Cazadores siendo cazados [Presente Relativo T3]
#11
Toda historia tiene un principio, pero no todos los comienzos son buenos. Este estaba por definirse aún. Y es que en este mundo, y, en especial, en esta isla, todo parecía acabar con nosotros. Yo había avanzado hasta mi posición, asegurándome un buen ángulo para ver a cualquier enemigo que viniese desde el frente. Me mantenía oculto en las sombras, lejos de la vista de cualquiera que pudiese acecharnos. Y me creía a salvo. Sin embargo, nadie puede estar a salvo del mismo entorno que le rodea.

Unas pisadas, sin duda de un gran animal, comenzaron a sonar como los tambores de guerra de un gran ejército marchando hacia la batalla. Pasos que no pertenecían a ninguno de nosotros, y que a juzgar por la escena que teníamos allí, tampoco eran fruto de los causantes de aquella matanza. Cada golpe sonaba más cerca, más terrorífico. La cueva, la cual vibraba con los primeros pasos, comenzaba ahora a sacudirse. Las paredes crujían a nuestro alrededor, como si las mismas entrañas de la tierra nos amenazasen, como el rugido de un estómago hambriento. Los huesos a nuestros pies castañeteaban unos contra otros en un macabro ritmo, y parecían comenzar a danzar y saltar, como si fueran parte de un ritual mortuorio. Las formaciones rocosas del techo, extendidas hacia nosotros como colmillos ansiosos de presas, empezaron a derrumbarse, causando un gran estrépito al golpear a unos metros de donde nos encontrábamos Kiyoshi y yo. El doctor dejó salir un comentario, tenue, un susurro, en el que dejaba clara que su opinión sobre aquella caverna era la misma que la mía; un lugar terrible.

Las conversaciones entrecortadas que venían de más allá de la cueva dejaron de oírse. Ya fuera por el miedo o por el ruido provocado por los crujidos de la caverna. Los golpes se acentuaban. Algo se acercaba a nosotros, desde la espalda. Me giré tan pronto me percaté de aquello y pude ver al causante. Un reptil, grande, de unos 10 metros. Aún no se bien como podía avanzar con esa velocidad por aquella cueva. Progresaba con paso firme, aplastando los huesos del suelo como si pisase ramitas. Un paso, luego otro, siempre con potencia. Cuando vi a dónde se dirigía ya era demasiado tarde. Intenté apartarme de su camino, pero había dedicado demasiado tiempo a analizar aquel espécimen que parecía salido de los libros de historia, o tal vez de antiguas fábulas de princesas y dragones. Salté a un lado, aunque no pude evitar que sus patas me golpearan. Noté un ligero dolor en el costado antes de caer al suelo de la cueva. Rodé sobre mi cuerpo para ponerme de nuevo de pie y volver a agarrar mi rifle, listo para responder a aquel reptil en caso de que pretendiese seguir atacándonos. Sin embargo, sus intenciones eran otras.

Como llevado por la ira, aquel monstruo avanzó sin detenerse, sin siquiera mirar qué se interponía a su paso. Era un animal rabioso, como buscando contratacar por una afrenta sufrida. Tal vez aquello fuese bueno para nosotros, pues el bicho ni reparó en nuestra presencia antes de estrellarse contra la pared de la cueva. No se lo mal parado que salió el animal, pero la roca si que sufrió el impacto. Tras el golpe, un estallido. Una nube de polvo cubrió la zona. Pequeñas rocas sonaban tras caer y rodar por la caverna. Entre el estruendo reconocí el sonido del rifle de Kiyoshi a mi derecha, dos golpes, rítmicos que me mandaban una señal. Y tras ello, la conversación de los que estaban al otro lado de la nube de polvo. Unos seres despreciables que se jactaban de haber matado a las crías de aquel reptil enorme. Algo que me hizo hervir la sangre y que me hizo sentir repugnancia a partes iguales. 

Mantuve la mira de mi rifle enfocada hacia la abertura en la pared que había creado el impacto. Paciente, esperando a que los causantes de la matanza vinieran a cobrarse una nueva víctima. Tan pronto como vi la primera silueta, disparé. No al cuerpo, ni la cabeza, sino al suelo bajo sus pies. Sabía que no podía derrotar a nadie con un simple disparo, pero era consciente de que el efecto de mi bala podría servir para herir a alguno de aquellos despreciables hombres. Además, sabía que Eros tenía una gran percepción, por lo que esperaba que aquello le sirviera como un aviso, una señal de alerta, algo que le dejase ver que estábamos en combate.

