El inicio de una banda ¡Música afuera! (Presente relativo)
#1
90 de invierno, isla de Samba
 
Había pasado tiempo en aquella isla, el tiempo empezaba a ponerse un poco más tibio al ser una isla tropical, después de todo, ya estábamos a finales de invierno y por ende empezaba a hacer mas y mas calor, la noche anterior había llovido y ahora hacia un calor que podría desmayar a cualquier persona debido a la humedad del ambiente, aun así, ahí me tenían con la bufanda puesta en el hombro en este caso ¿Qué tan loco debía estar para ocuparla en cualquier lugar se preguntaran? Pues… ¡Que más daba! Yo sabia que tan importante era para mi… Y lo importante que seria para ser reconocido en los mares ahora.
 
A lo cual debido a todo lo anterior, algunos tal vez notarían un leve cambio de humor en mi comportamiento, hoy me sentía más protegido, no por nada había quedado con un viejo conocido llamado Iggy para poder empezar nuestro viaje a la Grandline lo cual provocaba que estuviese un poco menos “alerta” ante pasar desapercibido, pero en jamás con la guarida baja. Lo cual fuese como fuese sabia que al ser ese sujeto traería probablemente gente que le cayese bien o gente igual de fuerte que yo, si es que no tenían habilidades extrañas o alocadas como yo, debían poder ser por lo menos lo suficientemente fuerte o útiles para poder romper una muralla probablemente de un solo puñetazo.
 
Asentí confiado en que los sujetos serian increíbles… Por mi parte había traído un par de conocidos también, seria chistoso si Iggy tuviese fobia a los conejos o algo… Después de todo, dos de mis compañeras eran minks, una con la fuerza descomunal para romper un edificio, y la otra mas sociable, capas de negociar y convencer hasta el marine mas listo de que seriamos gente sana… Lo cual a veces difería bastante de lo dicho por nosotros en el futuro en general probablemente -Ja… Que problemático será… - Diría para mis adentros pensando en las situaciones que se nos vendrían encima en el futuro, mientras caminábamos por una de las calles de mala muerte en la periferia del reino de samba, habiendo toda clase de casas desarregladas a los lados de la acera de adoquín mal gastada con algo de vegetación, esa misma que podía mantener a mi amiga Mei sin apretarle demasiado, lo cual elegí para que no le fuese molesto.
 
Así pues, fue cosa de un rato caminando que llegamos a el punto de encuentro una vez fue que me dije - ¿Ahora donde se encontraran todos…?- Me dije a mi mismo viendo mis alrededores afuera del bar, en el cual probablemente vería a Iggy tomando pronto.
  Responder
#2
La vida en Samba no estaba tan mal. Robaba a los imbéciles, se llevaba dinero de sobra para comer, cagaba a piñas a algún que otro parguela… Y además tenía una mascota. Manolo en aguilucho, así lo había llamado. Ni se acordaba desde cuando estaban juntos, pero en fin. Al menos le ayudaba a robar a algún idiota, siempre y cuando le pagara con comida. Un trato justo, al fin y al cabo.
 
—Bueno, Manolo, hoy hemos obtenido un buen botín, así que vamos a comer en un bar de primera categoría —le dijo al bicho, que le miró con cara de pocos amigos. Hacía eso cuando decía la palabra Manolo. ¿Sería que no le gustaba? Le daba igual. Lampedusa era mala para los nombres, así que tendría que aguantarse con lo que le había tocado—. No me mires así, cara anchoa, que encima que me preocupo por ti para que no acabes hecho un saco de huesos… ¡Puff!
 
Los ojos del bicho miraron hacia arriba, y la muchacha levantó la cabeza hacia el cielo para ver que era lo que le llamaba la atención. Hasta que, claro, comprendió que solo había intentado poner los ojos en blanco. Estuvo a punto de ahorcar al bicho por hacerla perder el tiempo, pero se contuvo. Manolo era el único de los dos al que el universo no le hacía la puñeta.
 
Caminó unos pasos más en búsqueda de alguna pista que le llevara hacia el bar. Le dio permiso al pajarraco para que le tirara del brazo cada vez que el universo le cambiara las cosas de sitio, y gracias a él llegaron por fin a la entrada. Solo que, como iba mirando a las musarañas, casi se chocó con un muchacho de cabello negro y gesto serio que levantó una ceja al verla.
 
—¿Qué miras, parguela? —replicó con pocas ganas de aguantar a cualquier gilipollas que se le pusiera por delante—. ¿Acaso tengo un pájaro en la cabeza? —Manolo el aguilucho se le posó encima justo tras decir eso. Condenado pájaro del demonio—. Colorao, te doy cinco segundos para… Oye, ¿a dónde coño vas? —El aguilucho comenzó a volar a reacción, como si hubiera visto algo suculento—. Ah, no, hijo de tu puta madre, ¡no me vas a dejar sin comida que llevarme a la boca otra vez! ¡Espera gilipollas! ¡Puff!
 
