Muchos viajes habían sucedido en muy poco tiempo, nuevas amistades brotaron y algunas se perdieron por el camino. Aún recuerdo aquel día en el mercado de Sobert, en la zona sur, cuando conocí a Cao y quería contratarme para tocar en una fiesta, aunque solo fue un engaño para atraerme a una oferta difícil de rechazar. Si, lo recuerdo bien, aquella fiesta del té donde seres en formas y colores variados nos reunimos por aquel noble destronado, todo con la finalidad de empezar este periplo juntos, codo con codo, por el afán de llevar la libertad al mundo.
Al principio dudaba, nunca había hecho un viaje tan largo, lleno de peligros, misterios e incógnitas, pero la determinación de Cao y la nobleza de sus intenciones me hicieron aceptar, no por buscar la libertad, eso era algo que ya poseía. Decidí seguirlos solo para ver hasta donde llegaría su ambición, su camino y si su sueño podría llevarse a cabo en un mundo oscuro y corrupto. Todos eran únicos entre si, además de bastante mas imponentes y amenazantes que mi triste figura, pero no necesitaba ser un gran guerrero, ni tan siquiera una nota al pie de página, yo solo era el cronista. Había luchado al lado de algunos, con otros bebí y comí, a otros sencillamente los había visto de cuando en cuando por las islas que las visitamos, pero terminábamos juntando siempre para partir hasta el siguiente destino.
En aquel momento el viaje nos llevó hasta la Isla Samba, un reino artístico y hermoso, la alegría podía respirarse en el aire. los edificios eran coloridos y solían estar iluminados en la noche por farolillos de distintos colores, el aroma de varios alimentos correteaban en el ambiente, dulces, salados, incluso alguno cítrico, nariz podía percibirlos bien. Caminaba tranquilo por las calles del lugar, buscando algo que llevarme a la boca y, con algo de suerte, algo divertido que hacer, la verdad es que sabía que pronto partiríamos, pude escuchárselo decir a Cao mientras hablaba con Dong, así que quería aprovechar el poco tiempo que me quedaba en la isla para conocerla un poco. Sus edificios, aunque muy parecidos a los de Sobert, podían notarse grandes diferencias, sus líneas eran mas curvas, viéndose en los arcos de las ventanas y las puertas, sus fachadas eran mas coloridos, viéndose pintadas con azules, rosas, amarillos, rojos y otros del espectro, colores que provocaban gran dinamismo visual. Además, por las calles se verían relieves en las paredes y estatuas que hacían peripecias con el agua en las plazas.
Iba tranquilo, relajado, sonriente y maravillado por todo lo que mis ojos captaban, tal fue mi abstracción de la realidad ante tales maravillas desconocidas antes por mi que, sin saber muy bien porque, terminé entrando en una taberna. Quizás fue su fachada con notas musicales y pentagramas que se doblaban de formas imposibles pintados, o tal vez fuera por la ausencia, pero me sentí un poco engañado al entrar y no escuchar mas que un triste acordeón tocado por un anciano tuerto y del otro ojo no sano, y ni siquiera es que lo tocase bien, mas bien parecía que sus ganas de vivir acompañaban el ambiente con una lúgubre y melancólica sinfonía de notar mal tocadas. Por lo demás, el lugar estaba bien, era agradable a la vista, con un toque hogareño, algo que hacía que los marineros que surcaran los mares les hiciese sentirse como en casa. Sin embargo, lo mas sorprendente de todo, era que estaba totalmente vacío, solo el tabernero que estaba frotando un vaso en tras la barra y aquel intento de músico. "Cielo Santo..." Pensé al darme cuenta de la nula clientela mientras caminaba tranquilo hacia la barra, mirando a los alrededores. Cuando me senté el tabernero vino con presteza, como si tuviese miedo de que me arrepintiese de haber entrado antes de haberle pagado una simple comanda. -Buenos días caballero, permítame que le sirva una copa y unos aperitivos.- La verdad es que su oferta me tentaba, su rostro además era bastante convincente, y bello, debo añadir. -Quizás quiera ver nuestra carta de cocteles, si lo prefiere.- Podía sentir como su forma de hablar me embelesaba. No obstante, pese a sus intentos, antes de saciar mi hambre o mi sed, quería saciar mi curiosidad. Lo miré curioso mientras señalaba las mesas vacías a mi alrededor alzando los brazos. -¿Dónde esta todo el mundo?- Pregunté sin miramiento ni tacto alguno, tampoco es que fuese a ofender a demasiada gente, la verdad. -Ah... Es por él...- Dijo mientras volvía a frotar el vaso, esta vez con cierta rabia.
Me giré para mirar al señor con su acordeón, preguntándome como podía ser tan malo tocando. -Sírvame un vaso de agua de limón y un ramen de pato.- Dije sin voltearme a mirarlo. -Por supuesto.- Podía notar alivio y algo de felicidad en su voz, y después escuché sus pasos hacia la cocina.
Sentada en el suelo con una brizna de pasto fresco en la boca tocaba la guitarra y anotaba algo en un cuadernillo amarillento, manchado de sangre lagrimas y con algunas manchas de café, así era ella, descuidada, desprolija, quemada por sus propios pecados, a lo largo de su piel demostraba que había sufrido horrendas quemaduras, su ropa era extraña, vestía de cuero negro, un top, y un pantalón de una sola pierna, una chaqueta de cuero a modo de capa con su interior de color celeste, su guitarra negra y cada rasgo provocaba una especie de tamborileo, como una especie de segundo artista, sonaba como guitarra, como tambor y la cacofonía saltaba alrededor como un coro de mil recuerdos danzantes alrededor de ella.