Mi disparo alcanzó su objetivo y una explosión cubrió la zona. Las llamas habrían alcanzado a todo aquel que se encontrase al otro lado. Buscábamos un refugio y lo habíamos encontrado. Aunque en esta ocasión, pertenecía a gente despreciable.



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#12
El capitán de los inadaptados estaba esperando la situación ideal para atacar, no obstante ese tipo de cosas parecen darse quiera uno o no en la Grand Line. Tras unos segundos de quietud en los cuales aprovecharía para intentar sacar toda la información posible de las voces aberrantes de los hostiles en la cueva, el temblor en el suelo le da indicios de que algo grande se acercaba. Uosan no pesaba tanto, por lo que era posiblemente mucho más grande que el gyojin que había enfrentado en los cabos gemelos ¿Una mascota de estos ejemplares? Lo dudaba viendo el odio que mostraban para con la vida, ese tipo de personas no sabe amar una mascota.

No podía permitirse titubear en ese momento, clavando sus patas traseras nuevamente dispuesto a saltar hacia la voz femenina pero... Otra serie de temblores, más fuertes y cercanos hicieron que el topo se detuviera finalmente notando la situación: Había un dino en una cueva. Esto no solo suponía un peligro de derrumbe en cualquier momento, sino que implicaba que dicha criatura tendría que haber pasado por el único punto de acceso de la cueva que había visto: La entrada por donde Varo y Kiyoshi estaban esperando para atacar.

Preocupado apenas notó que la situación escalaba para peor, el funebrero salió de su agujero con un salto por la espalda de los tres cazadores que ahora yacían concentrados en la llegada repentina de la criatura aprovechando ésta distracción para propinar un zarpazo impulsado por los musculos de hierro de su diestra, y toda la potencia de su inercia, a la nuca de la fémina que parecía ser la líder de éste grupo. — El que está dispuesto a matar, debe estar dispuesto a morir... ¡Ahora! —Exclamó en voz alta a la par que aterrizaba con su ataque contra la nuca de la mujer generando un poderoso impacto con su engañosa fuerza.

Al impactar Eros aprovecharía la potencia de su golpe, y posterior efecto en la consciencia de la mujer, para usar sus patas traseras contra ella impulsándose nuevamente con un salto al mismo agujero del que había salido entonces comenzando a moverse por debajo de la tierra. Necesitaban reposicionarse, buscar zafar de esa situación. Tanto los enemigos como el dinosaurio representaban una amenaza inmediata, y si bien podría dejar que el dinosaurio se defendiese solo, su espíritu protector no se lo permitiría.

Contenido Oculto


Ataúd
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#13
Todo ocurrió demasiado rápido para Mirea, primero, el rugido del animal, aún tendido en el suelo tras el brutal impacto contra la pared. Luego, casi sin transición, un golpe seco y contundente la alcanza de lleno, haciéndole perder el equilibrio, hubo unas palabras justo antes del impacto, pero no pudo siquiera comprender lo que era. Durante unos tres segundos el mundo gira sin control, la cueva parece inclinarse, las luces se distorsionan y su mente es incapaz de concentrarse en un solo punto.
 
En ese mismo instante, siente otro impacto, algo choca contra el suelo cercano y explota al momento. El estallido sacude el área y una oleada de dolor le recorre los pies, obligándola a retroceder con un gruñido ahogado, fragmentos y polvo salen despedidos en todas direcciones, aun así, incluso en su estado aturdido, Mirea puede deducir una cosa, por la magnitud del daño y la dispersión del impacto, ella no fue el epicentro del ataque.
 
—¡TAROI, TAJI, POSICIÓN OMEGA! —la orden de Mirea resuena con fuerza en la cueva, cortando el caos como un filo. La explosión de aquello fuera lo que fuese había afectado a dos de los tres hermanos, dejando el aire cargado de polvo, ecos y tensión, aun así, no dudan ni un segundo, al escuchar la voz de su hermana, reaccionan de inmediato. Taroi y Taji se mueven para colocarse a ambos lados de Mirea, formando una defensa cerrada, atentos, alertas, los sentidos tensos mientras escrutan la cueva en busca del origen del ataque anterior. Sus miradas recorren sombras, grietas, el hueco de la pared derrumbada cualquier punto desde el que pudiera haber surgido la amenaza.
 