El animal se posó en el hombro de un tipo que, a decir verdad, le sonaba de algo. ¿De qué? No estaba segura. Por si acaso comenzó a invocar sus queridos guanteletes que salían a veces por su espalda. No tenía ni idea de cómo usarlos, pero ante la duda siempre los invocaba. Habían amedrentado a más de uno en el proceso así que…
 
El tipejo pareció alegrarse, como si hubiera sido el dueño de ese pájaro. Lampedusa se encogió de hombros y se dirigió a la mesa donde estaba el tonto del culo y bufó.
 
—No te fíes mucho de Manolo, que parece majo pero a la mínima te gasta bromas el desgraciado, ¡puff!
  Responder
#3
Con el final del invierno acercándose, era momento para que Mei zarpara de Samba. Le gustaba la isla y estaba contenta de haber podido cumplir con la tradición de su padre, evitar el frío ocultándose en la cálida selva y disfrutando de la hospitalidad de la isla en general había sido más que agradable, pero no tenía planes de quedarse allí por siempre. Era un poco agridulce, saber que el próximo invierno no vendría a pasarlo allí, pero eso le daba aún más significado a haberlo hecho una última vez. Su campamento en el bosque, aquel refugio construido con ramas y hojas, se quedaría allí hasta que algún animal lo reclamara o la naturaleza misma lo destruyese, la única prueba de su paso por la isla serían las memorias de aquellos que vieron a la gigante liebre.

La Mink caminaba por el lugar más bien emocionada, siendo que cada que se frenaba para dejar pasar a la gente frente a ella empezaba a golpear el piso con la pata. Normalmente, dejar una isla solo le causaba estrés, encontrar un barco dispuesto a llevarla no era sencillo y rara vez tenía dinero suficiente para los que tenían camarotes cómodos para alguien de su talle, pero esta vez era diferente. La oferta había sido una sorpresa, una invitación por parte de un amigo bastante nuevo, la chance de ser parte de una tripulación pirata. Mei siempre había soñado con el día en que zarparía junto con sus propios nakamas, sobre todo luego de oír las historias de su padre sobre sus aventuras de joven, solo nunca se había imaginado que sucedería tan rápido y sin mucho aviso. Era un sueño hecho realidad, y Mei no tenía planeado llegar tarde al encuentro.

- ¡Ryaaaaaan, chiquitooooo! -El grito de Mei fue su anuncio de llegada. No había demasiada gente en esa calle -Y gracias a dios que era decentemente ancha, que si no sería tortura transitarla para la Mink-, y con lo estúpidamente alta que era Mei ver entre la poca multitud le era sencillo. Encontró a Ryan sin mucho problema, una enorme sonrisa apoderándose de su rostro. Se abrió paso a semi saltos, cruzando la distancia en una cuestión de segundos, lanzándose a abrazar al joven Logia. Para muchos parecería el ataque de un enorme animal, para otros podría ser un intento de homicidio, y mucho, muchos más lo llamarían paraíso. Sin duda alguna, Mei levantó a Ryan en un aplastante abrazo, apretando al joven humano contra… Bueno, las dos tetas gigantes que tenía en el pecho.

Lo peor del asunto, y probablemente por lo que Ryan más sufriría, era como venía vestida Mei. Para empezar, estaba usando un bikini hecho a mano para cubrirse el pecho, uno que se notaba estaba luchando con todas sus fuerzas para sostener el pechamen de Mei, al menos su lindo color rojo hacía juego con sus ojos. De pantalones, eran lamentablemente el par que ya había roto antes, así que le colgaban tanto de la cadera que se le veían las bragas y gran parte del trasero, siendo dichas bragas a juego con el top de bikini. A Mei no le molestaba andar así y que se la viese tanto, pero claro que podía ser un problema para el resto del mundo.

- ¿Cómo has estado? ¿Has comido hoy? ¿Tienes frío o calor o algo? ¡Ya llegó tu amigo? -Una tormenta de preguntas, lanzadas básicamente como una metralleta, y sin soltar al pobre muchacho- ¡Estoy muy, muy, muy emocionada! ¡Gracias de nuevo! -
  Responder
#4
Los días tras el incidente con grilloman habían sido calmados, traté de pasar desapercibido, usando mis mejores disfraces y dotes para la interpretación. Mi objetivo no era ir atrayendo a miembros del gobierno cada vez más y más fuertes hasta que consigan que me una a sus filas o algo peor. Por lo que cuando recibí la llamada de aquel chico que conocí en Karate me alegré, junto a él, Pelusita y el enano con cola de ardilla que había conocido en una taberna unos días atrás podía empezar a formar un grupo más que decente para salir a navegar rumbo al Grand Line.

