No Time Left to Wait |Privado [Jin]
#11
El abrazo no me reconfortó; la adrenalina me hacía agresivo, irracional, esa era el único argumento que tenía porque no podía explicar la rabia que subió por mi columna cuando me dio la razón ¿así como? ¡Había hecho mi puto trabajo! Sentí como la ceño se frunció pero no tenía forma de empujarlo al estar tan cansado por lo que solo me tensé desviando la mirada. Bien, si estaba despedido lo iba a estar de una puta vez. Lo observé, escuché sus palabras como un viejo perro cansado sin moverme, sosteniéndome el brazo,dolía pero había estado peor, era sobretodo el cansancio lo que me jodia.



Y entonces mientras me cargaba noté su herida, abriendo los ojos en par algo asustado ¿se había lastimado? Sangraba. Mierda. Mierda. No puede ser, si había recibido todos los impactos… como ¿cómo era posible? Sentí una ligera molestia en el pecho, intentando bajarme de sus brazos con cierta prisa. — Si me vas a alejar y despedir por esta mierda entonces bájame ya, Jin ¿me entiendes? ¡Bájame de una puta vez!— pero no me dejaba, solo notaba como andaba con rapidez mientras yo respiraba profundamente, tomando pausas para intentar no enfocarme en mi propio dolor.


Llegamos a una especie de casa donde estaba este doctor tatuado que al parecer trabajaba para Jin, hablaron mientras yo
Quitaba la mano de la herida con un leve quejido, iba a irme, por supuesto, de todas formas este doctor no sabría curarme bien. No hablé con Jin, solo me dirigí al doctor con un rostro de enojo, soltando un suspiro. — Cúralo, no a mi, es tu jefe y yo no voy a dejar que me toques, a la puta mierda, si voy a dejar de trabajar para tu jefe va a ser a partir de ahora.— Me levanté de la camilla adolorido sin mirar al pelinegro; Me sentí frustrado ¡Yo era el de la idea original! ¡El que había dicho que necesitábamos alejarnos! ¿Por qué mierda estaba tan ofendido? No, la verdad es que seguía sin entender como es que Jin había salido herido y eso me molestaba mucho. — Tus heridas están abiertas, si sales de aquí probablemente se infecten y mueras.— La voz del doctor me sacó de mis pensamientos, mirándolo seriamente mientras soltaba un suspiro. — He estado peor— Y era un riesgo dispuesto a tomar. Finalmente miré a Jin, enfocándome en la herida en su torso, no debía explotar, no debí… — ¿¡Y que mierda pasa contigo?! ¡Si te avisé por el maldito caracol fue para que te alejaras! ¡No para que vinieras por mí! ¡Mírate! ¡Mira como estás! ¡Y todavía me priorizas! ¡Basta!— No sabía de dónde venía tanto enojo cuando sentí la herida en mi pierna empeorar y finalmente el cansancio llegar a mi, regresando por completo a mi humanidad mientras la sangre se expandía con rapidez por la tela.


Di un par de pasos atrás a la defensiva, sudando por el dolor mientras esperaba que Jin no se acercara, no tenía ni puta idea de que me pasaba, me sentía como un animal herido y asustado. —¡Si te vas a alejar no lo hagas ver como si fuera por mi puto bien! ¡No seas igual de hipócrita que ellos! ¡No es por mi bien, es por el tuyo! ¡Esto es lo que soy! ¡Hubieras dejado que hiciera mi puto trabajo y ya! Porque mierda tuviste que salir herido… por mi culpa…— No podía más, dejándome caer contra la pared al suelo, respirando agitadamente. — … No estoy asustado, Jin, no me dan miedo estas cosas , así que deja de consolarme como si fuera tu putita en turno.— Lo miré con desconfianza, intentando volver a levantarme antes de volver a caer. —Curalo primero, voy a vivir, he estado peor… y tanto tú como yo, doctor, sabemos que el es más importante que yo…— Aunque mi nombre parecía tener valor cuando salía de sus labios.
  Responder
#12
No lo llegó a bajar en ningún momento, ni siquiera con las quejas y pataletas que estaba provocando el rubio, solo haciendo que la única herida de bala que tenía fuera todavía más dolorosa. No sabía si decir que lo comprendía o no, lo que sí sabía era que no estaba dispuesto a correr esos riesgos con él. No de nuevo. Cada vez más convencido de ello. Quizás era mejor que lo odiara. Ni siquiera en la casa, cuando vio que lo ignoraba. Solo puso sus manos sobre su cabeza, cargado de estrés y cansancio, elevando finamente su cabeza, pasando su mano por su cabello húmedo, tratando de aclarar sus propios pensamientos. Todavía podía sentir la sangre del contrario a un lado de su hombro, posiblemente también el rostro por el forcejeo inicial, pero no importaba. Solo quería que Tezca estuviera bien.