Contenido Oculto

 
No hacen preguntas, no protestan ni vacilan. La coordinación es clara, esta no es la primera vez que adoptan esa formación y aunque el polvo aún no se ha asentado por completo, una cosa resulta evidente para cualquiera que los observe, los Cazadores Crux ya no están jugando.
 
—Ustedes mantengan la mirada fija al frente. Sea lo que sea que explotó vino de esa dirección — ordena Mirea con frialdad —Algo más me atacó por la espalda y se escondió. — Su explicación es breve, directa, sin espacio para dudas. Ya no hay rastro de insubordinación ni discusiones internas, al final del día son un equipo de tres, y cuando cazan, lo hacen juntos y con una coordinación inquietantemente precisa.
 
—¡Yoi! —responden los hermanos al unísono, ajustando sus posturas sin apartar la vista del frente. Taroi era consciente de que el disparo era para el, pues fue a dar justo a sus pies y aunque su dolor no es mucho, la ira lo hierve por dentro. Mientras tanto, a pocos metros de ellos, el Suchomimus comienza a incorporarse lentamente, sus patas tiemblan, su respiración es pesada, pero la criatura vuelve a erguirse con una determinación peligrosa, no es una amenaza solo para los cazadores. Es un problema creciente también para los piratas que permanecen ocultos al otro lado de la cueva. El caos aún no ha alcanzado su punto máximo, pero está a punto de hacerlo.
 
Con el Suchomimus de pie, ocupando el centro exacto del hueco que abrió momentos atrás, la línea de visión queda completamente bloqueada. Desde su posición, no pueden ver a través de la abertura, y cualquier intento de hacerlo se ve frustrado por el cuerpo colosal de la criatura.  Del otro lado de la cueva, los hermanos Crux han quedado momentáneamente solos, con Eros aún bajo tierra, oculto, sin haber revelado su posición. Ambos frentes están separados por toneladas de músculo, escamas y furia prehistórica.
 
La reciente movilidad del dinosaurio trae consigo una consecuencia aún más peligrosa, la cueva vuelve a agitarse. El suelo tiembla, el techo cruje y pequeñas grietas se abren en las paredes. Fragmentos de roca caen de forma intermitente, dejando claro que la estructura no soportará mucho más castigo.
 
Si no actúan con rapidez, el riesgo de un derrumbe parcial o total deja de ser una posibilidad lejana para convertirse en una amenaza inmediata. El tiempo apremia, el entorno ya no es neutral y cualquier decisión o indecisión puede sellar el destino de todos ustedes.
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#14
Lamentablemente, Kiyoshi no pudo percatarse de que su compañero Varo no esquivó del todo la embestida del dinosaurio, pero menos mal no resultó daño de gravedad. Lo que no se esperó luego del derrumbe de la pared es que el propio mink quisiera pasar a la acción, pues en ningún momento muestra señales de querer esconderse, sino que todo lo contrario.

Justo antes de que Varo decida pasar a la ofensiva, pudiendo Kiyoshi percatarse de hacia dónde dispara debido a su ojo felino que predomina en este entorno de relativa oscuridad, también se escuchan las palabras en voz alta de Eros. Si bien por la distancia y el ruido que causa el dinosaurio no es capaz de entender del todo lo que dice, pero le basta para saber que no puede quedarse quieto. Dejar solo al compañero topo es algo que no puede permitirse.

Justo cuando Varo dispara, Kiyoshi intenta ponerse de pie para apuntar también con su rifle, pero en este momento es que se da la nueva incorporación del gigante animal, el cual termina por cubrir totalmente el camino y la visión que el médico podría tener hacia abajo. ¿Esto lo detendrá? Por supuesto que no. Quizás el Kiyoshi del pasado se rendiría y esperaría a que el resto se encargue de tener la situación bajo control, el del presente es uno que intenta resolver y demostrar su fuerza, una que crece y no deja de crecer.

Para empezar, comienza a moverse cinco metros en diagonal hacia arriba, específicamente hacia el costado izquierdo del mapa. Para qué, se preguntarán. Al haber notado la forma en que apuntó Varo antes, pudo darse cuenta de cómo es la cueva. Entiende que el enemigo se encuentra en una planta baja. Este es el primer conocimiento que adopta para su estrategia. Luego, el saber por dónde está el camino a seguir, eso se lo atribuimos a su querido ojo felino. — Andando, Varo. — Le susurra.