Llevaba mucho tiempo sola, sin un alma que estuviera interesada en una artista fracasada como ella, una que apenas tenia ánimos de cantar o de tocar, recientemente había muerto su hermana, por… por su culpa, inocente, tonta e imbécil. rondaba siempre los bares, los restaurantes y solía ganar algo de dinero cantando en las calles o simplemente parchando algún espectáculo de algún artista que no lograba llegar por algún motivo… su problema? Su apariencia, sus quemaduras, era horrible. Solía cantar con capucha guantes, mascarilla por ello se hacía llamar The Burning, bajo las luces del escenario parecían tatuajes tribales sus quemaduras y con ello ganaba lo suficiente par pagarse un par de días… estaba… harta. Pero no tenía otra. Las calles después de apenas caer el sol sobre el horizonte provocaba un efecto curioso… hormigas danzantes cantantes y risueñas se lanzaban a las calles para llenarlas de calor, color y sazón.
Se levanto, se sacudió la ropa, se calzo la guitarra a la espalda y se miro las manos… el dolor le inundo, apretó los dientes, torció los labios sobre ellos con una intensa amargura, quiso llorar se abrazó con sus negras uñas, quería rasgarse la piel, gritar y explotar, agacho la cabeza y de pronto… abrió su corazón. No. NADA PUEDE VENCERLA… alzo su rostro, su sonrisa era inmaculada, blanca y resplandeciente, sus dientes crujieron, y su risa exploto en medio de la plaza donde estaba practicando… camino en medio de la gente, más rápido alrededor de los bailarines, corrió entre los puestos, salto de una piedra a otra sobre el rugiente caudal de gente feliz extasiada y sonriente tanto o más que ella.
Surcando las calles se lanzo veloz como un bólido, jamás llegaba tarde, jamás fallaba, este no sería el día, necesitaba lo que un local en particular le brindaba, un público, una zona un tanto apartada de la gran algarabía, si entrabas por el lado soso de la ciudad te entrabas con varios bares sin un solo color en sus paredes y era lamentablemente uno de los que aceptaba a cualquier basura para cantar. —No empiecen el show sin mí, no dejen que el sucio dan toque su tonto acordeón… espérenme!!!— Llamaba al viento esperando que sus palabras mágicamente llegasen con el dueño del bar a donde se dirigía.
Cuando llego su pecho se alzaba y bajaba con pasión… era como su verdadero calentamiento, cuando llego… alzo su pierna, su presentación comenzaba… pateo la puerta duramente… se azoto contra las paredes y el dueño de la cantina sonrió… Al fin… había llegado. -AL FIN!!! Django… negro de mierda bájate del escenario. AHORA!!! A LAVAR LOS PLATOS!!!- Le grito el dueño al pobre hombre que solo deseaba ser un gran cantante, pero había elegido mal su instrumento favorito, era el mejor de su generación en natación, pulmones de acero, nadie sabía, pero si le daban un saxofón seria una de las mejores estrellas de la ciudad. Y probablemente de este lado del blue.
—Otro día será tu día… por ahora… solo baja para darme espacio viejo amigo… —Dijo con una voz melosa, amable y dulce, acercándose rápidamente al escenario, y tendiéndole la mano para hacer bajar al viejo moreno, demostró que era una artista amante de otros artes, el viejo le devolvió una sonrisa… y cuando el artista se perdió en las puertas de la cocina, Maki aún estaba de espaldas al público… su guitarra en la espalda y sin un aviso… alzo la mano… un puño y sonrió mirando de girando la cabeza hacia el público. Un paso… no… era un ritmo, un golpeteo… de un movimiento se giró, su guitarra pareció flotar en el aire y ella la agarro con el giro… Su voz comenzó a alzarse, a impregnar el color y la fuerza con cada nota que salía de lo profundo de su alma… como un hechizo multicolor la gente comenzó a ver por las ventanas y a entrar mientras aplaudía, vociferaba y se sentaba… el dueño comenzó a esbozar una sonrisa de oreja a oreja y entro rápidamente para lanzar a las camareras par atender a los nuevos clientes… Maki danzo, se apodero del escenario y saltando sobre una silla como si la gravedad no pesara sobre ella cayo lentamente sobre su espaldar y antes de caer salto sobre la primera mesa y su canción se hizo poderosa, mas que anda que pudiera haber sobre la faz de la tierra, era su segundo y alzando su guitarra sobre sus hombros lanzo sus notas como un hechizo hecho telas de arañas rebosantes de formas, colores y sentimiento… el amor. El tema principal era amor.
Cuando su canción termino sudaba profusamente, su sonrisa se extendía sobre su rostro… era donde quería estar… dentro del escenario, siempre lo supuso que viviría y moriría sobre uno. Su Alpha y su Omega… Alzo el puño una vez más y grito. —NO SE VAYAN, ESTAREMOS AQUÍ TODA LA NOCHE, UN DESCANSO, CINCO MINUTOS Y VOLVEREMOS!!!!— Grito con energía sobre las voces y aplausos de todos los que se disponían a disfrutar del show. —LA SIGUIENTE SERA UNA CANCION DE PODER… ASEDIO, LA VOZ DE LA COMPAÑÍA DEL VIENTO SOLAR!!! NO SE LA PIERDAN EN CINCO MINUTOS!!!— Adelanto mágicamente, en realidad no tenia una siguiente canción, pero lo suyo era improvisar. Improvisar asquerosamente.
Terminaron por servirme mi ramen, triste y decepcionado por no poder deleitare con una buena melodía mientras degustaba aquel manjar, al menos el plato estaba delicioso, el cocinero de aquel lugar era un virtuoso de los fideos. Por fortuna, antes de que llegase a rendirme, una mujer cubierta de cicatrices se subió al escenario, haciendo que el anciano, apenado por no poder seguir tocando, fuese a la cocina a lavar los platos.
Comenzó a tocar su instrumento, uno que no solo era una guitarra, hacía las veces de tambor y coros gracias a sonidos residuales de sus rasgueos. La chica tenía ritmo y mucho ingenio al elegir las notas, su letra era pegadiza y su puesta en escena no tenía ninguna pega, pese a su chamuscado aspecto, el cual a mi me daba exactamente igual. Cogí el plato y comí con energía, no solo por estar riquísimo, sino también porque seguía el ritmo, sintiéndome motivado por este y, al igual que yo, la gente que la escuchaba desde fuera también se sentía atraído por aquella orquesta de una sola persona, entrando al establecimiento y pidiendo bebida y comida. Las camareras que salían a toda prisa de la cocina tenían un rostro atónito, seguramente preguntándose si serían capaces de atender a tantos clientes.