[Imagen: zYwuPzo.png]

El doctor, quien no tenía demasiado que ver… no del todo, solo suspiraba no de disgusto, sino por percatarse de que de la nada estaba en medio de algo entre los dos. —Señor… También es su jefe, no solo el mío. Parece olvidar esa parte. Si él da una orden, solo hay que seguirla. Además, si hablamos de gravedad, me sorprende que siquiera usted siga consciente. El jefe tuvo que haber hecho un buen trabajo para que pueda mantenerse en pie. — Trató de sonar profesional, incluso bajo el rostro amenazante de Tezca. —Que haya estado peor no le exime de la urgencia, señor.

Y allí estaba, el estallido de ira del rubio, descargándose completamente hacia él. Sabía que tenía razón, sabía que debía haberlo dejado atrás, como a todos los del puerto, posiblemente algunos incluso habrían muerto ese día, deseando haber sido ayudados de la misma forma que ayudó a Tezca, abandonándolos a su suerte pero, en su cabeza, solo podía rescatarlo a él… No podía hacerse una sola idea de cómo sería si hubiera llegado tarde. —Tezca… — sus palabras salieron suaves, su rostro mostrando ahora dolor, el mismo que sentía que lo oprimía en el pecho.

[Imagen: bGWZrUK.png]
—Por favor… Basta… No te sigas haciendo daño.

No podía vivir con esa idea, verlo caer era una tortura para él. El propio médico los miró a ambos, apretando los labios. Suspiró, cansado, antes de volver a hablar. —Sea lo que sea que pasa entre ustedes, solo puedo trabajar como profesional. Señor Tezca, la gravedad de sus heridas es seria y, si eso le tranquiliza, el jefe Onizuka no está tan grave. Solo tiene una sola herida, posiblemente él mismo sepa extraer la bala mientras lo trato… Pero creo que lo mejor es dejarlos solos y que se aclaren entre ustedes. — Sin más, dejó a ambos, saliendo del dormitorio. —Si uno de los dos queda inconsciente antes, que me llame. — y la puerta se cerró tras él. Eso hizo entrar en pánico a Jin, quien comenzó a temblar, mirando fijamente a Tezca. —No estás despedido… No lo haría nunca Tezca pero… Maldita sea. — sus manos comenzaron a temblar, deseando acercarse a él y abrazarlo, con el pecho oprimiéndole. —Maldita sea… ¿No has pensado qué habría podido pasar contigo si no hubiera ido por ti? Sabía que era una maldita trampa incluso ir al puerto, pero solo podía pensar en ti. Maldita sea, no quiero que mueras. Nada de esto es tu culpa, es parte de mi maldita vida en mi asqueroso trabajo. ¿Te crees que te regalaría ante un imbécil? ¿TE CREES QUE-…? — Trató de frenar, si lo descargaba ahora todo, solo sería peor. Por el bien de Tezca… era por su bien.

Se puso en pie, dejando la daga a un lado, misma que iba a usar para extraer su propia bala, dejándola a un lado, agachándose, viendo la sangre en el suelo incrementar. Si esto seguía así, solo perdería más el tiempo y terminaría desangrándose. Elevó su mano, acariciando su mejilla, el rostro cargado de dolor. —No sería capaz… de verte muerto. No puedo. ¿Tienes siquiera una mínima idea de cómo me he sentido cuando supe que te tenían?— No le importaba lo que se viniera, no le importaba nada más que su salud. 

[Imagen: SY6NrHv.png]
—Por favor Tezca, maldita sea… Te... te lo suplico… Solo… Solo deja que te traten las heridas. 

Súplicas, súplicas que no recordaba haber pronunciado previamente nunca antes ante nadie, ni siquiera bajo el yugo de la muerte dándole la bienvenida. —Puedes golpearme, matarme si quieres, me da igual…lo que sea, incluso odiarme todo lo que quieras pero... no quiero alejarme de ti, no quiero perderte de vista ni por un maldito segundo de mi vida, pero no puedo garantizar que… — la mano descendió, lentamente, apartándose de la mejilla, descendiendo su rostro. —No quiero perderte, Tezca...
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#13
Escuché sus palabras con cierto pánico; en parte tenía razón. Había logrado sobrevivir, sí, pero aquella emboscada fue sorpresiva y, de no haber reaccionado por puro instinto, pudo haber terminado en algo mucho peor. Aun así, y en mi defensa, sabía que iba a sobrevivir a eso. Siempre lo sabía. Como siempre. Como contra todo lo que se me cruzaba. Ese pensamiento, terco y casi arrogante, era el que me había mantenido en pie más veces de las que podía contar. Al final del día, este solo era un trabajo más… ¿verdad?
 