Los primeros rayos de sol de la mañana comenzaban a salir por el horizonte y las calles se llenaban de vida poco a poco, por mi parte, no hacia mucho más que esperar sentado sobre la azotea del bar acordado, moviendo mis piernas de forma coordinada las cuales colgaban hacia el vacío. Iba cubierto por un trozo de tela morado, usaba unas gafas de sol redondas y un bigote postizo, además de un palo de madera, para hacerme pasar por un mendigo ciego. 

Al primero que vi llegar fue a Ryan, aquel con quien había accedido a vernos el día de hoy, iba a bajar para saludarle de primeras, pero una segunda persona conocida llamó más mi atención. Pelusa, no había sabido nada de ella desde el incidente, le cedí a Travis y no se puso en contacto conmigo la muy cabrona para devolvérmelo. Y lo peor de todo, le había llamado “Manolo”. Pues en cuanto me puse en pie, y revelé mi identidad, lanzando el manto de tela que me cubría al aire, el cual se llevó el viento, me quité las gafas y arranqué el bigote postizo de golpe, mi águila me reconoció al instante y voló hasta posarse en mi hombro, extendiendo sus alas para abrazar mi cabeza y yo acaricie su emplumado lomo. 

Le había echado de menos y al parecer él también a mí. Señalé a la chica morena con la vara que usaba para aparentar la ceguera, estando apunto de recriminarle por haber querido desaparecer con mi mascota además de haberle cambiando de nombre. No obstante otra escena, rompió aún más mis esquemas, el puto chavalin el cual lo más probable es que fuera virgen posaba su cabeza entre las tetas de una Mink conejo enorme, la cual lo abrazaba con efusividad. La envidia se expandió por todo mi cuerpo, haciéndome apretar los puños y dientes con furia. -¡Vosotros, Cabronazos! ¿Qué coño pensáis que estáis haciendo? -Salté de golpe al suelo, aterrizando justo en medio, entre Lampedusa y Ryan el cual seguía junto a la coneja. -Tú… Te dije que me devolvieras al pájaro cuando terminara la pelea, ¿Por qué no volviste a devolvérmelo cuando ya ha pasado casi dos meses, eh? -Me dirigí primero a la humana, con mis ojos abiertos como platos, inclinándome levemente hacia la chica con los brazos en jarra, quedando a unos centímetros de su cara.

-Y tú… -Me giré lentamente hasta que mis ojos alcanzaron al joven. -¿Desde cuándo te has vuelto tan popular entre las mujeres? Yo también quiero descansar mi cabeza entre unas tetas del tamaño de dos putos barcos. -Mi voz en esta oración no sonaba con ira, era más como un ruego de un pobre mortal viendo como los sueños de morir aplastado por el cuerpo de una preciosa y atlética mujer más grande que yo estaban siendo usurpados por un muchacho que no llegaría ni a la mayoría de edad. 

Travis al ver la situación decidió volar y posarse sobre una de las cajas de madera vieja que había a la entrada de la destartalada taberna. Crují mi cuerpo y sin previo aviso grité. -¡CASTIGO DIVINO! -Y me abalancé sobre Lampedusa, agarrando si torso entre mis brazos, propiciándole un fuerte abrazo, obviamente apoyando mi cabeza en su pecho, el cual no era tan impresionante como el de la chica de cuatro metros, pero servía para apaciguar mi envidia. -Tu cállate, me debes este favor por no haberme traído a mi pajarraco antes. -Alegué a mi favor para que no me metiera una ostia directamente por mis acciones, pero durante todo ese proceso no paraba de mirar de reojo a los otros dos.
  Responder
#5
Era un día peculiar, uno muy peculiar para la comerciante, había aceptado reunirse con cierto jovencito muy peculiar que había tenido la suerte de conocer en aquella encantadora isla del Reino Samba, donde tantas aventuras y desventuras había podido disfrutar, siendo también la primera isla donde pudo disfrutar de los frutos de la libertad y las verduras de intentar convertirse en una comerciante de profesión y vocación.

Lo normal sería intentar evitar asociarse con la gente que iría a aquella reunión, pero una parte de Hiiragi no solo deseaba ser una comerciante de tres al cuarto que transitaba los blues en una ruta comercial inofensiva y poco relevante para el mundo, deseaba disfrutar de la libertad de explorar el mundo más allá del South blue, deseaba conocer más gente interesante, de encontrarse con gente con quien pasarlo bien y nuevas oportunidades mercantiles no solo de los bienes normales que crecían en cualquier lugar, sino también de aquellas extrañezas solo vería yendo más allá de la conformidad.