Terminé rápido de comer, justo cuando ella terminó de interpretar su obra, una obra dedicada al amor, uno de los sentimientos mas fuertes y grandiosos de sentir, hasta yo había escrito sobre el amor y eso que no lo había sentido, no al menos un amor hacia una pareja. La mujer se acercó a mi, aunque realmente yo no era su objetivo, sino la barra, sentándose en uno de los taburetes esperado a que el tabernero le atendiese. Me levanté animado y risueño, acercándome a ella de una forma poco o nada amenazante. -Ey, perdona que te moleste, pero quería felicitarte por la buena acogida que tuvo tu canción.- Me llevé una mano a la nuca mientras apoyaba la otra en la barra, sacando la sonrisa mas amistosa que pude. -Realmente tienes unos dedos mágicos, y esa guitarra es como si tuvieses mas de un instrumento ¿Cómo haces para que suene la percusión? Me tiene fascinado.- Dije mientras tamborileaba en la barra con mis dedos al son del compás que ella había marcado antes. Le estreché la mano con la que me había rascado el cuello. -Por cierto, soy Han. Encantado.- Realmente encontrar un músico de tal nivel era difícil en esta parte del océano. Debo admitir que sus marcas por toda la piel también me despertaban gran curiosidad, al igual que me preguntaba si no tenía frío llevando tan poca ropa, pero no vi propicio preguntarle por ello, no era el momento adecuado.
El viejo Karlson era un viejo que parchaba melodías cuando no había en realidad alguien que quisiera tocar en este bar de mala muerte, Maki no era tremenda ni mucho menos pero su apariencia de delincuente limitaba demasiado los lugares donde podría presentarse. Este. El ultimo que le quedaba el anterior le partió el espinazo a un tipo que se propaso con palabras y manos. Aunque aún no se arrepentía de esto, pues darle lecciones a los imbéciles era una de sus aficiones predilectas.
Cuando dejo el escenario algunas personas se acercaron a darle la mano, pero algunos descubrieron que efectivamente sus tatuajes no eran tal, sino que de verdad estaba hecha mierda su pie, sus movimientos, aunque fluidos mientras cantaba denotaban una pequeña inseguridad danzando a su alrededor, como cuervos que acechaban para darle caza, siguiendo aquello que su mente no podía negar… era una artista horrenda. Su semblante se apagó cuando vio dos rostros de viejas arrugadas como pasas acompañadas de sus maridos sonrientes. Caras de asco, de desprecio. Caras que hace mucho tiempo no veía...
La algarabía pronto se calmó y bueno, la gente que conocía a la artista igualmente le felicito e incluso le puso un par de billetes en la barra donde había una especie de compartimento especial para las propinas, Maki al final del día se sentía plena, tenía relativamente éxito así que solo olvidaba a la burguesía que no apreciaba al artista en su conjunto.
Se acomodo en la barra para contar los billetes, para pedir algo, una seña para el barman era suficiente, vodka naranja, aquello que podía lanzar su mente a un olvido, donde componía una y mil melodías, saco su cuadernillo, y comenzó a escribir o eso pretendió pues mientras se rascaba la cabeza con el lápiz se acercó un sonriente señor. Era un poco más alto que ella pero sentada no lo notaba, ella se giro sobre la silla con cara de pocos amigos o mas bien con cara de una absoluta hija de puta harta de todo… pero se dio cuenta que no era alguien para increparla… o eso creía… un cumplido de un desconocido … —Vaya… un admirador?... gracias… bueno… es un secreto que me gustaría conservar así… pero puedo decirte que esta guitarra contiene todos mis recuerdos, los nuevos, los viejos y los rotos y con ella soy capaz de hacer que la percusión con ella resuene con la armonía que requiera. Es… algo…— De pronto se detuvo como si su mente se congelara en ese preciso momento, su sonrisa lentamente se torció hacia abajo y comenzó a embargarle la melancolía, su hermana le había regalado esta guitarra, el esfuerzo de muchos artesanos alrededor de varios países involucrados en su espada y su guitarra. Una espada poderosa que ahora yacía rota en el interior de su instrumento, uno que le daba inmensa alegría pero que con cada nota cada rasgueo le dotaba de una inmensa tristeza. Misión de ella era cada día, cada noche y cada segundo balancear aquellos recuerdos para no perder la cordura. —…Mágico— Termino diciendo después de unos segundos volviendo a la galaxia después de un pequeño viaje astral…
Para nada se consideraba una artista, solo creadora de la letra, un poco de ingenio y algunos trucos, pero la melodía salía prácticamente sola, eso era algo que siempre tuvo, incluso cuando estaba en la marina, causante de problemas puesto que su padre deseaba una persona centrada en ser un marinero o marinera de gran renombre. Pero ahora los odiaba, pues era el lugar que fue el causante de todo aquello que arruino para siempre lo que era. El apretón de manos… sintió algo… extraño. —Tu… eres musico?... puedo suponer…— Era un tanto rara, era un fiasco para los nombres, no ponía atención a las caras, pero en las acciones si que no se le escapaba nada. seguro era musico, su tamborileo era su canción, aquella que había escuchado una sola vez y ella lo noto. Tenia, lo que ella llamaba el oído. y con el podria replicar una tonada tan fugaz como la de ella.