La confianza, sin embargo, empezaba a resquebrajarse. La herida en la pierna ardía ahora con una intensidad distinta, más profunda, como si el dolor hubiera decidido despertar tarde y reclamar su turno. Cada latido empujaba el malestar hacia arriba, volviendo mis pasos torpes y mi respiración más pesada. El mundo parecía inclinarse apenas, lo suficiente para hacerme dudar de mi propio equilibrio, y una sensación espesa de mareo se instaló detrás de mis ojos.
 
Tenía sueño. No, no era solo cansancio: era esa tentación peligrosa de cerrar los párpados, de dejar que el cuerpo tomara una decisión por mí. Aguarda. Me obligué a mantener la mente despierta, a clavar la mirada en lo que tuviera enfrente, a recordar que no podía dormirme todavía. No aquí. No ahora.  Pero es que a este punto ya ni siquiera podía considerar en irme. — Te lastimaste, Jin ¡Casi mueres! Yo. No. Puedo. Morir ¡Te llamé para alertarte y fue en vano! ¿Me entiendes? ¿…Cómo… crees que me sentí cuando estabas tan distraído apuñalando a ese cuerpo que no notaste la puta bala que iba a por ti? ¿Cómo crees que… mierda… — Era irónico decirlo mientras sentía como mis músculos se relajaban en un vano intento de forzarme a más, no estaba logrando recuperarme de esto, cerré los ojos intentando descansar, quería consolarlo, de verdad quería eso pues mi trabajo todavía no estaba terminado pero de verdad estaba muy cansado.
 
Y tuve que hacer lo peor: Pedir ayuda, pero no sin antes arrancarme todo filtro del alma, aferrándome a la creencia de las palabras que iba a decirle. —Si no quieres perderme puedes comenzar a tratarme como TÚ compañero… Eres mi jefe, lo sé, pero no olvides que nos conocimos como iguales y no…— Un quejido salió de mis labios y el agarre de mi voz disminuyó: Menos agresivo, menos urgente y más suplicante. —Intento protegerte ¿Es que no lo ves? No tienes que tratarme como si fuera delicado… Estoy hecho de puta arcilla, Jin… Así que… solo… déjame…— Ahora si sentía la urgencia de la que hablaba el doctor tatuado, mi cuerpo dejaba de responder y comenzaba a sentir como descendía a la inconsciencia y en el último instante tuve que hacerlo ¿Ni siquiera podía terminar mi dialogo? A la mierda mi debilidad entonces.  — Ayuda… estoy cansado…—
  Responder
#14
Su mentón temblaba, volviendo al recuerdo del momento en que, de la nada, todo se había vuelto borroso. Los cuerpos que a saber si sus hombres limpiarían, aquellos que solo habían sido masas de carne después de una secuencia de apuñalamientos masivos y sin sentido, ni siquiera para él mismo, que las había provocado. Apretó los puños…

[Imagen: WBWoIvL.png]
—No voy a morir, te lo prometí Tezca. Maldita sea…

Todo le daba vueltas. El dolor de su herida, el estrés que lo estaba llevando a esa situación, el intenso dolor en el pecho bajo la frustración de saber que no parecía escucharlo, incluso cuando su estado estaba siendo mucho peor que el propio. —Para ya de forzarte, Tezca. Ya sé que estás hecho de arcilla, lo vi hoy… Pero eso no te hace inmune. — Dudó, ¿tenía siquiera el derecho de abrazarlo ahora? Solo podía verlo frente a él, en silencio. Apretó los dientes. —No te considero delicado, te considero alguien importante. No puedo… Sencillamente no puedo dejarte tirado, eso es todo, ¿De acuerdo? No puedo.

—Ayuda… estoy cansado…—

Sus ojos se abrieron de par en par, agachándose a su altura. —¿Tezca…? — No. No. NO NO NO NO NO NO NO NO. MALDICIÓN. Sacudió al hombre, ahora inconsciente frente a él. Dio leves toques a su mejilla, pero no respondía. Solo… Un cuerpo inerte. Su pecho frenó en seco, sintió una punzada de dolor atravesarle el pecho.

Lo estaba perdiendo.

Sus manos temblaban, ahora de nuevo, olvidando que estaba herido. Lo abrazó, su cuerpo, todavía temblando, ahora con puro terror. —No mueras. No dejaré que mueras… No lo hagas. No tienes… no tienes permiso. No puedes… — Cierto, no estaba solo. Elevó el cuerpo del hombre, devolviéndolo con cuidado hasta la camilla y solo pudo gritar un solo nombre. —¡HAKES! ¡VEN! ¡ESTÁ INCONSCIENTE! ¡AHORA! — La puerta se abrió de golpe a apenas segundos. El hombre, que se había hecho un café, parecía haber soltado la taza en un momento, corriendo hasta la habitación, abriendo la puerta en un momento, viendo al ahora inconsciente Tezca sobre la camilla.