Su primer ataque es uno bastante simple. Desde el lado izquierdo, viendo al dinosaurio, apunta con su rifle a una de sus patas delanteras. Considerando que chocó de frente con la pared, debe estar mirando hacia la zona en donde están los cazadores. Al apuntar a la pata delantera, Kiyoshi busca que el dinosaurio crea que algo viene desde el frente, procediendo a ir y, quizás, entrar en aquella planta más baja donde están los tres enemigos.

Funcione o no el plan con el dinosaurio, Kiyoshi no deja de moverse. Ahora se mueve tres metros más, otra vez en diagonal hacia arriba, y en dirección izquierda del mapa. Es importante aclarar que tanto el anterior movimiento como este es realizado doblando las rodillas lo más que pueda para no mostrar sus dos metros de estatura desde lo alto. Además, apuesta a que el dinosaurio pueda provocar una distracción, pues al acercarse al borde de donde se encuentra, va viendo que el posicionamiento ajeno apunta justamente hacia el animal.

Apostando aún a la distracción del amigo dino, Kiyoshi asume que los primeros que fijarán su atención en él son los que están delante en la formación, pues es evidente que hay una sola detrás y dos al frente. Por lo mismo, apuesta a atacar a quien se mantiene en la retaguardia. ¿Acaso no es ese el trabajo de un tirador? Aprovechar el rango para ir a por aquellos que buscan establecer defensas delante para que sea difícil llegarles. Y, sobre todo un francotirador como Kiyoshi, atacar desde las alturas es una especialidad.

La bala está puesta en el rifle desde el principio, y apoyando una rodilla en el piso, sujetando el rifle por la parte delante con la mano zurda y situando el índice derecho en el gatillo, dispara. La bala va rodeada por una de sus queridas y limpiadoras burbujas, apuntando directamente a la zona del cuello de Mirea, llegándole un tiro certero que no solo le inflige daño, sino también repercute en su energía. — ¡Tomen, sucios tontos!

Luego de disparar, Kiyoshi se mantiene en su lugar, pues no es el tipo con mayor cardio del mundo como para seguir moviéndose.

OFF ROL
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#15
Eros era un cazador, una sombra al acecho que había arrinconado a sus oponentes. Podía sentir sus movimientos a través del terreno como vibraciones, podía sentir el aroma de la sangre de la mujer cayendo tras la herida que él mismo le había propinado. Sonreía para sus adentros, feliz y satisfecho pues era fuerte. Ellos que habían masacrados seres inocentes ahora estaban sufriendo la espada de damocles que caía sobre su cabeza tras pender sin ningún tipo de pudor. ¿Kiyoshi y Varo se estarían movilizando? La amenaza del aparente dinosaurio que sus ojos aún no habían notado podía ser un peligro, los escuchó hablar a los hermanos del tema pero ahora estaban alerta.

Pero no importa cuando alerta estuviese uno, la muerte siempre lo encontraría.


Como la muerte inevitable el topo nadó por debajo de la tierra usando sus dos patas hasta que finalmente pudo sentir debajo suya las vibraciones del suelo. Estaban ahí, era lo más probable, debajo suyo. Si esperaban enemigos por los lados o buscaban una formación en la cual los tres cubriesen un rango de visión de 360° bien sabía el topo que una cosa era poder ver de donde venía el golpe, y otra muy distinta el tener la capacidad fisica para anticiparlo. Cuando sintió el disparo burbuja de Kiyoshi siendo lanzado hacia la posición sobre la que él estaba, entendió que era el momento.

Con un poderoso salto salió de la tierra directamente a los pies sobre los tres, aterrizó en la cabeza de Mirea sujetándose con sus patas traseras pues necesitaba las dos superiores libres y lanzó un poderoso golpe con la derecha capaz de destruir el terreno con la potencia de sus garras pero no era parte de la cueva la que hería sino el cráneo de la mujer. Con el rápido Second Eulogy impactando contra la misma, y aprovechando el segundo de confusión que el disparo del tirador había producido, un segundo golpe cayó al mismo tiempo que ejecutaba el primero contra la cabeza de la misma ésta vez por pata izquierda de Eros.

Uno y dos, el combo no tuvo piedad pues cierto era que el sepulturero tampoco la tendría. Uso sus mismas patas traseras para saltar a máxima potencia en dirección a donde había oído a sus compañeros aterrizando a un metro de los pies Kiyoshi contra el suelo. Frente a él parecía haber una pared cavernaria natural de no más de treinta centímetros de alto pero era más que suficiente para que el topo tomase recaudo a cubierto de cualquier tipo de disparo por parte de la vengativa mujer que ahora estaba al borde de la muerte.