—Si mira… no estoy interesada en un representante y no… no me cubriré las cicatrices con maquillaje ni esas mierdas… lo siento… estas cicatrices son parte de mí, representan mi odio y mi amor al mismo tiempo y si no te gustan para ganar unos berris pues piérdete… — Le devolvió la sonrisa igual de amable. Pero falsa. Siempre se le acercaba gente para tratar de aprovecharse de ella, que cantase gratis o para robarle algo y no soportaba a esos buitres…
-Mak… amor, porfa, puedes revisar la gotera de la cocina. Otra vez esta del asco- Salió solo la cabeza del dueño asomándose por la puerta de la cocina, se notaba estaba ocupado preparando platillos junto al chef… entonces Maki se levantó, le hizo un movimiento con la cabeza al hombre… Jan?... da igual, seguro no lo vería jamás. —Si me disculpas, tengo cosas que ahcer... debo... ya sabes... comer... — Salió por la parte de atrás y se agacho para buscar unas pocas maderas un martillo y algunos clavos. Bien… por donde se subiría al techo.
La mujer hablaba con emoción de su instrumento, aunque no daba detalles de su funcionamiento y fabricación. No era de extrañar, un músico, al igual que un mago, no revela sus trucos para mantener entretenida a las masas. Hice un gesto con la mano para quitarle importancia. -Oh, lo comprendo, no importa.- Le sonreí de forma amistosa mientras miraba el diseño, la verdad es que quería tocarla, me llamaba bastante la atención su forma y color, pero me contuve, era una falta de respeto hacer ese tipo de cosas.
De la misma manera que yo era observador, ella también lo era, pues con solo ver mi ritmo en la barra pudo acertar que yo también era un artista enfocado en la música. Le miré sorprendido e ilusionado a partes iguales, abriendo los ojos de par en par mientras mi rostro se iluminaba de la misma forma que lo hace la cara de un niño al ver un regalo.-Wow, si, me dedico a la música también. Sin embargo, yo no toco la guitarra, mi instrumento es la flauta.- Desaté del cinturón mi flauta de bambú, enseñándosela entre mis manos, miré al aparato por unos instantes. -Para mi también es una reliquia insustituible, la verdad. Por eso quizás entienda que no desveles como funciona tu guitarra.- Volví a mirarle con un rostro de comprensión mientras volvía a guardar la flauta y un tipo se acercaba a nosotros. Parecía que la conversación fluía, al menos hasta que aquella marcada mujer decidió terminarlas bruscamente, diciendo no necesitar un representante que pudiese llevarse su dinero. ¿Por qué pensaría eso? A mi nunca se me habían acercado con esa intención ¿Tan conocida era como pare que gente se pelease por ganar parte del pastel que ella conseguía? Apenas yo conseguía unas monedas por la calle cada día para alimentarme... Aunque si es cierto que había días de inspiración que podía llegar a ganar suficiente como para mantenerme una semana. Pude notar la falsedad de su sonrisa al declinar unos servicios que, por otra parte, no le ofrecí. -Eh... Creo que hubo un mal entendido. No soy representante de nada, solo un músico que vino aquí a comer algo y se encontró con este local.- Señalé al escenario mientras lo miraba algo decepcionado. -Realmente este lugar estaba muerto hasta que tu pusiste algo de alegría al ambiente.-
No parecía importarle lo más mínimo mis explicaciones, su objetivo en ese momento había cambiado y tenía que ir a arreglar el tejado del establecimiento, el tabernero se lo había pedido con bastante amabilidad, debían conocerse de antes "Hmm... Es habitual del bar, parece ser..." Realmente era difícil conocer músicos en decentes en esta isla. Aficionados que maltrataban sus instrumentos y, de casualidad, hacían sonar algo medio bailable, había muchos, pero auténticos artistas que entendiesen la sofisticación y la fuerza emocional de la música casi ninguno podía encontrarse. Por ese motivo despertó tanta curiosidad en mi esa mujer. -Espera, deja que te ayude.- Caminé tranquilo con ella mientras iba a recoger unas herramientas y unas maderas para reparar el techo. -Soy bueno haciendo ese tipo de arreglos.- Dije mientras buscaba con la mirada algo que podía ser mas que útil para que esa gotera no volviese a aparecer nunca mas. -Creo que nos vendría bien algo de lana para cubrir las vigas antes de reponer la teja. Eso hara que la humedad y el frío no pase de la lana y no caiga el agua al interior del bar.- Expliqué con la intención de ser de ayuda. Mi rostro mostraba interés en el problema, a la vez que podía apreciarse en el la búsqueda de una solución mentalmente. -Quizás algo de heno podría valer o alguna otra tela menos gruesa que la lana, pero la lana sería lo mejor-.
Se notaba que era un experto en el arte de la música, su apariencia, sus manos, su talante era la de un artista, impecable en vestimenta, en postura. Algo que pocas veces Maki podría apreciar en un “Colega” aunque ella no era ni por asomo profesional. Pero siempre trataba de ser menos arisca, más amable con la gente cuando se presentaba, aunque era fácil para ella estando en el escenario. Pues cuando subía, cantaba, a veces danzaba y se movía dominando el escenario con su guitarra, el último y más querido regalo y preciado recuerdo de su hermana y su madre. Pues en el interior guardaba también su arma, un poder oculto que cada vez que relucía bajo el sol, se volvía un elemento peligroso.
Miraba y mostraba con orgullo su flauta, una que parecía simple, pero a veces aquellos objetos que son más simples suelen ser los mas apreciados, pues el valor sentimental de quienes entregan dichas cosas es incalculable. Ella reconoció de inmediato un gran instrumento y la miro con atención mientras con el pulgar y el índice se frotaba la barbilla… —Woa… nunca he tocado uno de estos… debe ser muy hábil y rápido con tus dedos. Lo malo es que a veces la gente no comprende que el arte de tocar música es arduo, además que en estos tiempos que corren también una debe ser guerrera, sino a la mínima debilidad se tiene a los marines y sus jodidas reglas olfateándole el culo… cuanto odio a los tontos marines. Tu no?— Mencionó dejando entrever que era o tenía relación con piratas o quizás con los revolucionarios. Gente que actualmente se estaba organizando para ir contra la tiranía del gobierno mundial.