—Jefe, su sangre… — Se quedó mudo, viendo ahora un estrés en los ojos de Jin, sus ojos, bajo los mismos, estaban rojos, cargados del estrés, ojeras que parecían no poder descansar. —Jefe. ¡JEFE!

[Imagen: ECkqfvX.png]
—Por lo que más quieras… sálvalo.

No le importaba lo demás. Ni siquiera las represalias de su propio jefe, quien probablemente haría preguntas. Solo… quería que lo estabilizara. —¡JEFE! ¡Necesito que traiga la jeringa y las reservas de sangre de emergencia del mueble! — Los ojos de Jin, todavía desenfocados, miraron al médico. Sí… maldición. Tenía que moverse. No tardó en hacer los movimientos, caminando hasta el mueble, preparando todo lo que el propio médico le pedía, sin perder de vista a Tezca. Nunca, jamás recordó haberle rezado a un dios, ni siquiera con aquella creyente tan aferrada, nunca… Pero si había realmente algo allí arriba, por lo que más quisiera, que dejara vivir a ese hombre, incluso si era a cambio de su propia vida.

No supo cuánto tiempo había pasado, ni cuánto seguiría pasando. Solo supo que el médico había hecho lo que había podido y ahora lo estaba tratando a él, retirándole la bala, tratándola de la forma correcta y, finalmente, ser vendado. Pero, en todo ese momento, su mano apretaba la de Tezca, solo deseando que despertara, que saliera de ese estado. No importaba si solo tenía que esperar minutos, horas, días, semanas o meses… Suficientemente culpable se estaba sintiendo de haberlo expuesto al peligro de esa forma.

Todo era culpa suya.

El médico lo observó, en silencio. Sabía que no era el mejor momento y, sin embargo, no podía aplazar las palabras que salieron de su boca. —Sabe que tengo que informar al Gran Jefe de esto... — No respondió, sabía qué significaba, y sabía que también era sinónimo de problemas serios. —Onizuka... Creo que está olvidando quién es... Tenga cuidado con lo que hace, y se lo digo porque sabe bien que lo aprecio. 
—Hakes... Solo... déjame a solas un rato, ¿de acuerdo? Ya lidiaré con eso más tarde. — Ahora mismo no quería pensar en nada, solo estar tranquilo al lado del rubio. El médico lo observó, en silencio, cerrando los ojos y asintió con la cabeza. —Lo veré más tarde. — y, al fin, abandonó una vez más la estancia, ahora con el café más frío. Habría pasado por lo menos cuarenta minutos tratando a Tezca y de repente se sentía cansado.
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#15
Todo se fue a negro, eso es lo que pasa cuando pierdes la consciencia, claro.
 
Pero al parecer incluso en ese estado el descanso parecía lejano. 

Frente a mi un hombre de aspecto canoso, preocupado, en una pequeña casa descuidada, con un fuerte olor a hierbas y tierra. Había calor en ese sitio y sentía la fría porcelana contra los labios mientras tomaba el espeso liquido verdoso, era asqueroso, demasiado salado ¿Eso eran algas? Y me hacía toser, empujé al hombre frente a mi desviando la mirada al costado con asco, pero finalmente lo tragué. —Tienes que terminarlo o volverás a enfermarte. — Dijo el hombre, el señor Okiomi, al verme provocado por el extraño remedio que me daba. — Sabe a mierda. —Espeté con cierto rencor mientras me encogía sobre la cama. —¿Ya probaste la mierda? Bueno, esto te hará mucho mejor así que sopórtalo como un hombre y termínalo, no voy a pagarle a un doctor timador por una simple fiebre. — Había mascullado eso último, maldito tacaño, a veces me hacía sentir como ganado y entonces continuó. —Vino el hijo de ese doctor, te he dicho que no andes por ahí diciendo donde vivimos, nos pones en riesgo… Le he dicho que no vives aquí pero el chico es inteligente, o muy terco o no sé que le dijiste, pero trajo un par de cítricos, que te elevarán las defensas o una mierda así. Te dejé uno, están dulces, aprovecha a comerlo que tenemos trabajo ¿me entiendes? — El viejo se iba solo para traer un gajo de la fruta y comerla, mientras miraba la porcelana esperando que me la terminara en lugar de estarme criando. —Escuché que ese joven será científico… si sale bueno dejaré que te lleves con él, tal vez necesitemos un científico en algún momento, pero, ojo, solo si sale bueno. Ya veremos en unos años ¿me entiendes? — Y yo seguía sin entender porque mierda repetía tanto esa frase.
 