-El clima siempre es cálido por aquí por ser una región tropical, pero se nota muchísimo más al finalizar el invierno, esta humedad y calor estoy segura de que podrían ser la pesadilla para gente que no haya tendió suficiente tiempo para acostumbrarse a esta hermosa región.- Comentó para sí misma pues era incapaz de estarse callada ni siquiera cuando caminaba en los momentos que se encontraba pensando mil cosas como en ese instante, la ansiedad de a quienes encontraría, el miedo de haber juzgado mal a Ryan y que la llevase por un camino erróneo, la esperanza de extenderse sus metafóricas alas más allá de lo que jamás había visto y lo que jamás hubiera visto de quedarse dentro de aquella embarcación maldita. El soliloquio de la Humink conejo se vio interrumpido cuando vio a media manzana al joven de bufanda azul, aquel objeto que sin duda alguna tenía un valor inconmensurable para el jovencito de cabellos azabache sí estaba dispuesto a portarla en un clima como aquel.

Relajada por ver a su conocido una vez más la chica conejo bajo el ritmo al que se dirigía a él cuando repentinamente escucho gritos y una voz que retumbaba casi tanto como los pasos de su dueña, una chica Liebre y una Mink pura por lo que podía ver Hiiragi mientras se acercaba sorprendida de la gigantesca muchacha -Ryan, veo que te gustamos más con orejas ¿Me presentarías a tu encantadora amiga?- ya entrando en escena la chica conejo se presentaba realizando un gesto cordial y una reverencia galante mientras sonreía y guiñaba un ojo a la mujer liebre.

Todo aquello decorado para colmo con un atuendo atrevido pero apropiado si planeaba ir a bailar o a la playa, una suerte de bikini decorado con un par de artículos de bijouterie barata pero bonita que cualquiera de los locales reconocería de ciertos bailes que se han practicado más de una vez en el salón de baile tradicional donde varios tipos de danza se han practicado, aunque el atuendo normalmente iría decorado con una tiara o coronita, la chica conejo solo llevaba sus blancas orejas animales para coronar su maduro rostro decorado con ojos rojos como rubíes.

Ya estando junto al peculiar dúo pudo apreciar tanto la plática como actitud de otro par ¿O sería mejor decir trio? de individuos, compuestos por una mujer de pelo negro, un ¿Águila? y un tipo que a simple vista parecía alguna clase de malandro salido de un centro de apuestas clandestinas, aunque ella no tuviera olfato aumentado Hiiragi apostaría a que de aquel grupo de personas seguramente saldría hedor a alcohol si hablaba de cerca, aunque tal vez solo estaba prejuzgando al resto del grupo con quiñes ¿Se encontraba? -Buenas tardes para ustedes también, no los vi antes, pero sí están con Ryan, encantada de conocerlos, soy Hiiragi y me especializo en hacer negocios... y hablar con la gente sin que quieran echarme o iniciar una pelea de bar.- dijo la jovencita con una sonrisa en su rustro un poco más burlona de lo que deseaba pero no podía evitar pensar que esa aclaración era necesaria -Espero que nos podamos llevar muy bien- aclaró con honestidad y usando todo el buen encanto que había granjeado a lo largo de ya varios años hablando con toda clase de gente.

Outfit
Código:
[b][color=#BF5741]-Habla-[/color][/b] / [i][color=#38A0C2]-38A0C2 Piensa-[/color][/i]
-Habla #BF5741- / -38A0C2 Piensa-
Cronología
  Responder
#6
El ruido fue lo primero. No el ruido normal de un bar de mala muerte que ya de por sí es una ofensa acústica, sino el caos humano concentrado en una sola entrada, gritos, pasos pesados, alas, abrazos innecesarios y una clara falta de coordinación social. Todo eso mientras el aire húmedo de Samba insistía en recordarme que el invierno aquí era solo una sugerencia, no una norma.

Suspiré con hastío y, por puro reflejo, saqué mi reloj de bolsillo dorado, la hora seguía siendo correcto, el mundo, desgraciadamente no. —Excelente —murmuré para mí mismo, cinco minutos fuera de una mesa privada y ya me rodea un circo.

Yo había llegado antes, por supuesto. No porque me importara la puntualidad ajena, sino porque me negaba rotundamente a llegar después que nadie a un lugar que, técnicamente, yo estaba evaluando. El taburete que había elegido estaba limpio, relativamente y lo había reclamado con la simple autoridad de mi presencia. Mi cola purpúrea descansaba impecable detrás de mí, visible, cuidada, ajena al polvo y a la mediocridad.

