foro:


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