Sentí una cálida mano sobre la mía y la apreté por instinto, quejándome, mierda ¿Qué fue eso? ¿Un recuerdo? Estaba muriendo y mi cerebro decidió recordar ese jodido momento. —Maldita sea…— Mascullé con dolor y esfuerzo, reincorporándome en la camilla hasta sentarme mientras abría los ojos ¿Dónde estaba? Tardé en registrar el lugar mientras lo observaba, ah, claro, esta situación y entonces lo noté a mi lado mientras separaba mi mano de la suya, sonriéndole ligeramente.
 
 
—Hey… No me iba morir ¿Por qué te ves tan jodido? ¿Me entiendes? Ah, si... eso...— Quería decir más, pero estaba demasiado adormilado para eso ¿Me habían inyectado algún analgésico? Sentía que no podía moverme por lo que solo cerré los ojos, antes de abrirlo nuevamente para mirar al pelinegro, mierda, no se veía bien, tal vez el que debía estar acostado era él y no yo. — Mierda… Se hará tarde, necesito viajar ¿En cuanto tiempo pasará el medicamento? Hey, tienes que acostarte, ven. — Intenté moverme, soltando un quejido para logrando sentarme al borde de la cama. — ¿Donde está Regalo del mar…?—
  Responder
#16
Lo único que se podía escuchar a su alrededor era el tic tac de un reloj que había colgado por alguna parte de la habitación y los movimientos del médico fuera de la estancia, pero ni siquiera eso hizo que Jin estuviera desatento. Se sintió repentinamente cansado, estresado, incluso agotado, pero incapaz de pegar un solo ojo. Su herida ahora estaba vendada, perfectamente tratada en ese momento. ¿Siquiera iba a sobrevivir? ¿Desde cuándo se había preocupado tantísimo por alguien que no fuera esa hermana de la que escondía de todos y todo? Sintió el apretón de su mano y él mismo cerró los ojos, cansado. El estrés se podía ver bajo sus ojos, pero aún así, buscó reconfortarlo. No podía ver a través de sus sueños, pesadillas, o lo que fuera que estuviera teniendo, solo su sufrimiento, y era algo que no podía dejar pasar por alto…

Hasta que al fin, despertó. Su mano se apretó, buscando reconfortarlo, estuvo a punto de dejar caer la silla y abrazarlo con todas sus fuerzas y solo vio que lo alejaba. Sus ojos descendieron, apretando sus labios, sin decir nada. No era solo eso, hablaba con tanta naturalidad, tanta… Incluso después de lo que había ocurrido.

[Imagen: bZQ7LBF.png]
—…

No supo qué decir. ¿Lo estaba viendo a él o al tal Alek? ¿Siquiera…? Descendió la mirada hacia la misma mano que se había mantenido en el contrario por largo tiempo. Todo eso, todo el peligro y solo podía pensar en irse, alejarse.

¿Acaso no era mejor así?

Él no importaba, solo Tezca… Él solo era algo pasajero y, por un momento, pareció que lo había olvidado. Trató de verse relajado pese al cansancio y el estrés, evitando su mirada de forma directa.

[Imagen: iwVtC6Y.png]
—Solo han pasado dos horas. Estás a tiempo de irte si quieres.

Su tono de voz estaba neutral, sin un atisbo de emoción en él. Cerró los dedos de la misma mano, formando un puño, sin apretarlo. —No necesito acostarme, el que necesita descansar es usted, señor Norova. — Se puso en pie, sintiendo una ligera punzada de dolor en su herida. No hizo mueca alguna, solo apretó los ojos por escasos segundos. —Preguntaré al médico cuándo se le pasará el efecto del sedante y hablaré con algunos de mis hombres para que lo acompañen si es necesario. — Porque el propio Tezca le había rechazado que fuera él, no era algo que hubiera olvidado. —No soy ningún Regalo del Mar, Tezca. Solo soy un demonio. — dejó de lado la formalidad en esa última frase, cerrando de nuevo sus ojos. —Estoy seguro de que tiene prisa, yo solo le voy a distraer. — Se puso en pie, su mano, la misma que había ahora sostenido la ajena, ahora rebuscaba un paquete de tabaco, o lo que fuera, del bolsillo, uno que estaba vacío al haber salido a toda prisa. Chasqueó la lengua, el mono lo estaba matando.
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#17
¿Estaba molesto? Actuaba ciertamente distante… No, tal vez solo estaba cansado, al igual que yo, arrastrando el peso de demasiadas horas sin descanso. Quise convencerme de eso, aferrarme a la idea de que no había nada más detrás de su actitud. Pero me trataba con tal frialdad que, aunque no podía decir que me sintiera abiertamente incómodo, algo se me quedó atorado en el pecho. Era como una goma de mascar de ginseng: de pronto me había despertado de golpe, con la mente alerta y un mal sabor persistente en la boca, imposible de ignorar.
 