Entonces los vi o mas bien, los escuché, primero, el alboroto grande, demasiado grande. Una masa de orejas, extremidades largas y un entusiasmo desbordado que no pedí presenciar. La liebre gigante, porque eso era casi aplasta al muchacho de la bufanda con un abrazo que, desde mi punto de vista, calificaba como intento de homicidio involuntario, desagradable, ruidoso e ineficiente, esperaba que esos dos no sean parte del grupo que esperaba, aunque algo me dice que eran ellos.

—Controla a tu mascota —comenté en voz alta, sin mirar a nadie en concreto —O al menos ponle una campanilla.— Luego, como si el universo decidiera castigarme personalmente, Iggy hizo su entrada teatral, reconocí su voz antes que su cara, lamentable talento, ese.

—Oh, no —dije, cerrando el reloj con un clic seco—El mentiroso profesional ha llegado.— Le lancé una mirada lateral, lenta, cargada de juicio, ya me estaba imaginando que tipo de grupo sería este.

—Devuélveme el favor y no vuelvas a presentarte como estrella del rock —añadi —Te queda grande el título y pequeño el cerebro.— Pero había más, siempre había más. Una humana de aspecto caótico, con un ave posándose donde no debía, y una Humink conejo que, por desgracia, sí reconocí era Hiragi, la responsable principal de que hoy yo estuviera aquí buscando ser navegante de un grupo desconocido.

Mi expresión se tensó apenas un segundo, no por agrado, sino por reconocimiento.—Tú —dije, mirándola de arriba abajo con gesto crítico —La comerciante parlanchina.— No era un cumplido.

—Veo que sigues viva —continué—Eso habla bien de tu instinto de supervivencia o mal del criterio de quienes te rodean.—Aun así, no la eché. Conocía su utilidad, además ella me había invitado a este circo y a diferencia del resto, sabía comportarse en un local cerrado, era un punto a su favor.

Volví mi atención al conjunto completo. El humano de la bufanda fuera de moda, la liebre gigante, el farsante de Iggy, la ladrona con pájaro y Hiragi. Un grupo peculiar, demasiado de hecho. —Dejenme aclarar algo antes de que sigan gritando, abrazándose o sudando cerca de mí —dije, alzando ligeramente la voz, lo justo para que se me escuchara — No me interesa vuestra camaradería espontánea, vuestros dramas personales ni vuestras demostraciones físicas de afecto, especialmente eso último.— Miré directamente a la liebre gigante, luego a la humana del ave.

—Y si alguno de ustedes empieza a sudar, se lo advierto ahora, me levantaré y me iré. No negocio con personas que huelen a esfuerzo. — Me acomodé mejor en el taburete, cruzando las piernas con elegancia medida y volví a mirar mi reloj.

—Ahora bien —continué, porque no soy irracional—entiendo que este encuentro tiene un propósito. Algo sobre una tripulación, un barco y una idea romántica de libertad, supongo. — Mis ojos ámbar recorrieron al grupo una vez más, calculando.

—No me malinterpreten, no tengo intención alguna de ser amigo de ninguno de ustedes. No busco familia, ni nakamas, ni abrazos grupales. Busco un medio, un barco que se mueva, rutas que se abran, islas que ver y nada más, quiero ser un gran navegante de este mundo. — Me detuve un instante y miré a Ryan.

—Tú organizaste esto, así que asumiré, solo asumiré, que tienes algo que ofrecer más allá de entusiasmo y bufandas fuera de temporada. —Luego miré a Iggy de nuevo.

—Tú —señalé con un dedo a la estrella de rock caída —Ni se te ocurra intentar venderme nada. Ya lo intentaste y fracasaste. Si estás aquí es porque, por alguna razón que aún no comprendo, sigues siendo funcional para este grupo de posibles inadaptados — Después, a la ladrona.

—Y tú —mi mirada se estrechó— Devuélvele el pájaro cuando te lo pidan. Las mascotas no son moneda de cambio, son responsabilidad.— Finalmente, Hiragi.

—En cuanto a ti —dije, con un suspiro cansado — si realmente eres tan buena haciendo negocios como hablando, puede que seas tolerable y estoy más que dispuesto a ser el navegante de su barco. — Me recliné apenas hacia atrás.

—Así que aquí están mis condiciones, para que no haya confusiones —concluí —No doy órdenes, No recibo órdenes, no comparto camarote con nadie y si este barco termina siendo una pérdida de tiempo, me bajo sin mirar atrás. — Cerré el reloj por última vez.