Ataúd
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#16
La cueva se había convertido en algo totalmente distinto. De ser un remanso de calma, tan tranquilo que se había generado una tensión que hacía el aire más denso, había pasado a parecer la boca de un volcán, llena de temblores y explosiones, un entorno salvaje dispuesto a devorar a sus invasores. La roca aún restallaba por la sucesión de acontecimientos que había ocurrido, y as voces de sus nuevos enemigos se oían más allá en la cueva. Los causantes de la masacre que ahora servía de alfombra para la caverna, comenzaron a dar y recibir órdenes. Por los nombres en clave y la rapidez de sus respuestas, se podía intuir que o se trataba de algún grupo militar, o al menos estaban bien entrenados y coordinados.

El reptil que había irrumpido de manera salvaje en la cueva, se incorporó de nuevo, imposibilitando así que pudiésemos asomarnos a la nueva ventana que se nos había abierto ante nosotros. Kiyoshi, rápido de mente y decidido, parecía haber analizado bien la situación, y pronto se incorporó de nuevo para avanzar por el camino que nos llevaría hasta aquellos asesinos. EL doctor me indica que me ponga en marcha junto a él, Una vez que el dinosaurio se encuentra en pie, Kiyoshi apunta con su rifle a una de sus patas delanteras. No entendí bien si su intención era derribar al animal hacía el agujero o incitarlo a que él solo saltase hacia nuestros enemigos, pero supe al instante que su estrategia se trataba de la mejor. Aquel reptil me había embestido sin yo poder evitarlo, así que sumar esa componente a la ecuación del lado de nuestros rivales les causaría una gran molestia, sino dolor.

La cueva volvió a quejarse. Crujían las paredes y se desprendían pequeños trozos aquí y allá. El impacto del reptil había dañado en parte la estructura, lo cual podía suponer que aquel nuevo refugio que habíamos encontrado colapsase antes de que pudiésemos llamarlo ni tan siquiera «campamento». El temblor del suelo parece el disparo de salida para mi carrera. Corro a toda velocidad, tanto como me dan las piernas y me desplazo varios metros antes si quiera de que el doctor efectúe su segundo disparo. Sin embargo, no avanzo hacia la posición de Kiyoshi, lo hago justo en la dirección contraria, para alejarme lo suficiente de él. Sigo corriendo hasta haber llegado de nuevo a la entrada de la cueva. Los últimos pasos que doy me sirven para girarme hacia el reptil, hacia el mayor problema que tenemos en este momento. Debemos cortar el movimiento de aquella bestia o puede que provoque que pasemos a ser unos más de los huesos en las entrañas de la montaña.

Me aseguro de que el doctor ha quedado lo suficientemente lejos de mi posición, pues ya se de su aversión hacia las enfermedades, y entonces, grito.

—Maldición Sekhmet

Noto como de mi cuerpo se desprende una peste que lo va cubriendo todo a su paso. Una de mis maldiciones, creada para causar un gran dolor de manera interna en mis enemigos. Veo como el dinosaurio es afectado por ella y puedo percibir a simple vista cómo parece algo más debilitado. El mismo resultado habrá obtenido cualquiera que se encontrase en mi radio de acción. Por un momento, deseo que Eros no se encontrase en esa zona, no podría soportar haber dañado a mi nuevo capitán. Sin embargo, tampoco podía permitir que nuevas sacudidas del dinosaurio acabasen con todos nosotros enterrados antes de tiempo. Una ligera sonrisa se dibuja en mi cara al pensar en la ironía que sería para los piratas de la Sepultura acabar siendo los que están bajo tierra.

Me encontraba de nuevo al principio de la cueva, pero en ese momento, nuestra aventura había avanzado gran parte ya.



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#17
Con los Cazadores Crux aparentemente rodeados y cada uno cubriendo un flanco distinto, tal como Mirea había ordenado, el disparo de Kiyoshi no pasa desapercibido. De los tres, Taroi es quien reacciona primero. Sus reflejos entran en acción casi de forma instintiva. El chico de voz ronca se había preparado desde antes para parar cualquier ataque que viniera desde su flanco, interponiéndose con violencia en la trayectoria del ataque. Su cuerpo gira, el brazo se alza y el impacto se desvía en el último segundo, evitando que el golpe alcance de lleno a su hermana.