Al escuchar sus palabras me rasqué la cabeza, un gesto torpe, casi automático, mientras me levantaba al mismo tiempo que él. El movimiento dolió, más de lo que estaba dispuesto a admitir; una punzada seca que recorrió mi cuerpo y me recordó cada golpe, cada error. Aun así, el dolor quedó en segundo plano. Justo ahora estaba demasiado concentrado en el frío pelinegro frente a mí, en la distancia que marcaba con cada gesto, con cada sílaba medida. Había algo en su mirada que no lograba descifrar, y esa incertidumbre pesaba más que cualquier herida.
 
Y entonces registré esa parte de su monologo y fruncí los labios para evitar reír… Era mi culpa, por supuesto, debí explicarle. — Regalo del mar… es…— Carraspeé regresando a la seriedad del momento, desviando la mirada. — Regalo del mar es mi tridente, cuando lo encuentre te lo mostraré mejor ¿me entiendes? — Asentí para finalmente mirarlo, colocando mi mano sobre su hombro para apoyarme.
 
Tenía que tomar una decisión, y no era una cualquiera. Solo habían pasado dos horas; en términos prácticos, aún tenía tiempo para quedarme, para estirar ese margen y fingir que nada se había roto del todo. Sin embargo, era evidente que él comenzaba a ordenar su mundo de otra manera, a colocar otras prioridades por encima de mí, y esa certeza pesaba más que el reloj.
 
Debería irme. Era lo lógico, lo correcto, incluso lo más digno. Retirarme antes de convertirme en un estorbo, antes de forzar una presencia que ya no parecía bienvenida. Lo sabía con una claridad incómoda, casi cruel. Pero ¿quería hacerlo? Por supuesto que no. Cada fibra de mi cuerpo se resistía a dar ese paso, a aceptar que ese espacio, por pequeño que fuera, ya no me pertenecía.
 
Y lo peor era que no podía deslindarme del todo de la culpa. Había sido yo quien trajo el tema a colación, quien abrió esa puerta que tal vez debía permanecer cerrada. Ahora, con el silencio creciendo entre los dos, entendía que algunas verdades no solo duelen al decirse, sino también al quedarse flotando, sin respuesta, exigiendo decisiones que uno preferiría no tomar.
 
—Si… Tal vez no puedo irme. — Murmuré un tanto pensativo. Lo bueno es que podía llegar a ser creativo con mis opciones, así que hice lo que cualquiera con dos dedos de cerebro haría. —¡Doctor! ¡Creo que se me abrió la herida! — Grité a la puerta, mientras clavaba mis uñas sobre la recién curada herida en el brazo y con un solo movimiento, abría la piel una vez para sangrar. Mierda. El dolor casi vuelve noquearme mientras sentí como comenzaba a sudar por este. Quedándome de pie, mordiendo mi labio inferior. Así podríamos quedarnos un rato más ¿no?
 
Al sentir que volvía a marearme tomé la mano ajena sentándome al borde de la cama con una sonrisa extraña en el rostro, había ganado ¿verdad? Después de todo yo siempre gano. —Parece que tendré que quedarme un poco más… espero no sea una molestia para ti, al final del dia como tu trabajador tendrás que quedarte a cuidarme. Después… de todo, solo han pasado dos horas ¿verdad? No ha sido tanto tiempo, todavía no… ah, mierda, esto duele.—
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 877 - 50 = 827
Energia: 903 + 0 = 903
Espiritu: 162 + 0 = 162
#18
Sus ojos se desviaron hacia él. El cansancio ahora lo hacía sentir mareado, la oleada llegó en forma de mareo. El mono lo estaba matando y si no fumaba pronto, a saber hasta qué punto iba a llegar. Su mano temblaba en el interior de su bolsillo, apretando la tela de su interior, ahora más nervioso. Sus ojos se voltearon, mas no su cabeza. Pudo escuchar… Un momento, ¿Estaba de buen humor? ¿Por qué? Ahora sí, se volteó, incluso tras el cansancio. La explicación de lo que significaba realmente su “Regalo del Mar” lo hizo suspirar, entornando un poco los ojos, ahora un poco más relajado.

[Imagen: N2dFhsM.png]
—El tridente… claro…

Porque, por supuesto, él no tenía la misma importancia. Qué estúpido había llegado a ser, creyendo que siquiera tenía un poco de importancia, que significaba algo para él. Un tridente. Qué ridículo se sintió. —Mis hombres lo recuperarán pronto, o lo habrán recuperado. Pronto lo tendrá de vuelta. — Si frenó, fue precisamente porque su mano lo frenaba y sabía bien que, si se movía de forma brusca, solo significaría reabrir sus heridas. Incluso en una situación así seguía priorizándolo a él por encima de cualquier cosa. No lo comprendía, eso podría darle muchos problemas.