—Si aun así creen que valgo la pena —sonreí con arrogancia —Entonces continúen, los estoy escuchando, por ahora.—
  Responder
#7
Serie entonces donde una mujer casi chocaría conmigo… Estaba frente a frente de una sujeta aparentemente con las suficientes ganas de partirle la madre a alguien, como para insultar al primero que tuviera adelante a lo cual yo iría frunciendo el ceño y sacando una de las dagas ocultas de mi capa diciéndole -Si quieres pele…- Comentaría siendo interrumpido por un pájaro conocido que se iría poniendo en su cabeza - ¡OH! ¿Cómo, pero si eres tú? ¡Travis te tengo un regalo! – Diria sacando un pequeño pescado desde un sector de mi capa dejando la saca caer al suelo bajo su propio peso, pero al mismo tiempo colocándose antinaturalmente en posición de donde la había sacado.

-Si Travis va contigo supongo eres amiga de Iggy ¡U…! ¡Un placer! – Diría nervioso, después de todo, siempre se me hacia complicado poder interactuar con la gente nueva, al mismo tiempo que con una mano la iba extendiendo sin miedo a recibir ningún golpe, mientras que con la otra tocaba en mi típico tic mi cuello donde tapado por mi bufanda estaba mi código de esclavo, pero no había porque entrar más en profundidad en el tema.

Seria entonces que antes de que pudiese hacer algo, ahora si una cara más conocida se acercaría corriendo hacia mi -¡MEI! No me golpes aho… - Gritaría en un principio alterado, mientras la mujer se me acercaba a darme un gigante abrazo, el cual básicamente haría preocupado de que aquella mujer no me arrollase como la otra vez. Cosa que afortunadamente no pasaría ¡Sino que sería peor! Porque, al parecer la chica con su abrazo posiciono su pecho en toda mi cabeza -¡M… MEI! Déjamew respiraw ¡Por favor! – Me quejaría esperando que me dejase un poco mas de aire aquella coneja de 3 metros, la cual ahora me llenaba de preguntas.

-La primera respuesta es bien. – Expresaría intentando esquivar las miradas del siguiente que había llegado que evidentemente era nuestro próximo capitán ¡Iggy The rocK! El cual parecía un poco embobado y celoso de que Mei estuviera sosteniéndome así, momento en el cual una vez termino seguiría respondiendo a la coneja gigante mientras los otros dos empezaban su discusión -Tengo algo de calor, pero estoy genial, prefiero eso mil veces a que… Haga… - expresaría sufriendo un escalofrió que me dejaría sin terminar la oración, momento en el cual justamente llegaría Hiiragi.

-Hola, Hiragii... – Saludaría, poniéndome rojo entero cuando ella comento que me gustaban las chicas con orejas -¡¿EH?! Jamás dije que fuéramos algo… Ella es muy mayor… Y ehm… Su nombre es Mei, la conocí hace bastante ya. – Expresaría totalmente nervioso tocándome el cuello como siempre muy fuertemente nervioso ¡No pensaba hablar de mis gustos por las chicas ahora! Y menos en plena calle con tremendo grupo pintoresco, por lo cual seguí tomando aire, y tosiendo levemente -Mei, ella es Hiiragi una comerciante que conocí hace relativamente poco, pero es de confianza. – Asentiría viendo al resto del grupo entonces, mientras escuchaba voces de un hombrecillo bastante molesto al cual decidí activamente ignorar hasta que hablo mal de mi amiga -Pues si tanto te molesta el sudor mejor vete... Que tus ropas finas se podrían manchar. – Diría con una cara de pocos amigos digna de querer matar a alguien, procediendo a girarme al resto del grupo.

-Hoy convoque a la mayoría de ustedes, para poder hablar de algo que nos beneficiara a todos… ¿Entramos? No quiero toparme con un marine aquí afuera. – les explicaría sonriente mirando a los presentes menos al tontata.

resumen
  Responder
#8
A la espalda de Lampedusa se dio un emocionante reencuentro, por lo visto. Vio de reojo como una coneja gigante se abalanzaba sobre el otro muchacho y decidió que lo mejor era hacer como que no había visto nada. Seguro que habían sido las setas que había robado Manolo, que debían de ser alucinógenas. Sí, debía de ser eso.
 
—¡Vosotros, Cabronazos! ¿Qué coño pensáis que estáis haciendo? —gritó el extraño sujeto que Manolo adoraba por alguna extraña razón. No le sonaba su cara. ¿Lo habría visto antes? Nah. De ser el caso se acordaría. Se puso en medio de Lampedusa y el otro tipo y la miró a ella con cara de pocos amigos—. Tú… Te dije que me devolvieras al pájaro cuando terminara la pelea, ¿Por qué no volviste a devolvérmelo cuando ya ha pasado casi dos meses, eh?
 
—¿De qué hablas, cara mierda? ¡A Manolo me lo encontré una mañana conmigo y no se quería despegar de mí! —Parpadeó varias veces, comprendiendo la situación—. Claro… ¡Tú eres el dueño del pájaro! —Puso los brazos en jarras, molesta—. Te parecerá bonito, ¿no? ¡Abandonar a un pájaro tan lindo como Manolo en un sitio como este! De no ser por mí no habría sobrevivido.
 