El resultado no es limpio, sus botas raspan la piedra y una mueca de dolor cruza su rostro, aun así, permanece en pie. La respiración se le acelera, los músculos se tensan y apretando los dientes entonces habla. —Tch… —escupe entre dientes. Mirea no tarda en entender lo ocurrido, sus ojos se clavan en el punto desde donde vino el ataque, afilados, furiosos. —Así que ahí estaban —murmura, la sonrisa torcida desapareciendo por completo. Taji, por su parte, ajusta su posición sin decir palabra, claramente alterado, siendo él quien siempre aguanta los golpes, el ver a su hermano recibir una bala fue sumamente incomodo y doloroso mentalmente para el. La amenaza ya no es abstracta ni lejana, los intrusos han mostrado los colmillos.

Justo cuando Mirea comienza a alzar el arma para disparar, el suelo revienta, no hay aviso, no hay sonido previo, ni hay tiempo de reacción. Desde abajo, desde un ángulo imposible, Eros emerge con violencia absoluta. El ataque es tan repentino que nadie lo ve venir, ni los reflejos de Taroi, ni la defensa preparada de Taji, ni la mente estratégica de Mirea logran anticiparlo. El golpe conecta de lleno, el impacto contra el cráneo de la francotiradora es brutal, seco, devastador. El cuerpo de Mirea sale despedido hacia un lado tras el segundo golpe, su arma cae al suelo y rebota un par de veces antes de detenerse. La mujer se desploma sin elegancia, sin control, golpeando la piedra con un sonido hueco que resuena más fuerte que cualquier disparo previo.

La herida es grave. Un ataque de esa magnitud en la cabeza no deja lugar a dudas, el daño es serio, visible, alarmante. —¡¡MIREA!! —ruge Taroi al instante, girándose con furia ciega. Taji retrocede un paso, el rostro pálido, los ojos abiertos de par en par mientras intenta procesar lo que acaba de ocurrir, por primera vez desde que comenzó la cacería, la formación Omega se rompe. El Suchomimus, aún presente y agitado, lanza un resoplido profundo al sentir el nuevo caos. La cueva vuelve a crujir, pequeñas rocas cayendo del techo como si el entorno mismo reaccionara al desequilibrio.

Y como si la situación no fuera ya suficientemente caótica, algo más comienza a manifestarse, de manera casi simultánea, los tres cazadores sienten una opresión interna antinatural. No es un golpe, ni una herida externa, es como si sus órganos se inflamaran desde dentro, una presión ardiente que les roba el aire y les tensa los músculos. El dolor no es inmediato ni uniforme, pero es real, progresivo, imposible de ignorar. Mirea, ya malherida, apenas logra emitir un quejido ahogado. Taji se lleva una mano al abdomen, trastabillando un paso hacia atrás, el rostro pálido.

Pero Taroi, Taroi aprieta los dientes, para él, el daño no es suficiente para detenerse. Con un rugido de furia, ignora la punzada interna y se lanza directamente hacia el origen del disparo. Sus pies se clavan en el suelo, se impulsa varios metros y, con una flexión brutal de las piernas, salta, reduciendo la distancia en un instante. Al aterrizar, sus ojos se fijan de inmediato en Kiyoshi. —Hyakumaigawara Seiken— Taroi descarga todo su peso, fuerza y rabia en un ataque frontal, la palma abierta avanzando con violencia directa hacia el chico, el aire comprimiéndose alrededor del golpe mientras la cueva vuelve a vibrar por la potencia del movimiento.

Los acontecimientos se acumulan con una violencia imposible de procesar incluso para una criatura prehistórica. El Suchomimus, sobrepasado por el ruido, el dolor, los ataques cruzados y el caos absoluto que domina la cueva, entra en un estado de furia total. Su cuerpo se tensa y, sin distinguir aliados ni enemigos, se lanza hacia adelante en una embestida feroz. El primero en pagar las consecuencias es Taji, el impacto lo alcanza de costado y lo lanza varios metros hacia atrás, su cuerpo golpeando contra la piedra con un sonido seco antes de quedar inmóvil entre polvo y fragmentos de roca. El aire se le escapa de los pulmones en un espasmo involuntario, su figura apenas moviéndose tras el violento choque.