—Si… Tal vez no pueda irme —

“Entonces, no te vayas…” Ese pensamiento fluyó por su mente, hasta que de repente escuchó que llamaba al doctor. Se volteó, ahora sí, para verlo clavar sus uñas en la herida. —¿¡QUÉ HACES!? — Se volteó de golpe, una punzada de dolor en su herida lo frenó, obligándolo a apretar su mandíbula, descendiendo su cabeza en un quejido. —¿ESTÁS LOCO? — Su labio inferior tembló, volviendo a observarlo. ¿Por qué…? ¿No era él quien había querido alejarlo? ¿No había sido él quien…? Y, sin embargo, se sintió extrañamente aliviado, mas no significaba que su preocupación se hubiera desvanecido. Un poco más, solo unas horas más… Podía disfrutar de su compañía solo un poco más.

Porque se encargaría de que recordara a quién pertenecía.

Lo tomó de la muñeca, apartándola de la herida que trataba de reabrirse. —Si te duele, para. Deja que cuide de ti. Como tu jefe… tengo que cuidar de ti. — Elevó su mirada, calmado, buscando sus ojos. Seguía sintiendo el estrés y el cansancio, pero cerró los ojos, pegando su frente con la del contrario. —No vuelvas a hacer eso, ¿de acuerdo? — Poco después, el médico volvió a entrar, ya que el grito lo había alertado. Sus ojos se veían cansados y, al ver la sangre, solo frunció las cejas, ahora más molesto.

—¿Pero se puede saber qué diantres ha pasado? ¡Hace dos horas que traté esto! ¿Qué diantres os pasa? — chasqueó la lengua, apartando a Jin y comenzó a tratarlo de nuevo, molesto. Jin se limitó a entregarle los utensilios para cerrar nuevamente la herida, limpiar la sangre, desinfectarla. —No me lo puedo creer. En serio. Me hacéis trabajar extra por no sé qué mierda que parece que tenéis.

[Imagen: AKp7cdk.png]
—No sé de qué me hablas.

Pero su tono sonó divertido, siendo fulminado con la mirada por el médico. —Que sea la última vez. — Y eso lo dijo a Tezca, con el dedo índice tan cerca de su rostro que tendría que enfocarlo demasiado para verlo. —No lo repetiré. — Dicho esto, volvió a abandonar el lugar, con un portazo. Jin solo lo observó, suspirando, tratando de mantenerse calmado.

[Imagen: SQ8SHzz.png]
—Deja que cuide de ti hasta que te recuperes… Tezca.

"Hoy, y siempre..." No debería alegrarse y, sin embargo, no podía dejar de sentir un pequeño alivio, lejos de su parte cargada de preocupación, de que pudiera estar con él un poco más. Solo un poco más. Deseó acariciarlo, deseó besarlo pero... ¿Realmente tenía ese derecho? Después de todo lo que había ocurrido, temía que lo fuera a romper. Deseaba con tanta intensidad volver a juntar sus labios con los de él... Su cercanía era lenta, inconsciente, sus ojos enfocándose en los mismos.
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder
#19
Debo admitir que la escena me resultaba ciertamente cómica… o quizá solo era un intento desesperado de mi mente por omitir el dolor punzante que se concentraba en el brazo mientras el doctorcito volvía a ocuparse de la herida. Cada presión, cada puntada improvisada era un recordatorio cruel de que seguía vivo. Me mordí el labio inferior con fuerza, resistiendo el impulso casi instintivo de apartarme, dejando que el sabor metálico de la sangre me distrajera apenas lo suficiente.
 
Entre una inhalación tensa y otra, deslicé la mirada hacia Jin, observándolo con una curiosidad silenciosa, casi analítica. Había algo en su expresión, en la manera en que se mantenía ahí, que me resultaba difícil de descifrar: ¿preocupación genuina? Estaba tan absorto en esa observación que por un momento el dolor quedó en segundo plano.
 
Hasta que el doctor me devolvió bruscamente a la realidad.
 
Alzó la mano, señalándome con el dedo y comenzó a regañarme con un tono que mezclaba fastidio e irritación, como si yo fuera un niño inconsciente jugando con algo demasiado peligroso. Sus palabras caían una tras otra, afiladas, y apenas entonces me di cuenta de que había que levanté la mano libre para apartarlo de un manotazo ¿Y este quien se creía?
 