La mirada del pájaro demostraba lo contrario, pero una mirada furiosa bastó para que mirara hacia otro lado y comenzara a graznar con disimulo. Estúpido Manolo. Ya se la pagaría, ya…
 
—Y tú… —Se volvió hacia el joven—. ¿Desde cuándo te has vuelto tan popular entre las mujeres? Yo también quiero descansar mi cabeza entre unas tetas del tamaño de dos putos barcos.
 
—Encima de maltratador de pájaros, pervertido, ¡di que sí, colega, que se rifa una ostia y tienes todas las papeletas!
 
El tipo pasó de su comentario, se subió a unas cajas y gritó a pleno pulmón:
 
—¡CASTIGO DIVINO!
 
Y sin previo aviso, se abalanzó sobre Lampedusa y comenzó a sobarle… Las tetas… A ella… Un calor repentino, no de gusto, sino de ira homicida genocida, subió desde sus pies a la cabeza y se puso caliente como un volcán a punto de hacer erupción.
 
—Pero serás…
 
—Tú cállate, me debes este favor por no haberme traído a mi pajarraco antes.
 
—Buenas tardes para ustedes también, no los vi antes, pero sí están con Ryan, encantada de conocerlos, soy Hiiragi y me especializo en hacer negocios... y hablar con la gente sin que quieran echarme o iniciar una pelea de bar. —La voz solo hizo que se pusiera todavía más cabreada—. Espero que nos podamos llevar muy bien.
 
Y la guinda del pastel la puso una voz chillona y molesta de la que no sabía de donde procedía. El tal Reinolds, o como lo hubiera llamado la Araragi San, empezó a soltar gilipolleces mientras ella continuaba reuniendo energía para explotar y llevarse medio vecindario con ella. Poco… Faltaba muy poco…
 
—Hoy convoque a la mayoría de ustedes, para poder hablar de algo que nos beneficiara a todos… ¿Entramos? No quiero toparme con un marine aquí afuera.
 
—¡¡¡¡¡¡¡¡IROS TODOS A LA PUTA MIERDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡PUFF!!!!!!!!
 
Los puños aparecieron desde su espalda y con ellos trató de golpear al sobón… Sin éxito.
 
—¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!
 
Agarró con sus propias manos al hijo de puta y comenzó a estrangularlo allí mismo, ejerciendo todas sus fuerzas hasta que logró que la soltara. Ahí fue cuando comenzó una lluvia de patadas y puñetazos hasta que se quedó bien a gusto.
 
—¡¡Con eso vas a aprender a no volver a tocarme las putas tetas, cementerio de canelones, cazurro, hijo de puta, tobogán de farlopa, picha ortopédica, cara de vulva!! ¡Puff!

akuma
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 554 + 0 = 554
Energia: 621 - 12 = 609
Espiritu: 123 + 0 = 123
#9
Los que conocían a Mei sabían que la coneja tenía poco sentido común, un petardo en el culo y en general la esperable impulsividad de alguien con los dos rasgos anteriores mencionados. Que estuviese intentando asfixiar a Ryan, de forma accidental al menos, no era sorpresa para nadie, y el hecho de saber que el muchacho era un Logia solo la llevaba a tener aun menos preocupación por el estado físico del chaval. ¿Por qué tenía que soltarlo y dejar de abrazarlo cuando sabía perfectamente que era capaz de librarse de ella cuando se le diese la gana? Nope, por ahora, Mei no tenía intención alguna de liberar a Ryan.
 
 Fue entonces que Mei se dio cuenta de que había otra persona allí que conocía, una muchacha castaña y bonita, Lampedusa. Normalmente, Mei habría soltado a su amigo para ir a darle el mismo abrazo aplastante a la muchacha, pero parecía estar un tanto ocupada hablando con un… ¿Vagabundo? Bueno, Ryan parecía conocer a dicho vagabundo y Mei no era quien para cuestionar las situaciones de vida ajenas. Nuevamente, la pobre Mink gigante iba a hablar… Solo para que llegara un ser pequeño e irritante. Mei no tenía ni puta idea de que era un Tontatta, lo único que sabía era que le habían llamado mascota.
 
Y eso no era aceptable.
 