No era un representante, bueno entre paréntesis pues gran parte de los que se acercaban a ella mencionándose a si mismos como grandes artistas o representantes o agentes. Era solo para acercarse a ella y cumplir algún fetiche raro relacionado con sus quemaduras o con su aspecto de dominatrix, jamás había recibido antes una oferta seria de algún tipo, salvo el dueño de este bar que le paga por adelantado algunas presentaciones y le mueve por otros locales cuando le falla alguna artista en los locales aliados. No era la mejor, no era la mas cotizada, pero algo podía hacer para ganar dinero para la tripulación y cumplir sus objetivos. Estaba segura que los demás también estaban dándolo todo para poder superar los cabos gemelos como si fuera un paseo en el parque.
El cocinero le pidió arreglar un techo y ella aceto gustosa, pues sabia que, aunque no le darían más dinero, sí que podría comer tanta fruta como quisiera. Vaya… un hombre decidido… okey podría compartir algo de fruta. Fruta… su fruta, su amada iguana. Muchas veces le dijeron que había una forma de quitarse aquella inútil fruta tan débil… pero no. Ella se propondría llevar su poder al máximo, superarlos a todos… y así mientras subía al techo pensaba en la grandeza de su fruta, en sus sueños a largo plazo… el coliseo de batalla. Un sueño tonto, pero no imposible.
—Es buena idea señor…. cual me dijo era su nombre… bueno… monje a ver, si puede… bafebe efe fabo fe fafa— Dijo mientras subía un poco al techo con un martillo atado a una cuerda que se puso entre los dientes… había un montón de pieles usadas y algo manchadas, pero claro no era mala idea, aunque tuvieran que reemplazarlas después, después de todo cuando hubiera un presupuesto, podrían cambiar el techo completo. Quizás en unos quinientos años más...
Entonces Maki subió al tercer techo y entonces la madera se resquebrajo, estaba podrida… cayó sobre una viga, intento apoyarse en la madera antes de caer mas, pero solo pudo desviar la caída hacia abajo y redireccionarla hacia el costado, se agarro a una madera perpendicular pero esta cedió. Se golpeo un poco la cabeza con multitud de palos en mal estado y rodo por el primer techo, el segundo y después por el pequeño cobertizo directo hacia su nuevo amigo. —MALDITA… OUCH… SEA… HAAAAA LA CONCHA DE MI MADREEEEEEEE— Grito mientras rodaba y el martillo caía con ella hacia el vacío. No tan alto del tercer techo, casi tres metros, pero podría fracturarse algo de todas formas.
Cuando vio la flauta se emocionó, parece que mi instrumento no era demasiado habitual en mi generación de artistas, quizás estaba algo chapado a la antigua, ya lo había pensado alguna vez en el pasado, pero... Por tentadora que sea la novedad, los instrumentos clásicos tienen algo que no podría explicar que era, pero podía sentir la historia y el alma de ese objeto. Quién sabe, a lo mejor solo era un sentimental ignorante, no lo negaba, pero no era algo que me interesase cambiar, al menos no en aquel momento.
Su interés sobre la música no era lo único de lo queme habló, pues dejó entrever que tenía amistades y costumbres al margen de la ley. "¿Una forajida?" La verdad es que su aspecto era bastante intimidante, a la par que sugerente, pero no me parecía una persona que basase su vida en hacer daño a los demás. No, debía ser otra cosa, quizás fuese una revolucionaría, o incluso una pirata, tan solo me dejó clara su animadversión hacia la marina. Le miré algo pensativo. -Bueno... No los odio. Pero debo decir que su oficio choca demasiado con el mío.- Con esa pequeña información esperaba que ella entendiese que tampoco me manejaba dentro del marco de la autoridad.
Ni corta ni perezosa, accedió a arreglar el techo del local, y parecía dispuesta a dejarse ayudar por mi, no sabía si por hacer mas rápida la reparación o por poder mantener la conversación un poco mas, en cualquier caso lo agradecí bastante, la verdad es que pensaba que la música podía sanar el mundo, tal vez si todos los músicos no uniésemos, claro. Siempre me gustaba compartir tiempo con otros músicos, poder hablar de composición, de puesta en escena, incluso compartir partituras si había suficiente confianza. -Bueno, no se si realmente es una buena idea, es un truco que aprendí con la experiencia.- Comentaba mientras caminaba junto a ella y subía por los techos con ella, era bastante mañosa, y no tenía miedo de mancharse las manos, antes de darme cuenta llevaba colgada de la boca una cuerda con un martillo mientras me decía algo en un idioma ininteligible. -Disculpa no te enten...- No pude terminar mi frase antes de escuchar el fuerte crujido de una madera. Todo comenzó demasiado rápido, ni siquiera pude pensar mientras todo ocurría, Maki pisó en mal sitio, algunas zonas del techo debía estar demasiado afectada por la humedad y estaban podridas, ella empezó a caer y yo, sin saber por qué hice lo que hice intente agarrarla, cayendo con ella al no tener suficiente fuerza para aguantar la inercia de la caída. Tampoco supe por qué, pero instintivamente giré con ella para hacerle de colchón en cada golpe mientras nos disponíamos al vacío.
Choqué contra una viga al principio, haciéndome que soltase un tosido seco por el impacto, seguramente causaría una contusión grave, el segundo golpe fue contra un tocón de madera perpendicular, yo solo intentaba fortalecer los músculos de la espalda mientras intentaba cubrir a la mujer con mi torso y mis brazos que la rodeaban como podían, aferrándose entre ellos para crear con estos una atadura de seguridad. Por suerte, la caída se estaba viendo frenada con cada golpe que me daba contra una viga o una madera, se perdía energía cinética con ello; por último varios palos se astillaron y partieron quedándose algunos clavados en mis costados, gracias a Dios mis músculos ya actuaban por instinto, endureciéndose lo máximo posible, evitando mayores daños o punciones en órganos importantes. Terminamos aterrizando contra el suelo de la planta baja, con aquella marcada mujer sobre mi, abrazada por mis brazos, no de una forma sexual, ni mucho menos, sino como un pirata protegería un tesoro. -AAyy... Menudo trastazo...- Dije con algo de dificultad, no porque tuviese un pulmón perforado, a decir verdad, lo mas seguro es que ni siquiera tuviera fracturas, pero la peli verde seguía encima de mi, dificultándome respirar con normalidad. Le miré de reojo, aún tirado en el suelo. -¿Tú estas bien?.- Pregunté esbozando una sonrisa, evitando exteriorizar el dolor que sentía, ella ya estaría asustada, lo último que necesitaba era ver a un tipo hecho mierda.