Le sostuve la mirada, ladeando apenas la cabeza, y no pude evitar preguntarme, con un atisbo de ironía amarga: ¿De verdad tenía un deseo de muerte… o simplemente estaba decidido a que le amputara el dedo? Y mientras daba el portazo fruncí el ceño. No me agradaba ese doctor y por eso mismo quería molestarlo más, pero no a costa de mi dolor, no era tan importante. —Timador. Así son todos los doctores, unos timadores ¿me entiendes? Que fastidio de hombre, no merece un tatuaje tan bueno. — Gruñí rodando los ojos cuando fui interrumpido por sus palabras y cercanía, escuchar sus palabras fue como finalmente sentir que descansaba, relajarme mientras disfrutaba de la soledad del sitio —Bien… Hasta que me recupere— murmuré antes de sellar sus labios contra los míos como si fuera una promesa; Cerré los ojos soltando un suave jadeo entre el beso y sentí mi cuerpo temblar ligeramente.
 
Tomé a Jin del brazo, jalándolo a mi cercanía mientras me acostaba parcialmente en la camilla, mis piernas colgando a un lado de esta y apenas me separé, sintiendo su respiración sobre la mía, murmuré sobre sus labios, mirando a estos. —Ten cuidado… No quiero que te lastimes. — Subí a su mejilla para dejar un casto beso, escondiéndome en su cuello finalmente para cerrar los ojos y finalmente lo sentí en la garganta: Toda la acumulación de cosas, de sentimientos, sensaciones. Todo lo que había querido decir en una simple oración. — Gracias por protegerme…— Fue extraño, ni siquiera sabía si me escuchaba o no y entonces, pude finalmente escupirlo. —Quédate… conmigo—
  Responder
#20
El médico solo lo observó con disgusto ante el acto despectivo de Tezca. No entendió cómo su jefe parecía preocupado por un idiota como ese. Solo deseaba internamente y en silencio que aquello fuera como siempre; algo pasajero. Después solo desaparecería del clan y de su vida, o de la isla incluso. Sí, mejor así. Onizuka Jin nunca se apegaba a nadie, pero tampoco nunca lo había hecho con nadie hasta entonces como con el rubio. No sabía qué ocurría, pero sin duda, tenía que informar al Gran Jefe de esa situación, o podría escalar a mayores. Por fortuna para él, ese pensamiento no podía escucharlo nadie más, o a saber de qué modo habría terminado.

No esperó las palabras de Tezca. De hecho elevó sus cejas en un intento de comprender lo que aparentemente era un “repudio” a los médicos. —Hakes puede ser un poco… suyo. Es como un viejo que tiene exceso de confianza. — admitió el pelinegro, viendo la puerta por la que había salido el médico no hacía mucho, volviendo a enfocarse completamente en el rubio. Que, además aceptara su beso, lo reconfortó. No dudó en cerrar los ojos, disfrutando de sus labios, nada sexual, no planeaba tocarlo tampoco estando el rubio herido. No en una situación tan vulnerable. Pero sus sonidos… ese jadeo… Mierda, se suponía que no debería excitarse en ese tipo de situación. ¿Acaso se estaba volviendo realmente loco? Para colmo… se estaba preocupando por su única herida, cuando él había terminado peor.

—No seas idiota. El que tiene que cuidarse eres tú. Esto no ha sido nada. — Elevó su rodilla sobre la camilla, sabía que, pese a los dos hombres, sería capaz de soportar el peso de ambos. Se adelantó, acomodándose sobre el contrario, sin que existiera el peso contra el ajeno. Lo último que deseaba era que terminaran empeorando sus heridas.

—Gracias por protegerme…—

Sus ojos se suavizaron más, apegando su torso sobre él, elevando su mano hasta la nuca de Tezca, acariciando la misma zona en la que pudo haber muerto de no haber sido por… el Akuma. Lo apretó hacia sí, con intensidad, ahora elevando ambas rodillas sobre la camilla, abrazándolo como si fuera lo único en el mundo que existía. —No me las des. Te prometí hacerlo si estabas conmigo. 

[Imagen: JuSM96Y.png]
Te lo dije, soy un hombre de palabra, Tezca. 

Y nunca iba a fallarle, pasara lo que pasase. —Quédate… Conmigo— Ah, al fin, venía de sus labios, eso que él mismo hacía horas le había pedido. Eso mismo que había repetido no solo en el momento que lo aceptó dentro de su trabajo, sino también esa misma noche en la que parecía haber recordado a ese tal Alek. Cerró sus ojos, ahora siendo él quien hundía su rostro en el hombro sano ajeno. No iba a hacerlo. 

[Imagen: Ettyw0n.png]
—Hoy… y siempre, Tezca. 

Su voz sonó en un susurro, como algo insignificante, pero sus brazos lo apretaban como si fuera lo más precioso y valioso que tuviera entre sus manos… porque lo era, así lo era para él. —Lo prometo. — Y él nunca rompía sus promesas.
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)