La enorme Mink soltó de una vez por todas a Ryan, sus enormes ojos rojizos ahora convertidos en dos puntos negros, más similares a los de un animal rabioso que a los de un ser inteligente. No pareció prestar atención a la recién llegada Hiragi, apenas soltando a Ryan luego de que este hablase con ella. Como hipnotizada, parecía tener por objetivo a dicho pequeño ser que había osado llamar mascota, cosa que nadie tenía permitido hacer. Y hubiese actuado, hubiese atacado, si Iggy no hubiese tenido la más brillante idea de meter su cara en las tetas de Lampedusa. Un cambio abrupto de objetivo, justo a tiempo para escuchar a la castaña berrear y mandar a todo el mundo a la mierda. Iggy había escapado, por poco, que la liebre gigante le atacase a él.
 
- Ryan… Me preocupan tus juntas, no me gusta este tipo -No, muy mala impresión había dado el futuro capitán.
  Responder
#10
Blanditas, suaves y cómodas. Esas tetas lo entuban todo. Fueron solo unos segundos, que ojalá hubiesen durado horas. Pronto fui interrumpido por otra voz, una dulce de mujer que saludó a Ryan. No creo sería otra mujer hermosa, ese niño no podía ser tan popular entre las mujeres. Ladeé mi cabeza sin separarme del pecho de Lampedusa para verla. Otra conejita con poca ropa llevando uno de los bikinis más provocativos que había visto nunca. -Yo también espero llevarme muy bien contigo… -Solté con una sonrisa bobalicona, distraído por la belleza y los atributos físicos de la nueva invitada.

No obstante mis fantasías de nuevo fueron cortadas, esta vez por una voz de alguien a quien ya había conocido anteriormente. Un tontatta, el cual comenzó a meterse con todos nosotros, todos y cada uno. Conmigo tenía sentido pues le había intentado timar hace un tiempo y me parecía haber reconocido. ¿Pero de qué coño iba insultando así al resto de los presentes? Y exigiendo cosas como si fuese el capitán. 

Fui a saltar, dispuesto dejar las cosas claras sobre la mesa. Pero en cuanto hice el amago de separarme un poco de las tetas que estaba usando como cojín, las manos de pelusita salieron directamente a mi cuello comenzando a sacudirme y estrangularme con furia. -¿Has… Oído… Hablar de la asfixia… Erótica? -Solté con dificultad mientras levantaba la mano con el dedo índice extendido hacia arriba como si estuviese a punto de darle cientos de datos curiosos sobre aquel tema. Pero al escuchar estas palabras la asfixia pasó a convertirse en una lluvia de puñetazos y patadas. 

Un poco de asfixia la podía pasar, pero golpes… No era tan masoquista, por lo antes de que ella soltara el primer puñetazo saqué mi palanca anudada a mi cinturón y comencé a desviar todos y cada uno de los golpes que venían hacia mi persona. Aun estaba algo verde, menos mal que le ayudé a escapar de Mario. No obstante la chica no detuvo su furia, le faltaría entrenamiento, pero definitivamente determinación tenía. 

Di un paso atrás y con un aplauso invoqué una de mis galletas justo entre la morena y yo. -Calla y come. -Al aparecer el dulce guardé mi arma, aclaré mi garganta y ajusté mi chaleco rojo sin mangas. -No voy a pegar a una señorita tan hermosa como tú de vuelta, pero si realmente quieres pelear en las grandes ligas deberíamos entrar alguna que otra vez. -Le solté a la chica que hace unos instantes estaba intentando romperme todos y cada uno de los huesos del cuerpo.

Caminé despacio hasta situarme a una distancia equitativa a todos. -Recuerda mojarla o te partirás los dientes.  -Aclaré finalmente a Lampedusa antes de dirigirme al resto . Mi mirada seguía puesta en el más joven, envuelto entre las carnes de la mink de cuatro metros de altura. Sonreí tratando de ocultar mi envidia, aunque una lágrima casi se escapa de mis ojos. -Me alegra verte chaval, la primera vez con esa cara de culo que tenías pensé que ibas a morir virgen y mírate ahora… -Suspiré con un matiz de orgullo en mi voz, a la vez que mis manos señalaban de arriba abajo la enorme figura de la mujer que no soltaba al niño por nada del mundo, aferrándose a él como si se tratase del tesoro más valioso que poseía. -Me alegra volver a verte. -Solté finalmente algo más calmado.

Comencé a dirigirme a la puerta del local. -Entonces si ya estamos todos, ¿entramos y pillamos mesa? No sé si os lo habrá comentado, pero tengo la intención de formar una tripulación. -Al llegar justo al umbral, apunto de pasar al interior señalé a ambas conejas. -Y aunque no os conozca vosotras dos ya estáis dentro. -Solté con una sonrisa de seguridad, sin importarme demasiado su opinión, entrando dentro gritando a pleno pulmón. -¡CINCO JARRAS DE LA MEJOR CERVEZA QUE TENGAS! PAGA UN CHICO MORENO Y BAJITO QUE ENTRARÁ DESPUÉS DE MI. 

Aclaraciones
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)