31-12-2025, 12:10 PM (Última modificación: 31-12-2025, 12:11 PM por Maki D. Zen'in.)
Maki estaba distraída ese día, más de lo normal, el motivo era muy pero muy fácil de apuntar Han… nunca había conocido alguien que llevase tan metida e implícita en su propio ser la música, en ella la música fluía y cantaba y siempre en ella habían tonadas de desvaríos y disociaciones, olvidando muchas veces cosas importantísimas como incluso comer, regresar a su barco e incluso donde pisar sin caer estrepitosamente desde el techo alto de una posada de mala muerte derecho al hospital.
Cuando se deslizo, perdió el paso, solo atino a maldecir, rodar e intentar agarrarse de algo, pero solo fue agarrada por su nuevo amigo que intrépidamente intento contenerla, Maki se agarró a él, casi con uñas y dientes. Su cercanía mientras caía le hizo sentir tan protegida, amada y cuidada que pensó en el amor tan intensamente que se le acongojo el corazón. Pero era demasiado efímero el momento, su cabeza sintió que como podría imaginarse, una caída a la muerte, el calor subió por su cuello y como es de esperar se sintió una tonta, estúpida e inexperta había hecho esto cientos de veces, pero desconcentrada y en su interior tan feliz por conocer a otro artista le jugó en contra.
Fue una dura caída, aunque estaba cubierta sintió cada impacto, cada dolor y cada hueso casi partido. Pero todo el daño fue absorbido por el otro, las astillas saltaron por todos lados, la madera crujió, la sangre mano y el dolor les arranco aullidos en pago a ambos. El parecía aun así no haber sufrido ningún daño, se liberó un poco de su agarre fuerte y cuando toco el suelo, salió rodando adolorida con la espalda echa pedazos, aunque poco daño sufrió, la contorsión tan violenta le mantuvo pegada al suelo unos minutos rodando y comprobando entre aullidos de dolor que no se hubiese quebrado nada… —HIJo… De tU PuTa MaDRe MaDerAs pOdrIdas de la GraN pUta— Se mantuvo en esa posición mientras en posición fetal se agarraba las piernas y finalmente decidió levantarse.
—Si, creo que estoy entera corazón… descuida… pero ay ay ay… tu…. Tu… hey!— Pudo ver que el joven no tenia mas que magulladuras y si no hubieran caído ambos desde esa altura, diría que solo se había recostado ahí para descansar la media tarde. ¿Qué demonios era de acero este tipo? Adelanto su mano para tocarle y comprobar que no fuese solamente un espíritu… noto sangre en el suelo, charcos como si hubiera algún duelo con espadas… —Pero que…— estuvo a centímetros de tocarle el pecho para ver si respiraba en realidad o era un zombi que volvía quizás a comerse a alguien del pueblo
Entonces la gente salió del interior del restaurante y Maki entonces se encendió y se lanzó contra el dueño agarrándole las ropas… —HEY PEDAZO DE ANIMAL… te dije el mes pasado que la viga principal del segundo techo… casi me mato pedazo de tacaño— Dijo con los dientes crujientes de ira… pero… poco... muy poco a poco comenzó a retroceder… suspiro largamente y bajo la cabeza ante la mirada horrorizada del dueño, mientras dos camareras corrieron a ayudar al pobre Han.
Presurosas lo levantaron, comprobando que no estuviera herido y el cocinero corría detrás de todos con una jarra de refresco para ambos. Pero Maki al ver el jugo tambaleándose con una furia irracional, hizo que este se devolviera de inmediato y fuera en cambio por una gran jarra de cerveza fría… Maki entonces puso en pie una vieja mesa algo coja y una silla rota… se sento en ella, acerco otra para Han y ahí se sento… respirando aliviada mientras miraba el techo parcialmente destruido. Mas tarde le daría una lista de materiales que debían comprarse al dueño y repararlo de mejor manera. El dueño se desarmo en disculpas especialmente con Han y le ofreció pagar gastos médicos si tenia algún dolor.
Cuando se sentó y el dueño se fue más relajado al saber que nadie había resultado tan herido, comenzaron las preguntas tenía un millón. Y otro mas que quizás nunca preguntaría. Pero entonces algo ensombreció la vista de Maki… unos caballos se detuvieron al otro lado de la calle, podían verse perfectamente desde la mesa improvisada donde se había sentado.
Quedo con la mano en el aire, con la palabra en la garganta, quería saber como era que este hombre que ciertamente no era un ciborg ni tenia huesos de acero había resultado ileso donde seguro Maki se habría roto todos los huesos o se habría abierto el cráneo, pero todo eso se desvaneció. Era… alguien que conocía perfectamente, uno que apenas descendió del caballo le miro y sonrió ampliamente.
Sunran parterodillas y Howl
Maki notoriamente trago saliva, amarga y acida, esperaba no ver ese rostro nunca más, un informante menor, pero demasiado violento como para enfrentarle, usaba armas de fuego, peleaba a distancia y Maki le había intentado matar en varias oportunidades pero siempre le venció. Los detalles del asunto… el mismo se encargaría de ponerlos en contexto.
—Alabados sean los dioses… no esperaba que continuases en esta horrenda isla… Buenos días Maki… Dónde está mi dinero Maki, no estarás pensando en huir he?— Dijo el hombre de perfecto blanco acercándose a la mesa con una especie de jodido nazi con un látigo colgando a su costado en el cinto, nunca se había enfrentado a el, pero si nunca pudo contra Sunran, menos aun con él y otro más. Apenas se acerco el otro se puso a la izquierda de Han… —Sunran… creo que no es el momento… esta con… su… novio?... ya sabes las reglas, los asuntos de la gente con la gente, no involucramos a seres queridos…— Dijo mirando de arriba abajo Howl a Sunran.