Pero la tragedia no termina ahí, en su avance descontrolado, una de las enormes pisadas del dinosaurio desciende sin piedad justo donde Mirea yacía en el suelo, aún intentando recuperarse del golpe recibido momentos antes. No hay tiempo para reacción, no hay grito, no hay escape, el peso colosal cae y cuando la criatura retira la pata y continúa su avance entre rugidos y temblores, lo que queda atrás es un cuerpo completamente inmóvil, la vida extinguida en el acto. La joven de los Cazadores Crux no vuelve a moverse. El silencio que sigue es distinto a todos los anteriores. Taroi, aún enfrascado en su ataque, no lo ha visto, Taji yace lejos, abatido por la fuerza bruta y la cueva, resquebrajada, amenaza con colapsar bajo el peso de una bestia que ya no distingue nada más que furia.

Infobox

Mirea Crux



Taji Crux



Taroi Crux
#18
— Maldición. — Le molesta ver que a quien apunta no es la víctima final de su disparo, sino que otro de los individuos de la formación ha tomado el rol de defensa, lo que confirma al teoría antes hecha por Kiyoshi, que quien se mantiene detrás es el punto al que debe tener en la mira. — Cómo evado al resto… — Aunque intenta dar con una respuesta a su pregunta, los ojos se percatan de la repentina caída de la muchacha. Intenta enfocar su vista, permitiendo que sus ojos especiales se percaten de la pequeña figura que emerge y luego se retira. — ¿Es el topo? — Por mucho que le conozca, la poca luz y la distancia le impide estar 100% seguro de esta información.

Pero conociendo el método de pelea de su compañero, debe de ser. Kiyoshi confía.

En los segundos siguientes suceden muchas cosas. El hecho de que finalmente su plan que involucra al dinosaurio entra en acción pasa inadvertido ante él. Tanto el retumbar de la cueva y el golpe que se lleva el otro enemigo que sigue en pie pasan a segundo plano cuando Taroi reduce la distancia entre ambos a una velocidad que lo toma por sorpresa.

Sabido es desde siempre que las peleas a corto rango son su mayor debilidad, por lo que en su rostro se nota clarísima la preocupación por tenerlo frente a él. — Ton… — No alcanza a insultarlo, pues recibe el golpe en el centro del pecho que causa que, por un instante, sus ojos se vuelvan blancos. Y es que un tipo tan debilucho como él, un golpe de esas magnitudes es algo que no puede ignorar.

— Maldición… Cometí un error… — Pues para todo tirador permitir que el rival entre en este rango actual es una equivocación, pero tampoco podemos crucificarlo. Kiyoshi es un hombre que pueda moverse por todos los rincones que quisiese. Su debilidad física debía pasarle factura tarde o temprano, y ha sido aquí, en una oscura cueva en Little Garden, donde la vida le enseña que aún está lejos de ser el hombre fuerte que quiere ser.

Producto del golpe, da un paso hacia atrás y luego la rodilla izquierda cae al piso, utilizando también el rifle como soporte, pues le cañón se recarga el piso y el arma hace de muleta. Su cabeza está gacha y los ojos apuntan al piso, pero le es imposible enfocar la mirada. Está mareado, a merced del enemigo debido a la casi nula distancia.

— Mierda, mierda… — ¿Acaso esto será todo? ¿No puede dar más de sí en este mundo pirata? La historia aún tiene páginas por rellenar. Lamentablemente, no es Kiyoshi el escritor principal este día.

OFF ROL
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Hablo | Pienso
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#19
Cogí aire, solo un instante, pues en medio de la batalla no hay tiempo para mucho más. Y es que en eso se había convertido nuestra aventura; había pasado de ser una simple incursión en busca de nuestro primer refugio, a ser nuestra primera batalla como tripulación. Las paredes rechinaban, y podía sentir cómo las pequeñas piedrecillas que caían a mi alrededor saltaban de un lado a otro, como si intentasen huir de aquella caverna. La cueva crujía, como un perro amenazante que gruñe y muestra sus dientes ante un desconocido que se acerca, justo antes de atacar.

Mi respiro se cortó de golpe cuando vi aparecer a un guerrero delante de Kiyoshi. Era uno de los enemigos a los que había disparado a través de la oquedad que había abierto el reptil con su embestida. Aquel hombre, o ¿talvez sería más correcto llamarlo chico? Como sea, el enemigo aterrizó frente a Kiyoshi, en un movimiento rápido para alguien sin entrenamiento, pero que pude seguir sin ningún problema, pese a estar en la distancia. Supe pronto que su movimiento no sería lo suficientemente veloz como para sorprender al médico de la tripulación. Sabía que era alguien competente y supe por Eros que había desempeñado un gran papel en el evento ocurrido en los Cabos Gemelos. Aún así, ahora era mi compañero. Habíamos viajado grandes distancias. Habíamos perdido un barco, nuestro hogar. Algunos compañeros se habían quedado por el camino. Ahora estábamos los tres solos, y bien saben los dioses lo que unen las adversidades.