Maki era una princesa guerrera, el fuego corría por su sangre, pero contra estos dos no tenía nada que hacer, era beligerante pero no estúpida. Quiso decir algo, pero fue interrumpida. —Descuida Howl… solo bebemos con una vieja amiga no?... Maki?... terminamos esta jarra y nos vamos.— Dijo mientras alzaba la jarra de cerveza, y la comenzaba a vaciar en el cabello de la peliverde. Muy… muy lentamente acompañada de su sonrisa amplia, macabra e intimidatoria.
La mujer maldecía mientras rodaba a mi lado para quedarse tumbada boca arriba, había logrado que no saliese gravemente herida, pero no había salido indemne del golpe. Sí, las maderas astillas y los impactos directos se los llevó mi cuerpo, pero tampoco creo que rebotar contra mi pecho y mis brazos fuera lo más seguro para mantener los huesos en su sitio, por eso se retorcía y quejaba, pero por lo menos lo hacía estando entera mientras se levantaba con dificultad. Por mi parte, había sufrido arañazos y astillas clavadas por toda la espalda, incluso algunas estacas de mayor tamaño se me habían incrustado en un costado. Sangré de manera profusa, pero apenas fueron un par de segundos lo que tardaron en cerrarse las heridas y en sanar las hemorragias, aquella extraña fruta de cáscara negra y pulpa roja como el rubí era la mar de útil para situaciones como estas.
Me levanté sin dificultad, al contrario que ella. Parecía muy contrariada al verme a mi y el suelo, parecía haber visto un fantasma o un super heroe, hasta parecía tentada de tocarme para corroborar si era real. Mentiría si dijese que era la primera vez que pasaba, mas de uno y de dos se quedaba mirándome incrédulo al ver mis heridas cerrarse por arte de magia, aunque ella no llegó a ver el truco, vio solo el resultado. -Estoy bien, tranquila.- Dije con un tono tranquilo y gentil para que se quedara tranquila, aunque posiblemente no lo dejaría pasar tan fácilmente, siempre había un par de preguntas tras el espectáculo. -Aunque mañana me va a doler que no veas.- Ese momento fue en el que sentí el desgaste de energía por curar mi cuerpo a gran velocidad. Si, es cierto que no eran heridas mortales, apenas si tocaron un órgano vital, pero tras mi fruta usaba de mis reservas de nutrientes y energía, por lo que, cada vez que pasaba y mi adrenalina bajaba notaba la falta de comida. Mi estómago rugió levemente, nada demasiado exagerado, pero era lo bastante fuerte como para oírlo, al menos por alguien con buen oído, ya que el griterío de la mujer contra el dueño de la taberna tapaba cualquier cosa que no fuese su voz focalizada. Un par de camareras vinieron corriendo a por mi con rostro asustado, las tranquilicé levantando la mano despreocupado y negando con la cabeza mientras sonreía. -Tranquilidad hombre, tampoco ha sido para tanto.- No creo que fuesen mis palabras, lo que tranquilizó a Maki, seguramente fue el no montar un escándalo en el local.
Tal fue el miedo que se causó por mi caída que el tabernero me trajo un vaso de zumo, algo que con mi hambre no iba a rechazar, aunque la ardiente mujer de verdoso pelo prefirió algo mas duro para pasar por el gaznate, una cerveza, que el barman fue corriendo a servirle. -Diantres, si que son buena gente.- Dije mientras hacia estiramientos de espalda para recobrar un poco las articulaciones tras el trastazo que me metí. "La verdad es que un mal golpe... Y un tío normal no lo cuenta" Pensé mientras miraba el agujero del techo y mi acompañante preparaba una mesa y dos sillas en ese mismo lugar.
Me senté a su lado, ella parecía muy afectada por lo sucedido, yo en cambio... Resultaba algo extraño, pero desde que la muerte no me acechaba en cada esquina la vida había perdido algo de emoción, el sentimiento a morir se había desvanecido y con este la ilusión por hacer algo antes de que se acabe tu tiempo, aunque... ¿Cuan inmortal era yo? ¿Podía envejecer? Ese tipo de dudas imaginaba que se resolverían con el tiempo, dependiendo de si mi piel comenzaba a arrugarse o no. -Algo me dice que ahora tardaremos mas en reparar el techo.- Dije de manera graciosa mientras le guiñaba un ojo a Maki, no para coquetear con ella, sino para que viese que siempre podía encontrarse un poco de sentido del humor para pasar los malos tragos.
Sabía que ese momento, ya con algo mas de calma, empezarían las preguntas de rigor, no obstante, antes de que la mujer llegase a pronunciar palabra, algo sucedió. Su rostro mostró asco, como si hubiese comido fruta podrida, un hombre dejó su caballo en un abrevadero frente al bar y cuando se bajó junto con otro de mismo estilo elegante, aunque imperialista, sus miradas se cruzaron, el caballero comenzó a hablar pidiendo dinero a la mujer. Ese tipo tenía algo que me escamaba, y no era la elegancia de su traje blanco, si no su rostro malicioso y su manera de exigir las deudas, por suerte su acompañante, vestido de negro de pies a cabeza, frenó su viperina lengua, por desgracia no llegó a frenar sus actos. Lleno de fanfarria, ese personaje vertió una jarra entera de cerveza sobre Maki, la cual no dijo absolutamente nada mientras era abusada.