Flexioné mis piernas y volqué mi peso hacia delante, hacia las puntas de mis pies, las cuales hicieron crujir los huesos bajo ellas. No podía quedarme mirando, tampoco podía esconderme. Era el momento de dar un paso al frente, de demostrarle al mundo que no iba a seguir siendo un cobarde. Oí el repiqueteo que producía el cartucho sujetado por mi temblorosa mano al introducirlo en la recámara. Apreté el cerrojo y me aseguré de tener mi arma lista para disparar y entonces salté hacia delante. Sin detenerme un segundo, sin pensarlo demasiado. Sin darle tiempo al miedo de atenazar mis piernas. Recorrí casi la mitad de la distancia que me separaba de mi amigo antes de volver a tocar el suelo y entonces comencé a correr hacia ellos.

Pude observar cómo el reptil al que habíamos atacado, finalmente, había sucumbido a nuestro plan. O a nuestra improvisación. Sea como fuere, el animal había saltado enfurecido por la abertura. Deseé por un momento que Eros pudiese ver a la bestia caer y tuviese tiempo de apartarse de su camino, pues yo había probado una de sus embestidas y no se la recomendaba a nadie. Además, la criatura parecía mucho más enfurecida ahora. La cueva continuaba retumbando, sabía que no podíamos estirar mucho nuestra contienda. Levanté mi arma y apunté a nuestro enemigo, a uno de los causantes de aquella masacre que se extendía por todo el suelo de la cueva.

—¡Eh, tú, bestia! No serás tú el cobarde que ha causado todo esto, ¿no?

Disparé. No con la intención de dañarlo, tenía más fe en herirlo con mis palabras que con mis balas. Sabía que mis capacidades como tirador distaban mucho de las de Kiyoshi. Tan solo quería abrir una ventana para mi compañero, una distracción para que pudiera devolverle todo el daño que había intentado causarle anteriormente. El entorno no me era para nada favorable, pero sabía que podía sumar, que podía serle útil a mis compañeros.

Vamos, Kiyoshi. ¡Dale su merecido!





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Espiritu: 144 + 0 = 144
#20
No fue notado detrás de la pequeña pared de roca poco más alta que una pantorrilla detrás de la cual estaba refugiado, la presencia de Kiyoshi sumado con su escaso tamaño y la poca luminosidad de la cueva había hecho que el enemigo hiciese foco principal en el médico en vez de notarlo. El topo chasqueó la lengua molesto pudiendo sentir por primera vez desde que había conocido a Kiyoshi el aroma de su sangre, y escuchó su dolor. La furia que ardía en el corazón del capitán no tenía paragón, ahora iba a bañarse en la sangre de los tres hermanos así fuese lo último que hiciese.

Porque la sangre se paga con sangre

Entró por debajo de la tierra moviéndose con la voracidad de un tiburón acechando a su presa para posicionarse precisamente por detrás de donde olía a Taroi. Esperó unos escasos dos segundos desde su avance subterráneo para aun por debajo de la tierra elevar una garra destinada a golpear el pie de Taroi por debajo de la tierra, puntualmente el pie de apoyo, y aun bajo tierra nadó otros cuarenta centímetros para repetir el zarpazo contra el otro pie. Entonces fue que saltó desde la espalda del mismo con un brinco que lo elevó desde el subterráneo para rodear con ambas patas el cuello del mismo desde sus cervicales en un abrazo mortal que Kiyoshi observaba por segunda vez.

Eros estaba dispuesto a ser un problema que no podría ser ignorado por mucho tiempo así tuviese que recibir toda la atención de los cazadores de recompensa con tal de proteger a su tripulación, pero más allá de su espíritu protector su furia le impelía sangre, estando el funebrero más que dispuesto a destrozar el cuello del muchacho con su poderoso agarre. Quería sentir como el último aliento escapaba de los pulmones exhaustos del guerrero, y estaba dispuesto a ser el verdugo que lo hiciese.

Ataúd
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1856 + 0 = 1856
Energia: 1102 - 14 = 1088
Espiritu: 390 + 0 = 390


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