No pude soportarlo, no era algo que tuviese que ver conmigo, pero me hizo hervir la sangre ver como un hombre abusaba del miedo para amedrentar a una chica que no estaba haciendo nada, ver como la mujer no hacía nada por defenderse también produjo rabia en mis entrañas, parecía querer defenderse, pero no lo hizo. Mi cuerpo, como anteriormente hizo, se movió con voluntad propia, estirando el brazo con fiereza para derramar el vaso de zumo sobre la cara a ese hombre de blanco traje, que ahora se teñía poco a poco de color naranja. -Oh vaya... Se me resbaló el vaso.- Dije aún sentado, con una mirada inexpresiva, sin saber que esperarme, aunque seguramente eso iniciase una pelea de manera irreversible. Era mas que posible que iniciase una pelea, pero no iba a arrepentirme esa vez, eso lo aseguraba.
Maki creyó ver algo extraño, pero no lo noto, era un hombre de acero? Montones de dudas se le metieron en la cabeza, pero se vio interrumpida por el dolor y los acontecimientos posteriores. La música había cesado, las canciones y la alegría, demonios hasta el trabajo. Madera podrida y clavos oxidados los culpables y la nada, la nada yacía en la mente de Maki ahora, donde la colera pululó unos segundos.
Al menos había obtenido algo de bebida gratis y seguro exigiría unas monedas más al terminar algún show en el futuro, sin duda a pesar de todo, siempre pensaba en como maximizar algunas ganancias. Siempre veía el lado bueno de casi todo. Positiva y combativa, no se dejaba amedrentar. Salvo que hubiera otros en riesgo, principalmente niños animales o imbéciles. —Repararlo? Ya no, no me arriesgare nuevamente, ahora el viejo tendrá que cerrar una temporada, que se yo donde saque el dinero, pero tendrá que cambiar todo el techo. Quizás contratar a un carpintero más. yo sola no podría hacerlo a tiempo para irme… a bueno… no me quedo mucho en… bueno… en ningún lado. En verdad.— Bebió con mucha lentitud y un poco de chispeza subió por su garganta… cuanto le gustaba esto. Llevaba sus dedos a su boca para sentir más y más esa sensación.
El jodido parterodillas!!… Maki le debía mucho dinero, desde que se escapo de su hogar, se había endeudado de tal forma que solo procuraba moverse rápido entre islas para que este imbécil no le encontrase. Su objetivo era encontrar a doce hombres doce portadores de armas y la única forma de lograr cumplir su venganza era comprar información y salir del radar de su familia. Los Zen´in nunca le permitirían hacer algo así. Por ello El maldito Sunran era la mejor opción en ese momento. Ahora. Una pesadilla.
Podría partirle la cara? Claro!!, sacarle la columna sin que se diera cuenta y con ella completa azotarlo contra el suelo? Por supuesto!! Podría arranarle los brazos y amarrárselos como un corbatín? Cualquier martes por la tarde. Pero Maki tenía algo arraigado en su mente. Si bien ante provocaciones no se contenía. Ante una deuda reconocida, ante el escape de aquello que ella sabia era su culpa. No tenía más que hacer. Solo agachar la cabeza y rogar por piedad del fiador, pero este idiota era un acosador.
El zumo cayo en la cara de Sunran y era evidente la colera que estallo en él, tan poderosamente y tan rápidamente que parecía un relámpago desatado, se lanzo directamente al cuello del hombre, con su daga, una demasiado afilada, Maki se levantó, la silla cayo, su tanto oculta en sus ropas sonó como el metal chillando por carne, hambrienta y deseosa de beber de aquello que llena de vida a los hombres valientes. Pero todo se detuvo tan rápido como inicio. La mano de aquel que le acompañaba la veloz mano de Howl era aun mas rápida, solida y aunque Sunran lanzo toda su fuerza apenas pudo mover la firme mano de su Guardia?... Socio?... Amo?... quien sabe, Maki solo conocía al parterodillas, al enmascarado de nada.
—Mis disculpas… señor?... … …— Hizo un ademan con la mano para saber algún apodo o nombre del señor que había detenido las acciones de aquel que vestía de ropas níveas. Su fuerza sin duda era demasiado, aún más que el jodido parterrodillas, su velocidad, solidez y todo en el desperdigaba poder. Será algún tipo de guardia? Líder? Jefe? Maki no sabía y no conocía su rostro. Solo recordaba algo que colgaba de su cinto… será?... será el?... no no lo recordaba así. Látigo? El látigo de las doce armas de Marine Fort? —… … … Solo somos cobradores, su pareja aquí… bueno… no es nuestro objetivo exponerla pero creo que nuestro amigo aquí se ha extralimitado… asi que no hay nada de malo… nos debe dinero… mucho. Y debemos cobrarlo como se imaginara. Esto solo es un recuerdo de que debe pagar. O nos cobraremos con sus enseres.— Volvió su vista a Maki… y ella leyendo la situación, adelanto la mano hacia Han, para tomársela con firmeza —Si, ya se las reglas… y como verán estoy con mi pareja aquí y no quiero ser interrumpida. Por esta vez lo dejare pasar y no informare a la “Nieve roja de los Rocks”, ahora… por favor, si nos dejan.— Los ojos se volvieron directo al flautista, como toda una actriz, sonrió e ignoro de inmediato a los dos matones.
—… … … Merlot entonces tomo esa decisión, yo le dije que un marine como el, raso, no era buen partido, tampoco es que tenga gran futuro, es decir, tiene algunos rasgos lindos, como sus ojos no lo puedo negar, pero… … …— Los ojos furiosos de Sunran se movían entre los dos, mientras Maki se acercaba mas y mas con su silla al propio Han. Aparentemente eran pareja, y estos usureros tenían por regla no molestar a familiares.
Nadie sabia esto, pero el líder de estos matones usureros tenia dos particularidades, la primera es que era inmensamente rico y cruel, y la segunda es que su familia no sabia nada de esto. Por ello su gran regla era no involucrar a terceros en deudas o problemas de cualquier tipo, salvo el deudor. De haber estado sola. Maki habría resultado quizás con una o dos piernas rotas.
Ambos desaparecieron, Sunran apenas contenido y Howl, con apenas esfuerzo lo arrastro a otro lugar, una armería. Maki miro detenidamente el látigo pero no estaba segura. era o no?... tal vez. su plan... Averiguarlo.